Los últimos fusilamientos de la dictadura franquista

El último episodio negro en la vida del Dictador no deja de ser un hecho relativamente reciente, porque todavía viven personas que fueron protagonistas de aquellos hechos, militantes antifascistas que sufrieron detenciones, torturas salvajes en las dependencias policiales y que fueron juzgados en aquellos consejos de guerra. También son testigos para contar lo que fue todo ese infierno, abogados que asumieron la defensa de estas personas y compañeros de los asesinados que vivieron de cerca toda aquella época. Por todo ello, para recordar los últimos fusilamientos de la dictadura, he elegido un trabajo colectivo realizado por la Plataforma Abierta “Al Alba”, que con el título “27 de septiembre la generosidad de la resistencia” (El Garaje Ediciones), nos hará algo más que un repaso de los hechos que sucedieron ese día; se trata de un trabajo pormenorizado de todo lo que sucedió antes, durante y después de las ejecuciones llevadas a cabo por la dictadura.

Los últimos fusilamientos de la dictadura franquista

Este año se cumple el 50 aniversario de tres acontecimientos claves para poder entender lo que fue ese periodo mal llamado Transición. El primero se produjo el 27 de septiembre de 1975, con los últimos fusilados de la dictadura franquista, el segundo fue la muerte del dictador en la cama y el tercero no es otro que la instauración de la monarquía, en aplicación de la Ley de Sucesión aprobada durante la dictadura, institución identificada con la España surgida del golpe de estado del 18 de Julio de 1936, recayendo el trono en la persona que había elegido el dictador, que no era otro que Juan Carlos de Borbón. Y todo ello en un breve espacio de tiempo.

Los tres episodios anteriormente mencionado están siendo un filón, no tanto para rememorar lo sucedido, sino para moldearlos, con el objetivo de vendernos el producto final, que no es otro que durante los últimos años de la dictadura se había dado una apertura del régimen, que conocidos falangistas (dejo a la memoria del lector poner nombres y apellidos) fueron los artífices de la modélica Transición, y lo más importante, gracias a todos ellos, podemos disfrutar de lo que de ahí surgió: el régimen del 78; ese pack en el que van de la mano la monarquía, que llegó  gracias a una de la leyes fundamentales del régimen franquista, la continuidad de las instituciones franquistas, sin ningún tipo de depuración democrática (ejército, cuerpos policiales y  judicatura), y a todo esto, saliendo más fortalecida, aún si cabe, la oligarquía que había hecho pingues beneficios durante la dictadura, y que con la Transición continuarán controlando el poder económico y financiero en el Estado español.

Lo anteriormente expuesto no deja de ser un episodio más de la batalla del relato en la que estamos inmersos desde hace años, con el agravante que las nuevas generaciones están recibiendo un auténtico bombardeo de información procedente de los canales que controla el régimen, con lo que eso conlleva. Y eso me hace recordar unas palabras de Manuel Blanco Chivite, condenado a muerte en uno de esos consejos de guerra de septiembre de 1975, pena que le fue conmutada, cuando cuenta como, recientemente hablando con un joven periodista, éste le reconoció que no tenía ni idea de lo que fue la dictadura, a lo que Manuel Blanco, le respondió “no te preocupes, te enterarás con la siguiente”. Esperando que no sea premonitorio, es fundamental rescatar lo que fue la dictadura franquista y, en concreto, como fueron sus últimos años para evitar que haya jóvenes que no tengan ni idea de lo que fue aquella época de terror, o algo peor, que la acaben blanqueando, como está sucediendo en la actualidad. No cabe duda, que estas son las consecuencias de que el Dictador muriese en la cama.

En este artículo voy a desempolvar el primer suceso: los fusilamientos que ocurrieron el 27 de septiembre de 1975, contextualizados en lo que estaban siendo los últimos años de la vida del Dictador; la represión salvaje desatada por el régimen franquista llegó a su cenit con las condenas a muerte de cinco militantes antifascistas. El último episodio negro en la vida del Dictador no deja de ser un hecho relativamente reciente, porque todavía viven personas que fueron protagonistas de aquellos hechos, militantes antifascistas que sufrieron detenciones, torturas salvajes en las dependencias policiales y que fueron juzgados en aquellos consejos de guerra. También son testigos para contar lo que fue todo ese infierno, abogados que asumieron la defensa de estas personas y compañeros de los asesinados que vivieron de cerca toda aquella época. Por todo ello, para recordar los últimos fusilamientos de la dictadura, he elegido un trabajo colectivo realizado por la Plataforma Abierta “Al Alba”, que con el título “27 de septiembre la generosidad de la resistencia” (El Garaje Ediciones), nos hará algo más que un repaso de los hechos que sucedieron ese día; se trata de un trabajo pormenorizado de todo lo que sucedió antes, durante y después de las ejecuciones llevadas a cabo por la dictadura.

Los ultimos fusilamientos de la dictadura franquista
Manuel Blanco Chivite y Pablo Mayoral Rueda. Juzgados en uno de los consejos de guerra de El Goloso

En los meses de agosto y septiembre de 1975, se celebraron cuatro consejos de guerra, dos de los cuales tuvieron en carácter de sumarísimo, en virtud de la aprobación de un decreto-ley antiterrorista, con el agravante que se aplicó con carácter retroactivo. Se saldaron con once condenas a muerte, de las cuales seis fueron conmutadas y cinco fueron llevadas a cabo mediante fusilamiento. Los fusilados fueron Ángel Otaegi, Xosé Humberto Baena Alonso, José Luís Sanchez-Bravo Sola, Ramón García Sanz y Jon Paredes Manot “Txiki”.

Este libro, a diferencia de otras publicaciones, tiene una particularidad, pues han sido parte activa en su elaboración algunas de esas personas que fueron juzgadas en esos consejos de guerra, así como familiares y/o amigos de los fusilados, pues nadie mejor que ellos, para contar el periplo vivido durante aquellos meses.

El lector tendrá entre sus manos un trabajo muy documentado, donde encontrará una gran cantidad de testimonios de militantes que fueron protagonistas de aquella época, así como documentos que se recogen en este ensayo, junto con una importante colección de imágenes que se vivieron a lo largo del mes de septiembre de 1975. A priori puede dar la sensación de ser muy extenso, percepción que desaparece una vez que se inicia su lectura. En varios capítulos, el libro ofrece dos lecturas paralelas, mientras en las páginas de la derecha sigue el relato de todo lo relativo al tema central de este trabajo, en las páginas de la izquierda se puede encontrar lo que estaba sucediendo de forma simultánea en las calles del Estado y de otros puntos del planeta como respuesta a estos acontecimientos.

Para entender los últimos años de vida del Dictador (el régimen franquista tuvo una continuidad posterior en el tiempo), es fundamental tener presente la represión que se desató durante los últimos años, y en particular en el año 75. Sólo en ese año, los aparatos policiales de la Dictadura asesinaron a 31 personas, entre ellos hubo varios niños. Ese dato, extraído del libro, es uno de los innumerables que nos ofrece este ensayo. El régimen comenzó su andadura, allá por julio de 1936 asesinando, cosa que no dejó de hacer en ningún momento; recodar que en 1974 asesinó mediante garrote vil a Salvador Puig Antich, e iba a finalizar del mismo modo, endureciendo la legislación penal, aún más si cabe, volviendo a rescatar para la ocasión la figura de los consejos de guerra con carácter sumarísimo, para terminar, matando. El supuesto aperturismo no dejaba de ser un espejismo.

Los ultimos fusilamientos de la dictadura franquista
Presentación del libro en la Casa del Barrio de Carabanchel

Una de las virtudes de este libro es que en todo momento llama a las cosas por su nombre, arrincona eufemismos, y en un tema de esta naturaleza entierra la equidistancia. De hecho, el lector lo puede comprobar nada más empezar su lectura, cuando se habla de la dictadura, llamándola, sin ninguna vacilación, terrorismo, y la define en estos términos: “En condiciones de Dictadura, el terrorismo es la Dictadura y la resistencia a la Dictadura es la lucha anti-terrorista del pueblo. En condiciones cualesquiera de Tiranía, la Tiranía es terrorismo y luchar contra la Tiranía es luchar contra el terrorismo”. Al tratar el binomio guerra-dictadura se expresa de la siguiente forma: “Cuando a una guerra sucede una Dictadura, significa por acción, interés y deseo de quienes han ganado, financiado y se beneficiaron, que esa guerra no ha acabado”.

En este texto los autores de este trabajo, ponen negro sobre blanco lo que es una dictadura y la lucha llevada a cabo para poder derribarla, y utilizan el término tiranía, algo inusual, pero en el caso que nos ocupa es totalmente necesario. Y es importante traer a este artículo ambos extractos del libro, porque con motivo del cincuenta aniversario de los cinco militantes antifascistas fusilados por la Dictadura, se han vertido expresiones en las que se venía a decir que fueron juicios injustos, donde se vulneraron todo tipo de derechos, reconociendo que sufrieron torturas, pero, porque parece que siempre tiene que haber algún pero, que ejercieron la violencia o que profesaban ideologías totalitarias. Y en esos parámetros se manifestó recientemente Alberto Alonso, director de Gogora, cuando manifestó que “Txiki y Otaegi no luchaban por la libertad, querían imponer su visión”. Ante lo que cabe preguntarse ¿alguien se imagina llamar grupo terrorista a los partisanos de Bielorrusia, Yugoeslavia, Grecia, o a la resistencia francesa? Nadie pone en duda que pertenecieron a grupos organizados que lucharon contra otra dictadura, y se vieron en la necesidad de tomar las armas para poder combatir al nazismo, una dictadura idéntica a la que hubo en el Estado español, esta última producto de un golpe de Estado, que se alargó en el tiempo hasta la muerte del dictador, y contra la que lucharon los cinco fusilados.

Este ensayo es un testimonio único de lo que sucedió en ese espacio de tiempo. En sus más de 370 páginas, repasa la crisis que estaba viviendo la Dictadura en los últimos años, un estudio pormenorizado de aquellos hechos, que desembocaron en los fusilamientos del 27 de septiembre, teniendo presente que todo ello se produjo en un espacio de tiempo cercano a los dos meses. Todos los consejos de guerra, donde se puede encontrar las biografías de los asesinados, testimonios de procesados que lograron sobrevivir a los consejos de guerra, abogados y personas que los vivieron de cerca.

Como no podía ser de otra forma, este libro rescata todo el movimiento de solidaridad con los procesados que surgió a nivel internacional, porque las protestas se extendieron por todos los continentes. Protestas silenciadas por el régimen franquista, y si en algún momento se hacían eco de ellas, era para tildarlas de antiespañolas, con los típicos adjetivos a los que nos tenía acostumbrados el régimen.

Este libro no se olvida de los victimarios, aquellos que firmaron las sentencias de muerte, tanto de los militares que formaron parte de los tribunales que juzgaron a los militantes antifascistas, policías torturadores, como de los miembros del gobierno de la Dictadura franquista que firmaron los enterados y que acabaron condenado a muerte a cinco de ellos. A todos ellos le dedica un espacio donde el lector puede obtener una información de gran interés, entre otra, la lista de premios recibidos por los miembros de la Brigada Político Social que intervinieron en las marco operaciones policiales contra algunos de los militantes que fueron juzgados en los consejos de guerra, siendo los responsables de las torturas que sufrieron todos los detenidos.

La lucha que han llevado las familias a lo largo de estos últimos 50 años para reestablecer el nombre de los condenados a muerte, exigiendo verdad, justicia y reparación es tratada en este trabajo con gran detalle. Ese esfuerzo denodado por lograr declarar nulos los consejos de guerra donde fueron condenados. Las familias de Baena, Sánchez Bravo, Otegi y Txiki son ejemplos de esa lucha que han llevado hasta nuestros días. Una lucha denodada contra esa amnesia histórica patrocinada por los que detentan el poder.

Los fusilamientos del 27 de septiembre de 1975 fueron el mensaje que enviaron los dirigentes políticos de la Dictadura, para dejar claro que la Transición la iban a pilotar los mismos que firmaron las penas de muerte con Franco, que su misión no era otra que la de evitar una ruptura democrática, para llegar lo lejos que ellos quisieran, y para ello, después de la desaparición del Dictador, seguirían utilizando la violencia como principal herramienta para reprimir cualquier tipo de protesta, como se pudo comprobar durante la Transición.

Los ultimos fusilamientos de la dictadura franquista
27 de septiembre 1975. La generosidad de la resistencia

Forugh Farrojzad: La Poesía como rebelión

Saray Blanco, conocedora de la trayectoria vital de Forugh Farrojzad, nos ofrece un relato en el que recoge la visión del entorno de la poetisa iraní y su lucha, alzandola como un icono de los valores que representaba, pues se enfrentó a esa sociedad como una feminista, llegando a traspasar muchos límites, y para ello fue fundamental su producción artística: cinco colecciones de poseía, dos guiones cinematográficos inéditos y dirigió algunos documentales.

Forugh Farrojzad: La poesía como rebelión

El mundo abstracto de uno mismo debe

ser el resultado de la búsqueda y la

contemplación y de una permanente

relación con el mundo exterior

Forugh Farrojzad

“¿ES ACASO LA CALIDEZ DE MIS VERSOS, la sensualidad como una lucha, lo que provoca que algunos detesten mis poemas?

Muchos hombres los leen a escondidas. Algunos, al encontrarme en la ciudad y reconocerme, me han confesado que ocultan el libro, y que repiten para sí mismos los versos más tarde, en voz muy baja.

… Ansío dejar un testimonio fiel de mi vida. Algo de mí que no se deje mecer completamente por las ruinas. ¿Para quién? No lo sé… Creo que a veces lo hago por temor a la muerte, pero me enfrento así a ella y también la admiro, porque es al fin y al cabo un acto honroso de la vida. Mientras espero ese acto y al mismo tiempo lo desafío, hay en mí una firme voluntad de entrega”.

Mahshid, una joven iraní, hace esta reflexión sobre el entorno que le rodea, una sociedad que se encuentra en un proceso de transformación, pero donde las tradiciones religiosas y culturales siguen cumpliendo ese papel de vigía, para que nadie se salga de la ortodoxia.

El pasaje que he recogido pertenece a un libro que nos trasladará al Irán de mediados del siglo XX y nos dará a conocer a la escritora y cineasta Forugh Farrojzad (1935-1967), a través de una novela que nos acercará a un país con una cultura milenaria. Todo ello de la mano de la escritora Saray Blanco y su novela “Del Viento”, editada en junio de 2025 por la Editorial Txalaparta.

Del viento
Forugh Farrojzad 1960 (Wikimedia Commons)

La autora, a través de la protagonista de la novela, Mahshid, personaje inspirado en Forugh Farrojzad, nos va adentrando en la figura de esta escritora que vivió en el Irán de un doble rostro: el de una occidentalización forzada por sus élites políticas, pero que escondía una sociedad tradicional y patriarcal en la que la libertad en mayúsculas era inexistente, y donde el papel de la mujer era pura y simplemente de sumisión.

Saray Blanco, conocedora de la trayectoria vital de Forugh Farrojzad, nos ofrece un relato en el que recoge la visión del entorno de la poetisa iraní y su lucha, alzandola como un icono de los valores que representaba, pues se enfrentó a esa sociedad como una feminista, llegando a traspasar muchos límites, y para ello fue fundamental su producción artística: cinco colecciones de poseía, dos guiones cinematográficos inéditos y dirigió algunos documentales. Su poesía fue sin duda una herramienta en su lucha contra las instituciones, políticos y la sociedad patriarcal iraní.

Del viento
Saray Blanco

Su vida transcurrió bajo el reinado de Mohammad Reza Pahleví. Durante ese periodo, el primer ministro Mohammad Mosaddegh realizó una apertura política, permitió al partido comunista iraní, nacionalizó la industria petrolera, que estaba en manos británicas, cosa que no dejaba de ser una forma de colonialismo. Todo ello desembocó en 1953, en un golpe de Estado organizado por el Reino Unido y EEUU, a través de la CIA, para derrocar al primer ministro, lo que conllevó la acumulación de todo el poder en manos de Mohammad Reza Pahleví, y, lo más importante para las dos potencias occidentales, la vuelta a controlar la industria petrolera.

Forugh Farrojzad fue testigo de la represión de Mohammad Reza Pahleví, a través de su policía secreta, la Savak, que detenía, torturaba y hacía desparecer a todo lo que supusiera oposición al régimen; políticos, intelectuales, escritores fueron víctimas de las prácticas represivas llevadas en Irán; de la mano de EEUU, los comunistas fueron uno de los grupos más castigados, se convirtieron en una de las obsesiones del Sha y de los norteamericanos.

La imagen que llegaba del régimen iraní a Occidente era muy diferente de la realidad que se vivía en el país. Esa occidentalización forzada desde el poder se contraponía con la represión política de la Savak; la situación de la mujer no tenía nada que ver con la imagen que exportaba el régimen al exterior, la sumisión seguía existiendo, pero enmascarada de múltiples maneras.

Del viento
Presentación del libro en la librería Balqis

Ante todo esto, Forugh Farrojzad utiliza su poesía como herramienta para criticar la decadencia y podredumbre del régimen, y a través de su escritura ejerce su rebeldía para reivindicar la libertad de las mujeres y la libertad sexual.

Todo ello ha sido plasmado de forma magistral en la novela, donde hay que destacar el trabajo realizado por Saray Blanco para lograr una novela muy documentada, lo que se traduce en que, gracias a la autora, podemos decir que nos ha ayudado a conocer la figura de Forugh Farrojzad, sus obras y su experiencia vital.

En la novela encontramos intercalados poemas de la escritora iraní, en la que utiliza algunos símbolos que a la autora le evocan la vida de Mahshid, como son el viento y las aves. En el texto está muy presente la muerte, pero al mismo tiempo, la esperanza. Diría que estamos ante una novela que tiene un sabor a poesía, con un estilo muy propio.

“La vida es como un largo verso, estudiado, experimentado, interpretado por actores debutantes.

La vida es, sí, como un largo verso. En él podría encontrarse la sencillez que tantos ansían”

Saray Blanco.

Palestina: la existencia negada

Palestina: la existencia negada

A día de hoy se han acabado todos los adjetivos para describir lo que está sufriendo el pueblo palestino en la Franja de Gaza y Cisjordania. No es que este genocidio tenga su origen hace algo menos de dos años, pues ambos enclaves palestinos llevan décadas siendo objeto de las políticas de exterminio del Estado de Israel, pero lo que está sucediendo desde hace en estos últimos tiempos, podríamos decir que es una de las situaciones más graves, sino la que más, que se ha vivido en el planeta desde el final de la II Guerra Mundial.

Palestina y, en concreto Gaza, se ha convertido en un gran genocidio en el que el brazo ejecutor es Israel, con la cobertura militar, político y financiera de los EEUU y la UE. Algo que no es nuevo, y que nos está mostrando quién o quiénes son los que realmente mandan en este mundo, pues el hecho de que un Estado tan pequeño como Israel, con una capacidad económica limitada para poder mantener el poderío militar que lleva demostrando a lo largo de muchas décadas, actuando con total impunidad, al margen de las resoluciones de la ONU, y con la capacidad para imponer a las grandes potencias sus políticas genocidas contra el pueblo palestino, sin que nadie le rechiste, solo puede darse gracias al respaldo de esos poderes políticos y económicos que están en la sombra, por encima de los gobiernos, y que son los que mueven los hilos ocultos de la economía y la geopolítica del planeta, donde, no olvidemos, el sionismo tiene una fuerza abrumadora.

Todo esto no es nuevo, otra cosa es que no haya más ciego que el que no quiere ver, y que desgraciadamente sea ignorado por muchos ciudadanos europeos y del resto del mundo, porque de los gobiernos occidentales ya nada se puede esperar. Lo que está sucediendo en la actualidad en Palestina, y que es extensible a todo Oriente Próximo, es de una gravedad sin precedentes, porque Israel es el elemento desestabilizador de toda la región; no hay conflicto en la zona en el que, ya sea a la vista de la Comunidad Internacional o de forma un tanto oculta, no esté la mano negra del sionismo.

Todo conflicto tiene sus antecedentes y causas, pero en el caso del pueblo palestino están aún más acentuadas. El pueblo palestino ha vivido pacíficamente a lo largo de los siglos en una tierra que tiene nombre, Palestina, y que está ubicada entre el Mediterráneo y el Jordán, entre las montañas al norte de Galilea y el desierto de Neguev al sur. Algo sencillo, pero necesario remarcar porque en la actualidad se está construyendo un relato en el que se intenta borrar de un plumazo más de 2.000 años de historia del pueblo palestino y de la tierra que habitaba.

Pues bien, para desmontar todo ese discurso construido para ocultar la realidad, hoy traigo a este blog un libro de la periodista Teresa Aranguren, que con el título “Palestina: la existencia negada” (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), publicado en abril de 2025, realiza un repaso a la historia de Palestina y a todos los acontecimientos que han ido marcando el devenir de este pueblo para desmontar ese discurso del sionismo que niega su existencia y, por tanto, la de un pueblo milenario, el palestino. Y después de su lectura no hay lugar a dudas que el objetivo de la autora ha sido logrado con creces.

Palestina La existencia negada
Teresa Aranguren

Es un texto sencillo y muy didáctico para acercar al público la cuestión palestina, pero que, a su vez, aporta una serie de datos de gran importancia para desmontar mitos y propaganda sionista y poder entender la historia del pueblo palestino, y el conflicto existente que se remonta a la década de los 80 del siglo XIX, con el nacimiento del movimiento sionista.

Al hablar de la historia, Teresa Aranguren se expresa en los siguientes términos: “Una de las condiciones del tiempo pasado es que ya está cumplido y no puede eliminarse. Se puede falsear, silenciar, ocultar, pero no borrar su rastro de los libros de historia, viajes, documentos, restos arqueológicos y, sobre todo, de la memoria, que si bien es perecedera como los seres humanos, también es transmisible de padres a hijos y a los hijos de los hijos”, y este ensayo nos muestra que hay un lugar en el mapamundi que a lo largo de los siglos ha sido conocido con el nombre de Palestina habitado por los originarios de dicho territorio.

Uno de esos bulos sobre los que se asentaba el movimiento sionista a finales del siglo XIX no era otro que el eslogan que lanzó el judío británico Israel Zangwill “Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, frase que se convierte “en una carta de presentación del movimiento” sionista, pero que Teresa Aranguren lo denomina como “una gran mentira”, siendo las páginas de este ensayo la mejor herramienta para tirar por tierra ese discurso negacionista.

Uno de los logros de este trabajo es que desmonta de forma sencilla “los dos grandes mitos inaugurales del sionismo, la tierra vaciada, y el desierto hecho florecer”, pero, como bien dice la autora, “han sido muy eficaces a la hora de borrar la existencia del pueblo de Palestina”. Para desarticular estos mitos, en este libro podemos encontrar testimonios escritos de escritores y viajeros que a finales del siglo XIX viajaron por Palestina y que la describieron como una tierra que en modo alguno era un desierto, donde sus habitantes cultivaban una gran diversidad de productos, hablando en todo momento de una tierra fértil.

Para entender “The Palestian Question” (término utilizado por los ingleses a la hora de tratar el proyecto sionista), Teresa Aranguren pone el acento en las políticas coloniales que llevaron a cabo las potencias europeas a principios del siglo XX y que fueron uno de los motivos que desencadenaron la Primera Guerra Mundial, siendo Gran Bretaña la potencia que fue allanando el camino a las aspiraciones sionistas, pues como se expone en este ensayo, la Administración británica va poniendo las bases para la creación de un Hogar Nacional Judío en Palestina, expresándose el ministro de exteriores de Gran Bretaña, Lord Balfour, en los siguientes términos: “En Palestina ni siquiera nos proponemos pasar por la formalidad de consultar los deseos de los habitantes del país. Las cuatro grandes potencias están comprometidas con el sionismo, correcto o incorrecto, bueno o malo, está anclado en antiquísimas tradiciones, en necesidades actuales y en esperanzas futuras de mucha mayor importancia que las aspiraciones de los 700.000 árabes que habitan esta tierra antigua”. Ya se empezaba a entrever el futuro que tenían reservado para el pueblo palestino.

Palestina fue un territorio por donde a lo largo de los siglos pasaron diferentes civilizaciones y ejércitos que la dominaron, pero los habitantes de esa tierra en ningún momento fueron expulsados, pues convivieron con diferentes culturas y religiones. Asirios, babilonios, árabes musulmanes, cruzados, mongoles, mamelucos de Egipto y otomanos fueron pueblos que dominaron Palestina, sin olvidar a inmigrantes cristianos que iban a Tierra Santa. Como se resalta en este libro, a diferencia de todos esos pueblos, “el objetivo final de la colonización sionista de Palestina no era el sometimiento y el control político y económico de la población autóctona sino su sustitución por otra”, y es lo que estamos viendo en los últimos cien años, pues como bien se recoge en este ensayo, en 1922 tan solo el 10% de la población era judía frente 76,9% musulmana o el 11,6% cristiana, y en lo que respecta a la propiedad de la tierra, “solo el 2,4% de la superficie total del país estaba en manos del movimiento sionista”. Esto era un dato que no pasaba desapercibido para el sionismo, y así lo describe Teresa Aranguren, cuando recoge en su trabajo la manifestación que realiza en 1940 Yosef Weitz, director del Fondo Nacional Judío, que se expresa en estos términos: “La empresa sionista ha hecho un buen trabajo con la adquisición de tierras. Peo así nunca conseguiremos contar con un Estado. El Estado se nos tiene que dar de una sola vez como la salvación (¿no es ese el secreto de la idea mesiánica?). No existe otra forma que desplazar a los árabes, a todos los árabes. Quizá con la excepción de Belén, Nazaret y la ciudad vieja de Jerusalén, no debemos dejar ni un solo poblado, ni una sola tribu. Todos deben poner rumbo a Siria y a Irak, incluso a Transjordania”.

Palestina La existencia negada
Refugiados palestinos en la carretera tras haber huido o haber sido expulsados de sus hogares en la Galilea (noviembre de 1948). (lqsomos)

No cabe duda que en discursos como este se inspiró el sionismo para, entre 1947 y 1948, realizar las operaciones militares para expulsar de su territorio a la población árabe, lo que se conoce como Nakba, y que en este ensayo se relata y documenta cómo fue ejecutada por grupos armados del movimiento sionista, una auténtica limpieza étnica con el beneplácito del ejército británico que estaba desplegado en Palestina y de la Comunidad Internacional; recoge testimonios y datos de todas las poblaciones palestinas que sufrieron los ataques, desmontando esa “idea, muy extendida en la opinión pública occidental, de que la huida en masa de la población palestina de sus hogares y sus tierras fue consecuencia del caos generado por la primera guerra árabe-israelí, no se corresponde con los datos y los hechos ocurridos mucho antes de que ningún ejército árabe hubiera entrado en Palestina”. Entre esos testimonios que recoge este ensayo, es escalofriante leer el que aporta el historiador israelí Benny Morris, acerca de la actuación de los grupos armados israelís, con el agravante que justifica la actuación “como un mal necesario para la consecución del Estado judío”.

En este libro podemos encontrar como Menahen Beguin y Yitzal Shamir, en aquellos momentos miembros del grupo terrorista Irgun, y que con posterioridad llegaron a ser primeros ministros de Israel, fueron algunos de los responsables de las matanzas de la Nakba. Y en el marco de esa impunidad, es donde hay que situar el atentado que realizó el grupo terrorista anteriormente citado contra el enviado especial de la Naciones Unidas para investigar los hechos producidos durante la Nakba. Por ello Teresa Aranguren tira por tierra la versión existente de cómo se nació el Estado de Israel, al decir que “la versión idílica de cómo se creó el Estado de Israel se asentó sobre la negación y el silenciamiento de lo ocurrido con la población palestina. El término “limpieza étnica” quedó proscrito de la versión oficial y épica de la creación del Estado”.

Para el sionismo la resolución de la ONU, que planteaba la partición de Palestina en dos estados, uno árabe y otro judío, fue un triunfo del sionismo, pero en palabras de Teresa Aranguren “los dirigentes sionistas eran muy conscientes que sin la mayoría demográfica y sin la propiedad de la tierra, dicho Estado no sería posible. La resolución de partición de Palestina llevaba el germen de la limpieza étnica que vino después”.  Esta es la piedra donde se asienta el proyecto sionista para echar a los palestinos de sus tierras y que hoy día lo sigue aplicando a rajatabla.

Cuando se habla de terrorismo en este conflicto, únicamente se menciona el terrorismo de los grupos palestinos, pero es curioso que se pase por alto el terrorismo sionista en la consecución de la creación del Estado de Israel, y no me estoy refiriendo a lo que se conoce como Nakba, sino a los atentados que grupos terroristas sionistas perpetraron contra la Administración británica, y que generaron muchos muertos.

Palestina La existencia negada
Desplazados forzosos durante la guerra de Gaza (Wikimedia Commons)

Este trabajo nos muestra como una vez creado el Estado de Israel y de haber realizado la primera Nakba, la hoja de ruta del sionismo no se ha desviado un ápice. La estrategia ha sido muy clara, ir a la confrontación armada contra los países árabes de su alrededor, con el respaldo de EEUU y la inmensa mayoría de los países occidentales para ir arrebatando territorio al pueblo palestino y a los estados vecinos, y cada negociación ha sido una maniobra para continuar con sus políticas de expulsar a los palestinos de sus tierras. Si por algo ha destacado la política sionista de Israel es por no cumplir ningún tipo de resolución de la ONU, y haciendo saltar por los aires los acuerdos suscritos en Oslo con la OLP y cualquier posibilidad de resolución del conflicto.

Para entender lo que está sucediendo en la actualidad, en lo que se puede calificar como la nueva Nakba, Teresa Aranguren no duda al manifestar que “la clave de la fuerza de Israel no está solo en el poderío de la maquinaria militar sino en la garantía de su impunidad”.

En este ensayo hay un lugar para denunciar la manipulación informativa, en concreto a la hora de informar de los ataques que realiza el ejército israelí, “sembrando dudas”. Una herramienta eficaz para “posponer su impacto ante la opinión pública”,

Palestina La existencia negada
Periodistas asesinados por Israel-Agosto 2025 (lqsomos)

En estos momentos a todos aquellos que rechazamos la situación del pueblo palestino, no nos queda otra opción que seguir denunciando el genocidio que está sufriendo por parte del Estado de Israel, con protestas multitudinarias y masivas, compartiendo la información que nos hacen llegar periodistas que se están jugando el tipo; a día de hoy van 244 periodistas que han sido asesinados por el ejército israelí en Gaza; su presencia es fundamental porque son testigos de lo que está sucediendo, y sin su testimonio el mundo no estaría informado de este genocidio, por eso son un objetivo del gobierno israelí. Pero otra forma de apoyar al pueblo palestino es, sin duda alguna, la publicación de libros como éste de Teresa Aranguren, que ayudan a dar a conocer las raíces de un conflicto que no ha comenzado el 7 de octubre de 2023, con el ataque de Hamas y otros grupos palestinos, como quiere hacer ver el gobierno israelí, sino que es necesario echar la mirada atrás en el tiempo para poder comprender y empatizar con la lucha del pueblo palestino.

Palestina La existencia negada
Palestina La existencia negada. Ediciones del Oriente y del Mediterráneo

José Mujica. Un humilde sembrador de ideas

Hace poco más de dos meses que Pepe Mujica se nos fue en silencio y con una mochila llena de luchas y experiencias, una persona que peleó en innumerables batallas, perteneciente a una nación pequeña en extensión, pero grande en las luchas que ha mantenido a lo largo de su corta historia.

Se ha hablado mucho de este viejo militante, guerrillero del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, preso político entre los años 1972 a 1985, fue tomado como rehén por parte de la dictadura cívico-militar para ejecutarlo si los tupamaros retomaban la lucha armada, posteriormente militó en el Movimiento de Participación Popular, organización que forma parte del Frente Amplio, y de la que fue líder, llegando a ser presidente de la República Oriental del Uruguay. Me atrevería a decir que es admirado por una inmensa mayoría de la izquierda mundial, aunque uno siempre encuentra excepciones, y algunos pongan el énfasis en el abandono de la lucha armada por parte de Pepe Mujica. Pero lo que no se puede obviar, es que ha sido un ejemplo para la izquierda de todo el planeta por su humildad, honradez y ética.

Para hablar del pensamiento de Pepe Mujica y de su dilatada trayectoria política, he recurrido a un libro que vio la luz en Uruguay en noviembre de 2022, siendo publicado por la editorial independiente Ediciones del Berretín y que posteriormente ha sido editado en el Estado español por la editorial Baigorri Argitaletxe. Este libro es producto de una serie de charlas que Mario Mazzo y Carlos Martell mantuvieron con Pepe Mujica cuando éste ya estaba en su chacra, retirado de la actividad política.

No sé si se puede asegurar que en este libro se encuentra sintetizado el pensamiento político de Pepe Mujica, pero si me atrevería a decir que no deja ningún tema en el tintero, y en palabras de sus autores “este libro nace de la idea de lanzar semillas al viento, pensando en la necesidad de que nuevos militantes echen raíces en la tierra fértil de las luchas sociales y políticas de este continente tan injusto, tan desigual, que sigue pariendo espíritus rebeldes”.

De lo que no cabe ninguna duda es que todas las reflexiones que aporta el líder uruguayo van dirigidas a obtener el logro de la felicidad por parte del ser humano, pero de todos los del planeta, no sólo de los que viven en los países ricos. Y para ello hace una enmienda a la totalidad al capitalismo, sistema que se sustenta en un consumo depredador que se está llevando por delante al planeta, porque es imposible la sostenibilidad con este ritmo desaforado, que lleva a la destrucción del medio ambiente, y lo expresa en estos términos: “El planeta no se salva si seguimos aferrados a esta civilización. El capitalismo funciona sobre la base de una gran mentira, nos promete la felicidad del consumo sabiendo que no será para todos”, porque son más los que no tienen la posibilidad de acceder a los parabienes que ofrece el capitalismo. Nos trasmite una gran preocupación porque en materia de medio ambiente, los políticos desoyen los consejos de los científicos.

Cuando habla del capitalismo, pone el acento en algo que, siendo obvio, la izquierda a día de hoy no ha encontrado la forma de combatirlo, que no es otra cosa que la asimilación de la cultura capitalista por parte de todas las clases sociales. Y es ahí donde Mujica puede levantar más de una ampolla, pues no duda al decir que en los países donde se ha construido el socialismo “subyace la cultura capitalista”, que no es otra cosa que la falta de formación cultural de clase. Y lo sentencia cuando dice que “no se puede construir un edificio socialista con albañiles capitalistas”, porque no es suficiente con cambiar las relaciones de producción, para cambiar la mentalidad de las personas, pues “el socialismo no es sólo números, son personas”. Lo que nos está queriendo decir es que la gran batalla consiste en combatir al capitalismo en el terreno de la guerra cultural. De hecho, no duda en afirmar que “es más fácil un cambio material que un cambio cultural”, pues para Pepe Mujica “una verdadera revolución es la que logra un cambio cultural” pues si no se quiebra la cultura dominante el cambio no existe. Ese fue el triunfo del capitalismo cuando derrotó culturalmente al feudalismo, cosa que hasta ahora el socialismo no ha logrado al haber fracasado en sus intentos de derribar culturalmente al capitalismo. Este proceso para lograr un cambio cultural no tiene nada que ver con una revolución cultural.

Al hilo de una cultura y una moral distinta, afirma que ser de izquierdas es tener una empatía y manera distinta de ver las cosas, de ver a los demás. Para ello, Pepe Mujica no duda en afirmar que hay que compartir con los de abajo, para que estos tengan fe en los dirigentes de la izquierda.

José Mujica. Un humilde sembrador de ideas
Parte del cortejo de Pepe Mujica (Wikimedia Commons)

La humildad de Pepe Mujica se ve reflejada cuando al hablar de esta cuestión responde “Yo te planteo el problema, no la solución porque no la tengo”. Desde los años 80, con el triunfo de las políticas neoliberales de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, y la caída de los países que se denominaban socialistas, la izquierda ha sido incapaz de forjar un discurso cultural que contrarrestara la ola neoliberal, pero quizá lo más grave es que tampoco ha sido consciente de ello, y es ahí donde el político uruguayo realiza una autocrítica sencilla y seria desde la humildad del que reconoce que no tiene soluciones, aunque si se atreve a plantear que para superar esta batalla cultural, pasa por la educación, que es “la puerta a la libertad”.

 En estos términos expone por qué resiste el capitalismo, porque el capitalismo y sus técnicas de marketing avanzan mucho más que cualquier ciencia, lo que le lleva a sentenciar que “el capitalismo no es solamente un sistema de producción y manejo de riqueza, es también la formación de una cultura subliminal, que es lo más fuerte… Nos ha transformado en adictos consumidores. Confundimos ser con tener, vivimos para comprar cosas nuevas, y estamos siempre “ensartados”, trabajando y pagando”. Una exposición tan sencilla, pero que a día de hoy la izquierda no ha encontrado la solución para deshacer este nudo.

Al hablar del neoliberalismo lo hace exponiendo sus contradicciones. Los gurús neoliberales hablan de libertad en el campo económico, siendo la única que realmente les preocupa, siendo esta más importante que las libertades fundamentales de la ciudadanía. Para Mujica, la propiedad y la acumulación es la piedra angular de este pensamiento, la cual “está basada en el principio de la explotación directa o indirecta de otro”, “la libertad con la que se les llena la boca a los neoliberales es la libertad de apropiarse en gran escala del trabajo de los demás”, lo que no deja de ser una forma de egoísmo de las clases dominantes. En este caso tampoco deja pasar la ocasión para lanzar alguna andanada al espectro de la izquierda cuando afirma que los gobernantes tienen que vivir como vive la mayoría del pueblo, y se dirige a sus dirigentes, que, en muchos casos, cuando esta gobierna suele comportarse como la derecha.

Al hablarnos del Estado no duda un momento al sentenciar la necesidad de la existencia del Estado, con todas las críticas que se le puedan hacer desde los neoliberales, porque a la más mínima crisis, recurren a él en busca de ayuda y protección. Para Mujica el problema radica en las personas, que con sus conductas arrastran al Estado al burocratismo. Y es aquí donde su discurso puede generar malestar, al ser crítico con determinadas conductas que se dan dentro de la izquierda, pues al no preocuparse de corregir sus defectos, facilita el discurso anti estatista de aquellos que quieren reducir el Estado a la mínima expresión. Ataca no sólo a todas esas conductas extendidas en las diferentes administraciones que generan una desafección por parte del ciudadano hacia el Estado en su conjunto, sino que también a las posturas inmovilistas existentes dentro. Y para ello expone su experiencia en la etapa de ministro y de presidente de la República.

El camino que Pepe Mujica nos muestra, al menos para mitigar las desigualdades, pasa por cuestiones que son un denominador común en todos los países capitalistas, sean ricos o pobres, pues todos ellos sufren la ola neoliberal, y para ello, comentará temas tan importantes como fiscalidad progresiva, empresas trasnacionales, capitalismo rentista o reforma agraria.

Dentro de este análisis que va acompañado con grandes dosis de autocrítica, a la hora de entrar a hablar dentro del campo de las ideas, su reflexión despeja todo tipo de dudas que pudieran haber surgido, cuando dice que “no hay una alternativa global a la explicación social del marxismo” porque en la actualidad nadie ha planteado una teoría para salir de esta situación, el marxismo no da respuestas a muchas de las situaciones actuales, pero “tampoco tenemos otra herramienta” porque lo que hay enfrente no sirve. Mujica nos habla de un posmarxismo con la dificultad que no ha surgido un ideólogo que esté a la altura de Marx para darnos una explicación global del mundo actual.

José Mujica. Un humilde sembrador de ideas
Pepe Mujica en el encuentro de la Confederación de Sindicatos de Trabajadores de Amércia (Wikimedia Commons)

La visión ideológica y política de Pepe Mujica hay que entenderla teniendo siempre presente los movimientos políticos que han surgido en Latinoamérica, con sus peculiaridades, que muchas veces no son comprendidas desde la vieja Europa. Conceptos como patria, liberación nacional, banderas que levanta la izquierda en esos países, en contraposición al imperialismo y a las políticas que van de su mano, tienen un significado muy arraigado en ese continente, y muy alejado del concepto que tenemos por estas latitudes. 

José Mujica. Un humilde sembrador de ideas
Pepe Mujica en un acto de UNASUR en apoyo a Evo Morales

Mujica hace un repaso histórico a la política uruguaya y nos ofrece algunas pinceladas sobre los países latinoamericanos. Los momentos convulsos vividos a lo largo del siglo XX en su país, los golpes de Estado de todo tipo, las diferentes sensibilidades dentro de la izquierda, la forma de hacer política, que para los lectores que no vivimos de cerca la política de esas latitudes no deja de ser interesante. Y dentro de todo ello el frentismo, esa convicción de toda la izquierda uruguaya, que, para ganar electoralmente a la derecha, pasa por su unidad independientemente de sus sensibilidades. Una lección para aplicar en estas latitudes que se pone más el foco en las diferencias, como así lo recoge Arnaldo Otegi en el prólogo a esta edición, porque “si no sumas no ganas” y para ello hay que deshacerse del sectarismo dogmático.

Al escucharle hablar de la vida y de darle algún sentido, nos encontramos a una persona que ha sido coherente con su forma de vivir, con esa humildad y austeridad de la que ha hecho gala a lo largo de los años, y alejada de la pompa que tanto les gusta a muchos dirigentes de la izquierda.

Pepe Mujica, fiel a sus principios, nos anima a seguir luchando, diciendo que “el capitalismo no es el fin de la historia, que ninguna derrota es definitiva y que los únicos derrotados son los que bajan los brazos”, porque esta vida no es más que luchar desde que nacemos hasta el último suspiro.

Y su forma de ver la vida se podría resumir en su última frase: “La esperanza es caminar, y el guerrillero que no camina está frito. Me duelen los huesos, pero todavía voy andando”. A lo que solo se puede añadir, Pepe, que la tierra te sea leve.

José Mujica. Un humilde sembrador de ideas
Semillas al viento. José Mujica. Baigorri Argitaletxe

Memorias para combatir el silencio

Estamos viviendo un tiempo en el que en la vieja Europa la amnesia se ha apoderado de las mentes de gran parte de sus ciudadanos. Nos vemos inmersos en un proceso de blanqueamiento del fascismo en sus diferentes versiones, y lo que es más grave, de sus crímenes. Es preocupante ver cómo hay personas que están abrazando y ensalzando dictaduras que no han llegado a conocer, regímenes que a lo largo del siglo XX arrasaron con todo. Sin ir más lejos, el akelarre fascista que se ha vivido hace unos días durante el pregón de las fiestas de la localidad zaragozana de Utebo, o ver a adolescentes a la salida del colegio o universidad cantando el cara al sol, tan sólo son un botón de muestra que no nos debería dejar indiferente a nadie.

Ante esta ola reaccionaria, no cabe otra que combatirla y luchar contra el olvido, recuperando la historia con mayúsculas, esa que quieren blanquear, la de los campos de concentración, los bombardeos indiscriminados a la población civil, las ejecuciones, la utilización de prisioneros como esclavos en pleno siglo XX para realizar obras y enriquecerse las dictaduras y sus amigos oligarcas. Pero también hay otras historias, esas que los protagonistas son personas anónimas y que son imprescindibles para tener otra perspectiva, son relatos que pasan de pertenecer a esas personas y familias para formar parte de una historia colectiva, lo que  Jonathan Martínez define en su ensayo La Historia Oficial como “detrás del yo siempre se esconde un nosotros”.

Claro, para recuperar esas pequeñas historias y que pasen a formar parte de todos nosotros, en muchos casos hay que romper muchas barreras. Una de ellas es el miedo, porque es un denominador común entre las personas que han sufrido la represión y/o la violencia de regímenes dictatoriales, pues los traumas son tan grandes que son incapaces de romper esa losa. Ese miedo trae consigo la sombra del silencio para no remover recuerdos y sufrimientos. No es un silencio cómplice, sencillamente es ese terror del que Naomi Klein nos habla en La doctrina del shock.

Cuando se rompe ese binomio miedo-silencio se está dando un pasito para recuperar esas pequeñas historias y la memoria de todo lo que han supuesto las dictaduras fascistas en cualquier confín del planeta. Eso es uno de los logros del libro que hoy quiero traer a este blog. Con el título “Memorias de un silencio”, su autora, Fátima Diez, nos relata la historia de un superviviente de ese 26 de abril de 1937, día en el que la aviación nazi arrasó con la villa vasca de Gernika, y del que el mundo tuvo noticias gracias a que hubo algunos periodistas extranjeros que fueron testigos directos de lo sucedido, pero que a día de hoy sigue habiendo negacionistas, como los hay de los campos de concentración nazis o del genocidio de Gaza.

En un formato de relato novelado, la autora nos trae la historia de Emilio Aperribay y su familia. Naturales de Gernika, el día del bombardeo Emilio tan sólo tenía ocho meses. Gracias a que con el tiempo sus aitas fueran liberándose de sus miedos, tuvo conocimiento a través de ellos de todo lo que supuso ese día, porque todo lo que vino después, él ha tenido tiempo de vivirlo en sus propias carnes y a día de hoy sigue siendo un testigo vivo de aquella época siniestra.

Si las bombas trajeron la oscuridad y el humo negro a Gernika, esa noche se prolongó durante cuarenta años en los que muchísimas familias, como las de Emilio, tuvieron que vivir acompañadas del miedo, como si éste fuese un miembro más del hogar, pero que no fue obstáculo para seguir luchando por la supervivencia e intentar recuperar todo lo que perdieron con la guerra.

No quisiera pasar por alto las descripciones que recoge la autora a la hora de relatar el bombardeo, que solo se pueden definir como un ensañamiento sobre la población civil. El horror y la muerte sobrevolaron ante la sonrisa de los jóvenes pilotos alemanes, algo que se vuelve a reproducir en nuestros días; poco o nada ha cambiado, viendo la actitud del ejército sionista en Gaza. Un modus operandi idéntico, atacando de forma premeditada e indiscriminada a los civiles gazatíes. Desgraciadamente, la historia se vuelve a repetir.

Fátima Diez, a través de la familia Aperribay, nos va relatando lo que supuso la posguerra, donde la cárcel, los fusilamientos y la represión fue una constante; un estado de excepción indefinido en el tiempo, y “a partir de ahí empezó otra guerra: La guerra del silencio”.

Es un libro sencillo, en el que la autora ha sabido componer la historia de tal forma que la narración va llevando al lector de forma sumamente ágil, y sus poco más de doscientas páginas se pasan en un visto y no visto.

Memorias para combatir el silencio
Emilio Aperribay junto al árbol viejo de Gernika

A lo largo de libro encontramos algunas fotografías y documentos relativos al paso por prisión de Román Bodegas Orbañanos, tío de Emilio Aperribay, militante de UGT, que luchó como miliciano de Izquierda Republicana en el batallón Azaña, persona que tiene un hueco muy especial en esta novela, por la huella que dejó en la familia y particularmente en su sobrino.

Cuando he citado el título y la autora no he mencionado la editorial, ello se debe a que es una autoedición. Lo de publicar un libro no es cosa fácil, pero no deja de ser una pena que este tipo de trabajos no tengan la posibilidad de estar respaldados por una editorial.

Memorias para combatir el silencio
Memorias de un silencio

En la estela de la guerra de Ucrania. Una colisión entre imperios

Después de tres años de guerra, da la impresión que el conflicto entre la OTAN y Rusia en suelo ucraniano ha entrado en su fase final, estando próximo el desenlace de todo este sinsentido que supone una guerra en pleno siglo XXI, con la consiguiente carrera armamentística, que para lo único que sirve es para engordar las cuentas de resultados de las empresas del sector de armas, aunque probablemente el final de todo esto no traiga la resolución de las causas que lo originaron, más que nada porque los actores principales (OTAN, EEUU y Rusia) tengan puestas sus miradas en cuestiones que al común de los mortales se nos escapan.

Llegados a este punto entiendo que es necesario echar la vista atrás, volver a poner encima de la mesa todo lo relacionado con este conflicto y hacer un repaso de lo que ha sucedido hasta ahora. Para ello me ha parecido interesante recuperar un libro escrito en 2022 que aportaba muchos datos que ayudaban a entender todo lo que estaba pasando, y ahora es interesante rescatarlo con la intención de comprobar si los análisis que realizaba el autor en los primeros meses de la guerra siguen estando vigentes o, por el contrario, existen datos que lo han dejado obsoleto, sobre todo, teniendo en cuenta el giro dado por EEUU en este conflicto desde la llegada de Trump que, a simple vista, pudiera parecer que ha puesto todo patas arriba.

En la estela de la guerra de Ucrania. Una colisión entre imperios
Carlos Taibo

En su momento, a la hora de elegir una lectura sobre el conflicto, me incliné por el ensayo de un experto en el espacio postsoviético y en todo lo que han sido los países que lo componían, entre otras cosas, porque no era el primer trabajo que realizaba sobre Ucrania. Me estoy refiriendo al politólogo Carlos Taibo, que en agosto de 2022 publicó un ensayo titulado “En la estela de la guerra de Ucrania. Una glosa impertinente” (Editorial Los libros de la Catarata).

El hecho cierto es que a lo largo de estos tres años el conflicto ha trascurrido de una forma un tanto lineal en lo que al posicionamiento de los actores se refiere, hasta que la nueva administración norteamericana ha hecho saltar por los aires la estrategia que EEUU seguía hasta el momento, lo que ha abierto una grieta sin precedentes con el resto de sus aliados de la OTAN, que siempre han hecho seguidismo de las políticas norteamericanas. Quizá todos estos últimos acontecimientos han podido hacer olvidar a muchas personas los antecedentes de la guerra, todo el escenario prebélico y los factores que lo rodearon que, vistos con la perspectiva actual, no me cabe duda de que es un ejercicio necesario para no perderse. Por ello, no me cabe duda que el libro que hoy traigo es una herramienta de gran utilidad.

En primer lugar, si hay algo que me parece importarte remarcar de este ensayo, es que, en muchas ocasiones, su autor plantea más interrogantes que certezas, lo cual puede llamar la atención, acostumbrados a escuchar discursos que se arrogan estar en posesión de la verdad absoluta. Además de los datos contrastados que aporta y que son de gran utilidad para el lector, desarrolla diferentes teorías, para que tengamos más elementos para extraer conclusiones propias.

Si tengo que definir este trabajo, es que es un manual que desmonta una serie de discursos que han estado flotando en el ambiente y ha refutado muchos de los argumentos y disertaciones que utilizaban unos y otros. Da voz a todos esos argumentos que han tapado los medios de comunicación occidentales en su afán por aplicar su particular doble vara de medir.

Este ensayo si de algo huye es de posicionarse con alguno de los actores del conflicto, ejercicio complicado en los tiempos que corren. Creo que por parte del autor no es tanto una cuestión de equidistancia, sino más bien producto de un análisis profundo de los últimos 30 años de la política internacional en todo lo concerniente a los países que formaban el espacio postsoviético y la actitud que ha tenido EEUU y los países que forman la OTAN ante esa región europea. En Occidente el ser muy crítico con EEUU y la OTAN supone que te encasillen como defensor de Putin. O es blanco o es negro, no hay más colores; por el contrario, este ensayo desmonta ese discurso, viniendo a demostrar que el abanico de colores es muchísimo más amplio.

Carlos Taibo no duda en acotar este conflicto dentro de los parámetros de la geopolítica, en concreto, “su origen está en una sórdida confrontación entre imperios tradicionalísimos”; destierra esa concepción que basa esta guerra en una “confrontación ideológica entre dos modelos ideológicos, políticos y económicos”. Esto no quiere decir que obvie cuestiones ideológicas y políticas que han acompañado a algunos de los protagonistas de este conflicto ni los marcos políticos e ideológicos relacionados con los países enfrentados en esta guerra.

Este ensayo es un buen punto de partida para conocer un país como Ucrania, producto de la desintegración de la URSS, en el que el autor aporta datos acerca de la geografía, historia, lengua y la construcción de Ucrania como Estado-nación. Es en este ámbito donde Carlos Taibo no duda a la hora de describir la evolución de este país como “un activo proceso de invención de una tradición en el seno del nacionalismo ucraniano…, la recuperación y reivindicación de movimientos de corte fascista como los que operaron en el país durante la Segunda Guerra Mundial”. La ilegalización primero del Partido Comunista de Ucrania, posteriormente la de varios partidos políticos de izquierdas, la crisis que se desató en 2013 y que desencadenó el Maidán, así como como la guerra sangrienta en la zona del Donbás, donde hubo alrededor de 14.000 muertes de población civil local, en su mayoría provocados por el ejército ucraniano, son algunos de los datos sobre los que profundiza para que el lector tenga todo los ingredientes necesarios para poder entender los antecedes de este conflicto. Con toda esta cascada de datos, el autor no duda en afirmar que Zelensky tiene tics autoritarios y grupos de la extrema derecha controlan algunos estamentos de poder en Ucrania .

Con el mismo rigor, podemos encontrar unos datos imprescindibles para poder evaluar la situación actual de Rusia, y la persona que preside el país: Putin. En este caso, el autor realiza un ejercicio de discernimiento entre Putin y Rusia, porque en palabras de Taibo, “identificar a Rusia con Putin es un error que está llamado a tener consecuencias mayúsculas”. Al tratar su figura, no deja pasar por alto la admiración que suscita entre la ultraderecha mundial y los estrechos lazos que mantienen, y para no dejar lugar a dudas, al hablar de la Rusia de Putin se expresa en los siguientes términos: “en la Rusia putiniana se ha asentado un sistema que bebe de una pulsión imperial-militar, que abraza lo que menudo es un nacionalismo de base étnica y que no duda en defender los valores tradicionales, la familia y la Iglesia ortodoxa”. En resumen, el autor no duda en manifestar que la Rusia de Putin no es el estandarte de un proyecto antifascista.

Realiza una radiografía del régimen de Putin desde la llegada de este al poder, y de forma muy sintetizada expone lo que fue la política del Kremlin hacia EEUU y la OTAN a lo largo de esos años, “una búsqueda de una relación muy cordial, que llegado el momento ha podido ser lamentablemente sumisa, con ese mundo”. Y es que los datos que aporta el autor ahí están y sobre los que poco o nada se puede objetar.

Al hablar de Putin no quiero pasar por alto algunas cuestiones que se recoge en este ensayo: la primera es que recuerda que Putin ya apuntaba sus tintes autoritarios durante la segunda guerra de Chechenia, a partir de 1999, siendo necesario recordar que Occidente se puso de perfil. La segunda es que la Rusia de Putin “se atribuye el derecho de injerencia e intervención en aquellos espacios geográficos que considera propios”, cuando Moscú entiende que “sus intereses en materia de seguridad están en peligro”. Nada que no hayan hecho otras potencias, sobre todo la CIA a lo largo de su historia, pero que es importante tenerlo en cuenta. Y la tercera y última, es la percepción que Putin mantiene sobre la Unión Soviética de antaño y la opinión que le merecen líderes históricos de la Revolución bolchevique, como Lenin y Stalin, y, por supuesto, “no siente ninguna simpatía por el sistema económico y social de la Unión Soviética”. Cuestión que ayuda a entender mejor al personaje.

Carlos Taibo dedica un capítulo a la OTAN, porque este conflicto no se puede entender sin tener presente la responsabilidad que ha tenido esta organización a través de la estrategia desplegada en los países del Este desde la disolución del Pacto de Varsovia. Este capítulo es fundamental, no sólo para entender la guerra en Ucrania, sino para poder tener una visión global de lo que está pasando en otras regiones del planeta.

Al inicio de este artículo me he expresado en los siguientes términos: “el conflicto entre la OTAN y Rusia en suelo ucraniano”, en vez de decir una guerra entre Rusia y Ucrania. Si alguien quiere disipar esta duda, los datos que aporta este ensayo son clarificadores Por un lado, ver el papel que la OTAN ha desempeñado en los últimos 30 años en la región y en su afán de cercar a Rusia y, por otro, lo que la actualidad nos está mostrando todos los días, EEUU ha cogido las riendas del conflicto, ha decidido finiquitar la guerra, y para ello ha abierto un proceso negociador con Rusia, al margen de sus aliados en la OTAN, pero, sobre todo, ninguneando a las autoridades ucranianas. Lo que viene a demostrar que los actores principales de la guerra son EEUU y Rusia, y Ucrania se ha limitado a poner el campo de batalla y los muertos. Cuestiones que este ensayo desarrolla de forma muy didáctica.

El autor deja para el final algunos temas que pueden servir para entender lo que está pasando en la actualidad. El papel de la UE, a rebufo de EEUU, siendo incapaz de evaluar las consecuencias económicas negativas que le está suponiendo este conflicto, todo lo contrario de lo que le está sucediendo a EEUU, que ha encontrado un filón económico al incrementar las exportaciones a sus socios de armas y productos energéticos. La realidad es que el bloqueo a Rusia ha sido perjudicial para la UE y beneficioso para EEUU.

El autor se pregunta si esta guerra se hubiera llegado a producir estando Trump en la Casa Blanca, cuestión interesante porque este ha vuelto a ponerse al mando de los EEUU. Es de resaltar que ya al inicio de la guerra Carlos Taibo no tenía dudas de que con Trump hubiera habido menos probabilidades de haber llegado a esta situación, no tanto porque Trump sea el exponente del pacifismo, como lo estamos viendo en el caso de Gaza y Oriente Medio, sino porque las prioridades en política internacional que tenía Joe Biden eran sustancialmente diferentes.

Para finalizar, desarrolla algunas de sus interesantes teorías sobre a donde nos están llevando todos estos conflictos, las tensiones entre diferentes potencias (EEUU, Rusia, China), la cercanía de una guerra a escala global, abocándonos a lo que define como el colapso general y la zozobra que le genera la evolución de los acontecimientos. Y todo ello, expuesto desde una óptica de clase y libertaria, pues como bien dice, no es necesario que “explique a qué clase pertenecen, y qué intereses defienden Biden, Macrón o la señora Merkel. Pero sería saludable que se percatasen de que esa clase es la misma que está detrás de Putin o Xi Jinpin”, y ante ello su máxima es “no a la guerra entre los pueblos, no a la paz entre clases”.

Después de tres años de guerra, da la impresión que el conflicto entre la OTAN y Rusia en suelo ucraniano ha entrado en su fase final, estando próximo el desenlace de todo este sinsentido que supone una guerra en pleno siglo XXI, con la consiguiente carrera armamentística, que para lo único que sirve es para engordar las cuentas de resultados de las empresas del sector de armas, aunque probablemente el final de todo esto no traiga la resolución de las causas que lo originaron, más que nada porque los actores principales (OTAN, EEUU y Rusia) tengan puestas sus miradas en cuestiones que al común de los mortales se nos escapan.

Llegados a este punto entiendo que es necesario echar la vista atrás, volver a poner encima de la mesa todo lo relacionado con este conflicto y hacer un repaso de lo que ha sucedido hasta ahora. Para ello me ha parecido interesante recuperar un libro escrito en 2022 que aportaba muchos datos que ayudaban a entender todo lo que estaba pasando, y ahora es interesante rescatarlo con la intención de comprobar si los análisis que realizaba el autor en los primeros meses de la guerra siguen estando vigentes o, por el contrario, existen datos que lo han dejado obsoleto, sobre todo, teniendo en cuenta el giro dado por EEUU en este conflicto desde la llegada de Trump que, a simple vista, pudiera parecer que ha puesto todo patas arriba.

En su momento, a la hora de elegir una lectura sobre el conflicto, me incliné por el ensayo de un experto en el espacio postsoviético y en todo lo que han sido los países que lo componían, entre otras cosas, porque no era el primer trabajo que realizaba sobre Ucrania. Me estoy refiriendo al politólogo Carlos Taibo, que en agosto de 2022 publicó un ensayo titulado “En la estela de la guerra de Ucrania. Una glosa impertinente” (Editorial Los libros de la Catarata).

El hecho cierto es que a lo largo de estos tres años el conflicto ha trascurrido de una forma un tanto lineal en lo que al posicionamiento de los actores se refiere, hasta que la nueva administración norteamericana ha hecho saltar por los aires la estrategia que EEUU seguía hasta el momento, lo que ha abierto una grieta sin precedentes con el resto de sus aliados de la OTAN, que siempre han hecho seguidismo de las políticas norteamericanas. Quizá todos estos últimos acontecimientos han podido hacer olvidar a muchas personas los antecedentes de la guerra, todo el escenario prebélico y los factores que lo rodearon que, vistos con la perspectiva actual, no me cabe duda de que es un ejercicio necesario para no perderse. Por ello, no me cabe duda que el libro que hoy traigo es una herramienta de gran utilidad.

En primer lugar, si hay algo que me parece importarte remarcar de este ensayo, es que, en muchas ocasiones, su autor plantea más interrogantes que certezas, lo cual puede llamar la atención, acostumbrados a escuchar discursos que se arrogan estar en posesión de la verdad absoluta. Además de los datos contrastados que aporta y que son de gran utilidad para el lector, desarrolla diferentes teorías, para que tengamos más elementos para extraer conclusiones propias.

Si tengo que definir este trabajo, es que es un manual que desmonta una serie de discursos que han estado flotando en el ambiente y ha refutado muchos de los argumentos y disertaciones que utilizaban unos y otros. Da voz a todos esos argumentos que han tapado los medios de comunicación occidentales en su afán por aplicar su particular doble vara de medir.

Este ensayo si de algo huye es de posicionarse con alguno de los actores del conflicto, ejercicio complicado en los tiempos que corren. Creo que por parte del autor no es tanto una cuestión de equidistancia, sino más bien producto de un análisis profundo de los últimos 30 años de la política internacional en todo lo concerniente a los países que formaban el espacio postsoviético y la actitud que ha tenido EEUU y los países que forman la OTAN ante esa región europea. En Occidente el ser muy crítico con EEUU y la OTAN supone que te encasillen como defensor de Putin. O es blanco o es negro, no hay más colores; por el contrario, este ensayo desmonta ese discurso, viniendo a demostrar que el abanico de colores es muchísimo más amplio.

Carlos Taibo no duda en acotar este conflicto dentro de los parámetros de la geopolítica, en concreto, “su origen está en una sórdida confrontación entre imperios tradicionalísimos”; destierra esa concepción que basa esta guerra en una “confrontación ideológica entre dos modelos ideológicos, políticos y económicos”. Esto no quiere decir que obvie cuestiones ideológicas y políticas que han acompañado a algunos de los protagonistas de este conflicto ni los marcos políticos e ideológicos relacionados con los países enfrentados en esta guerra.

Este ensayo es un buen punto de partida para conocer un país como Ucrania, producto de la desintegración de la URSS, en el que el autor aporta datos acerca de la geografía, historia, lengua y la construcción de Ucrania como Estado-nación. Es en este ámbito donde Carlos Taibo no duda a la hora de describir la evolución de este país como “un activo proceso de invención de una tradición en el seno del nacionalismo ucraniano…, la recuperación y reivindicación de movimientos de corte fascista como los que operaron en el país durante la Segunda Guerra Mundial”. La ilegalización primero del Partido Comunista de Ucrania, posteriormente la de varios partidos políticos de izquierdas, la crisis que se desató en 2013 y que desencadenó el Maidán, así como como la guerra sangrienta en la zona del Donbás, donde hubo alrededor de 14.000 muertes de población civil local, en su mayoría provocados por el ejército ucraniano, son algunos de los datos sobre los que profundiza para que el lector tenga todo los ingredientes necesarios para poder entender los antecedes de este conflicto. Con toda esta cascada de datos, el autor no duda en afirmar que Zelensky tiene tics autoritarios y grupos de la extrema derecha controlan algunos estamentos de poder en Ucrania .

Con el mismo rigor, podemos encontrar unos datos imprescindibles para poder evaluar la situación actual de Rusia, y la persona que preside el país: Putin. En este caso, el autor realiza un ejercicio de discernimiento entre Putin y Rusia, porque en palabras de Taibo, “identificar a Rusia con Putin es un error que está llamado a tener consecuencias mayúsculas”. Al tratar su figura, no deja pasar por alto la admiración que suscita entre la ultraderecha mundial y los estrechos lazos que mantienen, y para no dejar lugar a dudas, al hablar de la Rusia de Putin se expresa en los siguientes términos: “en la Rusia putiniana se ha asentado un sistema que bebe de una pulsión imperial-militar, que abraza lo que menudo es un nacionalismo de base étnica y que no duda en defender los valores tradicionales, la familia y la Iglesia ortodoxa”. En resumen, el autor no duda en manifestar que la Rusia de Putin no es el estandarte de un proyecto antifascista.

Realiza una radiografía del régimen de Putin desde la llegada de este al poder, y de forma muy sintetizada expone lo que fue la política del Kremlin hacia EEUU y la OTAN a lo largo de esos años, “una búsqueda de una relación muy cordial, que llegado el momento ha podido ser lamentablemente sumisa, con ese mundo”. Y es que los datos que aporta el autor ahí están y sobre los que poco o nada se puede objetar.

Al hablar de Putin no quiero pasar por alto algunas cuestiones que se recoge en este ensayo: la primera es que recuerda que Putin ya apuntaba sus tintes autoritarios durante la segunda guerra de Chechenia, a partir de 1999, siendo necesario recordar que Occidente se puso de perfil. La segunda es que la Rusia de Putin “se atribuye el derecho de injerencia e intervención en aquellos espacios geográficos que considera propios”, cuando Moscú entiende que “sus intereses en materia de seguridad están en peligro”. Nada que no hayan hecho otras potencias, sobre todo la CIA a lo largo de su historia, pero que es importante tenerlo en cuenta. Y la tercera y última, es la percepción que Putin mantiene sobre la Unión Soviética de antaño y la opinión que le merecen líderes históricos de la Revolución bolchevique, como Lenin y Stalin, y, por supuesto, “no siente ninguna simpatía por el sistema económico y social de la Unión Soviética”. Cuestión que ayuda a entender mejor al personaje.

Carlos Taibo dedica un capítulo a la OTAN, porque este conflicto no se puede entender sin tener presente la responsabilidad que ha tenido esta organización a través de la estrategia desplegada en los países del Este desde la disolución del Pacto de Varsovia. Este capítulo es fundamental, no sólo para entender la guerra en Ucrania, sino para poder tener una visión global de lo que está pasando en otras regiones del planeta.

Al inicio de este artículo me he expresado en los siguientes términos: “el conflicto entre la OTAN y Rusia en suelo ucraniano”, en vez de decir una guerra entre Rusia y Ucrania. Si alguien quiere disipar esta duda, los datos que aporta este ensayo son clarificadores Por un lado, ver el papel que la OTAN ha desempeñado en los últimos 30 años en la región y en su afán de cercar a Rusia y, por otro, lo que la actualidad nos está mostrando todos los días, EEUU ha cogido las riendas del conflicto, ha decidido finiquitar la guerra, y para ello ha abierto un proceso negociador con Rusia, al margen de sus aliados en la OTAN, pero, sobre todo, ninguneando a las autoridades ucranianas. Lo que viene a demostrar que los actores principales de la guerra son EEUU y Rusia, y Ucrania se ha limitado a poner el campo de batalla y los muertos. Cuestiones que este ensayo desarrolla de forma muy didáctica.

El autor deja para el final algunos temas que pueden servir para entender lo que está pasando en la actualidad. El papel de la UE, a rebufo de EEUU, siendo incapaz de evaluar las consecuencias económicas negativas que le está suponiendo este conflicto, todo lo contrario de lo que le está sucediendo a EEUU, que ha encontrado un filón económico al incrementar las exportaciones a sus socios de armas y productos energéticos. La realidad es que el bloqueo a Rusia ha sido perjudicial para la UE y beneficioso para EEUU.

El autor se pregunta si esta guerra se hubiera llegado a producir estando Trump en la Casa Blanca, cuestión interesante porque este ha vuelto a ponerse al mando de los EEUU. Es de resaltar que ya al inicio de la guerra Carlos Taibo no tenía dudas de que con Trump hubiera habido menos probabilidades de haber llegado a esta situación, no tanto porque Trump sea el exponente del pacifismo, como lo estamos viendo en el caso de Gaza y Oriente Medio, sino porque las prioridades en política internacional que tenía Joe Biden eran sustancialmente diferentes.

Para finalizar, desarrolla algunas de sus interesantes teorías sobre a donde nos están llevando todos estos conflictos, las tensiones entre diferentes potencias (EEUU, Rusia, China), la cercanía de una guerra a escala global, abocándonos a lo que define como el colapso general y la zozobra que le genera la evolución de los acontecimientos. Y todo ello, expuesto desde una óptica de clase y libertaria, pues como bien dice, no es necesario que “explique a qué clase pertenecen, y qué intereses defienden Biden, Macrón o la señora Merkel. Pero sería saludable que se percatasen de que esa clase es la misma que está detrás de Putin o Xi Jinpin”, y ante ello su máxima es “no a la guerra entre los pueblos, no a la paz entre clases”.

En la estela de la guerra de Ucrania. Una colisión entre imperios
En la estela de la guerra de Ucrania. Editorial Catarata

Si me ves, no se lo digas a nadie

En estos tiempos en los que las utopías parecen que han quedado arrinconadas en algún baúl viejo y polvoriento, escondido en el sitio más recóndito, hoy quiero reivindicarlas como algo esencial e imprescindible para el ser humano. Ello conlleva mirar al futuro de una forma diferente, y para ello es necesario desechar las gafas que usamos y usar unas lentes que nos permitan ver que las utopías no son una quimera, sino que son el motor del ser humano, algo imprescindible a la hora de transformar la sociedad en la que habitamos.

Para reivindicar la utopía he rescatado una novela, que con el título “Si me ves, no se lo digas a nadie” (El Garaje Ediciones), su autor, el músico y escritor, Bernardo Fuster, plasma, de una forma muy didáctica, una alternativa al orden y sistema de la época en la que está ambientada, pero que perfectamente es aplicable a los tiempos actuales.

Si me ves, no se los digas a nadie
Bernardo Fuster (lqsomos)

De un hecho histórico que puede parecer un tanto absurdo, Bernardo Fuster crea una historia que se podría calificar de surrealista y desconcertante, y todo ello enmarcado en un contexto histórico, como fue la dictadura de Miguel Primo de Rivera.

La novela, que tiene como hilo argumental el hecho que durante la reorganización del catastro realizada en 1923, durante el Directorio militar, se produjo un fallo en la burocracia, y algunas poblaciones no fueron incluidas; por lo que, sencillamente dejaron de existir para la Administración. En ese contexto, cuando los habitantes de una de esas localidades constatan la situación en la que se encuentran, deciden tomar una decisión que pudiendo parecer surrealista, el hilo de la novela nos demostrará que está llena de lógica y coherencia: crear una república independiente, y llevar a cabo una experiencia revolucionaria y emancipadora, como forma de revelarse contra la dictadura existente en aquel momento. Y a partir de ahí, sus habitantes empiezan a construir un futuro, con dudas, pero, como bien dice uno de los personajes de la novela, “la felicidad está en la incertidumbre”.

Esta obra combina personajes y hechos históricos con la ficción, por lo que encaja perfectamente dentro la novela de memoria histórica. A lo largo del relato, van apareciendo personajes conocidos del movimiento anarquista de los años 20 en Barcelona y Valencia, así como algunas de las organizaciones existentes en dicha época, como fueron la CNT y  “Los Solidarios”, que se van entrelazando con personajes creados por el autor.

Bernardo Fuster plasma una serie de conceptos y valores que ha defendido a lo largo de su trayectoria vital: la lucha por los ideales, que no deja de ser la defensa de la utopía, algo fundamental en una persona que participó de forma activa en la lucha antifranquista.

El autor nos muestra que lo colectivo está por encima de los intereses individuales, pero a su vez reivindica la libertad de uno, porque no están en contraposición, ni son antagónicos. Defiende una sociedad autogestionada, donde el pueblo participa de forma directa en la toma de decisiones y no tengan cabida figuras como el patrón o amo, y todo ello en el marco de la experiencia que llevan a cabo los personajes de esta historia.

La novela es una defensa de la clandestinidad, algo que Bernardo Fuster conoció de primera mano en los últimos años del franquismo, como contraposición a la situación de represión que se estaba viviendo en esas fechas.

Bernardo Fuster nos ofrece un relato alejado de todo tipo de dogmatismos ideológicos, en el que resalta la defensa de la cultura y la imaginación en contraposición a la ignorancia y la sumisión que ha caracterizado a la población de la época.  

A la hora de construir la novela, el estilo utilizado es muy original, al hacerlo a través de un diario supuestamente escrito por una periodista, el cual alegóricamente es encontrado por el autor y donde lo real e imaginario van caminando de la mano, generando dudas de lo que es cierto o ficción a lo largo de la narración, con grandes dosis de surrealismo y donde no falta el humor, con momentos disparatados, entremezclado con situaciones absurdas, pues hay pasajes en los que el autor borda lo absurdo.

Un libro recomendable para leerlo en los tiempos convulsos que corren, pero como lo fueron los años en los que está ambientada la novela de Bernardo Fuster.

Si me ves, no se los digas a nadie
Si me ves, no se los digas a nadie. El Garaje Ediciones

El llanto de las amapolas

Hay lecturas que te reconfortan y ayudan a afrontar situaciones como las que estamos viviendo en la actualidad cuando uno observa con gran estupor ese interés por blanquear los acontecimientos más ignominiosos de nuestra historia reciente. Y dicho esto, dentro del género de la narrativa, hay libros que son herramientas fundamentales para que las actuales generaciones entiendan mejor lo que fue esa época de la historia, que en un abrir y cerrar de ojos pasó de la esperanza al miedo y al terror.

El llanto de las amapolas
Amaia Oloriz Rivas

Por ello, hoy dedico estas líneas a una novela de la escritora Amaia Oloriz Rivas, El llanto de las amapolas, editada por la Editorial Txalaparta (diciembre de 2022), que nos transportará al verano de 1936 y lo que supuso para un niño de diez años, que de la noche a la mañana sufrió en sus carnes el horror de la represión. No es la primera vez que la autora utiliza la memoria histórica para ambientar alguna de sus novelas; con anterioridad publicó El largo sueño de tu nombre y en fechas recientes ha publicado El eco de la huida.

La novela está ambienta en una localidad imaginaria de la Ribera de Navarra. Si bien la autora ha utilizado alguna población concreta para recrear algunas de las descripciones y pasajes que encontramos en sus páginas, si uno cierra los ojos, la mente le puede llevar a un sinfín de pueblos donde encajaría a la perfección el relato que encontramos este libro. El lector perfectamente puede pensar que la narración transcurre, entre otros lugares, en Sartaguda, Larraga, Olite, Lizarra o Tafalla en ese funesto verano de 1936, donde la crueldad se instaló y se hizo un hueco entre sus moradores.

El llanto de las amapolas acerca al lector a lo que supuso la represión franquista. Es un libro duro, debido a las atrocidades que se describen a lo largo del relato, pero no deja de ser el reflejo de lo que sucedió en aquellos momentos. Pero a su vez, es un libro con grandes dosis de ternura, que consigue emocionar al lector.

La lectura del libro es ágil y la narración me ha ido llevando de tal forma, que me atrevería a decir que se hacen cortas sus 253 páginas. Una de las características que destacaría de Amaia Oloriz Rivas es su estilo narrativo.

El libro lo dividiría en dos partes: en la primera nos muestra la vida de Satur, el protagonista de esta novela, un chaval alegre de diez años, que vivía con la felicidad que le aportaba su entorno, que no era otro que su familia de condición muy humilde, la cual le llenaba de todo el cariño necesario, de la que recibía las enseñanzas y consejos para que se fuera formando como una persona con valores, aunque en muchas ocasiones, él no entendía muchas de las cosas que escuchaba a sus mayores; su pueblo era la otra pata donde se asentaba su felicidad, pues no necesitaba nada de lo que hubiese más más allá de su entorno para ver colmada su fortuna.

En esa segunda parte, todo ese equilibrio que tenía su vida, se vio truncado bruscamente con motivo del intento de golpe de Estado de julio de 1936. La represión desatada por los golpistas en Navarra azotó de forma terrible a su familia y a las personas de su entorno. Todo se volvió negro y Satur se vio sumergido en esa noche oscura en la que las fantasías y los buenos recuerdos se esfumaron de golpe.

La narración va intercalando los hechos que pasaron en ese verano de 1936 y el homenaje que ochenta años después realiza el Instituto Navarro de la Memoria, en recuerdo de todas aquellas victimas que sufrieron la represión.

En la novela, a través de los personajes que le dan vida, aparecerán términos como libertad, solidaridad, conciencia de clase, que la autora los va sabiendo ubicar en las diferentes situaciones que se van dando a lo largo del relato, y todo ello, de la mano de esa sabiduría popular que tienen los personajes principales del libro.

El miedo es una sombra que está presente en la novela, algo inevitable en un relato de este tipo, pero hay que destacar como Amaia Oloriz Rivas le va dando forma a lo largo del relato.  

El llanto de las amapolas no deja de ser un homenaje a todas esas personas que vieron truncadas sus vidas, sus proyectos personales, por el hecho de defender valores como la libertad, la igualdad, la justicia social y la solidaridad. El miedo de las clases dominantes a  perder sus privilegios era algo que estas no estaban (ni hoy tampoco lo están) dispuestas a consentir, y todo se transformó en destrucción. Y en especial, es un homenaje a todas aquellas mujeres y niños, que sufrieron la represión, por ser más vulnerables en los conflictos.

En mi caso, este libro me ha retrotraído a historias que había escuchado en mi entorno más cercano, escenas que se vivieron y que el hecho que queden plasmadas en una novela, no deja de ser una forma de recordarlas, de que no caigan en el olvido, pues nos tienen que ayudar a ser como las amapolas, cabezonas y resistentes que siempre sobreviven.

El llanto de las amapolas
El llanto de las amapolas. Editorial Txalaparta

La teoría del Estado en el pensamiento de Lenin

Introducción

Este año se ha cumplido el centenario del fallecimiento de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin. Entorno a este pensador, filósofo y político voy a adentrarme en una de las cuestiones que mayores debates y discusiones han surgido entre los pensadores marxistas. Me refiero a la teoría del  Estado. A lo largo de la historia en el ámbito ideológico del marxismo se ha dado un debate, no exento de confrontación, a la hora de qué hacer con el Estado y lo que éste representa.

Su estudio ha concitado controversias a la hora de interpretar el pensamiento de Marx y Engels, lo que lleva a diferentes interpretaciones que realizan algunos de los pensadores de la órbita del socialismo.

La teoría del Estado en el pensamiento de Lenin
Karl Marx (1818-1883) (Wikimedia Commons)

Marx y Engels tratan la cuestión del Estado en varias de sus obras: Crítica a la filosofía del Estado de Hegel (K. Marx), El Manifiesto Comunista (K. Marx), El 18 Brumario de Luis Bonaparte (K. Marx), La Guerra Civil en Francia (K. Marx), Crítica al Programa de Gotha (K. Marx), El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (F. Engels) y Anti-Düing (F. Engels), son algunas de ellas.

Sobre los presupuestos ideológicos de estos dos pensadores, es Lenin el que realiza un estudio más profundo en un momento histórico único, como fue el período vivido en Rusia con la caída del Régimen Zarista, la Revolución democrático-burguesa de febrero y la posterior Revolución Socialista de octubre de 1917.

Para estudiar el pensamiento de Lenin sobre la Teoría del Estado hay que profundizar en dos obras que fueron escritas a lo largo de 1917. La primera de ellas, y la más importante, es “El Estado y la Revolución”. Consta de varios ensayos que Lenin escribió a lo largo de 1917. La primera edición se publicó en el mes de agosto, bajo el Gobierno Provisional, en plena fase de la revolución democrática-burguesa. La segunda edición fue publicada en diciembre de 1918, es decir, un año después de que en octubre de 1917 triunfara la Revolución bolchevique. Es una obra fundamental en el pensamiento de Lenin, de las que más polémica ha generado en el ámbito del marxismo y me atrevería a decir que es una de las más olvidadas.

La teoría del Estado en el pensamiento de Lenin
Vladimir Ilich Lenin 1918 (Wikimedia Commons)

La segunda obra es “Las tesis de abril”. Fue escrita a su vuelta del exilio, una vez que había triunfado la revolución de democrático-burguesa de febrero de 1917, y en ella realiza un ataque a las posturas reformistas que en esos momentos estaban llevando lo socialistas-revolucionarios y los mencheviques, así como la posición dubitativa del partido bolchevique.

Contexto histórico

La Gran Guerra estaba acelerando la descomposición del régimen zarista y la mayor parte de la burguesía era consciente del peligro que corría este. Es por ello que la única opción que barajaba la burguesía para acabar con el régimen autárquico, burócrata que se sostenía gracias al Estado policiaco en el que se había convertido, era la sustitución del zar y la utilización de instrumentos demócrata-parlamentarios. Sin embargo, esta operación no prosperó.

En enero de 1917 la situación del régimen zarista era insostenible. En febrero la huelga de Petrogrado se acabará convirtiendo en huelga general política, dando el salto a una huelga revolucionaria. El surgimiento de dos poderes: El Gobierno Provisional, producto de un acuerdo entre los liberales burgueses, los mencheviques y los socialistas-revolucionarios con el propósito de neutralizar al segundo poder que había surgido con la insurrección de febrero: los Soviets de obreros y soldados.  

Cuando Lenin llega a finales de marzo a Rusia, la consigna es clara: dar los pasos necesarios para derrocar al Gobierno Provisional. La fase democrático-burguesa no deja de ser un paso previo para lograr la revolución socialista. Los bolcheviques no debían caer en el error de que el régimen democrático-burgués se consolidara.

Este planteamiento le llevó a un enfrentamiento no sólo con los mencheviques y socialistas-revolucionarios, si no con una parte muy importante de los bolcheviques, en concreto con los dirigentes del interior, como Stalin y Kamenev.

Los hechos son de sobra conocidos: las tesis de Lenin se impusieron, y el lema de “todo el poder a Soviets” fue fundamental para que en octubre se diera el paso definitivo para la caída del Gobierno Provisional, produciéndose el triunfo de los bolcheviques y su llegada al Poder.

El Estado y la revolución

Como he manifestado anteriormente, en el ámbito de la teoría del Estado, la obra referente que escribió Lenin fue “El Estado y la Revolución”[1]. En ella realiza un estudio pormenorizado de las teorías de Marx y Engels acerca de esta cuestión. La obra está plagada de citas, algunas ciertamente extensas, con la finalidad de encuadrar su pensamiento en el marco de las teorías de los fundadores del marxismo y de reforzar su tesis como producto de la correcta interpretación del pensamiento político de Marx y Engels.

Esta obra es una enmienda a la totalidad a la doctrina nacida en el seno de la II Internacional y a los planteamientos mecanicistas que tenían algunos dirigentes bolcheviques, como Stalin. En ese contexto, Lenin realiza una crítica muy severa a algunos conocidos miembros de la II Internacional, entre los que destaca C. Kautsky, el teórico más importante de dicha organización, por entender que su praxis se salía de la doctrina marxista.

Algunos autores han definido esta obra como desviación anarquista. Otros pensadores, como Wayne Price, la han definido como “su trabajo más libertario”. Sin olvidar que Lenin realiza una lectura de lo escrito por los padres del marxismo, vamos a analizar si es realmente un texto que se pueda definir como libertario.

Lenin escribió “El Estado y la Revolución” en ese periodo de efervescencia de los Soviets, entre las revoluciones de febrero y octubre, es por ello, que dedica un espacio a analizar la experiencia de la Comunidad de París, al ser la experiencia histórica en la que por primera vez el pueblo consigue poner en marcha la “destrucción de la máquina del Estado”.

El Estado como herramienta de dominio de la sociedad

A la hora de hacer una definición del Estado, Lenin se apoya en lo teorizado por Marx y Engel. Si para Marx, el Estado es un órgano de dominación de clases, Lenin lo define como “producto y manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase”. El Estado es la herramienta de la clase económicamente dominante para la represión y explotación de la clase oprimida. Y trae a colación a Engels y su obra “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, cuando este manifiesta que “con la desaparición de las clases desaparecerá inevitablemente el Estado”.

Una de las conclusiones de las definiciones anteriores, es que la cuestión del Estado va íntimamente ligada a la confrontación entre clases, el antagonismo existente entre la clase dominante (burguesía) y la clase oprimida (proletariado). O dicho de otro modo, para estos pensadores, la lucha de clases tiene mucho que ver con la maquinaria que sustenta al Estado burgués.

Para Lenin el aparato del Poder Estatal es el que está por encima de la sociedad en la que se dan las contradicciones de clase, al haber sido creado por la clase dominante, para poder tener sometida a la clase oprimidas, y una de las características del aparato estatal es que para ejercer esa función de dominación se apoya en el “ejército permanente y la policía”, elementos imprescindibles para poder realizar esa acción coercitiva contra la clase oprimida.

Ante este análisis, la pregunta que Lenin se plantea es

¿Qué hacer con el Estado?

Sin duda aquí radica una de las cuestiones fundamental de su ensayo. ¿Extinguirlo, destruirlo, abolirlo? Lenin no duda en exponerlo de forma radical, al plantear la destrucción del Estado burgués, lo que denominará la maquinaría estatal burguesa, como paso para la toma del Poder por parte del proletariado mediante un proceso revolucionario. Lo que se extinguirá posteriormente es el Estado surgido de esa revolución. Para ello, una vez más recurre a los trabajos de Marx y Engels.

Lenin cita a Engels, al manifestar que el pensador alemán plantea la destrucción del Estado de la burguesía por la revolución proletaria para que posteriormente se vaya extinguiendo el “Estado o semi-Estado” proletario surgido de dicha revolución. Y para poder llevar a efecto la destrucción de todo ello, es necesario pasar por la fase de la dictadura del proletariado, o lo que en otros autores, como Rosa de Luxemburgo, denominan democracia proletaria, que no es otra cosa que la represión de la burguesía por parte del proletariado, que en el plano socioeconómico se traduciría en la “toma de posesión de los medios de producción por el Estado en toda la sociedad”. A esto, denominan la destrucción del Estado burgués, que Lenin llega a denominar “la democracia más completa”. En este momento se iniciaría el proceso para la extinción del Estado, momento en el que desaparecería la democracia proletaria, porque para el político ruso, la democracia no deja de ser un Estado.

Al tratar esta cuestión, Lenin desarrolla una batería de críticas hacia los teóricos de la II Internacional, y en concreto a la socialdemocracia alemana, representada por C. Kautsky, al recordarles que si bien es “la república democrática, como la mejor forma de Estado para el proletariado bajo el capitalismo”, no hay que olvidar que “todo Estado es una fuerza especial para la represión de la clase oprimida”, lo que lo convierte en un obstáculo para llegar al socialismo, y para lograrlo, pasa por la destrucción del Estado capitalista y la instauración de la dictadura del proletariado. En este punto, Lenin no hace más que traer a colación lo expuesto por Marx en Crítica al Programa de Gotha, donde desarrolla este tema. Y es que vuelve a traer a colación al pensador alemán cuando dice que “la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado”[2].

La teoría del Estado en el pensamiento de Lenin
Vladimir Lenin en un mitin en mayo de 1920 (Wikimedia Commons)

Hasta entonces, todas las revoluciones habían “perfeccionado la maquinaria del Estado, y lo que hace falta es romperla”[3]. Y para ello, Lenin llega a la conclusión que “el proletariado no puede derrocar a la burguesía si no empieza por conquistar el Poder político, si no logra la dominación política, si no transforma el Estado en el proletariado organizado como clase dominante. El Estado proletario empieza a extinguirse inmediatamente después de su triunfo, pues en una sociedad sin contradicciones de clase es innecesario e imposible”.

En la cuestión al método de lucha para lograr lo expuesto hasta ahora, el líder bolchevique no duda en exponer que será mediante un proceso revolucionario de carácter violento, y para ello, recoge una cita de la obra Anti-Düring de F. Engels, cuando manifiesta que “… De que la violencia desempeña en la historia otro papel (además del de agente del mal), un papel revolucionario; de que, según expresión de Marx, es la partera de toda vieja sociedad que lleva en sus entrañas otra nueva; de que la violencia es el instrumento con la cual el movimiento social se abre camino…”.[4]

En este debate acerca de qué hacer con el Estado, Lenin también realiza una crítica al anarquismo de la mano de lo escrito por Marx y Engels. A diferencia de los anarquistas que plantean la supresión del Estado “de la noche a la mañana”, el revolucionario ruso defiende la necesidad de la vigencia temporal del Estado, como “forma revolucionaria y transitoria” del estado que el proletariado necesita, etapa necesaria para utilizar los resortes del Estado contra los explotadores, para lo que es necesario el empleo sistemático de las armas. “El Estado no puede abolido antes de haber sido destruidas las relaciones sociales que lo hicieron nacer”[5].

En este contexto, la Comuna de París de 1871 viene a ser uno de los referentes que tiene presente a la hora de teorizar sobre la organización de la clase trabajadora para derrocar el Estado burgués, porque esta experiencia demostró que no bastaba con que la clase obrera se apodere de la máquina estatal, por el contrario, era necesaria su destrucción, y con ello la máquina burocrático-militar.

El proceso de extinción del Estado (el periodo de transición)

Sin duda este es el punto que más disputa dialéctica se puede encontrar, porque en él es donde el líder ruso analiza el proceso de transición del capitalismo al comunismo, que constaría de varias fases, hasta llegar a la fase superior de la sociedad comunista, momento en el que se extinguirá el Estado.

Este proceso daría inicio con la transición del capitalismo al comunismo, que se realizaría únicamente a través de la dictadura del proletariado, que se extenderá en el tiempo hasta la desaparición de las clases, momento en el que “desaparecerá el Estado y podrá hablarse de libertad”. Y para ello, recurre a Engels cuando dice “mientras el proletariado necesite todavía el Estado, no lo necesitará en interés de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejará de existir”[6]. El Estado desaparecerá cuando no hayan desaparecido los capitalistas y no haya clases. Es a lo que Lenin llama libertad.

Todo ello es un proceso gradual en el que Estado reprimirá a la minoría de explotadores, hasta llegar a la primera fase de la sociedad comunista: una fase intermedia que desembocará en la fase superior de la sociedad comunista, momento en el que se extinguiría el Estado.

Si bien Lenin afirma que el Estado iniciará su proceso de disolución de forma inmediata, en ningún momento pone plazos a ese proceso, manifestando en algunos pasajes de su obra el desconocimiento ante la velocidad de ese proceso y “subrayando el carácter prolongado de este proceso”. Ello lleva a plantear que al no llegar a concretar la duración de ese proceso, hace pensar que todo dependería de la evolución del periodo de transición y de las posteriores fases de la instauración de la comunista. Teniendo presente lo expuesto, cabe poner en duda que en este trabajo haya una cierta tendencia libertaria y mucho menos, una desviación anarquista. En esta cuestión, Humberto Da Cruz entiende que “la progresiva extinción del Estado a lo largo del período socialista” se movió en el campo de la teorización, pues no dejaba de tener un gran componente de abstracción, lo que le hizo caer en un optimismo, al exponer que desde el momento en el que se produjera la toma del poder, y la destrucción del Poder burgués, daría inmediatamente comienzo a la extinción del Estado[7].

Hay que tener en cuenta que debido al atentado que sufrió, sus facultades quedaron muy mermadas, falleciendo en 1924, por lo que desconocemos como hubiera interpretado el proceso que se vivió en los posteriores años en la URSS.

Teniendo presente lo escrito por el líder ruso, la conclusión es que a lo largo de la historia, ninguna de las experiencias socialistas ha llegado a la fase final para llevar a cabo la extinción total del Estado. Ello se puede deber a múltiples factores, y el más importante podría ser la actitud hostil de los países capitalistas a lo largo de la historia para con los países socialistas, lo que les ha llevado a fortalecer el Estado socialista. Quizá en ese contexto, se podría tener presente la teoría surgida del XXII Congreso del PCUS (1961), en el que plantean la desaparición del Estado “cuando se haya edificado la sociedad comunista y la victoria del socialismo se consolide en todo el mundo”[8].

Tampoco habría que dejar a un lado que en la praxis seguida en las diferentes experiencias en la transformación del capitalismo al socialismo, podemos observar el arrinconamiento de algunas de las ideas que Lenin planteó en 1917, entre las que se encontraba que todo el poder residiera en los Soviets, para ir siendo sustituido por el control del poder a cargo de una élite de dirigentes que dominaban tanto los aparatos del partido y del Estado, llegando identificarse el uno con el otro y alejándose de las masas obreras.


[1] Para escribir este artículo he utilizado dos ediciones del libro de Lenin El Estado y la Revolución: Editorial Miguel Castellote, 1976 y Editorial Progreso de Moscú, 1976.

[2] Recogido en una carta que Marx escribe a Weydemeyer, fechada el 5 de marzo de 1852.

[3] Cita recogida por Lenin del libro de Marx, El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte.

[4] Cita de la obra de F. Engels, Anti-Dühring.

[5] Cita de Engels que Lenin recoge en El Estado y la Revolución, extraida de unos artículos que Marx y Engels escribieron para un almanaque italiano y que en 1913 fueron publicados en alemán en la revista Neue Zeit.

[6] Lenin trae una cita de Engels obtenida de una carta que envió a Bebel.

[7] Prólogo al “Estado y la Revolución” de Lenin escrito por Humberto Da Cruz, Editorial Miguel Castellote, 1976.

[8] Pablo Lucas Verdú: Curso de derecho político, volumen I, 1980, pag. 199.

La democracia de propietarios: dictadura de la vivienda

Julio de 2024, desahucian en Barcelona a una mujer de 65 años, enferma de cáncer de colon; julio de 2024, desahucian en Lavapiés a una mujer de 94 años, por no poder pagar un alquiler 200 euros más alto que su pensión; julio de 2024, desahucian a una mujer de 59 años y a su hijo de ocho en el barrio de Lavapiés; junio de 2024, un juez decide desahuciar a una familia vulnerable con un hijo menor de edad a pesar que el casero tiene 27 viviendas; octubre de 2024, el Ayuntamiento de Zaragoza pretende el desalojo de una familia vulnerable de las viviendas municipales del Actur; noviembre de 2024, desahucian a una mujer de 70 años en Bizkaia tras ser víctima de un préstamo con cláusulas abusivas; enero de 2023, desahucio exprés de una mujer con sus dos hijos en Ortuella (Bizkaia).

Noticias como las que acabo de recoger son una constante, uno puede mirar para otra parte, pero ahí están, son como un martillo pilón que deberían de servir para abrir una profunda reflexión sobre un derecho que está recogido en la Constitución y en el ordenamiento internacional como la Declaración Universal de los DDHH, pero que se ha convertido en un brindis al sol, pues existe un problema de vivienda en el Estado español y la realidad es que no hay voluntad política para afrontarlo.

La crisis de 2008 tuvo su epicentro en ese triángulo formado por la construcción, el sector inmobiliario y financiero, este último debido a su exposición en el mercado hipotecario, lo que trajo una ola de desahucios por impago de los préstamos hipotecarios. Pero superada esa crisis, los desahucios no han remitido, siendo ahora motivados por el impago de los alquileres.

Para estudiar todo lo relativo al problema de la vivienda en el ciclo comprendido entre 2013 y 2022, nada mejor que recurrir a un ensayo que disecciona todo ese periodo, analizando de forma pormenorizada todos los movimientos que se han dado alrededor de la vivienda. Con el título “La democracia de propietarios. Fondos de inversión, rentismo popular y lucha por la vivienda” (Editorial Traficantes de Sueños), y que salió a la calle en octubre de 2022, Pablo Carmona Pascual, autor de este libro, ha realizado un trabajo que es imprescindible para poder entender todo lo que está pasando a día de hoy en todo este campo de minas que es la vivienda.

La democracia de propietarios
Pablo Carmona

El propósito del autor no es otro que “ofrecer una visión de conjunto del periodo que va desde 2012 hasta 2022. A través de esta panorámica, se propone hacer un somero mapa de la propiedad inmobiliaria, especialmente en lo que respecta al sector residencial y, más concretamente, al alquiler”.

Para llegar al ciclo actual, el autor nos hace un breve repaso de lo que han sido las políticas en materia inmobiliaria. Desde esa idea del franquismo en la que se forja la expresión “sociedad de propietarios”, pasando por las políticas del PSOE en los años 80, donde se promocionó la adquisición de vivienda como principal método de ahorro e inversión, para llegar al posterior ciclo expansivo desde 1995 hasta 2008. Y entre cada uno de esos ciclos expansivos, su correspondiente crisis, porque capitalismo y crisis siempre van de la mano.

Quisiera destacar que este libro rompe con algunos clichés acerca de la situación que se está viviendo en la actualidad en el sector de la vivienda y, en concreto, en el mercado del alquiler y que comentaré con posterioridad.

Si este ensayo destaca por algo, es por la gran cantidad de datos y estadísticas que aporta, obtenidos de diferentes organismos públicos y de estudios realizados por las empresas del sector de la construcción e inmobiliario; información que es una herramienta fundamental a la hora de elaborar este trabajo y realizar un análisis certero.

De una forma muy didáctica, a la hora de analizar todo lo que supuso la crisis inmobiliaria que se produjo en 2008, y el escenario que se generó, el autor expone el proceso de digestión de los activos inmobiliarios que estaban en manos de las entidades financieras  y que fueron a parar a la SAREB, lo que comúnmente se ha conocido como el banco malo. Con los datos que aporta Pablo Carmona, la conclusión de todo ello es muy clara: el Estado asumió el coste de la fiesta en la que las entidades financieras fueron las grandes responsables, aunque no las únicas,  de haber creado la burbuja inmobiliaria. Con el dinero del contribuyente se sanearon los balances de los bancos, inmobiliarias y constructoras, y se llegó a legislar en beneficio de los responsables de todos los desmanes que se dieron. Y los diferentes gobiernos pusieron en bandeja a fondos de inversión y diferentes inversores todos los activos con los que tuvo que cargar la SAREB. Por el contrario, a las Administraciones Públicas en ningún momento se le pasó por la cabeza crear un parque de vivienda estatal para gestionarlo desde un prisma diferente al puramente especulativo.

Es aquí donde el autor nos expondrá las líneas maestras de todos los movimientos que se dieron para cambiar radicalmente el mercado inmobiliario en el Estado español. Datos como que el mercado deja de girar en torno a los bancos y las cajas de ahorro, que reducen su exposición en el sector inmobiliario, cortando de forma radical la concesión de préstamos hipotecarios, lo que les ha llevado a perder protagonismo en favor de los fondos de inversión, y el crecimiento del sector residencial en alquiler. Todos los movimientos de los diferentes actores son señales muy nítidas para ver como “los grupos con menor renta habían sido empujados a engrosar la nueva caja social de los inquilinos precarios”. Y en todo momento las grandes corporaciones gozando de una legislación realizada su medida. La imposibilidad de poder acceder a la financiación para la adquisición de una vivienda por un sector muy importante de la sociedad, la ha abocado a recurrir al alquiler, lo que ha contribuido, entre otras circunstancias, al incremento desorbitado de los precios.

Lo expuesto hasta ahora podría hacernos pensar que en este periodo los grandes grupos de inversión a través de los fondos de inversiones y otras figuras mercantiles, como las SOCIMI, se han hecho con la mayor parte del mercado de alquiler. En concreto, el hecho que se hayan quedado con gran parte del parque de viviendas que poseían algunas administraciones nos puede llevar a esa conclusión, y nada más lejos de la realidad. Anteriormente decía que este ensayo rompe con algunos clichés, y sin lugar a dudas, el más importante es este, porque los datos que aporta, todos ellos obtenidos de las diferentes administraciones y estudios realizados por empresas del sector, no dejan lugar a dudas: el 95% de las viviendas en alquiler en el Estado español son propiedad de particulares. Esta información es la que nos va a ayudar a entender, no solo la situación que se está viviendo, sino algo más importante, el porqué de las políticas en materia de vivienda, qué finalidad tienen y la ideología que encontramos detrás de ellas. Es a la hora de tratar todo esto, cuando uno entiende las conclusiones de este trabajo.

Salvando las distancias, los antecedentes al dato anteriormente expuesto los encontramos en las políticas llevadas en el reino Unido a lo largo de la década de los 80 del siglo pasado. La democracia de propietarios, concepto que da nombre a este ensayo, y que tiene su origen en las políticas neoliberales que Margaret Thatcher aplicó en el Reino Unido, y que fueron fundamentales para lograr el éxito electoral. Este ensayo es muy elocuente a la hora de explicarlo: “Su lógica era clara. El alto porcentaje de propietarios en el Reino Unido garantizaba el éxito electoral de las fuerzas que pusieran la defensa de la propiedad privada en el centro del programa”, y para ello convirtió cinco millones de viviendas públicas en alquiler de viviendas en propiedad, mediante políticas de privatización. Pero todo ello ¿con qué finalidad? “se buscaba crear un cuerpo político y electoral temeroso de cualquier cambio que afectase a los valores y la seguridad jurídica de sus bienes”. El nuevo liberalismo prueba nuevas ideas, y así lo expresa Pablo Carmona: “Para la nueva política neoliberal, el verdadero eje de articulación de las clases medias  no era tanto el libre mercado como la defensa de sistemas legales y sociales que protegiesen la propiedad privada y el status social que le acompañaba”.

La pregunta que se hace este ensayo es lógica: cómo se ha articulado estas políticas en el Estado español. Es aquí donde vamos a encontrar como se va creando la figura del rentista, como familias de clase media y alta se hacen con una grandísima parte del stock inmobiliario, gracias al “hundimiento de los precios” producido por la crisis. En este caso, sin producir el ruido mediático que podían generar las grandes operaciones inmobiliarias de las SOCIMI o fondos de inversión, se realizaban operaciones inmobiliarias con un afán especulador, para destinarlas al mercado del alquiler y del uso turístico. Pero esta especulación, como bien dice Pablo Carmona, “era vista con simpatía en grandes capas de la sociedad”.

El porcentaje de propietarios que se dedican al alquiler es de tal magnitud, que “se da una transversalidad social que ha adquirido la defensa de la propiedad inmobiliaria”. Algo difícil de combatir.

En todo este proceso en el que no han existido políticas públicas de alquiler, poniendo todo el negocio del alquiler en manos privadas, este ensayo no deja pasar por alto un dato que no deja de ser la guinda a todo este pastel: los grandes beneficios fiscales de los que disfrutan tanto las grandes corporaciones cuya actividad es el alquiler de viviendas, como los privilegios fiscales de que gozan los particulares que tienen pisos arrendados.

La lectura de este libro no deja indiferente, y es inevitable el que al lector le surjan preguntas. En mi caso, únicamente voy a dejar las siguientes: ¿qué podemos esperar de los partidos políticos a la hora de resolver el problema de la vivienda? ¿Cuál es la salida a esta situación en la que se encuentran un sector importante de la población? Para salir de la situación actual, Pablo Carmona no duda en afirmar que “el objetivo debería ser controlar y abaratar radicalmente el mercado del alquiler o crear un parque público de viviendas en alquiler asequible o a coste cero sobre la base de esas viviendas ya existentes”, pero como muy bien dice, el gran problema es que con la “colaboración público-privada” que se da en el Estado español, “es imposible distinguir donde acaban las políticas públicas y donde empiezan los grandes planes de las grandes empresas”.

A modo de conclusión. Ante esta deriva que ha llevado al surgimiento de una nueva modalidad de capitalismo, el que denominan “capitalismo rentista”, las peguntas que se hace el autor, y que nos podemos hacer todos, es ¿Cómo construir un movimiento político y social que se nutra del conjunto de la conflictividad existente en este campo? ¿Cómo abigarrar y organizar mejor los movimientos de lucha por el derecho a la vivienda?

La democracia de propietarios
La democracia de propietarios. Editorial Traficantes de Sueños