Ética y política: el caso Zapatero

Una democracia en la que los grupos de presión lobistas tienen la capacidad de poder influir en las decisiones que toman los políticos deja de ser democracia; democracia y lobbies son términos antagónicos. La democracia es el poder del pueblo, y los lobbies representan el poder de las grandes empresas y multinacionales que tienen intereses que van en contra de los de la mayoría de la población.

La reciente imputación de Zapatero ha dejado a gran parte de la izquierda muy tocada. Si dentro de la militancia del PSOE, la noticia ha caído como una bomba, para un sector de la izquierda que no es del PSOE, pero que consideraba a Zapatero como de lo más salvable de ese partido, nada que ver con Felipe González, Alfonso Guerra o García-Page, ha sido algo más que una decepción.

Después del ruido de estos últimos días, lo que ha sucedido hay que analizarlo desde tres puntos de vista para poder entender todo esto, teniendo presente que cualquier análisis está condicionado por las informaciones que nos llegan por la prensa, y cuando Audiencia Nacional y prensa están de por medio, la información hay que ponerla en cuarentena.

El primer punto de vista es el jurídico, y claro, cuando se trata de la Audiencia Nacional, lo primero que hay que recordar es que es heredero del antiguo Tribunal de Orden Público del franquismo. Y si hablamos acerca del rigor jurídico de las resoluciones que emanan de este órgano judicial, a uno le vienen la cabeza autos como el del juez Garzón, que cierra el periódico Egin, y que 10 años después, el Tribunal Supremo le corrige diciendo que no se ajustaba a derecho, por lo que fue un cierre ilegal; la instrucción del juez Del Olmo en el caso Egunkaria, que cerró este periódico, metió en la cárcel a varios miembros de la dirección, y que posteriormente una sala de ese mismo órgano judicial desbarató absolviendo a todos los encausados y decretando que el cierre no se ajustaba a derecho. Decir Audiencia Nacional es recordar que el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo ha condenado en reiteradas ocasiones al Estado español porque los jueces de ese órgano judicial no se han molestado en investigar las torturas sufridas por los detenidos que han pasado por sus dependencias. Siempre ha sido una constante los montajes en la Audiencia Nacional, donde la incautación de un producto de una marca conocida para limpiar la ropa podía convertirse en una sustancia peligrosísima para confeccionar material explosivo. Siendo grave todo esto, aún lo es más el trato sustancialmente diferente que reciben políticos del PP cada vez que se ven salpicados con algún escándalo y pisan esos juzgados. Por tanto, credibilidad y fiabilidad de la Audiencia Nacional, cero. Y para cerrar el círculo, los informes que realizan la UDEF y otros cuerpos policiales en ningún momento son actos de fe; la literatura de esos informes que realizan debe de ir acompañada de pruebas, y es el magistrado instructor el que tiene que realizar una labor de contrastar las informaciones que en dichos documentos se recogen. Pero en esto, el PSOE tiene un porcentaje importante de responsabilidad, porque ha sido incapaz de depurar la judicatura  y los cuerpos policiales cuando ha tenido la oportunidad; y cuando el espacio de izquierdas y/o independentista ha sufrido situaciones de este tipo, nunca ha tenido una actitud solidaria hacia ellos. Ahora bien, lo que hay que exigir para Zapatero es una instrucción y, si llegase el caso, un juicio con todas las garantías procesales y si hay materia de delito que se condene a quien proceda, pero no a priori, porque pudiera darse el caso que ya tengan decidida el resultado de la ecuación, y ahora lo que pretenden es colocar datos para llegar a ese desenlace.

La otra perspectiva es la ética. Dicho de otro modo, todo lo que tiene que ver con las puertas giratoria, lobbies, consejos de administración de grandes empresas, y consultoras para asesoramientos varios. La clase política, y muy especialmente los ex, ya sean presidentes de gobierno, CCAA, exministros, exconsejeros de CCAA y políticos de los grandes partidos en ningún caso vuelven a la actividad profesional que desempeñaban antes de entrar en política, y acaban formando parte de consejos de administración, consultoras lobistas y otros grupos un tanto opacos. Todo ello es legal, aunque rechazable desde el punto de vista ético, y más si lo miramos desde la izquierda. Pero en muchas ocasiones y desde un punto de vista jurídico, la línea que separa el lobismo del tráfico de influencias es muy difusa, podríamos decir que lo legal y lo punible se pisan los pies por ocupar un mismo espacio. Pero lo que no hay duda es que si existen los lobbies es porque hay dos intereses que acaban dándose la mano: por un lado los grupos económicos, que, gracias a ellos, obtienen los objetivos económicos que buscan, y por otro lado, los políticos del sistema que encuentran en ellos una forma de obtener ingresos fuera de la política. Una democracia en la que los grupos de presión lobistas tienen la capacidad de poder influir en las decisiones que toman los políticos deja de ser democracia; democracia y lobbies son términos antagónicos. La democracia es el poder del pueblo, y los lobbies representan el poder de las grandes empresas y multinacionales que tienen intereses que van en contra de los de la mayoría de la población.

En el caso de Zapatero, si damos por ciertas algunas informaciones que están saliendo en los medios de publicacion que no se encuentran en la órbita de la fachosfera, desde el punto de vista ético, chirrían y mucho. No parece muy estético que por medio aparezcan empresas de sus hijas, o en ciertos países o islas exóticas. Lo de que haya delito, en este momento solo hay una respuesta: presunción de inocencia y esperar como discurra el procedimiento judicial.

Ética y políticia: el caso Zapatero
El borbón junto a los expresidentes de Gobierno (Wikimedia Commons)

Ahora bien, no parece que lo que haya hecho Zapatero difiera mucho de lo que han hechos otros presidentes del gobierno que le han precedido. En todos hemos visto un modus vivendi que llama poderosamente la atención; un altísimo nivel de vida que requiere la obtención de unos ingresos estratosféricos, más allá de lo que se puede percibir por pertenecer a un consejo de administración, escribir libros o dar conferencias.

Si estas dos perspectivas son importantes, quiero detenerme en una tercera, que es algo que llevo observando desde hace tiempo, y que no es otra que el PSOE ha dejado de ser un peón útil para el régimen del 78, y en cierto modo para el sistema capitalista, es decir, para los que rigen los designios políticos y económicos del Estado español y en alguno de fuera estas fronteras.

Para entender todo esto, es necesario recordar que el PSOE fue pieza imprescindible para realizar una reforma política, que en ningún momento rompió con el régimen franquista; en 1975 muchos se acostaron fascistas, y al día siguiente se despertaron demócratas (Suarez, Martín Villa, Fraga Iribarne, Arias Navarro, etc…). Jueces, policías y ejército pasaron de reprimir en defensa de la dictadura para hacerlo en favor del nuevo régimen que se estaba engendrando en aquellos momentos, pero ya como demócratas, una curiosa metamorfosis. Y de ahí nació el régimen del 78, donde la cúspide de ese poder se encontraba un monarca, que fue puesto por Franco. Fue una de las muchas imposiciones que el PSOE aceptó de forma muy gustosa.

Ante todo ello, el PSOE tuvo una capacidad asombrosa de adaptación, se tragó todo tipo de sapos, y llegó al gobierno. Digo llegó al gobierno, porque no me atrevería a decir que llegase al poder, más bien fue el poder el que entró en el PSOE. Lo que sí sabemos es que durante sus gobiernos de 1982 a 1996, se cometieron infinidad de delitos, hubo ministros, destacados mandos policiales y militares implicados en asesinatos políticos, se creó una organización terrorista para lo que contrataron a miembros conocidos de la ultraderecha europea y de grupos mafiosos, y lo que se dice pasar no pasó mucho, alguno que otro pisó la cárcel, pero por poco tiempo; el tercer grado y el indulto estaban esperándolos, y pusieron todo tipo de obstáculos para averiguar quién estaba en la cúspide de esa organización terrorista. Era una época en la que el PSOE era una pieza esencial del tablero político que sustentaba el régimen del 78, los jueces lo mimaban, y la sangre no llegó al rio, entre otras cosas, porque actuó como le exigían los aparatos del Estado heredados del régimen franquista.

Ética y políticia: el caso Zapatero
Rodríguez Zapatero junto al presidente de Prisa, Jesús de Polanco (Wikimedia Commons)

Todo ello empezó a resquebrajarse cuando Zapatero tuvo la osadía de ganar unas elecciones al que iba a ser el sucesor de Aznar. Y a partir de entonces, las cosas fueron cambiando aunque fuera de forma un tanto imperceptible: campañas mediáticas, el intento de la derecha extrema de controlar a los jueces por la puerta de atrás, así lo dijo un destacado senador del PP; todo ello no dejaba de ser una estrategia, que con los diferentes gobiernos de Pedro Sánchez ha ido en aumento. Pero a partir de las elecciones de julio 2023, toda esa ofensiva se puede resumir con la frase que dijo Aznar, “quién pueda hacer que haga”. Al hilo de este tipo de arengas fascistas, desde hace mucho tiempo Zapatero era una pieza codiciada por parte de la derecha, que no podía soportar que fuera uno de los pilares de Sánchez en estos años, porque cada vez que tomaba partido en alguna campaña electoral, lograba movilizar a un sector importante del PSOE.

Es necesario mirar a los movimientos políticos de los últimos diez años. El surgimiento de una ultraderecha como partido político, que hasta hace pocos años estaba en estado de hibernación dentro del PP o diseminada en múltiples grupúsculos, ha logrado que los guardianes del régimen del 78 hayan visto que con esta coyuntura el PSOE ya ha dejado de serle útil. Ya no lo necesitan para defender sus intereses. Todo lo contrario que deben pensar en Ferraz, que tenían interiorizado que formaban parte del sistema, que nunca les llegarían a tratar como han tratado a otros espacios políticos que siempre han sido críticos con el sistema.

El PSOE, representante de la socialdemocracia internacional en el Estado español, uno de los partidos más fuerte de Europa y del mundo de esa su internacional, que en la actualidad tiene una imagen muy buena en toda Europa, ha sido incapaz de ver la partida de ajedrez que se lleva disputando en el Estado español desde hace años. Ha sido tan torpe, que en algunos casos, como la reforma del Poder Judicial, decidió dejar tirados a los partidos que hicieron posible su investidura, para negociar con quienes paralelamente le han ido poniendo la soga al cuello.

Pero además de lo expuesto, a Zapatero hay algo que no le perdona ni la derecha política y mediática ni algunas manos negras internacionales: el papel que ha jugado en Latinoamérica, y su intermediación entre diferentes interlocutores en Venezuela, que ha servido para desbaratar muchas de las intoxicaciones que se han vertido con régimen de este país latinoamericano. Su labor no era bien vista por algunas figuras de la oposición venezolana, ni por la Administración norteamericana. Le tenían en su punto de mira, algo muy peligroso si se tiene en cuenta que para lograr sus intereses no es la primera vez que han fabricado pruebas contra sus víctimas. Que se lo pregunten a más de un líder latinoamericano que ha cometido el delito de no claudicar a las exigencias de los EEUU.

Zapatero y otros políticos del PSOE no han hecho nada diferente a lo realizado por políticos de otras formaciones del régimen, algo que desde la izquierda ni es ético ni estético y, con el agravante que en muchísimos casos puede haber un proceder delictivo. Y no sirve el argumento de que viene la ultraderecha para andarse con paños calientes. No hace tanto que el PSOE estaba acomodado plácidamente, siendo uno de los baluartes del régimen del 78, y lo seguiría siendo si en materia parlamentaria le diesen los números; de hecho, cuando le interesa, deja tirados a sus socios para lograr “grandes consensos” con quienes buscan su destrucción. Y para finalizar, lanzo lo siguiente: los hechos por los que está siendo investigado Zapatero fueron en 2020, en los que intervino un gobierno de coalición ¿el otro partido estaba de convidado de piedra? ¿se enteraba de algo?


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Un comentario sobre “Ética y política: el caso Zapatero

  1. Que lo de Zapatero viene de muy lejos, es bien sabido.

    Que se ha mirado para otro lado durante todo este tiempo también.

    Pero lo que está saliendo a la luz de la ciudadanía tiene que seguir saliendo.

    Los turbios negocios que ha tenido con el régimen chavista, demuestran la calaña de este personaje.

    Una dictadura camuflada de izquierda con el fin de enriquecerse él y el resto de su familia.

    Esto no sé si se quedará en un caso más de corrupción de la clase política de éste país, pero no podemos seguir permitiendo que ésta gentuza se vaya de rositas.

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