Letamendia. Un referente intelectual de la izquierda abertzale

el libro más emblemático de Francisco Letamendia fue “Historia de Euskadi: el nacionalismo vasco y ETA”, editado en 1975 por Ruedo Ibérico en París, llegando a tener una segunda edición en 1977. Esa obra fue fundamental en aquella etapa, y me atrevería a decir que imprescindible para entender la historia del pueblo vasco desde una óptica marxista

Letamendia. Un referente intelectual de la izquierda abertzale

Al tener conocimiento del fallecimiento de Francisco Letamendia “Ortzi” no he podido evitar retrotraerme unas cuantas décadas atrás, lo que me ha permitido recordar innumerables hechos y situaciones en los que de una u otra forma Ortzi tuvo un papel destacado en su faceta pública, pero también es importante recordar la huella que ha dejado en otros ámbitos. Ese proceso de refrescar la memoria que algunas veces está un tanto aletargada suele necesitar un pequeño estímulo para que fluya, y en  mi caso ha sido suficiente dirigirme a una de las baldas donde tengo varios de sus libros, que me traen innumerables recuerdos y anécdotas, pero por encima de todo ello, destacaría lo que he aprendido con ellos cuando los he tenido entre mis manos. Todos ellos los he leído más de una vez a lo largo del tiempo, algunos de ellos los tengo subrayados, y la primera vez que cayó sobre mis manos un libro suyo, tenía tan solo catorce años. Era ni más ni menos que “Historia de Euskadi: el nacionalismo vasco y ETA”, en aquellos tiempos, finales de los años 70, era un referente. La anécdota de ese libro es que me lo dejó una militante del PNV. Ya sé que a más de uno este detalle le puede parecer surrealista, pero en política no hay nada imposible, y tengo que reconocer que el primer sorprendido fui yo. Me lo dejó sine die, lo cual me permitió dedicarle muchas horas a su lectura, y en cuanto tuve ocasión lo adquirí.

Pero vuelvo a la figura de Pako Letamendia que tiene muchas aristas y se puede analizar desde muchas perspectivas. Sin duda alguna, para muchas personas de fuera de Euskal Herria y de una cierta edad, su faceta más conocida fue la política, y, en concreto, la relativa a su paso como diputado del Congreso de Euskadiko Ezkerra desde junio de 1977 hasta primeros de noviembre de 1978, pero su trayectoria vital ha sido mucho más amplia, lo cual es imposible sintetizar en unas cuantas cuartillas, por lo que me limitaré a dar algunas pinceladas desde una visión un tanto personal.

Letamendia se dio a conocer con el Juicio de Burgos, al hacerse cargo de la defensa de Itziar Aizpurua, siendo el letrado más joven de los que participó en ese consejo de guerra, corría diciembre de 1970. Hasta entonces había compaginado su labor como abogado laboralista y de presos políticos vascos, y a partir de esa fecha se exilió al otro lado del Bidasoa, para volver a mediados de esa década. Los que han estudiado aquella época han escrito que tuvo una participación activa en la VII Asamblea de ETA político-militar celebrada en septiembre de 1976, pues, aunque no era militante de dicha organización, presentó una ponencia para su debate. Pero su figura como personaje político tomó una relevancia que ya no pasaría desapercibida una vez que fue elegido diputado por Gipuzkoa en las elecciones de junio de 1977, al ser cabeza de lista de la coalición Euskadiko Ezkerra. Esta candidatura estaba formada por los partidos EIA[1], al que pertenecía Letamendia, y EMK[2].

Eran las primeras elecciones desde febrero de 1931, y no me atrevería a llamarlas democráticas por varias circunstancias de peso, pero dos de ellas es necesario mencionarlas para poder hacer una fotografía del momento. Por un lado, a esas elecciones no pudieron acudir todos los partidos, porque a nivel del Estado español hubo un veto insalvable; todos los partidos que se definían como republicanos no lograron su legalización, es decir, todo lo que había a la izquierda del PCE no pudo presentarse con sus siglas, ni tampoco el Partido Carlista, porque también estaba a favor de una República Federal. Y por lo que respecta al ámbito vasco, los partidos políticos del espacio de la izquierda abertzale tampoco estaban legalizados porque en sus estatutos abogaban por la independencia de Euskal Herria. De hecho EIA y EMK, partidos que organizaron la candidatura Euskadiko Ezkerra, no estaban legalizados, ni ninguno de los partidos que formaban parte de KAS. Y el segundo motivo es que todavía no había habido una amnistía de la que se beneficiasen todos los presos políticos. Por tanto, fueron unas elecciones un tanto suigéneris.

Retomando la figura de Francisco Letamendia, empiezo a conocerlo cuando en junio de 1977 obtiene su acta de diputado en el Congreso, y no puedo ocultar que su oratoria y capacidad dialéctica me tenían maravillado. Era imposible que pasase desapercibido un diputado que sacaba petróleo de los poquísimos minutos de los que disponía para poder defender sus planteamientos, sin que le asustase la soledad que pudiera tener en el Congreso.

Para un preadolescente, como era mi caso, su presencia en un hemiciclo viciado desde su constitución, en el que gran parte de los escaños estaban ocupados por caras muy conocidas de la dictadura franquista y, por otro lado, por políticos que habían estado invernado durante varias décadas, a la espera del fallecimiento del dictador, Letamendia no dejaba  de ser una rara avis; era de las pocas voces que podía llamar a las cosas por su nombre; había sido defensor de presos políticos, había sufrido la represión, lo que le llevó a exiliarse durante un tiempo, y tenía una cosa clara: no podía defraudar al sector de la ciudadanía a la que representaba, algo que no suele ser muy común en el espacio de la izquierda.

En ese periodo en el que fue diputado supo hacer una lectura del papel que estaba desempeñando. Teniendo en cuenta las tensiones que había en la coalición Euskadiko Ezkerra, que se materializaron con el abandono por parte de EMK, y las disensiones internas existentes en EIA, sobre todo, por el viraje que había adoptado en relación con el régimen preautonómico, es ahí donde tuvo una visión por encima de siglas e intereses partidistas; las circunstancias lo habían colocado como la única voz que iba a poder defender en el debate constitucional las reivindicaciones de la izquierda abertzale, de los que votaron a Euskadiko Ezkerra y de los que, como las organizaciones de KAS, pidieron la abstención. Pero su voz fue más allá, porque fue altavoz de todos los sectores oprimidos del Estado español.

En esa labor siempre me ha llamado la atención la lectura que sabía realizar de lo que se debatía en el Parlamento, y para ello traigo a colación la Ley de Amnistía, a la que se opuso y se abstuvo en la votación. Cuando hoy en día las asociaciones memorialistas y de víctimas del franquismo que están luchando porque no queden impunes los crímenes del franquismo y de los primeros años de la monarquía, se topan a diario con la Ley de Amnistía de octubre de 1977 que impide enjuiciar a los responsables de dichos crímenes, ya en aquel entonces, diciembre de 1977, Letamendia lo dejó claro en el Congreso, en una intervención que mantuvo y en la que respondiendo a Fraga Iribarne dijo “que bien le ha venido a hombres como el señor Fraga la Ley de Amnistía, que ha impedido investigar hasta el fondo la verdadera responsabilidad de estos hechos”, en relación con los sucesos de Málaga con el asesinato de Manuel José García Caparrós y Javier Fernández Quesada en Tenerife. Dos de los múltiples hechos que se dieron durante lo que llaman modélica y pacífica Transición. A este respecto, sólo decir que  la Ley de Amnistía fue aprobada con los votos del PSOE, PCE, PNV y CiU, entre otros.

Fueron muchas las batallas dialécticas que mantuvo con Fraga Iribarne en el hemiciclo. En un debate en el Congreso de los diputados, el ex ministro de Franco definió a Letamendia como “portavoz de la izquierda extraparlamentaria, de los gitanos, de los quinquis y de las prostitutas”, a lo que el diputado abertzale le respondió, “si yo consiguiera serlo me honraría; ya ve usted, señor Fraga, todos tenemos que jugar nuestro papel, yo intento defender a los desvalidos y usted defiende, sin duda, a los poderosos”.

Al margen de su actividad política, su faceta como escritor, con más de una treintena de obras publicadas, unido a su labor docente, es la actividad que destacaría como la más importante, habiéndole ocupado la mayor parte de su vida, y donde ha realizado una gran aportación como pensador. Como en estas líneas es materialmente imposible poder realizar un comentario de toda su obra, voy a señalar algunas de sus obras, que corresponden a sus primeros trabajos escritos. Estos hay que enclavarlos en los años 70 y primeros de los 80, los años de la Transición; época en la que tuvo una participación activa en la política vasca.

El proceso de Burgos visto desde dentro
El proceso de Euskadi en Burgos. Editorial Txalaparta

En el primer ensayo que participa es el libro que escribe mano a mano con Miguel Castells, sobre el Proceso de Burgos de diciembre de 1970. Dos de los abogados que defendieron a varios de militantes de ETA que fueron juzgados en ese consejo de guerra. Fue publicado por Ruedo Ibérico y reeditado por la editorial Txalaparta en 2020. Un libro imprescindible para entender lo que supuso ese juicio en los últimos años de la dictadura y las contradicciones que generó dentro de los aparatos del régimen franquista.

Letamendia. Un referente intelectual de la izquierda abertzale
El no vasco a la reforma. Editorial Txertoa

Siguiendo la estela de ese tipo de trabajos, tiene varios libros en los que realiza un relato muy pormenorizado de lo que se conoce como Transición en Euskal Herria, y que Ortzi denomina Reforma Política, porque en todo momento parte de una premisa: no se dio una ruptura con el régimen franquista, ni una transición de un régimen dictatorial a uno democrático; por el contrario, las élites políticas con la supervisión de la oligarquía, pusieron en marcha un proceso de reformas políticas, no sólo obviando una mínima crítica a la dictadura, sino que su punto de partida era la legalidad surgida del golpe de Estado de julio de 1936. Entre ellos hay uno que consta de dos volúmenes: “El no vasco a la reforma. 1º La consolidación de la reforma” y “El no vasco a la reforma. 2º La ofensiva de la reforma” (Editorial Txertoa, 1979). Son dos volúmenes imprescindibles para entender lo que fue el trampantojo de la Transición, sobre todo vista desde Euskal Herria. Temas que en aquel momento suscitaron grandes debates, como la amnistía, la cuestión de Navarra o el proceso de elaboración y aprobación del Estatuto de Gernika, que lo define como “anémico”. También se sumerge en algunas cuestiones de carácter global: Los Pactos de la Moncloa, como herramienta para doblegar las aspiraciones de la clase trabajadora y fortalecer un sistema capitalista con las bendiciones de la izquierda parlamentaria (PSOE-PCE), o la continuidad de un orden público con unos cuerpos policiales heredados de la dictadura. Pero si tuviera que destacar algo por encima del resto, sería un capítulo del primer volumen titulado “El tabú de la unidad nacional”, en el que no sólo profundiza en el concepto de nación desde una visión histórico-jurídica, sino que realiza una crítica a la idealización que realiza el nacionalismo vasco de lo que fueron los Fueros, al constatar que mientras estuvieron vigentes, no fue una “Arcadia en la que reinaba la más completa armonía y democracia y donde no existían las clases sociales”, pues se dieron enfrentamientos entre diferentes clases sociales. Frente a los planteamientos foralistas que defendió el PNV durante el debate constitucional, partido que dejó muy claro a través de su portavoz, Xabier Arzalluz, que no cuestionaban la unidad de España ni la monarquía, Letamendia defendió el reconocimiento del derecho de autodeterminación de los pueblos, que era la forma de hacer una lectura del problema nacional desde un punto de vista marxista.

Letamendia. Un referente intelectual de la izquierda abertzale
Denuncia en el Parlamento. Editorial Txertoa

En esta línea, escribió un tercer libro, que con el título “Denuncia en el Parlamento” (Editorial Txertoa, 1978), recoge un resumen de su actividad como diputado, con intervenciones suyas y de algunos de los diputados con los que confrontó, y en el que no podían faltar los innumerables choques dialécticos con la cara más visible del franquismo, Fraga Iribarne. En este libro se puede encontrar la intervención que tuvo en el Congreso, en la que dijo ¡Que se vayan! de Euskadi las FOP[3]. Frase que se convirtió en un slogan a lo largo y ancho de Euskal Herria.

Letamendia. Un referente intelectual de la izquierda abertzale
Historia de Euskadi: el nacionalismo vasco y ETA. Editorial Ruedo Ibérico

Pero de aquella época en mi opinión, sin duda alguna, el libro más emblemático de Francisco Letamendia fue “Historia de Euskadi: el nacionalismo vasco y ETA”, editado en 1975 por Ruedo Ibérico en París, llegando a tener una segunda edición en 1977. Esa obra fue fundamental en aquella etapa, y me atrevería a decir que imprescindible para entender la historia del pueblo vasco desde una óptica marxista; es un ensayo muy denso, que requiere de una lectura sosegada. Arrancando en la prehistoria vasca, viaja por todas las edades de la historia. Desde la democracia matriarcal vasca, la romanización incompleta o la creación del reino de Navarra y la represión de la brujería, pasando por el análisis de los Fueros y las luchas campesinas, matxinadas (rebeliones), y el inicio de un proceso acumulación precapitalista durante la Edad Moderna, para finalizar este ensayo a mediados de la década de los setenta del siglo XX.

El estudio que realiza de los siglos XVIII y XIX es fundamental, sobre todo este último, para poder entender todo lo que fue el siglo XX. Se adentra en lo que representó la pérdida de los Fueros desde un punto de vista socio-económico y lo que suponía para los sectores más humildes de la sociedad vasca, sobre todo para el campesinado, en contraste con los intereses de la burguesía urbana; la contextualización que realiza de las guerras carlistas ofrece una perspectiva muy diferente de la que habitualmente se suele realizar sobre este episodio histórico. Es imposible entender el surgimiento del nacionalismo vasco sin tener un conocimiento de todo lo anteriormente expuesto, al que le dedica unos muy interesantes apartados. Anteriormente he mencionado que este ensayo sigue una metodología marxista, pues analiza la historia desde la visión de las contradicciones de clase que se han dado a lo largo de la historia del pueblo vasco, cuestión que se puede observar cuando expone las bases ideológicas del nacionalismo vasco en sus inicios de la mano de su fundador, Sabino Arana, dentro de los que fueron los movimientos nacionalistas de finales del siglo XIX en Europa.

Al siglo XX le dedica la mayor parte de esta obra: La Restauración, Segunda República, guerra civil y dictadura para llegar al nacimiento de ETA (1959) hasta 1974. De esta última parte del libro destacaría algunas cuestiones: el análisis profundo que realiza Letamendia sobre los principios ideológicos de ETA a lo largo de esa etapa (1959-1974), de la que se puede extraer que es una organización que pasa por diferentes crisis internas producto de la evolución ideológica que se va dando en ella y de que es una organización en la que el debate está siempre encima de la mesa; recoge las influencias que recibe de otras experiencias revolucionarias que se dan en aquella época por los diferentes continentes (independencia de Argelia, Revolución cubana, Revolución china, Vietnam, etc…) y la situación que se vivía en el Estado español, con la dictadura franquista.

Letamendia. Un referente intelectual de la izquierda abertzale
Konstituzio hori ez. No a esa constitución. Zutik

A lo largo del debate constitucional tuvo una participación muy destacada, teniendo en cuenta que al ser el  único diputado de su formación y estar dentro del Grupo Mixto, las intervenciones son sustancialmente menores que las de los grandes grupos parlamentarios. Ello no le impidió presentar innumerables enmiendas durante su tramitación parlamentaria. Una de ellas fue la redacción de varios artículos que formarían el título VIII bis de la Constitución, donde se regularía el ejercicio del Derecho de Autodeterminación. En el debate se posicionó y votó en contra de la Constitución de 1978 y durante ese periodo, elaboró un trabajo que con el título “Konstituzio hori ez-No a esa constitución”, fue publicado en la revista Zutik de EIA, donde comentó el borrador que aprobó la Comisión constitucional.

Letamendia. Un referente intelectual de la izquierda abertzale
Clase obrera marxismo y cuestión nacional vasca. Cuadernos de formación IPES

Durante el periodo que tuvo una participación activa en la vida política (1977-1982) también redactó algunos artículos y ponencias como la realizada para IPES en el marco de un ciclo «Marxismo, clase obrera y cuestión nacional en Euskadi” celebrado en 1980 en Bilbao. Su ponencia se tituló “La construcción de una alternativa revolucionaria: De la V Asamblea, ETA a KAS”.

Una vez que se dedicó en exclusiva a la docencia publicó una gran cantidad de volúmenes en los que no sólo profundizó sobre estos temas, sino que al ser profesor de historia vasca en la Universidad París VIII y posteriormente impartió clases de Ciencia Política en la Universidad del País Vasco se adentró en otras materias. Se podría decir que la política vasca en general, y la izquierda abertzale en particular, perdieron un político de gran valía, y el mundo de la docencia e investigación ganó a un investigador incansable. Ahora, con su pérdida, se ha ido un referente intelectual del espacio abertzale, pero también de la izquierda crítica con el régimen surgido en el 78.


[1] Euskal Iraultzarako Alderdia ,EIA (Partido para la Revolución Vasca) surge como partido político a partir de la aprobación de la ponencia Otsagabia en la VII Asamblea de ETA político-militar, celebrada en septiembre de 1976. En ella se planteaba el desdoblamiento de la organización armada, para crear un partido político abertzale y socialista. Logró su legalización en enero de 1978, pero para ello renunció a que en sus estatutos se definiera como un partido independentista y que su objetivo fuese la revolución vasca. El primer secretario general fue Goio Lopez Irasuegi, hasta la celebración del primer congreso, en el que salió elegido Mario Onaindia. En 1977, junto con EMK, organizó la agrupación de electores Euskadiko Ezkerra. En marzo de 1982, EIA y un sector del PCE-EPK (Partido Comunista de Euskadi) liderado por Roberto Lertxundi, realizan el congreso del que nacerá el partido Euskadiko Ezkerra-Izquierda para el Socialismo (EE-IPS).

[2] Euskadiko Mugimendu Komunista, EMK (Movimiento Comunista de Euskadi) pertenecía organizativamente al Movimiento Comunista (MC) a nivel del Estado español.

[3] FOP: Fuerzas de Orden Público. Policía Armada y Guardia Civil.


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