Para que todo el mundo lo entienda, con este fallo, el TS ha venido a decir que no hay problema en comprar voluntades, untar a políticos o personas que tengan el suficiente poder para adjudicar negocios o cualquier otra prebenda, y para ello no se ha cortado, y al corruptor de turno, en este caso Aldama, no solo le ha puesto una condena irrisoria, si tenemos en cuenta la gravedad de los hechos por los que ha sido condenado, sino que no va a tener que pagar ninguna multa. Y si esto fuera poco, no va a tener que devolver el dinero que se embolsó de forma ilícita, causando un quebranto en las arcas públicas.
La justicia española ha vuelto ha escribir una de las páginas más negras de su historia, y no porque haya dictado una sentencia condenatoria contra un ex ministro y una de sus manos derechas, pues no había dudas de sus actividades, sino porque con su fallo, ha creado un precedente más que peligroso, que no es otro que sentar doctrina a la hora de dejar salir de rositas a los corruptores. Esos señores que para enriquecerse de forma ilícita, compran a políticos, funcionarios y todo lo que se les ponga por delante, con la única finalidad de lucrarse y obtener pingües beneficios.
El Tribunal Supremo, con la sentencia que ha dictado en el caso mascarillas, está poniendo una alfombra roja a todos aquellos que quieran ser corruptores, porque sale gratis.
José Luis Ábalos en el Congreso de los Diputados (Wikimedia Commons)
Pero empecemos por el principio. Nada que objetar a las condenas de Ábalos y Koldo García. El primero es un ejemplo de político nacido bajo el paraguas del régimen del 78, ha sido creado con ese molde que sirve para dar forma a cualquiera de los partidos que apuntalan el sistema, ninguna diferencia con Rodrigo Rato (PP), Jaume Matas (PP), Pujol (CiU), De Miguel (PNV), y un largo etcétera. De Koldo poco hay que decir, otro personaje con un pasado nada edificante, de profesión, segurata, portero de discoteca, condenado por agresión con resultado de lesiones en 1995 a 2 años de cárcel, que, casualmente, fue indultado por un gobierno presidido por Aznar. Con este currículum tiene una meteórica carrera; debía de tener alguna virtud de la que carecemos el común de los mortales, pues llegó, nada más ni nada menos, a formar parte del Consejo Rector de Puertos del Estado y de Renfe. Un personaje que deja muchas dudas del papel que ha desempeñado en todo este proceso, pues en algunos momentos, ha dado la sensación que además de ser parte fundamental de la trama, estaba haciendo un doble juego, porque el reguero de pistas que ha ido dejando llama poderosamente la atención. Y es importante señalar, que esas pistas les delataron mucho antes que Aldama, en un momento de arrepentimiento decidiera cantar.
Para que todo el mundo lo entienda, con este fallo, el TS ha venido a decir que no hay problema en comprar voluntades, untar a políticos o personas que tengan el suficiente poder para adjudicar negocios o cualquier otra prebenda, y para ello no se ha cortado, y al corruptor de turno, en este caso Aldama, no solo le ha puesto una condena irrisoria, si tenemos en cuenta la gravedad de los hechos por los que ha sido condenado, sino que no va a tener que pagar ninguna multa. Y si esto fuera poco, no va a tener que devolver el dinero que se embolsó de forma ilícita, causando un quebranto en las arcas públicas. Ah!!! Claro, se me olvidaba, todo ello ha sido gracias a que este delincuente convicto, ha hecho acto de contrición, y ha colaborado con la justicia. Un auténtico chollo, uno delinque, se lo lleva muerto, y si tiene mala suerte y le cazan, siempre queda el comodín del arrepentimiento, y a otra cosa mariposa.
Víctor de Aldama (Foto Europa Press)
La figura del arrepentido siempre me ha despertado grandísimas dudas. No es nuevo que se dé la circunstancia que alguien, para intentar salir de rositas, se arrepienta y, casualidades de la vida, acusa a otras personas de la comisión de algún delito. Estamos hablando de que los órganos jurisdiccionales dan un peso probatorio a una declaración que su consistencia me suele generar muchas dudas, y que no deja de ser una fórmula recurrente por parte del arrepentido para minimizar la condena. Pero lo más grave en el caso de la sentencia dictada por el Tribunal Supremo es que las pruebas ya existían, cuestión que se recoge en la sentencia, antes que este angelito, llamado Aldama, tuviera ese arranque de sinceridad y de deseo de colaborar con la justicia. Por ello, es aún más llamativo lo indulgente que ha sido el TS a la hora de imponerle la pena, pues la condena no es que sea irrisoria, sencillamente es un insulto a la sociedad. Al TS le ha faltado invitar a que se siga el ejemplo de Aldama: primero me lo llevo muerto, y si me pillan, tiro de manual del delincuente arrepentido. Pero en este caso, también se le ha querido premiar porque ha sido un peón más en el intento de la judicatura de atacar a este gobierno.
Todo esto sólo es entendible desde la perspectiva que todo vale para intentar cargarse a este gobierno, que tímidamente ha abiertos algunos caminos que no han gustado a los poderes que sustentan el régimen. Eso de llegar a acuerdos con republicanos e independentistas para sacar adelante leyes que sean beneficiosas para los sectores más vulnerables de la sociedad no se lo perdonan, y uno llega a la conclusión que en el PSOE, aunque tarde, empiezan a entender que ya han dejado de ser un partido que era tratado con cierta deferencia por parte de los poderes fácticos y, en concreto, por los jueces. Ahora bien, siempre tratando con suavidad a los corruptores, que son una especie protegida, que les hacen el trabajo sucio.
Y como todo esto les debe parecer poco a la derecha mediática, la única forma de sacarle a hombros a un corruptor confeso, no es otra que haciendo el paseíllo por todos los platós de radio y televisión. La única duda que me queda es si en cada aparición el corruptor ha pasado el cepillo, lo digo, más que nada, por los titulares que les ha dado para llenar horas de programas.
Una democracia en la que los grupos de presión lobistas tienen la capacidad de poder influir en las decisiones que toman los políticos deja de ser democracia; democracia y lobbies son términos antagónicos. La democracia es el poder del pueblo, y los lobbies representan el poder de las grandes empresas y multinacionales que tienen intereses que van en contra de los de la mayoría de la población.
La reciente imputación de Zapatero ha dejado a gran parte de la izquierda muy tocada. Si dentro de la militancia del PSOE, la noticia ha caído como una bomba, para un sector de la izquierda que no es del PSOE, pero que consideraba a Zapatero como de lo más salvable de ese partido, nada que ver con Felipe González, Alfonso Guerra o García-Page, ha sido algo más que una decepción.
Después del ruido de estos últimos días, lo que ha sucedido hay que analizarlo desde tres puntos de vista para poder entender todo esto, teniendo presente que cualquier análisis está condicionado por las informaciones que nos llegan por la prensa, y cuando Audiencia Nacional y prensa están de por medio, la información hay que ponerla en cuarentena.
El primer punto de vista es el jurídico, y claro, cuando se trata de la Audiencia Nacional, lo primero que hay que recordar es que es heredero del antiguo Tribunal de Orden Público del franquismo. Y si hablamos acerca del rigor jurídico de las resoluciones que emanan de este órgano judicial, a uno le vienen la cabeza autos como el del juez Garzón, que cierra el periódico Egin, y que 10 años después, el Tribunal Supremo le corrige diciendo que no se ajustaba a derecho, por lo que fue un cierre ilegal; la instrucción del juez Del Olmo en el caso Egunkaria, que cerró este periódico, metió en la cárcel a varios miembros de la dirección, y que posteriormente una sala de ese mismo órgano judicial desbarató absolviendo a todos los encausados y decretando que el cierre no se ajustaba a derecho. Decir Audiencia Nacional es recordar que el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo ha condenado en reiteradas ocasiones al Estado español porque los jueces de ese órgano judicial no se han molestado en investigar las torturas sufridas por los detenidos que han pasado por sus dependencias. Siempre ha sido una constante los montajes en la Audiencia Nacional, donde la incautación de un producto de una marca conocida para limpiar la ropa podía convertirse en una sustancia peligrosísima para confeccionar material explosivo. Siendo grave todo esto, aún lo es más el trato sustancialmente diferente que reciben políticos del PP cada vez que se ven salpicados con algún escándalo y pisan esos juzgados. Por tanto, credibilidad y fiabilidad de la Audiencia Nacional, cero. Y para cerrar el círculo, los informes que realizan la UDEF y otros cuerpos policiales en ningún momento son actos de fe; la literatura de esos informes que realizan debe de ir acompañada de pruebas, y es el magistrado instructor el que tiene que realizar una labor de contrastar las informaciones que en dichos documentos se recogen. Pero en esto, el PSOE tiene un porcentaje importante de responsabilidad, porque ha sido incapaz de depurar la judicatura y los cuerpos policiales cuando ha tenido la oportunidad; y cuando el espacio de izquierdas y/o independentista ha sufrido situaciones de este tipo, nunca ha tenido una actitud solidaria hacia ellos. Ahora bien, lo que hay que exigir para Zapatero es una instrucción y, si llegase el caso, un juicio con todas las garantías procesales y si hay materia de delito que se condene a quien proceda, pero no a priori, porque pudiera darse el caso que ya tengan decidida el resultado de la ecuación, y ahora lo que pretenden es colocar datos para llegar a ese desenlace.
La otra perspectiva es la ética. Dicho de otro modo, todo lo que tiene que ver con las puertas giratoria, lobbies, consejos de administración de grandes empresas, y consultoras para asesoramientos varios. La clase política, y muy especialmente los ex, ya sean presidentes de gobierno, CCAA, exministros, exconsejeros de CCAA y políticos de los grandes partidos en ningún caso vuelven a la actividad profesional que desempeñaban antes de entrar en política, y acaban formando parte de consejos de administración, consultoras lobistas y otros grupos un tanto opacos. Todo ello es legal, aunque rechazable desde el punto de vista ético, y más si lo miramos desde la izquierda. Pero en muchas ocasiones y desde un punto de vista jurídico, la línea que separa el lobismo del tráfico de influencias es muy difusa, podríamos decir que lo legal y lo punible se pisan los pies por ocupar un mismo espacio. Pero lo que no hay duda es que si existen los lobbies es porque hay dos intereses que acaban dándose la mano: por un lado los grupos económicos, que, gracias a ellos, obtienen los objetivos económicos que buscan, y por otro lado, los políticos del sistema que encuentran en ellos una forma de obtener ingresos fuera de la política. Una democracia en la que los grupos de presión lobistas tienen la capacidad de poder influir en las decisiones que toman los políticos deja de ser democracia; democracia y lobbies son términos antagónicos. La democracia es el poder del pueblo, y los lobbies representan el poder de las grandes empresas y multinacionales que tienen intereses que van en contra de los de la mayoría de la población.
En el caso de Zapatero, si damos por ciertas algunas informaciones que están saliendo en los medios de publicacion que no se encuentran en la órbita de la fachosfera, desde el punto de vista ético, chirrían y mucho. No parece muy estético que por medio aparezcan empresas de sus hijas, o en ciertos países o islas exóticas. Lo de que haya delito, en este momento solo hay una respuesta: presunción de inocencia y esperar como discurra el procedimiento judicial.
El borbón junto a los expresidentes de Gobierno (Wikimedia Commons)
Ahora bien, no parece que lo que haya hecho Zapatero difiera mucho de lo que han hechos otros presidentes del gobierno que le han precedido. En todos hemos visto un modus vivendi que llama poderosamente la atención; un altísimo nivel de vida que requiere la obtención de unos ingresos estratosféricos, más allá de lo que se puede percibir por pertenecer a un consejo de administración, escribir libros o dar conferencias.
Si estas dos perspectivas son importantes, quiero detenerme en una tercera, que es algo que llevo observando desde hace tiempo, y que no es otra que el PSOE ha dejado de ser un peón útil para el régimen del 78, y en cierto modo para el sistema capitalista, es decir, para los que rigen los designios políticos y económicos del Estado español y en alguno de fuera estas fronteras.
Para entender todo esto, es necesario recordar que el PSOE fue pieza imprescindible para realizar una reforma política, que en ningún momento rompió con el régimen franquista; en 1975 muchos se acostaron fascistas, y al día siguiente se despertaron demócratas (Suarez, Martín Villa, Fraga Iribarne, Arias Navarro, etc…). Jueces, policías y ejército pasaron de reprimir en defensa de la dictadura para hacerlo en favor del nuevo régimen que se estaba engendrando en aquellos momentos, pero ya como demócratas, una curiosa metamorfosis. Y de ahí nació el régimen del 78, donde la cúspide de ese poder se encontraba un monarca, que fue puesto por Franco. Fue una de las muchas imposiciones que el PSOE aceptó de forma muy gustosa.
Ante todo ello, el PSOE tuvo una capacidad asombrosa de adaptación, se tragó todo tipo de sapos, y llegó al gobierno. Digo llegó al gobierno, porque no me atrevería a decir que llegase al poder, más bien fue el poder el que entró en el PSOE. Lo que sí sabemos es que durante sus gobiernos de 1982 a 1996, se cometieron infinidad de delitos, hubo ministros, destacados mandos policiales y militares implicados en asesinatos políticos, se creó una organización terrorista para lo que contrataron a miembros conocidos de la ultraderecha europea y de grupos mafiosos, y lo que se dice pasar no pasó mucho, alguno que otro pisó la cárcel, pero por poco tiempo; el tercer grado y el indulto estaban esperándolos, y pusieron todo tipo de obstáculos para averiguar quién estaba en la cúspide de esa organización terrorista. Era una época en la que el PSOE era una pieza esencial del tablero político que sustentaba el régimen del 78, los jueces lo mimaban, y la sangre no llegó al rio, entre otras cosas, porque actuó como le exigían los aparatos del Estado heredados del régimen franquista.
Rodríguez Zapatero junto al presidente de Prisa, Jesús de Polanco (Wikimedia Commons)
Todo ello empezó a resquebrajarse cuando Zapatero tuvo la osadía de ganar unas elecciones al que iba a ser el sucesor de Aznar. Y a partir de entonces, las cosas fueron cambiando aunque fuera de forma un tanto imperceptible: campañas mediáticas, el intento de la derecha extrema de controlar a los jueces por la puerta de atrás, así lo dijo un destacado senador del PP; todo ello no dejaba de ser una estrategia, que con los diferentes gobiernos de Pedro Sánchez ha ido en aumento. Pero a partir de las elecciones de julio 2023, toda esa ofensiva se puede resumir con la frase que dijo Aznar, “quién pueda hacer que haga”. Al hilo de este tipo de arengas fascistas, desde hace mucho tiempo Zapatero era una pieza codiciada por parte de la derecha, que no podía soportar que fuera uno de los pilares de Sánchez en estos años, porque cada vez que tomaba partido en alguna campaña electoral, lograba movilizar a un sector importante del PSOE.
Es necesario mirar a los movimientos políticos de los últimos diez años. El surgimiento de una ultraderecha como partido político, que hasta hace pocos años estaba en estado de hibernación dentro del PP o diseminada en múltiples grupúsculos, ha logrado que los guardianes del régimen del 78 hayan visto que con esta coyuntura el PSOE ya ha dejado de serle útil. Ya no lo necesitan para defender sus intereses. Todo lo contrario que deben pensar en Ferraz, que tenían interiorizado que formaban parte del sistema, que nunca les llegarían a tratar como han tratado a otros espacios políticos que siempre han sido críticos con el sistema.
El PSOE, representante de la socialdemocracia internacional en el Estado español, uno de los partidos más fuerte de Europa y del mundo de esa su internacional, que en la actualidad tiene una imagen muy buena en toda Europa, ha sido incapaz de ver la partida de ajedrez que se lleva disputando en el Estado español desde hace años. Ha sido tan torpe, que en algunos casos, como la reforma del Poder Judicial, decidió dejar tirados a los partidos que hicieron posible su investidura, para negociar con quienes paralelamente le han ido poniendo la soga al cuello.
Pero además de lo expuesto, a Zapatero hay algo que no le perdona ni la derecha política y mediática ni algunas manos negras internacionales: el papel que ha jugado en Latinoamérica, y su intermediación entre diferentes interlocutores en Venezuela, que ha servido para desbaratar muchas de las intoxicaciones que se han vertido con régimen de este país latinoamericano. Su labor no era bien vista por algunas figuras de la oposición venezolana, ni por la Administración norteamericana. Le tenían en su punto de mira, algo muy peligroso si se tiene en cuenta que para lograr sus intereses no es la primera vez que han fabricado pruebas contra sus víctimas. Que se lo pregunten a más de un líder latinoamericano que ha cometido el delito de no claudicar a las exigencias de los EEUU.
Zapatero y otros políticos del PSOE no han hecho nada diferente a lo realizado por políticos de otras formaciones del régimen, algo que desde la izquierda ni es ético ni estético y, con el agravante que en muchísimos casos puede haber un proceder delictivo. Y no sirve el argumento de que viene la ultraderecha para andarse con paños calientes. No hace tanto que el PSOE estaba acomodado plácidamente, siendo uno de los baluartes del régimen del 78, y lo seguiría siendo si en materia parlamentaria le diesen los números; de hecho, cuando le interesa, deja tirados a sus socios para lograr “grandes consensos” con quienes buscan su destrucción. Y para finalizar, lanzo lo siguiente: los hechos por los que está siendo investigado Zapatero fueron en 2020, en los que intervino un gobierno de coalición ¿el otro partido estaba de convidado de piedra? ¿se enteraba de algo?
Baltasar Garzón tiene en su currículum actuaciones en las que los derechos y libertades simplemente han sido tirados por el retrete. Tiene el dudoso honor de haber sido el primer miembro de la magistratura española condenado por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, por no investigar denuncias de torturas que le realizaron los detenidos que pasaron por su juzgado, cuestión grave, si tenemos en cuenta que estamos hablando de delitos contra la integridad de las personas.
La decisión de este gobierno de nombrar a Baltazar Garzón presidente de la comisión sobre violaciones de los derechos humanos durante la guerra del 36 y la dictadura franquista, lo que se conoce como “Comisión de la Verdad” es la última ocurrencia de un gobierno que se define como progresista. Mira que había personas que, sin poner el listón muy alto, hubieran podido desempeñar el cargo con cierto decoro.
Pero no, han entendido que la persona que reunía las características necesarias para el cargo no era nada más y nada menos que Baltasar Garzón. Sí, el mismo, el magistrado estrella que servía para ilegalizar a un partido político, cerrar un periódico, mirar para otro lado cuando los detenidos que pasaban por su despacho denunciaban torturas, o realizar una instrucción de lo más chapucera que llegaba a sonrojar a la misma Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, que con sus sentencias, no sólo tiraba por tierra algunos de los sumarios que instruía, sino que en más de una ocasión le tiraban de las orejas por su desastrosa labor, aunque para algunos no era tan desastre. O si no, que se lo pregunten a Mayor Oreja cuando en febrero de 2001 decía: “Quiero poner de manifiesto la labor extraordinaria que está realizando Baltasar Garzón en la Audiencia Nacional”. Esto lo decía un personaje que al hablar del atentado del 11-M, mantiene la teoría de la conspiración.
Baltasar Garzón tiene en su currículum actuaciones en las que los derechos y libertades simplemente han sido tirados por el retrete. Tiene el dudoso honor de haber sido el primer miembro de la magistratura española condenado por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, por no investigar denuncias de torturas que le realizaron los detenidos que pasaron por su juzgado, cuestión grave, si tenemos en cuenta que estamos hablando de delitos contra la integridad de las personas.
Pero como magistrado ha tenido otras actuaciones que son necesarias volver a rescatarlas, para evaluar su capacidad para poder desempeñar el cargo para el que ha sido nombrado. Una de ellas fue decretar el cierre del diario Egin y Egin Irratia el 15 de julio de 1998, decisión que más tarde el Tribunal Supremo estimó que no se ajustaba a derecho, pero el daño ya estaba hecho. Todas esas actuaciones tenían un único objetivo, silenciar a un medio de comunicación que tenía decenas de miles de lectores, un auténtico apagón informativo.
Euskadi Información (fotografía obtenido del diario GARA)
Ese despropósito judicial, que fue corregido nueve años después, aunque ya era imposible revertir a la situación inicial, es necesario contextualizarlo con la frase del que en aquel momento era presidente del gobierno, Aznar, cuando dijo “¿Creían que no nos íbamos a atrever?” La expresión no deja lugar a dudas; alguien ordena y otros ejecutan, lo que viene a demostrar que la independencia de la judicatura española era y es una quimera, y el “lawfare o guerra judicial” no es algo nuevo, por el contrario, en Euskal Herria era una herramienta que con frecuencia utilizaba los poderes y aparatos del Estado. O, dicho de otra forma, los jueces no dejaban de ser los mamporreros de lo más tenebroso de los aparatos del Estado, y en eso, no cabe duda que Garzón brilló con creces.
Fue el creador de la teoría que “todo es ETA”. Es decir, pasaba a ser delito todo lo que oliese a independentismo y no fuera del agrado del gobierno español, y en esa orgía represiva llegó a dictar un auto en el que integraba a AEK en ETA. Sí, para el juez Garzón, la Coordinadora alfabetización y euskaldunización, cuya actividad es impartir clases de euskera formaba parte de ETA. Su teoría o, mejor dicho, su paranoia no prosperó judicialmente, pero disparaba a todo lo que sonara a euskaldun, euskera o abertzale, y eso le llevó a ocupar grandes titulares. Y por si esto fuera poco, conviene no olvidar las relaciones que ha cultivado con personajes de las cloacas del Estado, como el ex comisario Villarejo.
Que el Gobierno haya nombrado para un puesto de esta naturaleza a este personaje, en el mejor de los casos, genera perplejidad. Y la duda es clara, con ese bagaje ¿qué podemos esperar de él? ¿está capacitado para valorar violaciones de derechos humanos o será como la zorra cuando se le pone al cuidado del gallinero?
Es necesario denunciar la hipocresía del capitalismo y de su muleta, la ultraderecha y el fascismo, pues, por un lado, criminalizan a los inmigrantes, y por otro lado los utilizan para realizar trabajos en régimen de semi esclavitud. Esto se está viviendo en muchos sectores, pero, probablemente, en las labores del campo, sencillamente es escandaloso, y lo que está claro que el inmigrante es víctima y no responsable. En la actualidad, los inmigrantes se han convertido en los esclavos del siglo XXI, por eso no podemos cargar sobre ellos la culpa de todo este problema. Parece que no se quiere ver que son las víctimas.
Todavía no son las siete de la mañana de un día cualquiera del mes de julio, el nuevo día saluda con los primeros rayos de sol, y presagia que va a ser otro día de calor insoportable. Me dirijo con paso rápido hacia la parada del autobús que me llevará a mi trabajo. Mientras espero la llegada del colectivo, observo la construcción de un bloque de viviendas que hay frente a donde me encuentro situado. Se observa movimiento en la obra, muchos trabajadores están en plena faena, otros se empiezan a incorporar a sus puestos de trabajo. No me cabe duda, hoy van a pasar una jornada laboral extremadamente dura, el calor va a hacer estragos, pero lo que aún es peor, la previsión no es nada halagüeña, y se espera que esta situación se va a prolongar más de lo previsto.
Trabajadores inmigrantes de la construcción
No es la primera vez que, haciendo tiempo en la parada del autobús, suelo contemplar la construcción de esa torre de viviendas. En ese transcurrir de los días, observo los diferentes oficios que se hayan presentes en ella; la inmensa mayoría de los trabajadores son inmigrantes de diferentes continentes, donde abundan trabajadores africanos y latinoamericanos. Allí se les ve, cada uno desempeñando su labor en el tajo. Recuerdo los meses de invierno, cuando a esa hora era de noche, y llegaban todos abrigados hasta las orejas; seguro que en sus lugares de origen nunca habían soportado temperaturas tan bajas.
Al poco tiempo de haber llegado a la parada, como todas las mañanas, se aproxima una señora, y educadamente nos saludamos, dándonos los buenos días; nos conocemos de realizar el mismo trayecto; viene ataviada con su pañuelo en la cabeza, por lo que supongo que procede de algún lugar donde la utilización de esa prenda tiene un componente cultural y/o religioso. Se dirige a su trabajo, con su habitual puntualidad.
Entro en el autobús y en la siguiente parada se sube una madre con un par de niños pequeños. Se le ve que va algo apurada. Su acento cuando habla a sus críos no me deja atisbo de duda, y me hace pensar que viene de alguna isla del Caribe. Pasadas unas paradas, se bajan como una exhalación frente a un campamento urbano para niños. No me cabe la menor duda, que esa ha sido una escala técnica en el camino hacía su trabajo.
Plaza de Tirso de Molina un domingo por la mañana (Wikimedia Commons)
Termino mi jornada laboral y me dirijo a lo más céntrico y castizo de Madrid. Me estoy refiriendo a la zona de Tirso de Molina, El Rastro y Lavapiés. Cuando salgo del metro me encuentro ese ir y venir de personas en uno de los barrios donde la diversidad multicultural es su seña de identidad. Personas que en su inmensa mayoría son la flor y nata de la juventud de sus países de origen, y que han recorrido miles de kilómetros en busca de una vida mejor; estos no han venido en busca de una paguita ni de una ayuda. Muchos de ellos son manteros, ¡qué nombre más despectivo! para referirnos a personas que venden todo tipo de cosas, que no me cabe la menor duda que todas aquellas en las que figure alguna marca, serán falsas, pero ¿vamos a calificar eso de delito cuando hay empresas que defraudan cientos de millones de euros a las arcas públicas? ¿dónde está nuestra vara de medir los tipos y grados de delincuencia? ¿es delito querer ganarse unos euros vendiendo un producto que el comprador sabe de antemano que no es original? No están engañando a nadie, lo único que quieren es ganarse la vida, sin más.
Observo en este barrio una anciana que va muy despacio por la calle con la ayuda de una persona que hace de cuidadora. Con toda la paciencia del mundo le va ayudando en los pasitos cortos que va dando. Es una persona que ha venido de lejanas tierras, y que su forma de ganarse la vida es cuidando de nuestros mayores. Probablemente no tenga papeles, esté cobrando en negro, el salario que reciba no llegue al mínimo y salga con miedo a la calle por si le piden los papeles, porque en la zona otra cosa no habrá, pero policía para exportar, son un elemento más del paisaje urbano, que parece que su única misión es pedir documentación a cualquier persona que les pueda parecer extranjera; es una rutina que se repite día tras día.
Policía en la plaza de Lavapiés (Wikimedia Commons)
El día va llegando a su fin, y me pongo a ver las noticias por la televisión. El calor y los incendios acaparan la mayor parte de la duración del informativo, y en ese contexto de calor e incendios, dan cuenta de dos informaciones: la primera es que un hombre rumano muere como consecuencia de un golpe de calor trabajando en el campo. No había interrumpido su tarea porque el patrón le amenazó con la pérdida de su puesto de trabajo. La segunda noticia es que acababa de fallecer otra persona a consecuencia de las quemaduras sufridas unos días atrás en un incendio mientras trabajaba. El trágico suceso ocurrió en una explotación ganadera; también era de nacionalidad rumana. No puedo evitar pensar que las desgracias de todo tipo recaen sobre las personas menos favorecidas, y los inmigrantes son uno de esos colectivos que se llevan la plama.
Todo esto no es un relato producto de mi imaginación, ni es algo ficticio, sencillamente ha sido fruto de lo sucedido a mi alrededor en un día cualquiera, similar al de infinidad de personas que, como yo, pisan la calle; otra cosa es que uno no quiera ver lo que pasa en su entorno. Y a partir de ahí, lo que me viene a mi mente son algunas reflexiones sencillas, de andar por casa, en la que uno no necesita realizar análisis profundos.
Lo primero que me pregunto es hacia donde vamos como sociedad, con ese martilleo de discursos xenófobos, que se van extendiendo como una mancha de aceite. Y lo que me viene a la cabeza es de Perogrullo: nadie hace un viaje de miles de kilómetros, poniendo en riesgo su vida para ir a otro país a delinquir, vivir de las ayudas o para que se cumpla la teoría peregrina del gran reemplazo. Si, esa tesis auspiciada por la ultraderecha americana y europea, según la cual, hay un plan oculto cuya finalidad es reemplazar a la población blanca y cristiana de Europa y EEUU por personas africanas, árabes y de otras latitudes.
Al hilo de esas teorías conspirativas, donde hacen un coctel, mezclando diferentes cuestiones como la cultura, religión; lo que está detrás de todo esto no es más que un supremacismo racista. Nos están vendiendo que todos estos flujos migratorios atentan contra la civilización cristiana, que lleva asentada en Europa más de 2000 años; un discurso carente de rigor, pues obvian todas las civilizaciones que a lo largo de la historia han pasado por Europa. Lo primero que es muy discutible es si el reloj de la historia hay que ponerlo en marcha con el nacimiento de Jesús, y, por tanto, cuando surge la religión cristiana, pues el hombre llevaba existiendo miles de años antes, y había otras muchas civilizaciones que pasaron con anterioridad por Europa, y por la Península Ibérica en particular; se obvia el paso de griegos, cartagineses, romanos, civilizaciones anteriores al surgimiento del cristianismo. La amnesia selectiva que existe nos hace olvidar que una civilización, la árabe, estuvo ocho siglos en la Península Ibérica, dejando a su paso una cultura y aportando grandes inventos e innovaciones. Desde algo tan sencillo como los números que hoy en día utilizamos, pues hasta la fecha se utilizaban los números romanos ¿alguien se imagina resolver una ecuación o una integral con números romanos?, hasta algo tan simple como la higiene personal, porque los cristianos de la época eran bastante guarretes y estaban reñidos con el agua.
Desde un punto de vista económico, y hasta se podría calificar de egoísta, la conclusión que llega cualquiera que tenga algo se sentido común, no es otra que hay que ser muy necio para negar que en la actualidad la inmigración es uno de los motores de la economía de los estados desarrollados, y el Estado español no es ninguna excepción. Los inmigrantes son tan necesarios como el agua para las plantas. Por eso, esos discursos xenófobos, en los que hablan de echar del Estado español a ocho millones de inmigrantes no dejan de ser demagogia barata, con la única finalidad de captar el voto de un segmento de la población a la que le han vendido que el inmigrante es el culpable de todos sus males, responsable de la precariedad laboral, de que los salarios sean bajos, de la situación de la vivienda y el incremento de los alquileres. Sin embargo, la realidad es bien distinta, pues la situación de precariedad laboral y los bajos salarios son producto de un mercado laboral en el que la patronal campa a sus anchas, independientemente que los trabajadores sean nativos o extranjeros, y si hay que poner el foco en algún sitio, quizá habría que ponerlo en la incapacidad de la clase trabajadora y sus representantes, que parece que no han aprendido las lecciones que nos da la historia, para tener claro que las conquistas laborales y sociales no caen del cielo como regalo divino. Y en vez de pensar que nativos y extranjeros forman parte de esa misma clase obrera, y que comparten problemas, necesidades e ilusiones, algunos deciden enredarse y caer en esa caza de brujas contra lo más vulnerable de la sociedad, que en este caso viene a ser el emigrante. Pero el discurso xenófobo de la ultraderecha cala porque lo fácil es aceptar ese análisis carente de todo rigor, pero en el que ya han encontrado un culpable que no tiene herramientas para defenderse y que se convierte en la diana donde lanzar todos los dardos, en vez de poner la mirada en el epicentro de los problemas que aquejan a la clase trabajadora.
Protesta antiracista
Es importante no olvidar que los que realizan este tipo de discursos xenófobos en contra de la inmigración, en ningún momento están poniendo su mirada en todos esos inmigrantes de un altísimo poder adquisitivo, esos que llegan y adquieren una vivienda en esos barrios donde viven las grandes fortunas. Esto debería hacer pensar a todas esas personas trabajadoras que equivocan el lugar donde dirigir su ira por los problemas que les acechan, pues realmente el discurso antiinmigrante por parte de la ultraderecha no va dirigido tanto contra el origen de esas personas, sino contra la clase a la que pertenecen.
Trabajadores inmigrantes trabajando en el campo
Es necesario denunciar la hipocresía del capitalismo y de su muleta, la ultraderecha y el fascismo, pues, por un lado, criminalizan a los inmigrantes, y por otro lado los utilizan para realizar trabajos en régimen de semi esclavitud. Esto se está viviendo en muchos sectores, pero, probablemente, en las labores del campo, sencillamente es escandaloso, y lo que está claro que el inmigrante es víctima y no responsable. En la actualidad, los inmigrantes se han convertido en los esclavos del siglo XXI, por eso no podemos cargar sobre ellos la culpa de todo este problema. Parece que no se quiere ver que son las víctimas.
No podemos olvidar las políticas que las potencias occidentales mantienen con los países pobres, que durante siglos han sido dominados y esquilmadas sus riquezas. Estados, que si bien, a lo largo del siglo XX lograron su independencia, dejando de ser colonias de los países europeos, la realidad es que las antiguas metrópolis continúan teniendo un papel intervencionista, que se ha traducido, simple y llanamente, en continuar con el espolio económico de sus riquezas naturales, derribando regímenes y poniendo a gobiernos de su cuerda, sin importarles que en su mayoría sean corruptos, llegando la injerencia hasta el extremo de ser los responsables de los conflictos y guerras que se viven en esos países. Y la pregunta es sencilla ¿qué fuerza moral podemos tener para prohibir que vengan personas que huyen de esos conflictos bélicos cuyo responsables son los países desarrollados? Esa es la hipocresía y la ley del embudo del capitalismo y de los estados ricos.
La desmemoria o amnesia colectiva es preocupante, quizá sea ese el factor más importante por el que la xenofobia, una de las banderas que enarbolan las ideologías ultras y fascistas estén creciendo de forma exponencial. Se está olvidando que durante muchos siglos la inmigración que ha habido desde Europa a diferentes lugares del planeta (América, Asia, África) se debía a cuestiones puramente económicas: la pobreza, el hambre y las guerras que recorrían Europa. Entonces no había este debate, porque Europa tenía el derecho a poder enviar inmigración a esos países, venía a ser una segunda colonización.
Dicho todo esto, lo lamentable es que en pleno siglo XXI nos encontramos con una sociedad que ha hecho suyo este discurso, y cuando hablo de sociedad, estoy poniendo la mirada en ese sector de la ciudadanía que, aunque renieguen, no dejan de ser clase trabajadora. Olvidan algo fundamental: confunden quién es su enemigo. Creen que el inmigrante viene a competir contra el nativo, sin querer ver que el enemigo de ambos no es otro que este capitalismo depravado que lo único que hace es explotar a los nativos y extranjeros, porque no nos engañemos, para el capitalismo, lo único importante es su cuenta de resultados.
La UE es incapaz de plantar cara a EEUU, indiferentemente quién sea su presidente, y decir ¡Basta!, pero desde que ha llegado Trump, la UE ha entrado en una deriva de servilismo ante las políticas americanas. En este momento todo se resume en invocar el derecho internacional, pero ningún gobierno llama a las cosas por su nombre: agresión militar de EEUU a un Estado soberano. Si ante esta situación no adopta medidas más contundentes, la pregunta es cuál será la actitud de la UE ante la siguiente barbaridad que cometa EEUU ¿mantendrá una política tolerante, similar a la que mantuvieron los países europeos con Hitler?
Era un secreto a voces que la Administración americana estaba preparando una agresión a gran escala en territorio venezolano. El inmenso despliegue militar en la zona formaba parte de los preparativos para consumar un ataque a un Estado soberano, al margen del Derecho internacional. Es pronto para analizar lo que ha sucedido en Venezuela; en estos momentos hay más preguntas que certezas, pero lo que si podemos es examinar las pocas evidencias que tenemos.
La primera es que los EEUU han dejado algunas perlas para quienes no tuvieran claro de qué iba esto. Su deseo es “dirigir Venezuela, hasta que haya una transición fiable, segura y sensata”. No habla de democracia, ni de drogas ni narcotráfico. Tampoco han especificado el tiempo que va a durar ese control, pero lo que ha dejado claro que van a controlar el petróleo venezolano. Nada nuevo en la forma de operar de EEUU.
Mural en apoyo a Nicolás Maduro (Wikimedia Commons)
Otra de las perlas es que los anhelos de María Corina Machado de llegar al poder se han esfumado. Trump lo ha dejado claro, “no tiene el apoyo ni respeto”. Con todo lo que ella había hecho en pro de una intervención militar de los EEUU, sólo hay que retrotraerse al paso mes de diciembre cuando pedía desde Oslo la intervención militar de EEUU. Pero es lo que suele pasar en estos casos, que EEUU ya no la necesita para sus intereses en el país latinoamericano. Ha sido una de las mayores instigadoras del uso de la violencia por parte de potencias extranjeras para vulnerar la soberanía nacional de Venezuela, eso sí para restaurar la democracia. No sabíamos que la democracia se podía lograr gracias a la invasión de un país extranjero, porque en Irak, Siria, Libia y Afganistán, por poner algunos ejemplos, no parece que el método haya funcionado, pero igual debe ser una nueva forma de llevar la democracia a un país, de la mano de la agresión de una potencia extranjera. Y ante esto ¿la Academia que le dio el Nobel de la Paz se plantea quitárselo? porque el papelón que ha protagonizado la ha dejado a la altura del barro. En eso Trump ha sido claro, no habla de democracia, habla de controlar el petróleo venezolano, y de hacer una transición, que no es mucho suponer que será la que EEUU quiera.
De la declaración de Trump acerca de María Corina Machado, se puede obtener otra conclusión que no se puede dejar pasar por alto, y es que “no tiene el apoyo ni el respeto”, se entiende del pueblo venezolano. En otras palabras, que la tan cacareada fuerza de la oposición venezolana no es tan grande como se nos ha vendido desde la prensa occidental, pero sobre todo desde la española.
Una cosa está clara, quien ha realizado la agresión no es otro que EEUU, pero también ha habido quienes han apuntado, azuzado, mirado para otro lado y ahora , en el mejor de los casos, lo condenan con la boca pequeña, para que no se moleste el Tío Sam.
No cabe duda que la oposición venezolana ha estado conspirando en el exterior para que, además de EEUU, gobiernos europeos y la UE dieran cobertura a una agresión militar a Venezuela. Se han paseado por capitales, parlamentos estatales y el Parlamento Europeo. Pero todo esto lo han podido hacer porque gobiernos como el español han permitido que personajes como Edmundo González y Leopoldo Torres primero se pudieran refugiar en la embajada de Caracas para posteriormente darles asilo en el Estado español, desde donde han podido conspirar para llegar a la agresión que ha sufrido Venezuela.
No parece que el gobierno de Pedro Sánchez vaya a ir más lejos de las frases vacías que está lanzando, pero ¿qué podemos esperar de él, después de la actuación que ha tenido en materia internacional en el conflicto del Sahara? Dejará tirado al pueblo venezolano, como hizo con el pueblo saharaui, para de facto, ponerse al lado del agresor y de sus colaboradores, porque este gobierno no ha hecho ni un triste amago de romper con EEUU, abandonar la OTAN y denunciar los tratados con EEUU para que abandonen las bases militares existentes en el Estado español.
De Europa poco o nada se puede esperar. La UE es incapaz de plantar cara a EEUU, indiferentemente quién sea su presidente, y decir ¡Basta!, pero desde que ha llegado Trump, ha entrado en una deriva de servilismo ante las políticas americanas. En este momento todo se resume en invocar el derecho internacional, pero ningún gobierno llama a las cosas por su nombre: agresión militar de EEUU a un Estado soberano. Si ante esta situación no adopta medidas más contundentes, la pregunta es cuál será la actitud de la UE ante la siguiente barbaridad que cometa EEUU ¿mantendrá una política tolerante, similar a la que mantuvieron los países europeos con Hitler hasta la invasión de Polonia?
Ha habido muchos que han apuntado y EEUU ha ejercido de matón de discoteca. Sin ir más lejos, en el Estado Español hay partidos que han puesto su granito de arena para llegar a esta situación y que ahora celebran la intervención militar americana y el secuestro de Nicolás Maduro. Son los campeones de la democracia, los que se dan golpes de patriotismo pero que actúan al servicio de una potencia extranjera que actúa como un gánster. Si hoy es un día triste para los que defendemos el derecho internacional y la soberanía de los estados, los que celebran lo sucedido, no dejan de ser unas marionetas del imperialismo americano. Se les llenaba la boca con la palabra democracia, pero ahora eso puede esperar. Aunque sobre democracia sería mejor que nos lo expliquen PP, VOX y PNV, que ya se encargaron de presentar una propuesta en el Congreso de los Diputados para apoyar a la oposición venezolana. Los dos primeros están encantados con la intervención militar, algo normal, eso de los golpes de Estado va en su ADN. Pero estaría bien que el PNV nos dijera si eso de que un país extranjero agreda a otro es la forma que tienen de entender el derecho a la autodeterminación de los pueblos, porque en el caso de Ucrania había que verlos cómo utilizaban este argumento.
Esto no ha hecho más que empezar. Los EEUU hasta ahora han utilizado excusas como el tráfico de drogas (en Irak fueron las armas de destrucción masiva, cosa que a muchos parece que hoy ya se les ha olvidado), pero la realidad ya ha salido a flote como un corcho en el agua, era el control de la industria petrolífera de Venezuela. De hecho Trump ha indultado a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, condenado en EEUU por tráfico de drogas y no parece que eso genere titulares. Ahora falta ver los siguientes pasos en que adoptarán ambas partes, pero el escenario es muy grave si la Comunidad Internacional no para a Trump.
Por si a alguien no le ha quedado claro, esto no va de estar a favor o en contra de Maduro y las políticas llevadas en Venezuela; esto va de respetar la soberanía nacional de un país y de respetar el derecho internacional. Lo demás es hipocresía.
Hace poco más de dos meses que Pepe Mujica se nos fue en silencio y con una mochila llena de luchas y experiencias, una persona que peleó en innumerables batallas, perteneciente a una nación pequeña en extensión, pero grande en las luchas que ha mantenido a lo largo de su corta historia.
Se ha hablado mucho de este viejo militante, guerrillero del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, preso político entre los años 1972 a 1985, fue tomado como rehén por parte de la dictadura cívico-militar para ejecutarlo si los tupamaros retomaban la lucha armada, posteriormente militó en el Movimiento de Participación Popular, organización que forma parte del Frente Amplio, y de la que fue líder, llegando a ser presidente de la República Oriental del Uruguay. Me atrevería a decir que es admirado por una inmensa mayoría de la izquierda mundial, aunque uno siempre encuentra excepciones, y algunos pongan el énfasis en el abandono de la lucha armada por parte de Pepe Mujica. Pero lo que no se puede obviar, es que ha sido un ejemplo para la izquierda de todo el planeta por su humildad, honradez y ética.
Para hablar del pensamiento de Pepe Mujica y de su dilatada trayectoria política, he recurrido a un libro que vio la luz en Uruguay en noviembre de 2022, siendo publicado por la editorial independiente Ediciones del Berretín y que posteriormente ha sido editado en el Estado español por la editorial Baigorri Argitaletxe. Este libro es producto de una serie de charlas que Mario Mazzo y Carlos Martell mantuvieron con Pepe Mujica cuando éste ya estaba en su chacra, retirado de la actividad política.
No sé si se puede asegurar que en este libro se encuentra sintetizado el pensamiento político de Pepe Mujica, pero si me atrevería a decir que no deja ningún tema en el tintero, y en palabras de sus autores “este libro nace de la idea de lanzar semillas al viento, pensando en la necesidad de que nuevos militantes echen raíces en la tierra fértil de las luchas sociales y políticas de este continente tan injusto, tan desigual, que sigue pariendo espíritus rebeldes”.
De lo que no cabe ninguna duda es que todas las reflexiones que aporta el líder uruguayo van dirigidas a obtener el logro de la felicidad por parte del ser humano, pero de todos los del planeta, no sólo de los que viven en los países ricos. Y para ello hace una enmienda a la totalidad al capitalismo, sistema que se sustenta en un consumo depredador que se está llevando por delante al planeta, porque es imposible la sostenibilidad con este ritmo desaforado, que lleva a la destrucción del medio ambiente, y lo expresa en estos términos: “El planeta no se salva si seguimos aferrados a esta civilización. El capitalismo funciona sobre la base de una gran mentira, nos promete la felicidad del consumo sabiendo que no será para todos”, porque son más los que no tienen la posibilidad de acceder a los parabienes que ofrece el capitalismo. Nos trasmite una gran preocupación porque en materia de medio ambiente, los políticos desoyen los consejos de los científicos.
Cuando habla del capitalismo, pone el acento en algo que, siendo obvio, la izquierda a día de hoy no ha encontrado la forma de combatirlo, que no es otra cosa que la asimilación de la cultura capitalista por parte de todas las clases sociales. Y es ahí donde Mujica puede levantar más de una ampolla, pues no duda al decir que en los países donde se ha construido el socialismo “subyace la cultura capitalista”, que no es otra cosa que la falta de formación cultural de clase. Y lo sentencia cuando dice que “no se puede construir un edificio socialista con albañiles capitalistas”, porque no es suficiente con cambiar las relaciones de producción, para cambiar la mentalidad de las personas, pues “el socialismo no es sólo números, son personas”. Lo que nos está queriendo decir es que la gran batalla consiste en combatir al capitalismo en el terreno de la guerra cultural. De hecho, no duda en afirmar que “es más fácil un cambio material que un cambio cultural”, pues para Pepe Mujica “una verdadera revolución es la que logra un cambio cultural” pues si no se quiebra la cultura dominante el cambio no existe. Ese fue el triunfo del capitalismo cuando derrotó culturalmente al feudalismo, cosa que hasta ahora el socialismo no ha logrado al haber fracasado en sus intentos de derribar culturalmente al capitalismo. Este proceso para lograr un cambio cultural no tiene nada que ver con una revolución cultural.
Al hilo de una cultura y una moral distinta, afirma que ser de izquierdas es tener una empatía y manera distinta de ver las cosas, de ver a los demás. Para ello, Pepe Mujica no duda en afirmar que hay que compartir con los de abajo, para que estos tengan fe en los dirigentes de la izquierda.
Parte del cortejo de Pepe Mujica (Wikimedia Commons)
La humildad de Pepe Mujica se ve reflejada cuando al hablar de esta cuestión responde “Yo te planteo el problema, no la solución porque no la tengo”. Desde los años 80, con el triunfo de las políticas neoliberales de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, y la caída de los países que se denominaban socialistas, la izquierda ha sido incapaz de forjar un discurso cultural que contrarrestara la ola neoliberal, pero quizá lo más grave es que tampoco ha sido consciente de ello, y es ahí donde el político uruguayo realiza una autocrítica sencilla y seria desde la humildad del que reconoce que no tiene soluciones, aunque si se atreve a plantear que para superar esta batalla cultural, pasa por la educación, que es “la puerta a la libertad”.
En estos términos expone por qué resiste el capitalismo, porque el capitalismo y sus técnicas de marketing avanzan mucho más que cualquier ciencia, lo que le lleva a sentenciar que “el capitalismo no es solamente un sistema de producción y manejo de riqueza, es también la formación de una cultura subliminal, que es lo más fuerte… Nos ha transformado en adictos consumidores. Confundimos ser con tener, vivimos para comprar cosas nuevas, y estamos siempre “ensartados”, trabajando y pagando”. Una exposición tan sencilla, pero que a día de hoy la izquierda no ha encontrado la solución para deshacer este nudo.
Al hablar del neoliberalismo lo hace exponiendo sus contradicciones. Los gurús neoliberales hablan de libertad en el campo económico, siendo la única que realmente les preocupa, siendo esta más importante que las libertades fundamentales de la ciudadanía. Para Mujica, la propiedad y la acumulación es la piedra angular de este pensamiento, la cual “está basada en el principio de la explotación directa o indirecta de otro”, “la libertad con la que se les llena la boca a los neoliberales es la libertad de apropiarse en gran escala del trabajo de los demás”, lo que no deja de ser una forma de egoísmo de las clases dominantes. En este caso tampoco deja pasar la ocasión para lanzar alguna andanada al espectro de la izquierda cuando afirma que los gobernantes tienen que vivir como vive la mayoría del pueblo, y se dirige a sus dirigentes, que, en muchos casos, cuando esta gobierna suele comportarse como la derecha.
Al hablarnos del Estado no duda un momento al sentenciar la necesidad de la existencia del Estado, con todas las críticas que se le puedan hacer desde los neoliberales, porque a la más mínima crisis, recurren a él en busca de ayuda y protección. Para Mujica el problema radica en las personas, que con sus conductas arrastran al Estado al burocratismo. Y es aquí donde su discurso puede generar malestar, al ser crítico con determinadas conductas que se dan dentro de la izquierda, pues al no preocuparse de corregir sus defectos, facilita el discurso anti estatista de aquellos que quieren reducir el Estado a la mínima expresión. Ataca no sólo a todas esas conductas extendidas en las diferentes administraciones que generan una desafección por parte del ciudadano hacia el Estado en su conjunto, sino que también a las posturas inmovilistas existentes dentro. Y para ello expone su experiencia en la etapa de ministro y de presidente de la República.
El camino que Pepe Mujica nos muestra, al menos para mitigar las desigualdades, pasa por cuestiones que son un denominador común en todos los países capitalistas, sean ricos o pobres, pues todos ellos sufren la ola neoliberal, y para ello, comentará temas tan importantes como fiscalidad progresiva, empresas trasnacionales, capitalismo rentista o reforma agraria.
Dentro de este análisis que va acompañado con grandes dosis de autocrítica, a la hora de entrar a hablar dentro del campo de las ideas, su reflexión despeja todo tipo de dudas que pudieran haber surgido, cuando dice que “no hay una alternativa global a la explicación social del marxismo” porque en la actualidad nadie ha planteado una teoría para salir de esta situación, el marxismo no da respuestas a muchas de las situaciones actuales, pero “tampoco tenemos otra herramienta” porque lo que hay enfrente no sirve. Mujica nos habla de un posmarxismo con la dificultad que no ha surgido un ideólogo que esté a la altura de Marx para darnos una explicación global del mundo actual.
Pepe Mujica en el encuentro de la Confederación de Sindicatos de Trabajadores de Amércia (Wikimedia Commons)
La visión ideológica y política de Pepe Mujica hay que entenderla teniendo siempre presente los movimientos políticos que han surgido en Latinoamérica, con sus peculiaridades, que muchas veces no son comprendidas desde la vieja Europa. Conceptos como patria, liberación nacional, banderas que levanta la izquierda en esos países, en contraposición al imperialismo y a las políticas que van de su mano, tienen un significado muy arraigado en ese continente, y muy alejado del concepto que tenemos por estas latitudes.
Pepe Mujica en un acto de UNASUR en apoyo a Evo Morales
Mujica hace un repaso histórico a la política uruguaya y nos ofrece algunas pinceladas sobre los países latinoamericanos. Los momentos convulsos vividos a lo largo del siglo XX en su país, los golpes de Estado de todo tipo, las diferentes sensibilidades dentro de la izquierda, la forma de hacer política, que para los lectores que no vivimos de cerca la política de esas latitudes no deja de ser interesante. Y dentro de todo ello el frentismo, esa convicción de toda la izquierda uruguaya, que, para ganar electoralmente a la derecha, pasa por su unidad independientemente de sus sensibilidades. Una lección para aplicar en estas latitudes que se pone más el foco en las diferencias, como así lo recoge Arnaldo Otegi en el prólogo a esta edición, porque “si no sumas no ganas” y para ello hay que deshacerse del sectarismo dogmático.
Al escucharle hablar de la vida y de darle algún sentido, nos encontramos a una persona que ha sido coherente con su forma de vivir, con esa humildad y austeridad de la que ha hecho gala a lo largo de los años, y alejada de la pompa que tanto les gusta a muchos dirigentes de la izquierda.
Pepe Mujica, fiel a sus principios, nos anima a seguir luchando, diciendo que “el capitalismo no es el fin de la historia, que ninguna derrota es definitiva y que los únicos derrotados son los que bajan los brazos”, porque esta vida no es más que luchar desde que nacemos hasta el último suspiro.
Y su forma de ver la vida se podría resumir en su última frase: “La esperanza es caminar, y el guerrillero que no camina está frito. Me duelen los huesos, pero todavía voy andando”. A lo que solo se puede añadir, Pepe, que la tierra te sea leve.
Semillas al viento. José Mujica. Baigorri Argitaletxe
La fontanería del PNV ha realizado una lectura clara de la situación del partido y, como no podía ser de otra manera, ha tirado de manual, para lo que ha utilizado la estrategia del gatopardismo, el cambiar todo para que nada cambie.
Un partido que, aunque sigue teniendo las cuotas más altas de poder en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, lleva cinco años sufriendo una caída continua en sus resultados electorales, y sólo gracias a los pactos con el PSE y las ayudas, que en más de una ocasión ha recibido de la derecha extrema española, han evitado que dejase de controlar algunas instituciones. Todo ello se ha visto reflejado en el proceso interno que han llevado a cabo en los últimos meses, poniendo en todo momento el foco en la renovación de los cargos internos. Una auténtica lucha por el poder en los territorios, pero carente de debate político.
Ahora, con la renuncia de Andoni Ortuzar a seguir en la batalla por continuar presidiendo el EBB, el régimen puede seguir durmiendo tranquilo. Aquí lo único que se ha dirimido es el quítate tú para ponerme yo, y en palabras del actual presidente del EBB “ha surgido otra candidatura con la suficiente ambición para asumir la presidencia del EBB”. Eso: “ambición”, porque en todo este proceso interno, lo que ha estado en un segundo plano ha sido el debate de las propuestas políticas; en ningún momento se ha percibido diferencias programáticas ni ideológicas entre los diferentes candidatos. Han surgido caras nuevas en la elección en los órganos territoriales, pero sin cuestionar la línea llevada hasta ahora, porque cuando se da un proceso de este tipo, lo importante es la confrontación de ideas, de modelo de país y de sociedad. Y, por el contrario, la única autocrítica que se ha podido leer es que su problema radica en no saber comunicar con la ciudadanía; cuestiones de carácter cosmético. A partir de ahí, que cada cual saque sus propias conclusiones.
Urlullu, Imaz y Aurrekoetxea (Wikimedia Commons)
La realidad, y lo importante para la sociedad, es que el PNV no tiene ninguna intención de cambiar su modelo de políticas neoliberales que acaban por dinamitar los derechos sociales de las personas más desfavorecidas y que están sirviendo para blindar los privilegios de las oligarquías económicas, y así se puede ver día tras día cuando en los parlamentos de Madrid o Gasteiz defienden los intereses de las empresas energéticas, la banca o los grandes tenedores de viviendas. Señor Imaz, tranquilo, que no es necesario que la patronal de las empresas energéticas se presente a las elecciones, nada mejor como los cinco diputados del PNV en la Carrera de San Jerónimo para defender sus intereses.
El clientelismo que ha generado el PNV en las instituciones donde gobierna ha sido una constante a lo largo de los años. Solo hay que tirar de hemeroteca para ver los casos de corrupción que le han salpicado. Sonroja ver como los beneficiados por las adjudicaciones públicas son ilustres apellidos del entorno del partido, y como la salida de la política de sus dirigentes suele ir acompañada de la puerta giratoria de turno. Nada nuevo bajo el sol; como buen partido del régimen del 78, ha sido una máquina electoral concebida para perpetuarse en el poder y para ello el clientelismo ha sido, es y será una herramienta fundamental.
Jose Luís Bilbao y Andoni Ortuzar (Wikimedia Commons)
Cuando surgió la noticia del abandono de Andoni Ortuzar a la reelección de presidente el EBB, los periodistas fieles al régimen no dudaron en ningún momento en alabar al PNV, como partido “serio”, que “trajo la democracia a España” que siempre ha ayudado a la “gobernabilidad de España”, y que “sirvió para dar estabilidad a diferentes gobiernos”. Es decir, traducidos estos eufemismos a un lenguaje de andar por casa, lo que nos quieren decir es que ha sido un partido que aceptó la monarquía impuesta por el dictador en detrimento de la República, última forma legítima de gobierno, que fue un puntal en esa estafa que denominan Transición, entrando a dar apoyo y cobertura a gobiernos que han aplicado métodos nada democráticos: terrorismo de Estado, torturas, etc.…, un partido que ha mirado más a sus intereses particulares que a los generales o sino ¿cómo se entiende la reivindicación de la titularidad de la sede del Gobierno Vasco en París y no solicitar la devolución de todos los bienes incautados por la dictadura a personas fieles a la II República? Pero como bien ha dicho Aitor Esteban recientemente en las redes sociales: “Alderdia, aberria” (partido, nación). Es decir, primero el partido y luego todo lo demás.
La injerencia de los países occidentales en la política interna de terceros países no deja de ser una constante. No renuncian a seguir tutelándolos, como si a día de hoy Occidente siguiera siendo la metrópoli y el país en cuestión una colonia. En estos momentos uno de los países que se lleva la palma no es otro que Venezuela. En lo que concierne al Estado español, el grado de intromisión es tal, que ha pasado a formar parte de la política interna y es motivo de debates en el Congreso ¿Se imagina alguien que en el Congreso de los diputados se debatiera acerca de la calidad democrática de las elecciones en los EEUU o en Turquía? No, pero si es Venezuela todo vale.
En ese contexto, las diferentes familias de la ultraderecha española lo están utilizando como un recurso más en su pugna por desgastar al gobierno del PSOE-Sumar. Y en todo ese bombardeo, le ha faltado tiempo al PNV para entrar en ese barro, cosa que a algunos bienintencionados les ha dejado algo descolocados, pero si uno escarba un poquito, la estrategia del PNV en absoluto es fruto de la casualidad. Por detrás de todo ello hay una línea ideológica y política que perdura en el tiempo, aunque no saque el mismo ruido que la ultraderecha, y no es otra que la defensa de la oligarquía venezolana y estar al servicio de las políticas atlantistas.
Sin embargo, en esta ocasión el PNV ha ido demasiado lejos. Su defensa de los intereses de las élites venezolanas, con la excusa que muchos de ellos son descendientes de vascos, recurso que tiene poco o nulo recorrido, le ha llevado a ir de la mano de Abascal, Ortega Smith y Cayetana Álvarez de Toledo, es decir, lo más casposo y ultra de la política española.
Lider utraderechista Santiago Abascal (Wikimedia Commons)
La actitud de los jeltzales sencillamente no tiene un pase. En todo el proceso electoral que se ha vivido en Venezuela los de Sabin Etxea no han respectado ni la soberanía, ni las resoluciones de las diferentes instancias jurídicas de este país; han dado por buenos unos resultados, sustentados en unas actas que posteriormente hemos sabido que eran falsas, hasta el extremo que el candidato opositor, Edmundo González se ha desvinculado de ellas ¡vaya tufo!
Actuando de esa forma, la cuestión es sencilla: cómo se va a poder tomar en serio al PNV cuando habla de pedir la soberanía para Euskal Herria, cuando no respeta la soberanía de un Estado que es independiente y con asiento en diferentes organismos internacionales, como la ONU. Parece que han olvidado que el libertador de Venezuela, Simón Bolivar, tiene sus raíces en Euskal Herria. Esta actitud del PNV no deja de ser una tomadura de pelo. Esto no va de defender o atacar a Maduro, va de respetar a un país soberano. Y si todo esto es grave, aún lo es más el hecho que en toda esta cacería en contra de las autoridades venezolanas, vaya de la mano de los partidos de ultraderecha españoles, los mismos que niegan la soberanía del pueblo vasco para decidir su futuro.
Hay que decir que la actitud de su socio de gobierno en Ajuria Enea es infumable, decidiendo dar asilo político a una persona sobre la que hay una acusación formal de las instituciones judiciales venezolanas por una serie de cargos, y no digamos, la de la ministra Margarita Robles, la más ultra del gobierno, que llama dictador a Maduro. Pero el PNV ha decidido ir más lejos y se ha unido a la ultraderecha española para dar un paso que ni la UE se ha atrevido a dar, como es el reconocer a Edmundo González como presidente legítimo de Venezuela. Y curiosidades de la vida, la votación en el Congreso se ha celebrado un 11 de septiembre, aniversario del golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile, y votando de la mano de quienes han blanqueado durante décadas la dictadura de Pinochet. Esa ultraderecha española que aplaudiría una intervención de militar en Venezuela por parte de alguna potencia de la región. Esto es lo que ocurre en política, que hay que saber elegir los compañeros de viaje.
Margarita Robles con el secretario de defensa norteamericano (Wikimedia Commons)
Por cierto, si tanto le preocupa al PNV los descendientes de vascos, podían poner el foco en la Argentina de Milei, donde muchos de ellos están viviendo una situación social que es insostenible.
La ultraderecha española llevaba semanas cocinando este potaje y sólo le faltaba ponerle el perejil para rematar su guiso, pero ha llegado el PNV y lo ha puesto sin que nadie se lo haya solicitado. Se ha apuntado a la fiesta y, claro, los organizadores encantados de haberse conocido. Lo que habrán pensado es que ya falta menos para volver a reeditar un nuevo trifachito ¡Al tiempo!
La liberación de Pablo González ha sido sin duda alguna, junto a la de Julian Paul Assange, la mejor noticia en mucho tiempo para los defensores de la libertad de comunicación, expresión y los DDHH. Pero dicho esto, también tiene sus sombras y su cara más rancia, que no es otra que la forma en la que se ha producido su liberación, poniendo fin al secuestro al que estaba sometido por parte del Gobierno polaco desde hace casi dos años y medio. Y es que no cabe la menor duda que esta no era la forma en la que Pablo hubiera querido obtener la libertad.
Tanto él, como su familia, en todo momento han luchado para lograr su libertad como consecuencia de la celebración de un juicio con todas las garantías, en el que hubiera podido defenderse y quedase clara su inocencia, porque no hay que olvidar que Pablo no la tenía que demostrar, puesto que la carga de la prueba recaía en todo momento sobre el gobierno polaco, quien debía de probar las acusaciones por la que fue encarcelado y sobre las que nunca presentaron una sola prueba. Todo quedaba en acusaciones con un tono de gran gravedad, pero que no pasaron de ser una mera teatralización ante los medios de comunicación, todo ello para justificar su encarcelación.
A lo largo de estos casi dos años y medio ha reinado el secretismo y el silencio por parte de las autoridades polacas, y ante esa actuación, la actitud del Gobierno español y de las instituciones de la UE no han destacado por preservar los derechos de sus ciudadanos, pues no olvidemos que Pablo González tiene doble nacionalidad: española y rusa. La primera al ser un nieto de los niños de la guerra que fueron llevados a la URSS, y la rusa, porque nació en ese país. Y ninguna institución ha hecho nada para preservar sus derechos. El gran delito de Pablo no ha sido otro que tener la nacionalidad rusa, pues ese dato es el que de forma machacona se ha repetido en innumerables ocasiones tanto por el Gobierno polaco como por los medios de comunicación, cuando se trataba el tema de su encarcelación; la posesión de un pasaporte ruso convertido en prueba acusatoria, la Inquisición del siglo XXI en estado puro.
En este contexto de atropello jurídico, hay que añadir las condiciones inhumanas en las que se ha encontrado encarcelado, y las consecuencias se resumen en que todavía se encuentra ingresado en un hospital de Moscú, debido a un problema que le han detectado en el pulmón. Este es el trato que ha recibido un ciudadano comunitario en una prisión de un país que pertenece a la OTAN y a la UE. No es que por ser comunitario deba de tener mejor trato, porque debería de ser igual para cualquier ser humano, pero el hecho que sea ciudadano comunitario obliga al país donde se ha producido la detención a seguir un protocolo, cosa que en el caso que nos ocupa no se hadado en ningún momento. Todo ello nos muestra en qué contexto se produjo su detención y su posterior encarcelamiento.
En todo este proceso de liberación, a día de hoy, hay muchas preguntas que siguen en el aire, entre otros motivos, porque durante todo el tiempo que ha durado su encarcelamiento, en Occidente se impuso el silencio en todo este tema, con el apoyo mediático de la inmensa mayoría de los medios de comunicación, que han seguido a pies juntillas las directrices que recibían desde los gobiernos español y polaco por un lado, y de las organismos y organizaciones internacionales, véase UE y OTAN, pero sobre todo, de esta última, pues no deja de ser la que está liderando la ofensiva en todos los ámbitos en la guerra de Ucrania, y la guerra mediática e informativa es un espacio tan importante como el militar. En este contexto, en el que el Gobierno polaco no presentó ni una sola prueba ni fue capaz, en más de dos años, de realizar un juicio con garantías, estamos asistiendo a un bombardeo mediático en el que están apareciendo informaciones en las que se está acusando a Pablo González de ser expía de Rusia, pero sin aportar ni una sola prueba, puro trabajo de intoxicación mediática. Lo que no han logrado por la vía judicial, lo quieren conseguir a través de los medios de comunicación. No hay que ser muy avispado para saber quién está detrás de toda esta campaña. El hecho que tras su liberación haya sido recibido por Putin, como el resto de las personas que llegaron a Moscú como consecuencia del intercambio de presos, les ha servido como munición para escribir todo tipo de comentarios y elucubraciones sin ningún rigor, pero para poco más, sencillamente, una cortina de humo con poco recorrido.
Cartel de los sindicatos de periodistas reclamando un juicio con garantías para Pablo González
Durante estos dos años y cinco meses, hemos visto que el Gobierno español no es que se haya puesto de perfil, sino que no se ha preocupado por un ciudadano con pasaporte español; en ningún momento ha exigido a las autoridades polacas que presentaran pruebas y que celebrasen un juicio lo más rápidamente posible y con garantías. Por el contrario, ha hecho seguidismo del gobierno polaco, cosa muy diferente de otros casos de ciudadanos del Estado español que han sido detenidos en el extranjero. La comparación ha sido sencillamente escandalosa y humillante para Pablo y su familia. El Ministerio de Asuntos Exteriores, con su titular a la cabeza, ha sido una marioneta de la OTAN y EEUU, ha hecho dejación de la soberanía a la hora de defender los derechos de un ciudadano con pasaporte español que estaba realizando una labor de comunicación en otro país de la UE y la OTAN, y en ningún momento ha exigido un juicio rápido y con garantías; ha sido incapaz de exigir la aplicación de la legislación europea para casos de ciudadanos de la UE encarcelados en un país miembro. Y todo ello ha sucedido en un Estado, cuyo funcionamiento de la justicia ha sido cuestionado y sancionado nada más y nada menos que por la UE, la misma que desde un tiempo a esta parte ha entrado en una deriva de blanqueamiento de la ultraderecha europea ¡Cómo tiene que ser el nivel de la justicia en Polonia para recibir un rapapolvo de Bruselas!
Pero si lo expuesto hasta aquí es muy grave, esto se incrementa con las declaraciones de Pablo González, en las que ha manifestado que ha sufrido torturas y que le indujeron al suicidio. Ante esta situación, el Gobierno español, a través del Ministerio de Asuntos Exteriores, está tardando en abrir una investigación para exigir responsabilidades en este asunto, de lo contrario, quedará en evidencia que en todo esto no ha dejado de ser un títere de los EEUU y la OTAN, haciendo dejación de su soberanía. Y todo esto con un gobierno que dice ser progresista.
Concentración ante el Ministerio de Asuntos Exteriores
Siendo conscientes que a lo largo del proceso que se ha seguido en la liberación de Pablo, ha predominado el silencio y la discreción al ser un tema muy delicado en el que el intercambio de prisioneros ha sido el más grande desde 1985, todavía quedan muchas cuestiones por aclarar. Hasta ahora lo poco que tenemos claro es que la negociación ha sido liderada por EEUU por parte de la OTAN y que las negociaciones se han prolongado durante muchos meses. En todo esto el Estado español no ha pintado nada y Polonia tampoco parece que haya tenido un gran protagonismo en todo este proceso. Ello hace pensar que el motivo por el que no se ha celebrado su juicio es, sencilla y llanamente, porque para el Gobierno polaco, para EEUU y la OTAN era una valiosa moneda de cambio en esas negociaciones.
Con la liberación de Pablo González, el Gobierno polaco se ha quitado una patata caliente, porque el tiempo avanzaba y en ningún momento se vislumbraba que presentaran alguna prueba. Lo único que hacían era prorrogar su estancia en prisión, por lo que una de las conclusiones que se podrían entresacar es que mientras durase el conflicto ucraniano, Pablo se había convertido en un rehén en manos de un país de la OTAN, para lograr utilizarlo en las negociones anteriormente mencionadas.
La aprobación de la ley de Amnistía ha sido como el parto de los montes, no le ha faltado de nada y ha sido una de las leyes, sino la que más obstáculos y trabas ha tenido que sortear hasta su aprobación final. Todos los intentos que ha habido para torpedearla han servido para la dejar al descubierto la nula calidad democrática de algunas instituciones del Estado español; han actuado como auténticos poderes fácticos que no podían soportar que la representación de la soberanía popular estuviese por encima de todas ellas, pues eso de que se apruebe una ley sin su beneplácito no es algo que lleven muy bien.
No tengo intención de extenderme en analizar el fondo jurídico de la norma, únicamente me limitaré a manifestar que el Preámbulo de la ley construye un discurso que desde el punto de vista jurídico no hay nada que objetar a la hora de despejar las dudas sobre su constitucionalidad. Otra cuestión mucho más discutible es el alcance de la amnistía, y en concreto quienes tienen que ser los beneficiados por ella, si ésta debe de servir para eximir al Estado y, por ende, a sus funcionarios que ejercieron una represión en algunos momentos del procés, sobre todo en los hechos acaecidos el 1 de octubre de 2017.
Ahora bien, cuando ese Preámbulo entra a exponer el espíritu de norma desde un prisma puramente político, es cuando uno percibe que no sirve para la resolución del conflicto, y no vale porque se desvirtúa lo que debe de ser una verdadera ley de amnistía. En este caso no es una herramienta para la solución del problema político existente en Catalunya, sino que está pensada más bien, como resolución a un problema de índole judicial, obviando que el origen de toda esta situación se encuentra en el deseo de la ciudadanía de Catalunya a ejercer el derecho a su libre determinación. Es decir, intenta resolver las consecuencias del conflicto, pero no su origen.
Esta ley enfoca la amnistía como un borrón y cuenta nueva, un ejercicio de reconciliación que deja a un lado el problema de fondo. Lo que nos quieren decir es que con la concesión de la amnistía el conflicto político ya está superado, algo totalmente alejado de la realidad. La ley ignora que el conflicto político es el todo y lo que quiere remediar esta amnistía es la parte, porque la represión que se ejerció contra políticos, activistas políticos, funcionarios y ciudadanía es una parte de ese todo y las condenas y procesos judiciales no dejan de ser una consecuencia del conflicto.
Manifestación en Barcelona el 10 de julio de 2010 (Wikimedia Commons)
Dentro de este análisis, un error de bulto que se da continuamente es que cuando se dice que el procés ha muerto, también se está dando por finalizado el conflicto, cuestión que encontramos en el Preámbulo de esta ley, porque esa es la idea que flota a lo largo del texto, por tanto, desde un punto de vista político, la cuestión de fondo sigue sin ser abordada. El equiparar el procés con el conflicto no es una cuestión únicamente de mezcla de conceptos o de ignorar la realidad, por el contrario, más bien es el deseo de querer dar carpetazo al problema de fondo existente, alegando que el procés ha muerto.
Cuando el proceso de gestación de la ley de amnistía empezaba a ponerse en marcha, allá por el mes de octubre, y se empezaba a conocer por donde iba a avanzar el borrador de Proposición de Ley, tuve la oportunidad de asistir a una tertulia en el Ateneo de Madrid, que con el título “democracia, amnistía y autodeterminación”[1] se analizó en profundidad estas tres cuestiones. En ella, uno de los intervinientes, Albert Noguera, profesor de Derecho Constitucional, expuso que la amnistía abría tres escenarios: en el plano individual, se daría un efecto de victoria, pues se lograría superar la situación personal de todas aquellas personas que sufrieron la represión; desde el punto de vista de pueblo, se daría una derrota, porque la sociedad catalana ha estado reivindicando una amnistía que reconozca lo que sucedió en Catalunya durante el procés y que sirva para resolver el conflicto, cosa que como he dicho anteriormente, la norma aprobada no reúne ninguna de estas premisas. Pero Albert Noguera planteaba un tercer escenario, como Estado, plano en el que entendía que se abriría un efecto de oportunidad, porque durante toda la legislatura actual, en un contexto de conflictividad, habría posibilidades de lograr cesiones por parte del Gobierno. Pues bien, una vez que se ha aprobado la Ley de Amnistía y después de ver los resultados de los últimos procesos electorales, para el independentismo esa ventana de oportunidad se está cerrando poco a poco.
Roger Torrent, presidente del Parlamento de Cataluña, en un acto para pedir la libertad de los presos políticos (Wikimedia Commons)
Por ello, entiendo que de la lectura de la ley es más de derrota que de victoria para el independentismo en todos los aspectos, porque esta ley en ningún momento dice que esta amnistía viene a reparar el daño producido por la represión ejercida por los aparatos del Estados, en concreto la originada por la judicatura con las sentencias dictadas, porque si en un principio en Catalunya la represión vino de la actuación de los aparatos policiales del Estado, posteriormente hubo una represión derivada de las diferentes resoluciones judiciales en las que se vulneraron derechos fundamentales. El hecho que para las instituciones del Estado Central, el referendum del 1 de octubre de 2017 careciese de validez jurídica, en ningún momento tenía que haber conllevado la aplicación de ningún precepto penal, porque eso era vulnerar los derechos fundamentales de la población. Dicho de otra forma, las sentencias se han dictado en clave política y no jurídica. Un lawfare de libro.
Al tratar esta cuestión, me suele venir a la memoria que el mismo año del referéndum de Catalunya, la oposición venezolana realizó una consulta con la finalidad de modificar la Constitución del país, pero con la peculiaridad que carecía de toda eficacia legal, pues fue convocado unilateralmente por la oposición, obviando que no tenía legitimidad para ello, porque lo hizo al margen del organismo que en Venezuela tiene competencia para poder convocarlo, que es el Poder Electoral. El referendum lo hicieron montando sus urnas, no pasó nada, porque el Gobierno venezolano les dejó que lo hiciese, pero eso sí, no tuvo eficacia jurídica de ningún tipo y nadie de la oposición acabó entre rejas por ello. A todo esto, la derecha española apoyó incondicionalmente la iniciativa de la oposición venezolana.
La amnistía no deja de ser un cierre en falso, porque lo que hay que plantearse es cómo y por qué se ha llegado a esta ley de amnistía. Ello nos lleva obligatoriamente a entrar a analizar la posición del PSOE en todo este proceso, y como no, remontarnos a ese mes de octubre de 2017 y el posicionamiento que tuvo. Su trayectoria ha ido marcada por sus necesidades políticas en cada momento, más que por una convicción política para la solución del conflicto. Ha ido haciendo de la necesidad virtud, lo que le ha llevado a realizar un ejercicio de contorsionismo político difícil de encontrar.
El PSOE pasó de defender la aplicación del 155, votando a favor en el Senado, a ir moldeando su discurso en función de sus necesidades y de cómo se han ido desarrollando los acontecimientos políticos, puro tacticismo, con la vista puesta en los réditos electorales que pudiera obtener. Ello le ha llevado a adoptar posturas ciertamente contradictorias a lo largo de esto últimos años. De afirmar que la amnistía no cabía en la Constitución, cosa que no se sostiene, como ha quedado acreditado en el Preámbulo de la ley, a decir que es totalmente constitucional. Pero algo similar le ha pasado con los indultos y con otras cuestiones que se han dado a lo largo de los últimos años, a la hora de tratar el conflicto de Catalunya. La última sin ir más lejos la estamos viviendo estos días; han pasado de decir que Catalunya no puede tener un régimen fiscal diferenciado a defender su singularidad, pero con la condición que ERC facilite a Illa presidir el Govern, lo cual demuestra que en el PSOE más que una convicción por su propuesta, lo que prevalece es el tacticismo para llegar al poder.
Manifestación en Barcelona el 26 de octubre de 2019 (Wikimedia Commons9
La lectura que si ha sabido hacer el PSOE es la de ir gestionando todo este debate desde la idea de romper al bloque independentista, siendo conocedor que el motor de procés, desde que la sentencia del Tribunal Constitucional recortó el nuevo Estatut, ha sido la sociedad catalana, muy por delante de los partidos; fue la que obligó a estos a hacer suya la reivindicación del derecho a decidir. Todo ello le ha llevado a realizar una política de desgaste que hasta la fecha le ha dado buenos frutos puesto que en las diferentes citas electorales que ha habido desde mayo de 2023, una parte importante del electorado independentista ha optado por engrosar la abstención. El objetivo estratégico del PSOE ha sido desmovilizar al electorado independentista y eso pasaba por crear divisiones entre los partidos independentistas. Esto no deja de ser flor de un día para el PSOE, porque a poco que las condiciones puedan variar, la balanza caerá del lado independentista, pero a día de hoy, no cabe duda que le está dando frutos.
No se puede poner en cuestión que la ley de amnistía era necesaria para paliar la situación judicial de varios cientos de personas anónimas que tienen procesos penales abiertos por infinidad de situaciones que se vivieron durante esos meses. Desde el responsable de un colegio por facilitar sus instalaciones para realizar el referendum, pasando por funcionarios y ciudadanos que participaron en la celebración de la consulta. Un sinfín de personas y situaciones que desde un punto de vista personal necesitan beneficiarse de esta ley. Esta situación no la ha dejado escapar el PSOE, y ha dirigido sus esfuerzos en aprobar una ley que no es el inicio para la resolución del conflicto y que incluye en la amnistía a policías y guardias civiles que participaron en la represión. Una repetición de lo que ocurrió con la Ley de Amnistía de octubre de 1977, en la que los grandes beneficiados fueron todos los miembros de los aparatos del Estado franquista, lo que demuestra una vez más que el PSOE es el fontanero del régimen del 78.
[1] La tertulia republicana “Cesar Herrero” organizó el 23 de octubre de 2023 en el Ateneo de Madrid un acto con el título de “Democracia, amnistía y autodeterminación”, en el que intervinieron Ramiro García de Dios, magistrado emérito; Begoña Lalana, abogada y Albert Noguera, profesor de Derecho Constitucional Univ. De Valencia. Este es el enlace para poder ver el acto: Tertulia Republicana «César Herrero». Ateneo de Madrid. 23-10-2023 (youtube.com)