Letamendia. Un referente intelectual de la izquierda abertzale

el libro más emblemático de Francisco Letamendia fue “Historia de Euskadi: el nacionalismo vasco y ETA”, editado en 1975 por Ruedo Ibérico en París, llegando a tener una segunda edición en 1977. Esa obra fue fundamental en aquella etapa, y me atrevería a decir que imprescindible para entender la historia del pueblo vasco desde una óptica marxista

Letamendia. Un referente intelectual de la izquierda abertzale

Al tener conocimiento del fallecimiento de Francisco Letamendia “Ortzi” no he podido evitar retrotraerme unas cuantas décadas atrás, lo que me ha permitido recordar innumerables hechos y situaciones en los que de una u otra forma Ortzi tuvo un papel destacado en su faceta pública, pero también es importante recordar la huella que ha dejado en otros ámbitos. Ese proceso de refrescar la memoria que algunas veces está un tanto aletargada suele necesitar un pequeño estímulo para que fluya, y en  mi caso ha sido suficiente dirigirme a una de las baldas donde tengo varios de sus libros, que me traen innumerables recuerdos y anécdotas, pero por encima de todo ello, destacaría lo que he aprendido con ellos cuando los he tenido entre mis manos. Todos ellos los he leído más de una vez a lo largo del tiempo, algunos de ellos los tengo subrayados, y la primera vez que cayó sobre mis manos un libro suyo, tenía tan solo catorce años. Era ni más ni menos que “Historia de Euskadi: el nacionalismo vasco y ETA”, en aquellos tiempos, finales de los años 70, era un referente. La anécdota de ese libro es que me lo dejó una militante del PNV. Ya sé que a más de uno este detalle le puede parecer surrealista, pero en política no hay nada imposible, y tengo que reconocer que el primer sorprendido fui yo. Me lo dejó sine die, lo cual me permitió dedicarle muchas horas a su lectura, y en cuanto tuve ocasión lo adquirí.

Pero vuelvo a la figura de Pako Letamendia que tiene muchas aristas y se puede analizar desde muchas perspectivas. Sin duda alguna, para muchas personas de fuera de Euskal Herria y de una cierta edad, su faceta más conocida fue la política, y, en concreto, la relativa a su paso como diputado del Congreso de Euskadiko Ezkerra desde junio de 1977 hasta primeros de noviembre de 1978, pero su trayectoria vital ha sido mucho más amplia, lo cual es imposible sintetizar en unas cuantas cuartillas, por lo que me limitaré a dar algunas pinceladas desde una visión un tanto personal.

Letamendia se dio a conocer con el Juicio de Burgos, al hacerse cargo de la defensa de Itziar Aizpurua, siendo el letrado más joven de los que participó en ese consejo de guerra, corría diciembre de 1970. Hasta entonces había compaginado su labor como abogado laboralista y de presos políticos vascos, y a partir de esa fecha se exilió al otro lado del Bidasoa, para volver a mediados de esa década. Los que han estudiado aquella época han escrito que tuvo una participación activa en la VII Asamblea de ETA político-militar celebrada en septiembre de 1976, pues, aunque no era militante de dicha organización, presentó una ponencia para su debate. Pero su figura como personaje político tomó una relevancia que ya no pasaría desapercibida una vez que fue elegido diputado por Gipuzkoa en las elecciones de junio de 1977, al ser cabeza de lista de la coalición Euskadiko Ezkerra. Esta candidatura estaba formada por los partidos EIA[1], al que pertenecía Letamendia, y EMK[2].

Eran las primeras elecciones desde febrero de 1931, y no me atrevería a llamarlas democráticas por varias circunstancias de peso, pero dos de ellas es necesario mencionarlas para poder hacer una fotografía del momento. Por un lado, a esas elecciones no pudieron acudir todos los partidos, porque a nivel del Estado español hubo un veto insalvable; todos los partidos que se definían como republicanos no lograron su legalización, es decir, todo lo que había a la izquierda del PCE no pudo presentarse con sus siglas, ni tampoco el Partido Carlista, porque también estaba a favor de una República Federal. Y por lo que respecta al ámbito vasco, los partidos políticos del espacio de la izquierda abertzale tampoco estaban legalizados porque en sus estatutos abogaban por la independencia de Euskal Herria. De hecho EIA y EMK, partidos que organizaron la candidatura Euskadiko Ezkerra, no estaban legalizados, ni ninguno de los partidos que formaban parte de KAS. Y el segundo motivo es que todavía no había habido una amnistía de la que se beneficiasen todos los presos políticos. Por tanto, fueron unas elecciones un tanto suigéneris.

Retomando la figura de Francisco Letamendia, empiezo a conocerlo cuando en junio de 1977 obtiene su acta de diputado en el Congreso, y no puedo ocultar que su oratoria y capacidad dialéctica me tenían maravillado. Era imposible que pasase desapercibido un diputado que sacaba petróleo de los poquísimos minutos de los que disponía para poder defender sus planteamientos, sin que le asustase la soledad que pudiera tener en el Congreso.

Para un preadolescente, como era mi caso, su presencia en un hemiciclo viciado desde su constitución, en el que gran parte de los escaños estaban ocupados por caras muy conocidas de la dictadura franquista y, por otro lado, por políticos que habían estado invernado durante varias décadas, a la espera del fallecimiento del dictador, Letamendia no dejaba  de ser una rara avis; era de las pocas voces que podía llamar a las cosas por su nombre; había sido defensor de presos políticos, había sufrido la represión, lo que le llevó a exiliarse durante un tiempo, y tenía una cosa clara: no podía defraudar al sector de la ciudadanía a la que representaba, algo que no suele ser muy común en el espacio de la izquierda.

En ese periodo en el que fue diputado supo hacer una lectura del papel que estaba desempeñando. Teniendo en cuenta las tensiones que había en la coalición Euskadiko Ezkerra, que se materializaron con el abandono por parte de EMK, y las disensiones internas existentes en EIA, sobre todo, por el viraje que había adoptado en relación con el régimen preautonómico, es ahí donde tuvo una visión por encima de siglas e intereses partidistas; las circunstancias lo habían colocado como la única voz que iba a poder defender en el debate constitucional las reivindicaciones de la izquierda abertzale, de los que votaron a Euskadiko Ezkerra y de los que, como las organizaciones de KAS, pidieron la abstención. Pero su voz fue más allá, porque fue altavoz de todos los sectores oprimidos del Estado español.

En esa labor siempre me ha llamado la atención la lectura que sabía realizar de lo que se debatía en el Parlamento, y para ello traigo a colación la Ley de Amnistía, a la que se opuso y se abstuvo en la votación. Cuando hoy en día las asociaciones memorialistas y de víctimas del franquismo que están luchando porque no queden impunes los crímenes del franquismo y de los primeros años de la monarquía, se topan a diario con la Ley de Amnistía de octubre de 1977 que impide enjuiciar a los responsables de dichos crímenes, ya en aquel entonces, diciembre de 1977, Letamendia lo dejó claro en el Congreso, en una intervención que mantuvo y en la que respondiendo a Fraga Iribarne dijo “que bien le ha venido a hombres como el señor Fraga la Ley de Amnistía, que ha impedido investigar hasta el fondo la verdadera responsabilidad de estos hechos”, en relación con los sucesos de Málaga con el asesinato de Manuel José García Caparrós y Javier Fernández Quesada en Tenerife. Dos de los múltiples hechos que se dieron durante lo que llaman modélica y pacífica Transición. A este respecto, sólo decir que  la Ley de Amnistía fue aprobada con los votos del PSOE, PCE, PNV y CiU, entre otros.

Fueron muchas las batallas dialécticas que mantuvo con Fraga Iribarne en el hemiciclo. En un debate en el Congreso de los diputados, el ex ministro de Franco definió a Letamendia como “portavoz de la izquierda extraparlamentaria, de los gitanos, de los quinquis y de las prostitutas”, a lo que el diputado abertzale le respondió, “si yo consiguiera serlo me honraría; ya ve usted, señor Fraga, todos tenemos que jugar nuestro papel, yo intento defender a los desvalidos y usted defiende, sin duda, a los poderosos”.

Al margen de su actividad política, su faceta como escritor, con más de una treintena de obras publicadas, unido a su labor docente, es la actividad que destacaría como la más importante, habiéndole ocupado la mayor parte de su vida, y donde ha realizado una gran aportación como pensador. Como en estas líneas es materialmente imposible poder realizar un comentario de toda su obra, voy a señalar algunas de sus obras, que corresponden a sus primeros trabajos escritos. Estos hay que enclavarlos en los años 70 y primeros de los 80, los años de la Transición; época en la que tuvo una participación activa en la política vasca.

El proceso de Burgos visto desde dentro
El proceso de Euskadi en Burgos. Editorial Txalaparta

En el primer ensayo que participa es el libro que escribe mano a mano con Miguel Castells, sobre el Proceso de Burgos de diciembre de 1970. Dos de los abogados que defendieron a varios de militantes de ETA que fueron juzgados en ese consejo de guerra. Fue publicado por Ruedo Ibérico y reeditado por la editorial Txalaparta en 2020. Un libro imprescindible para entender lo que supuso ese juicio en los últimos años de la dictadura y las contradicciones que generó dentro de los aparatos del régimen franquista.

Letamendia. Un referente intelectual de la izquierda abertzale
El no vasco a la reforma. Editorial Txertoa

Siguiendo la estela de ese tipo de trabajos, tiene varios libros en los que realiza un relato muy pormenorizado de lo que se conoce como Transición en Euskal Herria, y que Ortzi denomina Reforma Política, porque en todo momento parte de una premisa: no se dio una ruptura con el régimen franquista, ni una transición de un régimen dictatorial a uno democrático; por el contrario, las élites políticas con la supervisión de la oligarquía, pusieron en marcha un proceso de reformas políticas, no sólo obviando una mínima crítica a la dictadura, sino que su punto de partida era la legalidad surgida del golpe de Estado de julio de 1936. Entre ellos hay uno que consta de dos volúmenes: “El no vasco a la reforma. 1º La consolidación de la reforma” y “El no vasco a la reforma. 2º La ofensiva de la reforma” (Editorial Txertoa, 1979). Son dos volúmenes imprescindibles para entender lo que fue el trampantojo de la Transición, sobre todo vista desde Euskal Herria. Temas que en aquel momento suscitaron grandes debates, como la amnistía, la cuestión de Navarra o el proceso de elaboración y aprobación del Estatuto de Gernika, que lo define como “anémico”. También se sumerge en algunas cuestiones de carácter global: Los Pactos de la Moncloa, como herramienta para doblegar las aspiraciones de la clase trabajadora y fortalecer un sistema capitalista con las bendiciones de la izquierda parlamentaria (PSOE-PCE), o la continuidad de un orden público con unos cuerpos policiales heredados de la dictadura. Pero si tuviera que destacar algo por encima del resto, sería un capítulo del primer volumen titulado “El tabú de la unidad nacional”, en el que no sólo profundiza en el concepto de nación desde una visión histórico-jurídica, sino que realiza una crítica a la idealización que realiza el nacionalismo vasco de lo que fueron los Fueros, al constatar que mientras estuvieron vigentes, no fue una “Arcadia en la que reinaba la más completa armonía y democracia y donde no existían las clases sociales”, pues se dieron enfrentamientos entre diferentes clases sociales. Frente a los planteamientos foralistas que defendió el PNV durante el debate constitucional, partido que dejó muy claro a través de su portavoz, Xabier Arzalluz, que no cuestionaban la unidad de España ni la monarquía, Letamendia defendió el reconocimiento del derecho de autodeterminación de los pueblos, que era la forma de hacer una lectura del problema nacional desde un punto de vista marxista.

Letamendia. Un referente intelectual de la izquierda abertzale
Denuncia en el Parlamento. Editorial Txertoa

En esta línea, escribió un tercer libro, que con el título “Denuncia en el Parlamento” (Editorial Txertoa, 1978), recoge un resumen de su actividad como diputado, con intervenciones suyas y de algunos de los diputados con los que confrontó, y en el que no podían faltar los innumerables choques dialécticos con la cara más visible del franquismo, Fraga Iribarne. En este libro se puede encontrar la intervención que tuvo en el Congreso, en la que dijo ¡Que se vayan! de Euskadi las FOP[3]. Frase que se convirtió en un slogan a lo largo y ancho de Euskal Herria.

Letamendia. Un referente intelectual de la izquierda abertzale
Historia de Euskadi: el nacionalismo vasco y ETA. Editorial Ruedo Ibérico

Pero de aquella época en mi opinión, sin duda alguna, el libro más emblemático de Francisco Letamendia fue “Historia de Euskadi: el nacionalismo vasco y ETA”, editado en 1975 por Ruedo Ibérico en París, llegando a tener una segunda edición en 1977. Esa obra fue fundamental en aquella etapa, y me atrevería a decir que imprescindible para entender la historia del pueblo vasco desde una óptica marxista; es un ensayo muy denso, que requiere de una lectura sosegada. Arrancando en la prehistoria vasca, viaja por todas las edades de la historia. Desde la democracia matriarcal vasca, la romanización incompleta o la creación del reino de Navarra y la represión de la brujería, pasando por el análisis de los Fueros y las luchas campesinas, matxinadas (rebeliones), y el inicio de un proceso acumulación precapitalista durante la Edad Moderna, para finalizar este ensayo a mediados de la década de los setenta del siglo XX.

El estudio que realiza de los siglos XVIII y XIX es fundamental, sobre todo este último, para poder entender todo lo que fue el siglo XX. Se adentra en lo que representó la pérdida de los Fueros desde un punto de vista socio-económico y lo que suponía para los sectores más humildes de la sociedad vasca, sobre todo para el campesinado, en contraste con los intereses de la burguesía urbana; la contextualización que realiza de las guerras carlistas ofrece una perspectiva muy diferente de la que habitualmente se suele realizar sobre este episodio histórico. Es imposible entender el surgimiento del nacionalismo vasco sin tener un conocimiento de todo lo anteriormente expuesto, al que le dedica unos muy interesantes apartados. Anteriormente he mencionado que este ensayo sigue una metodología marxista, pues analiza la historia desde la visión de las contradicciones de clase que se han dado a lo largo de la historia del pueblo vasco, cuestión que se puede observar cuando expone las bases ideológicas del nacionalismo vasco en sus inicios de la mano de su fundador, Sabino Arana, dentro de los que fueron los movimientos nacionalistas de finales del siglo XIX en Europa.

Al siglo XX le dedica la mayor parte de esta obra: La Restauración, Segunda República, guerra civil y dictadura para llegar al nacimiento de ETA (1959) hasta 1974. De esta última parte del libro destacaría algunas cuestiones: el análisis profundo que realiza Letamendia sobre los principios ideológicos de ETA a lo largo de esa etapa (1959-1974), de la que se puede extraer que es una organización que pasa por diferentes crisis internas producto de la evolución ideológica que se va dando en ella y de que es una organización en la que el debate está siempre encima de la mesa; recoge las influencias que recibe de otras experiencias revolucionarias que se dan en aquella época por los diferentes continentes (independencia de Argelia, Revolución cubana, Revolución china, Vietnam, etc…) y la situación que se vivía en el Estado español, con la dictadura franquista.

Letamendia. Un referente intelectual de la izquierda abertzale
Konstituzio hori ez. No a esa constitución. Zutik

A lo largo del debate constitucional tuvo una participación muy destacada, teniendo en cuenta que al ser el  único diputado de su formación y estar dentro del Grupo Mixto, las intervenciones son sustancialmente menores que las de los grandes grupos parlamentarios. Ello no le impidió presentar innumerables enmiendas durante su tramitación parlamentaria. Una de ellas fue la redacción de varios artículos que formarían el título VIII bis de la Constitución, donde se regularía el ejercicio del Derecho de Autodeterminación. En el debate se posicionó y votó en contra de la Constitución de 1978 y durante ese periodo, elaboró un trabajo que con el título “Konstituzio hori ez-No a esa constitución”, fue publicado en la revista Zutik de EIA, donde comentó el borrador que aprobó la Comisión constitucional.

Letamendia. Un referente intelectual de la izquierda abertzale
Clase obrera marxismo y cuestión nacional vasca. Cuadernos de formación IPES

Durante el periodo que tuvo una participación activa en la vida política (1977-1982) también redactó algunos artículos y ponencias como la realizada para IPES en el marco de un ciclo «Marxismo, clase obrera y cuestión nacional en Euskadi” celebrado en 1980 en Bilbao. Su ponencia se tituló “La construcción de una alternativa revolucionaria: De la V Asamblea, ETA a KAS”.

Una vez que se dedicó en exclusiva a la docencia publicó una gran cantidad de volúmenes en los que no sólo profundizó sobre estos temas, sino que al ser profesor de historia vasca en la Universidad París VIII y posteriormente impartió clases de Ciencia Política en la Universidad del País Vasco se adentró en otras materias. Se podría decir que la política vasca en general, y la izquierda abertzale en particular, perdieron un político de gran valía, y el mundo de la docencia e investigación ganó a un investigador incansable. Ahora, con su pérdida, se ha ido un referente intelectual del espacio abertzale, pero también de la izquierda crítica con el régimen surgido en el 78.


[1] Euskal Iraultzarako Alderdia ,EIA (Partido para la Revolución Vasca) surge como partido político a partir de la aprobación de la ponencia Otsagabia en la VII Asamblea de ETA político-militar, celebrada en septiembre de 1976. En ella se planteaba el desdoblamiento de la organización armada, para crear un partido político abertzale y socialista. Logró su legalización en enero de 1978, pero para ello renunció a que en sus estatutos se definiera como un partido independentista y que su objetivo fuese la revolución vasca. El primer secretario general fue Goio Lopez Irasuegi, hasta la celebración del primer congreso, en el que salió elegido Mario Onaindia. En 1977, junto con EMK, organizó la agrupación de electores Euskadiko Ezkerra. En marzo de 1982, EIA y un sector del PCE-EPK (Partido Comunista de Euskadi) liderado por Roberto Lertxundi, realizan el congreso del que nacerá el partido Euskadiko Ezkerra-Izquierda para el Socialismo (EE-IPS).

[2] Euskadiko Mugimendu Komunista, EMK (Movimiento Comunista de Euskadi) pertenecía organizativamente al Movimiento Comunista (MC) a nivel del Estado español.

[3] FOP: Fuerzas de Orden Público. Policía Armada y Guardia Civil.

Nativa o extranjera, la misma clase obrera

Es necesario denunciar la hipocresía del capitalismo y de su muleta, la ultraderecha y el fascismo, pues, por un lado, criminalizan a los inmigrantes, y por otro lado los utilizan para realizar trabajos en régimen de semi esclavitud. Esto se está viviendo en muchos sectores, pero, probablemente, en las labores del campo, sencillamente es escandaloso, y lo que está claro que el inmigrante es víctima y no responsable. En la actualidad, los inmigrantes se han convertido en los esclavos del siglo XXI, por eso no podemos cargar sobre ellos la culpa de todo este problema. Parece que no se quiere ver que son las víctimas.

Todavía no son las siete de la mañana de un día cualquiera del mes de julio, el nuevo día saluda con los primeros rayos de sol, y presagia que va a ser otro día de calor insoportable. Me dirijo con paso rápido hacia la parada del autobús que me llevará a mi trabajo. Mientras espero la llegada del colectivo, observo la construcción de un bloque de viviendas que hay frente a donde me encuentro situado. Se observa movimiento en la obra, muchos trabajadores están en plena faena, otros se empiezan a incorporar a sus puestos de trabajo. No me cabe duda, hoy van a pasar una jornada laboral extremadamente dura, el calor va a hacer estragos, pero lo que aún es peor, la previsión no es nada halagüeña, y se espera que esta situación se va a prolongar más de lo previsto.

Nativa o extranjera, la misma clase obrera
Trabajadores inmigrantes de la construcción

No es la primera vez que, haciendo tiempo en la parada del autobús, suelo contemplar la construcción de esa torre de viviendas. En ese transcurrir de los días, observo los diferentes oficios que se hayan presentes en ella; la inmensa mayoría de los trabajadores son inmigrantes de diferentes continentes, donde abundan trabajadores africanos y latinoamericanos. Allí se les ve, cada uno desempeñando su labor en el tajo. Recuerdo los meses de invierno, cuando a esa hora era de noche, y llegaban todos abrigados hasta las orejas; seguro que en sus lugares de origen nunca habían soportado temperaturas tan bajas.

Al poco tiempo de haber llegado a la parada, como todas las mañanas, se aproxima una señora, y educadamente nos saludamos, dándonos los buenos días; nos conocemos de realizar el mismo trayecto; viene ataviada con su pañuelo en la cabeza, por lo que supongo que procede de algún lugar donde la utilización de esa prenda tiene un componente cultural y/o religioso. Se dirige a su trabajo, con su habitual puntualidad.

Entro en el autobús y en la siguiente parada se sube una madre con un par de niños pequeños. Se le ve que va algo apurada. Su acento cuando habla a sus críos no me deja atisbo de duda, y me hace pensar que viene de alguna isla del Caribe. Pasadas unas paradas, se bajan como una exhalación frente a un campamento urbano para niños. No me cabe la menor duda, que esa ha sido una escala técnica en el camino hacía su trabajo.

Nativa o extranjera, la misma clase obrera
Plaza de Tirso de Molina un domingo por la mañana (Wikimedia Commons)

Termino mi jornada laboral y me dirijo a lo más céntrico y castizo de Madrid. Me estoy refiriendo a la zona de Tirso de Molina, El Rastro y Lavapiés. Cuando salgo del metro me encuentro ese ir y venir de personas en uno de los barrios donde la diversidad multicultural es su seña de identidad. Personas que en su inmensa mayoría son la flor y nata de la juventud de sus países de origen, y que han recorrido miles de kilómetros en busca de una vida mejor; estos no han venido en busca de una paguita ni de una ayuda. Muchos de ellos son manteros, ¡qué nombre más despectivo! para referirnos a personas que venden todo tipo de cosas, que no me cabe la menor duda que todas aquellas en las que figure alguna marca, serán falsas, pero ¿vamos a calificar eso de delito cuando hay empresas que defraudan cientos de millones de euros a las arcas públicas? ¿dónde está nuestra vara de medir los tipos y grados de delincuencia? ¿es delito querer ganarse unos euros vendiendo un producto que el comprador sabe de antemano que no es original? No están engañando a nadie, lo único que quieren es ganarse la vida, sin más.

Observo en este barrio una anciana que va muy despacio por la calle con la ayuda de una persona que hace de cuidadora. Con toda la paciencia del mundo le va ayudando en los pasitos cortos que va dando. Es una persona que ha venido de lejanas tierras, y que su forma de ganarse la vida es cuidando de nuestros mayores. Probablemente no tenga papeles, esté cobrando en negro, el salario que reciba no llegue al mínimo y salga con miedo a la calle por si le piden los papeles, porque en la zona otra cosa no habrá, pero policía para exportar, son un elemento más del paisaje urbano, que parece que su única misión es pedir documentación a cualquier persona que les pueda parecer extranjera; es una rutina que se repite día tras día.

Nativa o extranjera, la misma clase obrera
Policía en la plaza de Lavapiés (Wikimedia Commons)

El día va llegando a su fin, y me pongo a ver las noticias por la televisión. El calor y los incendios acaparan la mayor parte de la duración del informativo, y en ese contexto de calor e incendios, dan cuenta de dos informaciones: la primera es que un hombre rumano muere como consecuencia de un golpe de calor trabajando en el campo. No había interrumpido su tarea porque el patrón le amenazó con la pérdida de su puesto de trabajo. La segunda noticia es que acababa de fallecer otra persona a consecuencia de las quemaduras sufridas unos días atrás en un incendio mientras trabajaba. El trágico suceso ocurrió en una explotación ganadera; también era de nacionalidad rumana. No puedo evitar pensar que las desgracias de todo tipo recaen sobre las personas menos favorecidas, y los inmigrantes son uno de esos colectivos que se llevan la plama.

Todo esto no es un relato producto de mi imaginación, ni es algo ficticio, sencillamente ha sido fruto de lo sucedido a mi alrededor en un día cualquiera, similar al de infinidad de personas que, como yo, pisan la calle; otra cosa es que uno no quiera ver lo que pasa en su entorno. Y a partir de ahí, lo que me viene a mi mente son algunas reflexiones sencillas, de andar por casa, en la que uno no necesita realizar análisis profundos.

Lo primero que me pregunto es hacia donde vamos como sociedad, con ese martilleo de discursos xenófobos, que se van extendiendo como una mancha de aceite. Y lo que me viene a la cabeza es de Perogrullo: nadie hace un viaje de miles de kilómetros, poniendo en riesgo su vida para ir a otro país a delinquir, vivir de las ayudas o para que se cumpla la teoría peregrina del gran reemplazo. Si, esa tesis auspiciada por la ultraderecha americana y europea, según la cual, hay un plan oculto cuya finalidad es reemplazar a la población blanca y cristiana de Europa y EEUU por personas africanas, árabes y de otras latitudes.

Al hilo de esas teorías conspirativas, donde hacen un coctel, mezclando diferentes cuestiones como la cultura, religión; lo que está detrás de todo esto no es más que un supremacismo racista. Nos están vendiendo que todos estos flujos migratorios atentan contra la civilización cristiana, que lleva asentada en Europa más de 2000 años; un discurso carente de rigor, pues obvian todas las civilizaciones que a lo largo de la historia han pasado por Europa. Lo primero que es muy discutible es si el reloj de la historia hay que ponerlo en marcha con el nacimiento de Jesús, y, por tanto, cuando surge la religión cristiana, pues el hombre llevaba existiendo miles de años antes, y había otras muchas civilizaciones que pasaron con anterioridad por Europa, y por la Península Ibérica en particular; se obvia el paso de griegos, cartagineses, romanos, civilizaciones anteriores al surgimiento del cristianismo. La amnesia selectiva que existe nos hace olvidar que una civilización, la árabe, estuvo ocho siglos en la Península Ibérica, dejando a su paso una cultura y aportando grandes inventos e innovaciones. Desde algo tan sencillo como los números que hoy en día utilizamos, pues hasta la fecha se utilizaban los números romanos ¿alguien se imagina resolver una ecuación o una integral con números romanos?, hasta algo tan simple como la higiene personal, porque los cristianos de la época eran bastante guarretes y estaban reñidos con el agua.

Desde un punto de vista económico, y hasta se podría calificar de egoísta, la conclusión que llega cualquiera que tenga algo se sentido común, no es otra que hay que ser muy necio para negar que en la actualidad la inmigración es uno de los motores de la economía de los estados desarrollados, y el Estado español no es ninguna excepción. Los inmigrantes son tan necesarios como el agua para las plantas. Por eso, esos discursos xenófobos, en los que hablan de echar del Estado español a ocho millones de inmigrantes no dejan de ser demagogia barata, con la única finalidad de captar el voto de un segmento de la población a la que le han vendido que el inmigrante es el culpable de todos sus males, responsable de la precariedad laboral, de que los salarios sean bajos, de la situación de la vivienda y el incremento de los alquileres. Sin embargo, la realidad es bien distinta, pues la situación de precariedad laboral y los bajos salarios son producto de un mercado laboral en el que la patronal campa a sus anchas, independientemente que los trabajadores sean nativos o extranjeros, y si hay que poner el foco en algún sitio, quizá habría que ponerlo en la incapacidad de la clase trabajadora y sus representantes, que parece que no han aprendido las lecciones que nos da la historia, para tener claro que las conquistas laborales y sociales no caen del cielo como regalo divino. Y en vez de pensar que nativos y extranjeros forman parte de esa misma clase obrera, y que comparten problemas, necesidades e ilusiones, algunos deciden enredarse y caer en esa caza de brujas contra lo más vulnerable de la sociedad, que en este caso viene a ser el emigrante. Pero el discurso xenófobo de la ultraderecha cala porque lo fácil es aceptar ese análisis carente de todo rigor, pero en el que ya han encontrado un culpable que no tiene herramientas para defenderse y que se convierte en la diana donde lanzar todos los dardos, en vez de poner la mirada en el epicentro de los problemas que aquejan a la clase trabajadora.

Nativa o extranjera, la misma clase obrera
Protesta antiracista

Es importante no olvidar que los que realizan este tipo de discursos xenófobos en contra de la inmigración, en ningún momento están poniendo su mirada en todos esos inmigrantes de un altísimo poder adquisitivo, esos que llegan y adquieren una vivienda en esos barrios donde viven las grandes fortunas. Esto debería hacer pensar a todas esas personas trabajadoras que equivocan el lugar donde dirigir su ira por los problemas que les acechan, pues realmente el discurso antiinmigrante por parte de la ultraderecha no va dirigido tanto contra el origen de esas personas, sino contra la clase a la que pertenecen.

Nativa o extranjera, la misma clase obrera
Trabajadores inmigrantes trabajando en el campo

Es necesario denunciar la hipocresía del capitalismo y de su muleta, la ultraderecha y el fascismo, pues, por un lado, criminalizan a los inmigrantes, y por otro lado los utilizan para realizar trabajos en régimen de semi esclavitud. Esto se está viviendo en muchos sectores, pero, probablemente, en las labores del campo, sencillamente es escandaloso, y lo que está claro que el inmigrante es víctima y no responsable. En la actualidad, los inmigrantes se han convertido en los esclavos del siglo XXI, por eso no podemos cargar sobre ellos la culpa de todo este problema. Parece que no se quiere ver que son las víctimas.

No podemos olvidar las políticas que las potencias occidentales mantienen con los países pobres, que durante siglos han sido dominados y esquilmadas sus riquezas. Estados, que si bien,  a lo largo del siglo XX lograron su independencia, dejando de ser colonias de los países europeos, la realidad es que las antiguas metrópolis continúan teniendo un papel intervencionista, que se ha traducido, simple y llanamente, en continuar con el  espolio económico de sus riquezas naturales, derribando regímenes y poniendo a gobiernos de su cuerda, sin importarles que en su mayoría sean corruptos, llegando la injerencia hasta el extremo de ser los responsables de los conflictos y guerras que se viven en esos países. Y la pregunta es sencilla ¿qué fuerza moral podemos tener para prohibir que vengan personas que huyen de esos conflictos bélicos cuyo responsables son los países desarrollados? Esa es la hipocresía y la ley del embudo del capitalismo y de los estados ricos.

La desmemoria o amnesia colectiva es preocupante, quizá sea ese el factor más importante por el que la xenofobia, una de las banderas que enarbolan las ideologías ultras y fascistas estén creciendo de forma exponencial. Se está olvidando que durante muchos siglos la inmigración que ha habido desde Europa a diferentes lugares del planeta (América, Asia, África) se debía a cuestiones puramente económicas: la pobreza, el hambre y las guerras que recorrían Europa. Entonces no había este debate, porque Europa tenía el derecho a poder enviar inmigración a esos países, venía a ser una segunda colonización.

Dicho todo esto, lo lamentable es que en pleno siglo XXI nos encontramos con una sociedad que ha hecho suyo este discurso, y cuando hablo de sociedad, estoy poniendo la mirada en ese sector de la ciudadanía que, aunque renieguen, no dejan de ser clase trabajadora. Olvidan algo fundamental: confunden quién es su enemigo. Creen que el inmigrante viene a competir contra el nativo, sin querer ver que el enemigo de ambos no es otro que este capitalismo depravado que lo único que hace es explotar a los nativos y extranjeros, porque no nos engañemos, para el capitalismo, lo único importante es su cuenta de resultados.

Stolpersteine: piedras para no olvidar los crímenes del nazismo

Suele ser muy habitual que en nuestros desplazamientos por las ciudades dejemos pasar de largo imágenes y detalles que se encuentran justo por donde transitamos, y cuando se da la circunstancia, aunque sólo sea por casualidad, en la que nos topamos con alguna de esas imágenes nos percatamos de la importancia de su existencia.

Hace unos años, paseando por el barrio madrileño de Chamberí, me llamó la atención que en la acera, allí por donde pisamos los transeúntes, había una placa cuadrada de latón que no mediría más de 10 centímetros por cada lado. En ella figuraba la siguiente inscripción: “Aquí vivió ANDRÉS FARIÑAS ADSUAR nacido 1919, Exiliado 1939, Francia, Sala Fallingbostel, deportado 1941 Mauthausen, asesinado 17-10-1941 Gusen”. La placa recordaba a un prisionero del campo de concentración de Mauthausen que vivió en el número 2 de la calle Viriato de Madrid y que fue asesinado en Gusen, uno de los subcampos dependientes de Mauthausen.

Acababa de descubrir una Stolpersteine[1] o piedra de la memoria, cosa que en ese momento desconocía por completo su existencia, hasta que introduje en Internet el nombre que figuraba en la placa, y empecé a investigar, y es cuando me doy de bruces con este término alemán. En el caso de este asesinado, Andrés Fariñas Adsuar, llegué a encontrar su biografía en Internet. Es entonces cuando tuve conocimiento del origen de los Stolpersteine  o piedras de la memoria y lo que significan; el artífice de ello fue el artista alemán Gunter Demnig, cuando en 1990, puso en marcha un proyecto para recordar a las personas deportadas y asesinadas por el régimen nazi.

Stolpersteine: piedras para no olvidar los crímenes del nazismo
Stolperstein que recuerda a Andrés Fariñas Adsuar

Aquello para mí fue un hallazgo que no cayó en saco roto, aunque mi primera impresión, nada más descubrir la placa fue que era un homenaje tremendamente sencillo y humilde; una placa de reducidas dimensiones en el suelo, que hay que fijarse mucho para poder advertir su existencia, lo que tengo que reconocer que me generó cierta indignación, porque entendía que estas víctimas merecían un homenaje mucho mayor. Es más, me preguntaba si la existencia de esa placa era un hecho aislado, todo ello producto de mi ignorancia sobre la existencia de esta iniciativa. Posteriormente, cuando tuve conocimiento del proyecto de Gunter Demnig, es cuando pude valorar y contextualizar lo que significa y representa este proyecto.

Stolpersteine: piedras para no olvidar los crímenes del nazismo
Stolpersteine situados delante del número 193 de la Calle Bravo Murillo de Madrid

A partir de entonces, no sé si por casualidad, o porque he puesto más atención a lo que uno se puede encontrar en el suelo, he tropezado con varias placas que homenajean a personas represaliadas por el nazismo, llevándome la alegría que en algunos casos no fueron asesinados, sino que pudieron ser liberados, como Cesar Santos Moreno, Gaspar Santos Gisbert y María Gisbert Merino, tres miembros de una familia que vivían en el número 193 de la calle Bravo Murillo, en el barrio madrileño de Tetuán.

Stolpersteine: piedras para no olvidar los crímenes del nazismo
Stolpersteine que recuerda donde vivió Pedro Pallarés Ferrer

Cuando he leído algunas placas con las que me he topado, la pena y la rabia que me ha producido leerlas se ha visto incrementada, como es el caso de la que me encontré este otoño pasado, junto al portal número 25 de la calle Santa Ana de Madrid, a pocos metros de El Rastro madrileño, edificio donde vivió Pedro Pallarés Ferrer, exiliado en Francia, deportado en Francia,  en el tren fantasma de Dachau y asesinado el 25 de marzo de 1945, cuando no faltaban ni dos meses para que la Alemania nazi fuese derrotada.

El proyecto que puso en marcha Gunter Demnig y que hoy en día se puede ver en diferentes ciudades europeas, hay que decir que en el caso de Madrid ha salido adelante gracias al trabajo que han llevado a cabo Isabel Martínez y Jesús Rodríguez, que han ido realizado una inmensa y tarea de investigación y documentación para poder obtener los datos necesarios para la colocación de estas placas de latón; con lentitud, porque no deja de ser una labor ardua el poder documentar los datos de las personas represaliadas, donde nacieron, vivieron, así como su paso por los campos de concentración nazi, a lo que hay que añadir la lentitud en los trámites administrativos para obtener la autorización del Ayuntamiento de Madrid para poder colocarlas. Todo ello pone más en valor este ingente trabajo. Estas pequeñas placas lo que hacen es poner nombres y apellidos a los números fríos del genocidio nazi, rescatar todas esas historias que vivieron los represaliados y que no las encontramos en los libros de historia, porque están fuera de la historia oficial.

Stolpersteine: piedras para no olvidar los crímenes del nazismo
Placa en recuerdo de los voluntarios de las Brigadas Internacionales asesinados en el campo de concentración de Mauthausen

He  querido traer aquí el proyecto de las Stolpersteine  o piedras de la memorias y como lo conocí, pues este año se cumple el 80 aniversario de la liberación de los campos de concentración de Auschwitz (27 de enero de 1945) por parte del Ejército soviético, Mauthausen (5 de mayo de 1945) y la rendición incondicional de Berlín ante el Ejército Rojo (8 de mayo de 1945); tres fechas que han quedado en el calendario de la historia como la derrota del fascismo en Europa, aunque no fuese del todo total, pues las potencias occidentales no movieron un dedo para acabar con los regímenes fascistas de Franco en el Estado español y Salazar en Portugal.

Stolpersteine: piedras para no olvidar los crímenes del nazismo
Monumento en homenaje a los republicanos españoles asesinados en Mauthausen

El proyecto de las Stolpersteine es importante tenerlo presente, porque lo que estamos viviendo actualmente en Europa es un proceso de involución, de vuelta al pasado, que está provocando que todo esto no tenga significado alguno, una desmemoria colectiva que sirve para blanquear al fascismo y sus métodos. Los vientos que recorren el continente nos muestran el auge de estos discursos que están extendiéndose como una mancha de aceite, pues están siendo bendecidos por los poderes económicos y asimilados por liberales y conservadores.

En ese contexto es como hay que entender que Europa no esté moviendo un dedo ante el genocidio que se está viviendo en Gaza. No solo para inhibirse, sino para apoyar directamente al Estado genocida de Israel necesitan desnaturalizar lo que fueron los regímenes fascistas que hubo en Europa, que no se tenga presente no sólo el extermino del pueblo judío, sino el intento de exterminio de otras étnicas como gitanos, eslavos, estos últimos sobre todo en los campos de concentración de Bielorrusia, el aniquilamiento de todo aquello que sonara a antifascista, como ocurrió con todos los republicanos que estuvieron en los campos de concentración que la Alemania nazi construyó por toda Europa.

En este escenario es en el que hay que encuadrar lo que está sucediendo en Europa y la actitud ante el actual genocidio del pueblo palestino. Recordar y condenar hoy en día el genocidio nazi no puede hacerse de forma aislada, abstrayéndose de lo que ocurre en otras regiones del mundo, y eso es lo que se está viviendo en Gaza; en este último caso con el agravante que se ha convertido en un genocidio en directo, con imágenes y testigos, gracias a periodistas y cooperantes de ONGs que diariamente se están jugando la vida y que se han convertido en testigos incómodos no sólo para el estado genocida de Israel, sino para la UE, la OTAN y los medios de comunicación controlados de una u otra forma por el sionismo o sus socios.


[1] Stolpersteine: piedras-obstáculo en alemán.

Los soldados que volverán. Desafíos de posguerra

Todas las guerras tienen algunos denominadores comunes, pero sin duda, uno de ellos y, probablemente, el más importante, es la barbarie, acompañada de su sombra inseparable: el sufrimiento de la población civil. Esto no ha variado a lo largo de la historia, suele ser la primera víctima, y el dolor que conlleva cualquier conflicto bélico se refleja en las gentes que sufren la violencia protagonizada por los responsables, que no suelen ser otros que los gobiernos que están al servicio de las élites políticas y económicas de sus respectivos estados. La muerte y la destrucción sirven para machacar a la población y que el miedo se adueñe de ella, pero quienes lo sufren con mayor crudeza suelen ser las clases más desprotegidas y vulnerables, pues en las guerras también afloran las diferencias de clases.

Si la guerra suele ser una tragedia, el escenario posterior, la posguerra, supone un periodo en el que la gestión de todo lo acontecido va poniendo las bases de lo que va a ser el futuro de esa sociedad traumatizada por el horror de la guerra. El camino que tomen las sociedades después de un conflicto armado es fundamental para poder superar los traumas que ha dejado una guerra, o para caer en un pozo del que se me antoja que luego es casi imposible salir.

Los soldados que volverán. Desafíos de posguerra
Borja D. Kiza

Para hablar de todas estas cosas y algunas más relacionadas con este tema, el periodista Borja D. Kiza ha publicado recientemente un ensayo en el que expone un abanico de cuestiones relacionadas con la guerra y los posos que esta deja a lo largo del tiempo en las sociedades que la han padecido. Con el título “Los soldados que volverán. Desafíos de posguerra” (Editorial Txalaparta), el autor, a la hora de tratar este tema, ha realizado un libro de entrevistas a personas que viven en lugares donde hay o ha habido una guerra y/o que pueden aportar algo sobre esta cuestión.

A lo largo de este ensayo el autor nos ofrece una visión muy amplia, para ello el abanico de personas a las que ha recurrido va desde quienes, de una u otra forma, han sufrido, directamente o en su entorno, las consecuencias de la guerra, pasando por periodistas, activistas que han tenido una experiencia directa en esos lugares, así como diferentes pensadores y analistas que han profundizado en el estudio de conflictos armados, etc. Un elenco de personas que aportan al lector un escenario visto desde diferentes perspectivas de lo que se ha vivido en estos lugares. Y en todo momento, Borja D. Kiza mantiene una cierta distancia para no tomar partido, centrando su labor en transmitir los testimonios y reflexiones de las personas que entrevista a lo largo de este trabajo.

Este ensayo, utilizando como punto de partida la guerra de la antigua Yugoslavia, va adentrándose en ella y en sus consecuencias, pero de forma paralela le va acompañando el actual conflicto que se está viviendo en Ucrania, pues el autor nos irá mostrando las similitudes existentes entre ambas guerras, y qué escenarios se pueden dar en el actual conflicto ucraniano, pero, al hablar de su libro, no duda en decir que “no es una historia de los Balcanes, ni tampoco de Ucrania o Rusia. Esta es la historia universal y atemporal de unos (en su mayoría) hombres que van a la guerra y que un día vuelven o volverán convertidos en otra cosa”.

Mientras los entrevistados en Croacia, Bosnia o Serbia van exponiendo sus experiencias, sus puntos de vista, Borja D. Kiza, aprovecha esos testimonios y reflexiones para preguntarse “¿cómo se gestionarán las sociedades rusa y ucraniana una vez que el conflicto abandone su faceta armada?”, porque “las posguerras duran más que los periodos de guerra que es en ellas donde se establecen las nuevas bases sociales y políticas, que de alguna manera, afectan más profundamente y a largo plazo a las sociedades que han atravesado el conflicto”. Y sobre estas consideraciones irá hilando este ensayo, un documento útil para ir más allá de la información que nos llega a través de los canales convencionales.

La guerra es definida como “ese sitio y ese momento en el que todo plan fracasa”, pero ese fracaso se perpetúa en el tiempo al observar cómo se ha gestionado la posguerra en algunos conflictos, y en el caso de la antigua Yugoslavia es un claro ejemplo de ello, porque a día de hoy los rencores existentes siguen vivos como si la guerra hubiera finalizado hace cinco años, y no olvidemos que el conflicto en Croacia y Bosnia finalizó en 1995. Los testimonios de las personas que nacieron durante o con posterioridad a la guerra lo atestiguan; todo ello alentado en una sociedad en la que perdura los mismos clichés.

Este ensayo nos acerca a lo que es la actual sociedad croata, su forma de pensar, en qué parámetros ideológicos se mueve, donde nacionalismo y religión son el cóctel perfecto para haberse convertido en un país en el que “la gente no protesta contra las injusticias creadas por el Gobierno. La mayoría es de derechas y patriarcal”, “la sociedad es acrítica y apolítica y que la identidad nacional de la posguerra es anticomunista y católica. Si no entras en ese marco eres un mal croata”, donde “los jóvenes son más conservadores en cuanto a la religión que sus padres”. Un país donde “la mayoría de los veteranos de guerra son de derechas”, siendo muy tenidos en cuenta por la clase política, porque son un suculento caladero de votos; un país donde “el problema es la falta de consolidación democrática tras la guerra, lo que le llevó a la creación de un espacio político basado en el clientelismo y en la corrupción y un espacio económico similar”.

El odio existente hacia los serbios lo han interiorizado de tal forma que este ensayo aporta algunos testimonios en los que afloran las contradicciones existentes en la sociedad croata a la hora de construir un país. Si por un lado una joven croata manifiesta que “todo el mundo perdió algo en la guerra y todos los mayores dicen que antes era mejor, que había trabajos bien pagados, comida, y que la gente vivía feliz junta” (se refiere a la época en la que existía la antigua Yugoslavia), otra manifiesta que “el sistema social de Yugoslavia estaba bien, pero yo no quiero estar con los serbios” y otro joven define de forma muy gráfica en lo que se ha convertido Croacia al comentar “que cuando hablas de derechos de los trabajadores, del estado social, de bienes públicos…, eres automáticamente considerado comunista, los que significa que eres anticroata y, en consecuencia, serbio”.

Este trabajo recoge algunos testimonios de lo que ha sido la experiencia posbélica en Bosnia y la situación socioeconómica en la que están inmersos; donde se observa la hipocresía de las élites políticas de las tres minorías que forman el actual Estado bosnio (bosnios, croatas y serbios), con discursos beligerantes entre las diferentes etnias, dando la sensación que “va a volver a estallar la guerra”, pero yendo de la mano a la hora de privatizar los recursos económicos del país, en beneficio de ellas, lo que le ha abocado a convertirse en un exportador de mano de obra a Alemania. Un denominador común en este tipo de conflictos.

No está de más recordar el papel jugado por la OTAN y la Unión Europea en el conflicto de los Balcanes durante la guerra, cuestión que este ensayo no pasa por alto. Una responsabilidad que en todo momento ha pasado por mirar hacia otro lado ante la fascistización, como en el caso de Croacia, porque en algunos casos le son de utilidad.

Salvando las características propias de cada conflicto, da la sensación que lo que se está viviendo actualmente en Ucrania tiene ciertas similitudes con lo sucedido hace 35 años en los Balcanes: La deriva hacia economías neoliberales, las privatizaciones de todo el sector público para caer en manos de unos pocos, el nacimiento de una élite política que fundamenta su discurso en el odio étnico, donde la corrupción es algo generalizado, dándose un auge de grupos fascistas que van haciéndose fuerte en las instituciones políticas, donde nacionalismo y religión van de la mano, y Occidente vuelve a repetir su papel, en un principio intentando guardar las formas, para acabar interviniendo en la guerra en favor de uno de los contendientes en vez de buscar una solución entre las partes. Parece que la historia se vuelve a repetir en Ucrania.

Cuando este ensayo se adentra en el conflicto que se vive entre Rusia y Ucrania, encontramos que entre ambos países hay nexos de unión, fueron repúblicas que formaron parte de la antigua URSS, comparten cosas tan importantes como la lengua, pues el ruso es muy hablado en gran parte de Ucrania y entre ambas poblaciones hasta ahora han existido una relación o conexión muy importante. Algo similar sucedía en la antigua Yugoslavia analizando la conexión entre los habitantes de las diferentes repúblicas.

La geopolítica ha jugado un papel importante en este conflicto y el autor lo ha tenido presente en algunas de las entrevistas en las que se recogen diversas reflexiones acerca de la postura que han adoptado en diferentes continentes. En un mundo en el que Europa ha perdido el protagonismo que tenía en el siglo XX, este ensayo nos ofrece otras visiones que nos sirven para poder entender los intereses y prioridades existentes en otras regiones y la visión crítica hacia Occidente ante este conflicto. Las políticas neocolonialistas que algunos países occidentales siguen manteniendo son tenidas en cuenta en otros continentes.

Dejo para el final lo que suele ir al principio de un libro: el prólogo. Escrito por alguien que conoce bien lo que son las guerras y sus consecuencias devastadoras: Paula Farias. De su aportación al libro resaltaría cuando dice “hablar de la guerra como abstracción, sobre sus claves y sus porqués, requiere indefectiblemente una distancia con la trinchera, pues solo lejos del batir de sables se puede analizar. Cuando la lucha es a tu alrededor, el análisis desaparece y solo queda el silencio”.

Ese silencio que no es tenido en cuenta por quienes no dudan un momento a la hora de provocar guerras, es el que no podemos olvidar para luchar de forma activa para poder evitarlas.

Los soldados que volverán. Desafíos de posguerra
Los soldados que volverán. Desafíos de posguerra. Editorial Txalaparta

A los que dieron su vida por la libertad

Mas allá de la utopía Donde nacen primaveras y agoniza la agonía Donde la esperanza espera y resistir es su emblema Más allá de la utopía hay un mundo sin fronteras a la sombra de un poema (Bernardo Fuster)

Hay hechos y fechas que el paso de los años no logrará borrar de mi mente, y sería peligroso que los borrara, porque eso querría decir que olvidaría parte de un pasado que fue crucial en aquel momento, y ya se sabe: cuando un pueblo olvida su pasado, está condenado a repetirlo. Por ello, asistí con interés a ver la película Las armas no borrarán tu sonrisa. Tenía claro que iba a volver a ver imágenes y testimonios que me iban a generar una cascada de recuerdos que me evocaría lo vivido en aquel tiempo, pero también era consciente que brotaría en mí la rabia y la impotencia que se vivió en aquellos días.

Era un gélido domingo de enero, de un invierno frio en lo climatológico, como eran aquellos inviernos, pero caliente y bien caliente en lo político y social. Yo apenas tenía doce años, pero quizá porque eran otros tiempos, porque los doce años de aquella época no eran los de hoy en día, por la excepcionalidad del momento, o porque no había que tener una gran madurez para ver lo que pasaba alrededor de uno, la cosa es que era plenamente consciente de lo que estaba sucediendo.

Aquel domingo al mediodía, en mi casa se puso el televisor para escuchar las noticias, pues eso era como una liturgia. En aquellos años la desinformación venía de la mano de la única televisión que había, con sus dos canales, es decir, la diferencia entre antes y ahora es que, en el plano televisivo, por entonces la desinformación venía por un único medio de comunicación existente y ahora uno tiene la posibilidad de elegir qué cadena quiere que le desinforme y le intoxique con el último bulo salido de las factorías de los poderes mediáticos, económicos y políticos. No hay que darle más vueltas, antes la prensa estaba controlada por el franquismo y ahora por sus herederos.

A los que dieron su vida por la libertad
Represión durante la Transición (lqsomos)

Pero volviendo a ese domingo de enero, cuando escuchamos que, en el transcurso de una manifestación, que ya se encargaba la prensa oficial de recalcar de forma reiterada que era ilegal, habían asesinado a un joven en la zona de la Gran Vía madrileña, en mi casa se respiró un ambiente de rabia e indignación, pero al mismo tiempo de cierta preocupación, porque llovía sobre mojado. El Poder no estaba dispuesto a ceder un ápice en esa lucha en la que el pueblo quería recuperar la libertad que hacía más de cuarenta años le había sido arrebatada. Desde mi corta edad, observaba con cierta inquietud el semblante de los adultos que temían que se repitiera la misma historia; el dictador había muerto hacía algo más de un año y la situación era como si el pueblo estuviera sumido en un laberinto en el que no existía salida alguna.

Ese joven asesinado no era otro que Antonio Ruiz, que, como otros muchos, pensaba que la libertad no te la conceden, sino que hay que conquistarla, que la democracia no cae del cielo y que no estaba dispuesto a que todo siguiera igual, por eso esa mañana gélida de domingo se manifestaba.

Si el asesinato de Arturo Ruiz fue terrible, tanto peor fue lo que recogía la prensa de la época, donde la maquinaria de intoxicación trabajaba a destajo, lo que era motivo de indignación. En aquella época en la que no existían las tecnologías actuales, la gente solía compartir con su entorno la información que podían obtener a través de otros conductos, al margen de la prensa de la época.

La cosa no quedó ahí. Al día siguiente, lunes, 24 de enero, en repulsa al asesinato de Arturo Ruiz, se organizó una manifestación en la zona donde acabaron con su vida. Y esta vez no fueron los grupos parapoliciales, fueron uniformados, que tenían que dejar claro que seguían siendo los mismos cuerpos policiales de la dictadura, que sus mandos estaban al servicio de la oligarquía y de todo el aparato político-represivo que construyó la dictadura para poder perpetuarse en el Poder y, por supuesto, que la élite política no iba a permitir que aquello se convirtiera en la Revolución de los Claveles portuguesa. Y qué mejor forma de hacérselo ver a la población que disparando un bote de humo para que impactase en la cabeza de una joven estudiante que se manifestaba para protestar contra la muerte de Arturo Ruiz. Y en este caso la víctima fue Mari Luz Nájera, una joven universitaria, que luchaba para lograr salir de una vez por todas de ese oscuro túnel que era la dictadura, que, como otros muchos jóvenes, quería que sus sueños dejasen de ser una utopía; era una generación que no estaba dispuesta a caer en el conformismo de sus mayores a la hora de luchar por cambiar las cosas.

A los que dieron su vida por la libertad
Homenaje e Mar Luz Nájera e 2021 (lqsomos)

Cuando se conoció el asesinato de Mari Luz Nájera observaba la desorientación que había en las personas mayores que se sentían antifranquistas. Veían la dificultad que había por derrocar el régimen para traer una democracia de verdad, no lo que nos estaban intentando colocar. Percibía un tono de impotencia, pues eran personas que sólo había conocido el franquismo, que nacieron en los años en los que la represión fue salvaje, que habían trabajado de sol a sol para que, como buenamente podían, sacar adelante a sus familias. Todo ello me generaba inquietud, con ciertas dosis de miedo. Recuerdo que en aquella época era frecuente que los Guerrilleros de Cristo Rey hicieran algunas de sus razias por algunos lugares de la ciudad. Solía ser habitual que aparecieran los domingos por El Rastro Madrileño para agredir de forma indiscriminada. Era una forma de expandir y generalizar el terror.

En aquellos días, también observaba que, a un sector de la ciudadanía, como ocurre en la actualidad, todo aquello no iba con ellos. No es que fueran franquistas en sentido estricto, pero actuaban como si el franquismo fuese un fenómeno meteorológico, siempre solían tener algunas frases muy elocuentes que los definían, “no hay que meterse en líos”, “la política para los políticos”, como si los derechos y libertades cayesen del cielo, algo así como el maná en el libro del Éxodo. No es nada nuevo, pues, salvando las distancias, lo mismo sucede hoy en día, donde a un gran sector de la población le parece que el ascenso de la ultraderecha y el fascismo no va con ellos. No hay duda, de como dijo Marx en el 18 Brumario de Luis Bonaparte, la historia ocurre dos veces: la primera como tragedia y la segunda como farsa.

A los que dieron su vida por la libertad
Monumento_a_los Abogados de Atocha

Los acontecimientos se sucedieron de forma desbocada y el drama no quedó ahí. Si el asesinato de Mari Luz Nájera se produjo al mediodía, lo que depararía esa tarde-noche fue la culminación de la tragedia. La irrupción de unos pistoleros de ultraderecha en un despacho de abogados laboralistas, donde asesinarían a tres abogados, un estudiante de derecho y un administrativo, dejando gravemente heridos a otros cuatro abogados, hizo saltar todo por los aires. La jerarquía dominante, a través de sus diferentes tentáculos, había vuelto a hablar y cómo había hablado; pusieron en el punto de mira la defensa de los derechos laborales de los trabajadores.

Esa tarde estaba puesta la radio en mi casa, cuando interrumpieron la programación para dar un avance de lo que había pasado en el despacho de abogados laboralistas de la calle Atocha. Las preguntas que flotaban en el ambiente eran sencillas: ¿Y a partir de ahora qué? ¿todo esto tiene como objetivo un intento de que los militares se pongan de nuevo al frente del gobierno? Preguntas que no encontraban respuestas.

Recuerdo la conmoción que supuso. Fue un mazazo para los que habían conocido los cuarenta años de dictadura, entendían el mensaje: un aviso a la verdadera oposición al régimen, a los que se parten la cara con los aparatos del régimen, vuelven a meternos miedo, como había ocurrido en situaciones anteriores.

A los que dieron su vida por la libertad
Los olvidados de la Transición

Era un pulso totalmente desequilibrado, pues una de las partes lo tenía todo: control de poder político, económico, pero, sobre todo, lo que controlaba era el monopolio de la violencia, cosa que me explicaron con el tiempo en la facultad de derecho, que el monopolio de la violencia reside únicamente en el Estado. Ni que decir tiene que la clase de ese día la entendí a la primera, aunque eso me revolviera las tripas. Por el contrario, la otra parte lo único que podía aportar era lucha y grandes dosis de voluntarismo, porque muchos de los que posteriormente protagonizaron eso que llaman Transición, en ese momento no estaban dispuestos a arriesgar, estaban esperando que llegara su ocasión para erigirse en los héroes de la democracia y la verdad es que coló, porque la historia oficial así lo recoge, elevando a los altares a toda esa lista de oportunistas que aparecieron unos meses después y que empezaron a ocupar sillones mullidos en las instituciones.

Todos estos hechos que hoy en día se conocen como la Semana Negra de Madrid, fueron como un terremoto que intentaba arrasar con todo lo que sonara a disidencia política. No era la primera vez que desde la muerte del dictador se vivían momentos tensos y actuaciones salvajes de los aparatos del Estado y sus satélites. No eran los primeros asesinados a manos de los aparatos policiales del Estado, o por los grupos parapoliciales, que no eran otros que miembros de la ultraderecha española e internacional, estos últimos con la cobertura de los aparatos del Estado. Vitoria, Montejurra, Basauri, Éibar, Hondarribia, ya habían vivido situaciones de este tipo. Pero lo que sucedió en esa semana de enero de 1977 venía a ser como una concatenación de situaciones que no cabía duda de que en absoluto fueron casuales.

Los poderes nunca dejan nada al azar, y los sucesos vividos esa maldita semana de enero no dejaban lugar a dudas: había que amedrentar al pueblo para que no sacase los pies del tiesto, y por si alguien tenía alguna duda, que quedase claro que el dictador lo había dejado atado y bien atado. Y posteriormente, cuando tuvieron que recurrir a estos métodos, no dudaron, y fue un suma y sigue: Germán Rodríguez, Gladys del Estal, Yolanda González, Almería, etc. Los muertos siempre los ponían los mismos.

A los que dieron su vida por la libertad
Mural Jornadas de memoria Social de la Transición. Facultad de Políticas y Sociología. UCM (lqsomos)

Después de la semana trágica, nada fue igual. Los que controlaban (y siguen controlando) los resortes del poder económico y político empezaron a preparar el terreno para lavar la cara al régimen, sin tener que tocar sus cimientos. La casa no la iban a tirar, todo quedaría en revocar la fachada y cambiar alguna ventana. Con lo que les había costado levantarla, la iban a defender a costa de lo que fuese, como así sucedió.

Esos días fueron tristes, porque poco a poco se iba esfumando la esperanza que se diera una ruptura democrática. La gente de a pie veía como la política se hacía en los sanedrines del poder, en los reservados de los restaurantes de alto copete. Empezaron a aparecer nuevas caras que, bajo algunas siglas, hoy en día muy conocidas, y la protección del régimen, se erigieron en los adalides de la libertad y la democracia. Pero el tiempo nos ha demostrado que no eran más que una cuadrilla de trileros. El pasar de los años ha servido para que más de uno haya visto que lo que vendieron al pueblo fue humo, y aquellos polvos trajeron estos lodos. Por ello, hoy es más importante que nunca no olvidar a aquellos jóvenes que dieron su vida por la libertad. Y para ello, es necesario seguir portándolos en la memoria colectiva, fundamental para que no perdamos el norte en estos tiempos de zozobra.

Iparraguirre, Madrid y el Gernikako Arbola

Cuando uno pasea por cualquier ciudad es muy normal que se encuentre en las fachadas de los edificios placas que suelen recordar que en dicho lugar nació o vivió algún personaje relevante, o bien, que en ese lugar ocurrió algún hecho destacable, y Madrid que no es una excepción, es muy frecuente que uno se tope con alguna reseña de este tipo, sobre todo en barrios con cierta historia.

Pues bien, en pleno centro de Madrid, a pocos metros de la Puerta del Sol, se encuentra lo que se conoce como la red de San Luis, lugar donde confluyen la calle Montera con la Gran Vía. En uno de los edificios, el número 44 de la calle Montera, hay una placa de mármol y no pequeña precisamente, que recuerda un hecho que sucedió en dicho lugar a mediados del siglo XIX y que puede parecer un tanto curioso.

El acontecimiento que reseña la placa es muy escueto: “En este lugar estuvo el café de San Luis donde el año 1853 Jose María Iparraguirre interpretó por primera vez en España el zortziko Guernikako Arbola. En el primer centenario de su muerte el Ayuntamiento de Madrid le dedica este recuerdo. 7 de noviembre de 1981”.

Iparraguirre, Madrid y el Gernikako Arbola
Placa dedicada a José María Iparraguirre, donde estaba ubicado el Café de San Luís

Para ponerse en situación, lo primero que habría que decir es que en aquella época en Madrid había una proliferación de cafés, donde se reunía lo más variopinto de la sociedad madrileña.  Uno de ellos era el café de San Luis, que estaba ubicado en lo más céntrico de la capital, en lo que hoy se conoce como calle Montera, junto a la Gran Vía. Según las crónicas de la época, en dicho local se solían reunir los vascos que residían en la Villa y Corte.

Lo primero que habría que destacar es que no se puede considerar algo casual que Iparraguirre estuviera en Madrid y frecuentara dicho lugar, pues la vida del bardo de Urretxu fue de todo menos sosegada. Su primer contacto con la ciudad se produjo siendo un crio que no contaba más de doce años; su familia se trasladó a Madrid, y a su llegada ingresó al muchacho en el colegio de San Isidro el Real, regentado por los jesuitas. Pero no duró mucho su estancia pues a la edad de trece años, se escapó de casa para alistarse como voluntario en la Primera Guerra Carlista. A partir de ahí su vida fue un continuo ir y venir, teniendo una participación activa en infinidad de momentos históricos. Sin ir más lejos, participó en la revolución de 1848 en Francia.

Iparraguirre, Madrid y el Gernikako Arbola
Edificio donde estaba ubicado el Café de San Luís en la actual calle Montera de Madrid

Tardó 19 años en volver a residir en Madrid, 13 de ellos los pasó en el exilio después de la primera contienda carlista, que le llevaron a recalar en Francia, Suiza, Alemania, Italia e Inglaterra, desde donde pudo regresar a Bilbao, para posteriormente volver a instalarse durante un breve espacio de tiempo en Madrid, época en la que al parecer Iparraguirre solía frecuentar el café de San Luís, donde se reunía con otros vascos que residían en el Foro cuando en 1853 interpretó el Gernikako Arbola.

Se ha escrito mucho sobre Iparraguirre y su himno. Si bien en infinidad de libros y artículos se recoge que fue interpretado por primera vez en Madrid en 1853, Jose Mari Esparza Zabalegi, en su libro Biografía del Gernikako Arbola, deja este extremo un tanto en el aire, al  hacerse eco de lo escrito por el político e historiador guipuzcoano Fermín Lasala, que sitúa la primera interpretación del himno en julio de 1952, con motivo de una reunión de las juntas generales de Gipuzkoa. Lo que nadie pone en duda es que la interpretación que se realizó en Madrid fue, sin duda alguna, tan exitosa que a partir de ese momento se convirtió en algo más que una simple canción.

Volviendo al momento en el que fue cantado en Madrid, las crónicas se hicieron eco de ello, relatando que tuvo mucho éxito y la canción corrió como la pólvora entre la comunidad vasca en Madrid para expandirse por toda Euskal Herria para seguidamente pasar el océano y llegar a América.

Fue un himno que pasó de estar prohibido y/o reprimido durante la Restauración española, a interpretarse en Madrid en muchas ocasiones con motivo de diferentes manifestaciones culturales y artísticas.

A día de hoy, quizá la mejor definición que se puede hacer de la composición musical que realizó el urretxuarra la hace Jose Mari Esparza Zabalegi, cuando en el libro anteriormente reseñado, se expresa de la siguiente forma: “Nacido como himno carlista y foralista, fue inmediatamente asumido por liberales, conservadores, federales o republicanos; luego pasó a las nuevas expresiones políticas, como socialistas, comunistas y nacionalistas […] Y donde unos venían un poso religioso, otros interpretaban lo contrario: un himno liberal y laico, como los árboles de la Libertad que expandió por el mundo la Revolución francesa. Para unos representaba las libertades forales dentro de la España monárquica o republicana; para otros, un canto a la independencia o al internacionalismo. Como el mapa del territorio, un himno nacional identifica a toda la ciudadanía; luego, cada cual sueña la patria pintada con sus propios colores”.

Iparraguirre, Madrid y el Gernikako Arbola
Monumento a Iparraguirre en Gernika (Wikimedia Commons)

El 7 de noviembre de 1981 en el lugar donde estaba ubicado el Café de San Luis, fue inaugurada por parte del que fuera alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván, una placa recordando el lugar donde Iparraguirre interpretó el Gernikako Arbola. En el acto participó el Orfeón de Euskal-Etxea de Madrid que interpretó el zortziko.

Para finalizar, tampoco quiero dejar pasar que siempre que el recorrido de la Korrika transcurre por ese lugar, se suele hacer una parada para cantar el Gernikako Arbola.

La teoría del Estado en el pensamiento de Lenin

Introducción

Este año se ha cumplido el centenario del fallecimiento de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin. Entorno a este pensador, filósofo y político voy a adentrarme en una de las cuestiones que mayores debates y discusiones han surgido entre los pensadores marxistas. Me refiero a la teoría del  Estado. A lo largo de la historia en el ámbito ideológico del marxismo se ha dado un debate, no exento de confrontación, a la hora de qué hacer con el Estado y lo que éste representa.

Su estudio ha concitado controversias a la hora de interpretar el pensamiento de Marx y Engels, lo que lleva a diferentes interpretaciones que realizan algunos de los pensadores de la órbita del socialismo.

La teoría del Estado en el pensamiento de Lenin
Karl Marx (1818-1883) (Wikimedia Commons)

Marx y Engels tratan la cuestión del Estado en varias de sus obras: Crítica a la filosofía del Estado de Hegel (K. Marx), El Manifiesto Comunista (K. Marx), El 18 Brumario de Luis Bonaparte (K. Marx), La Guerra Civil en Francia (K. Marx), Crítica al Programa de Gotha (K. Marx), El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (F. Engels) y Anti-Düing (F. Engels), son algunas de ellas.

Sobre los presupuestos ideológicos de estos dos pensadores, es Lenin el que realiza un estudio más profundo en un momento histórico único, como fue el período vivido en Rusia con la caída del Régimen Zarista, la Revolución democrático-burguesa de febrero y la posterior Revolución Socialista de octubre de 1917.

Para estudiar el pensamiento de Lenin sobre la Teoría del Estado hay que profundizar en dos obras que fueron escritas a lo largo de 1917. La primera de ellas, y la más importante, es “El Estado y la Revolución”. Consta de varios ensayos que Lenin escribió a lo largo de 1917. La primera edición se publicó en el mes de agosto, bajo el Gobierno Provisional, en plena fase de la revolución democrática-burguesa. La segunda edición fue publicada en diciembre de 1918, es decir, un año después de que en octubre de 1917 triunfara la Revolución bolchevique. Es una obra fundamental en el pensamiento de Lenin, de las que más polémica ha generado en el ámbito del marxismo y me atrevería a decir que es una de las más olvidadas.

La teoría del Estado en el pensamiento de Lenin
Vladimir Ilich Lenin 1918 (Wikimedia Commons)

La segunda obra es “Las tesis de abril”. Fue escrita a su vuelta del exilio, una vez que había triunfado la revolución de democrático-burguesa de febrero de 1917, y en ella realiza un ataque a las posturas reformistas que en esos momentos estaban llevando lo socialistas-revolucionarios y los mencheviques, así como la posición dubitativa del partido bolchevique.

Contexto histórico

La Gran Guerra estaba acelerando la descomposición del régimen zarista y la mayor parte de la burguesía era consciente del peligro que corría este. Es por ello que la única opción que barajaba la burguesía para acabar con el régimen autárquico, burócrata que se sostenía gracias al Estado policiaco en el que se había convertido, era la sustitución del zar y la utilización de instrumentos demócrata-parlamentarios. Sin embargo, esta operación no prosperó.

En enero de 1917 la situación del régimen zarista era insostenible. En febrero la huelga de Petrogrado se acabará convirtiendo en huelga general política, dando el salto a una huelga revolucionaria. El surgimiento de dos poderes: El Gobierno Provisional, producto de un acuerdo entre los liberales burgueses, los mencheviques y los socialistas-revolucionarios con el propósito de neutralizar al segundo poder que había surgido con la insurrección de febrero: los Soviets de obreros y soldados.  

Cuando Lenin llega a finales de marzo a Rusia, la consigna es clara: dar los pasos necesarios para derrocar al Gobierno Provisional. La fase democrático-burguesa no deja de ser un paso previo para lograr la revolución socialista. Los bolcheviques no debían caer en el error de que el régimen democrático-burgués se consolidara.

Este planteamiento le llevó a un enfrentamiento no sólo con los mencheviques y socialistas-revolucionarios, si no con una parte muy importante de los bolcheviques, en concreto con los dirigentes del interior, como Stalin y Kamenev.

Los hechos son de sobra conocidos: las tesis de Lenin se impusieron, y el lema de “todo el poder a Soviets” fue fundamental para que en octubre se diera el paso definitivo para la caída del Gobierno Provisional, produciéndose el triunfo de los bolcheviques y su llegada al Poder.

El Estado y la revolución

Como he manifestado anteriormente, en el ámbito de la teoría del Estado, la obra referente que escribió Lenin fue “El Estado y la Revolución”[1]. En ella realiza un estudio pormenorizado de las teorías de Marx y Engels acerca de esta cuestión. La obra está plagada de citas, algunas ciertamente extensas, con la finalidad de encuadrar su pensamiento en el marco de las teorías de los fundadores del marxismo y de reforzar su tesis como producto de la correcta interpretación del pensamiento político de Marx y Engels.

Esta obra es una enmienda a la totalidad a la doctrina nacida en el seno de la II Internacional y a los planteamientos mecanicistas que tenían algunos dirigentes bolcheviques, como Stalin. En ese contexto, Lenin realiza una crítica muy severa a algunos conocidos miembros de la II Internacional, entre los que destaca C. Kautsky, el teórico más importante de dicha organización, por entender que su praxis se salía de la doctrina marxista.

Algunos autores han definido esta obra como desviación anarquista. Otros pensadores, como Wayne Price, la han definido como “su trabajo más libertario”. Sin olvidar que Lenin realiza una lectura de lo escrito por los padres del marxismo, vamos a analizar si es realmente un texto que se pueda definir como libertario.

Lenin escribió “El Estado y la Revolución” en ese periodo de efervescencia de los Soviets, entre las revoluciones de febrero y octubre, es por ello, que dedica un espacio a analizar la experiencia de la Comunidad de París, al ser la experiencia histórica en la que por primera vez el pueblo consigue poner en marcha la “destrucción de la máquina del Estado”.

El Estado como herramienta de dominio de la sociedad

A la hora de hacer una definición del Estado, Lenin se apoya en lo teorizado por Marx y Engel. Si para Marx, el Estado es un órgano de dominación de clases, Lenin lo define como “producto y manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase”. El Estado es la herramienta de la clase económicamente dominante para la represión y explotación de la clase oprimida. Y trae a colación a Engels y su obra “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, cuando este manifiesta que “con la desaparición de las clases desaparecerá inevitablemente el Estado”.

Una de las conclusiones de las definiciones anteriores, es que la cuestión del Estado va íntimamente ligada a la confrontación entre clases, el antagonismo existente entre la clase dominante (burguesía) y la clase oprimida (proletariado). O dicho de otro modo, para estos pensadores, la lucha de clases tiene mucho que ver con la maquinaria que sustenta al Estado burgués.

Para Lenin el aparato del Poder Estatal es el que está por encima de la sociedad en la que se dan las contradicciones de clase, al haber sido creado por la clase dominante, para poder tener sometida a la clase oprimidas, y una de las características del aparato estatal es que para ejercer esa función de dominación se apoya en el “ejército permanente y la policía”, elementos imprescindibles para poder realizar esa acción coercitiva contra la clase oprimida.

Ante este análisis, la pregunta que Lenin se plantea es

¿Qué hacer con el Estado?

Sin duda aquí radica una de las cuestiones fundamental de su ensayo. ¿Extinguirlo, destruirlo, abolirlo? Lenin no duda en exponerlo de forma radical, al plantear la destrucción del Estado burgués, lo que denominará la maquinaría estatal burguesa, como paso para la toma del Poder por parte del proletariado mediante un proceso revolucionario. Lo que se extinguirá posteriormente es el Estado surgido de esa revolución. Para ello, una vez más recurre a los trabajos de Marx y Engels.

Lenin cita a Engels, al manifestar que el pensador alemán plantea la destrucción del Estado de la burguesía por la revolución proletaria para que posteriormente se vaya extinguiendo el “Estado o semi-Estado” proletario surgido de dicha revolución. Y para poder llevar a efecto la destrucción de todo ello, es necesario pasar por la fase de la dictadura del proletariado, o lo que en otros autores, como Rosa de Luxemburgo, denominan democracia proletaria, que no es otra cosa que la represión de la burguesía por parte del proletariado, que en el plano socioeconómico se traduciría en la “toma de posesión de los medios de producción por el Estado en toda la sociedad”. A esto, denominan la destrucción del Estado burgués, que Lenin llega a denominar “la democracia más completa”. En este momento se iniciaría el proceso para la extinción del Estado, momento en el que desaparecería la democracia proletaria, porque para el político ruso, la democracia no deja de ser un Estado.

Al tratar esta cuestión, Lenin desarrolla una batería de críticas hacia los teóricos de la II Internacional, y en concreto a la socialdemocracia alemana, representada por C. Kautsky, al recordarles que si bien es “la república democrática, como la mejor forma de Estado para el proletariado bajo el capitalismo”, no hay que olvidar que “todo Estado es una fuerza especial para la represión de la clase oprimida”, lo que lo convierte en un obstáculo para llegar al socialismo, y para lograrlo, pasa por la destrucción del Estado capitalista y la instauración de la dictadura del proletariado. En este punto, Lenin no hace más que traer a colación lo expuesto por Marx en Crítica al Programa de Gotha, donde desarrolla este tema. Y es que vuelve a traer a colación al pensador alemán cuando dice que “la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado”[2].

La teoría del Estado en el pensamiento de Lenin
Vladimir Lenin en un mitin en mayo de 1920 (Wikimedia Commons)

Hasta entonces, todas las revoluciones habían “perfeccionado la maquinaria del Estado, y lo que hace falta es romperla”[3]. Y para ello, Lenin llega a la conclusión que “el proletariado no puede derrocar a la burguesía si no empieza por conquistar el Poder político, si no logra la dominación política, si no transforma el Estado en el proletariado organizado como clase dominante. El Estado proletario empieza a extinguirse inmediatamente después de su triunfo, pues en una sociedad sin contradicciones de clase es innecesario e imposible”.

En la cuestión al método de lucha para lograr lo expuesto hasta ahora, el líder bolchevique no duda en exponer que será mediante un proceso revolucionario de carácter violento, y para ello, recoge una cita de la obra Anti-Düring de F. Engels, cuando manifiesta que “… De que la violencia desempeña en la historia otro papel (además del de agente del mal), un papel revolucionario; de que, según expresión de Marx, es la partera de toda vieja sociedad que lleva en sus entrañas otra nueva; de que la violencia es el instrumento con la cual el movimiento social se abre camino…”.[4]

En este debate acerca de qué hacer con el Estado, Lenin también realiza una crítica al anarquismo de la mano de lo escrito por Marx y Engels. A diferencia de los anarquistas que plantean la supresión del Estado “de la noche a la mañana”, el revolucionario ruso defiende la necesidad de la vigencia temporal del Estado, como “forma revolucionaria y transitoria” del estado que el proletariado necesita, etapa necesaria para utilizar los resortes del Estado contra los explotadores, para lo que es necesario el empleo sistemático de las armas. “El Estado no puede abolido antes de haber sido destruidas las relaciones sociales que lo hicieron nacer”[5].

En este contexto, la Comuna de París de 1871 viene a ser uno de los referentes que tiene presente a la hora de teorizar sobre la organización de la clase trabajadora para derrocar el Estado burgués, porque esta experiencia demostró que no bastaba con que la clase obrera se apodere de la máquina estatal, por el contrario, era necesaria su destrucción, y con ello la máquina burocrático-militar.

El proceso de extinción del Estado (el periodo de transición)

Sin duda este es el punto que más disputa dialéctica se puede encontrar, porque en él es donde el líder ruso analiza el proceso de transición del capitalismo al comunismo, que constaría de varias fases, hasta llegar a la fase superior de la sociedad comunista, momento en el que se extinguirá el Estado.

Este proceso daría inicio con la transición del capitalismo al comunismo, que se realizaría únicamente a través de la dictadura del proletariado, que se extenderá en el tiempo hasta la desaparición de las clases, momento en el que “desaparecerá el Estado y podrá hablarse de libertad”. Y para ello, recurre a Engels cuando dice “mientras el proletariado necesite todavía el Estado, no lo necesitará en interés de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejará de existir”[6]. El Estado desaparecerá cuando no hayan desaparecido los capitalistas y no haya clases. Es a lo que Lenin llama libertad.

Todo ello es un proceso gradual en el que Estado reprimirá a la minoría de explotadores, hasta llegar a la primera fase de la sociedad comunista: una fase intermedia que desembocará en la fase superior de la sociedad comunista, momento en el que se extinguiría el Estado.

Si bien Lenin afirma que el Estado iniciará su proceso de disolución de forma inmediata, en ningún momento pone plazos a ese proceso, manifestando en algunos pasajes de su obra el desconocimiento ante la velocidad de ese proceso y “subrayando el carácter prolongado de este proceso”. Ello lleva a plantear que al no llegar a concretar la duración de ese proceso, hace pensar que todo dependería de la evolución del periodo de transición y de las posteriores fases de la instauración de la comunista. Teniendo presente lo expuesto, cabe poner en duda que en este trabajo haya una cierta tendencia libertaria y mucho menos, una desviación anarquista. En esta cuestión, Humberto Da Cruz entiende que “la progresiva extinción del Estado a lo largo del período socialista” se movió en el campo de la teorización, pues no dejaba de tener un gran componente de abstracción, lo que le hizo caer en un optimismo, al exponer que desde el momento en el que se produjera la toma del poder, y la destrucción del Poder burgués, daría inmediatamente comienzo a la extinción del Estado[7].

Hay que tener en cuenta que debido al atentado que sufrió, sus facultades quedaron muy mermadas, falleciendo en 1924, por lo que desconocemos como hubiera interpretado el proceso que se vivió en los posteriores años en la URSS.

Teniendo presente lo escrito por el líder ruso, la conclusión es que a lo largo de la historia, ninguna de las experiencias socialistas ha llegado a la fase final para llevar a cabo la extinción total del Estado. Ello se puede deber a múltiples factores, y el más importante podría ser la actitud hostil de los países capitalistas a lo largo de la historia para con los países socialistas, lo que les ha llevado a fortalecer el Estado socialista. Quizá en ese contexto, se podría tener presente la teoría surgida del XXII Congreso del PCUS (1961), en el que plantean la desaparición del Estado “cuando se haya edificado la sociedad comunista y la victoria del socialismo se consolide en todo el mundo”[8].

Tampoco habría que dejar a un lado que en la praxis seguida en las diferentes experiencias en la transformación del capitalismo al socialismo, podemos observar el arrinconamiento de algunas de las ideas que Lenin planteó en 1917, entre las que se encontraba que todo el poder residiera en los Soviets, para ir siendo sustituido por el control del poder a cargo de una élite de dirigentes que dominaban tanto los aparatos del partido y del Estado, llegando identificarse el uno con el otro y alejándose de las masas obreras.


[1] Para escribir este artículo he utilizado dos ediciones del libro de Lenin El Estado y la Revolución: Editorial Miguel Castellote, 1976 y Editorial Progreso de Moscú, 1976.

[2] Recogido en una carta que Marx escribe a Weydemeyer, fechada el 5 de marzo de 1852.

[3] Cita recogida por Lenin del libro de Marx, El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte.

[4] Cita de la obra de F. Engels, Anti-Dühring.

[5] Cita de Engels que Lenin recoge en El Estado y la Revolución, extraida de unos artículos que Marx y Engels escribieron para un almanaque italiano y que en 1913 fueron publicados en alemán en la revista Neue Zeit.

[6] Lenin trae una cita de Engels obtenida de una carta que envió a Bebel.

[7] Prólogo al “Estado y la Revolución” de Lenin escrito por Humberto Da Cruz, Editorial Miguel Castellote, 1976.

[8] Pablo Lucas Verdú: Curso de derecho político, volumen I, 1980, pag. 199.

1974: Convulsión y rupturas en ETA (2ª parte)

La ruptura del Frente Obrero. Nacimiento de LAIA

A mediados de 1974 ETA[1] celebra su III Biltzar Ttipia desde la celebración de la primera parte de su VI Asamblea y se consuma lo que se venía madurando en los últimos meses. La mayor parte del Frente Obrero abandona la organización y su objetivo es la creación de un partido comunista vasco. El nuevo partido se llamará LAIA (Langileen Alderdi Iraultzaile Abertzalea)[2].

Esta escisión, a diferencia de las anteriores (ETA-berri y ETA VI) no cuestiona la ideología independentista ni en cierta forma la lucha armada, si bien critican el activismo alejado de las masas. LAIA celebra su asamblea fundacional en agosto de 1974 en la localidad de Domezain (Zuberoa)[3]. En el momento de su constitución la crítica que realiza a ETA es la presencia de elementos antimarxistas, nacionalistas reaccionarios y libertarios por lo que ETA no podrá transformarse en la vanguardia de la clase obrera vasca. No hay que olvidar que ETA, heredera de la V Asamblea de ETA, se define como socialista y aunque el método de análisis es marxista, en ningún momento se define como marxista-leninista, sin perjuicio que haya militantes que así se definan.

1974: Convulsión y rupturas en ETA (2ª parte)
Cartel de LAIA

LAIA tiene una evolución ideológica no exenta de tensiones internas. Si bien en un inicio se la puede encuadrar dentro de la ideológica marxista-leninista, en ella conviven militantes que son trotskistas y autónomos. Esto es importe tenerlo en cuenta porque en un futuro estas diferentes sensibilidades provocarán futuras escisiones..

Este proyecto político genera una atracción en diferentes sectores pues viene a llenar ese hueco que la organización armada no ha sido capaz de ello, debido a lo complicado de compatibilizar la lucha armada y la lucha de masas por la misma organización.

1974: Convulsión y rupturas en ETA (2ª parte)
Sugarra nº 1

En el primer número de su revista teórica Sugarra (la llama), LAIA publica las razones de su nacimiento.

                “Si hemos optado por estructurarnos fuera de ETA, rechazando las siglas por las que hemos luchado […] La razón que nos ha movido a ello ha sido la imposibilidad de transformar a ETA en un aparato capaz de desarrollar una política revolucionaria que respondiera a los intereses de la clase obrera vasca […] La imposibilidad de ver cumplido este objetivo dentro de ETA, es decir, la imposibilidad de romper con el activismo alejado de las masas que nos atenazaba, está en el origen de nuestra ruptura con ETA […] La revolución no se hace por el hecho de mantener a la gente unida numéricamente, sino tan solo si esta unidad está cimentada de una línea política correcta […] Podemos declarar que lo que nos unía como grupo no era la coherencia ideológica, sino la necesidad imperiosa de contrarrestar la corriente “españolita” de VI […] El único nexo de unión era el común deseo de ofrecer una alternativa abertzale ante las posturas liquidacionistas de los grupos españolistas respecto al problema nacional […]”.

                En la revista Sugarra recogen los objetivos estratégicos del nuevo partido. Nacen para “trabajar por todos los medios en la organización dinámica de la clase obrera vasca a fin de instaurar una República Popular de Euskadi y la creación de un nuevo Estado al servicio de la clase obrera y las capas populares”.

No todo el Frente Obrero que abandona la organización armada pasa a formar parte de LAIA. Los militantes del FO de Gipuzkoa en su gran mayoría organizan el partido LAIA pero los militantes del FO de Bizkaia no se incorporan a esta nueva organización pasando a trabajar de forma autónoma.

                Impulso de los Comités Obreros Abertzales (COA) y nacimiento de LAB

La escisión vivida en el Frente Obrero no se parece en nada a las que ha sufrido anteriormente ETA por lo que no pasa desapercibida en la militancia ni en la dirección de la organización. Es en 1974 cuando la dirección de la organización armada impulsa con los militantes del Frente Obrero que no abandonan la organización la creación de organismos de masas que sirvan para organizar a la clase trabajadora vasca desde una óptica abertzale y revolucionaria. Se van constituyendo los Comités Obreros Abertzales (COA). Estos comités surgen en algunas comarcas de Gipuzkoa (Valle del Urola y Alto Deba). Tienen el problema que en este espacio de lucha las organizaciones de la izquierda radical estatal (LCR, MCE y ORT) llevan tiempo trabajando con la ventaja que la represión se ha cebado en menor medida en ellas al no practicar la lucha armada. En un principio estos COA son impulsados tanto por ETA como por LAIA para potenciar la organización de los trabajadores abertzales en las fábricas. En este momento son comités autónomos que no tienen una estructura común.

Estas estructuras obreras que son independientes entre sí tienen la necesidad de unificarse, lo que llevará a ETA[4] a favorecer un encuentro en el mes de enero de 1975 entre estos comités para avanzar en la creación de una única organización. Todo esto llevará a que en mayo de 1975 a que nazca la organización LAB (Langile Abertzaleen Batzordeak).

Para LAIA esta fórmula de unificar en una estructura estos comités obreros puede provocar de nuevo que sean objetivo de la represión por lo que se descolgará del proyecto de LAB e impulsará los grupos obreros autónomos LAK (Langileen Abertzale Komiteak). Estos comités obreros tienen una presencia globalmente bastante escasa en todo Euskadi, teniendo mayor implantación en algunas zonas de Gipuzkoa.

Todo este proceso lo que deja patente es que desde la V Asamblea uno de los problemas que tiene ETA en relación con el movimiento de masas es la falta de una estructura organizada dedicada a la labor de las masas, que pudiera trabajar sin tener que definirse como estructura de ETA por lo que podía conllevar en el terreno de la represión, situación que aprovechan las organizaciones políticas de la izquierda estatal, ya que al no practicar la lucha armada, tienen una mayor capacidad para implantarse y desarrollar su actividad en diferentes ámbitos (fábricas, universidad, etc.).

LAB viene a cubrir esa carencia que ETA tiene en el campo obrero, y en ese contexto se define “como organización de masas para la clase trabajadora vasca  en una línea abertzale y de clase”.  Tiene una vocación asamblearia y no pretende ser portavoz de los trabajadores a la hora de negociar convenios con la patronal porque entiende que esa responsabilidad recae en las asambleas de fábricas.

La escisión entre milis[5] y polimilis[6]

En ese período en el que los atentados de todo tipo, choques violentos entre guardias civiles y miembros de ETA y detenciones son constantes, el día 13 de septiembre de 1974 se produce en Madrid el atentado de la cafetería Rolando que estaba situada al lado de la DGS (Dirección General de Seguridad), en el que mueren 11 personas y 71 resultan heridas. De los fallecidos solo uno es policía y el resto de las víctimas son civiles que se encontraban en el local. Ante el error cometido por ETA la dirección no quiere reivindicar el atentado, pero un sector de la organización entiende que deben de reivindicar el atentado, por lo que este atentado y su no reivindicación va a ir generando una desazón entre la militancia que se verá reflejada en la reunión del IV Biltzar Ttipia que se celebra en octubre de 1974 con la finalidad de preparar la celebración de la Segunda parte de la VI Asamblea, dándose dos posturas ante el atentado: Un sector quiere eludir la autoría del atentado para evitar la imagen que le puede generar. Este sector corresponde con la corriente mayoritaria existente en la organización que es la político-militar. Por el contrario, el otro sector exige que sea reivindicado el atentado llevando aparejado el asumir la responsabilidad que ello va a comportar. Este sector minoritario es de la opinión que la ocultación de los hechos por graves que fueran, son propios del sistema que se combate. Esta postura es defendida por la corriente que se conocerá como militar.

En este contexto en el que los cambios políticos se hacen cada vez más sensibles la dirección de la organización, es decir, el Biltzar Ttipia realiza un análisis de la situación y elabora un programa para el futuro. En este análisis y hoja de ruta se plantean cuestiones como la legalización, el papel de la lucha armada en el futuro régimen. En ese momento los problemas de la organización armada se dividen en dos grandes bloques: a) el problema de la estructura de ETA que está lastrando a la organización y b) la táctica que tiene que seguir la organización en el futuro inmediato.

En términos ideológicos o políticos no hay diferencias entre ambas corrientes, o las que hay no son de gran calado. Las posturas que defiende cada una de las corrientes se pueden resumir en los siguientes términos:

1974: Convulsión y rupturas en ETA (2ª parte)
Hautsi n! 11 1976-ETA político-militar

Una corriente mayoritaria que a partir de la escisión será conocida como ETA (político-militar) plantea en el plano organizativo transformar la estructura de la organización, desapareciendo los antiguos cuatro frentes[7] para pasar a una estructura político-militar, influidos por el modelo organizativo de los tupamaros uruguayos. Se basan en el análisis que ambas actividades (política y militar) están íntimamente ligadas y deben de estar muy coordinadas.

Las actividades de los frentes militar y obrero a nivel local serían coordinadas por un único responsable de zona y sería el responsable de las acciones armadas.  Se mantiene un frente llamado “bereziak” (especiales) que serán los encargados de planificar y realizar acciones militares complejas y de largo alcance, funcionando con un grado de autonomía por razones de seguridad.

Esta estructura engarza la lucha política con la militar a diferencia de la praxis que había habido hasta entonces que cada frente trabajaba de forma autónoma. Es por ello, que a esta fórmula organizativa se la denominara “político-militar”, porque es partidaria de unir la lucha armada y la lucha de masas en una sola organización.

El análisis político que hacen de la situación es muy optimista viendo a corto plazo la salida del Régimen franquista hacia una democracia burguesa y en el plano político plantean formar el BAT (Frente por la izquierda vasca) con los siguientes objetivos: La independencia del Euskadi, la reunificación, la euskaldunización, el socialismo y la defensa del internacionalismo proletario.

La otra corriente minoritaria que tiene una visión muy diferente de la situación será la que en noviembre de 1974 dará lugar a ETA (militar) dando a conocer su planteamiento en el “ETAren Agiria” (Manifiesto de ETA) en el que se presentan ante la opinión pública como la organización ETA (militar). Es un documento en el que hacen un análisis de la situación política, que pone las bases de lo que va a ser su línea táctica y estratégica para un futuro.

1974: Convulsión y rupturas en ETA (2ª parte)
Zutik 65, año 1975-ETA militar

Organizativamente entienden que el modelo de unir los frentes, es decir, el nuevo modelo político-militar, no solo no solucionaba los problemas del modelo de frentes, sino que los aumentaba ya que al ir muy ligadas las actividades políticas y militares, el funcionamiento va a ser mucho más deficiente que hasta ahora. Es más, con este modelo la represión va a hacer más daño a la organización al estar unificados los frentes, el político y militar, lo que arrastraría a tener grandes caídas. Este sistema imposibilitaría la creación de organizaciones de masas estables debido a la represión que sufren por pertenecer a ETA.

La estructura político-militar es elitista y el aceptarla por la totalidad de la organización supondría la renuncia a participar en la legalidad democrática por lo que plantean asumir la posición de transformar toda la organización en un aparato militar único. Es decir, defienden que la lucha armada se tiene que separar de la lucha de masas para no entorpecerla.

El concepto que tienen es que ETA debe ser una organización política que ejercerá la lucha armada como método de lucha, siendo las fuerzas políticas que tengan como objetivos estratégicos la independencia, el socialismo y la euskaldunización las que ejercerán la iniciativa política entre las masas. Esto es lo que les diferencia del sector político-militar.

Para entrar en la legalidad democrática plantean que se han de articular organizaciones amplias y estables que sean capaces de elaborar un programa político y “hace un llamamiento a todas las organizaciones, grupos y personalidades de los sectores independentistas, obreros y populares antioligárquicos a buscar la unidad de acción en un frente común de cara a la posición política a tomar con respecto a la alternativa democrática”.

Por ello, la mayoría de los miembros del Frente Militar deciden separarse del “aparato de masas” para tácticamente limitar sus funciones al desarrollo de la lucha y de sus posiciones políticas, en función de la situación de cada momento. Esta separación de los organismos de masas no conlleva un alejamiento de ellos. Lo que pretenden es poner en práctica una forma nueva de relación, actividad armada-actividad de masas ya que en este momento el segmento que compone las capas populares no está en condiciones de radicalización para hacer suya la lucha armada y tampoco hay una organización preparada para afrontarlo.

El análisis que hacen de la situación política no es tan optimista como los político-militares y si bien entienden que “el fascismo agoniza a la par que Franco, aunque muy bien podría suceder que éste le sobreviviese en estado de momificación”.

Esta ruptura producida en el IV Biltzar Ttipia de ETA acelerará los acontecimientos y el grupo que se denominará ETA (político-militar) pondrá en marcha el proceso para realizar la segunda parte de la VI Asamblea.

En diciembre de 1974 se realiza una huelga de hambre por parte de los presos políticos vascos, organizada por ETA (pm)  y apoyada por ETA (m) y ETA-VI, ORT y MCE, realizándose una huelga general el día 11 de diciembre que paraliza todo Euskadi Sur. Todo esto llevará al sexto estado de excepción en abril de 1975.

Con el gobierno de Arias Navarro, la represión se canaliza de dos formas: Una es mediante una represión brutal creciendo el peso de sectores ultras y teniendo como desenlace los últimos procesos judiciales que desembocan en los fusilamientos de septiembre de 1975 y la otra es mediante la utilización de grupos parapoliciales que actúan con total impunidad atacando cualquier cosa que pueda ser progresista. La represión es tan grande que en Bilbao tuvieron que habilitar la plaza de toros como lugar de detención e interrogatorios.

La gran mayoría de la militancia de la organización se posiciona con ETA (pm), tanto entre la militancia activa, refugiados como los militantes que están presos en las cárceles del Estado español. Por el contrario, lo que se conocerá como ETA (m) es un grupo más reducido, pero más compacto.

ETA (pm) durante los primeros meses de 1975 sufre muchas detenciones, entre otros motivos debido a su nueva estructura político-militar que unifica los frentes, lo que lleva a que las caídas afecten a las dos estructuras de la organización. En julio de 1975 una de las acciones que planificaron como más importante para la organización era la fuga de la cárcel de Segovia de miembros de esta organización prevista para el 27 de julio que se vio desbarata por las caídas de comandos que tuvo en ese período, sobre todo porque en ETA (pm) había un infiltrado de los servicios secretos españoles que contribuyó a ello.

Las detenciones de miembros de ETA (pm) tienen como resultado dos consejos de guerra que el Régimen los celebra en el mes de agosto aprovechando el período vacacional para mitigar las posibles protestas que pudieran surgir, cosa que no consigue. Como consecuencia de ambos consejos de guerra dos militantes de ETA (pm) son condenados a muerte y fusilados el 27 de septiembre de 1975 (Txiki y Otaegi). En esas mismas fechas hay otro consejo de guerra en el que tres militantes del PCE (m-l) y FRAP son condenados a muerte y fusilados el mismo día.

Por lo que respecta a la actividad de ETA (m) en este período si bien en un principio era una organización más minoritaria, poco a poco se va estructurando e incorporando más militantes, continuando con el método de lucha de acción-represión-acción, atacando a miembros de los aparatos policiales y confidentes de la policía.

En el inicio, ETA (pm) arrastraba el lastre de todas las caídas que había sufrido. Unas sesenta detenciones, el 80% de la militancia y centenares de personas habían huido del interior. Lo que le obliga a coger militantes de otros sectores y realiza algunos secuestros para financiarse. Estas acciones las realizan los comandos “Bereziak” y fueron duramente criticadas por las otras organizaciones de la Izquierda Abertzale (ETA (m), LAIA, LAB y EHAS).

Es en este momento cuando en el entorno de gentes abertzales y socialistas junto con ex militantes de ETA forman en Euskadi Sur la organización EAS y en marzo de 1974 en Euskadi Norte había surgido la organización HAS. En el mes de noviembre de 1975 ambas organizaciones realizan un congreso en Pamplona para converger en una nueva organización: EHAS, que tiene la característica de ser por el momento la única organización que tiene su ámbito de acción en todo Euskal Herria (Norte y Sur).

Conclusiones

El primer lustro de la década de los 70 del siglo XX fue convulso dentro de las organizaciones que luchaban contra la dictadura. Los días del dictador llegaban a su fin, pero cosa muy diferente era el escenario que se abriría con su muerte.

Tanto en el Estado español, como en Euskal Herria se empezaban a vislumbrar diferentes ópticas de la situación, así como la estrategia a seguir en todo ese proceso y ETA no fue una excepción. Los análisis al respecto empezaban a atisbar las diferencias existentes, en algunos casos sustanciales, a la hora de definir los nuevos escenarios políticos.

Por lo que respecta a la organización ETA, además de las diferentes visiones que había en su seno, habría que añadir la dificultad añadida por su forma de organización. La estructura organizativa en diferentes frentes de lucha, totalmente alejada de la concepción clásica de partido vanguardia que era lo que predominaba en el resto de las organizaciones antifranquistas de izquierda empezaba a ser un cierto lastre en esos momentos; todo ello explica los movimientos que se vivieron en su interior y que desembocaron en diferentes crisis.

Lo que a priori se hubiera podido entender como debilidad política, analizando el contexto del momento y con la perspectiva histórica, se puede afirmar que lo sucedido en ese periodo no dejó de ser un proceso político que estaba poniendo las bases de lo que posteriormente se ha definido como izquierda abertzale y dentro de esta lo que se ha conocido como Movimiento Vasco de Liberación Nacional.

A partir de 1974, se abre un periodo en el que las diferentes organizaciones políticas surgidas del proceso vivido dentro de ETA, adoptarían sus dinámicas propias de lucha, que se reflejaría en sus formas de interpretar los diferentes acontecimientos que se vivieron a partir de 1975, con el fallecimiento del dictador y los derroteros que iba a seguir el régimen.

Como expuse en la introducción del primer artículo, la finalidad de su publicación no ha sido otra que recordar unos hechos de los que ahora se cumplen cincuenta años, que desde el punto de vista histórico podríamos decir que fueron ayer, pero totalmente desconocidos para las actuales generaciones.

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Letamendia Belzunce, Francisco (Ortzi): Historia de Euskadi. El Nacionalismo y ETA, Ruedo Ibérico, 1977.

Sugarra aldizkaria (Revista la llama) n º1: Órgano político-formativo del partido L.A.I.A.

Varios: Clase obrera, marxismo y cuestión nacional en Euskadi, Cursos “IPES” cuaderno de formación nº 1, conferencias celebradas entre el 23 de marzo y el 3 de junio de 1980 en Bilbao.


[1] A partir de ahora a ETA V la denominaré ETA a secas, pues será la organización que continuará con las siglas de dicha organización. 

[2] Langileen Alderdi Iraultzaile Abertzalea: Partido Abertzale Revolucionario de los Trabajadores.

[3] Zuberoa: Territorio de Euskal Herria en Iparralde o País Vasco-Francés.

[4] La organización armada que impulsa la creación del sindicato LAB es ETA Político-Militar. Posteriormente se explicará como la organización ETA se parte en dos, surgiendo ETA Político-Militar y ETA Militar producto de su división en octubre de 1974.

[5] Milis: Termino que se utilizaba en la época para denominar a ETA militar o ETA (m).

[6] Polimilis: Termino que se utilizaba en la época para denominar a ETA político-militar o ETA (pm).

[7]  Hay que recordar que en la pre-asamblea de octubre de 1972 se habían fusionado el Frente Obrero y el Frente Cultural

1974: Convulsión y rupturas en ETA (1ª parte)

Introducción

En la historia reciente de Euskal Herria hubo varios episodios que sucedieron en un breve espacio de tiempo, que si bien en aquel momento no dejaron de ser situaciones frecuentes que se daban en las organizaciones que luchaban en la clandestinidad contra la dictadura franquista, pasadas unas décadas se puede afirmar que tuvieron una influencia decisiva en lo que fue a partir de entonces el devenir de la política vasca y los caminos que recorrieron las diferentes sensibilidades de la izquierda abertzale. Todo ello sucedió a lo largo de 1974, ahora hace cincuenta años.

Si 1973 fue el año que catapultó a la organización ETA a nivel internacional, gracias al atentado más importante desde su nacimiento, volar el coche del presidente del Gobierno español y mano derecha del dictador, 1974 pasó a ser el año en el que las disensiones internas que arrastraban desembocaron en varias escisiones, pero, sin duda alguna, una de ellas marcaría la historia, no solo de ETA, sino de lo que conocemos como Izquierda Abertzale.

Este texto, dividido en dos partes, no pretende ser un análisis profundo de ese periodo de la historia, más bien se limita a realizar un pequeño repaso de las experiencias ideológicas y políticas que se dieron en el espacio político de lo que posteriormente se ha conocido como izquierda abertzale; unas pinceladas que puedan servir para desempolvar aquellos años y para quienes estén interesados puedan profundizar en su estudio.

Antecedentes

A lo largo de su historia, ETA ha estado inmersa en tensiones internas que en muchos casos desembocaron en importantes crisis internas. Gran parte de ellas tenían su origen en divergencias ideológicas, pero otras eran producto de diferencias organizativas. Todo ello se debía a diferentes factores, pero la inmensa mayoría de ellos tenían un denominador común: ETA era una organización en continuo movimiento, no se podía asemejar a ninguna de las organizaciones que luchaban contra la dictadura. Su estructura y sus dinámicas inspiradas en los movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo en su lucha contra el colonialismo; no se parecía en nada a las organizaciones clásicas que estaban en el exilio y/o se movían en la clandestinidad. ETA era una organización estructurada en cuatro frentes (político, cultural, obrero y militar).

La última gran crisis que vivió en su seno no estaba muy lejos en el tiempo, habría que poner la mirada en 1970 y el cisma que se produjo en su seno con la celebración de la VI Asamblea, cónclave que no fue reconocido por parte de la militancia; todo ello desembocó en la existencia de dos organizaciones que compartían las mismas siglas: ETA, pero que para diferenciarlas eran conocidas por la asamblea en la que fundamentaban su legitimidad, lo que se traducía en que una fuese conocida como ETA V Asamblea y la otra como ETA VI Asamblea.

1974: Convulsión y rupturas en ETA (1ª parte)
Zutik 55 1973 ETA VI (Wikimedia Commons)

El paso del tiempo y la actividad de ambas organizaciones llevó a que la que era conocida como ETA V Asamblea pasase a ser la heredera de las siglas, para finalmente ser denominada como ETA, sin ningún añadido. Por el contrario, ETA-VI fue encaminándose a transformarse en una organización de corte marxista-leninista clásico, un partido vanguardia; después de algunas diferencias internas que se solventaron con una escisión, el sector mayoritario, conocido como Mayos, entró en un proceso de convergencia con la organización LCR, por lo que durante un tiempo fueron conocidos como LCR-ETA VI, para finalmente suprimir las siglas de ETA VI y denominarse únicamente LCR.

1974: Convulsión y rupturas en ETA (1ª parte)
Cartel de LCR-ETA VI

Eran tiempos convulsos, a la represión desatada por el régimen franquista, había que añadirle los innumerables debates ideológicos que se daban en todas las organizaciones políticas. Todavía estaba cercano el Mayo francés, hecho que influyó en muchas organizaciones de la época.

Evolución de ETA V

En octubre de 1972 ETA V realiza una segunda pre-asamblea o asamblea de cuadros. En esta reunión acuerdan fusionar el Frente Obrero y el Frente Cultural, pasándose a llamar únicamente Frente Obrero.  En esta pre-asamblea surge una nueva corriente, autónoma o ácrata, siendo su cabeza visible el histórico militante Emilio López Adan, Beltza.

Es una época en el que las tensiones entre el Frente Militar (FM) y el Frente Obrero (FO) son continuas. Las causas se debían a que partiendo de la base que la necesidad de la lucha armada no era cuestionada por nadie en la organización, debido a que las acciones armadas que habían realizado en los dos últimos años habían reforzado la imagen de ETA, sin embargo, el problema estribaba en cómo organizar el incremento de apoyo social que se estaba dando.

Al crecer la militancia de la organización, la mayor parte de esa militancia entraba a formar parte del Frente Obrero. Eran personas que se comprometían pero que no realizaban acciones armadas. Pero el grado de represión había aumentado muchísimo desde el Proceso de Burgos, lo que originaba muchas detenciones y caídas en dicho frente. No hay que olvidar que el Régimen quería evitar otro proceso judicial al estilo del Proceso de Burgos que se le pudiera ir de las manos, por lo que en este período se producen un elevado número de muertos por parte de militantes de la organización, ya que los sectores más duros de los aparatos del Estado querían demostrar mano dura ante la opinión pública.

Todos estos problemas que arrastraba la organización armada le exigían fijar unas bases de actuación política y armada. Por ello convocan la VI Asamblea, pero unos meses antes, en concreto en mayo de 1973, se produce una reunión del Biltzar Ttipia (Comité Ejecutivo) en la localidad madrileña de Getafe para intentar superar las diferencias existentes entre el Frente Militar y el Frente Obrero aunque el problema no quedó superado. De esta reunión sale un comunicado que ETA difunde al pueblo vasco.

1974: Convulsión y rupturas en ETA (1ª parte)
Zutik de ETA

Los aspectos más importantes de este comunicado son los siguientes: La lucha armada es “la forma suprema de la lucha de la clase trabajadora”, la cual tiene dos aspectos: “a nivel táctico, potenciar y apoyar la dinámica de masas que desarrollamos la clase trabajadora y el resto de nuestro pueblo” y a nivel estratégico para dotar de un dispositivo armado a la clase trabajadora y clases populares vascas para derrocar e inutilizar las fuerzas represivas del régimen y en el marco ideológico, la organización armada da una explicación-definición de independentismo socialista: “Una independencia separatista con respecto al imperialismo y los Estados capitalistas español y francés, e independencia-unionista con respecto a todos los pueblos del mundo en especial con nuestros vecinos inmediatos. Independencia quiere decir pues, creación de un sistema social vasco completamente dirigido por nuestro Pueblo, en el que el grado de compromiso de unidad con los Pueblos vecinos sea función del momento histórico; somos partidarios de la abolición de las fronteras cuando no haya condiciones para que un hombre explote a otro ni que un pueblo oprima a otro. Nuestra lucha está concebida dentro de la unidad de los trabajadores del todo el mundo y en función de los intereses de la Revolución Socialista”.

En esta situación de tensión entre ambos frentes ETA V llega a su VI Asamblea.

VI Asamblea de ETA V

En primer lugar, hay que recordar que ETA V no reconoce la legitimidad de la VI Asamblea celebrada en verano de 1970 que dio origen a ETA VI por lo que para ellos esta es su verdadera VI Asamblea que celebra su primera parte en agosto de 1973 en Hazparne (Lapurdi)[1].

Las diferencias entre los militantes de ambos frentes se centran por un lado en cuestiones organizativas e internas; el Frente Obrero rechaza que para acceder a los puestos de dirección sea obligatorio saber euskera ya que había muchos miembros de este frente que no podrían optar a cargos de responsabilidad. Criticaba que no se veían representados lo suficientemente en los órganos de dirección de la organización, en concreto, en el Biltzar Ttipia (Comité Ejecutivo); y en la política de alianzas: El FM propugna que solo se lleguen a acuerdos con otras organizaciones vascas y el FO quiere libertad de acción ya que su planteamiento es llegar a acuerdos con otras organizaciones de izquierda del Estado español.

ETA aprueba un documento no muy extenso en el que recoge su línea ideológica, el documento se titula Por qué estamos por un Estado Socialista vasco”. Es un texto en el que no entran en la dinámica de grandes discursos teóricos. Si comparamos este documento con el Zutik nº 55 que publica ETA VI en marzo de 1973 con motivo de la 2ª parte de su VI Asamblea, la conclusión que podemos obtener es que el documento de ETA VI es de un gran desarrollo y profundidad teórica en contraposición con el documento aprobado por ETA V que es mucho más sencillo, pero más accesible a las bases y los sectores de la población cercanos ideológicamente. Sin ser extenso, desarrolla y profundiza en las motivaciones que llevan a la organización ETA V a apostar por la construcción de un Estado Socialista Vasco. Con este documento ETA V pone de manifiesto las diferencias ideológicas que mantiene con ETA VI.

Así define la organización armada los objetivos que persigue:

“Nuestro objetivo fundamental es la creación de un Estado Socialista Vasco dirigido por la clase trabajadora de Euskadi como instrumento para alcanzar una sociedad vasca sin clases, una Euskadi auténticamente comunista; como instrumento -en suma- para nuestra total e íntegra liberación como trabajadores”.

En este documento la organización armada conjuga la lucha de liberación nacional del pueblo vasco con la lucha social para la consecución de una sociedad socialista y la enmarcan

“desde una perspectiva revolucionaria de clase, desde la perspectiva más consciente y auténticamente revolucionaria: la comunista”.

Profundiza en los motivos por los que se posicionan en favor de la independencia y la argumentación gira en los planos étnico y cultural. Hay que tener presente que en estos momentos la izquierda del Estado español tiene unas posiciones un tanto ambiguas respecto del problema vasco[2].

“En el plano nacional, luchamos por la liberación de Euskadi desde una perspectiva independentista; lo que ciertamente nos distingue de muchas organizaciones socialistas […] Nosotros no somos independentistas porque creamos que españoles o franceses nos roban dinero y lo mejor de nuestra juventud y busquemos edificar una sociedad vasca opulenta, ni porque los vascos seamos superiores y no nos convenga tener contacto alguno con maketos[3], belarrimotzas[4] o cosas por el estilo, ni condicionados por el odio étnico que España y Francia nos tienen […] si éstas fueran las únicas razones […] nos opondríamos con todas nuestras fuerzas a tal reivindicación por burguesa, racista y cabalmente reaccionaria. Nosotros somos independentistas porque creemos que nuestro problema como trabajadores vascos, nuestro problema como clase explotada en un contexto de pueblo nacionalmente oprimido, no puede solventarse dentro del marco español o francés […] Solo un Poder Político Independiente en nuestras manos, es decir, sólo un Estado Socialista Vasco podrá garantizar la resolución de la otra cara del problema, nuestra liberación como miembros de una comunidad nacional oprimida: Euskadi”.

Para ETA V, por un lado, el problema vasco desborda los marcos estatales español o francés al englobar un territorio que está dentro de dos estados diferentes, pues en ambos casos, existe una franja de territorio vasco que queda fuera de sus respectivos dominios y, por otro, “el problema cultural del Pueblo Vasco no puede ser resuelto desde una perspectiva no vasca; aunque pretendidamente internacionalista”.

Para ETA las vanguardias españolas únicamente contienen “soluciones parciales e incompletas que -si bien a ellas les parecen satisfactorias- nos conducirían inevitablemente a la diglosia”.

En este documento los militantes de ETA se definen de forma expresa como comunistas, pero la organización armada sigue definiéndose como organización socialista sin posicionarse en ninguna tendencia dentro del socialismo.

como revolucionarios comunistas que somos, luchamos contra toda opresión; luchamos pues contra la opresión nacional. Y, por ello mismo, estamos por la independencia de Euskadi, por un Estado Socialista Vasco”.

De hecho, en este documento la organización armada encuadra al Estado Socialista Vasco como un paso transitorio hasta la consecución de la sociedad comunista. No deja de ser una etapa hasta la consecución una sociedad mundial sin clases. Lo que Marx y Lenin definían como la extinción del Estado[5].

El Estado Socialista Vasco -por fin- no tendrá una existencia perpetua: lo necesitaremos únicamente mientras estemos empeñados en la resolución de nuestro problema nacional y en la reconstrucción económica y social de Euskadi Norte. Una vez cumplidas estas tareas, la existencia de un Estado autónomo para el Pueblo Vasco habrá dejado de tener sentido. A consecuencia de ello, en tal momento nuestro deber internacionalista será unirnos en pie de igualdad con todos los pueblos y proletarios del mundo -comenzando por los más próximos- para proseguir la edificación de la sociedad comunista”.

Por el contrario, el gran problema de ETA V es que no está sabiendo articular organizativamente el aumento de su base social y las tensiones entre los dos frentes serán continuas. Estos problemas que la organización arrastra desde que en la V Asamblea aprueba el modelo frentista y que en algunos momentos generan fricciones profundas son dejados para debatirlos en la 2ª parte de esta VI Asamblea. El problema de ETA es que al ser un Movimiento de Liberación Nacional en el que abarca todos los frentes en la lucha contra el franquismo, una de las dificultades más importantes es que no todos los frentes llevan las mismas dinámicas a la hora de trabajar y algunos frentes tienen el hándicap de verse limitados en su trabajo político porque la organización tiene, entre otros, como método la utilización de la lucha armada que condiciona al resto de los frentes.

El 20 de diciembre de 1973 el Comando Txikia realiza el atentado contra Carrero Blanco. Una operación cuyos preparativos y seguridad fueron cuidados al máximo por la dirección de la organización, hasta el extremo que no todos los miembros de la ejecutiva de la organización tenían conocimiento de la acción que estaba preparando un comando en Madrid.

 En contraposición al éxito que tiene ETA en el ámbito operativo, el gran problema de la organización armada es el adecuarse a la nueva situación política ya que en estos momentos tiene dificultades para tener una organización de masas que esté enraizada en el tejido socio-político. Todo esto llevará a vivir unas tensiones importantes en el Frente Obrero de ETA, que se traducirá en el abandono de la mayor parte de la militancia de este frente, dando origen al nacimiento del primer partido político dentro del espacio de la izquierda abertzale, LAIA (Langileen Alderdi Iraultzaile Abertzalea)[6].

La segunda parte de este trabajo se centrará en la crisis surgida dentro del Frente Obrero, el nacimiento de LAIA y la posterior crisis internar en ETA, que dio origen al nacimiento de dos nuevas organizaciones producto de la ruptura interna en la organización: ETA militar y ETA político-militar.

Bibliografía utilizada:

Apalategi, Jokin: Los vascos, de la nación al Estado, Astero. Título original: Nationalisme et question nationale au Pays Basque: 1830-1976-PNB, ETA, Enbata…”.

Bruni, Luigi: ETA. Historia Política de una lucha armada, Txalaparta, Bilbao, 1987.

Casanova, Iker: ETA 1958-2008. Medio siglo de historia, Txalaparta, Tafalla, 2007.

Egaña, Iñaki: Diccionario histórico-político de Euskal Herria. Tomo I, Txalaparta, 1996.

Egido, José Antonio: Viaje a la nada. Principio y fin de Euskadiko Ezkerra, Txalaparta, 1993.

Forest, Eva. Operación Ogro (Como y por qué ejecutamos a Carrero Blanco), Argitaletxe HIRU, Hondarribia, 2ª Edición, 1993

Giacopuzzi, Giovanni: ETA. Historia política de una lucha armada 2ª parte, Txalaparta, Tafalla, 4ª edición, 2001.

Giacopuzzi, Giovanni: ETA pm. El otro camino. Txalaparta, Tafalla, 1997.

Letamendia Belzunce, Francisco (Ortzi): Historia de Euskadi. El Nacionalismo y ETA, Ruedo Ibérico, 1977.

Varios: Clase obrera, marxismo y cuestión nacional en Euskadi, Cursos “IPES” cuaderno de formación nº 1, conferencias celebradas entre el 23 de marzo y el 3 de junio de 1980 en Bilbao.


[1] Lapurdi: Territorio de Euskal Herria situado en Iparralde o País Vasco-Francés.

[2] Recordar que tanto la escisión de ETA Berri que en este momento se denominan Komunistak como ETA VI entienden que la opción independentista es contrarrevolucionaria y pequeñoburguesa.

[3] Maketo: Término despectivo que se utilizaba para denominar a las personas que emigraron de otras zonas a Euskadi.

[4] Belarrimotza: Término despectivo a veces utilizado para referirse a las personas no originarias del País Vasco (en este sentido acepción similar a la de maketo) o que no conocen el euskara.

[5] Marx y Lenin teorizan sobre este tema en varias de sus obras. Una de las más importantes es el Estado y la Revolución de Lenin en la que analiza las teorías de Marx sobre esta cuestión refutando las interpretaciones que de Marx realizan algunos líderes de la II Internacional.

[6] Langileen Alderdi Iraultzaile Abertzalea: Partido Abertzale Revolucionario de los Trabajadores.

Operación Ogro. Un golpe al corazón del régimen franquista (2ª parte)

La ejecución de Carrero Blanco

Nos encontramos en el último trimestre de 1973, cuando empezaron a estudiar la forma realizar el atentado. Después de barajar diferentes opciones, optaron por realizarlo mediante una explosión, para ello en el mes de noviembre, lograron alquilar un sótano en el número 104 de la calle Claudio Coello, desde donde excavaron un túnel en forma de T, en dirección al centro de la calle para colocar en tres puntos del túnel alrededor de 80 kilogramos de dinamita. Su construcción fue rápida, pues lo realizaron en ocho días, eso sí con grandes dificultades y con mucho miedo que se pudiera hundir el techo del túnel.

Operación Ogro. Un golpe al corazón del régimen franquista (1ª parte)
Calle Claudio Coello nº 104

Los preparativos estaban realizados en el mes de diciembre a falta de concretar la fecha para llevar a cabo el magnicidio, la cual tuvo que retrasarse en varias ocasiones: la primera fecha para realizarlo estaba señalada para el día 13 de diciembre, aunque fue aplazada al día 18, pero debido a unos problemas técnicos se vieron obligados a volver retrasarla un día, pero justo ese día coincidía con la visita del secretario de EEUU Kissinger, lo que iba a conllevar un incremento considerable de policía en la zona donde iban a realizar el atentado, debido, entre otras cosas, al encontrase muy cerca de la embajada norteamericana, lo que les llevó a posponerlo un día más. De hecho, la víspera del atentado, Kissinger se entrevistó con Carrero Blanco. El día 20 iba a ser la fecha definitiva.

Otro dato importante es que para esas fechas del mes de diciembre estaba previsto la celebración de un juicio contra diez líderes de las Comisiones Obreras, más conocido como Proceso 1001, para los que había unas elevadas peticiones de prisión. En concreto, la vista dio comienzo el mismo día en el que ETA realizó el atentado. Este hecho fue motivo de crítica hacia ETA por parte del PCE, pues podía frenar las movilizaciones de solidaridad con los encausados. Esta cuestión la aclararía ETA en el Zutik 64, donde explicaría los motivos de pasar por alto la celebración de este juicio, que no fueron otros que la convocatoria que había sido organizada para el día 12 de diciembre como protesta contra el Proceso 1001 no generó movilizaciones apreciables, por lo que entendieron que el atentado no iba a interferir en las protestas que se organizasen en solidaridad con los encausado en el Proceso 1001.

Operación Ogro. Un golpe al corazón del régimen franquista (2ª parte)
Zutik de ETA

El día 20 de diciembre el comando tenía todo preparado para realizar la acción y una vez que comprobaron que ese día Carrero había ido a misa, procedieron a ejecutar el plan para realizar el magnicidio. Cuando el Dodge 3700 GT negro, donde viajaba el almirante se aproximaba a la altura del 104 de la calle Claudio Coello, tuvo que reducir la marcha porque los miembros del comando habían colocado un coche, marca Austin Morris, en doble fila, justo a la altura del túnel, para dificultar la marcha del coche donde viajaba el almirante. Ese vehículo también tenía otras finalidades: por un lado, que el miembro del comando que diera la señal para activar el explosivo no tuviera ningún error de cálculo, pues estaba situado en la confluencia de la calle Claudio Coello y Diego de León y pudiera dar la orden cuando pasase por encima del túnel; y, en segundo lugar, porque dentro del vehículo habían colocado una carga de dinamita para que explotase por simpatía, cosa que no ocurrió. De esa forma, al llegar a la altura del Austin Morris, uno de los miembros del comando accionó el dispositivo, provocando una gran explosión, lo que elevó el vehículo hasta dar en la cornisa del convento de los jesuitas que hay en la parte posterior a la iglesia para acabar cayendo a su patio interior.

El régimen en estado de shock

Las primeras horas después de cometerse el atentado fueron de un desconcierto total por parte de los aparatos del régimen. En principio se pensaba que lo sucedido fue a consecuencia de un escape de gas, porque los miembros del comando, cuando realizaron la explosión, salieron corriendo al grito de “gas, una explosión de gas”.

Operación Ogro. Un golpe al corazón del régimen franquista (1ª parte)
Fachada del convento de los Jesuitas. Calle Claudio Coello

Los cuerpos policiales no empezaron a barajar la hipótesis del atentado hasta avanzada la tarde, pero lo que despejó todas las dudas fue la reivindicación que realizó la organización independentista el mismo día 20, a través de un comunicado difundido en Baiona. Por la noche los aparatos policiales barajaban la autoría de ETA como única hipótesis de trabajo.

A partir de ese momento, los datos que se publicaban en la prensa, cuya única fuente eran los aparatos policiales de la dictadura, no dejaban de ser palos de ciego, con innumerables errores de bulto, sin contrastar la información. Todo podía valer para ocultar la realidad, que no era otra que durante meses los militantes de ETA se habían movido por Madrid con toda la tranquilidad del mundo, hasta el extremo que en el mes de mayo de 1973, el comité ejecutivo de la organización llegó a realizar una reunión en un piso de Getafe, para sortear la presión policial que se daba en Euskal Herria.

Durante los días siguientes al atentado, la Policía publicó fotografías de diferentes militantes de ETA, como autores del atentado, algunos de los cuales realizaron declaraciones públicas en las que manifestaban que llevaban meses residiendo en territorio francés, donde realizaban una vida conocida, o como fue el caso de Jose Félix Azurmendi, que fue imputando, cuando llevaba tiempo viviendo en Caracas. Un ridículo en toda regla.

El historiador Iñaki Egaña, en su ensayo “Operación Ogro. Hechos y construcción del mito”, relata un suceso que, además de la tragedia que supuso, dejaba en evidencia que los aparatos policiales del Régimen estaban totalmente perdidos. En la madrugada del 21, la policía disparaba contra un joven de 19 años, Pedro Barrios, pensando que era Iñaki Mujika Arregi, Ezkerra. La prensa que escribía al dictado del Régimen, publicó que uno de los integrantes del comando había resultado herido a consecuencia de la explosión producida en el atentado. Pasados quince días, este joven falleció a consecuencia de las heridas sufridas, y a partir de entonces, del tema nunca más se hizo mención en ningún medio de comunicación.

En todo ese ambiente en el que muchas de las informaciones no tenían ni pies ni cabeza, la realidad fue que el comando se retiró del lugar del atentado en un vehículo que tenían preparado en la zona para luego seguir la huida en transporte público, con destino a un piso de seguridad, situado en la localidad de Alcorcón, donde tenían previsto estar escondidos hasta que se dieran las condiciones para poder salir de la Capital, pero en la vivienda sótano desde donde realizaron el túnel, dejaron alguna pista falsa para que la Policía pensase que habían huido en un vehículo de gran cilindrado con dirección a Andalucía.

En un espacio de ocho días ETA difundió cuatro comunicados. El primero para reivindicar la autoría del atentado y los otros tres con la finalidad de clarificar algunas cuestiones y desmentir las declaraciones del lehendakari Leizaola y del secretario general del PCE, Santiago Carrillo, que negaban que ETA fuese la autora del atentado.

En la vorágine de esos días ETA daría una rueda de prensa en la ciudad de Burdeos, donde cuatro encapuchados, haciéndose pasar por los autores materiales del atentado daban todo tipo de detalles de cómo lo perpetraron. Fue toda una escenificación que tuvo varios fines. El más importante, sin duda, era dar la imagen que las personas que realizaron el atentado ya estaban a salvo, fuera del alcance de la Policía española. De hecho, en la rueda de prensa relataron que la huida la habían realizado por Portugal y posteriormente en un barco a Bretaña. Otro motivo, mencionado anteriormente, era disipar las dudas que sembraron algunos dirigentes políticos antifranquistas acerca de la autoría de ETA. En esa rueda de prensa, informaron que el coche que estaba aparcado en doble fila a la altura de donde se produjo el atentado, contenía una carga explosiva que no llegó a explotar, con la intención de evitar que explotase en algún depósito de vehículos con lo que ello podía acarrear. Este dato servía, aún más, para verificar que la organización independentista vasca era la autora. La rueda de prensa cumplió su objetivo, por un lado los medios la dieron por buena y a los investigadores policiales ni se les pasaba por la cabeza que los autores del atentado estaban escondidos en un piso de Alcorcón.

Las reacciones al atentado

Se podría decir que la respuesta del régimen al atentado entraba dentro de su lógica represiva, incrementándola, máxime cuando el Bunker salió a la calle pidiendo mano dura. Los más ultras del régimen se manifestaron junto al lugar donde se realizó el atentado, en el entierro y actos oficiales en recuerdo del almirante. Algunos mandos policiales y militares, como el teniente general Iniesta Cano, que ostentaba el cargo de director general de la Guardia Civil pedían tener las manos libres para dar respuesta al atentado, de hecho hubo varios muertos a causa de disparos de la policía.

La represión se cebó con todo lo que fuera disidencia, la condenas a los sindicalistas del proceso 1001 fueron inusualmente altas, siendo condenado Marcelino Camacho a 20 años de prisión. El 2 de marzo de 1974, el régimen franquista ejecutó mediante garrote vil al anarquista Puig Antich. Era la venganza del régimen ante el atentado contra Carrero Blanco. En esa espiral represiva, el dictador agonizó de la misma forma en la que llegó al poder,  y en el mes de septiembre de 1975 fusilaron a tres militantes del FRAP y dos de ETA (pm), siendo el Estado de excepción una herramienta socorrida a la hora de aplicar la represión. El atentado trajo consigo la detención de muchos estudiantes vascos que cursaban sus estudios en Madrid.

Aunque después de 50 años, pueda parecer algo chocante, pero la respuesta de algunas organizaciones antifranquistas fue bastante contradictoria y chocante en algunos casos, probablemente motivada porque a ninguna de ellas se les pasaba por la mente la posibilidad que se pudiera dar un atentado de esta naturaleza. El atentado dio lugar a una situación bastante curiosa que probablemente hoy en día haya quedado en el olvido, que no era otra que la diferente respuesta que hubo entre la militancia de base y el pueblo por un lado, y la dirección de algunas de las organizaciones antifranquistas, por otra

Contrastaba la alegría de las gentes antifranquistas, independientemente de las siglas a las que pertenecieran con las declaraciones de las direcciones de algunos partidos políticos, como el PNV, PCE, LCR-ETA VI y MCE. En Euskal Herria corría la sidra, el cava en Catalunya y los trabajadores de otros puntos del Estado no dudaron en celebrarlo. Por el contrario, para los dirigentes de algunas organizaciones, el hecho que una organización como ETA, que tan solo unos meses antes,  la prensa del régimen la daba por desarticulada, ponía en tela de juicio el tipo de oposición al régimen que estaban realizando y la idoneidad del ejercicio de la lucha armada contra un régimen que se sustentaba en la represión y el miedo. En aquellos años la práctica de la lucha armada contra el régimen no dejaba de ser un debate que estaba sobre la mesa y que generaba una disputa importante entre los que estaban a favor y sus detractores.

Una de las primeras reacciones fue la del PCE, a través de su secretario general, Santiago Carrillo, que en el periódico francés L´Humanité se expresa en los siguientes términos: “las circunstancias de la muerte de Carrero son muy extrañas y las versiones son contradictorias y sospechosas”. Para la dirección del PCE fue la mano de profesionales experimentados y poderosamente cubiertos, y no de los amateurs que reivindicaron el atentado “ayudando de esta forma a cubrir a los auténticos autores del mismo”.

Comentarios similares realizados por Carrillo, se recogen en el nº 1 de Euzkadi Roja, órgano del PC de Euskadi. Ven una mano negra detrás de todo lo sucedido, llegando a manifestar que “lo que está fuera de toda duda es que la inspiración nada tiene de común con los intereses del pueblo vasco”.

Otra reacción que se dio en parámetros similares fue la del lehendakari en el exilio, Jesús María Leizaola, que negaba la veracidad del comunicado de ETA, afirmando que “No puede ser sino una acción llevada a cabo por unos elementos aislados”. Su postura la fundamentaba en dos razones que vistas con la perspectiva de los años, da una muestra de la decadencia del Gobierno Vasco en el exilio: La primera es que “El acto de violencia extremo, cual es la muerte premeditada y perfectamente planeada es impropio del hombre vasco” y la segunda no tiene desperdicio, pues llega a decir que “si ETA hubiera sido la ejecutora, el Sr. Leizaola, como Presidente del Gobierno Vasco en el exilio y por tanto máximo representante político del pueblo vasco, hubiera estado al corriente de lo sucedido, y no lo estaba”.

En un segundo comunicado fechado el 22 de diciembre, la organización armada desmintió categóricamente las declaraciones del Sr. Leizaola y del pleno del C.E del PCE. ETA tuvo que enviar por dos veces una delegación a París para que el Leizaola rectificase sus palabras y reconociera la autoría de ETA.

La reacción de la prensa europea, sobre todo la francesa, era diáfana. Para Le Nouvel Observateur, la desaparición de Carrero Blanco del mapa político español iba a traer consigo el enfrentamiento entre las diferentes familias que conformaban el régimen, pues este “puede impedir el choque y preparar el terreno al futuro rey”. Le Monde es contundente, al hacerse eco de un antiguo embajador del régimen: “la muerte del almirante ha acortado el proceso de sucesión al menos en cinco años”.

Una vez realizado el atentado, ETA realizó un análisis en el Hautsi nº 5 en el que manifiestaba que “la desaparición de Carrero Blanco no equivale a la entrada en barrena del franquismo… Tampoco es cierto que la muerte de Carrero no representaba nada políticamente…. Aglutinaba y mantenía el equilibrio entre las diferentes tendencias fascistas, y entre éstas y otras más liberales… evitando que se desarrollasen peligrosamente las divergencias que dentro del régimen y sectores circundantes se incubaban”.

En el libro de Eva Forest, recoge un documento del Comando Txikia, que fue redactado a lo largo de la entrevista que sirvió para la elaboración del libro, en el que pasan revista a las posturas que se dieron en la oposición antifranquista ante el atentado contra Carrero Blanco, una vez que las dudas sobre su autoría habían quedado del todo disipadas.

En él dan una respuesta al Sr. Leizaola, en el que analizan la política del Gobierno Vasco  y del PNV, “carente de actividad y distanciamiento con los verdaderos intereses populares vascos”, calificándolo como una institución que ya cumplió su papel histórico y que “sólo podría resucitar por obra y gracia de alguna maniobra de la oligarquía española en busca de la integración del pueblo vasco en el sistema monopolista, maniobra en la que estarían envueltas algunas organizaciones reformistas españolas”. El debate de ruptura democrática o reforma estaba encima de la mesa, y presagiaba lo que posteriormente sucedió y la postura que mantendría el PNV una vez que murió el dictador.

Dedican un apartado importante a rebatir el análisis que realiza el PCE en lo relativo a la acción contra el presidente del régimen, pues el pleno del C.E del PCE de 29 de diciembre de 1973  se había manifestado en los siguientes términos: “Nosotros estamos contra el atentado individual porque consideramos que no resuelve, que no da una salida y que puede ser un obstáculo al desarrollo de la lucha del pueblo, de las masas en las que está la posibilidad de solución”. Da la sensación que el PCE renunciaba a la ruptura democrática y una vez que Franco despareciera de la escena política, sería asimilado por el régimen, como así fue.

Las diferentes escisiones que se dieron en ETA en la década de los 60 y 70, de donde surgieron la VI Asamblea de ETA, posteriormente fusionada con la LCR y el Movimiento Comunista de España (MCE), se posicionaron ante este atentado. LCR-VI Asamblea se posiciona en contra de los métodos de ETA V calificándolo como “un activismo minoritario” que pueden crear ilusiones en la clase obrera y en franjas de la vanguardia, para manifestar que “no es mediante la liquidación progresiva de los capitalistas del régimen como se puede derrocar a éste, sino mediante la acción revolucionaria de las masas”. Por su parte, el MCE entiende que “este tipo de atentados no pone en dificultades la continuidad del franquismo”.

A este análisis los miembros de Comando Txikia se preguntan “si se puede dudar de que la ejecución de Carrero Blanco ha sido un duro golpe para el fascismo en el Estado español; y ha despertado los elementos contradictorios que conviven en el seno del Estado”.

Muy distinta fue la respuesta que dio el Movimiento Libertario. Aplaudieron la acción, posicionándose en contra de las declaraciones del PCE. En su análisis entienden que políticamente es de mayor relieve el atentar contra Carrero que contra el mismo dictador, pues el almirante es su brazo derecho y sucesor de Franco.

El pueblo, al margen de siglas políticas, lo valoró como un acontecimiento histórico y lo expresaba de forma clara ¿quién no ha tirado el jersey al aire cantando la canción que popularizaron Eñaut Etxamendi y Eñaut Larralde? “Voló, voló, Carrero voló y en el alero quedó, Yup! La-la” se convirtió en todo un clásico en las fiestas y no sólo en Euskal Herria.

Bibliografía utilizada:

Bruni, Luigi: ETA. Historia Política de una lucha armada, Txalaparta, Bilbao, 1987.

Caro Baroja, Julio y AA.VV: Historia General del País Vasco, La Gran Enciclopedia Vasca-Haranburu Editor, Volumen XIV, Donostia, 1981.

Casanova, Iker-Paul Asensio: Argala, Txalaparta, Tafalla, 1999.

Eva Forest: Operación Ogro. Cómo y por qué ejecutamos a Carrero Blanco, Hiru Argitaltxea, 1993 y Baigorri Argitaltxea, 2013.

Iñaki Egaña: Operación Ogro. Hechos y construcción del mito, Txalaparta, Tafalla, 2023.

José Antonio Castellano López: Carrero Blanco. Historia y memoria, Los libros de la Catarata, 2023

Letamendia Belzunce, Francisco (Ortzi): Historia de Euskadi. El Nacionalismo y ETA, Ruedo Ibérico, 1977.