Corruptor. Una profesión con un gran porvenir

Para que todo el mundo lo entienda, con este fallo, el TS ha venido a decir que no hay problema en comprar voluntades, untar a políticos o personas que tengan el suficiente poder para adjudicar negocios o cualquier otra prebenda, y para ello no se ha cortado, y al corruptor de turno, en este caso Aldama, no solo le ha puesto una condena irrisoria, si tenemos en cuenta la gravedad de los hechos por los que ha sido condenado, sino que no va a tener que pagar ninguna multa. Y si esto fuera poco, no va a tener que devolver el dinero que se embolsó de forma ilícita, causando un quebranto en las arcas públicas.

La justicia española ha vuelto ha escribir una de las páginas más negras de su historia, y no porque haya dictado una sentencia condenatoria contra un ex ministro y una de sus manos derechas, pues no había dudas de sus actividades, sino porque con su fallo, ha creado un precedente más que peligroso, que no es otro que sentar doctrina a la hora de dejar salir de rositas a los corruptores. Esos señores que para enriquecerse de forma ilícita, compran a políticos, funcionarios y todo lo que se les ponga por delante, con la única finalidad de lucrarse y obtener pingües beneficios.

El Tribunal Supremo, con la sentencia que ha dictado en el caso mascarillas, está poniendo una alfombra roja a todos aquellos que quieran ser corruptores, porque sale gratis.

Corruptor. Una profesión con un gran porvenir
José Luis Ábalos en el Congreso de los Diputados (Wikimedia Commons)

Pero empecemos por el principio. Nada que objetar a las condenas de Ábalos y Koldo García. El primero es un ejemplo de político nacido bajo el paraguas del régimen del 78, ha sido creado con ese molde que sirve para dar forma a cualquiera de los partidos que apuntalan el sistema, ninguna diferencia con Rodrigo Rato (PP), Jaume Matas (PP), Pujol (CiU), De Miguel (PNV), y un largo etcétera. De Koldo poco hay que decir, otro personaje con un pasado nada edificante, de profesión, segurata, portero de discoteca, condenado por agresión con resultado de lesiones en 1995 a 2 años de cárcel, que, casualmente, fue indultado por un gobierno presidido por Aznar. Con este currículum tiene una meteórica carrera; debía de tener alguna virtud de la que carecemos el común de los mortales, pues llegó, nada más ni nada menos, a formar parte del Consejo Rector de Puertos del Estado y de Renfe. Un personaje que deja muchas dudas del papel que ha desempeñado en todo este proceso, pues en algunos momentos, ha dado la sensación que además de ser parte fundamental de la trama, estaba haciendo un doble juego, porque el reguero de pistas que ha ido dejando llama poderosamente la atención. Y es importante señalar, que esas pistas les delataron mucho antes que Aldama, en un momento de arrepentimiento decidiera cantar.

Para que todo el mundo lo entienda, con este fallo, el TS ha venido a decir que no hay problema en comprar voluntades, untar a políticos o personas que tengan el suficiente poder para adjudicar negocios o cualquier otra prebenda, y para ello no se ha cortado, y al corruptor de turno, en este caso Aldama, no solo le ha puesto una condena irrisoria, si tenemos en cuenta la gravedad de los hechos por los que ha sido condenado, sino que no va a tener que pagar ninguna multa. Y si esto fuera poco, no va a tener que devolver el dinero que se embolsó de forma ilícita, causando un quebranto en las arcas públicas. Ah!!! Claro, se me olvidaba, todo ello ha sido gracias a que este delincuente convicto, ha hecho acto de contrición, y ha colaborado con la justicia. Un auténtico chollo, uno delinque, se lo lleva muerto, y si tiene mala suerte y le cazan, siempre queda el comodín del arrepentimiento, y a otra cosa mariposa.

Corruptor. Una profesión con un gran porvenir
Víctor de Aldama (Foto Europa Press)

La figura del arrepentido siempre me ha despertado grandísimas dudas. No es nuevo que se dé la circunstancia que alguien, para intentar salir de rositas, se arrepienta y, casualidades de la vida, acusa a otras personas de la comisión de algún delito. Estamos hablando de que los órganos jurisdiccionales dan un peso probatorio a una declaración que su consistencia me suele generar muchas dudas, y que no deja de ser una fórmula recurrente por parte del arrepentido para minimizar la condena. Pero lo más grave en el caso de la sentencia dictada por el Tribunal Supremo es que las pruebas ya existían, cuestión que se recoge en la sentencia, antes que este angelito, llamado Aldama, tuviera ese arranque de sinceridad y de deseo de colaborar con la justicia. Por ello, es aún más llamativo lo indulgente que ha sido el TS a la hora de imponerle la pena, pues la condena no es que sea irrisoria, sencillamente es un insulto a la sociedad. Al TS le ha faltado invitar a que se siga el ejemplo de Aldama: primero me lo llevo muerto, y si me pillan, tiro de manual del delincuente arrepentido. Pero en este caso, también se le ha querido premiar porque ha sido un peón más en el intento de la judicatura de atacar a este gobierno.

Todo esto sólo es entendible desde la perspectiva que todo vale para intentar cargarse a este gobierno, que tímidamente ha abiertos algunos caminos que no han gustado a los poderes que sustentan el régimen. Eso de llegar a acuerdos con republicanos e independentistas para sacar adelante leyes que sean beneficiosas para los sectores más vulnerables de la sociedad no se lo perdonan, y uno llega a la conclusión que en el PSOE, aunque tarde, empiezan a entender que ya han dejado de ser un partido que era tratado con cierta deferencia por parte de los poderes fácticos y, en concreto, por los jueces. Ahora bien, siempre tratando con suavidad a los corruptores, que son una especie protegida, que les hacen el trabajo sucio.

Y como todo esto les debe parecer poco a la derecha mediática, la única forma de sacarle a hombros a un corruptor confeso, no es otra que haciendo el paseíllo por todos los platós de radio y televisión. La única duda que me queda es si en cada aparición el corruptor ha pasado el cepillo, lo digo, más que nada, por los titulares que les ha dado para llenar horas de programas.

Tirar del hilo

Elsa, desde la perspectiva de una mujer adulta, pasados los años, nos relata su infancia; irá soltando una madeja para sacar a la luz la historia de su familia y el ambiente en el que se desarrolló su niñez, donde aparecerán su madre, sus tías y abuelas paternas y su hermana mayor, personas con las que convive diariamente, lo que la autora lo definirá como un gineceo, al estilo de la Grecia clásica, un lugar para la obediencia y el recato.

Tirar del hilo

Adentrarse en las relaciones humanas es algo delicado, al menos, a mí siempre me lo ha parecido; analizar los comportamientos de las personas no me parece que sea nada fácil, pero si ello lo circunscribimos a las relaciones que se dan en un entorno familiar, entonces nos estamos adentrando en un terreno más peligro que un campo de minas. En las relaciones familiares es donde se pueden percibir muchas de las miserias humanas.

En las interioridades de las familias se esconden historias que en muchos casos hay un intento para que no salgan a la luz, es como si hubiera un código no escrito que lo prohibiese, pero también es verdad, que sólo es necesario cualquier situación para que se rompa ese pacto no escrito y alguien tire del hilo, como si pusiese en práctica una terapia para sanarse o reconciliarse con su pasado.

Tirar del hilo
Teresa Moure (Wikimedia Commons)

Para adentrarse en las interioridades de una familia muy singular, en las que se dan algunas de las circunstancias anteriormente mencionadas, hoy traigo la novela Tirar del hilo (Editorial Txalaparta, mayo de 2024), cuya autora, Teresa Moure, a través de la protagonista de su relato, Elsa, nos adentrará en una familia, que si por algo destaca, es por el sometimiento de las mujeres de ese clan al único hombre que forma parte de ella.

Elsa, desde la perspectiva de una mujer adulta, pasados los años, nos relata su infancia; irá soltando una madeja para sacar a la luz la historia de su familia y el ambiente en el que se desarrolló su niñez, donde aparecerán su madre, sus tías y abuelas paternas y su hermana mayor, personas con las que convive diariamente, lo que la autora lo definirá como un gineceo, al estilo de la Grecia clásica, un lugar para la obediencia y el recato. Una familia un tanto sui generis, donde las mujeres que forman parte de ella, viven bajo el temor que les infunde el padre de Elsa, único hombre que forma parte de ella. Las mujeres de ese clan familiar son de personalidad e inquietudes antagónicas entre ellas; detrás de cada una hay una historia diferente que las marcará de por vida. La relación que la protagonista tiene con su padre es fundamental en el desarrollo de la trama de esta novela.

Elsa es una niña amante de los libros, lo que le ayudará a la hora de ir formando su personalidad; va siendo consciente de la situación de sometiendo de las mujeres de la familia, ello le llevará a rebelarse contra la autoridad y el miedo impuesto por su padre; no aceptará el orden existente, y para luchar contra ello irá pergeñando un plan para liberarlas, que pasa por matarlo. Para ello, hilará, urdirá y zurcirá todo lo necesario para ejecutarlo. Elsa encarna la rebeldía que le falta a las mujeres de esta familia tan particular. Su forma de pensar va por delante de  los tiempos en los que vive.

Es una novela divertida, de lectura ágil, donde el humor es una constante a lo largo del relato que nos va mostrando la inteligencia que puede tener una niña para entender e interpretar las reacciones de los mayores. Tiene un sentido diferente a los otros niños de su entorno, su lógica le permite razonar en muchos momentos, lo que le generará algún problema con los adultos de su entorno.

La historia de este libro está ambientada en una población de Galicia, tierra natal de Teresa Moure, y en los años de la Transición. A lo largo de la narración nos irá mostrando la sociedad de la época, un ambiente en el que todo se esconde, los tabús están a la orden del día, y el papel que la mujer tiene designado en ella. Todo ello producto de la herencia de décadas de opresión en todos los ámbitos de las relaciones humanas y familiares.

Tirar del hilo
Tirar del hilo. Editorial Txalaparta