Fugarnos era una obligación, un compromiso con Euskadi…. Pero de algo no nos cabía duda. De que la lucha más dura, la más eficaz, la que verdaderamente había de decidir el triunfo o la derrota, era la de la calle, la de los que si estaban insertos en la realidad diaria de los trabajadores de Euskadi como uno más.
(Serrano Izko)
Este mes se ha cumplido el cincuenta aniversario de la fuga de 29 presos de la cárcel de Segovia. Si bien en su mayoría eran militantes de ETA político-militar, con 12 fugados; el resto lo componían 5 militantes de ETA militar, 5 de LCR-ETA VI, uno de ETA VI, uno de ETA V, 2 del Front d´Alliberament de Catalunya, 2 militantes del MIL (Movimiento Ibérico de Liberación) y uno del PCE (i).
El 5 de abril de 1976 fue el día elegido para realizar esta acción que supuso un golpe de efecto contra el régimen, puesto que se producía en una cárcel que Instituciones Penitenciarias tenía calificada como de máxima seguridad, aunque la fuga fue efímera para la inmensa mayoría de los participantes, puesto que sólo cuatro lograron cruzar la muga.
Aquel hecho tuvo la repercusión mediática que quisieron los aparatos del Estado, y para ello hay que ponerse en situación, porque hay que hablar de un régimen al que uno no sabría bien como definirlo, si como dictadura franquista sin Franco, o como monarquía franquista, más que nada porque los datos no dejan lugar a dudas. El Borbón fue designado por el Dictador, cuando se produjo la fuga habían pasado poco más de cuatro meses de su muerte, y el gobierno que había era continuista del régimen franquista, presidido por Arias Navarro, el carnicerito de Málaga, el mismo que presidió el último gobierno nombrado por el Dictador, y al que se le saltaban las lágrimas cuando daba la noticia de su muerte, y con ministros como Fraga Iribarne y Martín Villa, de una dilatada carrera durante la dictadura franquista, a los que palabras como democracia, amnistía, derecho de huelga y manifestación les producía auténticos chirridos en sus oídos, y algunos de ellos con el antecedente de haber firmado penas de muerte. En ese contexto, el régimen realizaba un control férreo sobre todos los medios de comunicación, televisión incluida, por lo que la información era totalmente sesgada en función de los intereses del régimen.
Para poder acercarnos a todo lo relativo a esta fuga, sin duda alguna, la mejor fuente sigue siendo el libro que escribió Ángel Amigo Quincoces ”Operación Poncho. Las fugas de Segovia”, que fue publicado por la editorial Hordago allá por marzo de 1978. Sin lugar a dudas, la lectura de este trabajo es la forma más directa para conocer todo lo relativo a la Operación Poncho, pues qué mejor documento que el escrito por un protagonista activo de lo que en él se narra, ya que fue uno de los 29 presos que participó en la fuga. Ese libro fue utilizado por el director de cine Imanol Uribe para realizar en 1981 la película “La fuga de Segovia”, en la que algunos de los que participaron en ella tuvieron un papel como actores. El lector puede encontrar artículos de prensa que han tratado este hecho, pero en ningún caso consiguen aportar ningún dato de interés que no esté recogido en este trabajo.
Si uno se fija en el título del libro de Ángel Amigo, al hablar de la fuga lo hace en plural “Las fugas de Segovia”. No es ninguna errata, ello se debe a que sencillamente es imposible hablar de la fuga que protagonizaron los presos de la cárcel de Segovia el 5 de abril de 1976, sin tener presente el primer intento de fuga que llevaron a cabo los presos de esta prisión, acción prevista para finales de julio y primeros de agosto de 1975.
A finales de la década de los 60 y primeros de los 70, la cárcel de Segovia era una de las cárceles donde más presos de ETA se encontraban recluidos, algunos de ellos con condenas muy duras. En el año 1974 en dicho centro penitenciario había presos de las diferentes ramas de ETA (ETA militar, ETA político-militar, algunos presos de ETA V Asamblea que no se habían posicionado con ninguna de las dos organizaciones anteriores y militantes de la antigua ETA VI Asamblea que formaban parte de la organización LCR-ETA VI, y algún militante de ETA VI que estaba descolgado); también los había de otras organizaciones antifranquistas (PCE, FRAP, PCE (i), MIL, etc.). En palabras de Ángel Amigo, todo ello se debía a que a partir de principio de los 70, el régimen franquista se enfrenta a un incremento considerable de la población reclusa por cuestiones políticas; la represión que había desatado la dictadura se veía reflejada en un aumento de militantes encarcelados, y la organización que más militantes acumulaba en las cárceles españolas y con condenas más grandes era ETA, debido a las caídas que sufrió en los años 1972 y 1973, lo que propicio que sus militantes fueran mayoría en algunas prisiones. Todas estas circunstancias obligaron al régimen franquista a concentrar a los presos políticos en algunos centros penitenciarios para lo que decidió acometer una serie de mejoras en lo que a la seguridad se refiere. En el caso de la cárcel de Segovia, las obras comenzaron en 1974.
Por tanto, el trabajo de Ángel Amigo ayuda a entender el contexto político de la época y en el que se desenvolvían los presos en los últimos años del franquismo y en los meses posteriores a la muerte del Dictador.
Las fugas de Segovia
En lo referente al tratamiento que da el autor a las fugas de Segovia, se adentra con detalles muy exhaustivos en cómo surge la primera fuga, que fue por un hecho un tanto curioso que no pasó inadvertido para los presos. Como consecuencia del intento de mejorar la seguridad de este recinto penitenciario, a finales de 1974 se realizan unas obras en la prisión, que llevan a condenar un retrete, levantando un muro junto a las duchas, dejando un espacio vacío. Tanto los presos de ETA político-militar, como los de LCR-ETA VI se percataron de este hecho, y a partir de ahí se van desarrollando los acontecimientos que los llevarán a la realización de un túnel que desembocaba en los colectores de la prisión y en un canal que les conduciría al exterior. Y para referirse a esta acción decidieron denominarla Operación Poncho, porque, según relata Ángel Amigo, en esa prisión hacía un tiempo que se había instalado un taller de confección donde los presos realizaban algunas prendas, entre ellas ponchos. De esa forma, la utilización de este término para referirse a la fuga no levantaría ningún tipo de sospechas entre otros presos ni entre los funcionarios.
El lector, a través del relato, encontrará una serie datos e información excepcional para poder entender las dinámicas que los presos políticos llevaban desde dentro de la prisión, no sólo en lo relativo a la preparación de fuga, sino a su actividad militante, aunque se encontraran privados de libertad.
La primera fuga estaba prevista para finales de julio o primeros de agosto de 1975, pero todo se vino abajo el miércoles 30 de julio, con la detención del comando que estaba preparando desde el exterior todo el apoyo necesario que iban a necesitar los presos una vez estuviesen fuera de la prisión. En dicha operación muere Josu Mujica Aiestaran. La detención se debió a la existencia de un infiltrado en la organización, El Lobo, dato que no obtuvo ETA político-militar hasta que se produjeron las detenciones de miembros de esta organización en Madrid y Barcelona durante el mes de agosto.
Aquellos meses fueron un momento muy convulso, se avecinaban las sentencias a muerte de los últimos consejos de guerra de la dictadura, la posterior muerte del Dictador y, por lo que respecta a la situación de los presos en la cárcel de Segovia, Ángel Amigo, uno de los protagonistas de la situación, realiza un relato muy clarificador de todo lo que sucedía en este penal: huelgas de hambre, sanciones a los presos y la decisión de los presos de ETA político-militar de volver a intentar una fuga porque atesoraban el conocimiento de la red de alcantarillado de la prisión y de la existencia en el subsuelo de la prisión de un número importante de canales. La clave residía en poder volver a realizar un túnel desde otro lugar de la prisión que llegase a conectar con esta red de alcantarillado.

Un dato que aporta este libro es que los presos de ETA pm escribieron un libro desde dentro de la prisión en el que recogían todo lo relativo a la fuga frustrada en verano de 1975, aunque siempre omitiendo algunos datos, porque podían servirles para el nuevo intento de fuga que estaban preparando. Fue publicado por la editorial Editions Mugalde, con el título “Prisión de Segovia. El por qué el cómo y el después de un túnel que se hundió”, y al igual que el libro “Operación Ogro. Cómo y por qué ejecutamos a Carrero Blanco” fue firmado bajo el pseudónimo de Julen Agirre.
Ángel Amigo realiza un relato pormenorizado de todo lo que fue la fuga que realizaron el 5 de abril de 1976, tanto los trabajados realizados por los presos como el apoyo que recibieron desde el exterior de la prisión, porque una operación de esta envergadura requería una ayuda importante del exterior.
La lectura del libro puede parecer que es una novela que brilla por la creatividad e imaginación de su autor, pero nada más lejos de la realidad; en este caso el relato está exento de cualquier atisbo de ficción, el texto se ciñe a los hechos, y únicamente añadir que la fuga se fue al traste casi al final de su periplo, por errores humanos en la coordinación, viviéndose un episodio trágico, la muerte de Oriol Solé, militante anarquista del Movimiento Ibérico de Liberación (MIL) por disparos de la guardia civil, el cual se enteró un par de horas antes que iba a haber una fuga y había sido elegido para formar parte de ella. La línea que separaba la esperanza y la represión era muy difusa.
El libro consta de dos prólogos, el autor de uno de ellos fue Bixente Serrano Izko, el otro corrió a cargo de Juan María Bandrés. Me quisiera detener en el escrito por Serrano Izko, en primer lugar, porque también estuvo preso en Segovia, tuvo una participación activa en los dos intentos de fuga, y fue el encargado de realizar el borrador del trabajo anteriormente mencionado “Prisión de Segovia. El por qué el cómo y el después de un túnel que se hundió”, y en segundo lugar, porque en su prólogo condensa varias cuestiones que son interesantes de leer a día de hoy, para todas aquellas personas que no conocieron aquellos años; conceptos como la obligación como militantes de fugarse para continuar con la lucha fuera de la prisión, las obligaciones que tenían como militantes dentro de prisión (estudio, formarse políticamente, llamar la atención desde la cárcel mediante comunicados, huelgas de hambre, etc.). Y para definir lo anteriormente expuesto utiliza el término cárceles-escuela. Un lugar y un periodo en el que los presos políticos tuvieron claro que fugarse no era una cuestión romántica, sino una obligación para tomar parte activa en lo que se vivía en las calles en aquellos momentos.
Para finalizar, como el libro ”Operación Poncho. Las fugas de Segovia” en la actualidad es complicado encontrarlo, aquí facilito un enlace para su lectura.
Por lo que respecta a la película La fuga de Segovia, se puede ver en Youtube, a través del siguiente enlace:



























