Desapariciones forzadas. Una práctica habitual en conflictos políticos

La desaparición es el peor crimen de todos los posibles, una muerte alargada en el tiempo que va minando la entereza familiar, sin posibilidad de abordar el duelo que merecen. Y en el libro flotará esa impunidad que han tenido a lo largo del tiempo esa maraña de cuerpos policiales, organizaciones parapoliciales, servicios secretos, y siempre con la inestimable cobertura de la judicatura, y para no perder la perspectiva, esto no se circunscribe únicamente al Estado español.

“No conviene remover el pasado. Hechos como el caso Almería, Cubillo, Montejurra, Argala, Pertur, no conviene investigar, por el bien de España”.

General José Antonio Sáenz de Santa María (El Mundo, 3.8.1998).

El pasado 15 de octubre han coincidido en el tiempo dos hechos: por un lado, el aniversario de la desaparición de Lasa y Zabala, que se produjo ese mismo día de 1983 y, por otro lado, se publicaba la noticia de que el Gobierno español volvía a rechazar la condición de “víctima del terrorismo” para José Miguel Etxeberria Alvarez “Naparra”. Ambos casos tienen el mismo denominador común: fueron desapariciones forzadas en el contexto del conflicto vasco. En el caso de Lasa y Zabala el desenlace es bien conocido; hasta 1985 no aparecieron sus cadáveres, y hubo que esperar hasta 1995 para que fueran identificados los cuerpos. En el caso de Naparra, su desaparición se produjo en junio de 1980, y a día de hoy no ha podido ser encontrado su cadáver, pese al denodado esfuerzo que ha realizado su entorno familiar, junto con su abogado, Íñigo Iruin.

Estas noticias me han llevado a desempolvar un libro que hace un tiempo tuve en mis manos. Lo leí con mucho interés, pues aportaba innumerables datos en relación con el tema que abordaba: las desapariciones forzadas en el contexto vasco. El libro es obra del historiador e investigador Iñaki Egaña que con el título “Objetos perdidos. Desapariciones forzadas en el contexto vaso (1956-2010)”, fue publicado por la Editorial Txalaparta en noviembre de 2021.

Desapariciones forzadas. Una práctica habitual en conflictos políticos
Iñaki Egaña (Gorka Rubio-Foku)

En palabras del autor, la desaparición es el peor crimen de todos los posibles, una muerte alargada en el tiempo que va minando la entereza familiar, sin posibilidad de abordar el duelo que merecen. Y en el libro flotará esa impunidad que han tenido a lo largo del tiempo esa maraña de cuerpos policiales, organizaciones parapoliciales, servicios secretos, y siempre con la inestimable cobertura de la judicatura, y para no perder la perspectiva, esto no se circunscribe únicamente al Estado español.

Este ensayo ayuda a entender hasta donde pueden llegar lo que conocemos como aparatos del Estado en las democracias occidentales, puesto que no solo se han dado desapariciones de carácter político en los países latinoamericanos, donde las dictaduras militares han campado a sus anchas, con las bendiciones y asesoramiento de la administración estadounidense, sino que también ha sido una práctica en territorio europeo.

El autor, para poder contextualizar lo que aborda en este ensayo, y que el lector entienda el trabajo realizado, recoge la definición que da amnistía Internacional en esta materia en la que encajan perfectamente los casos que analiza: “La desaparición forzada se usa a menudo como una estrategia para sembrar el terror en la sociedad. La sensación de inseguridad y miedo que genera no se limita a los familiares cercanos de las personas desaparecidas, sino que afecta también a las comunidades y a la sociedad en su conjunto. Su uso se ha convertido en un problema mundial. Ampliamente utilizadas por las dictaduras militares en su momento, ahora se producen desapariciones en muchos conflictos internos, especialmente cuando se intenta reprimir a la oposición política”.

Al inicio de este comentario, se puede leer una frase del general José Antonio Sáenz de Santa María, en la que se expresa con meridiana claridad, y que el lector también la puede encontrar en el libro de Iñaki Egaña. Este militar no deja lugar a dudas, al manifestar que tiene que reinar la ley del silencio por el bien de España. “No conviene remover el pasado […] no conviene investigar, por el bien de España”. Si una vez más la impunidad sobrevuela por la historia más reciente, tan grave o más es que todos estos personajes pertenecientes a las altas instancias de los aparatos del Estado siempre anteponen “el bien de España” a la democracia, el Estado de derecho, o los derechos y libertades de la ciudadanía. Bajo el paraguas de “el bien de España” cabe todo, y han tenido y tienen carta blanca para vulnerar sistemáticamente todo tipo de derechos y libertades. Esta cita se puede poner en conexión con la que dijo Felipe González, siendo presidente del Gobierno: “El Estado de derecho también se defiende en las alcantarillas”. Todo esto se podría resumir en que la cuestión de Estado está por encima de cualquier derecho fundamental.

El título del libro puede parecer un tanto deshumanizado al referirse a personas desaparecidas con el término “objetos perdidos”, pero su utilización no es en absoluto casual, pues es la frase que utilizó un guardia civil del cuartel de Intxaurrondo, cuando la madre de Mikel Zabalza acudió al cuartel para preguntar por el paradero de su hijo. El agente le respondió “vaya a preguntar en objetos perdidos”.

El autor, en algo menos de 350 páginas, realiza un estudio detallado de algo más de una veintena de casos en los que se produjo una desaparición forzada en el contexto vasco. La mayor parte de los casos finalizaron con el desenlace trágico de la aparición del cadáver, pero hay casi una decena de ellos que hasta la fecha sus cuerpos siguen sin aparecer, aunque a día de hoy no hay dudas que perdieron su vida a lo largo de su cautiverio.

Entre los casos que Iñaki Egaña analiza concienzudamente los hay más conocidos por la repercusión mediática que han tenido, así como por su recorrido judicial, pero, lamentablemente, otros muchos son totalmente desconocidos para la inmensa mayoría de la población.

El autor inicia el libro acotando el ámbito en el que va a desarrollar su trabajo y los criterios que sigue a la hora de clasificarlos. Se podría hablar de desapariciones realizadas por agentes del Estado, grupos parapoliciales siguiendo directrices de los aparatos del Estado, y las atribuidas a organizaciones armadas en sus actuaciones contra el Estado. Y hay un último capítulo en el que recoge desapariciones que hasta la fecha no hay elementos para poder catalogarlas de carácter político.

Este ensayo es una fuente de información producto de sus investigaciones, pues el autor, durante el relato que realiza en cada uno de sus capítulos, va aportando infinidad de datos, no sólo los que atañen al caso que está analizando en ese momento, sino otros que generalmente el lector puede desconocer, y que en algunos casos no tienen conexión directa con el capítulo que está desarrollando, pero los ha obtenido en el transcurso de la investigación; en general, son un compendio de información interesante para el lector. A lo largo de esta obra es de destacar la labor que realiza Iñaki Egaña en analizar y desmontar informaciones periodísticas que en su inmensa mayoría se mueven en ese fango de filtraciones con algún interés espurio y la portentosa imaginación del periodista de turno.

Para la opinión pública de fuera de Euskal Herria, los casos de Lasa y Zabala, que fueron secuestrados en territorio galo para interrogarles, torturarlos y posteriormente asesinarlos probablemente sea de los más mediáticos. Otro que se podría incluir en ese grupo es el de Mikel Zabalza que fue detenido por la Guardia Civil para posteriormente aparecer muerto en el rio Bidasoa. Estos dos casos han sido llevados al cine.

Si uno se circunscribe al entorno social vasco, hay desapariciones que podrían estar a la misma altura de los anteriormente citados, como son la de Pertur, Naparra y Popo Larre, de los que hasta la fecha no han aparecido sus cuerpos. Fueron desapariciones que tuvieron un eco mediático, y que se ha ido manteniendo a lo largo del tiempo gracias a la lucha que han llevado, familiares, amigos, algunos organismos sociales y agentes políticos. Estos tres casos son analizados de forma muy pormenorizada en el libro, y tanto en el caso de Pertur como en el de Naparra, el autor ha tenido un protagonismo muy importante en las actuaciones que se han realizado en la búsqueda de sus restos, pues hay que tener presente que Iñaki Egaña es una de las personas que participó en la creación de la fundación Euskal Memoria, de la que ha sido presidente, siendo uno de sus fines la documentación e investigación de un conflicto político histórico, por lo que una de sus actividades es la localización de víctimas, tanto las originadas durante la Guerra Civil, y la represión que esta trajo consigo, como las que se enmarcan dentro de lo que es el conflicto vasco.

Hay desapariciones menos conocidas, esas que en muchos casos han pasado casi desapercibida para la prensa, y si han publicado alguna crónica ha sido para intoxicar con intereses espurios; hay algunas que se pueden calificar como de pura novela negra, donde lo más oscuro de las cloacas del Estado y organizaciones de ultraderecha brillan en su máxima expresión, que pueden estremecer al lector. En los que la mano negra es tan larga que puede cruzar un océano para llevar a cabo una operación parapolicial, con la cobertura de las autoridades del lugar.

Entre los casos que recoge, y con él da comienzo Iñaki Egaña a su trabajo, es el que sucedió en la mitad del siglo pasado (1956), sobre el que se han escrito libros, realizado películas y que, si bien en la actualidad probablemente no sea conocido, sí que tuvo una repercusión internacional. Fue el secuestro y asesinato de Jesús Galíndez, delegado del Gobierno Vasco en Nueva York, y persona de la confianza del lehendakari Agirre; desapareció en pleno Manhattan, un secuestro realizado por agentes del dictador dominicano Trujillo, y en el que las autoridades norteamericanas no parece que pusieran mucho empeño en su investigación.

Este trabajo de investigación también recoge dos casos en los que las miradas se han dirigido a ETA: el primero es el caso de los tres jóvenes gallegos, trabajadores de aduanas que desaparecieron en Donibane Lohizune (San Juan de Luz) en marzo de 1973, y que ninguna organización asumió ninguna autoría, aunque las hipótesis que han circulado en los medios de comunicación es que fueron militantes de ETA, sin embargo, a día de hoy las sombras siguen rodeando este caso; sus cuerpos nunca aparecieron. El segundo es la desaparición en abril de 1976 de dos inspectores de policía españoles, y su aparición un año después, en abril de 1977 bajo la arena de un bunker nazi de la Segunda Guerra Mundial en la costa vasca del otro lado del Bidasoa, otras desapariciones sin reivindicación, y en el que las pesquisas y detenciones que realizó la policía francesa no lograron averiguar mucho al respecto.

Algunas de las desapariciones que recoge este ensayo no han dejado rastro alguno que haya podido, al menos, ayudar a acercase a los motivos que originaron dichas desapariciones, ni pista acerca de los hipotéticos autores. Entre ellas destacaría algunos casos, como la desaparición de Tomas Hernández Navarro, que se produjo en Hendaia en mayo de 1979, Natural de Zaragoza, pero desde muy pequeño fue a residir a Barcelona, militante anarquista, durante la Guerra Civil participó en la Columna Durruti, y al final de esta se exiliaría en Francia. Un caso sobre el que Iñaki Egaña realiza una interesantisima investigación, aportando datos, manejando alguna hipótesis y desmontando algunas versiones que circularon en la prensa, pero sobre el que no ha habido un triste rayo de luz que ayudara a dar con su paradero.

Otra de estas desapariciones, que ha estado envuelta en un halo de misterio es la desaparición de Annie Intxauspe y Patrick Ly Urdanabia, que se produjo en junio de 1976. La última vez que se les vio fue en un bar de Donibane Lohizune, junto a sus amigos. Un caso de lo más oscuro, y en el que surgen dudas si pudiera tener un móvil político. Según Iñaki Egaña, al parecer el día de la desaparición tenían una cita en la que iban a obtener información sobre los grupos parapoliciales que actuaban en Iparralde, pero es el único dato y a partir de ahí surgen todo tipo conjeturas.

En este trabajo, la labor del autor ha sido dar a conocer los casos de personas desaparecidas, su entorno más cercano, la labor que han realizado familiares y amigos en su busqueda con el objetivo de obtener verdad, justicia y reparación.

Desapariciones forzadas. Una práctica habitual en conflictos políticos
Objetos perdidos. Desapariciones forzadas en el contexto vasco (1956-2010)

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