Cine y memoria histórica: reflexiones sobre la película ‘La Bala’

“uno de los derechos que bajo la dictadura franquista y durante décadas siguientes se ha negado a muchas familias, es el de honrar a sus muertos, el sufrimiento de personas sencillas, de ausencias y de episodios sin cerrar. El olvido es precisamente eso, ausencia de todo, hay que dar voz a los que ya no la tienen, homenaje, paz y reposo a los desaparecidos y a quienes los buscan. Las familias de las víctimas de la guerra y de la posterior represión fueron doblemente castigadas, primero con el oprobio público por su filiación política, y después por el silencio y la desaparición de los suyos”

A finales de agosto tuve la oportunidad de asistir a la proyección de una película que es de esas que a uno le reconfortan y le reafirman en esa lucha, casi siempre silenciosa, por intentar recuperar algo más que la memoria; por rescatar a los seres más queridos, porque como bien dice el historiador Iñaki Egaña en su libro Objetos perdidos. Desapariciones forzadas en el contexto vasco (1956-2010), “la desaparición es el peor crimen de todos los posibles, una muerte alargada en el tiempo que va minando la entereza familiar, sin posibilidad de abordar el duelo que se merecen”.

En el marco de la VIII edición del festival Cine y Zona, un certamen de cine realizado en el mundo rural, a orillas del Ebro, en concreto en San Martín de Elines, Valderredible (Cantabria), el pasado 28 de agosto proyectaron la película La bala, cuyo guionista y director es Carlos Iglesias.

Cine y memoria histórica: reflexiones sobre la película 'La Bala'
Eloísa Vargas y Carlos Iglesias durante el coloquio después de la proyección de la película «La bala»

Sin ningún deseo de hacer spoiler, para animar a verla, decir que el argumento gira en torno a un sacerdote español que logra recuperar el cadáver de su tía, enfermera de la División Azul, que falleció en la Unión Soviética, para así cumplir la promesa que le hizo a su madre, dentro del ambiente de una familia de posibles que se sentía muy orgullosa de los valores que representaba su tía. Pero la curiosidad de este sacerdote por averiguar las causas de la muerte, hace que ese tirar del hilo se convierta en un proceso que acabe cuestionando su forma de ver e interpretar el pasado, y en concreto la Guerra Civil, pues ni en el peor de sus sueños podía imaginar que alguien muy cercano a él estuviese en una fosa común asesinado por los que él tenía tanta admiración, ni el motivo oculto que le llevó a su tía para alistarse en la División Azul.

Esta película parte de un hecho real que se recoge en ella, y que puede parecer increíble: hay familiares de miembros de la División Azul enterrados en la antigua URSS, que han logrado localizar y traer sus restos. Y con este dato en la mano, esta película pone el dedo en esa llaga, en esa anomalía, por no llamarlo de otra forma, que a día de hoy perdura, porque el Estado español tiene el triste récord de ser superado solo por Camboya en personas enterradas en fosas comunes. Y pervive la desvergüenza que sea más fácil poder localizar y traer los restos de una persona que se encuentre en una fosa a más de tres mil kilómetros que las que hay, por ejemplo, a lo largo de las cunetas de los caminos que nos rodean. Son las cosas que pasan por estos lares, esto que llaman democracia, régimen del 78, que cada uno lo defina como mejor guste.

Lo que no cabe duda es que todo esto ocurre por una falta de voluntad por parte de las instituciones que se ve suplida, en la medida de sus limitaciones, por las asociaciones memorialistas, que realizan una grandísima labor, poco o nada reconocida, para recuperar cuerpos enterrados en fosas comunes o en cunetas. Y cuando me surge este tema, siempre me viene a la mente mi amigo, el beasaindarra Gotzon, y su incansable lucha por recuperar los cadáveres de dos hermanos de su padre que están enterrados como de aquella manera. Su tío Emeterio, sargento del Batallón de Infanteria nº 123 de Santander del Ejército del Norte, que curiosidades de la vida, estuvo luchando en Valderredible, donde tuve la oportunidad de ver esta película. Pues bien, siendo prisionero de guerra, falleció en agosto de 1940, y tras una lucha titánica de mi amigo Gotzon por averiguar donde podía estar enterrado, y con la ayuda del Foro de la Memoria de Guadalajara, en 2021 logró saber que se encontraba en una fosa común situada en el cementerio de Guadalajara, donde habían enterrados varios soldados republicanos, lugar donde se le pudo realizar un sencillo pero emotivo homenaje, pero a día de hoy no se ha producido al exhumación.

Peor suerte ha tenido Gotzon en la búsqueda de su segundo tío Manuel, militante anarquista, que combatió en los batallones anarquistas Sacco y Vancetti, Malatesta, y por último en el Celta. Fue dado por desaparecido en la batalla del monte Kolitza, que está situado en la zona occidental de Bizkaia, muy cerca de Cantabria. Vamos, que para poder lograr buscar su cuerpo y el de otros muchos gudaris y milicianos no hay que ir hasta las inmediaciones de la antigua Leningrado. Hay miles de ellos que están alrededor de nosotros. Pero los familiares de estos gudaris, milicianos, soldados que defendieron la II República y civiles fusilados junto a una tapia o en medio del campo no han tenido la suerte de poder lograr recuperar los cadáveres de sus seres queridos para darles sepultura de forma digna. En palabras de mi amigo Gotzon que pronunció en el homenaje que se hizo este año a los caídos en la batalla del monte Kolitza “uno de los derechos que bajo la dictadura franquista y durante décadas siguientes se ha negado a muchas familias, es el de honrar a sus muertos, el sufrimiento de personas sencillas, de ausencias y de episodios sin cerrar. El olvido es precisamente eso, ausencia de todo, hay que dar voz a los que ya no la tienen, homenaje, paz y reposo a los desaparecidos y a quienes los buscan. Las familias de las víctimas de la guerra y de la posterior represión fueron doblemente castigadas, primero con el oprobio público por su filiación política, y después por el silencio y la desaparición de los suyos”.

Poco más se puedo decir, únicamente, que cualquier acción o acto que se haga para romper el silencio y que sirva para que las familias de los represaliados durante el franquismo puedan dar sepultura de forma digna a sus familiares es bienvenido. Porque como bien comentó Carlos Iglesias, en el coloquio que hubo al finalizar la proyección de esta película, muchas de las personas que se encuentran en fosas comunes y cunetas, fueron asesinadas después de haber finalizado la guerra. Es fundamental no tener miedo a la verdad, porque verdad, justicia y reparación para todas las víctimas de cualquier conflicto esencial para restañar heridas.

Ante el avance del fascismo en Europa, sólo se me ocurre recordar la frase que aparece en la placa que hay en el Ayuntamiento de Olite-Erriberri (Navarra), en la que se recuerda a los 50 vecinos asesinados durante el franquismo. En ella dice de forma muy sencilla: “olvidaron que los muertos tienen vivos y los vivos memoria”.

Cine y memoria histórica: reflexiones sobre la película 'La Bala'
Cartel de la película «La bala»

Crítica a la conferencia “La Guerra Civil en Valderredible”

El pasado sábado asistí a la conferencia que organizó la agrupación socialista de Valderredible (Cantabria) con el título “La Guerra Civil en Valderredible”. El ponente fue Fernando Obregón Goyarrolla, profesor de historia, historiador e investigador sobre la Guerra Civil en los diferentes valles de Cantabria. Valderredible, para los que no lo conozcan, es el valle más meridional de esta Comunidad, pertenece a la comarca de Campoo y es uno de los municipios más extensos de todo el Estado español.

Para desgracia de Pablo Casado y del resto de herederos ideológicos del Régimen franquista, no parece que este tema sea la preocupación de cuatro izquierdosos iluminados y resentidos que están todo el día con las batallitas del abuelo, porque la asistencia fue impresionante. El salón de actos del ayuntamiento estaba a rebosar y hubo personas que tuvieron que permanecer de pie durante todo el evento.

Fernando Obregón Goyarrolla, antes de comenzar su intervención, manifestó que estaba en calidad de historiador, que no era militante del PSOE ni tenía carnet político alguno. Su presencia se debía a la solicitud que le había realizado la agrupación socialista de Valderredible por los conocimientos que tiene sobre este tema. Realizó una introducción muy ágil sobre los orígenes del conflicto, comenzando en las elecciones municipales de abril de 1931 y la proclamación de la II República. Relató cómo se vivieron esos acontecimientos en Valderredible hasta entrar de lleno en el golpe de Estado e inicio de la Guerra Civil, en todo el Estado, y de qué manera repercutió en Cantabria y en Valderredible en particular. 

En lo concerniente al periodo republicano y a la contienda bélica en Valderredible, la exposición fue muy pormenorizada, aportando innumerables datos. Habló sin ningún tapujo de los hechos que ocurrieron no sólo en el frente sino en ambas retaguardias.

La conferencia fue interesante, porque estoy convencido que aportó datos que muchos de los presentes, nativos como foráneos, desconocíamos.

Ahora bien, en la exposición, por un lado, eché de menos algunas cuestiones y datos que se dieron en ese periodo histórico de enorme importancia que son imprescindibles para poder entender lo que se vivió y, por otro lado, no me pareció muy adecuado algunos términos que utilizó el ponente a lo largo de su intervención, pues es muy importante el lenguaje que se utiliza cuando se habla de esta etapa histórica.

Lo primero y más relevante que se omitió es el recibimiento hostil que recibió la II República desde el día siguiente a su proclamación por todas las fuerzas reaccionarias de la época, de la mayor parte de los mandos del ejército y de la jerarquía de la Iglesia. Las asonadas militares, las actividades de organizaciones paramilitares, entre las que se encuentra el Requeté y otros grupos de ideología conservadora, etc. fueron una constante. Voy a poner dos ejemplos muy conocidos, aunque hay muchísimos más. El primer intento de derrocar al Nuevo Régimen se produjo en 1932 de la mano del general Sanjurjo cuando la II República tenía escasamente un año de vida. Desde ese mismo año los tercios del Requeté de la mano de Fal Conde, líder de la Comunión Tradicionalista, se estaban organizando como una auténtica organización paramilitar. Para contrastar lo relativo a las actividades de la Comunión Tradicionalista solo es necesario ver las fotografías de esa época existentes en el museo del carlismo, sito en Lizarra-Estella (Navarra). En resumidas cuentas, la II República nació con una gran fragilidad, estando en el punto de mira de todos los poderes fácticos de la época. La II República, con todos los errores que pudo tener, se vio obligada a desviar una cantidad ingente de esfuerzos y recursos a defenderse de todas esas conspiraciones y agresiones que sufrió, en vez de dedicarlos a la transformación socioeconómica y cultural del país, para acabar con la pobreza y las desigualdades existentes.

Es fundamental tener presente todo esto porque de lo contrario la imagen que se acaba proyectando de la II República es la de un régimen que sumió a este país en la confrontación y la violencia por voluntad propia.

Me llamó la atención que no realizara ninguna mención de las que he comentado. De hecho, mencionó que la Comunión Tradicionalista se estaba organizando, recibiendo cierta preparación militar con posterioridad a las elecciones de febrero de 1936, pero en ningún momento hizo mención de sus actividades de años anteriores, ya que existen pruebas documentales y gráficas de que lo llevaban haciendo desde tiempo atrás.

Otra cuestión que quiero señalar es la distorsión del lenguaje que se da al tratar esta etapa y que en esta conferencia se volvió a producir. Si bien en algún momento se utilizó la palabra golpe de Estado y/o sublevación militar se fue desdibujando cuando, para referirse a los golpistas, utilizó términos como “nacionales”, “azules” y para referirse al “bando republicano” usó términos como “Republicanos” y/o “rojos”, “zona roja”. Estoy convencido que el conferenciante en ninguno momento lo hizo de forma dolosa ni con un ánimo de falta de respeto para con el Régimen republicano. Lo que ocurre es que, en un tema de esta naturaleza, es imprescindible la utilización del léxico de la forma más correcta, no sólo desde un punto de vista histórico sino desde un punto de vista jurídico. Para referirse a lo que se llama “bando republicano”, en mi opinión, lo más indicado sería definirlo como los representantes de la legalidad vigente en ese momento. No es que fueran republicanos, que todos tenemos claro que lo eran, sino que eran los defensores de la República española instaurada mediante un procedimiento democrático y, por tanto, legal y legítimo. En este caso, nunca mejor, se podría designar a los defensores de la legalidad vigente como los “constitucionalistas”, porque defendían la constitución vigente, la republicana.

En cuanto al lenguaje utilizado para designar a los sublevados, cualquier término que no sea el de golpistas, ejército golpista, rebeldes, ejército rebelde o ejercito fascista (estaba compuesto de números unidades de la Alemania nazi y de la Italia fascista) es utilizar eufemismos y blanquear el léxico para denominarlos. No deja de llamar la atención que cueste tanto denominar golpista al sector del ejército que se sublevó en armas en julio de 1936 y al sector de la sociedad civil que le secundó cuando llevamos casi dos años escuchando la palabra golpista para designar a unas personas por el hecho de poner unas cajas con una ranura en la parte superior para introducir una papeleta para realizar una consulta a la ciudadanía, sin ninguna utilización de armas, artillería, aviación militar, ni nada que se le parezca.

Desgraciadamente relatos en estos términos se dan con frecuencia y no dejan de ser formas de blanquear las agresiones que sufrió la II República, pero, sobre todo, de blanquear el franquismo. Llueve sobre mojado.

Dejo para el final este breve comentario sobre la intervención que, al inicio de esta conferencia, realizó el responsable de memoria histórica del PSOE de Cantabria y director de deportes del gobierno cántabro. Cualquier persona demócrata de fuera de este país que escuchara la exposición le parecería correcta. Lo que ocurre es que los que preciasamente no venimos de fuera nos quedamos atónitos cuando escuchamos ese discurso, porque parecería que el PSOE es un partido que acaba de aterrizar en las instituciones y nunca hubiera gobernado. El PSOE en el periodo 1982-1989 disfrutó de una mayoría absoluta abrumadora en las cortes españolas. Posteriormente, en el periodo 1989-1996 fue el partido más votado y con el apoyo de otros grupos políticos de izquierda tuvo una mayoría suficientemente holgada como para haber dado todos los pasos necesarios en materia de memoria histórica y así no nos encontraríamos a día de hoy en esta situación. Esto es la prueba palmaria que el PSOE cuando gobierna en solitario, hace y deshace a su antojo, olvidándose de programas y demás reivindicaciones. Quizás esto nos ayude a entender su forma de actuar en la actualidad. Le espanta compartir el poder con alguien que pueda dejarle con las vergüenzas al aire.