Verano del 36. Memorias de un gudari

Decir Donostia y verano de 1936 es evocar los acontecimientos que se vivieron en la capital guipuzcoana durante los meses de julio y agosto, con el fallido golpe de Estado que desembocó en una guerra civil. Se vivieron días de dudas, incertidumbre, y de efervescencia revolucionaria donde la juventud tuvo un papel fundamental a la hora de lograr que, en los primeros días de la sublevación fascista, los golpistas no lograran hacerse con el control de la ciudad ni con los cuarteles que en ella había.

Decir Donostia y verano de 1936 es evocar los acontecimientos que se vivieron en la capital guipuzcoana durante los meses de julio y agosto, con el fallido golpe de Estado que desembocó en una guerra civil. Se vivieron días de dudas, incertidumbre, y de efervescencia revolucionaria donde la juventud tuvo un papel fundamental a la hora de lograr que, en los primeros días de la sublevación fascista, los golpistas no lograran hacerse con el control de la ciudad ni con los cuarteles que en ella había.

Para conocer como fueron esos días he querido rescatar un libro, donde su autor, Mario Salegi, relata en primera persona lo que fueron aquellos días que van desde el 17 al 26 de julio, pues tomó parte activa en la defensa de Donostia, evitando que en ella triunfase la sublevación militar.

“Verano del 36. Memorias de un gudari” (Editorial Txalaparta), publicado en 2005, es un libro que zigzaguea entre el campo de la novela y la realidad, pues en ella el autor cuenta lo que vivió a lo largo de aquellos días.

Hace tiempo que leí esta novela y tengo que decir que me pareció una pequeña joya porque es algo más que un relato de cómo se organizó la defensa de Donostia por obreros, pescadores y estudiantes, en un momento donde el gobierno de la Segunda República era incapaz de tomar la iniciativa ante la rebelión militar, más que nada porque en palabras de Mario Salegi, la República del Frente Popular de febrero había muerto. Querer revivirla sería el mayor crimen que los partidos políticos pudieran realizar contra los deseos del mismo pueblo. Como veremos posteriormente, en esta novela el lector va a encontrar la visión personal de su autor que vivió todo aquello con tan sólo 18 años, pero con una gran madurez política e intelectual.

Verano del 36. Memorias de un gudari
Mario Salegi Ostolaza en una entrevista que le realizó el periódico Euskaldun Agunkaria en 1997 (Wikimedia Commons)

Antes de hablar del libro, quisiera hacer una pequeña mención a su autor, pues, seguramente, Mario Salegi Ostolaza sea un perfecto desconocido para quien lea esta reseña. Nacido en Donostia en 1918, cuando se produjo el estallido de la Guerra Civil tenía tan solo18 años, pero para entonces ya había tenido a sus espaldas una trayectoria política que la inició formando parte con 14 años de la Federación Universitaria Española (FUE), siendo secretario de esta organización en Donostia; conoció a Jesús Larrañaga (Goierri), destacado militante comunista vasco, y entró a militar en las juventudes del PCE. Su desencanto con la posición que mantenía el comunismo vasco en lo referente a la cuestión nacional, le llevó en 1935 a abandonar las Juventudes Comunistas, para pasar a militar en el movimiento Jagi-Jagi, una organización juvenil independentista, muy crítica con la dirección del PNV; participó en la defensa de Donostia al inicio de la sublevación militar, para posteriormente alistarse como voluntario en el batallón de ANV Euzko Indarra. Herido en Urkiola, posteriormente fue preso en Santoña, siendo liberado en 1940; participó en la resistencia, pasó por Gran Bretaña, donde fue detenido, para acabar en EEUU, combatiendo en la marina americana en el Pacífico. En 1952 fue perseguido por el macartismo y la policía franquista. Ejerció el periodismo en EEUU y México; escribió varios libros, quedando finalista del Premio Planeta en 1977 con la novela “Morir en Irún”. Falleció en Nueva York en 2005. Quizá quien haya realizado la frase más acertada sobre Mario Salegi es el historiador Iñaki Egaña, que lo definió como “un conspirador nato, personaje real, pero con los tintes novelescos que impregnaba Pío Baroja a los suyos”.

Esta novela sirve al autor para realizar múltiples reflexiones. Su corta pero intensa trayectoria vital y política es fundamental y de gran importancia, porque gracias a ella, a lo largo de la novela realizará diferentes análisis sobre sus experiencias políticas, las ideologías de la época (liberalismo, socialismo, comunismo, anarquismo y nacionalismo vasco), así como la posición de los diferentes países europeos y sus clases dominantes ante el conflicto que se iniciaba en el Estado español.

Al reflexionar cómo se había llegado a esa situación, el autor no dudaba en cargar contra el fracaso que había sido la República del 14 de abril de 1931, compuesta por miembros de la burguesía liberal e intelectual, con sus aliados socialistas, incapaz de resolver los problemas políticos e históricos económicos y laborales que padecía España, de depurar el Ejército y la Guardia Civil, ni de confrontar con la oligarquía; por el contrario, no dudó en enfrentarse, utilizando la represión si era preciso, a obreros y campesinos. Para Salegi, lo que el socialista Fernando de los Ríos denominó una “revolución sin sangre”, no dejó de ser un auténtico fracaso. Y ante el incierto, por no decir oscuro, porvenir que se avecinaba tanto a Euskal Herria y al Estado español, le generaba un gran malestar las irreconciliables diferencias y objetivos entre las fuerzas que se oponían al alzamiento militar. Todo ello se manifestaba en Donostia en los primeros días del alzamiento militar en una situación confusa por el recelo y la desconfianza entre las fuerzas que se oponían al golpe fascista.

Ante esa situación un tanto caótica, esta novela nos traslada el espíritu y la determinación de la clase obrera por romper todos los obstáculos que se pusieran por delante, con el objetivo de combatir contra dos contrarrevoluciones simultáneas: la una organizada por la derecha fascista y la otra por los dirigentes de la burguesía liberal, socialistas reformistas y comunistas.

A lo largo de esta novela su autor irá profundizando en el papel desempeñado por los líderes nacionalistas vascos a lo largo de los últimos años, responsabilizándolos de la situación que en la que estaba sumido el pueblo vasco, sin objetivos claros, influenciados por el Vaticano y los intereses financieros y económicos de la burguesía vasca, estaban más interesados en defender los intereses de la industria, la banca y la iglesia, que en la unidad y libertad del pueblo vasco; fueron incapaces de aprovechar la nueva coyuntura. El autor alza su voz crítica ante la incapacidad de los dirigentes nacionalistas de militarizar a sus jóvenes, como estos les pedían, puesto que veían día tras día que el carlismo llevaba tiempo armándose para el golpe que preparaban. Un error que también cometió la Segunda República pagándolo con su derrocamiento.

La novela se mueve entre la realidad vivida por el autor y la ficción. En ella conviven los compañeros de militancia comunista que tuvo hasta 1935 y sus actuales compañeros patriotas vascos; jóvenes que irán de la mano en su lucha contra el fascismo, donde las diferencias ideológicas quedaban marginadas ante el compromiso de lucha. Lo que no eran capaces de lograr los dirigentes políticos de la época, carentes de visión política para aglutinar todas esas disparatadas fuerzas y encauzarlas hacia un fin común, lo suplía con creces esa generación de jóvenes obreros y estudiantes.

A lo largo de esta novela, Mario Salegi desprende el sufrimiento que le suponía su análisis sobre la concepción nacional vasca dentro del campo de las ideas de la izquierda. La incomprensión del hecho nacional y cultural vasco por parte de partidos que se definían como internacionalistas, pero que en todo momento sacaban a pasear su jacobinismo.

El autor al hablar de Donostia y de la sociedad donostiarra lo hacía con un tono bastante crítico. La pérdida de sus peculiaridades para satisfacer a la burguesía española y vasca; una ciudad que se dejaba llevar por un estilo más parisien o español, dejando a un lado la arquitectura señorial y pirenaica. En esta cuestión compartía la misma visión de la ciudad que Pío Baroja.

Es una novela amena que desde primer momento uno se sumerge en ella con una grandísima facilidad pues el relato engancha desde un primer momento.

Verano del 36. Memorias de un gudari
Verano del 36. Memorias de un gudari. Editorial Txalaparta