Batacazo de Podemos y el Trifachito no suma

Han pasado escasas 72 horas de la celebración de las Elecciones General y da la sensación que hubieran pasado 15 días. Lo digo porque los resultados han dado juego no solo para titulares, sino para realizar todo tipo de lecturas y análisis. Desde el fracaso de las derechas, pasando por el triunfo con cierta holgura del PSOE, la debacle anunciada de Unidas Podemos, y, para finalizar, los excelentes resultados obtenidos por el bloque que forman los partidos soberanistas de izquierda (ERC y EH Bildu).

Estos resultados van a seguir generando múltiples análisis porque ya los datos se están extrapolando hacia las próximas elecciones municipales, autonómicas y forales. Lo que se ha convertido en el partido de vuelta.

Estas elecciones han dejado algunos datos que son incontestables. Con mayor participación la derecha tiene más problemas para ganar, pero la suma de votos de los tres partidos de derecha y extrema derecha (11.276.920 votos) es algo superior a la suma de los votos PSOE-Unidas Podemos (11.213.684 votos). Para que este último bloque obtenga mayoría absoluta, por mucho contorsionismo que quieran hacer, no les queda más remedio que contar con los votos del bloque soberanista de Izquierdas (1.274.195 votos), sin contar los casi 400 votos que ha obtenido el PNV o los casi 500 mil votos que ha obtenido JxCat. En concreto, ERC ha obtenido un millón de votos y ha subido en casi 400 mil votos y no precisamente a costa de JxCat , porque esta formación sube ligeramente 14 mil votos.

Por su parte EH Bildu sube 74 mil votos y hago hincapié en un detalle que sirve para entender la subida del bloque soberanista de izquierdas: tanto en Cataluña como en Euskal Herria baja Unidas Podemos. Todo esto se traduce en que, sin tener presente los datos de Euskal Herria y Cataluña, en estas elecciones las derechas hubieran obtenido mayoría absoluta. A partir de aquí que cada cual extraiga sus propias conclusiones, la mía es clara: para hacer políticas de izquierdas la ecuación pasa, sí o sí, por contar con ERC y EH Bildu y lo demás es hacerse uno trampas jugando al solitario. El futuro Gobierno tiene dos opciones: o pactar con la izquierda (Unidas Podemos, ERC y EH Bildu) o sumar con Ciudadanos  y lo demás es literatura barata.

Estas elecciones han dejado una primera lectura que quiero resaltar: la suma de PP-Cs-VOX consigue casi 200 mil votos más que la suma de PP-Cs en las elecciones de 2016. Por tanto, la suma de las derechas ha subido en votos. Por el otro lado, el tándem PSOE-Unidas Podemos ha conseguido incrementar casi un millón de votos, que no son suficientes para superar a la derecha, pero lo que le ha favorecido es que éstos iban en tres partidos y la ley electoral les ha pasado factura. Todo esto hay que decirlo porque parece que la izquierda hispana ha tocado la gloria y es bueno que ponga los pies en el suelo, porque no tiene tantos motivos para estar risueña.

Entrando en el análisis de los resultados se puede decir que ha habido un vencedor, porque no nos llevemos a engaños, las elecciones sólo las gana un partido o un bloque. Si en Andalucía el vencedor de las elecciones fue el Trifachito, en las Elecciones Generales el vencedor ha sido el PSOE. Luego algunos han podido tener algunos premios de consolación y otros han tenido el honor de haber cosechado el mayor de los fracasos.

El premio gordo se lo ha llevado el PSOE no tanto por méritos propios sino por deméritos de los demás. Ante el abandono total del centro político y sociológico por parte de PP y Cs, al PSOE solo le ha hecho falta jugar a no cometer errores y a intentar cubrir ese espacio. Y no es que el PP y Cs sean de centro, porque son la derecha pura y dura, pero siempre intentan vender al electorado esa imagen de centro-derecha. Al PSOE le pasa algo parecido, intenta proyectar  una imagen de izquierda, pero sus políticas liberales lo acaban situando en el espacio de centro, sin grandes veleidades izquierdistas.

El PSOE ha subido en algo más de 2,3 millones de votos. Ha recogido por su izquierda gracias al batacazo de Unidas Podemos y de la abstención, porque el votante que se define de centro y hasta ahora votaba al PP o a Cs se ha escorado a la derecha. Ese electorado que se abstenía y que ha ido a votar por el miedo a lo que podía ser un frente de derechas, como el de Andalucía, ha ido a parar al PSOE. Al PSOE le ha hecho la campaña la derecha. Pero sin duda, el gran triunfador ha sido Pedro Sánchez, que con este magnífico resultado ha tapado bocas en el partido, sobre todo a los barones díscolos.

Siguiendo por la izquierda, el resultado de Unidas Podemos, se mire por donde se mire, es horrible y debería de servir para que salgan de la burbuja en la que se han metido hace tres años. Después de luchas internas, de abandonar la centralidad de la política y de embarcarse en una coalición con Izquierda Unida, que cada día que pasa demuestra que es un suicidio político de consumación lenta. Todo este harakiri a Podemos le ha hecho perder desde las elecciones de diciembre de 2015 (sin contar con los votos de IU) la nada despreciable cifra de más de dos millones de votos (si el cálculo se hace con los votos que obtuvo IU en 2015 a esta cifra hay que añadirle 900 mil votos más). Y si el cálculo se hace con las elecciones de 2016, a las cuales ya iban en coalición Podemos e IU, la pérdida asciende a casi 1,4 millones de votos. Son unos números que, si se miran con frialdad, asustan porque lo más grave es que no parece que esta sangría haya acabado.

Sin duda la coalición de izquierdas no ha rentabilizado absolutamente nada el apoyo que ha dado a Sánchez para llegar al Gobierno y no será por falta de ganas porque Pablo Iglesias se puso manos a la obra desde el primer minuto. En todos los análisis se dice que le ha pasado factura el voto útil en favor del PSOE, como antídoto para parar a la suma de las tres derechas, pero la caída era un secreto a voces. Antes de los resultados de las elecciones andaluzas se daba por hecho que la coalición estaba en horas bajas y hasta se puede decir que durante la campaña electoral ha conseguido recuperar algo de aire. La mayor parte de la caída ya la arrastraba con anterioridad y no parece que hayan dado con la tecla. Lo que está claro es que esa coalición no solo no suma, sino que además resta. Bueno, para todos no resta porque para IU está siendo muy rentable: casi sin arriesgar IU está manteniendo una representación en el Congreso que quizás fuese muy inferior si concurriese a las elecciones en solitario. De hecho, el peso de la campaña lo ha llevado Podemos.

Por la derecha, entrando a analizar a los tres partidos, sin duda alguna el gran derrotado ha sido el PP. No se puede hacer peor una campaña. El responsable de campaña, Javier Maroto, en una empresa privada sería despedido ipso facto. La competición  por ser más de derechas que VOX sólo le podía reportar un tortazo de dimensiones estratosféricas. Entre el original y la copia el elector siempre elige el original.  Y puestos a coquetear con la extrema derecha un sector importante de su electorado la ha elegido directamente. El PP ha realizado una campaña de guante blanco ante VOX y Cs. En la primera semana ya hablaban de reparto de ministerios entre PP y Cs, sin olvidar que el último día de campaña el PP también le ofrecía a VOX carteras ministeriales. Todo un despropósito que le ha llevado al mayor de los fracasos y sin tiempo de rectificar a menos de un mes de las siguientes elecciones.

 Pero lo que me deja atónito es que con esta estrategia les llame la atención el resultado que han cosechado en Cataluña y en Euskal Herria. Por cierto, el colmo de los despropósitos ha sido la campaña en Álava, con insultos y malos modos hacia el candidato de EH Bildu, Iñaki Ruiz de Pinedo. Luego Casado lo termina de rematar informando de que si Maroto no obtenía el acta de diputado ésta sería para EH Bildu. No me cabe duda que tanto en la izquierda abertzale como    fuera  de ella, en la vida han tenido mayor acicate para votar a lo que más le puede fastidiar al PP. Si a eso le añadimos que Otegi fue la persona más mencionada en los dos debates, algún premio tenía que tener la izquierda abertzale.

Cs tiene motivos para estar contento con su resultado, pues se ha quedado a algo más de 200 mil votos para alcanzar al PP y con la representación parlamentaria que tiene aritméticamente podría pactar con el PSOE, aunque en este momento esta hipótesis no sea la más manejada. Pero para Cs no es un resultado para estar feliz. La opción que llevaban planteando desde hace meses era la de echar a Sánchez del Gobierno y a día de hoy éste está mucho más cómodo que hace tres meses. La suma por la que apostaban ha fracasado y no han conseguido descabalgar al PP como partido de derechas más votado. Le ha pasado algo parecido a lo que le pasó a Podemos en diciembre de 2015, que se quedó a punto de superar al PSOE. Pero, si analizamos la evolución de las encuestas durante esta legislatura, veremos que en algunos momentos Cs estaba liderándolas, muy por encima del PP, sin embargo las urnas los han hecho volver a la cruda realidad. A esto hay que añadirle el pésimo resultado que han obtenido en Cataluña. No han rentabilizado la campaña bronca y provocadora que ha realizado su cabeza de cartel, Inés Arrimadas, más propia de discusión entre chonis poligoneras. Y en Euskal Herria no iba a ser una excepción, pues no ha llegado ni al 4% y sigue bajando con respecto a las anteriores elecciones.

Sin duda el caso de VOX es uno de los que más análisis y artículos ha generado. Un partido que de no tener representación parlamentaria pasa a obtener 24 diputados y más de dos millones y medio de votos. Ha crecido a la sombra del PP pero los datos de esta formación son para estudiarlos con detenimiento porque el trasvase de votos a VOX no se ha producido únicamente en barrios de alto poder adquisitivo. En poblaciones y barrios obreros del Estado español (sin incluir Euskal Herria y Cataluña) se ha movido en la horquilla del 10%. Por tanto, en las zonas menos favorecidas el voto de gente trabajadora que votaba al PP también se ha movido hacia VOX.

En estas elecciones ha habido otro bloque triunfador: el formado por los soberanistas de izquierda. Han cosechado un resultado histórico ayudando a que Cataluña y Euskal Herria hayan sido la tumba de la derecha nacionalista española. La sociedad vasca y catalana han ido a contracorriente del resto del Estado y han sido los únicos lugares donde PP-Cs-VOX se han quedado en partidos testimoniales. Pablo Iglesias dijo en la noche de las elecciones andaluzas que pedía un bloque de los partidos del cambio para frenar el ascenso del fascismo, pues dos naciones del Estado español si lo han conseguido y con muy buena nota.

Después de hablar la ciudadanía han hablado los que no se presentan a las elecciones pero que mandan más que los electores: la banca y la patronal, que han manifestado sus preferencias y lo han dejado meridianamente claro: No quieren que Unidas Podemos entre a formar parte de nuevo Gobierno, algo que no nos debería sorprender pero es que ya no guardan ni las formas. Se permiten el sugerir como debe de ser el futuro Gobierno al margen del mandato ciudadano.

Por lo que respecta a los futuros pactos, el PSOE lo tiene relativamente fácil. Un hipotético pacto con Cs no parece que vaya a cuajar más que nada porque la carrera que se ha pegado Cs hacia la extrema derecha es muy difícil desandarla en tan poco tiempo. Pero lo que no hay que descartar es que en muchas votaciones y leyes Cs pacte y apoye al PSOE. En cuanto haya un telefonazo de los que han financiado la campaña a Rivera, este chico se pone las pilas. La opción de un gobierno de coalición con Unidas Podemos no la acabo de ver. Lo que no consiguió Podemos con 69 diputados no parece que lo vaya a conseguir con 42 y no creo que se les pase por la cabeza bloquear la investidura, porque como por casualidad vayamos a una repetición de las elecciones entonces sí que es el fin de Podemos. El PSOE va a querer tener las manos libres para gobernar a su manera: un pasito para adelante otro pasito para atrás. Lo que ha hecho cuando ha estado en el Gobierno. Así que tranquilidad porque todavía van a pasar muchas cosas.

El PSOE es de izquierdas y yo soy Robert Redford

En el día de ayer leí una entrevista que eldiario.es había realizado a la escritora catalana Rosa Regàs y tengo que reconocer que me quedé estupefacto. No sé si será porque la intelectualidad hispana, que se autodefine de izquierdas, ha vivido durante muchos años en Alicia en el País de las Maravillas o porque muchos de no quieren enterarse.

Todo esto viene a cuento por algunas de las manifestaciones y afirmaciones que realiza en la entrevista. La verdad, no tienen desperdicio. Pero en este artículo solo me voy a centrar en una de ellas: la del carácter de izquierdas del PSOE.

En los primeros compases de la entrevista manifiesta: “Yo soy de izquierdas y votaré siempre a un partido de izquierdas. La verdad es que voto al mismo, lo haga bien o lo haga mal, porque estoy convencida de que igual que las personas también los partidos cometen sus errores”. Ya, el leer esta afirmación, me produjo una sensación de perplejidad. Es de izquierdas pero actúa igual que el votante de derechas. El concepto de la autocrítica no debe de entrar en sus coordenadas políticas. Quizás sea porque confunde el concepto de disciplina, que también existe en la izquierda, con el borreguismo político. Otra posibilidad es que no entienda que la sana autocrítica no tiene nada que ver con la autoflagelación, que muchas veces se da en la izquierda cuando el purismo se lleva a límites perversos,  pretendiendo que su partido sea tan perfecto que no tenga contradicciones. Conclusión: Vota siempre al mismo, lo haga bien, mal o regular.

Hasta aquí alguna de las críticas que se le pueden realizar en el campo de la ética o de las formas de hacer política desde los parámetros de la izquierda. Pero, avanzando un poco en la entrevista, manifiesta a qué partidos vota y ha votado, en los siguientes términos: “Desde que existe voto a Podemos. Voté durante mucho tiempo al PSOE” y desvela que cambió el sentido de su voto “Por esa modificación de la Constitución que hizo el PSOE con nocturnidad y alevosía. Aquello me sentó fatal. No entendí ni lo que hicieron ni cómo lo hicieron y me ha costado mucho recuperarme de eso”. Debió ser que en ese momento vio la luz, pero en todo el artículo no nos dice si todavía considera al PSOE un partido de izquierdas porque ¡quién sabe! Para Rosa Regà quizás el PSOE siga siendo un partido de izquierdas que ha cometido únicamente el error de la modificación de la Constitución en agosto de 2011.

Ante esta manifestación de la escritora catalana me ha venido a la cabeza un sinfín de decisiones que ha tomado el PSOE, tanto durante los gobiernos de Felipe González como en los de Rodríguez Zapatero, y  me pregunto si le parecieron decisiones propias de un partido de izquierdas. Así que paso a enumerar algunas, a ver si, aunque ha terminado la Semana Santa y entrados en tiempo de Pascua, le sirve como acto de penitencia a Rosa Regàs como a las personas que todavía piensan que el PSOE es de izquierdas y de esta forma tengan un hilo de luz que les ilumine y aterricen en el suelo porque la realidad siempre es tozuda. Como  a Rosa Regàs el motivo que le hizo dejar de votar al PSOE fue una decisión en materia económica, voy a empezar por este tema. Los diferentes gobiernos de Felipe González (1982-1996) nos obsequiaron con las siguientes medidas: el decreto-ley que aprueba Boyer liberalizando algunos sectores como el alquiler, lo que suposo dar gasolina y oxígeno a la especulación que se daba en los años 80. ¿Alguien ha olvidado aquella frase de Carlos Solchaga en 1988 de «España es el país donde se puede ganar más dinero a corto plazo de toda Europa y quizás uno de los países donde se puede ganar más dinero de todo el mundo»? Era la cultura del pelotazo.

Otra medida: la reconversión de los sectores estratégicos que estaban en manos del antiguo INI (Instituto Nacional de Industria) luego denominada SEPI. El PSOE desmanteló la  industria naval con el cierre de astilleros como Euskalduna (Bizkaia) y Astano (A Coruña) y luego pasó a la industria siderometalúrgica con AHV (Bizkaia) y Ensidesa (Asturias). Esto no fue una reconversión, fue únicamente un cierre para adelgazar al Estado e ir poniendo la alfombra roja al sector privado. Muchos trabajadores miraron para otro lado al recibir indemnizaciones y prejubilaciones sin pensar que su puesto de trabajo quedaba amortizado y que empezaba la política de desierto y tierra quemada.

La primera reforma de las pensiones la hizo el gobierno de Felipe González en 1985 y le supuso la primera huelga general que organizó CCOO. La UGT todavía se encontraba cómoda con el PSOE, aunque eso supuso la dimisión como diputado del PSOE de Nicolás Redondo Urbieta. Para finalizar, justo antes que el PP llegara al gobierno en 1996, el Gobierno de Felipe González le facilitó el camino dejándole aprobada una ley de empresas de trabajo temporal.

Durante los gobiernos de Rodríguez Zapatero se profundiza en las reformas fiscales rebajando los impuestos directos, IRPF e Impuesto sobre Sociedades de la mano del marxista-leninista de Pedro Solbes. Si, ese señor que cuando era comisario europeo le engañó el gobierno de derechas griego falsificando los datos económicos para poder entrar en la Zona Euro. Pues bien, El PSOE dio una vuelta de tuerca más para rebajar la carga fiscal a las clases más favorecidas. Es la época en la que deciden que se elimine el Impuesto sobre el Patrimonio. Lo dicho, un marxista clásico en materia económica y culmina este gobierno realizando otra reforma de las pensiones en la que se sube la edad de jubilación a los 67 años y la reforma laboral. En conclusión, siempre pagan el pato los mismos. No cabe duda de que el PSOE es el responsable del giro neoliberal en el Estado español.  

En materia de derechos y libertades el Ministro del Interior, el requeté José Barrionuevo (lo de requeté lo digo porque en su época estudiantil militó en la Asociación de Estudiantes Tradicionalistas de ideología carlista y perteneció al SEU) impulsó una nueva ley antiterrorista en el año 1983 en la que se producía un recorte de los derechos y libertades. Fue criticada por organismos internacionales y en Madrid, la Asociación contra la Tortura presidida por el abogado Fernando Salas, se partió la cara para luchar contra esta ley, porque consideraba que serviría para dar cobertura a la práctica de la tortura. De la mano de esas políticas miembros del Gobierno del PSOE crearon un grupo terrorista por parte del Gobierno (GAL) con la utilización de la cal viva para acabar yendo de romería a la puerta de la prisión de Guadalajara a abrazar a Barrionuevo y Rafael Vera el día que entraban en prisión. El PSOE no sólo no finalizaba con el problema de ETA sino que encima echaba más gasolina al problema y daba recursos dialécticos a los que se suponía que combatían.

El PSOE  tampoco depuró responsabilidades en los cuerpos policiales en su connivencia con los grupos de extrema derecha, les dejó campar a sus anchas. Aquellos polvos trajeron estos lodos, ahora todo el mundo en la izquierda se escandaliza porque se han percatado que la Policía y Guardia Civil está plagada de elementos ultras. En todos los mandatos en los que el PSOE ha gobernado no ha realizado ni un solo intento por democratizar ni el Ejército,  ni los cuerpos policiales, ni la judicatura. También debería de haberlos depurado de elementos franquistas pero no hizo ni el intento que regenerarlos. Vemos hoy en día que, esos elementos franquistas, siguen campando a sus anchas. Ni se molestó en investigar la trama civil del 23-F e indultó al General Armada ¿quizás tenían algo que ocultar?

Por lo que respecta a la memoria histórica y rehabilitación de las víctimas de la Dictadura, esta etapa se puede resumir diciendo que los diversos gobiernos de Felipe González no hicieron absolutamente nada. Con la mayoría aplastante que tenía, ni se plantearon sacar al dictador del Valle de los Caídos y permitieron que se le homenajeara, junto a José Antonio, todos los 20-N y no se aprobaron ninguna ley en la que se condenara la dictadura ni su exaltación. Ahora nos echamos las manos a la cabeza por todo lo que estamos viendo pero no debería de extrañarnos nada.

En materia de organización territorial el PSOE dice una cosa en la oposición y en el gobierno hace otra. Pero tampoco vamos a pedirle peras al olmo, a un partido que durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera tiene la indecencia de colaborar con ella no le vamos a pedir mucho más. Todo esto lo digo porque antes de llegar al poder llegó a salir en una manifestación en Donostia en 1978 a favor del derecho a la autodeterminación, encabezada por Txiki Benegas. Pero cuando llegaron al gobierno intentaron aprobar leyes orgánicas que recortaban competencias a los estatutos de naciones históricas como fue el caso de la LOAPA. Es más de lo mismo. Durante todo el tiempo que gobernó el PSOE con Felipe González tuvo la posibilidad de dejar solucionado el tema territorial y de paso podía haber ayudado a solucionar la parte más dura del conflicto de ETA. Pienso que tuvo todo el margen de maniobra necesario para ello. No me cabe la menor duda que nos hubiéramos ahorrado mucho sufrimiento. El PSOE fue incapaz de avanzar hacia un Estado Federal de verdad y no cara a la galería.

Ha tragado con una ley electoral que para las elecciones al Congreso prima a las zonas más despobladas pero en el caso de la forma de elección del Senado es más grave al dar la misma representación a todas las provincias. No puede ser que Ávila tenga 4 senadores al igual que Madrid, Barcelona o Bizkaia. Luego ocurre que en el Senado siempre va a tener mayoría absoluta la extrema derecha (no me he vuelto loco, el PP siempre ha sido la extrema derecha o ¿es que alguno piensa que Fraga o Arias Navarro se convirtieron a la democracia porque una mañana se levantaron simpáticos?).

En política de pactos poselectorales no sé si le escandalizaría a Rosa Regàs el hecho de que en Navarra, durante dos legislaturas seguidas (2007-2015), apoyara un gobierno de UPN-PP, lo que ella llama extrema derecha. Por tanto, no le debería de preocupar que ahora la extrema derecha llegue al gobierno o ¿es que los ciudadanos de Navarra sirven de moneda de cambio para otras cuestiones oscuras?

En política internacional el PSOE no sacó al Estado español de la OTAN, gran incumplimiento electoral (OTAN de entrada NO. Saldremos como hemos entrado, con mayoría simple en el Congreso) y además, las bases americanas tampoco se fueron (en la pregunta del Referendum OTAN se decía que si ganaba el SI los americanos se irían de las bases).

Olvidó y abandonó al pueblo saharaui. Todo el discurso de solidaridad con el pueblo saharaui se tradujo en lo contrario. Buenas relaciones con el sátrapa rey feudal de Marruecos y todo lo que ello comportaba. Plegamiento a las políticas de los EEUU y Francia en esa región de África. Apoyó la primera guerra del Golfo, año 1990-1991 que tenía, como todas las guerras, una motivación económica por los intereses de los EEUU en la zona y nunca tuvo una posición enérgica con el gobierno de Israel en el genocidio contra el pueblo palestino.

En cambio, en materia de corrupción el PSOE se movió como pez en el agua: Filesa, BOE, Cruz Roja, Luís Roldán, Juan Guerra, fondos reservados, comisiones en la construcción de casas-cuarteles, comisiones en la construcción de la autovía de Leizaran, porque la lucha contra ETA también tenía su parte crematística.

No continúo enumerando decisiones del PSOE que podía haber tomado un partido de derechas porque este artículo tiene que tener un final.

Todas estas políticas, como muy bien dice Íñigo Errejón, sobre todo las concernientes a las cuestiones socio-económicas y la huelga general de 1988 suponen la ruptura del PSOE con los sindicatos y el comienzo del desgaste de su hegemonía en la clase trabajadora. Ha minado sus propias bases sociales y culturales entregándoselas a la derecha. Ahora deshacer ese camino se me antoja imposible, entre otros motivos, porque no le veo al PSOE dando un giro copernicano en sus políticas.

Eso sí, en la entrevista Rosa Regàs, cumple con los cánones de la intelectualidad de este país y se mete a arreglar los problemas de Podemos, criticando a unos y a otros. Los dirigentes de Podemos lo habrán podido hacer horrible en lo que respecta a sus temas internos pero será que el PSOE no ha tenido broncas internas y ahí no ha pasado nada. En Podemos nadie ha dado un golpe de Estado, como ha ocurrido en el PSOE a lo largo de su historia.

En resumen, calificar al PSOE de partido de izquierdas es propio de un país esperpéntico al más puro estilo valleinclanesco. La deformación de la realidad llega a tal extremo que todavía se tilda sin rubor alguno al PSOE como partido de izquierdas. Y tengo que decirlo así de diáfano: Ni el PSOE es de izquierdas ni yo soy Robert Redford.

Podemos: avanzar o autodestruirse

Si alguien pensaba que en Podemos ya había visto todo lo que tenía que ver sin duda estaba equivocado. No pongo tanto el foco en la lucha encarnizada que hay en muchos territorios, hasta el extremo de estar judicializados algunos de los procesos de primarias, como en la lucha actual por la táctica que debe de seguir Podemos para convertirse en opción de gobierno que englobe a la mayoría social de la ciudadanía del Estado. Esta cuestión la lleva arrastrando desde el día siguiente a las elecciones generales del 26 de junio de 2016. Esas elecciones marcaron un punto de inflexión, pero, sobre todo, fueron el inicio de una espiral de la que Podemos no sólo no ha sabido salir sino que empieza a ser un problema de casi imposible gestión. Esto se debe a diferentes causas:

1.- Los resultados de las elecciones generales de junio de 2016 fueron como un golpe seco que dejó noqueada a la dirección de Podemos, en especial a Pablo Iglesias, y lo que hoy es su equipo más cercano. Tardaron unas semanas en llegar a un análisis y se me antoja que el debate que hubo en la dirección, y en las conclusiones que realizaron los diferentes líderes, nunca llegaron al común de los mortales. Si nos atenemos a la posterior guerra de tuits, lo que si que quedó claro es que no hubo una unanimidad en el diagnóstico, sobre todo, entre las caras más representativas del partido. Todo esto ha desembocado en que desde entonces, en la dirección de Podemos, conviven dos planteamientos totalmente divergentes:

– El planteamiento representado por Pablo Iglesias de una apuesta decidida porque perdure en el tiempo la alianza electoral con IU, en busca de la tan ansiada unidad popular para la izquierda con el fin de configurar mayorías a la izquierda del PSOE.

– El planteamiento de Iñigo Errejón que, si bien coincide con Pablo Iglesias en que hay que configurar confluencias que busquen la unidad popular, entiende que los acuerdos con IU no suman, cosa que ciertamente quedó demostrado de forma palmaria en las elecciones de junio de 2016 y que va más lejos planteando ensanchar la unidad popular a otros espacios sociales. En palabras de Iñigo Errejón, recogidas en el documento de Vistalegre II, habría que “atraer a sectores muy diversos y ser efectivamente el núcleo irradiador de un nuevo acuerdo de país”.

2.- A partir de ese momento se empezaron a vislumbrar dos posturas diferentes a la hora de asimilar los resultados, gestionarlos y empezar una nueva etapa, que se verán reflejados en un primer momento en el proceso para la renovación del Consejo Ciudadano Autonómico de Madrid y aprobación de los documentos políticos, que serían su nueva hoja de ruta para lograr la Comunidad de Madrid en 2019 y en un segundo momento en el debate previo a Vistalegre II.

En esta segunda confrontación, en la que de todos es conocida que la militancia eligió por mayoría absoluta los documentos del equipo de Pablo Iglesias, fue muy interesante analizar los documentos políticos de los sectores más importantes de la formación; por un lado el redactado por el sector de Pablo Iglesias y, por otro, el redactado por el equipo de Iñigo Errejón. En ese momento se pudo comprobar que había dos propuestas que eran muy diferentes tanto en el análisis que realizaban de la gestión de los resultados de las elecciones generales de 20 de diciembre de 2015, de los resultados obtenidos el 26 de junio de 2016, así como cual debería de ser la nueva hoja de ruta de Podemos hasta las siguientes elecciones generales.

Si de alguna forma hay que definir el documento de Pablo Iglesias diría que es el documento de un canto a la resistencia hasta que vengan buenos vientos que empujen la nave a la victoria electoral y mientras tanto, en dicho documento, no se planteaba una línea de actuación política en la que se intente sacar partido a la correlación de fuerzas que hay en el Congreso, intentado propiciar situaciones que generen contradicciones en lo que desde Podemos se denomina Régimen del 78.

Si realizamos a día de hoy una nueva lectura del documento redactado por Pablo Iglesias nos chocarían algunas de las cosas que en él se recogen, porque en los dos años que han pasado desde su redacción no parece que haya acertado en el análisis. En el apartado titulado “Un régimen débil y un Gobierno no tan débil: el epílogo de Rajoy” se dice “No es cierto que el del PP sea un Gobierno en una situación de debilidad, a pesar de no contar con una mayoría parlamentaria. […] el Gobierno cuenta con facultades legales y reglamentarias para gobernar ignorando al Congreso y haciendo que en la práctica buena parte de las decisiones de este queden en papel mojado”. Por el contrario, el gobierno no era tan fuerte como pronosticaban en ese documento pues ha caído y, lo más importante, han cambiado las alianzas políticas, lo que ha llevado a una recomposición de los bloques políticos.

Por el contrario el documento de Iñigo Errejón parte de una premisa más nítida: construir un proyecto amplio para gobernar. Para ello en ese momento entendían que Podemos debía de “corregir el rumbo de los últimos meses y volver a disputar el sentido común y las nociones centrales para los españoles” y para poder ser opción de gobierno ineludiblemente y aguantar las embestidas “de los de arriba” es necesario que la oposición esté formada por algo más que lo que son las fuerzas de izquierda. Tiene que ser “la mayoría heterogénea y mestiza de los de abajo”.

El documento de Iñigo Errejón hace una apuesta por la transversalidad porque entiende que la unidad del pueblo es un concepto más amplio que lo que entendemos por izquierda. Eso le hace plantearse que con IU no se crece sino que el proyecto se acaba encasillando en un espacio de la izquierda que no le hace crecer y que la sociedad  interpreta como el enésimo intento de la izquierda de toda la vida, para dejar de ser un actor secundario en la política de este país. Sin embargo Podemos, en sus orígenes, no era eso, porque nació para “asaltar el cielo».

Desde un punto de vista táctico, sin duda alguna es aquí donde estaba la dicotomía entre los dos líderes de Podemos y la única forma de saber quién estaba en lo cierto era la puesta en práctica de uno de los documentos para saber quién hacía el diagnóstico certero.

Ganó el documento de Pablo Iglesias en febrero de 2017 y lo que más me llama la atención es que, en los dos años que han pasado tengo, la percepción que ese documento debe de encontrarse olvidado en algún cajón porque no solo no se ha puesto en práctica, sino que en muchos casos se han aplicado las recetas del documento perdedor, el de Iñigo Errejón.

Han sido varias las circunstancias que se han dado para que llegue a una conclusión tan categórica, pero estimo que son actuaciones políticas que no han pasado desapercibidas. A los pocos meses de celebrarse el cónclave de Vistalegre II, Podemos inicia una dinámica de ofensiva institucional simultánea en la Comunidad de Madrid y en el Congreso de los diputados con la presentación de dos mociones de censura al gobierno autonómico y del Estado del PP. Dos mociones de censura muy bien planificadas, con un grado muy alto de iniciativa política a la hora de ser sustentadas, que sirvieron para que, como sucediera por vez primera en junio de 2016, Podemos volviese a marcar la agenda de este país. Pero no se puede negar que esta opción no entraba en la hoja de ruta que salió victoriosa en Vistalegre II, sino que fue más producto de un salto que tenía que dar Podemos después de mucho tiempo de estar sumido en crisis internas y abocado a estar en un segundo plano.

Otro ejemplo de olvido de lo aprobado en Vistalegre II se produce cuando Pedro Sánchez presenta la moción de censura, que sirve para que el gobierno de Mariano Rajoy compruebe que tenía una mayoría más exigua de lo que parecía y lo más llamativo es que, para facilitar este cambio, Pablo Iglesias no entró a negociar nada con el PSOE. Creo que les dio un cheque en blanco para apoyar el voto de investidura, sin tener garantizado que el PSOE de nuevo no fuese a intentar buscar mayorías al margen de Podemos y de sus confluencias. Es llamativo ver que después de las primeras elecciones generales no sólo hubo una propuesta de gobierno con una serie de reivindicaciones, sino que se llegó a postular como vicepresidente de un futuro gobierno. Todo esto no es más que el reflejo de que Podemos ante este movimiento político de Pedro Sánchez no duda en intentar ser una pieza fundamental, pero con un estilo muy diferente al del primer intento de llegar a un acuerdo con el PSOE y, por supuesto, esta forma de actuar no entraba dentro de la hoja de ruta de Vistalegre II. Y ¿Qué decir del despliegue que realiza Pablo Iglesias para intentar facilitar la tramitación de los Presupuestos Generales del Estado al intermediar con los partidos independentistas de Cataluña? No era ese precisamente el papel que se le asignó a Podemos en Vistalegre II.

3.- Pero lo que llama más la atención es que, en un partido en el que su dirección está bien surtida de politólogos y personas del mundo de las ideas, su dirección haya llevado a cabo una política de continuos zigzagueos que daban la sensación que eran producto de la improvisación con declaraciones cambiantes por parte de algunos de sus líderes. Da la sensación de que hay una pérdida de rumbo político. Si hasta hace algo más de dos años Podemos era la organización política que marcaba la agenda diaria de la política de este país, dos años después va al remolque de los acontecimientos.

Si comparamos las declaraciones de Pablo Iglesias el día de las elecciones andaluzas con las que hace pasadas 48 horas, a la hora de valorar la irrupción de VOX en el tablero político, tenemos un ejemplo  claro de funambulismo. Pasa de plantear que el fascismo crece y hay que pararlo, por lo que realiza un llamamiento a todas las fuerzas que apoyaron la moción de censura para hacer fuerza común,  a decir que son los mismos que antes estaban en el PP.

Pero lo que realmente ha hecho cambiar el tablero político han sido las elecciones andaluzas: la mayoría que ha conseguido el bloque de derechas con la irrupción de VOX,  por lo que este partido representa y que ha hecho virar al PP hacia las esencias de lo que era Alianza popular a finales de la década de los 70.

Para luchar políticamente contra este tridente representante de la “hiperconcentración de poder y riqueza en muy pocas manos” hay dos formas de combatirlo: o bien con un discurso de más izquierda, es decir, volviendo a posiciones frentistas (en eso las fuerzas reaccionarias tienen un master y siempre ganan) o, por el contrario, con la receta de un trabajo en favor de las mayorías que componen este país, defendiendo las conquistas democráticas que en materia de derechos individuales y colectivos se consiguieron en los inicios de la Reforma política, aunque fuesen desmochadas por los poderes que vigilaron el proceso de Reforma política en los años 70.

Para trabajar por ello, Podemos se encuentra en una encrucijada vital. O se reinventa superando todos los errores cometidos en los dos años y medio últimos o acabará convirtiéndose en una fuerza política secundaria convirtiéndose en momentos puntuales en la muletilla del PSOE.