La UE es incapaz de plantar cara a EEUU, indiferentemente quién sea su presidente, y decir ¡Basta!, pero desde que ha llegado Trump, la UE ha entrado en una deriva de servilismo ante las políticas americanas. En este momento todo se resume en invocar el derecho internacional, pero ningún gobierno llama a las cosas por su nombre: agresión militar de EEUU a un Estado soberano. Si ante esta situación no adopta medidas más contundentes, la pregunta es cuál será la actitud de la UE ante la siguiente barbaridad que cometa EEUU ¿mantendrá una política tolerante, similar a la que mantuvieron los países europeos con Hitler?
Era un secreto a voces que la Administración americana estaba preparando una agresión a gran escala en territorio venezolano. El inmenso despliegue militar en la zona formaba parte de los preparativos para consumar un ataque a un Estado soberano, al margen del Derecho internacional. Es pronto para analizar lo que ha sucedido en Venezuela; en estos momentos hay más preguntas que certezas, pero lo que si podemos es examinar las pocas evidencias que tenemos.
La primera es que los EEUU han dejado algunas perlas para quienes no tuvieran claro de qué iba esto. Su deseo es “dirigir Venezuela, hasta que haya una transición fiable, segura y sensata”. No habla de democracia, ni de drogas ni narcotráfico. Tampoco han especificado el tiempo que va a durar ese control, pero lo que ha dejado claro que van a controlar el petróleo venezolano. Nada nuevo en la forma de operar de EEUU.
Mural en apoyo a Nicolás Maduro (Wikimedia Commons)
Otra de las perlas es que los anhelos de María Corina Machado de llegar al poder se han esfumado. Trump lo ha dejado claro, “no tiene el apoyo ni respeto”. Con todo lo que ella había hecho en pro de una intervención militar de los EEUU, sólo hay que retrotraerse al paso mes de diciembre cuando pedía desde Oslo la intervención militar de EEUU. Pero es lo que suele pasar en estos casos, que EEUU ya no la necesita para sus intereses en el país latinoamericano. Ha sido una de las mayores instigadoras del uso de la violencia por parte de potencias extranjeras para vulnerar la soberanía nacional de Venezuela, eso sí para restaurar la democracia. No sabíamos que la democracia se podía lograr gracias a la invasión de un país extranjero, porque en Irak, Siria, Libia y Afganistán, por poner algunos ejemplos, no parece que el método haya funcionado, pero igual debe ser una nueva forma de llevar la democracia a un país, de la mano de la agresión de una potencia extranjera. Y ante esto ¿la Academia que le dio el Nobel de la Paz se plantea quitárselo? porque el papelón que ha protagonizado la ha dejado a la altura del barro. En eso Trump ha sido claro, no habla de democracia, habla de controlar el petróleo venezolano, y de hacer una transición, que no es mucho suponer que será la que EEUU quiera.
De la declaración de Trump acerca de María Corina Machado, se puede obtener otra conclusión que no se puede dejar pasar por alto, y es que “no tiene el apoyo ni el respeto”, se entiende del pueblo venezolano. En otras palabras, que la tan cacareada fuerza de la oposición venezolana no es tan grande como se nos ha vendido desde la prensa occidental, pero sobre todo desde la española.
Una cosa está clara, quien ha realizado la agresión no es otro que EEUU, pero también ha habido quienes han apuntado, azuzado, mirado para otro lado y ahora , en el mejor de los casos, lo condenan con la boca pequeña, para que no se moleste el Tío Sam.
No cabe duda que la oposición venezolana ha estado conspirando en el exterior para que, además de EEUU, gobiernos europeos y la UE dieran cobertura a una agresión militar a Venezuela. Se han paseado por capitales, parlamentos estatales y el Parlamento Europeo. Pero todo esto lo han podido hacer porque gobiernos como el español han permitido que personajes como Edmundo González y Leopoldo Torres primero se pudieran refugiar en la embajada de Caracas para posteriormente darles asilo en el Estado español, desde donde han podido conspirar para llegar a la agresión que ha sufrido Venezuela.
No parece que el gobierno de Pedro Sánchez vaya a ir más lejos de las frases vacías que está lanzando, pero ¿qué podemos esperar de él, después de la actuación que ha tenido en materia internacional en el conflicto del Sahara? Dejará tirado al pueblo venezolano, como hizo con el pueblo saharaui, para de facto, ponerse al lado del agresor y de sus colaboradores, porque este gobierno no ha hecho ni un triste amago de romper con EEUU, abandonar la OTAN y denunciar los tratados con EEUU para que abandonen las bases militares existentes en el Estado español.
De Europa poco o nada se puede esperar. La UE es incapaz de plantar cara a EEUU, indiferentemente quién sea su presidente, y decir ¡Basta!, pero desde que ha llegado Trump, ha entrado en una deriva de servilismo ante las políticas americanas. En este momento todo se resume en invocar el derecho internacional, pero ningún gobierno llama a las cosas por su nombre: agresión militar de EEUU a un Estado soberano. Si ante esta situación no adopta medidas más contundentes, la pregunta es cuál será la actitud de la UE ante la siguiente barbaridad que cometa EEUU ¿mantendrá una política tolerante, similar a la que mantuvieron los países europeos con Hitler hasta la invasión de Polonia?
Ha habido muchos que han apuntado y EEUU ha ejercido de matón de discoteca. Sin ir más lejos, en el Estado Español hay partidos que han puesto su granito de arena para llegar a esta situación y que ahora celebran la intervención militar americana y el secuestro de Nicolás Maduro. Son los campeones de la democracia, los que se dan golpes de patriotismo pero que actúan al servicio de una potencia extranjera que actúa como un gánster. Si hoy es un día triste para los que defendemos el derecho internacional y la soberanía de los estados, los que celebran lo sucedido, no dejan de ser unas marionetas del imperialismo americano. Se les llenaba la boca con la palabra democracia, pero ahora eso puede esperar. Aunque sobre democracia sería mejor que nos lo expliquen PP, VOX y PNV, que ya se encargaron de presentar una propuesta en el Congreso de los Diputados para apoyar a la oposición venezolana. Los dos primeros están encantados con la intervención militar, algo normal, eso de los golpes de Estado va en su ADN. Pero estaría bien que el PNV nos dijera si eso de que un país extranjero agreda a otro es la forma que tienen de entender el derecho a la autodeterminación de los pueblos, porque en el caso de Ucrania había que verlos cómo utilizaban este argumento.
Esto no ha hecho más que empezar. Los EEUU hasta ahora han utilizado excusas como el tráfico de drogas (en Irak fueron las armas de destrucción masiva, cosa que a muchos parece que hoy ya se les ha olvidado), pero la realidad ya ha salido a flote como un corcho en el agua, era el control de la industria petrolífera de Venezuela. De hecho Trump ha indultado a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, condenado en EEUU por tráfico de drogas y no parece que eso genere titulares. Ahora falta ver los siguientes pasos en que adoptarán ambas partes, pero el escenario es muy grave si la Comunidad Internacional no para a Trump.
Por si a alguien no le ha quedado claro, esto no va de estar a favor o en contra de Maduro y las políticas llevadas en Venezuela; esto va de respetar la soberanía nacional de un país y de respetar el derecho internacional. Lo demás es hipocresía.
Hace poco más de dos meses que Pepe Mujica se nos fue en silencio y con una mochila llena de luchas y experiencias, una persona que peleó en innumerables batallas, perteneciente a una nación pequeña en extensión, pero grande en las luchas que ha mantenido a lo largo de su corta historia.
Se ha hablado mucho de este viejo militante, guerrillero del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, preso político entre los años 1972 a 1985, fue tomado como rehén por parte de la dictadura cívico-militar para ejecutarlo si los tupamaros retomaban la lucha armada, posteriormente militó en el Movimiento de Participación Popular, organización que forma parte del Frente Amplio, y de la que fue líder, llegando a ser presidente de la República Oriental del Uruguay. Me atrevería a decir que es admirado por una inmensa mayoría de la izquierda mundial, aunque uno siempre encuentra excepciones, y algunos pongan el énfasis en el abandono de la lucha armada por parte de Pepe Mujica. Pero lo que no se puede obviar, es que ha sido un ejemplo para la izquierda de todo el planeta por su humildad, honradez y ética.
Para hablar del pensamiento de Pepe Mujica y de su dilatada trayectoria política, he recurrido a un libro que vio la luz en Uruguay en noviembre de 2022, siendo publicado por la editorial independiente Ediciones del Berretín y que posteriormente ha sido editado en el Estado español por la editorial Baigorri Argitaletxe. Este libro es producto de una serie de charlas que Mario Mazzo y Carlos Martell mantuvieron con Pepe Mujica cuando éste ya estaba en su chacra, retirado de la actividad política.
No sé si se puede asegurar que en este libro se encuentra sintetizado el pensamiento político de Pepe Mujica, pero si me atrevería a decir que no deja ningún tema en el tintero, y en palabras de sus autores “este libro nace de la idea de lanzar semillas al viento, pensando en la necesidad de que nuevos militantes echen raíces en la tierra fértil de las luchas sociales y políticas de este continente tan injusto, tan desigual, que sigue pariendo espíritus rebeldes”.
De lo que no cabe ninguna duda es que todas las reflexiones que aporta el líder uruguayo van dirigidas a obtener el logro de la felicidad por parte del ser humano, pero de todos los del planeta, no sólo de los que viven en los países ricos. Y para ello hace una enmienda a la totalidad al capitalismo, sistema que se sustenta en un consumo depredador que se está llevando por delante al planeta, porque es imposible la sostenibilidad con este ritmo desaforado, que lleva a la destrucción del medio ambiente, y lo expresa en estos términos: “El planeta no se salva si seguimos aferrados a esta civilización. El capitalismo funciona sobre la base de una gran mentira, nos promete la felicidad del consumo sabiendo que no será para todos”, porque son más los que no tienen la posibilidad de acceder a los parabienes que ofrece el capitalismo. Nos trasmite una gran preocupación porque en materia de medio ambiente, los políticos desoyen los consejos de los científicos.
Cuando habla del capitalismo, pone el acento en algo que, siendo obvio, la izquierda a día de hoy no ha encontrado la forma de combatirlo, que no es otra cosa que la asimilación de la cultura capitalista por parte de todas las clases sociales. Y es ahí donde Mujica puede levantar más de una ampolla, pues no duda al decir que en los países donde se ha construido el socialismo “subyace la cultura capitalista”, que no es otra cosa que la falta de formación cultural de clase. Y lo sentencia cuando dice que “no se puede construir un edificio socialista con albañiles capitalistas”, porque no es suficiente con cambiar las relaciones de producción, para cambiar la mentalidad de las personas, pues “el socialismo no es sólo números, son personas”. Lo que nos está queriendo decir es que la gran batalla consiste en combatir al capitalismo en el terreno de la guerra cultural. De hecho, no duda en afirmar que “es más fácil un cambio material que un cambio cultural”, pues para Pepe Mujica “una verdadera revolución es la que logra un cambio cultural” pues si no se quiebra la cultura dominante el cambio no existe. Ese fue el triunfo del capitalismo cuando derrotó culturalmente al feudalismo, cosa que hasta ahora el socialismo no ha logrado al haber fracasado en sus intentos de derribar culturalmente al capitalismo. Este proceso para lograr un cambio cultural no tiene nada que ver con una revolución cultural.
Al hilo de una cultura y una moral distinta, afirma que ser de izquierdas es tener una empatía y manera distinta de ver las cosas, de ver a los demás. Para ello, Pepe Mujica no duda en afirmar que hay que compartir con los de abajo, para que estos tengan fe en los dirigentes de la izquierda.
Parte del cortejo de Pepe Mujica (Wikimedia Commons)
La humildad de Pepe Mujica se ve reflejada cuando al hablar de esta cuestión responde “Yo te planteo el problema, no la solución porque no la tengo”. Desde los años 80, con el triunfo de las políticas neoliberales de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, y la caída de los países que se denominaban socialistas, la izquierda ha sido incapaz de forjar un discurso cultural que contrarrestara la ola neoliberal, pero quizá lo más grave es que tampoco ha sido consciente de ello, y es ahí donde el político uruguayo realiza una autocrítica sencilla y seria desde la humildad del que reconoce que no tiene soluciones, aunque si se atreve a plantear que para superar esta batalla cultural, pasa por la educación, que es “la puerta a la libertad”.
En estos términos expone por qué resiste el capitalismo, porque el capitalismo y sus técnicas de marketing avanzan mucho más que cualquier ciencia, lo que le lleva a sentenciar que “el capitalismo no es solamente un sistema de producción y manejo de riqueza, es también la formación de una cultura subliminal, que es lo más fuerte… Nos ha transformado en adictos consumidores. Confundimos ser con tener, vivimos para comprar cosas nuevas, y estamos siempre “ensartados”, trabajando y pagando”. Una exposición tan sencilla, pero que a día de hoy la izquierda no ha encontrado la solución para deshacer este nudo.
Al hablar del neoliberalismo lo hace exponiendo sus contradicciones. Los gurús neoliberales hablan de libertad en el campo económico, siendo la única que realmente les preocupa, siendo esta más importante que las libertades fundamentales de la ciudadanía. Para Mujica, la propiedad y la acumulación es la piedra angular de este pensamiento, la cual “está basada en el principio de la explotación directa o indirecta de otro”, “la libertad con la que se les llena la boca a los neoliberales es la libertad de apropiarse en gran escala del trabajo de los demás”, lo que no deja de ser una forma de egoísmo de las clases dominantes. En este caso tampoco deja pasar la ocasión para lanzar alguna andanada al espectro de la izquierda cuando afirma que los gobernantes tienen que vivir como vive la mayoría del pueblo, y se dirige a sus dirigentes, que, en muchos casos, cuando esta gobierna suele comportarse como la derecha.
Al hablarnos del Estado no duda un momento al sentenciar la necesidad de la existencia del Estado, con todas las críticas que se le puedan hacer desde los neoliberales, porque a la más mínima crisis, recurren a él en busca de ayuda y protección. Para Mujica el problema radica en las personas, que con sus conductas arrastran al Estado al burocratismo. Y es aquí donde su discurso puede generar malestar, al ser crítico con determinadas conductas que se dan dentro de la izquierda, pues al no preocuparse de corregir sus defectos, facilita el discurso anti estatista de aquellos que quieren reducir el Estado a la mínima expresión. Ataca no sólo a todas esas conductas extendidas en las diferentes administraciones que generan una desafección por parte del ciudadano hacia el Estado en su conjunto, sino que también a las posturas inmovilistas existentes dentro. Y para ello expone su experiencia en la etapa de ministro y de presidente de la República.
El camino que Pepe Mujica nos muestra, al menos para mitigar las desigualdades, pasa por cuestiones que son un denominador común en todos los países capitalistas, sean ricos o pobres, pues todos ellos sufren la ola neoliberal, y para ello, comentará temas tan importantes como fiscalidad progresiva, empresas trasnacionales, capitalismo rentista o reforma agraria.
Dentro de este análisis que va acompañado con grandes dosis de autocrítica, a la hora de entrar a hablar dentro del campo de las ideas, su reflexión despeja todo tipo de dudas que pudieran haber surgido, cuando dice que “no hay una alternativa global a la explicación social del marxismo” porque en la actualidad nadie ha planteado una teoría para salir de esta situación, el marxismo no da respuestas a muchas de las situaciones actuales, pero “tampoco tenemos otra herramienta” porque lo que hay enfrente no sirve. Mujica nos habla de un posmarxismo con la dificultad que no ha surgido un ideólogo que esté a la altura de Marx para darnos una explicación global del mundo actual.
Pepe Mujica en el encuentro de la Confederación de Sindicatos de Trabajadores de Amércia (Wikimedia Commons)
La visión ideológica y política de Pepe Mujica hay que entenderla teniendo siempre presente los movimientos políticos que han surgido en Latinoamérica, con sus peculiaridades, que muchas veces no son comprendidas desde la vieja Europa. Conceptos como patria, liberación nacional, banderas que levanta la izquierda en esos países, en contraposición al imperialismo y a las políticas que van de su mano, tienen un significado muy arraigado en ese continente, y muy alejado del concepto que tenemos por estas latitudes.
Pepe Mujica en un acto de UNASUR en apoyo a Evo Morales
Mujica hace un repaso histórico a la política uruguaya y nos ofrece algunas pinceladas sobre los países latinoamericanos. Los momentos convulsos vividos a lo largo del siglo XX en su país, los golpes de Estado de todo tipo, las diferentes sensibilidades dentro de la izquierda, la forma de hacer política, que para los lectores que no vivimos de cerca la política de esas latitudes no deja de ser interesante. Y dentro de todo ello el frentismo, esa convicción de toda la izquierda uruguaya, que, para ganar electoralmente a la derecha, pasa por su unidad independientemente de sus sensibilidades. Una lección para aplicar en estas latitudes que se pone más el foco en las diferencias, como así lo recoge Arnaldo Otegi en el prólogo a esta edición, porque “si no sumas no ganas” y para ello hay que deshacerse del sectarismo dogmático.
Al escucharle hablar de la vida y de darle algún sentido, nos encontramos a una persona que ha sido coherente con su forma de vivir, con esa humildad y austeridad de la que ha hecho gala a lo largo de los años, y alejada de la pompa que tanto les gusta a muchos dirigentes de la izquierda.
Pepe Mujica, fiel a sus principios, nos anima a seguir luchando, diciendo que “el capitalismo no es el fin de la historia, que ninguna derrota es definitiva y que los únicos derrotados son los que bajan los brazos”, porque esta vida no es más que luchar desde que nacemos hasta el último suspiro.
Y su forma de ver la vida se podría resumir en su última frase: “La esperanza es caminar, y el guerrillero que no camina está frito. Me duelen los huesos, pero todavía voy andando”. A lo que solo se puede añadir, Pepe, que la tierra te sea leve.
Semillas al viento. José Mujica. Baigorri Argitaletxe
La fontanería del PNV ha realizado una lectura clara de la situación del partido y, como no podía ser de otra manera, ha tirado de manual, para lo que ha utilizado la estrategia del gatopardismo, el cambiar todo para que nada cambie.
Un partido que, aunque sigue teniendo las cuotas más altas de poder en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, lleva cinco años sufriendo una caída continua en sus resultados electorales, y sólo gracias a los pactos con el PSE y las ayudas, que en más de una ocasión ha recibido de la derecha extrema española, han evitado que dejase de controlar algunas instituciones. Todo ello se ha visto reflejado en el proceso interno que han llevado a cabo en los últimos meses, poniendo en todo momento el foco en la renovación de los cargos internos. Una auténtica lucha por el poder en los territorios, pero carente de debate político.
Ahora, con la renuncia de Andoni Ortuzar a seguir en la batalla por continuar presidiendo el EBB, el régimen puede seguir durmiendo tranquilo. Aquí lo único que se ha dirimido es el quítate tú para ponerme yo, y en palabras del actual presidente del EBB “ha surgido otra candidatura con la suficiente ambición para asumir la presidencia del EBB”. Eso: “ambición”, porque en todo este proceso interno, lo que ha estado en un segundo plano ha sido el debate de las propuestas políticas; en ningún momento se ha percibido diferencias programáticas ni ideológicas entre los diferentes candidatos. Han surgido caras nuevas en la elección en los órganos territoriales, pero sin cuestionar la línea llevada hasta ahora, porque cuando se da un proceso de este tipo, lo importante es la confrontación de ideas, de modelo de país y de sociedad. Y, por el contrario, la única autocrítica que se ha podido leer es que su problema radica en no saber comunicar con la ciudadanía; cuestiones de carácter cosmético. A partir de ahí, que cada cual saque sus propias conclusiones.
Urlullu, Imaz y Aurrekoetxea (Wikimedia Commons)
La realidad, y lo importante para la sociedad, es que el PNV no tiene ninguna intención de cambiar su modelo de políticas neoliberales que acaban por dinamitar los derechos sociales de las personas más desfavorecidas y que están sirviendo para blindar los privilegios de las oligarquías económicas, y así se puede ver día tras día cuando en los parlamentos de Madrid o Gasteiz defienden los intereses de las empresas energéticas, la banca o los grandes tenedores de viviendas. Señor Imaz, tranquilo, que no es necesario que la patronal de las empresas energéticas se presente a las elecciones, nada mejor como los cinco diputados del PNV en la Carrera de San Jerónimo para defender sus intereses.
El clientelismo que ha generado el PNV en las instituciones donde gobierna ha sido una constante a lo largo de los años. Solo hay que tirar de hemeroteca para ver los casos de corrupción que le han salpicado. Sonroja ver como los beneficiados por las adjudicaciones públicas son ilustres apellidos del entorno del partido, y como la salida de la política de sus dirigentes suele ir acompañada de la puerta giratoria de turno. Nada nuevo bajo el sol; como buen partido del régimen del 78, ha sido una máquina electoral concebida para perpetuarse en el poder y para ello el clientelismo ha sido, es y será una herramienta fundamental.
Jose Luís Bilbao y Andoni Ortuzar (Wikimedia Commons)
Cuando surgió la noticia del abandono de Andoni Ortuzar a la reelección de presidente el EBB, los periodistas fieles al régimen no dudaron en ningún momento en alabar al PNV, como partido “serio”, que “trajo la democracia a España” que siempre ha ayudado a la “gobernabilidad de España”, y que “sirvió para dar estabilidad a diferentes gobiernos”. Es decir, traducidos estos eufemismos a un lenguaje de andar por casa, lo que nos quieren decir es que ha sido un partido que aceptó la monarquía impuesta por el dictador en detrimento de la República, última forma legítima de gobierno, que fue un puntal en esa estafa que denominan Transición, entrando a dar apoyo y cobertura a gobiernos que han aplicado métodos nada democráticos: terrorismo de Estado, torturas, etc.…, un partido que ha mirado más a sus intereses particulares que a los generales o sino ¿cómo se entiende la reivindicación de la titularidad de la sede del Gobierno Vasco en París y no solicitar la devolución de todos los bienes incautados por la dictadura a personas fieles a la II República? Pero como bien ha dicho Aitor Esteban recientemente en las redes sociales: “Alderdia, aberria” (partido, nación). Es decir, primero el partido y luego todo lo demás.
La injerencia de los países occidentales en la política interna de terceros países no deja de ser una constante. No renuncian a seguir tutelándolos, como si a día de hoy Occidente siguiera siendo la metrópoli y el país en cuestión una colonia. En estos momentos uno de los países que se lleva la palma no es otro que Venezuela. En lo que concierne al Estado español, el grado de intromisión es tal, que ha pasado a formar parte de la política interna y es motivo de debates en el Congreso ¿Se imagina alguien que en el Congreso de los diputados se debatiera acerca de la calidad democrática de las elecciones en los EEUU o en Turquía? No, pero si es Venezuela todo vale.
En ese contexto, las diferentes familias de la ultraderecha española lo están utilizando como un recurso más en su pugna por desgastar al gobierno del PSOE-Sumar. Y en todo ese bombardeo, le ha faltado tiempo al PNV para entrar en ese barro, cosa que a algunos bienintencionados les ha dejado algo descolocados, pero si uno escarba un poquito, la estrategia del PNV en absoluto es fruto de la casualidad. Por detrás de todo ello hay una línea ideológica y política que perdura en el tiempo, aunque no saque el mismo ruido que la ultraderecha, y no es otra que la defensa de la oligarquía venezolana y estar al servicio de las políticas atlantistas.
Sin embargo, en esta ocasión el PNV ha ido demasiado lejos. Su defensa de los intereses de las élites venezolanas, con la excusa que muchos de ellos son descendientes de vascos, recurso que tiene poco o nulo recorrido, le ha llevado a ir de la mano de Abascal, Ortega Smith y Cayetana Álvarez de Toledo, es decir, lo más casposo y ultra de la política española.
Lider utraderechista Santiago Abascal (Wikimedia Commons)
La actitud de los jeltzales sencillamente no tiene un pase. En todo el proceso electoral que se ha vivido en Venezuela los de Sabin Etxea no han respectado ni la soberanía, ni las resoluciones de las diferentes instancias jurídicas de este país; han dado por buenos unos resultados, sustentados en unas actas que posteriormente hemos sabido que eran falsas, hasta el extremo que el candidato opositor, Edmundo González se ha desvinculado de ellas ¡vaya tufo!
Actuando de esa forma, la cuestión es sencilla: cómo se va a poder tomar en serio al PNV cuando habla de pedir la soberanía para Euskal Herria, cuando no respeta la soberanía de un Estado que es independiente y con asiento en diferentes organismos internacionales, como la ONU. Parece que han olvidado que el libertador de Venezuela, Simón Bolivar, tiene sus raíces en Euskal Herria. Esta actitud del PNV no deja de ser una tomadura de pelo. Esto no va de defender o atacar a Maduro, va de respetar a un país soberano. Y si todo esto es grave, aún lo es más el hecho que en toda esta cacería en contra de las autoridades venezolanas, vaya de la mano de los partidos de ultraderecha españoles, los mismos que niegan la soberanía del pueblo vasco para decidir su futuro.
Hay que decir que la actitud de su socio de gobierno en Ajuria Enea es infumable, decidiendo dar asilo político a una persona sobre la que hay una acusación formal de las instituciones judiciales venezolanas por una serie de cargos, y no digamos, la de la ministra Margarita Robles, la más ultra del gobierno, que llama dictador a Maduro. Pero el PNV ha decidido ir más lejos y se ha unido a la ultraderecha española para dar un paso que ni la UE se ha atrevido a dar, como es el reconocer a Edmundo González como presidente legítimo de Venezuela. Y curiosidades de la vida, la votación en el Congreso se ha celebrado un 11 de septiembre, aniversario del golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile, y votando de la mano de quienes han blanqueado durante décadas la dictadura de Pinochet. Esa ultraderecha española que aplaudiría una intervención de militar en Venezuela por parte de alguna potencia de la región. Esto es lo que ocurre en política, que hay que saber elegir los compañeros de viaje.
Margarita Robles con el secretario de defensa norteamericano (Wikimedia Commons)
Por cierto, si tanto le preocupa al PNV los descendientes de vascos, podían poner el foco en la Argentina de Milei, donde muchos de ellos están viviendo una situación social que es insostenible.
La ultraderecha española llevaba semanas cocinando este potaje y sólo le faltaba ponerle el perejil para rematar su guiso, pero ha llegado el PNV y lo ha puesto sin que nadie se lo haya solicitado. Se ha apuntado a la fiesta y, claro, los organizadores encantados de haberse conocido. Lo que habrán pensado es que ya falta menos para volver a reeditar un nuevo trifachito ¡Al tiempo!
La liberación de Pablo González ha sido sin duda alguna, junto a la de Julian Paul Assange, la mejor noticia en mucho tiempo para los defensores de la libertad de comunicación, expresión y los DDHH. Pero dicho esto, también tiene sus sombras y su cara más rancia, que no es otra que la forma en la que se ha producido su liberación, poniendo fin al secuestro al que estaba sometido por parte del Gobierno polaco desde hace casi dos años y medio. Y es que no cabe la menor duda que esta no era la forma en la que Pablo hubiera querido obtener la libertad.
Tanto él, como su familia, en todo momento han luchado para lograr su libertad como consecuencia de la celebración de un juicio con todas las garantías, en el que hubiera podido defenderse y quedase clara su inocencia, porque no hay que olvidar que Pablo no la tenía que demostrar, puesto que la carga de la prueba recaía en todo momento sobre el gobierno polaco, quien debía de probar las acusaciones por la que fue encarcelado y sobre las que nunca presentaron una sola prueba. Todo quedaba en acusaciones con un tono de gran gravedad, pero que no pasaron de ser una mera teatralización ante los medios de comunicación, todo ello para justificar su encarcelación.
A lo largo de estos casi dos años y medio ha reinado el secretismo y el silencio por parte de las autoridades polacas, y ante esa actuación, la actitud del Gobierno español y de las instituciones de la UE no han destacado por preservar los derechos de sus ciudadanos, pues no olvidemos que Pablo González tiene doble nacionalidad: española y rusa. La primera al ser un nieto de los niños de la guerra que fueron llevados a la URSS, y la rusa, porque nació en ese país. Y ninguna institución ha hecho nada para preservar sus derechos. El gran delito de Pablo no ha sido otro que tener la nacionalidad rusa, pues ese dato es el que de forma machacona se ha repetido en innumerables ocasiones tanto por el Gobierno polaco como por los medios de comunicación, cuando se trataba el tema de su encarcelación; la posesión de un pasaporte ruso convertido en prueba acusatoria, la Inquisición del siglo XXI en estado puro.
En este contexto de atropello jurídico, hay que añadir las condiciones inhumanas en las que se ha encontrado encarcelado, y las consecuencias se resumen en que todavía se encuentra ingresado en un hospital de Moscú, debido a un problema que le han detectado en el pulmón. Este es el trato que ha recibido un ciudadano comunitario en una prisión de un país que pertenece a la OTAN y a la UE. No es que por ser comunitario deba de tener mejor trato, porque debería de ser igual para cualquier ser humano, pero el hecho que sea ciudadano comunitario obliga al país donde se ha producido la detención a seguir un protocolo, cosa que en el caso que nos ocupa no se hadado en ningún momento. Todo ello nos muestra en qué contexto se produjo su detención y su posterior encarcelamiento.
En todo este proceso de liberación, a día de hoy, hay muchas preguntas que siguen en el aire, entre otros motivos, porque durante todo el tiempo que ha durado su encarcelamiento, en Occidente se impuso el silencio en todo este tema, con el apoyo mediático de la inmensa mayoría de los medios de comunicación, que han seguido a pies juntillas las directrices que recibían desde los gobiernos español y polaco por un lado, y de las organismos y organizaciones internacionales, véase UE y OTAN, pero sobre todo, de esta última, pues no deja de ser la que está liderando la ofensiva en todos los ámbitos en la guerra de Ucrania, y la guerra mediática e informativa es un espacio tan importante como el militar. En este contexto, en el que el Gobierno polaco no presentó ni una sola prueba ni fue capaz, en más de dos años, de realizar un juicio con garantías, estamos asistiendo a un bombardeo mediático en el que están apareciendo informaciones en las que se está acusando a Pablo González de ser expía de Rusia, pero sin aportar ni una sola prueba, puro trabajo de intoxicación mediática. Lo que no han logrado por la vía judicial, lo quieren conseguir a través de los medios de comunicación. No hay que ser muy avispado para saber quién está detrás de toda esta campaña. El hecho que tras su liberación haya sido recibido por Putin, como el resto de las personas que llegaron a Moscú como consecuencia del intercambio de presos, les ha servido como munición para escribir todo tipo de comentarios y elucubraciones sin ningún rigor, pero para poco más, sencillamente, una cortina de humo con poco recorrido.
Cartel de los sindicatos de periodistas reclamando un juicio con garantías para Pablo González
Durante estos dos años y cinco meses, hemos visto que el Gobierno español no es que se haya puesto de perfil, sino que no se ha preocupado por un ciudadano con pasaporte español; en ningún momento ha exigido a las autoridades polacas que presentaran pruebas y que celebrasen un juicio lo más rápidamente posible y con garantías. Por el contrario, ha hecho seguidismo del gobierno polaco, cosa muy diferente de otros casos de ciudadanos del Estado español que han sido detenidos en el extranjero. La comparación ha sido sencillamente escandalosa y humillante para Pablo y su familia. El Ministerio de Asuntos Exteriores, con su titular a la cabeza, ha sido una marioneta de la OTAN y EEUU, ha hecho dejación de la soberanía a la hora de defender los derechos de un ciudadano con pasaporte español que estaba realizando una labor de comunicación en otro país de la UE y la OTAN, y en ningún momento ha exigido un juicio rápido y con garantías; ha sido incapaz de exigir la aplicación de la legislación europea para casos de ciudadanos de la UE encarcelados en un país miembro. Y todo ello ha sucedido en un Estado, cuyo funcionamiento de la justicia ha sido cuestionado y sancionado nada más y nada menos que por la UE, la misma que desde un tiempo a esta parte ha entrado en una deriva de blanqueamiento de la ultraderecha europea ¡Cómo tiene que ser el nivel de la justicia en Polonia para recibir un rapapolvo de Bruselas!
Pero si lo expuesto hasta aquí es muy grave, esto se incrementa con las declaraciones de Pablo González, en las que ha manifestado que ha sufrido torturas y que le indujeron al suicidio. Ante esta situación, el Gobierno español, a través del Ministerio de Asuntos Exteriores, está tardando en abrir una investigación para exigir responsabilidades en este asunto, de lo contrario, quedará en evidencia que en todo esto no ha dejado de ser un títere de los EEUU y la OTAN, haciendo dejación de su soberanía. Y todo esto con un gobierno que dice ser progresista.
Concentración ante el Ministerio de Asuntos Exteriores
Siendo conscientes que a lo largo del proceso que se ha seguido en la liberación de Pablo, ha predominado el silencio y la discreción al ser un tema muy delicado en el que el intercambio de prisioneros ha sido el más grande desde 1985, todavía quedan muchas cuestiones por aclarar. Hasta ahora lo poco que tenemos claro es que la negociación ha sido liderada por EEUU por parte de la OTAN y que las negociaciones se han prolongado durante muchos meses. En todo esto el Estado español no ha pintado nada y Polonia tampoco parece que haya tenido un gran protagonismo en todo este proceso. Ello hace pensar que el motivo por el que no se ha celebrado su juicio es, sencilla y llanamente, porque para el Gobierno polaco, para EEUU y la OTAN era una valiosa moneda de cambio en esas negociaciones.
Con la liberación de Pablo González, el Gobierno polaco se ha quitado una patata caliente, porque el tiempo avanzaba y en ningún momento se vislumbraba que presentaran alguna prueba. Lo único que hacían era prorrogar su estancia en prisión, por lo que una de las conclusiones que se podrían entresacar es que mientras durase el conflicto ucraniano, Pablo se había convertido en un rehén en manos de un país de la OTAN, para lograr utilizarlo en las negociones anteriormente mencionadas.
La aprobación de la ley de Amnistía ha sido como el parto de los montes, no le ha faltado de nada y ha sido una de las leyes, sino la que más obstáculos y trabas ha tenido que sortear hasta su aprobación final. Todos los intentos que ha habido para torpedearla han servido para la dejar al descubierto la nula calidad democrática de algunas instituciones del Estado español; han actuado como auténticos poderes fácticos que no podían soportar que la representación de la soberanía popular estuviese por encima de todas ellas, pues eso de que se apruebe una ley sin su beneplácito no es algo que lleven muy bien.
No tengo intención de extenderme en analizar el fondo jurídico de la norma, únicamente me limitaré a manifestar que el Preámbulo de la ley construye un discurso que desde el punto de vista jurídico no hay nada que objetar a la hora de despejar las dudas sobre su constitucionalidad. Otra cuestión mucho más discutible es el alcance de la amnistía, y en concreto quienes tienen que ser los beneficiados por ella, si ésta debe de servir para eximir al Estado y, por ende, a sus funcionarios que ejercieron una represión en algunos momentos del procés, sobre todo en los hechos acaecidos el 1 de octubre de 2017.
Ahora bien, cuando ese Preámbulo entra a exponer el espíritu de norma desde un prisma puramente político, es cuando uno percibe que no sirve para la resolución del conflicto, y no vale porque se desvirtúa lo que debe de ser una verdadera ley de amnistía. En este caso no es una herramienta para la solución del problema político existente en Catalunya, sino que está pensada más bien, como resolución a un problema de índole judicial, obviando que el origen de toda esta situación se encuentra en el deseo de la ciudadanía de Catalunya a ejercer el derecho a su libre determinación. Es decir, intenta resolver las consecuencias del conflicto, pero no su origen.
Esta ley enfoca la amnistía como un borrón y cuenta nueva, un ejercicio de reconciliación que deja a un lado el problema de fondo. Lo que nos quieren decir es que con la concesión de la amnistía el conflicto político ya está superado, algo totalmente alejado de la realidad. La ley ignora que el conflicto político es el todo y lo que quiere remediar esta amnistía es la parte, porque la represión que se ejerció contra políticos, activistas políticos, funcionarios y ciudadanía es una parte de ese todo y las condenas y procesos judiciales no dejan de ser una consecuencia del conflicto.
Manifestación en Barcelona el 10 de julio de 2010 (Wikimedia Commons)
Dentro de este análisis, un error de bulto que se da continuamente es que cuando se dice que el procés ha muerto, también se está dando por finalizado el conflicto, cuestión que encontramos en el Preámbulo de esta ley, porque esa es la idea que flota a lo largo del texto, por tanto, desde un punto de vista político, la cuestión de fondo sigue sin ser abordada. El equiparar el procés con el conflicto no es una cuestión únicamente de mezcla de conceptos o de ignorar la realidad, por el contrario, más bien es el deseo de querer dar carpetazo al problema de fondo existente, alegando que el procés ha muerto.
Cuando el proceso de gestación de la ley de amnistía empezaba a ponerse en marcha, allá por el mes de octubre, y se empezaba a conocer por donde iba a avanzar el borrador de Proposición de Ley, tuve la oportunidad de asistir a una tertulia en el Ateneo de Madrid, que con el título “democracia, amnistía y autodeterminación”[1] se analizó en profundidad estas tres cuestiones. En ella, uno de los intervinientes, Albert Noguera, profesor de Derecho Constitucional, expuso que la amnistía abría tres escenarios: en el plano individual, se daría un efecto de victoria, pues se lograría superar la situación personal de todas aquellas personas que sufrieron la represión; desde el punto de vista de pueblo, se daría una derrota, porque la sociedad catalana ha estado reivindicando una amnistía que reconozca lo que sucedió en Catalunya durante el procés y que sirva para resolver el conflicto, cosa que como he dicho anteriormente, la norma aprobada no reúne ninguna de estas premisas. Pero Albert Noguera planteaba un tercer escenario, como Estado, plano en el que entendía que se abriría un efecto de oportunidad, porque durante toda la legislatura actual, en un contexto de conflictividad, habría posibilidades de lograr cesiones por parte del Gobierno. Pues bien, una vez que se ha aprobado la Ley de Amnistía y después de ver los resultados de los últimos procesos electorales, para el independentismo esa ventana de oportunidad se está cerrando poco a poco.
Roger Torrent, presidente del Parlamento de Cataluña, en un acto para pedir la libertad de los presos políticos (Wikimedia Commons)
Por ello, entiendo que de la lectura de la ley es más de derrota que de victoria para el independentismo en todos los aspectos, porque esta ley en ningún momento dice que esta amnistía viene a reparar el daño producido por la represión ejercida por los aparatos del Estados, en concreto la originada por la judicatura con las sentencias dictadas, porque si en un principio en Catalunya la represión vino de la actuación de los aparatos policiales del Estado, posteriormente hubo una represión derivada de las diferentes resoluciones judiciales en las que se vulneraron derechos fundamentales. El hecho que para las instituciones del Estado Central, el referendum del 1 de octubre de 2017 careciese de validez jurídica, en ningún momento tenía que haber conllevado la aplicación de ningún precepto penal, porque eso era vulnerar los derechos fundamentales de la población. Dicho de otra forma, las sentencias se han dictado en clave política y no jurídica. Un lawfare de libro.
Al tratar esta cuestión, me suele venir a la memoria que el mismo año del referéndum de Catalunya, la oposición venezolana realizó una consulta con la finalidad de modificar la Constitución del país, pero con la peculiaridad que carecía de toda eficacia legal, pues fue convocado unilateralmente por la oposición, obviando que no tenía legitimidad para ello, porque lo hizo al margen del organismo que en Venezuela tiene competencia para poder convocarlo, que es el Poder Electoral. El referendum lo hicieron montando sus urnas, no pasó nada, porque el Gobierno venezolano les dejó que lo hiciese, pero eso sí, no tuvo eficacia jurídica de ningún tipo y nadie de la oposición acabó entre rejas por ello. A todo esto, la derecha española apoyó incondicionalmente la iniciativa de la oposición venezolana.
La amnistía no deja de ser un cierre en falso, porque lo que hay que plantearse es cómo y por qué se ha llegado a esta ley de amnistía. Ello nos lleva obligatoriamente a entrar a analizar la posición del PSOE en todo este proceso, y como no, remontarnos a ese mes de octubre de 2017 y el posicionamiento que tuvo. Su trayectoria ha ido marcada por sus necesidades políticas en cada momento, más que por una convicción política para la solución del conflicto. Ha ido haciendo de la necesidad virtud, lo que le ha llevado a realizar un ejercicio de contorsionismo político difícil de encontrar.
El PSOE pasó de defender la aplicación del 155, votando a favor en el Senado, a ir moldeando su discurso en función de sus necesidades y de cómo se han ido desarrollando los acontecimientos políticos, puro tacticismo, con la vista puesta en los réditos electorales que pudiera obtener. Ello le ha llevado a adoptar posturas ciertamente contradictorias a lo largo de esto últimos años. De afirmar que la amnistía no cabía en la Constitución, cosa que no se sostiene, como ha quedado acreditado en el Preámbulo de la ley, a decir que es totalmente constitucional. Pero algo similar le ha pasado con los indultos y con otras cuestiones que se han dado a lo largo de los últimos años, a la hora de tratar el conflicto de Catalunya. La última sin ir más lejos la estamos viviendo estos días; han pasado de decir que Catalunya no puede tener un régimen fiscal diferenciado a defender su singularidad, pero con la condición que ERC facilite a Illa presidir el Govern, lo cual demuestra que en el PSOE más que una convicción por su propuesta, lo que prevalece es el tacticismo para llegar al poder.
Manifestación en Barcelona el 26 de octubre de 2019 (Wikimedia Commons9
La lectura que si ha sabido hacer el PSOE es la de ir gestionando todo este debate desde la idea de romper al bloque independentista, siendo conocedor que el motor de procés, desde que la sentencia del Tribunal Constitucional recortó el nuevo Estatut, ha sido la sociedad catalana, muy por delante de los partidos; fue la que obligó a estos a hacer suya la reivindicación del derecho a decidir. Todo ello le ha llevado a realizar una política de desgaste que hasta la fecha le ha dado buenos frutos puesto que en las diferentes citas electorales que ha habido desde mayo de 2023, una parte importante del electorado independentista ha optado por engrosar la abstención. El objetivo estratégico del PSOE ha sido desmovilizar al electorado independentista y eso pasaba por crear divisiones entre los partidos independentistas. Esto no deja de ser flor de un día para el PSOE, porque a poco que las condiciones puedan variar, la balanza caerá del lado independentista, pero a día de hoy, no cabe duda que le está dando frutos.
No se puede poner en cuestión que la ley de amnistía era necesaria para paliar la situación judicial de varios cientos de personas anónimas que tienen procesos penales abiertos por infinidad de situaciones que se vivieron durante esos meses. Desde el responsable de un colegio por facilitar sus instalaciones para realizar el referendum, pasando por funcionarios y ciudadanos que participaron en la celebración de la consulta. Un sinfín de personas y situaciones que desde un punto de vista personal necesitan beneficiarse de esta ley. Esta situación no la ha dejado escapar el PSOE, y ha dirigido sus esfuerzos en aprobar una ley que no es el inicio para la resolución del conflicto y que incluye en la amnistía a policías y guardias civiles que participaron en la represión. Una repetición de lo que ocurrió con la Ley de Amnistía de octubre de 1977, en la que los grandes beneficiados fueron todos los miembros de los aparatos del Estado franquista, lo que demuestra una vez más que el PSOE es el fontanero del régimen del 78.
[1] La tertulia republicana “Cesar Herrero” organizó el 23 de octubre de 2023 en el Ateneo de Madrid un acto con el título de “Democracia, amnistía y autodeterminación”, en el que intervinieron Ramiro García de Dios, magistrado emérito; Begoña Lalana, abogada y Albert Noguera, profesor de Derecho Constitucional Univ. De Valencia. Este es el enlace para poder ver el acto: Tertulia Republicana «César Herrero». Ateneo de Madrid. 23-10-2023 (youtube.com)
Vivimos tiempos en los que el mundo se ha instalado en la inestabilidad total. Si a lo largo del planeta podíamos encontrar innumerables conflictos internos que han perdurado en el tiempo, últimamente hay que añadir una concatenación de guerras, que no dejan de ser producto de unos procesos de incubación de conflictos, hasta que han terminado por estallar. Estamos inmersos en lo que Slavoj Žižek denominó hace más de una década “tiempos interesantes”, expresión china que utiliza para definir “tiempos de inestabilidad, guerra y lucha por el poder que dejan millones de víctimas inocentes sufriendo las consecuencias”.
En esta espiral bélica en la que el mundo está sumido, se van enlazando guerras, de tal forma que el último conflicto sirve para relegar al anterior, hasta hacerlo caer en el pozo del olvido. Esto no deja de ser una táctica de las grandes potencias, un borrón y cuenta nueva, pero dejando en el camino miles de víctimas y, en la gran mayoría de los casos, una situación peor que la inicial.
Una de esas guerras es el conflicto de Afganistán, pues no hace más de tres años servía para abrir informativos y ser portada durante semanas de la prensa internacional, pero sólo fue necesario que EEUU tensionara otra región del planeta, en este caso Ucrania, para que surgiese un nuevo conflicto y Afganistán dejase de existir para EEUU y la OTAN. No sólo dejó de ser portada, sino que las potencias que han tenido una responsabilidad desde hace medio siglo, han decidido abandonar a la población afgana a su suerte y dejar otro conflicto empantanado y dedicarse a centrar sus fuerzas en el siguiente.
A día de hoy, en Afganistán sigue existiendo una guerra, con sus periodos intermitentes de mayor o menor virulencia, pero como lo que no sale en las noticias no existe para el común de los mortales, ha caído en el saco del olvido.
Mucha de la información que podemos encontrar acerca de este conflicto no deja de tener un componente importante de propaganda occidental, dirigida a crear opinión, como ocurrió durante la década de los 80 del siglo pasado, durante la guerra que mantuvieron el Gobierno de Kabul y la URSS contra los mudjahidin[1], y en otros muchos casos, esta adolece de rigor. En ese lodazal en el que es complicado bucear para poder encontrar información con cierta fiabilidad, me ha parecido interesante rescatar un libro que con el título “Afganistán. Auge, caída y resurgimiento del régimen talibán” el politólogo Pere Vilanova (Editorial Los libros de la Catarata) publicó en 2021, con la reciente vuelta de los talibán[2] al poder en Afganistán. Un libro de donde se pueden obtener algunos datos y claves para conocer, aunque sea mínimamente el conflicto afgano.
Este ensayo es un botón de muestra de lo complicado que resulta comprender el mundo actual, la dificultad, en muchos casos, de poder entender lo que ocurre en otras regiones del mundo, si nos empeñamos en verlas con gafas graduadas en los países occidentales. Y en palabras del autor de este ensayo, Afganistán “es un aviso para los que se creen (sobre todo muchos tertulianos y opinadores) dar un diagnóstico y claro y conciso sobre el asunto”.
El libro está dividido en tres bloques o capítulos que le servirán al autor para analizar el conflicto afgano a lo largo de la historia, ubicándolo en el contexto de Asía Central, y lo que ha supuesto en las políticas de las grandes potencias en esa región.
En el primero, denominado “A modo de introducción”, el autor realiza una serie de reflexiones que sirven para entender los errores en los que han caído los diferentes imperios y las potencias occidentales a lo largo de los siglos, llegando a la conclusión que en caso de Afganistán, una vez más se ha vuelto a repetir la historia. En palabras de Pere Vilanova, este manual es un “cursillo acelerado sobre guerras perdidas en las que se cometen los mismos errores a través de los siglos”.
Para entender un conflicto no hay nada mejor que haber pisado el terreno, lo que permite conocerlo de primera mano. Y en este caso, en este primer capítulo, Pere Vilanova relata la experiencia que vivió en 1984, cuando se trasladó a Pakistán y Afganistán para conocer in situ todo lo que se movía alrededor de los diferentes grupos mudjahidin que luchaban contra el gobierno afgano y las tropas soviéticas (posteriormente, entre 2007 y 2009 realizó varios viajes a Afganistán y Pakistán de los que da cuenta en el último capítulo de este ensayo). Los datos que aporta de aquellos viajes son muy enriquecedores porque ayudan a entender muchas de las cosas que han sucedido a lo largo de estos últimos 50 años.
Talibanes en Kabul, agosto de 2021 (Wikimedia Commons)
Fruto de ese viaje el autor describe a los diferentes grupos guerrilleros, sus orígenes, etnias que los formaban, las relaciones o, mejor dicho, la rivalidad entre ellos, que en muchos casos se dirimían a tiro limpio, el papel de EEUU, a través de la CIA, que regaba de armas y dólares a todos los grupos guerrilleros, a los que el entonces presidente Ronald Reagan los denominaba “luchadores por la libertad”, sin olvidar en ningún momento el papel que en la región siempre ha desempeñado Pakistán.
El autor, como si fuera un libro de viajes, nos irá relatando su llegada a la región con el objetivo contactar con alguno de los grupos mudjahidin, lo que le llevará a desplazarse a Peshawar (Pakistán), capital de la tierra de los pastunes, etnia que “vive a caballo de una frontera entre dos países (Pakistán y Afganistán) que nunca han entendido como tales y que se rigen socialmente por su propio código social: el Pashtunwali”. Serán claves, porque, con el tiempo, en su seno surgirán los talibán. Es un pueblo dividido en tribus y clanes que en su inmensa mayoría no tienen un sentimiento nacional, sino que les mueve el vivir siguiendo su forma tradicional. Para el pueblo pastún la frontera existente entre estos dos países no deja de ser artificial. No hay que olvidar que en Peshawar el ejército británico sufrió tres derrotas en su deseo de ensanchar el Imperio británico desde la India a Afganistán.
En el segundo bloque de este ensayo el autor profundiza en el origen del conflicto afgano, y a modo de introducción, da algunos datos que son necesarios si queremos entender todo lo sucedido en el último medio siglo y el título nos deja algunas pistas “Raíces históricas que siempre vuelven”.
La primera parte de este capítulo tiene como finalidad el poder conocer Afganistán y para ello aporta una serie de datos históricos, políticos y sociológicos imprescindibles para poder interpretar todo ello. Es uno de los poquísimos Estados del mundo que no tiene un pasado ni herencia colonial, pero si hay un dato de carácter histórico que es importante y nada casual, es que Afganistán fue el primer Estado con quien la URSS, en 1923, después de finalizar su guerra civil, estableció relaciones diplomáticas y un Tratado de Buena Vecindad que se mantuvo más de 50 años. No cabe duda que los revolucionarios bolcheviques eran conscientes de la importancia geoestratégica de Afganistán.
Niño afgano en Bamiyan (Wikimedia Commons)
Es muy importante tener en cuenta que el concepto que sus habitantes tienen del Estado difiere totalmente respecto al que podemos tener en los países occidentales. Para ellos, no deja de ser un concepto un tanto abstracto. “Sus lealtades individuales pueden ser múltiples y estar ordenadas de modo volátil, o al menos difícilmente para nosotros: religión (islam), grupo étnico, grupo lingüístico y, dentro de ello, la lealtad tribal”. El “mi país” para estos pueblos se circunscribe a su valle o los más cercanos.
Otro dato que suele pasar desapercibido y que no pasa por alto este ensayo, es que Afganistán entró en guerra civil en 1973, es decir, seis años antes que entrasen las tropas soviéticas, cuando se produce un golpe de Estado de orientación comunista contra el rey Zahir Shah, por parte de un sobrino suyo, pues las élites militares y políticas afganas del momento estaban encuadradas en una de las dos facciones del PDD (Partido Popular Democrático), siglas del Partido Comunista de Afganistán, lo que no dejaba de ser un conflicto de carácter interno. A partir de ese momento se inicia una guerra que provocará la entrada del ejército soviético, hasta que en 1989 se produjese el repliegue a la URSS, porque como expone Pere Vilanova, Gorbachov hacía tiempo que había tomado la decisión de salir Afganistán, pero “no podía hacerlo de cualquier modo ni a cualquier precio”.
De los muchos datos que Pere Vilanova aporta, me voy a centrar en algunos que es difícil encontrar en la prensa de estas latitudes.
Uno de ellos desarrolla los motivos por los que la URSS de Breznev decide entrar en Afganistán, contra el criterio de la cúpula militar soviética que entendía que “estaba abocada al desastre más absoluto”, como así sucedió. Y visto lo acontecido en el tiempo, sin perjuicio del mencionado fracaso, los dirigentes de la URSS realizaron un análisis bastante certero. Temían que un hipotético triunfo de las fuerzas que desde 1973 luchaban contra el Gobierno de Kabul, abandonarían “su tradición neutral y buenas relaciones con la URSS” para aliarse con Occidente (no dejaban de estar financiadas desde un primer momento por EEUU). En un escenario en el que en Irán acababa de triunfar la revolución islámica y teniendo presente que varias repúblicas soviéticas de Asia Central sociológicamente musulmanas eran frontera con Afganistán, los soviéticos temían que toda esa efervescencia islamista se les convirtiera en un problema dentro de esas republicas.
El autor expone que el islam nunca ha servido para unificar a los grupos mudjahidin. Han pesado más sus diferencias culturales, lingüísticas, que existieron en todo momento; una sociedad compuesta por grupos tan variados como los pastunes, los baluches, los uzbekos, los tayikos, los turkmenos, los hazara, los kirguís y los muristaníes con el lazo de unión de la religión, siendo todos ellos, excepto los hazara, musulmanes sunitas, no sirvió para tener un proyecto común. De hecho, los EEUU nunca lograron una unidad de acción, pese a toda la financiación que recibían, pero se agudizaron de forma mucho más terrible, cuando en 1992, al caer el gobierno comunista afgano, se enredaron en una guerra civil de cuatro años, que supuso un desastre, lo que desembocó en la llegada de los talibán.
Este ensayo analiza cuales fueron los motivos que llevaron a los talibán al poder, el origen pastún, una etnia que como se ha dicho anteriormente, se encuentra situada en el sureste de Afganistán y en el oeste de Pakistán. Los talibán lograron “unificar este grupo étnico, excesivamente fragmentado por enfrentamientos tribales y familiares”, lo que les dio la fortaleza suficiente para dominar el este y sureste de Afganistán y posteriormente tomar Kabul. A todo ello ayudó la actitud de una de las guerrillas más importantes, la liderada por Ahmad Sahd Masud (asesinado por colaboradores de Bin Laden dos días antes del 11 de septiembre de 2001), de retirarse a sus valles y las montañas del norte de Afganistán. Este grupo estaba compuesto por tayikos y uzbekos que fueron los que llevaron el peso de la lucha contra los soviéticos en el periodo 1979-1989.
Los grupos mudjahidin que lucharon desde 1973 hasta 1989, año el que se produce la retira de las tropas soviéticas, eran tan fundamentalistas en materia religiosa como los talibán. Aspiraban a “la instauración de una república islámica, en una versión que en su momento (1980) parecía ya muy radical”, pero que la posterior llegada al poder de los talibán los han superado, porque estos últimos han metido en una coctelera “el rigorismo absurdo” de la interpretación que realizan del islam con “una tradición social estructurada en clanes y tribus en la que la mujer ha estado siempre particularmente oprimida”, haciendo una interpretación del islam proveniente de las madrassas pakistaníes.
Dentro de este segundo capítulo analiza la dimensión regional del conflicto afgano teniendo como eje a dos de los Estados vecinos, Irán y Pakistán, y el papel que juegan, pero profundizando más en Pakistán, puesto que la cuestión afgana afecta de forma directa a la política interna pakistaní, pues como antes se ha dicho el territorio pastún se encuentra a ambos lados de la frontera y durante los años en el que los señores de la guerra tenían sumido Afganistán en el mayor de los desastres, Pakistán apostó por los talibán como elemento estabilizador de la situación.
El autor circunscribe el conflicto afgano a la región de Asia Central, diferenciándolo del existente en Oriente Próximo, encontrándose ubicado en una zona geográfica donde muchas potencias de la zona tienen grandes intereses y la estabilidad de la zona es un tanto irregular.
Realiza un análisis sobre el papel de las fuerzas militares de EEUU y los países de la OTAN en sus operaciones y los criterios que deberían seguir en este tipo de misiones, donde una vez más, vuelven a cometer los mismos errores que tuvieron en otros lugares del mundo (Indochina, Vietnam, Argelia), no consiguiendo conectar con la población, pues no dejaban de ser fuerzas extranjeras de ocupación, lo que le lleva a enlazar con un problema que tenían sobre la mesa los países que lideraron la intervención, que no era otro que cuándo abandonar el país, pero sobre todo, cómo irse y el escenario posterior a su marcha, que no fue otro que una desbandada, un salir corriendo, dejar a la población civil a su suerte. EEUU y algunos de sus aliados lo enfocaron como “una operación más de contrainsurgencia”, craso error del que luego se han visto las consecuencias.
El tercer bloque recoge las experiencias vividas por el autor en una serie de viajes que realizó por Pakistán y Afganistán entre los años 2007 y 2009, en los que tuvo la oportunidad de visitar la mitad norte de Afganistán, teniendo una relación directa con la población. Ese trato con sus gentes, le sirve a Pere Vilanova para dar a conocer mejor la realidad afgana, que no es otra cosa que “un gran desastre humanitario desde hace cuatro décadas”, del que sólo en los años ochenta había algo más de dos millones de refugiados en Pakistán y un millón en Irán. Una de las dudas que le surgen al autor es cuál será la relación entre las diferentes etnias que forman Afganistán, a partir de la vuelta de los talibán.
El relato que en algunos momentos se asemeja más a un libro de viajes, sirve para adentrarse en analizar la situación de Asia Central. Una región donde los intereses geoestratégicos enfrentan a las diferentes potencias del continente asiático. Si Rusia, China y las repúblicas exsoviéticas son actores principales, este ensayo nos recuerda “la competición entre la influencia persa/iraní frente a la influencia turca es, en esta zona de Asia, una tradición de siglos”, pues estos últimos tienen su origen en los turcomanos de Asia Central.
Es interesante la descripción que encontramos en este ensayo de las cinco exrepúblicas soviéticas de Asia Central, no sólo desde el punto de vista de las reservas que tienen y su posición geográfica, sino de sus estructuras sociales y su gestión de la cuestión religiosa.
Pere Vilanova acaba definiendo Asia Central, y en especial Afganistán, como “un cubo de Rubik con demasiados lados y líneas que cuadrar, y donde el futuro viene cargado de pasado”.
Evacuación de marines de Afganistán
Corren tiempos de inestabilidad, guerra y lucha en este mundo global y Asia Central probablemente sea uno de los puntos del planeta donde se están acumulando más tensiones e intereses enfrentados, donde el pasado pesa mucho y Afganistán es uno de ellos. Una región donde las superpotencias tienen tantos intereses en juego, pero donde sus diferentes pueblos y etnias sufren las consecuencias.
[1] Mudjahidin: Es el plural del término mudjahid, el que lucha en la yihad (o guerra santa) y está dispuesto al martirio.
[2] “Talib” en singular, “talibán” en plural, se refiere a los “estudiantes religioso” de las madrassas (escuelas teológicas).
En algunas ocasiones procuro abstraerme de ciertos acontecimientos que se dan en el centro de Madrid, pues en mi vida cotidiana los puedo esquivar desde la distancia geográfica y, ni que decir de la distancia ideológica. Es lo que tiene vivir en una ciudad de estas dimensiones, que uno puede evitar todos los fastos que organiza el Régimen del 78 como si tal cosa, pero esta vez ha sido imposible, el bombardeo mediático ha superado mi deseo de aislamiento. Para empezar el día, me encuentré un mensaje en mi móvil de un amigo muy madrugador, que desde el corazón del Goierri ya se encargó de recordarme, con grandes dosis de ironía, el sarao que se iba a dar ayer por la mañana en Madrid; cuando salí a desayunar a media mañana, ahí estaba el televisor del bar con las imágenes en directo desde el Congreso. Parecía que me perseguía como las siete plagas de Egipto.
Eso era el Madrid oficial, el que tiraba la casa por la ventana para engalanar todas las calles por donde iba a pasar el cortejo, donde la pompa y el boato lo copaba todo, aderezado de coches oficiales por doquier y donde la prensa del papel couché iba a tener materia para unas cuantas semanas. Pero ayer, como todos los días del año, también había otro Madrid que vivía al margen de todo lo que sucedía en el Congreso y en el Palacio Real. Era el de los jóvenes que iban en el autobús a sus clases en los institutos o universidad, el currela de la construcción que se dirigía a tajo con su mochila donde llevaba el almuerzo, y que seguro que ese día llegó a casa de la misma forma que salió por la mañana, de noche. Al mediodía el trajín de la ciudad era como cualquier otro día, como si el fiestón que habían organizado las élites políticas no fuera con ellos.
Los fastos entorno al juramento de la Constitución por parte de la hija mayor del Felipe Borbón solo se pueden definir como una tomadura de pelo colectiva a la ciudadanía. Este vodevil que organizaron en el Congreso ha sido un insulto a la todas esas personas que no llegan a fin de mes, que están en las listas de espera de la Sanidad Pública, que no tienen posibilidad de llevar a un hijo a una guardería pública, que no tienen un colegio o instituto público en su barrio, pero que les dicen que la monarquía es la institución garante de la democracia, necesaria para que todos seamos más felices en el Reino de Blancanieves. Y me reafirmo en esta opinión cuando escucho los discursos que realizaron en el día de ayer para dorarse la píldora los unos a los otros. El pronunciado por el Borbón no se sale del guion, la nación, se entiende que sacrosanta e indivisible, la monarquía, obvio, porque de lo contrario se les acaba el chollo, y la defensa de la Constitución, que parezca que es una monarquía moderna, aunque si es necesario montar un golpe de Estado, se monta, y si no que se lo pregunten al abuelo.
Como el discurso que le han redactado a Leonor da para mucho, me voy a centrar en una frase que ha sido con la que más nos han bombardeado los medios de comunicación. La ciudadana Leonor ha pedido que confiemos en ella. Lo dicho, nos quieren tomar por tontos.
A esta señorita habría que decirle que la confianza en democracia se obtiene en las urnas. Yo sé que eso para alguien que pertenece a la institución monárquica, que ha vivido en palacio rodeado de cortesanos, no entra dentro de sus parámetros. La confianza no se obtiene haciendo un simulacro de mili, jurando la Constitución y diciendo que la va a cumplir, y menos viniendo de un Borbón, pues nos sería el primer Borbón, y esperemos que sea el último, que se ha saltado la Constitución que estaba vigente en ese momento, Fernando VII fue el precursor, y a partir de entonces, cada vez que el orden constitucional no era del agradado de los borbones, no tenían reparo alguno en liarla parda. Las conspiraciones palaciegas han sido una práctica muy habitual durante los siglos XIX y XX.
Su estirpe está reñida con las urnas. Solo hay que recordar la etapa de la Restauración borbónica, donde el pucherazo electoral era algo consustancial al régimen que se instauró después de la Primera República, el rey golpista Alfonso XIII ya se encargó de apoyar la asonada militar de Miguel Primo de Rivera, desterrando la voluntad del pueblo, y del emérito no es necesario hablar, pues no hay día que no conozcamos alguna de las suyas. El que el dictador nombrase como su sucesor a su abuelo, no deja de ser una perla más de la dinastía borbónica, de la que se sienten profundamente agradecidos, lo que significa que carecen de un mínimo de pedigrí democrático.
Si todos sus antepasados han tenido un problema con la voluntad popular y el sufragio universal, mención especial merece su padre. Cuando al “preparao” le mencionan la palabra urna, le debe de salir urticaria. Producto de ello fue su intervención el 3 de octubre de 2017, ante la consulta organizada en Catalunya. No podía soportar que el pueblo catalán quisiera elegir su futuro sin tutelas ni ataduras. Bueno son los borbones, pues con las cosas de comer no se juegan, ya otro rey del mismo nombre, Felipe V no dudó en atacar Catalunya porque querían defenderse de sus políticas centralistas. Lo que ocurrió ese 3 de octubre sirvió para que al pueblo le quedase claro que la monarquía española no tiene reparo en tomar partido en política, no es una institución moderadora, lo que nos permite cuestionar su papel.
Esta jovencita al pedir que confiemos en ella, nos está pidiendo un acto de fe hacia ella, y va a ser que no. Si quiere lo tiene fácil, tan sencillo como presentarse a unas elecciones. No me cabe la menor duda que más de un partido político daría lo que sea por llevarla en sus filas, habría tiros entre VOX y el PP por incluirla en sus listas, y más de un dirigente del PSOE no le haría asco el intentar seducirla, haciéndola ver que con el PSOE en el gobierno, su abuelo campó a sus anchas y que siempre ha defendido a la monarquía.
Los borbones van tan “sobraos” que no han tenido mejor ocurrencia que celebrar en el Palacio de El Pardo la fiesta familiar del cumpleaños de la susodicha. Aunque si uno lo mira con cierta frialdad, no es una ocurrencia cualquiera y no deja de ser un recordatorio de agradecimiento por haber nombrado sucesor del dictador al abuelo de la cumpleañera.
No necesita que confiemos en ella, tiene a su favor la inmunidad que le da el actual ordenamiento jurídico, pues una vez que llegue a ser reina gozará del status de inviolabilidad, igual que su padre y su abuelo. Como tiene buenos maestros en el arte de defraudar a las arcas públicas y realizar oscuros negocios, es imposible que confiemos en ella.
La monarquía no representa los valores democráticos, radicalmente contraria al principio de igualdad, en pleno siglo XXI es un obstáculo para que cualquier Estado pueda avanzar. En el actual momento, en el que los derechos sociales están siendo atacados diariamente, donde los servicios públicos, Sanidad, Enseñanza y pensiones públicas están sufriendo todo tipo de recortes, nos imponen como futura reina a una persona que ni acude a la Sanidad Pública, que ha estudiado toda la vida en colegios privados y que no va a depender de una pensión como el común de los mortales. Estamos como para confiar en ella. Nos mean y dicen que llueve.
“Euskara,/ Jalgi hadi mundura!/ Jalgi hadi mundura!/ Lengoajetan ohi hintzan/ Estimatze gutitan;/ Orai aldiz hik behar duk/Ohorea orotan”.
(¡Euskera Sal al mundo! /Estabas en poca estima/ Entre las lenguas;/ Pero ahora serás la más noble/ de todas).
Bernat Etxepare
A caballo del siglo XV y XVI, Bernat Etxepare (1480-1545), autor del primer libro en lengua vasca del que hay constancia, escribió una poesía en la que pedía que el euskera saliese al mundo en pie de igualdad con el resto de lenguas. Muy optimista fue el clérigo bajonavarro, pues la realidad histórica ha sido bien distinta. Idioma perseguido y minorizado a lo largo de la historia, sufriendo uno de los mayores ataques a lo largo del siglo XX, convirtiéndose en una lengua minorizada y en peligro de extinción.
La historia ha venido a demostrarnos que para que el euskera sobreviva no queda más remedio que defenderlo día a día, y para ello hay que situarlo en todos los ámbitos de la vida, que bastantes ataques sufre, y sino que se lo pregunten a los ayuntamientos vascos con la última sentencia del Tribunal Constitucional o cuando el juez de turno anula una oposición en la que se exige el conocimiento del euskera. Da igual que sean reaccionarios o progresistas, cuando hay que dictar sentencias sobre el euskera, uno ya se huele el resultado antes de que se reúnan a deliberar. Los magistrados no parecen tener presente el aplicar la discriminación positiva en defensa de una lengua que está en una situación de clara desventaja.
Todo esto viene a cuento porque quién nos iba a decir hace unos meses que en el Congreso de los diputados podríamos escuchar a algunos diputados vascos poder realizar sus discursos en euskera sin que la presidencia de turno no cortara automáticamente la intervención del orador, que es lo que hacía Meritxell Batet. Y he dicho algunos, porque no todos los parlamentarios vascos dominan la lengua de Etxepare, Arrese Beitia, Lauaxeta, Kanpion, Azkue, Gabriel Aresti, Txillardegi, Atxaga o Kirmen Uribe. Es lo que hay, y no es que sea porque no quieran “hacer el canelo”, es porque algunos, como Borja Semper, autor de esta última sinsorgada, no saben ni han hecho intención de aprenderlo. Para muchos de esos políticos, en el mejor de los casos, el euskera es como un jarrón chino que sirve para enseñarlo a las visitas. Para otros, y no son pocos, la linguae navarroum hay que introducirla en un gueto, sin posibilidad que pueda expandirse, para ellos bastante tienen con aguantar que el euskera sea una lengua milenaria y la más antigua de Europa. Sencillamente, esto último les supera.
La realidad sea dicha, que se haya logrado que todas las lenguas que se hablan en el Estado español puedan ser utilizadas en el Congreso ha sido más producto de la aritmética parlamentaria actual que de la convicción de algún grupo parlamentario en la defensa de esta reivindicación, y me estoy refiriendo al PSOE. Pues no es la primera vez que se planteaba en el Congreso esta reivindicación, pero en ese momento el PSOE no tuvo reparos en unir sus votos al PP y VOX para rechazar este tipo de iniciativas, sin ir más lejos, en junio de 2022 fue planteada por ERC y PNV para usar las lenguas oficiales en la Cámara Baja, siendo rechazada por PSOE, PP, Vox y Ciudadanos. Sin embargo, en esta ocasión el PSOE ha hecho de la necesidad virtud, y ha dado el paso para normalizar en el Congreso el uso de algunas lenguas que se hablan en el Estado español. Y he dicho de algunas, porque el bable, el aranés y el aragonés no han corrido la misma suerte.
No voy a poner en cuestión al PSOE en su actitud favorable con otras lenguas cooficiales, como en el caso del catalán o el galego, pero en el caso del euskera, siempre ha tenido una actitud más hostil o, en el mejor de los casos, más remolona. No voy a traer a colación los posicionamientos del PSOE en sus primeros años de andadura política, a finales del siglo XIX y primer tercio del siglo XX, porque sonrojaría a más de uno. No cabe duda que el PSOE ha evolucionado, pero sigue teniendo muchas contradicciones, como votar a favor de que el euskera, catalán y gallego se puedan utilizar en el Congreso de los diputados, pero marginar a la linguae navarrorum en Navarra, convirtiéndola en una lengua de tercera y eso es gracias al PSOE, que en esa comunidad aplica políticas de apartheid lingüístico de la mano de UPN.
Si de algo no hay duda, es que los derechos no se conceden sino que se conquistan, y la historia del euskera lo demuestra, el reconocimiento del euskera ha sido gracias a la lucha en diferentes espacios, estando latente el peligro en el que viven las lenguas minorizadas, y no cabe duda que en la comunidad vascoparlante de Navarra va a tener que luchar contra viento y marea para lograr los derechos que le asisten y poner al euskera al mismo nivel que el castellano.
Por ello, lo de hoy en el Congreso, en lo referente al euskera es un hecho importantísimo y se puede decir que histórico, pero mucho más lo será cuando la ciudadanía navarra vascoparlante deje de estar discriminada en su comunidad y el euskera deje de sufrir ataques por parte de algunas instituciones del Estado, en concreto, de la judicatura. Es entonces cuando se dará una normalización del uso del euskera, pero hasta entonces seguirá habiendo una anomalía democrática en el Estado español.
En este debate, la extrema derecha española y sus altavoces mediáticos nos han obsequiado con lo mejor de su repertorio, han realizado un esfuerzo colosal en su afán de superarse a sí mismos para oponerse y centrar el debate en sus típicos mantras, el “España se rompe”, “Gobierno golpista”, “ataque al español”, “humillación para España y los españoles”, “un paso más hacia la destrucción de la unidad nacional”, “un día dramático”, “los españoles hablamos español”. No es que les vaya a dar ideas, pero les ha faltado decir una frase que he escuchado en más de una ocasión y no hace tanto tiempo: “aquí se habla en cristiano”. Algo que ha hecho la extrema derecha española a lo largo de su historia, es unir los conceptos de nación, idioma y religión, algo así como aquellas frases de “una unidad de destino en lo universal” o “el imperio hacia Dios”, es decir, nacionalismo rancio español en su más alta expresión.
Los que se han opuesto en el Congreso son los herederos ideológicos y políticos de los que durante décadas prohibían el uso del euskera, poniendo multas si era utilizado en la calle, desterrándolo totalmente de la enseñanza, su censura no permitía publicar libros, periódicos en euskera o su utilización en medios de comunicación. Pusieron en marcha una cruzada total para herirlo de muerte. Era la España en blanco y negro. Pero también son los responsables directos del mayor ataque al euskera durante el régimen del 78- Lo realizaron hace 25 años, con un gobierno del PP, cerrando el único periódico que se publicaba íntegramente en euskera. Un cierre que fue declarado ilegal por la Audiencia Nacional, que absolvió a todos los procesados y que al final el TDHE acabó condenando al Estado español, por no haber investigado las torturas que sufrieron los miembros del consejo de administración del periódico durante el periodo de detención en dependencias policial. Visto lo visto, lo de que se hable en euskera en el Congreso es la mayor bofetada que han podido recibir.
Como he dicho anteriormente, el problema que tienen está en que su esquema rudimentario se basa en “un Estado, una nación, un idioma”. Y todo lo que se salga de ahí es un ataque a su nación. Lo de la diversidad lingüística y cultural nunca ha ido con ellos, son más de uniformidades y, si es necesario, a base de palo y mano dura, amigos de que la letra con sangre entra. Son incapaces de ver que el hecho que en el Estado español se hablen varias lenguas en pie de igualdad es una riqueza d la que deberían de estar orgullos y no un ataque al castellano. Pero, desgraciadamente, que nadie busque algo de racionalidad en su discurso porque no la va a encontrar.
La extrema derecha española, y digo extrema, porque lo que se dice derecha a secas haberla no hayla, se encuentra totalmente desquiciada por no haber digerido todavía el resultado del 23J, y el hecho que la legislatura empiece con la normalización lingüística en el Congreso ha sido la puntilla. No cabe duda que esta legislatura se les va a hacer muy larga.
Tengo que reconocer que siempre me ha parecido un tanto curiosa la opinión que ha despertado el PNV fuera de Euskal Herria, sobre todo en el entorno de la izquierda madrileña. Cuando este tema surgía en alguna conversación, en muchas ocasiones me empujaba a mantener una postura de abogado del diablo, a la contra, en función de quién fuera mi interlocutor.
En algunas de esas conversaciones me encontraba con personas cercanas y/o votantes del PSOE, que solían decir que el PNV era un partido de derechas. En ese tipo de situaciones no podía evitar meterles un poco el dedo en el ojo, que no era otra cosa que decirles que el PNV era tan derechas como el PSOE, cosa que solía soliviantar a más de un progre madrileño. Y para ello ponía sobre el tapete argumentos sencillos, sin estrujarse uno la sesera, pero de sentido común. Era la década de los 80 y 90 del siglo pasado, los años en los que el PNV, de la mano de los Arzallus, Ardanza, Atutxa, Azkuna y cía. gobernaban cómodamente en coalición con el PSOE en la Comunidad Autónoma Vasca. Los jeltzales eran los guardianes del régimen del 78 en las provincias rebeldes del Norte, iban en comandita con el PSOE para aportar su granito de arena en esa ardua labor de tenerlas bajo su control. Se repartían la tarta del Gobierno Vasco, las diputaciones, y ayuntamientos, vamos, como ahora, nada nuevo bajo el sol. El PNV y el poder son dos caras de una misma moneda.
Las políticas del PNV estaban dentro de los estándares de la democracia-cristiana europea y sus políticas sociales y fiscales no variaban mucho de las realizadas por el PSOE de Felipe González, y algo muy importante, compartían su vocación atlantista, pues para ambos partidos la OTAN era el guardián de las esencias capitalistas. Claro, si su acción de gobierno se comparaba con las políticas que Alianza Popular (AP) primero y luego el PP aplicaban en aquellas CCAA donde gobernaban, el PNV era un partido que seguía unos estándares más progresistas, pero sin tirar cohetes. Se podría resumir en que no es que el PNV fuera más o menos de derechas, es que era el PSOE el que se había derechizado.
Aznar y Xabier Arzallus
Si por algo ha destacado siempre el PNV es por intentar tener buena sintonía con el partido que estuviera en La Moncloa, excepto en la legislatura en la que Aznar tuvo mayoría absoluta. Aquello fue el primer laboratorio de la derecha que sirvió para lo que nos depararía en décadas posteriores cuando han gozado de mayoría absoluta.
Por el contrario, en los últimos años me he encontrado con que algunos sectores de la izquierda española han entrado en un proceso de admiración al PNV. Para ellos es ese partido que se mueve en el centro-derecha en algunas cosas, en otras puede ser más progresista, pero lo que más les atrae es que está en una de las dos orillas, en la de los demócratas, es decir, en la de los antifascistas, porque en Europa Occidental no se entiende ser demócrata si previamente no eres antifascista. Las intervenciones de sus representantes en las Cortes no dejan lugar a dudas, pues no tienen ni color con las del PP, VOX y Cs y eso genera un efecto de frenesí para ese elector de izquierdas que más abajo del Ebro sufre día tras día a una de las derechas más rancias de la antigua Europa.
Sin ignorar algunos de estos argumentos que suelen esgrimir personas de la izquierda que miran con un guiño de complicidad al PNV, en este último caso también hay material para echar por tierra esa imagen. En los últimos años el famoso oasis vasco que representaba el PNV, con una supuesta gestión modélica, se ha ido desmoronando como un castillo de naipes. Por un lado, los casos de corrupción de cargos del PNV, y lo que es más grave, la nefasta gestión de esos escándalos, su falta de transparencia y cierta mano ancha con los condenados, han dado lugar a situaciones que a uno le hacen recordar el famoso sms de Mariano Rajoy a Bárcenas, cuando le escribió “Luís se fuerte”, y, por otro lado, la deriva neoliberal del PNV en sus políticas socioeconómicas.
Esa es la verdadera cara de un partido que desde un tiempo a esta parte ha perdido esa imagen de buen gestor. Sólo voy a dar alguna que otra pincelada de su deriva neoliberal en estos tiempos que hemos vivido y el descontrol de su gestión: En el primer caso estaría el desmantelamiento de la Sanidad Pública Vasca. A Díaz Ayuso le han salido unos alumnos muy aventajados, que sacando menos ruido que ella, siguen la misma estela. Y como ejemplo de proceder chapucero está su nefasta gestión de la Ertzaintza. Un cuerpo policial que está infectado de elementos ultras y eso solo puede pasar por la falta de control de sus efectivos y la dudosa metodológica democrática utilizada a la hora de formar a sus miembros. Y todo esto de la mano de su socio de gobierno, el PSOE.
La realidad nos demuestra que el PNV casi no ha variado a lo largo del tiempo. Nos ha acostumbrado a hacer de vez en cuando sus típicas ziabogas, pero más allá de ello, siempre ha tenido claro cuáles son sus objetivos: el poder al precio que sea. Es por ello que los últimos movimientos del PNV en estas últimas semanas han dejado descolocada a más de una persona de izquierdas que vive fuera de Euskal Herria. Su estrategia desatada por no perder ni un ápice del poder del que ostentaba hasta las pasada elecciones municipales y forales, le ha llevado a situaciones en las que ha ofrecido una fotografía que dista mucho de ese partido sensato que está alejado de los modos de la ultraderecha española.
En los últimos meses en el PNV habían aflorado unos nervios que uno no recuerda que se dieran en las filas jeltzales desde el cisma que vivieron allá por 1986 y que se tradujo en el nacimiento de Eusko Alkartasuna (EA). Discursos crispados como los de Andoni Ortuzar queriendo retrotraerse a tiempos pasados, daban la impresión que tenían suficientes datos como para prever que las urnas no les iban a deparar un buen resultado, pero la conclusión es que el golpe ha sido mayor de lo esperado. No deja de ser un clásico que cada vez que nos acercamos a unas elecciones la extrema derecha saque a pasear a ETA, pero que el PNV entre en un juego de similares características para atacar a un adversario político, en este caso EH Bildu, sólo se podía entender en clave de no tenerlas todas consigo, sin duda alguna, lo más grave es que ha utilizado el lenguaje y los argumentos de la ultraderecha española. Da la sensación que el PNV está desubicado en la era post-ETA. Claro, a partir de aquí, empezaba a estar claro que la veda iba a estar abierta y todo iba a valer.
En este escenario de debacle del PNV es donde se ha lanzado a una estrategia que si bien a corto plazo le garantiza un control institucional muy superior a los resultados obtenidos, a medio-largo plazo está por ver los efectos secundarios que pueda tener en próximas convocatorias electorales.
En ese proceso de negociaciones para lograr alcaldes y el gobierno de las diputaciones forales no ha tenido reparo alguno en negociar con la ultraderecha española, pero tan grave o más ha sido que esta última es la que ha logrado la meta que buscaba. A lo largo de la campaña electoral el PP no había escondido su objetivo, que no era otro que gracias a sus votos evitar que la izquierda abertzale gobernase en ayuntamientos y Juntas Generales (JJGG). El PP ha logrado proyectar la imagen que el PNV ha necesitado los votos de la extrema derecha española para lograr alcaldías y la diputación de Gipuzkoa, ha demostrado que su apoyo ha sido producto de una negociación y que en ningún caso ha sido gratis, y a decir verdad, no parece que el PNV esté avergonzado por tener que haber recurrido a los apoyos ultras.
Aquí ha habido cambio de cromos y gracias a la avaricia por el poder del tándem PNV-PSOE la extrema derecha ha logrado salir de su aislamiento. No sólo es que el PNV y, su socio, el PSOE, hayan blanqueado a la ultraderecha, es que han caído en su estrategia, lo que ha llevado a ver situaciones de lo más estrambóticas.
Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz
En Álava, como agradecimiento a que EH Bildu no lograse la alcaldía de Vitoria-Gasteiz gracias al PP, el PNV ha sido capaz de renunciar a gobernar en una de las localidades emblemáticas de La Rioja Alavesa, Labastida, para cedérsela a los populares, aunque le haya costado una revuelta entre la militancia de la localidad. En Gipuzkoa para retener la diputación Gipuzkoa ha facilitado que el PP entre en la mesa de las JJGG de Gipuzkoa, siendo una fuerza que todos sus votos caben en un autobús. Pero en todo este proceso de elección de alcaldes, el caso más grave es el que se ha vivido en Durango (Bizkaia) a la hora de elegir quien presidiría la corporación municipal. En esta localidad la ultraderecha española diseñó una estrategia que en ningún momento la ocultaron para que EH Bildu no repitiera de nuevo en la alcaldía. Dicha estrategia pasaba por convencer a VOX, algo que lograron en un abrir y cerrar de ojos, para que en Durango no presentara candidatura a las elecciones municipales para concentrar todo el voto ultra en la candidatura del PP, y de esa forma lograr un concejal, que podía ser decisivo en la votación para la elección de la alcaldía. Para que la lista del PP fuera más atractiva al votante ultra, la persona que cerraba la lista era Miguel Ángel Rodríguez, asesor de Díaz Ayuso y en su día asesor y portavoz del gobierno de Aznar. Y como no podía ser de otra forma, se presentó en Durango para echar por la boca todo tipo de bilis. Como estrategia ultra no se le podía pedir más a la candidatura del PP. Y así fue, obtuvo un concejal que tenía la llave de la alcaldía. El PNV no dudó lo más mínimo en gobernar aunque fuera gracias al voto de un ultra y para que no quedase lugar a la duda, la jornada de la elección nos deparó esa fotografía en la que la nueva alcaldesa del PNV se fundía en un efusivo abrazo con el concejal ultra del PP. Si Enrique de Navarra dijo que “París bien vale una misa” y renunció al protestantismo para convertirse al catolicismo y lograr ser rey de Francia, en el PNV lo tienen claro, el poder bien vale un abrazo con la extrema derecha española. Quien sabe y el siguiente paso es ver a Aitor Esteban abrazándose con Abascal.
Ayuntamiento de Durango
Todo esto solo puede llevar a una conclusión: el PNV ha sido y es una pieza fundamental dentro del régimen del 78. El hecho que se abstuviera en el referendum de la Constitución, no ha sido obstáculo para que haya desempeñado el papel de valedor de la monarquía en Euskal Herria y aunque en los últimos años se haya alejado de la institución monárquica, su actuación no va dirigida a poner en cuestión el actual marco jurídico-político. Que nadie piense que va a poner en marcha ninguna iniciativa del estilo del Plan Ibarretxe ni de plantear una consulta para superar el actual Estatuto de Autonomía, bastante tiene con cumplir la misión que tiene encomendada, que no es otra que ser el muro de contención ante cualquier proyecto que cuestione el actual régimen.
El PNV ese ese partido que vivió muy cómodo mientras podía exhibir la cara amable del nacionalismo vasco, pero parece que no ha sabido digerir la disolución de ETA y que de un tiempo a esta parte ha dejado de ser la centralidad de la política vasca. Ha perdido ese lugar preferencial de ser el partido que negociaba en Madrid arrogándose la representación del pueblo vasco, ahora le ha surgido competencia y está sirviendo para ver que más que defender los intereses de los vascos siempre ha estado más preocupado en la defensa de las élites vascas.