El caos en Madrid se llama Díaz Ayuso

El caos se ha adueñado definitivamente de la Comunidad de Madrid. No hay marcha atrás. En la primera ola de la pandemia la gestión de la Comunidad de Madrid fue desastrosa. Eso sí, con el intento de maquillarla utilizando la táctica de echar la culpa al Gobierno del Estado por haber recentralizado algunas de las competencias de las CCAA, pero ahora no tiene excusas y  los comodines se le han ido acabado al Gobierno de Ayuso.

Lo primero que habría que recordar es que allá por los meses de mayo y junio la Comunidad de Madrid salió de las fases para pasar a la normalidad sin cumplir los parámetros sanitarios requeridos y poniendo más el énfasis en la cuestión económica que en la seguridad de la ciudadanía. Todo ese proceso se produjo con la dimisión de la directora de Salud Pública de la Comunidad de Madrid al no compartir el criterio de Díaz Ayuso de que Madrid pasara a la fase 1. Es decir, se impusieron los criterios políticos a los sanitarios. En esos días en Madrid se vivían imágenes bochornosas como el espectáculo que montó la vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís, inaugurando la temporada de terrazas.

Desde que las CCAA recuperaron todas sus competencias el Gobierno de Ayuso no ha cumplido ninguno de los compromisos que asumió. No reforzó la sanidad pública con el incremento de los recursos, no contrató rastreadores hasta pasadas muchas semanas, ha tenido problemas con todo el personal sanitario y ha dejado abandonada a la atención primaria y a la educación pública.

Los meses de julio y agosto han sido un continuo esconder los datos de la pandemia en la Comunidad de Madrid, con el agravante que no podía echar la culpa al Gobierno Central.

El espectáculo que dio los últimos días de agosto quedando en evidencia por no tener organizada la vuelta a las aulas no presagiaba nada bueno y al final toda esta situación tenía que estallar, era cuestión de tiempo. Una vez que finalizara el periodo vacacional y que se reincorporar la mayor parte de la población al trabajo y se abrieran los colegios estaba claro que los contagios se iban a disparar llegando a la situación actual en la que la Comunidad de Madrid está al borde del abismo. Los datos son irrefutables y los porcentajes de contagios por cada 10.000 habitantes son los más altos de toda Europa, las UCIS de los hospitales madrileños se empiezan a colapsar y la atención primaria sencillamente la han desmantelado, por lo que se ha convertido en un ente en vías de extinción.

La Comunidad de Madrid es como un pollo sin cabeza, va de despropósito en despropósito y la última ocurrencia ha sucedido el pasado miércoles, cuando la Consejería de Sanidad informa, a través de su viceconsejero, que tiene intención de confinar algunos barrios de la capital sin haber sido aprobadas por el Gobierno de la Comunidad de Madrid y habiendo sido informada la presidenta a través de WhatsApp. Para rematar todo este compendio de disparates, el vicepresidente de la Comunidad de Madrid ha pedido al gobierno Central que se implique, haciendo total dejación de las competencias que tiene el Gobierno del que forma parte.

Toda esta forma de actuar sería una ópera bufa de lo más divertida si no fuese porque se está jugando con la vida de la ciudadanía y se están destruyendo los servicios públicos.

A los que dirigen los designios de la Comunidad de Madrid habría que recordar algunas cuestiones que son de manual para poder realizar una gestión medianamente eficaz. Se les olvida que las competencias en sanidad y educación corresponden a la Comunidad de Madrid. Si, la gestión de la sanidad pública. Esa competencia que durante el estado de alarma Díaz Ayuso exigía que se la devolviera el Gobierno Central y que desde que le fue devuelta ha sido incapaz de gestionar, porque la preocupación del Gobierno ultraliberal de Madrid ha sido y es la privatización de todos los servicios públicos. La adjudicación de los rastreadores se realizó en el tiempo de descuento, cuando no le quedaba más remedio que contratarlos por la presión que se estaba dando. Y curiosamente, si a principio del mes de agosto la contratación la intentaron canalizar a través de voluntarios de la Universidad Complutense de Madrid, al final la adjudicación la hicieron de la noche a la mañana y recayendo en una empresa privada del sector sanitario, sin concurso previo y sin llegar a contratar el número de rastreadores al que se había comprometido para salir de las fases.

A la hora de organizar el inicio del curso escolar le ha ocurrido algo similar. Su preocupación ha sido abastecer de medios a la enseñanza concertada en detrimento de la escuela pública. Cuando la comunidad educativa se le echa encima, improvisa y es el momento en el que nos regala alguna declaración o promesa que no tiene ninguna intención de cumplir, como es la promesa que realizó a finales de agosto de contratar 11.000 profesores interinos y que no ha cumplido. Y para inaugurar el curso escolar decide realizarlo en un colegio concertado. Está claro que esta gente no disimula. Su objetivo es cargarse la educación pública.

A todo esto hay que añadir el elenco de declaraciones que realiza, propias de una política xenófoba y clasista. El culpar de los contagios a la forma de vida de los inmigrantes no es más que intentar de forma menos abrupta estar a la altura de las declaraciones que realiza sus socios de legislatura, VOX, cuando a los barrios más humildes los llama estercoleros multiculturales. Quizá se deba a que se están disputando el mismo electorado, porque ambos partidos son de extrema derecha.

El Gobierno formado por PP y Cs es un atajo de incompetentes que está generando el caos por su mal hacer, pero todo este caos no sólo se debe a su incompetencia. Gran parte de ello se debe al tipo de políticas que pone en práctica y en tiempos de pandemia esa gestión se les acaba escapando de las manos. Un ejemplo de ello es que mientras Diaz Ayuso recorta en sanidad y educación, esta semana ha anunciado rebajas de impuestos, y, por supuesto, las rentas altas son las primeras que se van a ver beneficiadas de esta medida. Es evidente que a este segmento de la población la sanidad pública le resbala porque son usuarios de la sanidad privada y la educación pública no saben lo que es porque sus hijos van a colegios privados o en el peor de los casos concertados.

Los barrios, distritos y pueblos que más contagios tiene son aquellos donde vive la clase trabajadora porque las condiciones de vida son las más precarias. Muchas familias viven hacinadas en viviendas de menos de 50 metros cuadrados. Son barrios con calles estrechas y para ir a trabajar utilizan el transporte público. Son personas que tienen trabajos precarios y en muchos casos no se pueden permitir coger una baja laboral porque si no trabajan no pueden comer. Esta población que es la que más necesidad tiene de una atención adecuada en la sanidad pública es la que está sufriendo todos los recortes en la atención primaria de sanidad y en educación. Pero a la derecha ultraliberal todas estas personas no les preocupa absolutamente nada y cargan sobre la población más desfavorecida la responsabilidad de los contagios. Criminalizan a los pobres porque tienen la desgracia de serlo.

En el día de hoy han tomado una serie de medidas que me temo que no van a servir absolutamente para nada. De poco o nada sirve confinar a los barrios de Madrid y ciudades del sur de la Comunidad si esas personas utilizan el transporte público para trasladarse al trabajo y a los centros educativos. Puedo decir, por experiencia propia, que el funcionamiento del Metro madrileño es lamentable. Las esperas entre trenes son superiores a lo habitual, lo que conlleva aglomeraciones en los andes y dentro de los vagones es imposible guardar las distancias de seguridad. Quitando algunos tramos de líneas periféricas, el resto de la red sencillamente está saturada.

La hoja de ruta del Gobierno de Ayuso, con la aplicación de las políticas más neoliberales al más puro estilo Trumpista es una bomba de relojería que va a explotar de lleno en el corazón de las personas más vulnerables y sólo servirá para agrandar la brecha social en la Comunidad de Madrid.

¿Se tambalea la monarquía?

Si hace unos años, cuando se publicó la sentencia del caso Noos, en la que fue condenado el yerno de Juan Carlos I, nos hubieran preguntado sobre el futuro de la monarquía española un porcentaje muy pequeño habría vaticinado lo que a día de hoy estamos viviendo. Ni en las peores pesadillas se le podía pensar al rey emérito que acabaría sus días huyendo del país que durante más de cuarenta años campó a sus anchas, a estilo señorito andaluz en su cortijo.

Si echamos la vista atrás, y analizando lo que fue el caso Noos no había que ser muy avispado para darse cuenta que esa madeja de corrupción no se llegó a deshacer en su totalidad y quedaron muchos cabos sueltos. En todo ese enredo la sombra de la Casa Real planeó y uno de los caballos de batallas que se dio en el proceso judicial fue el grado de implicación que tuvo el clan de los borbones en toda esa estructura que organizaron Iñaki Urdangarín y su socio, Diego Torres. El régimen consiguió que diera resultado el cortafuegos que puso en marcha para que ni la hija de Juan Carlos fuera condenada y que la Casa Real saliera lo mejor parada de todo ese escándalo. La infanta Cristina fue absuelta en la sentencia dentro de un mar de sospechas en un aun ambiente de pucherazo judicial y en lo que concierne a la posición de Juan Carlos de Borbón había que hacer un acto de fe para creer que no estaba al corriente de las andanzas de su hija y su yerno.

En todo este escándalo nunca me quedó la menor duda que todos los miembros de la familia real estaban al cabo de la calle de todo y a saber si el Emérito no fue uno de los que pergeñó la trama para el enriquecimiento de su hija y su yerno a través de Noos. Consiguieron salvar los muebles, aunque quedaron ciertas heridas entre los miembros de la familia que en algunos momentos han aflorado y dejando entrever sus miserias. La entrada en prisión de Iñaki Urdangarín y su posterior estancia fue todo un secreto de Estado, al igual que la planificación para la huida de Juan Carlos I. El llegar a acondicionar un módulo sólo para él fue otra prueba más de la impunidad con la que se han movido.

La corrupción en el entorno de la familia real parecía que había quedado circunscrita al yerno del rey, pero tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe, y lo que no consigue un juez o un fiscal del Reino de España lo puede conseguir un fiscal suizo. Las noticias han ido cayendo con cuenta gotas, pero eran gotas que han ido llenando un vaso que al final parece que quiere rebosar y se ha llegado a la situación actual. La monarquía española está viviendo uno de los momentos más delicados de su historia. La situación es tan grave que todas las decisiones que se han tomado en el entorno de la familia real con el beneplácito del presidente del Gobierno están siendo en pleno periodo vacacional, nada más iniciarse el mes de agosto, quizás en un intento de amortiguar el impacto que pueda producir en la ciudadanía, quedándose en la noticia del verano, sin más. La situación que se está viviendo a nivel mundial con la pandemia generada por el Covid19 está siendo un aliado magnifico para que el foco mediático no se dirija únicamente a la situación que está viviendo la monarquía española.

 A día de hoy la situación de la monarquía española es muy delicada, pero de ahí a que caiga hay un recorrido bastante importante. Todo dependerá de cómo se muevan las fichas de este tablero y las futuras noticias que se vayan publicando tanto en la prensa española como en la de otros países de nuestro entorno.

En estos momentos estamos viviendo una ofensiva mediática y política con un objetivo muy nítido, salvar a la monarquía al precio que sea. No se pueden permitir más fallos. No les queda mucho margen de error. En esta cruzada tenemos a toda la prensa del régimen del 78 remando desaforadamente. El primer objetivo está siendo proteger a Felipe VI como primer paso para salvar la institución monárquica y para ello se han puesto a trabajar a destajo. Pero lo que no debería de pasar desapercibido es que algunos medios de comunicación del régimen que nos forman parte de la Brunete mediática, no tienen ningún reparo en publicar en sus medios auténticos bodrios de artículos en los que siguen ensalzando la figura de Juan Carlos I. Me estoy refiriendo al diario El País. Son auténticos panfletos que tiene toda la pinta que son solicitados por encargo del director del periódico de turno a requerimiento de instancias superiores.  El hecho que estos medios de comunicación vuelvan a la carga con artículos en que realizan grandes alabanzas al papel que jugó el 23-F no dejan de ser un tanto patéticos. Si hay algo que hace mucho tiempo ya nos quedó claro es que su papel no fue el que nos han intentado vender a lo largo de los años. Hay habido bastantes publicaciones al respecto, pero, sin duda alguna, el libro que publicó la periodista nada sospechosa de republicana, Pilar Urbano, ha sido sin duda uno de los más clarificadores. No hay que olvidar que en el extranjero siempre ha dado una versión muy diferente del papel que jugó Juan Carlos I durante aquellos meses en los que se fraguaban intentonas golpistas cada lunes y cada martes.

Respecto al papel que están jugando los partidos políticos, era del todo previsible la posición que están manteniendo el tridente de la derecha extrema y la extrema derecha. Se han volcado en salvar a Felipe VI porque han hecho una lectura muy clara de la situación actual. Juan Carlos I está totalmente amortizado y poco o nada pueden hacer por él, además de lanzar frases grandilocuentes acerca del papel desempeñado durante su reinado. Pero ahora están a lo que están, que no es otra cosa que la tormenta no vaya a más y la institución monárquica salga de todo este lodazal. En resumidas cuentas, el tridente de Colón está teniendo una actitud totalmente previsible, con un guion muy sencillo y para su base social es perfecto. Quod natura non dat salmantica non præstat. Sólo hay que leer lo que escriben en las redes sociales para ver como bajan las aguas de la extrema derecha.

El papelón que está siendo para enmarcar es el que está realizando el Gobierno como institución y los socios que lo sustentan. La forma de actuar del presidente del Gobierno y sus ministros más cercanos, con la vicepresidenta Carmen Calvo aprendiz de Rasputín, es más propia de bufones de la Corte. La ocultación a una parte de los miembros del Gobierno de las conversaciones que estaban llevando a cabo con Felipe VI es un ejemplo de deslealtad hacia sus socios de gobierno y un acto profundamente antidemocrático. Las posteriores declaraciones tanto de Pedro Sánchez como de Carmen Calvo no han bordeado el patetismo, es que han sido intrínsecamente patéticas.

Este es el momento idóneo en el que el PSOE tiene la oportunidad histórica de romper con su posición ante la institución monárquica. Ese republicanismo juan carlista del que han presumido a lo largo de los años se ha caído como un castillo de naipes, pero lo más grave es que no van a romper con su posición de escuderos de la monarquía borbónica. Tendría que haber una auténtica catarsis en ese partido para que hubiera un giro de 180 grados.

La situación en la que ha quedado dentro del Gobierno Unidas Podemos es bastante delicada. La conclusión que se puede sacar es que dentro del Gabinete existe un núcleo duro para la toma de una serie de decisiones del que no forman parte ninguno de los ministros de Unidas Podemos. Lo de la planificación de la huida de Juan Carlos I a espaldas de Pablo Iglesias y de los ministros de su coalición no es un sapo cualquiera que se han tenido que tragar, porque las decisiones del Gobierno afectan a todos los miembros de él. En el acuerdo de Gobierno no se hablaba nada sobre la forma de Gobierno, entre otras cosas porque cuando se firmó nadie se podía imaginar que se fuera dar esta situación pasados ocho meses desde su firma, pero los acontecimientos mandan y no cabe duda que en las próximas fechas se van a vivir momentos en los que las diferencias van a aflorar más aún si cabe.

Las declaraciones de algunos líderes de Unidas Podemos, posicionándose en favor de la instauración de la República, si se quedan en eso, en meras declaraciones, no dejan de ser un brindis al sol. Si realmente quieren hacer una apuesta valiente por defender unos planteamientos republicanos para revertir la situación actual no les queda otra herramienta que movilizar a la sociedad, como fórmula para poder avanzar a un escenario en el que la población empiece a ser actor principal y obligue a las instituciones a salir de su inmovilismo político. Meter presión a través de la calle.

Hasta la fecha en los únicos lugares donde se están dando movilizaciones en contra de la monarquía es en aquellos lugares donde las fuerzas independentistas y soberanistas tienen un peso específico, pero no deja de ser insuficiente para una empresa de tal envergadura. En estos momentos la izquierda estatal está ante el reto más importante desde el referendum sobre la OTAN. Lograr poner en el centro del debate político la posibilidad de cambiar la forma de gobierno para instaurar una República y que se pongan los mecanismos para que la ciudadanía participe en ese proceso va a ser una de sus revalidas más importantes en la historia contemporánea.

Elecciones vascas: Hegemonía abertzale pero gobierno continuista

El pasado domingo se alinearon todos los astros para que se dieran unos resultados electorales que han cogido con el pie cambiado a más de un analista y tertuliano, aunque el foco mediático lo intenten dirigir en función de sus intereses mediáticos.

Las elecciones al Parlamento vascongado eran un tanto extrañas. La imposibilidad de realizarse en abril a causa del confinamiento y algunos hechos acaecidos en los meses precedentes (sentencia del caso De Miguel, vertedero de Zaldibar y una cuestionada gestión sanitaria) generaban algunas dudas acerca de la respuesta que pudiera dar el electorado en las urnas. Para rematar la situación el brote de Ordizia y la prohibición de ejercer el derecho al voto a las personas infectadas en esa localidad por el COVID-19 no dejaba de ser la guinda a toda esta situación vivida.

De los resultados que se han dado el pasado domingo se pueden sacar algunas conclusiones que nos tienen que servir para interpretar los futuros movimientos políticos.

La primera conclusión es que hay un ganador indiscutible: el PNV, pero si se profundiza en los resultados, esa victoria no es tan brillante como a simple vista pudiera parecer. El primer dato es bastante elocuente, el PNV pierde casi 49 mil votos. Esta paradoja de subir en porcentaje y escaños aun habiendo tenido esta fuga de votos tiene una explicación sencilla. El resto de los partidos, a excepción de EH Bildu, tiene una sangría similar o mayor de votos. Después de haber visto estos resultados es más fácil de entender la estrategia durante los últimos días de campaña del PNV y las declaraciones de algunos de los líderes jeltzales, sobre todo, del presidente del EBB, Andoni Ortuzar. No las tenían todas consigo y se concentraron en realizar un llamamiento a sus simpatizantes para que no dejaran de votar. No cabe duda que manejaban ciertos datos que les podían generar algunas dudas al respecto. Ahora bien, sus 31 escaños le dan una posición muy cómoda para ser el eje de cualquier acuerdo de gobierno, porque un hipotético acuerdo entre EH Bildu, PSOE y Elkarrekin Podemos, a día de hoy, es ciencia ficción.

Los resultados señalan que hay un partido que no sólo ha mejorado sus anteriores resultados, sino que ha obtenido un resultado histórico. Es el caso de EH Bildu. Pero sin duda, ese resultado tiene mucho más valor, aun si cabe, porque ninguna encuesta le daba el resultado cosechado y a muchos analistas políticos les ha descolocado sus esquemas. En una campaña tan extraña en la que no se han podido hacer actos multitudinarios, ha sabido trabajar a pie de obra. Algunos titulares de la prensa española han puesto el foco en que la formación independentista ha tocado techo. La lectura que se debe de realizar es de forma inversa. Si con un incremento de la abstención ha incrementado sus votos en algo más de 23 mil papeletas, no cabe la menor duda que tiene un suelo firme gracias a un electorado fiel, lo único que le falta es mirar hacia arriba.

A partir de aquí el resto de los partidos han tenido unos resultados que se pueden calificar de mediocres en el caso del PSOE, catastróficos en el caso de Elkarrekin Podemos y por lo que respecta a la pomposa coalición PP-Cs les ha pasado por encima un tsunami devastador.

EL PSOE de Idoia Mendia ha tenido el dudoso honor de obtener los segundos peores resultados de la historia de este partido en la elecciones autonómicas. Las encuestas le habían tratado bastante mejor que el resultado obtenido en las urnas. Han ganado un escaño gracias, única y exclusivamente, a que otros partidos han tenido una caída mucho mayor. No han rentabilizado ni haber pertenecido al gobierno de coalición con el PNV ni que su partido sea el inquilino de La Moncloa, hecho que siempre tiene un efecto de atracción de votantes.

La clave puede ser que la ciudadanía de la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) ha sido crítica con la gestión que ha realizado el PSOE desde el Gobierno Central durante el confinamiento. La deriva jacobina de recentralizar competencias recogidas en el Estatuto de Autonomía a través de los diferentes decretos de alarma ha tenido una respuesta nítida por parte de la ciudadanía vasca. Al fin y al cabo, esa recentralización no deja de ser más que la aplicación del 155 con guante de terciopelo.

Es necesario recordar las tensiones que en estos meses se han vivido entre los dos partidos que han gobernado en coalición el Gobierno Vasco a la hora de gestionar la situación generada por la pandemia. No están tan lejanas las críticas demoledoras que Iñigo Urkullu lanzaba a Pedro Sánchez durante el periodo de confinamiento. Todos esos desencuentros han servido para pasar factura a un PSOE que ha echado el resto realizando un desembarco de ministros en los diferentes actos electorales. Para finalizar, hay que tener presente el desgaste que ha podido sufrir el PSOE en el caso del vertedero de Zaldibar, porque a nadie se le debe escapa que el Consejero de Medioambiente en el Gobierno Vasco es Iñaki Arriola, del PSOE.

En el caso de Elkarrekin Podemos su caída es más sangrante. Los resultados que han obtenidos son dramáticos en todas sus variables. Pierden casi 55 mil votos y bajan casi un 4 por ciento. Todo esto se traduce en la pérdida de 5 escaños. Si la caída de Elkarrekin Podemos era un secreto a voces, pues todas las encuestas les auguraban una pérdida de apoyo electoral, los resultados reales han superado claramente las previsiones iniciales. Estos resultados de Elkarrekin Podemos son muy similares a los que cosechó Ezker Batua (Izquierda Unida) en las elecciones autonómicas de 1994 donde esta organización cosechó los mismos parlamentarios que en la actualidad. Esos resultados de EB fueron los mejores resultados de su corta historia.

Para entender esta caída por un precipicio es necesario realizar un repaso panorámico de los últimos cuatro años de Elkarrekin Podemos en la CAV. En 2016 Podemos elige como cabeza de cartel a una persona que no se le conocía actividad política alguna, pero su imagen en la carrera a Ajuria Enea podía reportarle una rentabilidad electoral. Pili Zabala, hermana de Joxi Zabala, víctima del GAL, fue la persona elegida. Todavía era la época de los golpes de efecto de Podemos. Pero, curiosamente, cuando se forma el grupo parlamentario de Elkarrekin Podemos fue apartada para ejercer la portavocía en el Parlamento de Vitoria y deciden colocar a alguien de la dirección del partido en la CAV. Esa decisión no dejó de ser un arrinconamiento de la cabeza de lista.

A finales de 2019, con la legislatura prácticamente acabada, Elkarrekin Podemos se rompe internamente a la hora de adoptar una posición ante los Presupuesto de la CAV para el año 2020. Los parlamentarios de Podemos llegan a un acuerdo con el Gobierno de coalición PNV-PSOE para sacar adelante los Presupuestos, pero los parlamentarios de IU y Anticapitalistas se oponen a ese acuerdo. Todo ello se trasluce en que el grupo parlamentario se parte y  unos votan a favor y otros en contra. Esa imagen vislumbra a las claras que no hay una postura homogénea en la coalición, y una máxima en política es que el electorado castiga las divisiones internas.

El hecho que en febrero la dirección de Podemos Euskadi dimitiese en bloque al no salir elegida su candidata en las primarias para las elecciones autonómicas tampoco les ha ayudado a la hora de minimizar la caída y la imagen que se ha proyectado a la sociedad es que hay un control férreo desde la dirección de Madrid.

Y en este rosario de errores y torpezas, sin duda alguna, la imagen que ha dado Unidas Podemos no hace muchas semanas en relación con la creación de una comisión para investigar al GAL en el Congreso de los diputados ha sido uno de los episodios más lamentables de su corta historia y en el que su líder, Pablo Iglesias, ha sido el responsable máximo. Su negativa inicial a la creación de esa comisión y la respuesta que le dio a Pili Zabala, al decirle que “en este momento no era adecuado apoyar la comisión de investigación”, ha servido para que quede negro sobre blanco el maquiavelismo político que se gasta el líder de Podemos. Pero como en otras ocasiones, al percatarse del error, rectifican, cambian de opinión, pero la patita ya la había enseñado y si no había quedado claro, ya se encargó Echenique de escribir un tuit bastante lamentable. Cuando uno se convierte en el Partido Veleta, emulando a Ciudadanos, sobre todo en la época de Rivera, pasa lo que tiene que pasar, que la ciudadanía te acaba dando la espalda.

No se puede pasar por alto el papel que ha jugado Unidas Podemos a lo largo del estado de alarma. Ha sido colaborador necesario de la recentralización de competencias. Su federalismo y y respeto a las naciones del Estado español no deja de ser más que una idea un tanto hueca que se queda en pura retórica.

A esto hay que añadir que la hoja de servicios de los ministros de Unidas Podemos no es como para sacar pecho. La ministra de Trabajo ha sido incapaz de sacar adelante una materia de su competencia como es la derogación de la reforma laboral y han incumplido el acuerdo que firmaron PSOE y UP con EH Bildu para su derogación. Este hecho la ciudadanía lo percibe como una manifiesta incapacidad política.

A nivel global la derecha extrema y la extrema derecha han cosechado un rotundo fracaso en estas elecciones. Se presentaban en dos listas electorales y entre ambas se han quedado en 6 escaños. Sin duda alguna son, junto con los resultados de las elecciones autonómicas de 1986, los peores resultados que ha obtenido la derecha española.

La coalición PP-Cs ha sido un fiasco y se ha vuelto a demostrar, una vez más, que en política dos más dos no siempre son cuatro, también pueden ser tres y en este caso el batacazo se ha traducido en una caída se casi 69 mil votos y la pérdida de 4 escaños. La mayor parte de los votos que obtuvieron en 2016 les han dado la espalda y un porcentaje pequeños se les han ido a VOX. El problema de los herederos políticos del franquismo es que las formas de hacer política en el barrio Salamanca o en la España profunda no dan los mismos resultados ante la sociedad vasca. Su estrategia no les ha dado resultado ni el municipio de Getxo, buque insignia de la aristocracia de Neguri, que han quedado por debajo del PNV y de EH Bildu.

El discurso de esta derecha que bordea la extrema derecha tiene una finalidad muy clara. No va dirigido a la sociedad vasca, es un discurso pensado para que resuene en el resto del Estado español y, sobre todo, en aquellos lugares donde estas formas de hacer política les da grandes réditos electorales. La derecha española sigue a pie de la letra el discurso de FAES, Aznar, Mayor Oreja, María San Gil e Iturgaiz, en esa carrera que tiene con VOX para ver quién de los dos es más de extrema derecha y la ocurrencia más descabellada es bien recibida en Toledo, aunque ese discurso sea un fracaso en Euskal Herria. El problema que tiene esa estrategia para el PP y Cs es que el votante de derechas entre la copia y el original siempre va a elegir el original y acaba votando a la extrema derecha pura y dura.

El resultado de VOX no debería de extrañar a nadie. La obtención de un escaño por el territorio alavés era algo previsible por varias circunstancias.

Desde la óptica legal, la legislación electoral vasca exige un tres por ciento para poder obtener representación parlamentaria, a diferencia de la legislación estatal que ese porcentaje lo eleva al cinco por ciento. Es un factor que beneficia a las pequeñas formaciones políticas, como es el caso de VOX. Para obtener el escaño de Álava no ha necesitado obtener ni cinco mil votos en ese territorio. Es fundamental tener presente que los tres territorios tienen el mismo número de escaños, 25 cada uno de ellos. Esta circunstancia lleva a que en Gipuzkoa el único escaño que ha obtenido la coalición PP-Cs ha sido con casi 14 mil votos y en Bizkaia, con algo más de 30 mil sufragios, sólo ha conseguido otro.

Desde una óptica más sociopolítica, la extrema derecha siempre ha estado presente en el Estado español y Euskal Herria no es una excepción. Era un sector importante dentro del PP. No eran cuatro nostálgicos del franquismo. Lo que ha sucedido es que durante mucho tiempo se ha sentido cómoda primero en Alianza Popular y luego en el Partido Popular. Ambos partidos fueron fundados por exministros franquistas y el régimen del 78 en ningún momento ha puesto en peligro los privilegios de los que han gozado y siguen gozando. Cuando estos elementos más ultras han visto peligrar en cierta forma algunos de sus privilegios, es cuando han decidido salir del armario y sacar en público su perfil más franquista. El PP ha dejado de satisfacer sus necesidades y se ven lo suficientemente fuertes para poner en marcha su proyecto político.

Otro de los factores que le ha reportado algunos votos del espectro de la derecha es lo sucedido durante la campaña electoral. Los actos de VOX han suscitado un rechazo frontal por parte de la población y VOX ha sido perfectamente consciente de ello. Por ello, su estrategia ante el electorado de derechas se ha fundamentado en todo momento en dar una imagen de víctima frente a la otra candidatura que le hacía la competencia.

Estos resultados han servido para que no haya lugar a dudas que los partidos abertzales superan cualquier mayoría cualificada dentro de la sociedad de la CAV, pero el régimen puede estar tranquilo, porque ni el PNV tiene intención alguna de cuestionar el status quo actual y el PSOE está deseoso de reeditar el actual pacto de gobierno para seguir apuntalando el régimen del 78.

El PSOE es una máquina electoral que necesita estar en el gobierno, por ello le ha faltado tiempo para ofrecerse como socio al PNV y éste, a su vez, no tiene ningún deseo de modificar su estrategia y de iniciar un proceso en que se ponga fin al actual marco jurídico-político.

El proyecto de nuevo Estatuto seguirá durmiendo el sueño de los justos, porque su actual y futuro socio, el PSOE, se opone frontalmente a cualquier cambio que conlleve el cambiar el modelo actual y el PNV tampoco quiere incomodar a sus socios de gobierno. Ambos partidos tienen intereses comunes y se necesitan el uno al otro.

Un acuerdo entre el PNV actual y EH Bildu es imposible por muchos motivos. A la falta de voluntad política para cambiar el actual marco hay que añadir que el modelo de sociedad que defiendan ambas formaciones es antagónico.

Un acuerdo entre las tres fuerzas de izquierdas no tiene visos de viabilidad por varios motivos. El primero es muy claro. El PSOE nunca va a votar a un lehendakari de la izquierda abertzale, aunque este le doble en votos y escaños, como ocurre en al actualidad. Sin ir más lejos, el año pasado el PSOE prefirió que el alcalde de Iruñea sea de la derecha navarra más recalcitrante en vez de la izquierda abertzale, ahora no va a ser una excepción. Pero si entramos en contenidos tampoco es factible un acuerdo de esta naturaleza teniendo como socio a un partido que día tras día está adoptando medidas liberales y recentralizadoras desde el Gobierno Central. Es buscar la cuadratura del círculo y quizás sea eso lo que le está pasando al actual gobierno de Madrid.

Si bien es verdad que ha habido movimientos en el tablero político vasco en el que han salido fortalecidas las fuerzas abertzales y de izquierda, a corto-medio plazo el régimen puede dormir tranquilo porque no ve peligrar su posición. Es lo que tiene la democracia parlamentaria, que lo reflejado en las urnas tiene una importancia relativa.

Teletrabajo versus trabajo desde casa. La vuelta de tuerca del capitalismo del siglo XXI

El confinamiento al que ha estado sometida la población, producto del estado de alarma sanitaria ha servido para poner en marcha una modalidad de trabajo que, al menos, en el Estado español no estaba implantada: El trabajar desde casa.

Hasta la llegada de la pandemia la fórmula de trabajar desde casa a través de un ordenador era un fenómeno más bien aislado. Era una práctica que se utilizaba en algunas empresas y en caso de practicarse no era algo habitual.

Con la llegada del confinamiento muchas empresas han optado por esta forma de trabajo para poder seguir activas y con el final del desconfinamiento algunas grandes empresas están empezando a implantarlo entre sus empleados.

Al analizar esta cuestión el primer error que se da es de tipo conceptual, al confundir teletrabajo con trabajar desde casa. El teletrabajo no es sinónimo de trabajar desde casa. Hay empresas en las que sus empleados llevan mucho tiempo teletrabajando porque la labor que tienen que realizar en muchos momentos es fuera de sus centros de trabajo. Empleados que realizan auditorías externas a otras empresas, que su labor es el contacto directo con los clientes, trabajadores que tienen que desplazarse a los diferentes centros que la empresa tiene fuera de la población donde está ubicada la sede central de la empresa, no dejan de ser un botón de muestra. En estos casos es muy normal que el trabajador se desplace a otros lugares con los medios tecnológicos necesarios, que en muchos casos no superan un portátil y una conexión a Internet, para poder conectarse con su empresa. Estas personas recalan por sus centros de trabajo únicamente para cuestiones puntuales que hasta la fecha requería su presencia física.

Por el contrario, lo que en estos momentos se está denominando teletrabajo no es ni más ni menos que un trabajador desempeña su actividad laboral desde su domicilio a través de un ordenador con acceso a Internet. Ésta es la modalidad que se ha estado utilizando en muchas empresas durante el confinamiento y es lo que algunas empresas están empezando a implantar y que se está empezando a vender como una panacea para los trabajadores.

El trabajar desde casa tiene una atracción grande para muchas personas, pues, a simple vista, las ventajas existentes resaltan con mayor brillo que los inconvenientes que tiene y lo que esconde este método de trabajo. Las ventajas que se ven a simple vista se reducen a que los trabajadores, al no necesitar desplazarse a su centro de trabajo, ahorran una gran cantidad de tiempo y dinero en desplazamientos, lo cual no de deja de ser una ventaja ciertamente apetecible, porque a nadie le amarga un dulce. Pero a partir de aquí las hipotéticas ventajas quizás no lo sean tanto.

En los más de dos meses que ha durado el confinamiento he observado que detrás del trabajo desde casa, el trabajador no obtiene muchas más ventajas y tiene bastantes inconvenientes pero, por el contrario, las empresas obtienen mucha mayor rentabilidad a costa de esta nueva forma de trabajo.

Lo primero que he percibido en las personas que están trabajando desde casa es que la dinámica de trabajo que les han impuesto las empresas les requiere dedicarle más tiempo que el que dedicaban cuando se tenían que desplazar a sus centros de trabajo. Además, como el trabajador no tiene que desplazarse, de forma innata, empieza la jornada laboral mucho antes y termina más tarde que cuando se desplazaba a su centro de trabajo. Durante el confinamiento la realización de videoconferencias fuera del horario laboral ha sido una práctica que se ha convertido en algo habitual. Todo esto hay que contextualizarlo en la situación que han vivido muchas empresas. La aplicación de ERTES masivos ha reducido las plantillas de muchas empresas con lo que las personas que no se han visto afectadas por esas medidas han tenido una carga de trabajo muy superior que la han suplido dedicándole muchas más horas para sacar adelante su trabajo. Como desde casa podían trabajar, todo el tiempo que le han dedicado ha sido poco. A eso hay que añadirle que en el ambiente siempre flotaba esa espada de Damocles que era la posibilidad de sufrir algún ajuste laboral, que hasta el momento la persona que estaba trabajando desde su domicilio no lo había sufrido.

Hay una circunstancia, que tengo la sensación que no se le está dando importancia, y que, por el contrario, la tiene y mucho. El trabajador que desarrolla su actividad laboral desde su domicilio no tiene un contacto directo con el resto de compañeros. Está perdiendo esa relación personal directa en la que comparten cuestiones relativas al trabajo. Se empieza a romper la relación personal entre las personas que hasta hace poco tiempo compartían espacios de trabajo y ello acaba llevando a un proceso de mayor aislamiento entre las personas de una empresa. Esta situación se traduce en que los trabajadores, a la hora de tener que defender sus derechos ya no es lo mismo, porque la relación que se tiene en la actividad laboral presencial desaparece con la realización del trabajo desde casa.

Trabajar desde casa de forma continua no es bueno para la persona. Se encierra en una habitación durante más de cinco horas por la mañana, interrumpiéndolo únicamente para comer, para volver a encerrarse por la tarde durante el tiempo que sea necesario. Empieza a ser una constante que cuando se abre el correo de trabajo uno se encuentra mensajes que se los han enviado a horas intempestivas cosa que no sucedía antes del confinamiento. Horas en las que una persona debe de estar haciendo cualquier otra cosa menos trabajar.

Esta forma de trabajar lleva consigo el perder las relaciones sociales y humanas. Ese contacto con la calle, encontrarse en el andén del metro o en la parada del autobús con las mismas personas todos los días, algunas pueden ser conocidas porque son vecinos y en el trayecto uno va hablando con esa persona, el no tomar un café en el bar que hay al lado del lugar donde uno trabaja son algunos ejemplos. El no salir para nada del domicilio genera un proceso de aislamiento psicológico que acaba repercutiendo en las relaciones humanas. Es lo que le faltaba a esta sociedad.

Se mire como se mire, las empresas en esta modalidad del trabajo desde casa han encontrado una auténtica mina de oro. Como he comentado anteriormente, están obteniendo una mayor productividad como consecuencia del mayor número de horas que están dedicando al trabajo las personas que lo realizan desde su casa. Pero si esto es importante, lo es mucho más el ahorro de costes que conlleva el que sus empleados trabajen desde casa. Ese ahorro de costes es enorme. Lo primero que se nos puede venir a la mente es el ahorro en energía, sobre todo electricidad, que en los edificios inteligentes todo o casi todo funciona gracias al consumo de electricidad. Pero esto sólo es el principio. La siguiente fase en este proceso, sin duda alguna, será la nueva dimensión de los centros de trabajo. Las empresas no van a necesitar tanto espacio, lo que va a traducirse en una reducción de costes, vía alquiler de locales más pequeños o deshaciéndose de inmuebles innecesarios y/o obsoletos.

El ahorro de algunos costes por parte de la empresa se le están trasladando al trabajador. Éste, para tener el hipotético “privilegio” de trabajar desde casa está teniendo un coste que anteriormente no lo tenía. El coste energético por el uso de herramientas tecnológicas quizás sea el primero que tengamos en mente, pero, sobre todo, el más importante es el coste de calefacción y/o aire acondicionado que en una vivienda no suele estar funcionando cuando los componentes de la familia están fuera del domicilio. A esto hay que añadir que los empleados están poniendo a disposición de las empresas las redes de telecomunicaciones que tienen en sus hogares, siendo la más importante Internet.

Sin duda alguna, las empresas han encontrado una fórmula excelente para mejorar sus cuentas de resultados y no van a dejar escapar la ocasión. La excusa de la caída de sus negocios durante los últimos tres meses es el trampolín perfecto para dar esta nueva vuelta de tuerca a sus empleados. Al fin al cabo el factor humano, o dicho de otra forma, la mano de obra es la herramienta fundamental que tienen las empresas para obtener pingües beneficios.

Política y deporte. “Fútbol en el país de los sóviets”

Deporte y política son dos conceptos que están más unidos de lo que puede parecer a simple vista a muchas personas. A lo largo de la historia se han dado innumerables acontecimientos en los que los regímenes y /o los sistemas políticos han echado mano del deporte para ensalzar sus logros o para esconder sus problemas internos. El deporte ha sido y es un trampolín que los aparatos del Estado utilizan en función de sus necesidades. La celebración de un evento deportivo, los triunfos de las selecciones nacionales o de algunos clubs suelen servir para llevar a cabo estas prácticas.

La organización de unas olimpiadas o un mundial de fútbol suele ser una herramienta que da juego para todo esto y más. A cualquiera nos puede venir a la memoria el Mundial de fútbol de Argentina-78, organizado por la Junta Militar, que lo utilizó para desviar la atención de lo que acontecía bajo la dictadura argentina y la represión ejercida por los militares. Los Juegos Olímpicos de Berlín-1936, en pleno III Reich, fueron utilizados por el aparato de propaganda nazi para mayor gloria del nazismo.

Fútbol en el país de los sóviets
Selección soviética en partido contra Holanda

A través del deporte también se han canalizado reivindicaciones políticas de diferente signo. A finales de la década de los 80 del siglo pasado, en los campos de fútbol de la antigua Yugoslavia, las aficiones de algunas repúblicas que formaban parte de la República Federativa Socialista de Yugoslavia utilizaban los partidos de fútbol para dar a conocer sus reivindicaciones políticas, llegando a darse conatos de violencia y de protesta contra el Gobierno federal.

En la década de los 80 del siglo pasado, en el marco de la Guerra Fría, se vivieron situaciones de boicot por cuestiones políticas de algunos certámenes deportivos de trascendencia mundial. Uno de ellos fue el boicot que realizó EEUU y algunos de los países de su entorno a los Juegos Olímpicos de Moscú-1980. La excusa esgrimida fue la invasión de Afganistán por parte de la Unión Soviética. Esta espiral llevó a que la siguiente cita olímpica, los Juegos Olímpicos de Los Ángeles-1984, fuese boicoteada por los países socialistas y, como alternativa, organizaron en Moscú los Juegos de la Amistad.

El régimen franquista no fue una excepción y durante los 40 años de dictadura utilizó el deporte como pantalla para esconder sus problemas internos y para estrechar lazos con las potencias occidentales.

En nuestro entorno más cercano el Gobierno Vasco, durante la II República, aprovechando que la liga española había sufrido un parón con motivo de la Guerra Civil española, creo la selección de Euzkadi. Ésta inició una gira por diversos países con la finalidad de dar a conocer a nivel internacional la situación del pueblo vasco y para recaudar fondos para el Gobierno Vasco y los refugiados.

En este contexto, el historiador Carles Viñas ha publicado recientemente un ensayo titulado “Futbol en el país de los sóviets” (Editorial Txalaparta). En él el autor se sumerge en la historia del fútbol ruso desde sus comienzos, a finales del siglo XIX, hasta la llegada de los bolcheviques y la creación de la URSS. Describe el desarrollo del futbol en relación con el devenir político y social de Rusia. El libro, que no supera las 175 páginas, es de lectura sencilla, pero es necesario destacar la infinidad de datos e información que aporta, sobre todo, a través de las anotaciones a pie de página. Este ensayo consta de tres partes y en la última se adentra en la Rusia de la Revolución de octubre de 1917 y en lo que supuso el fútbol en esa nueva etapa en la historia de Rusia, en la que se convierte en un nuevo Estado: la URSS. La Revolución no trajo la desaparición del Estado. Por el contrario, a partir de mediados de los años 20, nació un Estado mucho más fuerte y robusto en el que la práctica de cualquier deporte tenía un componente totalmente diferente al que podía tener en cualquier país capitalista. Se convirtió en una actividad primordial para la formación de la población, siendo suprimida la profesionalización del mismo.

El libro no es una historia del fútbol al uso, en el que se relata la historia de los equipos rusos, destacando los hechos deportivos. El libro va encaminado a poner el acento en la relación existente entre el fútbol y su conexión con la situación socio-política.

Cuando el fútbol llega a la Rusia Imperial en las postrimerías del siglo XIX, lo hace de la mano de empresarios británicos que se lanzan a hacer negocios en un país eminentemente agrícola. El Imperio ruso se encontraba sumido en una profunda descomposición, que se vio agravada con la derrota en la Guerra ruso-japonesa en 1905.

A finales del siglo XIX el fútbol era un deporte al servicio de la aristocracia y las clases acomodadas y del que se excluía a las clases trabajadoras. Eso, en la Rusia zarista, se tradujo en que los primeros compases de este deporte estuvieran íntimamente relacionados con la colonia británica de las principales ciudades de Rusia, San Petersburgo y Moscú, pues mantenían una posición social destacada, gracias a los negocios que regentaba. De hecho las autoridades zaristas, de una mentalidad mucho más cerrada, no veían con buenos ojos esta práctica. La actividad futbolística estaba vetada para los rusos, máxime si eran de una extracción humilde.

El autor nos describe como, el deporte en general y el fútbol en particular, va íntimamente ligado a ciertas cuestiones de contenido político. El Gobierno zarista da pasos para introducir la actividad deportiva en algunos sectores, debido a la falta de preparación física de la población, lo que repercutía negativamente en la salud de obreros y campesinos así como en la baja preparación física que tenía el Ejército ruso, lo que se traducía en los resultados desastrosos que Rusia tuvo en las diferentes contiendas bélicas. Ello ayudó a que el régimen zarista fuese cambiando su visión. En ese periodo el fútbol también tuvo como finalidad acabar con uno de los “males endémicos del país: el alcoholismo”, que generaba un gran absentismo laboral.

Carles Viñas hace una descripción del Estado policial en el que se había convertido el régimen zarista en los últimos años. Relata las innumerables trabas e impedimentos que ponía el régimen a la existencia de equipos de fútbol dentro de la clase obrera rusa por el temor que se convirtieran en asociaciones que amparasen actividades revolucionarias.

Es muy interesante el análisis que realiza sobre la evolución que tienen los bolcheviques a la hora de posicionarse ante el futbol y las diferentes ópticas que había dentro de ellos. No todos los dirigentes tenían la misma percepción sobre esta cuestión. Dentro de los bolcheviques fue Lenin el que más empatía tenía con el deporte, habiendo practicado varios deportes en su juventud, entre las que caben destacar el montañismo y ciclismo. Pero, sin duda alguna, lo que más le apasionaba era la práctica del ajedrez. Para Lenin, la práctica del deporte era una herramienta útil para formar a la persona desde los parámetros de una sociedad comunista. Pero no todos los bolcheviques tenían el mismo criterio acerca del deporte. Los detractores tenían “una visión crítica de los deportes de competición, como el fútbol,  que eran percibidos como espectáculos capitalistas”. Los comunistas se posicionaron en favor del deporte amateur, opinión que era compartida por una gran parte de la izquierda europea y en palabras del autor “las voces más críticas añadían, […] que la práctica deportiva distraía a los hombres de la política”.

Tras el triunfo de la Revolución de octubre de 1917, se desata una guerra civil en Rusia, auspiciada por las potencias aliadas, aportando efectivos militares y aplicando un bloqueo. Ante esta situación, los bolcheviques, de la mano de Trostky, organizan el Ejército Rojo, y haciendo de la necesidad virtud, incentivaron la práctica del deporte como herramienta para mejorar la combatividad del Ejército Rojo. Este fue el punto de inflexión, que logró cambiar la opinión que tenían los bolcheviques sobre el deporte.

Carle Viñas explica como en la primera década de la existencia del Estado soviético se dan diferentes ópticas sobre la forma de enfocar el deporte que generaran debates internos, no exentos de tensiones. Durante las primeras décadas de la existencia de la Unión Soviética, el bloqueo que sufrió se vio reflejado en la práctica internacional del fútbol. La FIFA tenía prohibida a las selecciones nacionales que pertenecían a ese organismo el poder disputar encuentros de fútbol con equipos o con la selección soviética. Por el contrario, la URSS, a través del futbol, intentaba romper el bloqueo existente,  “demostrar  al mundo la fortaleza de la URSS” y ser “correa de transmisión de internacionalismo” gracias a los partidos que el combinado soviético disputó con conjuntos de obreros de la Europa Central.

A nivel interno, el fútbol se convirtió en el deporte de masas de la URSS y los equipos que surgieron bajo el paraguas del régimen soviético tenía vínculos muy estrechos con las instituciones del régimen. El CSKA era el equipo del Ejército soviético, el Dinamo, el equipo del Ministerio del Interior y de la policía, por lo que recibía el apoyo de las autoridades. Antepuesto a este último estaba el Spartak que representaba al equipo del pueblo. Cuestión que generaba hostilidades y rencillas. El Lokomotiv, era el equipo de los afiliados al sindicato de transporte.

Otra característica del fútbol en la URSS fue el elemento cohesionador entre las diferentes etnias y culturas que lo componían. Este deporte de masas era más fácil que ayudara a unir lazos entre las diferentes culturas que existían en el Estado más grande del planeta que otras manifestaciones culturales como podían ser la literatura. Las masas entendían mucho mejor el deporte que otro tipo de actividades.

En resumen, el fútbol, un juego de origen burgués llegó a ser la actividad de ocio principal de la clase obrera soviética.

Y en esto llegó EH Bildu

El anuncio realizado en el día de ayer por la portavoz de EH Bildu, Mertxe Aizpurua, en el Congreso de los Diputados durante el debate para aprobar una nueva prórroga del estado de alarma ha servido para poner patas arriba al Gobierno de coalición.

El acuerdo alcanzado entre los dos socios de Gobierno, PSOE y Unidas Podemos (UP), con EH Bildu ha cogido a todo el mundo con el pie cambiado. A nadie se le pasaba por la cabeza que el Gobierno se planteara poner en la mesa la derogación de la reforma laboral, sobre todo en esta situación de emergencia en la que está todo el Estado. No lo digo porque no fuese necesario abordar este tema, sino porque mucho antes que se decretara el estado de alarma el Gobierno no tuvo interés alguno en impulsar esa propuesta.

Antecedentes

La derogación de la reforma laboral lleva siendo un tema recurrente que sale con frecuencia a relucir. El PSOE no tuvo ningún interés en derogarla durante la anterior legislatura, una vez que prosperó la moción de censura con Mariano Rajoy. La promesa pasó a dormir el sueño de los justos.

Cuando el PSOE y UP llegaron a un acuerdo de Gobierno firmaron un documento en el que el punto 1.3 está redactado en los siguientes términos: “Derogaremos la reforma laboral. Recuperaremos los derechos laborales arrebatados por la reforma laboral de 2012. Impulsaremos en el marco del diálogo social la protección de las personas trabajadoras y recuperaremos el papel de los convenios colectivos”[1]. Este apartado es más extenso, en el que enumera las medidas que adoptarían con carácter urgente.

 A día de hoy la reforma laboral no ha estado encima de la mesa y hay que recordar que en la entrevista que el diario El País realizó a la Ministra de Trabajo el 25 de enero de 2020, ésta manifestó que “técnicamente no es derogable toda la reforma laboral”.  Es necesario recordar que en todo momento la CEOE no ha dejado de presionar para que no se derogara la reforma laboral.

De todas esas medidas urgentes la única que aprobó el Gobierno al inicio de la legislatura ha sido derogar la posibilidad de despido por absentismo causado por bajas por enfermedad.

Así ha transcurrido el inicio de la legislatura hasta que nos hemos sumergido en la emergencia sanitaria como consecuencia de la pandemia que está azotando al Estado español. A partir de ese momento se ha vivido una incesante aprobación de Decretos-leyes en materia laboral que tenían su origen en la situación de emergencia que se está viviendo.

Si en un principio las medidas que se estaban tomando en esta materia iban por el buen camino, de unas semanas a esta parte el Gobierno ha empezado a ceder a los deseos de los empresarios y ha modificado algunos de los Decretos-leyes aprobados recientemente para satisfacer las pretensiones de la CEOE. Todo esto con el beneplácito de los dos sindicatos mayoritarios (CCOO y UGT).

Salta el acuerdo PSOE, UP y EH Bildu.

En el día de ayer Mertxe Aizpurua hace público en la tribuna del Congreso que EH Bildu se abstendría en la votación para la prórroga del estado de alarma porque habia llegado a un acuerdo para derogar la reforma laboral de 2012 en su totalidad. EH Bildu consigue dar un giro copernicano a la situación política.

Lo primero que hay que decir es que el documento firmado existe y su contenido no deja lugar a dudas, como tampoco dejaba lugar a dudas el documento que aprobaron PSOE y UP para gobernar en coalición, pero no parecía que hubiera una voluntad por ambos partidos para llevarlo a buen puerto. Del PSOE podía ser esperable, pero las declaraciones de la Ministra de Trabajo perteneciente a la coalición UP, que he descrito con anterioridad, daban la sensación que UP no estaba muy proactivo por impulsar su derogación. La impresión que proyectaban es que la derogación de la reforma laboral no iba a ser un tema urgente.

Si la derogación de la reforma laboral era uno de los acuerdos programáticos estrella que recogieron PSOE y UP en su acuerdo de gobierno parece que no tiene lógica de ningún tipo que para lograr el apoyo de EH Bildu en la votación de ayer, esta formación política haya tenido que obtener del gobierno como contrapartida una reivindicación que estaba en el programa conjunto de los dos socios de Gobierno. Todo esto puede parecer surrealista pero es así. Lo que si que ha quedado claro es que este gobierno ha utilizado la reforma laboral, de forma perversa, como moneda de cambio para sacar adelante una nueva prórroga pero ¿Qué hubiera pasado si EH Bildu le hubiera dicho que no? ¿El Gobierno se hubiera planteado derogar la reforma laboral? Cualquier pregunta que uno se realice sobre esta cuestión le acaba llevando a una única respuesta: El Gobierno hubiera vuelto a guardar la reforma laboral en el cajón del olvido porque no tiene interés en que prospere.

Lo que no cabe duda es que los partidos que auparon a este Gobierno le van a tener que sacar las propuestas del acuerdo de investidura que entre ambos dos aprobaron, a base situaciones como las que se han vivido ayer, porque este Ejecutivo no tiene rumbo. Está perdido y más preocupado en las críticas que le realiza la derecha y en las caceroladas de los barrios ricos.

Es necesario recordar que el modus operandi utilizado para llegar a este acuerdo es muy similar al que se daba en otras épocas. Para conseguir los votos del PNV o de CiU en anteriores legislaturas el partido que gobernaba llegaba al acuerdo de transferir alguna competencia que ya venía recogida en los estatutos de autonomía de Euskadi y Cataluña. El pacto se podía resumir en que el Gobierno para sacar adelante alguna norma, a cambio tenía a bien cumplir la ley. Esta podía ser el Estatuto de Autonomía, el Concierto económico o el Cupo. El Gobierno no daba nada que no estuviera obligado de antemano, pero como tenía la llave de todo eso, era la forma de obtener el apoyo que necesitaba en ese momento. Luego aparecían los titulares de la Brunete mediática diciendo las barbaridades a las que nos tienen acostumbrados, quejándose de los privilegios y prebendas que lograban PNV y CiU, obviando, como no podía ser de otra forma, que el gobierno de turno cuando cedía a las pretensiones de estos dos partidos, únicamente se limitaba a cumplir la ley.

EH Bildu logra profundizar las contradicciones del gobierno de coalición

El acuerdo ha traído consigo un terremoto dentro del Ejecutivo. Las diferentes declaraciones están sirviendo para dudar de que el PSOE cumpla con el pacto firmado en los términos que ha sido redactado o peor aún, que no cumpla nada. El PSOE tenía que salvar la votación de ayer y no tuvo reparos en firmar ese documento siendo consciente que habría una posición férrea contra ese pacto por parte de algunos ministros del PSOE. Este partido tiene experiencia en estas lides y no tendrá ningún reparo en incumplir el acuerdo. Escuchar en el día de hoy a la persona que ha firmado el documento en nombre del PSOE, Adriana Lastra, decir que no se puede hacer una derogación íntegra de la reforma laboral es un síntoma del nulo interés que tiene el PSOE en todo este tema.

En esta situación la coalición UP es la que puede salir más dañada de toda esta situación porque ha demostrado una incapacidad manifiesta. En primer lugar, porque se ha demostrado que ha sido incapaz de sacar adelante la reforma laboral dentro del Consejo de Ministros  y en segundo lugar, porque el hecho que controle las carteras ministeriales de carácter sociales no está sirviendo para que exijan la aplicación de los acuerdos firmados con el PSOE.

Es curiosa la actitud de Pablo Iglesias. Si hasta ahora no había realizado ninguna declaración sobre la reforma laboral, parece que ha necesitado que una fuerza política que sólo tiene cinco escaños haya tenido que darle cobertura para que haya sacado pecho para exigir el cumplimiento íntegro del acuerdo.

Otro dato de interés es que ha tenido que venir una fuerza política independentista, que haya planteado una exigencia de carácter sociolaboral de esta magnitud. Quiero recalcar esta última cuestión porque hay un sector de la izquierda española que siempre ha visto a los partidos independentistas gallegos, vascos y catalanes como grupos preocupados por cuestiones identitarias envueltas en banderas al margen de los intereses de los sectores más desfavorecidos de la sociedad. Argumento que no se ajusta a la realidad como lo han demostrado la trayectoria política de los partidos políticos de la izquierda independentista y las centrales sindicales independentistas.

Era de esperar que la CEOE pusiera el grito en el Cielo ante el acuerdo de ayer. En el supuesto que la derogación llegue a buen puerto, cosa que dudo, la patronal dejará de tener barra libre. Lo que es bastante curioso  es la actitud de las dos centrales mayoritarias en el conjunto del Estado, CCOO y UGT. Han pedido que se cuente con ellos para negociar la reforma laboral y que lleguen a decir que el acuerdo parlamentario dificulta las negociaciones con la patronal. Son incapaces de aprovechar una situación como esta para apoyar una iniciativa que es beneficiosa para los trabajadores.

Soy escéptico que ese acuerdo se llegue a cumplir porque el PSOE es un maestro en no cumplir pactos. Que se lo pregunten al PNV que todavía está esperando que el PSOE cumpla lo que pactó con los jeltzales para que éstos votasen a favor de la moción de censura. Tampoco me genera muchas expectativas UP. Hasta la fecha sus ministros han demostrado una incapacidad bastante notoria. Cada vez que han tenido que tomar alguna decisión ha sido una decepción. Desde la regulación de las casas de apuestas a la reforma laboral, pasando por la incapacidad para movilizar a la calle para presionar a su socio de Gobierno así como para neutralizar a esta nueva rebelión de los barrios ricos. En estos momentos UP está maniatada en un gobierno en el que es minoría y en el que está digiriendo muchas decisiones que las criticaría si no estuviese en este Gobierno de coalición.

A día de hoy no sabemos si EH Bildu logrará la derogación de la reforma laboral, pero lo que si sabemos es que ha generado todo tipo de contradicciones en este gobierno y que los ha obligado a retratarse, que no es poco.


[1] Transcribo el texto literalmente, respetando la parte en negrita.

Los lloros de la patronal

En Euskal Herria en la segunda mitad de la década de los setenta, cuando era un chaval, surgió el grupo de música Errobi, quizás fuese el primer grupo de rock en euskera. Soy de los que conservo casi todos los vinilos que sacaron a la calle y me faltó tiempo en la década pasada para adquirir la colección de todos sus álbumes en DVD.

Hacían un rock progresivo con influencias del folk, pero a mí, particularmente, una de las cosas que más me gustaban de ellos eran las letras de sus canciones. En ellas se encontraban temas políticos, sociales, el euskera, etc. Canciones como Gure lekukotasuna (nuestro testimonio), Kanpo kanpokoak (los de fuera), Xileko langileriak (los trabajadores chilenos), Nora goaz (a donde vamos), etc… eran muy buenas, pero había dos canciones que para mí eran especiales: Nagusiaren nigarrak (los lloros del patrón) y Lantegiko hamar mandamenduak (los diez mandamientos de la fábrica). Ambos títulos destilaban dosis de ironía y las letras no tenían desperdicio. El momento socio-político lo exigía. Hay que situarse en la década de los 70 y ni que decir tiene que a mí no me dejaron indiferente y las sigo escuchando con frecuencia. Las letras de Errobi eran canción protesta pero con buenas dosis de marcha.

Por desgracia estos días me ha vuelto a la memoria la letra de estas canciones porque parece que vuelve una nueva ofensiva de la patronal con un tono lloroso. En diferentes medios de comunicación he visto con cierto estupor algunas declaraciones del colectivo empresarial. No les debe parecer suficiente las ayudadas que están teniendo, a través de la lluvia de dinero de los préstamos ICO, y las facilidades para presentar ERTES, que la clase empresarial quiere más. Ahora piden que se despida a empleados públicos, se bajen impuestos, se suba el IVA y no se apruebe el Ingreso Mínimo Vital. Les ha faltado decir que el impuesto sobre sociedades se grave al cero por ciento los próximos diez años. Pero no sería de extrañar que un día de estos se descuelguen con esa petición.

Ahora las preguntas que habría que hacerse son ¿Tan crecida está la patronal española para poder realizar este tipo de declaraciones de forma gratuita? ¿Los sindicatos mayoritarios son conscientes de la ofensiva neoliberal de la patronal española? ¿El Gobierno que interpretación hace de este tipo de declaraciones? ¿Está capacitado este Gobierno para poner coto a las exigencias empresariales? Da la sensación que el Estado español está más cerca de los países tercermundistas que cualquier país desarrollado de la Europa Occidental. Este tipo de expresiones son propias de una patronal que actúa como si el país fuese su cortijo y el Gobierno estuviera a su servicio.

No cabe duda que la patronal, para variar, está crecida. La inmensa mayoría de las empresas están aprovechando esta crisis de la única forma que saben, intentando aumentar las diferencias sociales, haciendo crecer la brecha salarial y, si es posible, recortando los derechos colectivos de los trabajadores. Sus equipos jurídicos no están teniendo ningún reparo en retorcer la legislación a la hora de adoptar medidas laborales. En las PYMES el problema se agrava porque la correlación de fuerzas entre empresa y trabajadores se inclina en favor de la primera, entre otros motivos, porque en la inmensa mayoría de las pequeñas empresas no existe representación de los trabajadores y, por tanto, los trabajadores no tienen un respaldo lo suficientemente importante como para hacer frente a la maquinaria jurídica de la empresa. Son empresas en las que la dirección durante muchos años ha realizado un trabajo de fomentar la relación individual empresa-trabajador, en detrimento de la relación empresa-representantes de los trabajadores. Y no cabe duda, que esa labor a la patronal le ha reportado grandes resultados. Sería injusto por mi parte no mencionar que hay algunas empresas que están realizando un gran esfuerzo en mantener sus plantillas y en no aplicar ningún tipo de medida que perjudique a los trabajadores. No son un porcentaje importante, pero es necesario no obviarla por la labor que están realizando en estos momentos de fuerte recesión económica.

Es preocupante la inacción de las centrales sindicales mayoritarias (CCOO y UGT) que no están teniendo un discurso lo suficientemente contundente para neutralizar el discurso de las grandes asociaciones empresariales. Siguen en su línea de hacer un sindicalismo de concertación que se ha demostrado que en el Estado español ha sido un auténtico fracaso, porque en todos los acuerdos que ha, logrado siempre han supuesto recortes de los derechos laborales. Han sido un continuo retroceso en las conquistas sociales.

A la hora de hablar de las centrales sindicales sí que es necesario traer a colación el Oasis Vasco sindical. En esta materia no cabe duda que existe un oasis. La mayoría sindical vasca (ELA, LAB, ESK, EHNE, HIRU, STEILAS) desde hace varias décadas está manteniendo una práctica sindical diametralmente opuesta a la que tienen CCOO y UGT en el resto del Estado español. Los sindicatos mayoritarios de Euskal Herria están inmersos en una dinámica de confrontación para luchar contra las políticas neoliberales del empresariado vasco con el apoyo indispensable de los dos partidos que componen el Gobierno vasco (PNV y PSOE). Es un camino no exento de obstáculos, pero imprescindible para poder hacer frente a la deriva neoliberal que azota a Europa.

Ante las exigencias empresariales se está viendo cierta incapacidad del Gobierno, al no haber derogado en su totalidad de forma inmediata la Reforma Laboral del PP en los primeros consejos de ministros. A día de hoy se me antoja casi imposible revertir esa legislación. Es muy preocupante que el Gobierno no haya prohibido aplicar ningún ajuste laboral a empresas que han optado a la financiación de Instituto de Crédito Oficial (ICO)[1].

La inyección de dinero a las empresas ha sido histórica. En poco menos de dos meses muchas empresas de sectores que el Gobierno definió como estratégicos, es decir, que su actividad no se veía afectada por las restricciones del Estado de alarma han incrementado su tesorería de forma considerable[2], pero a cambio, no se les ha exigido que arrimen el hombro y han tenido una segunda subvención, en este caso proveniente de los ajustes laborales que han realizado a través de ERTES, con la consiguiente rebaja en los costes laborales y de seguridad social. Se ha dicho que la autoridad laboral no va a mirar para otro lado y va a revisar los expedientes de regulación de empleo que ha recibido. El tiempo dirá si la burocracia ministerial ha funcionado o, por el contrario, los expedientes en fraude de ley salen indemnes.

Por el contrario, el Gobierno a día de hoy ha sido incapaz de aprobar el Ingreso Mínimo Vital. Parece que le cuesta aprobar medidas que son imprescindibles para aliviar a los cientos de miles de familias que se encuentran en situación de pobreza y que cómo no adopten medidas urgentes se puede generar un auténtico desastre social.

No cabe duda que los decretos-leyes que han aprobado eran necesarios, pero se me antoja insuficientes. Un dato que no sé puede olvidar es el debate interminable que ha habido en el Gobierno para la aprobación de esas normas. Ello ha evidenciado la existencia de un gobierno de cohabitación en el que algunas reivindicaciones han salido adelante a base de un debate interno muy intenso y con sacacorchos. Da la sensación que los lloros de la patronal dan resultados aunque en algunos momentos, a simple vista no los percibamos. Tendremos que estar ojo avizor para detectar si las reivindicaciones empresariales van calando y al final, aunque sea por la puerta de atrás, consiguen que salgan adelante.


[1] Los préstamos ICO son un instrumento para financiar a las empresas en las que las entidades financieras aportan los fondos y estos son garantizados en un 80% por el Estado, a través del ICO y el otro 20% lo asumen las entidades financieras. Un negocio redondo para las entidades financieras que con una exposición mínima a los riesgos del mercado les reportan unos beneficios nada despreciables.

[2] En los préstamos ICO las empresas pueden obtener hasta un 25% de la facturación que tuvieron durante el ejercicio 2019 o el doble de los costes salariales de dicho ejercicio.

Ejército democrático versus Ejército español (El Ejército de Vox)

Los últimos doscientos años de historia del Estado español está plagada de todo tipo de asonadas militares, sublevaciones, pronunciamientos e injerencias políticas del estamento militar en la vida política. La institución militar ha tenido un deseo desenfrenado de protagonismo en la historia de España, con la peculiaridad que esta institución siempre ha estado copada por familias de clase alta y de rancia tradición militar.

El siglo XIX fue un cúmulo de intervenciones militares, en su mayor parte liberales, aunque también las hubo de tinte conservador. Todos esos pronunciamientos se realizaron con el deseo de intervenir en la política española. Riego, Espartero, O´Donnell, Narváez, Martinez Campos, Pavía son algunos de los nombres más conocidos. Algunos llegaron a presidir diversos gobiernos bajo el reinado de Isabel II. Los pronunciamientos de esa época eran bastante efímeros, puesto que su duración iba ligada al gobierno surgido del pronunciamiento de turno, que en algunos casos era derrocado por otro pronunciamiento. Pero salvando el sexenio democrático con la llegada de la I República, todos tenían un denominador común: la institución monárquica no se ponía en cuestión. Por cierto, la denominación de “sexenio democrático” nos sugiere que antes y después de ese periodo la democracia no era la característica que adornaban a los gobiernos borbónicos.

El siglo XX siguió la estela del que le precedía, pero los golpes militares tuvieron un color muy diferente. Fueron sublevaciones militares de tinte fascista, totalitario y fueron acompañadas de una estrategia basada en la represión y el terror a gran escala.

La primera la protagonizó Miguel Primo de Rivera, con la instauración de un Directorio Militar (1923-1930) y es necesario recordar la colaboración que prestó el PSOE a lo largo de la dictadura de primorriverista.

La segunda sublevación militar desembocó en una guerra civil y es de sobra conocida. La lideraron una serie de militares, entre los que se encontraba Francisco Franco, con el apoyo de organizaciones fascistas y ultracatólicas. Pusieron en práctica una represión despiadada que tuvo su continuidad después de la finalización de la Guerra Civil alargándose a lo largo de cuarenta años.

Durante la dictadura franquista se fue moldeando un ejército que era fiel reflejo del régimen dictatorial y totalitario en el que estaba sumido este país. Fueron varias décadas en las que la impronta franquista echó unas raíces tan fuertes que después de la muerte del dictador esta institución ha seguido controlada por esa cúpula militar que se encuentra muy alejada de los estándares democráticos occidentales.

Esta pequeña introducción que acabo de realizar sobre los últimos 200 años del ejército español  es para poner en contexto el último ensayo que ha escrito Luís Gonzalo Segura, ex teniente del Ejército español, y publicado recientemente bajo el título “El Ejército de Vox”; Ediciones Akal  (Foca investigación). El libro, que no supera las 180 páginas, es de una rápida lectura y desde el principio despierta un gran interés al lector.

En este ensayo el autor ha realizado un trabajo pormenorizado y documentado con la finalidad de demostrar algo que es un secreto a voces: el Ejército español en su mayor parte es ultraderechista. Para ello sigue tres líneas de trabajo.

La primera es el análisis de hechos recientes de la política de este país para constatar la ideología mayoritaria dentro del Ejército español. La segunda línea es un trabajo minucioso y detallado de los resultados electorales de abril y noviembre de 2019 en las secciones donde votaban los militares de las diferentes bases y destacamentos del Ejército. La tercera es una relación pormenorizada de las exaltaciones ultraderechistas y actuaciones nada propias de un ejército supuestamente democrático, desde 2015 hasta nuestros días y la impunidad de la que han gozado.

Lo interesante no es sólo lo que dice, sino quién lo dice, porque cualquier persona que no sea ingenua puede llegar a conclusiones muy similares a las que llega el autor: Una persona que ha pasado por la Academia General de Zaragoza y, posteriormente, ha cursado los cursos correspondientes para obtener el grado de teniente. Los que estamos entrados en una edad y realizamos la mili  podemos decir que ese periodo nos sirvió para saber lo que se cocía dentro de las cuatro paredes de un cuartel. Por el contrario, hoy en día la mayor parte de la sociedad desconoce absolutamente el Ejército. Y esto último puede parecer una anécdota pero es muy peligroso como posteriormente se comentará.

A la hora de realizar este ensayo, el autor parte de una premisa: “España es un régimen autoritario moderno de apariencia democrática construido sobre una estructura franquista”. Es difícil mejorar esta definición. Para Luís Gonzalo Segura, esta situación se ha sustentado en “una Constitución escrita por franquistas o rendidos al franquismo para perpetuación de franquistas en el poder y que ha contado con un sustento mediático de franquistas, colaboradores franquistas o rendidos al franquismo. Y de aquel franquismo, esta extravagante democracia”. Con esta sencilla descripción la Transición queda ubicada en lo que fue.

Analiza algunos sucesos que se han vivido en este país protagonizados por miembros de la cúpula militar y que en cualquier país democrático hubieran sido atajados de raíz por el poder político. Por el contrario, en el Estado español los poderes políticos han mirado para otro lado y esos acontecimientos han tenido el blanqueo de la prensa española.

Explica los acontecimientos que se produjeron con la publicación del Manifiesto de los Mil en julio-agosto de 2018. Fue promovido por 200 altos mandos militares (generales, coroneles y tenientes coroneles) y que posteriormente se adhirieron un gran número de altos mandos hasta llegar a la cifra de 1.000 mandos. La finalidad era responder a la decisión del Gobierno del PSOE de exhumar el cadáver del dictador para sacarlo del Valle de los Caídos. También trata la actitud de las Fuerzas Armadas en el conflicto de Cataluña, las injerencias y actuaciones que han realizado. Han actuado con toda impunidad.

Realiza una muy atinada reflexión a la hora de analizar la cúpula militar. El autor manifiesta que los mandos militares, mientras están en activo, esconden su ideología para hacerla pública cuando pasan a la reserva. Es una forma de salvaguardar su posición profesional, pero en cuanto tienen ocasión hacen gala de esa ideología.

Hay otro dato en el que Luís Gonzalo Segura incide para explicar esta situación. Es el acuerdo tácito existente a lo largo de estos últimos cuarenta años entre las élites políticas y la cúpula militar. La clase política y, en concreto, los diferentes gobiernos del PSOE han sido los convidados de piedra ante el funcionamiento interno del Ejército. En virtud de ese “acuerdo tácito” los militares han tenido y tienen carta blanca para campar a su antojo en los cuarteles y, a cambio, no causar ningún problema en la calle. Nunca ha habido un intento de democratización de esta institución. Para dar consistencia a este planteamiento en la segunda parte de este ensayo realiza una pormenorizada enumeración de las aberraciones que han cometido y que han pasado desapercibidas por la falta de firmeza de los diferentes gobiernos y la cierta complicidad de la mayor parte de la prensa.

Analiza la irrupción de militares en las listas electorales de VOX en las elecciones autonómicas de Andalucía y el blanqueo informativo por parte de los medios del Régimen del 78. Desde las elecciones de 1977 nunca se había dado un desembarco en política de estas características por parte del estamento militar y de la Guardia Civil. Aporta un dato muy revelador: La suma de los militares que se han presentado en las listas electorales del resto de partidos a lo largo de la historia no alcanza el número de los que se han enganchado al banderín de Vox.

La división del voto de derecha en tres partidos (PP, Vox y Cs) y el análisis de las secciones electorales donde votan los miembros del Ejército, también ha servido para comprobar que una inmensa mayoría de los militares son de derechas y, más concretamente, son ultraderechistas que hasta hace pocas fechas eran el ala ultra del PP y ahora tienen otra opción política en la que encajan a la perfección.

A mí, particularmente, me ha parecido muy interesante la crítica que realiza a la izquierda. La desidia por dominar el Ejército se une al deseo de las élites por controlarlo y pone sobre la mesa un ejemplo irrefutable. En los más de 50 folios del acuerdo de gobierno entre PSOE y UP, no hay ninguna mención a la regeneración de las Fuerzas Armadas españolas. Igual esto nos sirve para entender el motivo por el que en las ruedas de prensa del Gobierno durante este Estado de alarma hay más altos mandos militares que miembros del Gobierno. Igual es una cuestión de cuotas de poder.

En el libro se realiza un estudio pormenorizado de los resultados de Vox en las diferentes secciones de los colegios electorales donde votan militares y sus familias, con análisis comparativos con los datos que Vox ha obtenido en esas provincias. Todo el estudio va acompañado de una serie de cuadros y tablas que son de gran utilidad.

Ni que decir tiene que recomiendo su lectura a cualquier persona que tenga interés por el temas y preocupación por el ascenso de la extrema derecha en el Estado español.

La factura de la fiesta de los Pactos de la Moncloa

La crisis sanitaria producida por el coronavirus nos ha asomado en un abrir y cerrar de ojos al abismo de una nueva crisis económica. Estamos en un escenario que nos es absolutamente nuevo. Ante esta situación, en el Estado español se han alzado voces que plantean la necesidad de reeditar unos pactos similares a los Pactos de la Moncloa para superar esta situación de emergencia económica.

Para poder abordar la necesidad o no de unos pactos de esta naturaleza, similares a los que se firmaron en 1977, es necesario hacer un ejercicio de memoria histórica, para poder ubicar lo que fueron los Pactos de la Moncloa en el contexto de la época, y a partir de ahí evaluar si en la actualidad es la solución para toda la ciudadanía en su conjunto.

Los Pactos de la Moncloa fueron firmados por las fuerzas políticas y sindicales en octubre de 1977, pero se empezaron a gestar pocos días después de las elecciones el 15 junio de 1977. Eran las primeras elecciones después de cuarenta años de dictadura franquista. Desde la muerte del dictador se había puesto en marcha el proceso de reforma política y se iban quemando etapas sin que en ningún momento el establishment viera peligrar su status quo. Los aparatos del Estado franquista no habían sido depurados y en lo concerniente a los poderes económicos la oligarquía que se enriqueció a la sombra del franquismo seguía controlando todo el entramado económico. Suarez a la hora de formar el primer gobierno de la UCD nombra vicepresidente económico a Enrique Fuentes Quintana, quien sólo estuvo ocho meses en el cargo, pero que fue uno de los ideólogos de esos pactos.

El proceso de reforma de las instituciones franquistas para amoldarlas a lo que se podría denominar una democracia de corte occidental iba encarrilada. Los partidos más importantes de la oposición democrática habían renunciado a sus planteamientos iniciales y aceptaron este proceso político de reformas políticas que en ningún momento cuestionaba las instituciones franquistas, pues iban a ser los cimientos del régimen del 78 que estaba por venir. No muy lejos quedaban los posicionamientos en favor de la ruptura democrática y de no reconocer a un régimen que fuera heredero del régimen franquista. Sin ir más lejos, en 1976, todos los partidos de la izquierda parlamentaria estaban en contra del proceso que aceptaron con posterioridad.

Dentro de ese contexto es necesario recordar la profunda crisis económica que se vivía en aquellos años, fruto de la crisis del petróleo surgida en 1973. Un pais con una estructura económica y un sistema fiscal obsoleto que estaba pensado para beneficiar a las élites económicas, con una tasa de paro que rondaba el 6% y una inflación superior al 40%. Algo propio de un régimen antiguo y totalitario. A nivel sociolaboral, había una gran conflictividad laboral. Por poner un ejemplo, hacía poco más de un año de las luchas obreras que se vivieron en Vitoria-Gasteiz y que costaron la vida a cinco trabajadores a mano de las fuerzas policiales.

Toda esta situación llevó a las élites políticas a plantear unos acuerdos para “salvar al Estado de la catástrofe”. Fueron invitados todos los partidos del arco parlamentario y los recién legalizados sindicatos, en concreto, UGT y CCOO.

La realidad era que esos pactos iban a servir para encajar todas las estructuras socio-económicas del franquismo en el proceso de reforma política. En esos pactos no se puso en entredicho el origen de las riquezas de la oligarquía de la época, pues estaban pensados para eso, para que a partir de entonces nadie los pusiera en duda. Si la acumulación de capitales había sido gracias a las políticas del régimen franquista eso quedaba en el cajón del olvido. Este paso era fundamental para salvaguardar a las grandes familias y que a partir de ese momento tuviera todo un nuevo rol democrático.

Unos de los objetivos de estos acuerdos era realizar un ajuste en la clase trabajadora de la época. Para ello era necesario involucrar en la causa a los dos sindicatos que en ese momento eran los más importantes en el mundo laboral, UGT y CCOO, y que, a su vez, eran correa de transmisión de los dos partidos del centro-izquierda con mayor peso parlamentario (PSOE y PCE).

El texto aprobado tenía dos partes: una de reformas económicas y otra de reformas políticas. Por lo que respecta a las primeras, que es lo que ahora nos interesa, algunas de las cuestiones que afectaban de lleno a la ciudadanía de la época eran las siguientes: Se limitaba la subida de los salarios al 20% cuando en el momento de la firma la inflación se situaba alrededor del 30%, llegando el año siguiente al 40%. Esto no dejaba de ser una bajada del poder adquisitivo de los trabajadores, pues perdían, en el mejor de los casos un 10% de poder adquisitivo. Si algún convenio colectivo no respetaba la subida estipulada se permitía el despido del 5% de la plantilla y a esa empresa se le retiraban las ayudas crediticias y fiscales. En los puestos de trabajo de nueva creación ocupados por jóvenes se podrá despedir libremente durante los dos primeros años. Los efectos fueron tan catastróficos para la población que la tasa de paro se disparó del 5,6% de la población activa a finales de 1977 al 25% en los siguientes años, llegando a los cinco millones de parados.

Lo poco positivo que trajeron los Pactos de la Moncloa fue la reforma fiscal que se puso en marcha y que trajo consigo la desaparición de los impuestos que gravaban las diferentes rentas (trabajo, capital, etc…) para crear el Impuesto sobre la Renta y la reforma del Impuesto sobre Sociedades, aunque las presiones de ciertos sectores lograron que algunos aspectos de la reforma no salieran adelante.

El tiempo demostró que el ajuste se cebó con las clases más humildes y, por el contrario, no se cumplieron las medidas que iban a ser beneficiosas para la gran mayoría de la población.

Teniendo una somera idea de lo que fueron los Pactos de la Moncloa de 1977, hay que plantearse cuál es la intención de sus nuevos patrocinadores. Da la sensación que las dos almas del Gobierno están siendo las impulsoras de una iniciativa que está abocada al fracaso por múltiples razones.

Desde una óptica política, en este momento no hay condiciones objetivas para que haya un acuerdo de esta naturaleza con una oposición de derechas que en muchos momentos no reconoce la legitimidad del actual Gobierno, llegando a esgrimir un discurso que en algunos casos bordea la línea del golpismo. Pero desde una óptica socio-económica es materialmente imposible llegar a ningún acuerdo con los partidos que son los representantes del ultraliberalismo europeo y responsables de los recortes de todos los servicios públicos, dejando al Estado del bienestar como un solar. Son los arietes de las políticas privatizadoras, defensores a ultranza de las reformas fiscales que han traído consigo el abandono de la progresividad en las políticas fiscales, lo que ha generado que las rentas más altas aporten mucho menos y, por tanto, baje la recaudación ¿Alguien puede llegar a pensar que se puede llegar a un acuerdo con los responsables de todo este desaguisado?

En el supuesto hipotético que se llegara a crear una mesa con los partidos políticos y otras organizaciones sociales habría que analizar las diferencias estratégicas de los dos partidos del Gobierno a la hora de plantear unos pactos de esta naturaleza. No tienen los mismos intereses el PSOE y UP. En la actualidad tienen un programa de gobierno, pero esos hipotéticos pactos sobrepasarían los límites de ese pacto y en ese momento se empezarían a vislumbrar las diferencias internas de este Gobierno y eso sería contraproducente para el Gobierno porque la derecha tendría una ocasión idónea para torpedear al gobierno de coalición. Y no hay que olvidar que deberían de contar con los partidos que ayudaron a que triunfara la investidura de Sánchez, por eso de la aritmética.

Lo que más me llama la atención es la postura de Pablo Iglesias,  abogando por un pacto entre todas las fuerzas políticas y sociales siendo sabedor que en este tipo de acuerdos las oligarquías y las clases altas suelen ser los que, de una u otra forma, ganan la partida. Parece que quiere emular a Santiago Carrillo cuando se firmaron los Pactos de la Moncloa de 1977. El líder del PCE salió en la foto, pero los trabajadores fueron los que pagaron la factura de la fiesta.

Una vez que esta crisis sanitaria se haya superado, el Gobierno tiene que adoptar una serie de medidas que no puede obviar. Debe reforzar el papel del sector público en todos los ámbitos como herramienta para proteger a la mayor parte de la población, sobre todo, aquella que es más vulnerable. Para ello tiene que realizar una serie de reformas urgentes que desmonten el desastre generado por las políticas neoliberales que se han llevado durante muchos años, tanto por los gobiernos del PP como por los gobiernos del PSOE.

Para finalizar, no es muy lógica la forma en la que el Gobierno está abriendo la fuente del dinero para las empresas. No puede ser que el Estado cargue con las ayudas al sector privado a cambio de nada. Estos días se ha abierto la veda del chorro de dinero a las empresas por parte de las entidades financieras, pero con la garantía del Estado, a través del ICO, sin que a estas empresas se les exijan contrapartidas, además, lógicamente, de la devolución del dinero prestado. Está siendo un descontrol total y absoluto, porque una de las cosas que se debería de exigir a las empresas que quieren acceder a estos fondos es la prohibición de la destrucción de empleo ¿Dónde están los beneficios de las empresas en los últimos años? No es muy normal que en menos de un mes las empresas hayan pasado de tener una situación financiera en algunos casos buena y en otros razonable, a que ahora estén en la ruina más absoluta.

Soy partidario que para que las empresas puedan acceder ayudas del Estado o con la garantía de éste, se analicen sus estados financieros para comprobar si la situación de las empresas antes del Estado de alarma era buena, mala o regular. No se puede consentir que empresas bien saneadas y con una capacidad financiera para hacer frente a la crisis se puedan acoger a este tipo de ayudas o desde el primer momento empiecen a aplicar ERTES. La crisis vuelve a ser una bicoca para las empresas. Reciben ayudas públicas y con la excusa de la situación económica tienen barra libre para hacer ajustes laborales. Lo dicho, la factura de la fiesta siempre la pagan los mismos.

Una oportunidad para humanizar la sociedad

Duodécimo día de confinamiento domiciliario, excepto para los que tenemos que salir a trabajar. En algunos momentos uno puede pensar que salir a la calle para ir al trabajo es bueno desde un punto de vista psicológico, sólo hay que ver las excusas que buscan algunos para salir a la calle. Estos días cuando voy a mi trabajo lo estoy comprobando de primera mano. He visto algunas estampas surrealistas, como el que sale a tirar la basura y en vez de ir al contenedor que tiene a cien metros de su portal decide coger la dirección contraria para ir a unos contenedores que están mucho más lejos o la señora que saca a pasear al perro y un día la veo en una zona y al día siguiente me la encuentro en otro lugar muy distante de donde la vi el día anterior. El pobre perro va a acabar con agujetas.

He cambiado mi forma de desplazarme. Evito coger el transporte público y voy andando. Así hago algo de ejercicio. Tres cuartos de hora de ida y algo menos de vuelta, que es cuesta abajo. Durante el recorrido me da tiempo para observar la poca gente que transita por las calles y el aspecto casi desolado de la ciudad.

Todo esto me lleva a pensar que uno de los problemas que va a dejar esta crisis sanitaria es como quedará psicológicamente la población. En mi entorno laboral empiezo a ver a algunas personas tocadas. No tanto por el hecho de no salir a la calle, sino por lo aprensivas que se están volviendo. Están proliferando el grado de manías y obsesiones con todo lo relacionado con la limpieza para evitar el contagio. Por ello, he llegado a la conclusión de que las noticias hay que escucharlas lo justo y necesario e intentar desconectar del monotema. No nos podemos dejar llevar por las noticias que nos ofrecen los medios de comunicación, es una cuestión de salud mental.

Al desconocer el tiempo que va a durar nuestro confinamiento domiciliario, poco a poco va a ir generando una mayor angustia y una mayor desesperación. A eso hay que añadirle la incertidumbre económica de las personas con menos recursos. Los de siempre son los que tienen más probabilidades de volver a caer en el pozo de la miseria.

Las personas vamos a necesitar una gran dosis de fortaleza, pero también de cariño. El día después ya no va a ser como antes. Los ciudadanos de los países ricos hemos vivido como si fuéramos intocables y esa idea se ha derrumbado como un castillo de naipes. Pero tengo que decir que también me acontece una sensación un tanto diferente. Cuando me paro a pensar unos minutos sobre todo lo que está pasando y miro por la ventana de mi casa me digo a mí mismo:

-Pero si las casas las tenemos en pie, tenemos todos los suministros necesarios, como agua, electricidad, gas, teléfono, Internet. Las infraestructuras están en perfecto estado de funcionamiento. En los supermercados tenemos todos los productos de primera necesidad y otro muchos más. Si necesitas otro tipo de productos los puedes comprar por Internet y hasta hay multitud de personas que pueden trabajar desde casa. Entonces ¿Qué sucede? ¿Qué nos pasa? ¿Quizás sea que las personas del Primer mundo no estábamos mentalizadas para una situación de emergencia sanitaria? Pues no quiero ni pensar lo que sería de nosotros si estuviéramos involucrados en un conflicto bélico. La conclusión es sencilla: somos más vulnerables de lo que nos imaginábamos.

Espero que todo esto sirva para que haya un cambio de ciento ochenta grados en todos los estamentos de los países ricos y en la sociedad. Quiero creer que una vez que pase todo esto la sociedad será más solidaria con los países pobres, con las personas que vienen huyendo de la miseria, de la guerra. Es necesario que las políticas que se apliquen en los países ricos dejen de regirse bajo el esquema de la frialdad de los números y pongan por delante a las personas y sus derechos fundamentales y sociales. Tiene que haber un antes y un después. Ya no valen disculpas ni paños calientes. El Estado tiene la obligación de cuidar de la sociedad en general y de las personas en particular, de lo contrario, no nos queda más remedio que tirar todo el edificio que representa al Estado y sus diferentes aparatos para crear otra cosa que esté al servicio de las personas. Lo que hoy se denomina desbordar al Estado. Necesitamos tejer una comunidad en la que uno de sus pilares sea humanizar la vida de las personas.

Hablo de persona y no de individuo, porque no me muevo dentro del marco conceptual del liberalismo político y económico en el que el individuo está en el centro de todo, pero en el que se olvida a la sociedad y a la persona. Esta crisis sanitaria está enseñando muchas cosas. Una de ellas es que las políticas liberales son las máximas responsables de la situación en la que se encuentra los servicios públicos (sanidad, enseñanza, pensiones, etc…), pero nos está diciendo también que vivimos bajo el dominio de un concepto de vida en el que cada persona nos erigimos en el centro del mundo. Aparece ese egocentrismo que nos hace ignorar lo que acontece a nuestro alrededor. Desconocemos si el vecino tiene un problema y uno le puede echar una mano o simplemente escucharle. Si la señora que vive debajo nuestro necesita que le realicemos un recado porque ella no puede salir a la calle. Esto sucede, sobre todo,  en las zonas urbanas y en barrios que se han construido bajo la nueva visión urbanística que va enfocada a utilizar el transporte privado para entrar y salir del domicilio y en eliminar las relaciones comunitarias. Cada vecino es como una burbuja, pues se ignora la existencia de los vecinos del entorno. Es frecuente que te cruces con un vecino que no le conoces o que no le has visto hasta ese momento. Todo ello porque no vive en nuestro mismo portal, aunque compartamos comunidad.

Esta situación que estamos viviendo en principio nos debería de hacer más fuertes como comunidad, pero, sobre todo, nos debería de hacernos replantear nuestras relaciones y nuestros vínculos con las personas de nuestro alrededor. Si no somos capaces de entablar lazos con las personas que tenemos más a nuestro alcance no habremos aprendido ninguna lección de todo lo que está pasando en este momento. Así que tomemos nota y empecemos un nuevo camino basado en la solidaridad y la fraternidad.