Los papeles de Sísifo

El castigo que Zeus impuso a Sísifo fue tener que subir una enorme piedra a lo alto de una montaña y al llegar a la cima la piedra rodaba hacia abajo y Sísifo tenía que volver a subirla de nuevo, así una y otra vez.

El mito de Sísifo es la fiel imagen de lo que es un periódico. El castigo de un periódico es tener que empezar todos los días la ingente labor de construir una nueva edición. Un trabajo que empieza en el subsuelo y que cuando llega al cielo, vuelta a empezar, pero que puede ser mucho más duro y complicado si ese periódico es escrito en una lengua minorizada como es el euskera y tiene como finalidad la divulgación y defensa de la cultura que representa. En este caso el castigo se incrementa de forma exponencial, sobre todo cuanto desde los aparatos del poder lo estigmatizan con noticias intoxicadoras en las que se intenta criminalizar su actividad.

Con el título de “Los papeles de Sísifo”, la obra de teatro escrita por Harkaitz Cano Jauregi[1] y dirigida por Fernando Bernués nos traslada en el tiempo a los días que se vivieron con el cierre del periódico Euskaldun Egunkaria en febrero de 2003. Ambientada en esos días convulsos en los que se vivió el cierre del único periódico editado en euskera.

En ese contexto, la obra nos presenta esa lucha diaria por sacar adelante la edición de un periódico, las dificultades con las que convive y, en muchos momentos, la desazón que les produce a las personas que trabajaban en un proyecto de esta naturaleza. La obra se ocupa de tratar temas como la ética en el mundo del periodismo, la precariedad que existe en esta profesión y lo difícil que es hacer periodismo independiente.

A lo largo de la representación se irán planteando diferentes cuestiones íntimamente ligadas con el mundo del periodismo y en estrecha relación con el cierre del diario Euskaldun Egunkaria. El derecho a la información y la libertad de expresión dentro de un Estado democrático están en todo momento en primer plano, pero al hilo de esto, se va desarrollando la relación existente entre justicia, policía y periodismo. Un triángulo cuyo vértice más débil es el representado por el periodismo, lo que hace cuestionar la calidad del Estado democrático. Los diálogos entre la juez y la policía nos muestran la línea tan fina que existe entre colaboración y presión por parte de esta última. La separación de poderes se desvanece para quedar reducido a un término hueco.

El periódico Euskaldun Egunkaria fue clausurado el 20 de febrero de 2003 por el juzgado de instrucción de la Audiencia Nacional del que era titular Juan del Olmo. Pasados siete años, la sección primera de la Sala de lo Penal dictó una sentencia en la que absolvió a la totalidad de los procesados. Los términos de la resolución fueron muy contundentes con los motivos que llevaron al procesamiento de las personas que componían su dirección[2]. Pero no menos contundente fue la sentencia en lo relativo a la clausura y cierre del periódico por parte del juez[3].

En la obra aparece la práctica de la tortura, como reflejo de las que sufrieron los detenidos del periódico Euskaldun Egunkaria. Son escenas duras, que sirven para aproximarnos a lo que vivieron los detenidos durante el periodo de incomunicación[4]. La falta de investigación de las torturas que sufrió el director del periódico, Martxelo Otamendi, fue motivo de condena por parte del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo.

A día de hoy Sísifo sigue subiendo la enorme piedra a lo alto de la colina encarnado en el proyecto que surgió después del cierre de Euskaldun Egunkaria, como fue el surgimiento del nuevo periódico en euskera: Berria. Otra pelea diaria por lograr que todos los días se publique un periódico en una lengua minorizada.

A lo largo de la interpretación se intercalan imágenes vividas en los días de los cierres del cierre entre las que sobresalen la manifestación en apoyo a los detenidos y al periódico. La más multitudinaria que se haya realizado en Donostia.

En una de las escenas, una vez que se ha producido el cierre del periódico y la detención de varios de sus miembros, los actores interpretan la recepción de mensajes de apoyo al diario. Uno de ellos es que el que en su día envío Luis María Anson, el que fuese director del diario ABC y posteriormente de La Razón, que curiosamente, estaba entre el público el día que asistí a la representación. Una persona que está en la antípodas ideológicas y políticas pero que es obligado reconocerle que cuando cerraron los diarios Egin y Euskaldun Egunkaria no tuvo dudas en posicionarse en contra de ambos cierres y a favor de la libertad de expresión sin matiz de ningún tipo.

La escenografía ha corrido a cargo de Ikerne Gimémez, que a su vez interpreta en directo con guitarra eléctrica la música que acompaña a la representación, lo que le da cierta calidez y ayuda a romper la tensión en algunas escenas.

La obra ha sido representada en algunas de las capitales vascas y durante las últimas semanas se ha podido ver en Madrid, en el teatro María Guerrero, habiendo ofrecido dos funciones en euskera con subtítulos en castellano. Uno de los días que realizaron la función, posteriormente hubo un encuentro con el equipo artístico. La última función en Madrid es el domingo 2 de mayo. A partir de esa fecha inicia una gira por diferentes poblaciones de Euskal Herria, con el deseo del equipo artístico que sea representada en otros lugares del Estado.


[1] Harkaitz Cano Jauregi: Escritor vasco que desarrolla su actividad literaria principalmente en euskera. En su trayectoria literaria ha publicado obras de diversos géneros, como poesía, narrativa, ensayo y literatura infantil, habiendo obtenido, entre otros galardones, el premio Euskadi de literatura en tres ocasiones.

[2] La sentencia al analizar las imputaciones que recaían sobre los acusados y la teoría del todo es ETA se expresa en los siguientes términos: “La estrecha y errónea visión según la cual todo lo que tenga que ver con el euskera y la cultura en esa lengua tiene que estar fomentado y/o controlado por E.T.A. conduce, en el proceso penal, a una errónea valoración de datos y hechos y a la inconsistencia de la imputación […] En definitiva las acusaciones no han probado que los procesados tengan la más mínima relación con E.T.A., lo que por sí determina la absolución con todos los pronunciamientos favorables. Pero, más allá de esto, tampoco se ha acreditado ni directa ni indirectamente que el periódico Euskaldunon Egunkaria haya defendido los postulados de la banda terrorista, haya publicado un solo artículo a favor del terrorismo o de los terroristas ni que su línea editorial tuviese siquiera un sesgo político determinado, esto último, además, no sería delictivo. Por el contrario, incluso los miembros de la Guardia Civil que comparecieron como peritos reconocieron que no se había investigado si la línea del periódico era o no de apoyo a E.T.A., lo que hace incomprensible la imputación.”.

[3] La sentencia en lo relativo al cierre del periódico manifiesta que “ El cierre temporal de un medio de comunicación impreso de periodicidad diaria como medida cautelar es de difícil encaje en nuestro ordenamiento Jurídico […] En el campo de la legalidad ordinaria, cuando se trata medios de comunicación, ninguna norma habilita de manera precisa y directa al juez para suspender provisionalmente su actividad, pareciendo insuficiente la cobertura del artículo 129 CP para decretar el cierre cautelar de un periódico, salvo quizás en supuestos excepcionales en evitación de nuevos delitos graves y cuando no sea posible otra medida menos gravosa, pues no estamos ante empresas o sociedades cualquiera, sino que se trata de medios de comunicación que desarrollan una actividad imprescindible en una sociedad democrática al ser el vehículo para el ejercicio de derechos fundamentales básicos de los ciudadanos […] La suspensión provisional no tiene cobertura constitucional directa, pues en la Constitución solo se regula el secuestro como injerencia de los poderes públicos en la actividad de publicaciones y otros medios de información, medida que exige una resolución judicial motivada, protegiendo así los derechos relacionad […] De entre las diversas formas y modos de injerencia en la libertad de prensa, el cierre supone la mayor restricción, la suspensión o cancelación radical de todos los derechos relacionados con la emisión y recepción de información y opinión, de manera sistemática, afectando masivamente a derechos e intereses de múltiples personas -editores, profesionales de la información, escritores de prensa, colaboradores, suscriptores, lectores habituales y esporádicos- y de la propia sociedad. Por lo tanto, el cierre provisional o cautelar de Euskaldunon Egunkaria, único diario que existía en euskera, no tenía habilitación constitucional directa y carecía de una norma legal especial y expresa que la autorizara. Por otro lado, el art. 129 del código penal, pudiera ser una cobertura incierta e insuficiente porque un periódico diario no admite, como decimos, ser considerado como una empresa cualquiera, además de que la aplicación de esa norma en el sentido indicado puede estar resucitando la vigencia del art. 21.1 LO 9/1984 que fue expulsado del ordenamiento jurídico por el Tribunal Constitucional.

”.

[4] En lo referente a las torturas la sentencia se expresa en los siguientes términos: “En la valoración de las declaraciones de los procesados tiene especial relevancia que las denuncias de estos sobre malos tratos y torturas sufridos durante la detención incomunicada –que fueron relatadas con detalle en la vista oral y antes ante el instructor y objeto de denuncia en los tribunales- son compatibles con lo expuesto en los informes médico-forenses emitidos tras ser reconocidos en el centro de detención, si bien el Tribunal no puede llegar a conclusiones jurídico penalmente relevantes sobre el particular salvo constatar que no hubo un control judicial suficiente y eficiente de las condiciones de la incomunicación”.

VOX. El mamporrero de Diaz Ayuso

Si a alguien le podía quedar alguna duda, esta se ha despejado en los dos debates electorales que ha habido la semana pasada. Ha quedado claro que hay dos partidos de extrema de derecha que se presentan a las elecciones a la Comunidad de Madrid y uno, VOX, hace de mamporrero del otro, el PP de Ayuso. El PP y VOX están teniendo una actuación con un cierto grado de coordinación.

Para entender todo esto, es imprescindible hacer un diagnóstico claro de lo que representan PP y VOX. Ello ayudará a buscar la hoja de ruta más adecuado para luchar contra los movimientos de extrema derecha, fascistas o trumpistas. La verdad sea dicha, que en estos momentos los adjetivos no dejan de ser sinónimos, pues realmente todos estos adjetivos se están refiriendo a ideologías que tienen como misión principal apuntalar al capitalismo cuando ve que peligrar su dominación sobre la humanidad.

Es necesario precisar algunas cuestiones imprescindibles para entender todo lo que se está viviendo cara a las elecciones autonómicas de Madrid. El PP madrileño siempre ha sido el ala de extrema derecha dentro de la derecha extrema que representa el PP. La historia está ahí y no se puede ocultar. Por el PP de Madrid han pasado personajes de todo pelaje, pero todos han tenido un denominador común: han sido los exponentes más claros de lo que es la extrema derecha madrileña. Desde el siniestro Ángel Matanzos, concejal en el Ayuntamiento de Madrid,  pasando por Ruiz Gallardón. Un lobo de la extrema derecha con piel de cordero. El que era considerado progre en el PP, pero en cuanto tuvo la oportunidad enseñó la patita y terminando con Esperanza Aguirre, que llegó a ser la lideresa gracias al tamayazo y actual madrina política de Isabel Díaz Ayuso. La lista es superior, pero no es cuestión de extenderse en ella. Y VOX es el hijo que ha engendrado el PP.

Para definir a Diaz Ayuso se podría resumir diciendo que podría ser la candidata perfecta de VOX. Tendría que afinar alguna que otra frase suya a la hora de hablar al votante, pero quitando algún que otro matiz de barniz y pintura, el resto es lo mismo. Quizá por eso VOX en estos momentos siga subiendo el tono en sus manifestaciones, para que quede claro que la esencia de esa ideología les pertenece a ellos y no verse fagocitados en las urnas por Díaz Ayuso.

La estrategia de la extrema derecha para afrontar la campaña electoral de la Comunidad de Madrid no pasaba por asistir a los debates. Lo que ha ocurrido en el debate organizado por la Cadena SER no fue una forma aislada de actuar de VOX.  Se podría decir que en cierta forma ha sido una estrategia calculada al milímetro.

La extrema derecha madrileña, formada por VOX y Díaz Ayuso, no se podía permitir otro debate como el del miércoles pasado en Telemadrid. La candidata del PP tuvo que tragar con el debate que se celebró el pasado miércoles en esta cadena. Su no asistencia la hubiera dejado demasiado evidencia. La imagen de una candidata que huye de todo lo que sea confrontar ideas y propuestas con sus contrincantes políticos, con el agravante que la cadena organizadora era, nada más ni nada menos, que la televisión pública autonómica. Pero declinó asistir al resto de debates programados. Pasó el mal trago del miércoles dando una imagen de mala educación y un tanto chulesca. La señorita no da para más. La que fue responsable de la cuenta de Twitter de Pecas, el perro de Esperanza Aguirre. Bueno, como esta señora está muy preocupada por el bilingüismo en la Comunidad de Madrid voy a coger prestada la denominación que le doy Gabriel Rufián: Community manager del perro de Esperanza Aguirre. Así queda más british. Ella sabe perfectamente que en el ámbito de contratar ideas tiene más posibilidades de perder que de ganar y no está para tomar riesgos innecesarios.

A partir de este momento, en todos los debates que se iban a producir se daba un desequilibrio que a nadie se le podía escapar. Los tres candidatos de la izquierda tenían claro cuál era el objetivo: Dejar al descubierto las políticas del PP en Madrid durante los últimos veinticinco años, la colaboración necesaria que ha tenido de Ciudadanos en los últimos seis años y la dependencia de un partido que representa el fascismo del siglo XXI, VOX. En el debate de Telemadrid la confrontación entre Gabilondo, Mónica García y Pablo Iglesias fue de guante blanco. Pero la actitud de la representante de VOX ya empezaba a dejarnos pistas de lo que nos podían deparar los debates futuros. Descalificaciones, insultos, interrupciones y mala educación por doquier.

La actitud de Pablo Iglesias en los preliminares del debate que se celebró el viernes en la Cadena SER entraba dentro de la lógica. El hecho de recibir una carta amenazando a él y a toda su familia con cuatro balas de cetme no es muy agradable y su postura de negarse a debatir con alguien que se niega a condenarlo hay que entenderla. Ahora bien ¿Fue inteligente el abandonar el debate? ¿Ha sido una decisión acertada que los candidatos del PSOE y Más Madrid no solo abandonaran ese debate, sino que se nieguen a hacer más debates con VOX? El tiempo lo dirá, pero lo que ocurrió en la Cadena SER ha sido una victoria que ha obtenido VOX, que en ningún momento ha querido que haya debates donde cada partido pueda exponer sus propuestas. El partido de extrema derecha es más de sacar ruido y lanzar bulos. Teniendo presente que a esos debates no iba a asistir Diaz Ayuso, uno acaba pensando que la más favorecida de la bronca que organizó la candidata de VOX haya sido Díaz Ayuso, pues en cada debate que se celebrase ella iba a ser la gran ausente y la representante de VOX se llevaría honor de defender el discurso de la extrema derecha en solitario.

Después de todo lo que ha sucedido, que nadie se llame a engaños, el votante de la extrema derecha madrileña está muy ufano. El perfil que ansían es el que ha tenido la representante de VOX en todos los debates y el que tuvo Díaz Ayuso el miércoles en Telemadrid. Insultos a otros candidatos, faltando al respeto, interrupciones, etc… Esto no deja de ser una copia de los líderes en los que se inspiran. Sin ir más lejos, en la campaña a las elecciones presidenciales norteamericanas Trump actuó de forma similar en los debates a los que asistió. Que nadie piense que los dos partidos de la extrema derecha madrileña vayan a perder un voto con las formas que han utilizado en los medios de comunicación. Muy al contrario. Su electorado es la esencia de la radicalidad que se alimenta de todo tipo de fake news a través de las redes sociales.

La izquierda española hasta ahora no se ha percatado que la actitud que la extrema derecha está teniendo con ella es la que tuvo hace unos años con los políticos independentistas catalanes ¿Ya nadie se acuerda de esas despedidas a la Policía y Guardia Civil que trasladaban a Catalunya y en la que se coreaba el grito de “a por ellos”? o¿La impunidad que tienen los ultras que asaltaron la librería Blanquerna de Madrid? Impunidad hasta el extremo que a día de hoy el Tribunal Constitucional ha suspendido el ingreso en prisión de los condenados. La extrema derecha lo único que ha hecho es cambiar el blanco de sus ataques y ahora la izquierda es la que está en su punto de mira.

Todo lo ocurrido ha dado un vuelco a la campaña y la izquierda ha pasado a enfocar la campaña entre democracia o fascismo. Algo que es real. Pero no hay que olvidar que la bandera del fascismo no solo la porta VOX. El PP de Ayuso se afana por alzar esa enseña con el mismo ahínco. Pero otra cosa muy diferente es si esa dicotomía ayuda a ganar las elecciones, porque todo lo que no sea obtener la derrota de la extrema derecha no deja de ser secundario. Y entrar en ese debate de democracia versus fascismo quizá sea restar fuerzas al debate en el que prima desmontar las políticas del PP en temas tan importantes como sanidad, educación, cuestiones sociales, corrupción, etc…

El discurso en un barrio de gente trabajadora, en el que sus habitantes, en el mejor de los casos, salen de su casa cuando las calles no están puestas para regresar justo para cenar y al día siguiente vuelta a empezar, todo ello para llevar un sueldo con el que es imposible llegar a fin de mes tiene que centrarse en sus problemas. Además de la denuncia del fascismo hay que explicarle que la Comunidad de Madrid es la que menos gasta por habitante en sanidad y educación y es la que lidera el gasto de sus habitantes en seguros sanitarios privados. Es decir, ciudadanos que pagan por tener una sanidad privada. Hay que recordarles que los recortes en educación han servido para llenar de dinero a la educación concertada y privada y esas son las políticas de la extrema derecha en Madrid y en otras partes del mundo. Y así en innumerables temas que los sufren diariamente. En resumen, no existe la democracia sin derechos fundamentales de carácter social.

Tengo la sensación que en el debate de polarizar entre democracia y fascismo, la extrema derecha de Madrid tiene todas las cartas para ganar. Olvidamos con facilidad que el dictador tuvo una muerte placida en una cama de un hospital, que los que controlaron el poder durante la dictadura han continuado los siquientes cuarenta años en puestos relevantes en los ámbitos políticos, económicos, judiciales, en los aparato policiales y militares siendo los que han controlado el relato. Y a todo eso hay que añadir la no desdeñable cantidad de medios de comunicación que controlan. Debería de hacernos pensar que el partido heredero del franquismo, el PP, en Madrid durante varias décadas ha obtenido mayoría absoluta sin despeinarse. En el Estado español todavía no se ha pasado la página del franquismo y la masa del partido que en la actualidad lo vitorea, VOX, hace menos de una década estaba toda en el PP.

En la izquierda hay una frase que se suele utilizar con frecuencia que dice que “con el fascismo no se discute, se le combate”. La literalidad de la frase no deja lugar a dudas, pero a día de hoy, el significado que en este caso se da al verbo combatir hay que ponerlo en contexto. La acepción actual va dirigida a combatir sus ideas y para ello cualquier foro de debate, tribunas o plató de medios de comunicación son las armas que hay que utilizar contra el fascismo. La extrema derecha no tiene cabida en nuestra sociedad, pero es necesario que en todo tipo de debates no se sienta cómoda y ello es imposible si no tienen enfrente a los partidos que les pueden hacer frente ante ese discurso. Y es evidente que no se puede caer en las provocaciones que andan buscando, utilizando como siempre los mismos recursos dialécticos. No sería de extrañar que esta semana utilizaran el comodín de ETA, porque el de Venezuela ya lo han utilizado Díaz Ayuso.

La misión de lograr un cambio en Madrid es lo suficientemente compleja y difícil como para renunciar de la noche a la mañana a asistir a ningún debate y entiendo las razones que han dado los tres partidos que se han negado.

En todo esto que se ha vivido no se puede olvidar el papel que han jugado los medios de comunicación, porque no hay que olvidar que la inmensa mayoría pertenecen a grupos económicos, lo que conlleva que anteponen sus intereses crematísticos al derecho a la información. Esa inmensa mayoría de medios de comunicación han normalizado el discurso de la extrema derecha española y un número no despreciable de ellos se han convertido en el altavoz de sus soflamas. Estos medios de comunicación han tildado de gobierno ilegítimo al gobierno de coalición PSOE-UP, utilizando términos como golpistas. Han reído las gracias a los grupos de Whatsapp, en los que se han vertido amenazas y frases de odio. Todo ello tiene como finalidad el normalizar en la sociedad este discurso y este lenguaje golpista.

Cuando Xabier Arzallus denominó a un sector de la prensa madrileña como la Brunete mediática no fue un recurso verbal. Los definió de esa forma porque representaban los ideales del 18 de julio de 1936. Y el tiempo le ha venido a dar la razón.

La batalla de Madrid II. La lucha por la hegemonía de la izquierda madrileña

Corren malos tiempos para la izquierda madrileña. Son muchos los años en los que la derecha lleva gobernando la Comunidad de Madrid (CAM) de la mano de las políticas más afines a la extrema derecha y con el paso de los años, Madrid ha pasado a ser el laboratorio que el ala más de extrema derecha del Partido Popular (PP) utiliza de forma reiterada para poner en marcha las políticas que salen de la factoría FAES y/o que importan de los think tank republicanos y trumpistas de los EEUU.

Desde que en las elecciones de 1995 el PP, con la candidatura de Ruiz-Gallardón obtuviese la mayoría absoluta, la izquierda madrileña lleva más de un cuarto de siglo sin lograr dar con la tecla para desbancar a la derecha, con el paréntesis efímero de las elecciones de mayo de 2003, en las que no fructificó un gobierno de mayoría PSOE-IU, debido a que dos tránsfugas del PSOE posibilitaron el tamayazo. A partir de entonces, las victorias del PP se han ido sucediendo hasta nuestros días, aunque en las de 2015 y 2019 hayan necesitado el apoyo de otros grupos de la derecha para poder mantenerse en el gobierno. 

A priori, el anticipo de las elecciones autonómicas de Madrid es el peor escenario que se le puede plantear al centro-izquierda madrileño en estos momentos. Ello ha provocado algunos movimientos que se han dado desde el anuncio de la convocatoria de elecciones, aunque no parece que sean lo suficientemente importantes para que pueda producirse un cambio en la correlación de fuerzas dentro de los partidos del centro-izquierda. Eso sí, este proceso electoral va a servir para animar la pugna entre las diferentes opciones de este espectro político que concurren a estos comicios.

El PSOE madrileño, a lo largo de los años, ha sido incapaz de articular un proyecto para disputarle unas elecciones a la derecha. Desde la época de Joaquín Leguina, último presidente del PSOE en la CAM, la Federación Socialista Madrileña ha sido siempre un polvorín, con luchas intestinas que le han ido desangrando como alternativa y eso lo está pagando con creces. Si a eso se le añade que las políticas que desarrolla el PSOE allá donde gobierna no difieren en las grandes cuestiones de las que realiza la derecha, es muy complicado remarcar su espacio electoral. Y en esta campaña se está volviendo a reproducir esta situación pues el candidato del PSOE está pisando esa línea que separa las políticas progresistas de las neoliberales.

La decisión del PSOE de mantener como candidato a Ángel Gabilondo ha sido un tanto llamativa, pues parecía que su candidatura estaba en el aire, sobre todo, después de todas las críticas que ha recibido por la nula oposición que ha realizado al gobierno de Díaz Ayuso, desde el estallido la pandemia. En ningún momento ha tenido una estrategia como líder del partido más votado en Madrid ante la nefasta gestión que ha realizado el Gobierno la CAM. Ha sido incapaz de tener una actitud proactiva en temas tan importantes y graves como la gestión del Gobierno autonómico en las residencias de ancianos, así como en la destrucción de la sanidad pública. En Madrid se dice que dos no discuten si uno es Ángel Gabilondo, y en los días posteriores a la convocatoria electoral la sensación era que el PSOE tenía interiorizado un resultado adverso y por ende una mayoría absoluta incontestable de la extrema derecha.

A lo anteriormente expuesto hay que añadir la política acomplejada que ha mantenido el Gobierno Central en su relación con la CAM. Ha sido una auténtica guerra de posiciones en la que Díaz Ayuso ha sabido tomarle la medida a Pedro Sánchez. Ha habido diversas situaciones en las que se ha constatado quién tenía claro su objetivo y quién iba sin rumbo fijo y el ejemplo palmario fue la visita que Pedro Sánchez realizó a la sede de la CAM y la posterior comparecencia conjunta. Ayuso le preparó su emboscada particular con las declaraciones que realizó.

Pasado unos días, el PSOE se ha empezado a desperezar y para ello ha retomado una táctica muy similar a la que utilizó Pedro Sánchez en la campaña de las elecciones de noviembre de 2019. Si en esa campaña proyectó una imagen en la que se alejaba de Unidas Podemos (UP) y criminalizó al independentismo catalán para luego acordar un gobierno de coalición con los primeros y pactar con ERC una abstención, ahora parece que la campaña de Gabilondo quiere seguir un camino muy similar, vetando a Podemos en un hipotético acuerdo de gobierno e inclinándose por llegar a pactar con Más Madrid y Ciudadanos (Cs). Pero esta estrategia no sólo la están siguiendo en lo que a alianzas electorales se refiere. El candidato Gabilondo ya ha iniciado un discurso neoliberal, al más puro estilo Cs, con su propuesta de no subir impuestos. Da la sensación que es un intento a la desesperada por pescar en el caladero de Cs y evitar que la mayor parte del electorado de los naranjas acabe votando a alguno de los dos partidos de extrema derecha que se presentan a las elecciones (PP-VOX). El PSOE más que un partido es una máquina electoral que puede hacer fluctuar su discurso en función de la dirección del viento, pero eso en política se suele pagar caro porque su electorado natural se acaba desmovilizando.

Sin duda alguna, la decisión de Pablo Iglesias de presentarse como cabeza de Unidas Podemos, abandonando el Gobierno y el escaño de diputado y su posterior oferta a Más Madrid para concurrir conjuntamente a estos comicios ha sido el revulsivo que necesitaba la izquierda para animar esta campaña electoral. Estos dos movimientos simultáneos han generado el mayor efecto mediático a lo largo de estas últimas semanas.

El salto que ha dado Pablo Iglesias abandonando su puesto de Vicepresidente segundo del Gobierno no deja de ser una decisión que va a condicionar el futuro de Podemos y su relación con su socio de coalición, IU. Que Pablo Iglesias haya llegado a la conclusión que tiene que ser él la persona que encabece la lista de UP para presidir la Comunidad de Madrid no deja margen de dudas a la hora de hacer una lectura. Muy mal tenía que ver la cosa. En UP había auténtico pánico de no poder llegar al cinco por ciento y pasar a ser una fuerza extraparlamentaria, como le ha ocurrido en Galicia. Esta vez UP no se lo podía permitir. Hubiera sido un golpe durísimo y se hubiera reflejado en la relación con su socio (PSOE) en el Gobierno Central. Es llamativo que no hayan sido capaces de encontrar otro candidato de cierta talla dentro de las filas de la coalición, porque la estrategia de buscar un candidato de cierto prestigio fuera del partido ya la han utilizado con demasiada profusión y ese comodín parece estar un tanto quemado.

Para Podemos es una muy buena noticia que Pablo Iglesias lidere su candidatura porque va a conseguir movilizar a sus bases y poder superar el cinco por ciento. Y es una muy buena noticia para la izquierda en general porque el elector de izquierdas va a tener dos candidaturas con dos sensibilidades diferentes para que el votante de izquierda se pueda sentir identificado en alguna de ellas. Ahora no tiene excusas para quedarse en casa. En estas elecciones si todas las candidaturas de la izquierda superan el cinco por ciento, cosa que en estos momentos se da por descontado, no se van a ver penalizadas. Es más, al superar todas ellas el listón del cinco por ciento van a obtener los mismo o más escaños que yendo juntos.

Hubiera sido un error que las dos listas de izquierdas se hubieran presentado en una única candidatura porque dentro del electorado de ambas formaciones hay vetos cruzados. Hay personas de Podemos que nunca votarían una lista del entorno de Íñigo Errejón y hay votantes de Más Madrid que se resistirían a votar a Pablo Iglesias.

La propuesta que realizó Pablo Iglesias para ir junto con Más Madrid en una lista conjunta ha sido un golpe de efecto que nacía frustrado desde el primer momento. Estaba destinada a que no saliese adelante porque más que una oferta, era una OPA pseudo amistosa para fagocitar a Más Madrid. A lo largo de la vida de Podemos, el sector liderado por Pablo Iglesias ha ido dejando cadáveres políticos a su paso. En todos los territorios no han faltado operaciones para controlar los órganos del partido desde Madrid y arrinconar al resto de las sensibilidades hasta que han ido abandonando la formación. El aparato del partido ha sido una máquina interna de triturar a las facciones no oficialistas. Primero se dio el divorcio con el sector liderado por Íñigo Errejón y posteriormente con la corriente Anticapitalistas. En este último caso dándose una situación bastante lamentable en el Parlamento andaluz.

La oferta de Pablo Iglesias en la que ofrecía unas primarias para liderar la lista no dejaba de ser una oferta-trampa porque la militancia de Podemos e IU es muy superior a la que tiene Más Madrid. Los dos primeros partidos tienen un bagaje político mucho mayor que el partido liderado por Íñigo Errejón, que no deja de tener una trayectoria muy corta, pues no llega ni a dos años de vida. En unas hipotéticas primaras para elegir una lista conjunta, con toda probabilidad los primeros puestos hubieran sido copados por gente de Podemos e IU, quedando bastante marginadas personas de más Madrid que han llevado el peso de la oposición en la Asamblea de Madrid. UP ha obviado que la representación obtenida por Más Madrid en las elecciones de 2019 para la Asamblea de Madrid fue muy superior a la que obtuvo UP y estos últimos consiguieron representación por un margen inferior a un punto.

Pablo Iglesias ha sido tremendamente inteligente realizando esta oferta a más Madrid. Era vital para poder difuminar el mediocre bagaje de algo más de un año en el Gobierno Central. Sin perder de vista lo que ha supuesto la pandemia mundial, los logros de UP en el gobierno son bastante paupérrimos. Muchos de los objetivos que firmaron los partidos que forman la coalición PSOE-UP los podían haber logrado a lo largo del primer año de legislatura porque los números daban para ello. Por el contrario, han estado sumidos en trifulcas y declaraciones cruzadas. Temas tan importantes como la derogación de la reforma laboral, que a día de hoy sigue sin haberse aprobado, la incapacidad para abaratar los costes energéticos y la bronca que tienen organizada con la Ley de vivienda son cuestiones que no deberían de generar fricciones porque estaban recogidas en el documento que firmaron para sellar el Gobierno de coalición.

Este bagaje en la gobernanza está demostrando el ninguneo al que UP está siendo sometido por parte del PSOE. De los ministerios que controla UP, el único que está teniendo una producción legislativa es el Mº de Trabajo, porque el resto están atados de pies y manos. La Vicepresidenta Primera se encarga de cortocircuitar los proyectos en los que trabajan y si no que se lo pregunten a la Ministra de Igualdad. Luego la salida recurrente es cargar en las presiones que realiza la oligarquía para justificar la falta de cumplimiento de las propuestas con las que llegaron al Gobierno. Me pregunto si una de esas presiones de la oligarquía es que el Gobierno Central hasta ahora no haya sido capaz de declarar el próximo cuatro de mayo día festivo en la Comunidad de Madrid, para neutralizar la decisión de Díaz Ayuso de realizar unas elecciones en día laborable y que no se favorezca de esa treta burda, pues en un día laborable es más factible que suba la abstención en los barrios trabajadores, beneficiando de forma notable a la derecha.

Esa es la gran diferencia entre la derecha y la izquierda cuando gobiernan. La derecha sabe cuidar a su electorado. Lo mima desde el primer día. No se anda con miramientos. Al Gobierno de Rajoy le bastó menos de dos meses para aprobar una reforma laboral. Los deseos de la patronal se vieron cumplidos y no hubo dialogo social que valga. Pusieron en marcha su rodillo parlamentario para aprobar la reforma laboral. Nada más llegar Almeida al Ayuntamiento de Madrid ha actuado de forma similar. En pocos meses tiraron abajo todo el trabajo que el equipo de Carmena realizó durante cuatro años.

El actual Gobierno rebasó la raya del surrealismo en el mes de mayo del año pasado, cuando firmaron un pacto con EH Bildu para sacar adelante una de las prórrogas del estado de alarma. En ese acuerdo una de las cuestiones a las que se comprometían los dos partidos del Gobierno de coalición (PSOE-UP) era derogar la reforma laboral, algo que ambos partidos tenían firmado en su acuerdo gobierno. Pero a las pocas horas, la cosa se tuerce y hace acto de aparición la ministra Calviño alzando la voz en contra de ese acuerdo y automáticamente el PSOE se desdice de lo firmado. Esto no es precisamente cuidar al votante que te ha facilitado llegar al Gobierno. Luego hay sectores de la izquierda que se sorprenden cuando estudios que realizan politólogos y sociólogos dicen que en los barrios y poblaciones más humildes de Madrid la participación suele ser alrededor de diez puntos menor que en los barrios más acomodados. Habría que preguntarse porqué se quedan en casa ¿Quizás porque dudan de la utilidad de votar a una izquierda que no suele ser capaz de resolver sus problemas? Esta situación es susceptible de ser más grave si en vez de quedarse en la abstención deciden votar a la extrema derecha al calor de un discurso nacional-populista.

En estas elecciones Más Madrid ha optado por tirar de cantera. No ha hecho ningún fichaje de cierto relumbrón para sus listas y desde un primer momento ha tenido claro que su cabeza de lista tenía que ser Mónica García. Una persona que hace dos años para el común de los mortales, esos que siguen la política desde una cierta distancia, era una auténtica desconocida, pero que en dos años, gracias a la labor de oposición que ha realizado al Gobierno del PP-Cs, es una de las políticas más conocidas de la CAM. La candidata de Más Madrid ha sabido desplazar a Ángel Gabilondo, que lleva missing casi dos, pero, sobre todo, contrarrestando con propuestas la campaña guerracivilista que está realizando la extrema derecha.

Díaz Ayuso quiere evitar, que la campaña se centre en confrontar programas y propuestas. La izquierda tiene dos opciones: entrar al trapo y hacer una campaña identitaria de banderas o, por el contrario, intentar hacer llegar a la población que hay otra forma de hacer política para la gran mayoría de la ciudadanía madrileña. El partido que logre este objetivo tendrá un porcentaje importante de probabilidades de ir calando entre el electorado de la CAM.

Ante la dificultad añadida de que la derecha en la CAM ha ido moldeando una sociedad que le sea lo más receptiva posible a su discurso, la izquierda tiene que construir un proyecto para Madrid con luces largas y eso no se hace de la noche a la mañana, pero cuanto antes ponga la primera piedra más pronto empezará a correr el tiempo para que la derecha pierda el poder en Madrid.

La batalla de Madrid I. La lucha del PP y VOX por los despojos de Ciudadanos

El atentado en Sarajevo contra el archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero de la corona del Imperio austrohúngaro, el 28 de junio de 1914 fue la chispa que desato la Primera Guerra Mundial, pero nadie cuestiona que los motivos reales fueron la lucha imperialista entre las grandes potencias europeas y la pelea entre las burguesías de los países industriales por el control económico y el comercio internacional.

Algo similar ha ocurrido en la convocatoria de elecciones autonómicas en Madrid. Ha sido producto de la concatenación de una serie de situaciones que se han vivido en la política a nivel de todo el Estado en general y en Madrid en particular, y lo ocurrido en Murcia no ha dejado de ser la chispa que ha desembocado en el adelanto electoral.

Durante muchos años la política madrileña fue bastante anodina, en la que no ocurría nada destacable pues ya se encargó el tamayazo de dejar las cosas en su sitio y que quedase claro que los que mandan en la sombra en la Comunidad de Madrid (CAM) son ciertos poderes económicos, sobre todo los relacionados con el ladrillo. Pero esta tranquilidad en la que vivía el PP cambió en los últimos seis años. La descomposición política en la que ha estado sumido, con todos los casos de corrupción alrededor de los diferentes presidentes y consejeros de la CAM ha dado vida a la política madrileña.

Lo de Murcia no ha dejado de ser la excusa perfecta que Díaz Ayuso necesitaba para la convocatoria electoral, con la particularidad que ha conseguido que todo este proceso afecte de forma directa a la estructura del Gobierno Central con la decisión adoptada por Pablo Iglesias de abandonarlo para presentarse como candidato por Unidas Podemos para presidir la Comunidad de Madrid.

Los resultados que la derecha había cosechado hace escasas semanas en las elecciones catalanas habían sido un auténtico fiasco. Si Ciudadanos (Cs) perdía 30 escaños, la mayor parte de estos fueron a parar al PSOE y en menor medida a VOX. Por su parte, el PP no sólo no mejoró sus resultados, sino que perdió uno de los cuatro escaños que tenía hasta el momento. Fue incapaz de pescar nada en la desbandada de votantes que sufrió Cs y Casado empezaba a ser cuestionado dentro de su partido y a eso se le sumaba el juicio por la caja B del PP. La cosa no pintaba bien hasta el punto que decidieron hacer mudanza de sede, como si eso fuese el bálsamo de fierabrás.

Tanto en el bloque de la derecha como en el de la izquierda las aguas bajan revueltas y un tanto turbias. Dentro de ambos bloques hay grandes tensiones entre las formaciones políticas que los forman, lo que no deja de ser uno de los innumerables factores que han podido influir en la jugada de anticipo de elecciones. En este artículo me centraré en tomar el pulso a la derecha ante estas elecciones autonómicas.

La imagen del Gobierno de coalición PP-Cs con el apoyo de la extrema derecha, representada por VOX ha sido lamentable, echándose los trastos a la cabeza día y noche los socios de gobierno. En los casi dos años de convivencia han sido incapaces de aprobar un presupuesto para la CAM. Ayuso no logró aprobar unos presupuestos en 2020 y en lo que va de año todavía no tenía los apoyos suficientes dentro de la derecha para sacar adelante los de 2021. No han tenido voluntad política de sacar adelante unas cuentas que sirvan para poder hacer frente a las necesidades de esta Comunidad. Y no lo ha conseguido el Gobierno del PP-Cs porque quien les ha marcado el paso en todo momento ha sido la extrema derecha de VOX, poniendo innumerables exigencias encima de la mesa de negociación. El PP de Madrid, de la mano de Ayuso, no ha tenido muchos problemas en asumir las propuestas de VOX, cosa que al otro socio de la coalición, Cs, le ha costado en todo momento digerir que la extrema derecha fuese la fuerza política que les marcara el paso en la Asamblea de Madrid, pues tenía la llave para sacar adelante cualquier disposición legislativa. Todo esto, lo único que ha logrado es tensar la relación entre los dos socios de Gobierno. En la gestión de la pandemia las trifulcas entre Ayuso y Aguado, líder de Cs en Madrid han sido constantes y en algún momento se tenía que romper la cuerda de tanto tensarla.

Ante este cúmulo de tensiones y broncas internas, a Ayuso no le quedaba otra que esperar el momento más propicio para aprobar un adelanto electoral con la intención de fagocitar a su socio de gobierno. Lo de Murcia ha sido algo similar al atentado que sufrió el archiduque Francisco Fernando de Austria para que se desatase en menos de tres meses la Gran Guerra. Y en lo que a Madrid concierne, Murcia la excusa perfecta.

Al adelanto electoral de las autonómicas de Madrid no le está faltando de nada. Cada día salta alguna bomba. La decisión de Pablo Iglesias de dejar el Gobierno y el escaño en el Congreso de los diputados para presentarse como cabeza de lista por Unidas Podemos ha sido la última sorpresa que nos ha deparado todo este proceso y parece que a partir de ahora el foco mediático va a estar centrado en lo que ocurra dentro de Cs. De entra a Aguado de forma educada le han enseñado la puerta para que deje de liderar la candidatura de los naranjas. En el anterior artículo que publiqué le auguraba un futuro bastante negro y parece que empieza a haber codazos y tropezones para ver quien llega antes a la salida de emergencia[1].

La operación de Ayuso ha estado estudiada al milímetro. No han dejado al azar ningún detalle. La forma de la disolución de la Asamblea de Madrid y convocatoria de elecciones, realizada una vez finalizado el Consejo de Gobierno del nueve de marzo y la automática destitución de todos los consejeros y altos cargos de Cs, no deja sino entrever que eso no se planifica de la noche a la mañana. Ha sido producto de un trabajo minuciosamente preparado. Pero la fecha que escoge para la realización de las elecciones de los comicios no puede pasar desapercibida. Que se celebren en día laborable es otro elemento que no puede ocultar el deseo de buscar una menor participación en los feudos de la izquierda, barrios obreros donde la ciudadanía tiene más complicado el ir a votar a lo largo de la semana laboral, con largos desplazamientos a los centros de trabajo y horarios laborales interminables, como para que luego tengan que ir a un colegio electoral para ejercer el derecho al voto, sabiendo que al día siguiente le espera otro día aterrador. Ayuso, mejor dicho, sus asesores son conscientes que el electorado de derechas siempre va a votar, al margen de cualquier factor que pueda condicionar el ejercer el voto. Por el contrario, la izquierda se lo piensa mucho más. Cualquier mínimo detalle puede lograr que un potencial votante de izquierdas se quede en casa.

Es curioso ver ahora la amnesia que está sufriendo Díaz Ayuso. Durante todos estos meses de la pandemia ha intentado evitar confinar a la ciudadanía, enarbolando la bandera de la economía. Para ella no se podía parar la economía y ahora se ha descolgado organizado unas elecciones que lo primero que van a conseguir es paralizar, aún más, la niña bonita de sus ojos. Todo ello sin olvidar lo más importante: el peligro sanitario que acarrea una cita electoral, al exponer a la población al contagio en los colegios electorales.

Curiosamente, de la noche a la mañana Díaz Ayuso ha olvidado que un proceso electoral conlleva un gobierno interino durante unos meses y, por tanto, una paralización de su tan amada economía, con el agravante que en estos momentos los diferentes sectores productivos necesitan más que nunca el apoyo de las instituciones. Como consecuencia de todo esto, las ayudas que vienen de Europa a través del Gobierno Central llegarán más tarde en el caso de la Comunidad de Madrid y se demorará su reparto entre los diferentes sectores económicos. Habrá empresas que no llegarán a ver esas ayudas porque para entonces ya habrán echado el cierre.

Como su objetivo es ganar las elecciones cueste lo que cueste, tampoco ha reparado en las horas de trabajo que se van a perder por organizar unas elecciones en día laborable ni en que ese día tendrán que cerrarse las aulas para impartir clase. Ese día habrá padres que estarán más preocupados de ver cómo se organizan para cuidar a sus hijos porque no tienen un centro educativo donde puedan llevarlo mientras ellos trabajan y, por el contrario, otros padres no tendrán ese problema porque para eso está la empleada de hogar y así podrán ir a votar tan ricamente. Eso es la CAM. Un territorio donde la brecha socioeconómica cada vez es mayor entre su población. Aunque más curioso es ver que ningún empresario haya salido criticando la fecha elegida. Debe de ser que al empresariado madrileño no le debe de importar cargar con ese coste si ello sirve para que la derecha extrema y la extrema derecha ganan las elecciones ¿Será porque luego obligarán a sus trabajadores a recuperar las horas que hayan utilizado para poder ir a votar?, ¿Será porque les pondrán todas las trabas posibles para que puedan votar? O ¿Será porque con un gobierno de Díaz Ayuso van a tener todo tipo de ventajeas, incluidas las fiscales, en detrimento de los sectores más humildes de la sociedad?

En el bloque de la derecha las cosas se van clarificando cada día que pasa. El PP y VOX están eufóricos porque se ven con mayoría absoluta y la tarea más inmediata que tienen es repartirse los despojos de Cs. Los buitres rondan el cadáver y la duda que puede asaltar es quien se llevará el trozo de carroña mayor de la víctima.

Cs pudo haber evitado todo lo que está viviendo si hubiera actuado con mayor instinto político. En los últimos meses ha sido incapaz de percibir las intenciones de Díaz Ayuso y se embarcó en una moción de censura en Murcia sin haber tenido mayor amplitud de miras y no haber evaluado sus posibles repercusiones. Si daba ese paso, al menos, tenía que haber ido en paralelo la moción de censura en la Comunidad de Madrid, propuesta que la oposición se la había realizado en diversas ocasiones. Pero Aguado ha estado en la inopia y los errores se pagan y de qué manera.  En estos momentos Cs en Madrid está fracturado y veremos si en los próximos días no sufre una auténtica estampida de exparlamentarios y militantes vips. Este partido pasará la historia por haber sido el partido que peor ha sabido gestionar los acuerdos postelectorales.

El elector de Cs está realizando el camino de vuelta. Proveniente en su mayor parte del PP y en menor medida del PSOE, ahora vuelve a sus antiguos hogares. En Catalunya el votante de Cs provenía en gran parte del PSC-PSOE y en estas últimas elecciones han vuelto a votar a su antiguo partido y los que venían del PP en vez de votar a este partido votaron a VOX porque es el que en Catalunya representa mejor la imagen del españolismo beligerante. En el caso de Madrid, la mayor parte del electorado de Cs provenía del PP, por lo que en principio debería volver a su antigua casa, pero la aparición de VOX, que es quien está ganando la batalla ideológica en el conjunto de la derecha española[2] deja en el aire cuál va ser el porcentaje que cada partido va a arañar a Cs.

En toda esta batalla dentro de la derecha hay que tener presente que la cabeza de cartel del PP para estas elecciones es Díaz Ayuso, representante genuino del aguirrismo, del que también procede Abascal. Detalle que no se debe de pasar por alto. Desde el minuto uno su campaña está siendo al más puro estilo Trump con el apoyo incondicional de la Brunete mediática.

Un constante de su discurso es el lanzar slogans para agitar al electorado más de derechas e intentar captar votos de la extrema derecha. Sin lugar a dudas, podía ser la candidata perfecta de VOX. Además de que ella tenga una ideología muy similar al partido de Abascal, todo ello tiene como finalidad erigirse en el voto útil para luchar contra la izquierda y atraer electores de VOX. Esto con otro candidato del PP sería más complicado.

Por otra parte, ese discurso de mentar el socialismo o el comunismo asemejándolo a los mayores males terrenales y encarnarse como la defensora de la libertad no deja de ser la estrategia de la derecha rancia española que le da sus frutos en ciertos sectores de la sociedad que no tienen por qué ser de una clase social alta. En la Comunidad de Madrid hay ciudadanos que no tienen una situación económica boyante y ese discurso les seduce.

Esta estrategia no tiene otra finalidad que tapar la gestión de Díaz Ayuso durante los casi dos años que ha sido presidenta de la CAM. A lo largo de este tiempo se ha erigido en la nueva Juana de Arco y ha querido convertirse en la oposición al Gobierno Central, una vez que en su partido asimilaron que el Gobierno de coalición no era flor de un día y que esa batalla la tenían perdida en el Congreso. Ha abanderado, junto con VOX, todas las algaradas de los barrios pudientes durante el primer confinamiento. Esas concentraciones lamentables en las que sin ningún tipo de seguridad pedían la derogación del estado de alarma. Ha intentado boicotear cualquier ley que se aprobase en el Congreso, como es el caso de la Ley Celaá y lo más grave, se mire por donde se mire, tiene el dudoso honor de presidir la Comunidad Autónoma que peores números tiene en la gestión de la pandemia. Cada vez que se ha visto contra las cuerdas informaba de algún paquete de medidas que iba a adoptar que no dejaban de ser más que una válvula de escape porque ninguna de ellas las ha puesto en marcha. Ha priorizado a la educación concertada en detrimento de la pública y la última decisión que ha adoptado es la de recortar 135 millones de euros al sistema de ayuda a la dependencia. Y sin olvidar el pelotazo que las constructoras han dado a costa del erario público en la construcción de hospital Isabel Zendal, pero maltratando a los profesionales de la Sanidad Pública.

Así y todo, Ayuso tiene todas las papeletas para presidir de nuevo la CAM. No cabe duda que Madrid se ha convertido en un laboratorio donde se han ensayado las políticas más ultraliberales. La derecha más liberal en lo económico y reaccionaria en lo político ha logrado imbuir su discurso a una gran parte de la población. Quizás sea por aquí por donde tiene que empezar la izquierda a repensar su estrategia para poder ganar la batalla de Madrid. Se deben de replantear si la fórmula para ganar la batalla de Madrid pasa por un enfrentamiento ideológico, terreno en el que la derecha se siente muy cómoda o, por el contrario, la estrategia debe de ir encaminada a desnudar la gestión que ha destruido todo lo que suena a servicio público y ofrecer una alternativa en la que quepa la mayor parte de la ciudadanía.


[1] “Ciudadanos. Crónica de una muerte anunciada”, publicado en este blog el 19 de febrero de 2021.

[2] En el anterior artículo que publiqué con fecha de febrero realicé una exposición más extensa acerca del electorado de Ciudadanos y en los parámetros socioeconómicos y políticos en los que se ubican.

Ciudadanos. Crónica de una muerte anunciada

No por ser esperada, la debacle de Ciudadanos (Cs) ha pasado inadvertida ni  ha dejado indiferente a nadie y me atrevería a decir que había mucha gente, tanto en la izquierda como en la derecha, que estaba esperando el momento de ver pasar el cadáver político de Ciudadanos. Pero en el caso de Cs, al ser el desastre por etapas, está dando más juego, porque no olvidemos que el calvario que le queda por pasar todavía tiene recorrido. Vendrán las elecciones andaluzas y, posteriormente, las elecciones municipales y autonómicas. Y todo ese poder que han acumulado en los gobiernos de coalición con el PP, con la colaboración necesaria e imprescindible de VOX, porque de lo contrario los números no daban, se vendrá abajo como un castillo de naipes. En ese momento habrá llegado el fin de fiesta a esa carrera desenfrenada por tocar poder, de recepciones y besamos en salones nobles, ágapes servidos por camareros engalanados para las grandes ocasiones e invitaciones para codearse con la flor y nata de la oligarquía económica y política en eventos como los que organiza el Club Bilderberg. Algunos, antes que el agua les llegue a la cintura, ya habrán saltado del barco para buscar acomodo en alguno de los socios que han tenido en su corta carrera política. Un viaje de ida y vuelta, porque no olvidemos que cuando subían como la espuma eran los reyes de los fichajes de políticos de otros partidos. En aquel entonces la cotización de Cs estaba por las nubes y había tortas por colocarse en algún puesto de relumbrón. En cambio, según y como se sucedan los acontecimientos, la zona más transitada de la flamante sede que Cs tiene en Madrid será la escalera de incendios. Será la forma más rápida de abandonar el Coloso en llamas.

Para ubicar a Cs, que siempre han hecho gala de la bandera liberal, es necesario recordar que la derecha española, de la que este partido es uno de sus tres pilares, junto al PP y VOX, es una anomalía en Europa, pues es algo que se arrastra desde hace dos siglos y es la gran lacra de la política española. En el siglo XIX el liberalismo español era monárquico, en contraposición con el francés que era republicano y para diferenciarse del resto de Europa el liberalismo hispano representaba los intereses de terratenientes, latifundistas y aristócratas, lo que no dejaba de ser un liberalismo conservador y caciquil. Nunca se planteó una reforma agraria ni cualquier otra medida que cuestionara la posición dominante de las clases más conservadores e inmovilistas de la época y para rematar el fin de siglo fueron actores principales en la puesta en marcha de la Restauración borbónica con Alfonso XII, uno de los periodos más infames de la historia de España.

A lo largo del siglo XX la derecha española, si por algo destacó, es por sus carencias democráticas. Su posicionamiento y maneras durante el reinado de Alfonso XIII, la dictadura primorriverista, así como a lo largo de los cuarenta años de dictadura franquista es propia del estilo del señorito andaluz. La derecha siempre ha pensado que el Estado es su cortijo, por eso cuando pierden las elecciones nos ofrecen los espectáculos a los que nos tienen acostumbrados. Lo de la democracia queda muy bien, pero siempre y cuando ganen las elecciones y/o no peligren los privilegios de la oligarquía. Es por ello que a día de hoy no hay partido que se precie de ser de derechas en el Estado español que ante el franquismo en el mejor de los casos eche balones fuera, porque lo usual es que tengan alguna palabra amable o de justificación. Ese tipo de manifestaciones las realizan ante un micrófono a las doce de la mañana, porque si están en las fiestas de un pueblo de la España profunda y a altas horas de la madrugada tienen un resorte en el brazo derecho que lo estiran como si estuvieran parando un taxi en la Gran Vía y es posible se fotografíen junto a la bandera franquista. Ni es la primera vez ni será la última.

Lo más importante y grave, a su vez, es que lo expuesto hasta ahora son los fundamentos de la derecha sociológica. En general el ciudadano que vota a las opciones de derecha en el Estado español no tiene un gran parecido con el votante de derechas europeo. Tiene un posicionamiento muy laxo ante los periodos dictatoriales que se han vivido en el siglo XX. En el mejor de los casos, su discurso se ciñe a decir que eso pasó hace muchos años y que hay que olvidarlo. Y en muchas ocasiones su posición es de comprensión pues lo enmarca en la situación que se estaba viviendo en aquellos años y llegan a afirmar sin ruborizarse que el franquismo trajo el progreso y salvó a España del comunismo.

Si uno se pone a bucear en el baúl de la derecha para encontrar algo con cierto tono democrático en los últimos 40 años, lo único que me viene a la cabeza es lo que en 1986 se denominó la Operación Roca, a través del Partido Reformista Democrático, cuyo líder era Antonio Garrigues y que en Catalunya tenían como socios a CiU. Uno de los cerebros de esa operación era Miquel Roca, de ahí su nombre. Y fue un auténtico fracaso, excepto en los resultados que obtuvo CiU en Catalunya. Fue un desastre porque la derecha sociológica no veía con buenos ojos un partido que de verdad fuese liberal en lo político y, menos aún, que el catalanismo tuviera un peso importante en todo ese movimiento político. Por aquel entonces, el votante de derechas estaba obnubilado con el franquista de Manuel Fraga, que en aquel momento se había disfrazado de demócrata.

La historia de Cs nos la han contado por activa y por pasiva y se resume en el intento de las élites económicas por aupar a una formación política de derechas que viniese limpia de todo el lastre que arrastraban las dos formaciones que sostenían el régimen del 78, el PP de Bárcenas, la Gürtel, los sobres de dinero B, la Púnica, Lezo, etc., y el PSOE de los ERES, Filesa, GAL, etc.., y que hiciera de dique de contención a la subida de Podemos o de cualquier organización que cuestionara el régimen actual. Su tarjeta de presentación era el ultranacionalismo español que había desplegado en Catalunya. Ideal para los servicios que tenía que prestar al régimen.

La derecha sociológica española en un principio recibió con muy buenos ojos a Cs. El PP ya no les acababa de llenar. El lastre de la corrupción le pasaba factura y la crítica que Cs hacía a las supuestas políticas entreguistas del PP y PSOE hacia el nacionalismo catalán y vasco eran de su agrado. Las banderas de Cs en materia económica eran menos Estado, menos impuestos y más privatizaciones.

Sin perjuicio que Cs rascase votos en diferentes extractos de la sociedad y lugares geográficos, uno de los caladeros de votos más importante se encontraba en los núcleos urbanos y eran personas jóvenes y de mediana edad. Por ello me voy a detener en Madrid ciudad. Si uno observaba los barrios donde Cs obtuvo mejores resultados en la Capital lo entenderá a la perfección. En los PAU (Programa de Actuación urbanística), sobre todo los de la zona norte de la ciudad, el partido naranja obtuvo unos excelentes resultados en sus comienzos, tocando techo en las elecciones generales de abril de 2019.

El modelo urbano de los PAU viene a ser un reflejo de lo que representa el concepto de sociedad para el entorno de la derecha consiste en urbanizaciones cerradas en las que tienen una serie de servicios privados que les permite realizar ciertas actividades sin salir del perímetro de su comunidad. En la mayoría de ellas disponen de pequeñas zonas de ocio para sus hijos y zona deportiva privada. Las personas que viven en ellas entran y salen en coche absolutamente para todo. Son barrios despersonalizados en los que no es frecuente ver a gente por la calle porque no hacen vida en el barrio o, mejor dicho, no hacen vida de barrio. Por no haber no hay ni tiendas. Cubren sus necesidades en grandes superficies o a través de Internet. Son los mejores clientes de Amazon. No se percibe en ellos ningún tipo de tejido asociativo, pero son urbanizaciones que cuando se han construido han tenido unos precios accesibles para familias que tenían este perfil, con el añadido que algunas promociones eran de protección oficial. En su gran mayoría son familias que para mantener su status trabajan las dos personas que forman la pareja, tienen una hipoteca, dos vehículos de gama media-alta, sus hijos estudian en colegios concertados porque la escuela pública está atestada de inmigrantes e hijos de currelas. Y la contribución que hacen para dar colorido a la arquitectura de sus urbanizaciones es la bandera española que cuelga de las ventanas o terrazas de sus casas. Para ellos Cs era donde se reflejaba su concepto de sociedad. Alejado de todo lo que pudiera ser lo colectivo y centrado en lo individual. Se sienten los representantes más genuinos de lo que llaman clase media pero en su mayor parte son asalariados o en el mejor de los casos son propietarios de una pyme. Dicho de otro modo, resulta casi imposible encontrar la diferencia que pueden tener con un votante del PP o de VOX, lo cual es importante para entender los trasvases de votos que hay entre estos tres partidos.

De forma muy sintética, decir que se ha instaurado en los medios de comunicación la teoría de la caída de Cs fundamentada en el error que supuso el enrocamiento de su anterior líder, Albert Rivera, al no haber facilitado la investidura de Sánchez después de las elecciones generales de abril de 2019 y, por tanto, haber forzado unas nuevas elecciones en noviembre de ese año, teniendo su estrategia centrada en dar el sorpasso al PP. Otro que no aprendió del error garrafal de Pablo Iglesias con la repetición de las elecciones en 2016. Los que sostienen ese argumento plantean que su electorado le dio la espalda porque no facilitó la gobernabilidad.

La percepción que tengo del fracaso de Cs es más de asfalto y de pie de calle que de redacción de medio de comunicación y, por tanto, difiere bastante.

En primer lugar y no siendo el argumento de más peso que voy a exponer, diría que si el electorado de Cs hubiera pensado en clave de gobernabilidad y estabilidad política, en noviembre de 2019 hubiera habido un trasvase de votos al PSOE, aunque no fuera masivo, por eso de facilitar la gobernanza, pues fue el partido que en abril había obtenido más escaños y, sobre todo, con vistas a evitar un hipotético gobierno del PSOE en coalición con Unidas Podemos. Pero los votos que perdió Cs fueron en su gran mayoría a la abstención, a VOX y al PP.

Como he manifestado anteriormente Cs, cuando aterrizó en la política estatal, lo que resaltaba en su curriculum era su nacionalismo español, su postura en contra del nuevo Estatuto catalán y en lo que concierne a las políticas socioeconómicas eran derecha ultraliberal y amantes de la bronca y la sobreactuación política en el Parlament de Catalunya y en cada entrevista o aparición en los medios de comunicación, sin olvidar que en las elecciones europeas de 2009 se presentaron junto a una plataforma de extrema derecha. Con ese expediente, no cabía la menor duda que un sector importante de la derecha sociológica española le iba a dar la oportunidad ¿Quién no recuerda las legislaturas en las que el PP estando en la oposición se pasaba el día crispando el ambiente político? Pues Cs iba a mejorar la forma de montar el pollo. Mimbres tenía y todavía sigue teniendo para dar y regalar en sus filas. Suyas fueron las ocurrencias de ir a montar actos políticos a Altsasu, Rentería o Arrigorriaga. Lugares donde nadie les vota, pero su estrategia de provocación y crispación diseñada tenía un objetivo claro: captar el máximo de votos posibles en el resto del Estado gracias a esa imagen de defensores de la unidad de España. Su forma de animarse en los mítines y arengar a sus seguidores era que los dirigentes del partido dieran saltos al grito de “Yo soy español, español….” Todo más típico de un partido de fútbol, pero con esa forma de hacer política la diferencia con VOX es una línea fina que ellos mismo la han borrado y los seguidores ya no saben dónde tienen puestos los pies.

Este perfil que he descrito de gran parte del votante de Cs., liberal en lo económico y ultraconservador en lo político, con un sentimiento nacionalista español hasta la médula y con la bandera española en su balcón y ahora en la mascarilla, podía cambiar de partido dentro del espectro político de la derecha en el momento que viniese otro que fuera más ruidoso que ellos.

Cuando Cs llegó a la política española siguió actuando igual que en Catalunya, quiso liderar la bronca política en el Parlamento español, y eso les dio resultado. Y empezaron a crecer, y en esa dinámica fueron haciendo fichajes de políticos de otros partidos, sobre todo del PP. En este caso los que perdían poder dentro del PP empezaban a abandonar el barco de Génova. Todo era crecimiento exponencial, ostentación a raudales, sede lujosa y el coche que el partido ponía a disposición de su caudillo dejaba al resto al nivel de un triste utilitario.

Cs veía que podía tocar poder en Andalucía con los resultados que se dieron en sus elecciones autonómicas, pero para gobernar no les quedaba más remedio que llegar a acuerdos con VOX. Y es aquí donde empieza a cimentarse su posterior declive, pero no porque pacte con la extrema derecha, como han dicho muchos, sino porque intenta evitar a toda costa la fotografía con ellos. Querían la cuadratura del círculo, gobernar con los votos de VOX pero como si todo eso fuese un fenómeno meteorológico, y lo que no se daban cuenta es que sus votantes estaban encantados que gobernasen con VOX, que la derecha sociológica española no tiene escrúpulos de ningún tipo. Utilizando su lenguaje, todo lo que sea evitar un gobierno de socialcomunistas, bolivarianos gracias al apoyo de los bilduetarras y golpistas catalanes bienvenido sea, y los de VOX son buenos chicos, aunque un poco exaltados en las formas.

A partir de ese momento, principios de 2019, empieza la campaña de las tres derechas para que se adelanten las elecciones generales y echar la “okupa de Sánchez” de La Moncloa y para ello organizan el acto de Colón. Si los dirigentes de Cs estaban evitando en todo momento no salir en la fotografía junto a los de VOX, sus simpatizantes no tenían la misma actitud. Se sentían muy cómodos dentro de esa multitud en la que había gentes de los tres partidos del Trifachito. La preocupación de las cabezas pensantes de Cs se centraba en que los medios de comunicación no proyectaran una imagen que les pudiera señalar como los amigos de VOX. Las mentes pensantes de Cs no fueron capaces de percibir que gran parte de su electorado era tan de derecha extrema como un votante del PP o tan de extrema derecha como un votante de VOX.

A partir de ese momento Cs empezó su declive, aunque no era del todo perceptible. Los resultados de las elecciones de abril de 2019 fueron su primer contratiempo al no conseguir su gran objetivo, que no era otro que superar al PP.  Y a eso se unió el fiasco en las municipales y autonómicas, en las que quedaron por detrás del PP en lugares donde un mes antes habían superado al PP (Comunidad de Madrid) o estaban empatados (Madrid ciudad). Los resultados de Cs vistos a simple vista fueron buenos, pero si se profundizaba en ellos se podía observar que habían tocado techo y empezaban a perder apoyos, que casualmente iban a parar a los partidos de su entorno sociopolítico.

Desde esas elecciones hasta la repetición electoral de las generales de noviembre de ese año los partidos de la derecha extrema y la extrema derecha siguieron su estrategia incendiaria y cuando se entra en esa dinámica quien tiene todas las de ganar es el que sea más salvaje, porque la derecha sociológica necesita ese tipo de discursos para sacar pecho. Frases como España se rompe, los españoles primero, los inmigrantes vienen a quitarnos el pan, gobierno okupa o peligro que viene un gobernó bolivariano. Todo este rosario de frase y otras muchas más han sido la gran aportación a la política de cualquiera de los tres partidos del Trifachito. Los líderes del PP-Cs-VOX se paseaban por las redacciones de la Brunete mediática y era sintomático, escuchabas a uno y habías escuchado a los otros dos. Estaban inmersos en una carrera para ver quién de los tres partidos era más de extrema derecha. Y esos discursos y maneras son la caja de las esencias de la extrema derecha y en ese barro VOX siempre va a ganar al PP y a Cs.

La debacle que sufrió en noviembre de ese año no era más que un aviso para todos. La batalla dialéctica dentro de la derecha la empezaba a ganar VOX y para algunos, como es el caso de Cs ya era demasiado tarde. Y a partir de ese momento quien está representando en el Parlamento la forma de pensar de la derecha sociológica es VOX. Por muchos cables que alguna prensa de derechas les lance a Cs y al PP, ya llegan tarde. VOX perdió la moción de censura de forma contundente en el Parlamento, pero ese victimismo de haber sido rechazados por todos los partidos, incluso por los socios de la foto de Colón, le está reportando suculentos beneficios dentro del espectro de la derecha y se han plasmado en las elecciones catalanas. Porque una cosa son los titulares de la prensa, incluida la de derechas, que se dieron para aplaudir los discursos del PP y Cs durante la moción de censura y otra cosa bien distinta es la forma de reaccionar del ciudadano de bandera española en la mascarilla. Estos se mueven por instintos más que por la racionalidad.

Lo que ha ocurrido en Catalunya estaba ya escrito desde hacía meses, lo único que faltaba era que se confirmara en las urnas. VOX ha entrado en el Parlament para realizar la misma labor que ha realizado Cs hasta este momento pero con un toque más casposo.

Una cuestión que quería dejar para el final es hablar, aunque sea brevemente, de la ideología que profesan los que han pasado por la dirección de Cs. Se podría pensar que eso era un totum revolutum, con personas que venían de diversos partidos políticos y en algunos casos este era el tercer partido en el que militaban, vamos, unos auténticos mercenarios de la política. En muchos casos, estos peregrinajes de un partido a otro no dejaban de ser más que una deriva ideológica que les iba llevando a posiciones de derecha extrema junto al deseo irrefrenable de vivir de lo público. Algo que no es nuevo porque hay infinidad de casos similares. Pero en todos ellos se podían observar algunos rasgos comunes que reflejaban que Cs era un partido ultranacionalista español, ultraliberal en lo económico y que para diferenciarse de los otros dos partidos de su espectro, quería dar una imagen de falso progresismo en algunas cuestiones como en igualdad de género, eutanasia, colectivo LTBI, intentando lanzar mensajes que les intentara proyectar una imagen moderna. Todo eso no dejaba de ser puro marketing para crecer en votos por el centro, porque cuando han necesitado de VOX para gobernar no le han hecho ningún asco y quien sabe si en un futuro no muy lejano algunos de estos dirigentes acabarán en VOX. Lo que si sabemos a día de hoy, es que el sector crítico de Cs pide fusionarse con el PP, es decir, con el partido al que han puesto a escurrir por los casos de corrupción y la última perla en todo este enredo que tienen entre los partidos del Trifachito es que el líder de VOX ha dicho en el día de hoy en una emisora de la Brunete mediática que la fusión del PP y Cs sería buena para España.

Está claro. En la derecha extrema y en la extrema derecha ya están lanzando una OPA a Cs, si es hostil o amistosa el tiempo lo dirá, pero la víctima está en el punto de mira y sus socios se quieren repartir el botín cuanto antes. La muerte de Cs está anunciada, solo falta el certificado de defunción.

El Proceso de Burgos visto desde dentro

Antecedentes históricos

La realización de procesos sumarísimos, consejos de guerra y procesos inquisitoriales ha sido una constante a lo largo de la historia. Ya mucho antes que existiera el Estado español como hoy lo conocemos era una práctica habitual en estas latitudes y, a partir que se constituyó en un Estado moderno continuó vigente este modus operandi, aun si cabe, con mayor fuerza que nunca.

Se puede decir que la aplicación de este tipo de procesos es algo innato a este Estado. Va indisolublemente ligado a la historia de Castilla y posteriormente de España. Todavía, a día de hoy observamos, si bien en la inmensa mayoría de los casos con gran sonrojo, que el Poder sigue utilizando este tipo de procesos como instrumento fundamental para reprimir a todos aquellos que se salgan de los designios establecidos para el pueblo. Para todo el que traspasa la línea del orden existente, o podríamos decir ¿impuesto?, es víctima de uno de estos procedimientos en los que el futuro del encausado está escrito de antemano.

No ha habido siglo ni época en la que los que ostentaban el poder no hayan utilizado estos métodos para, lisa y llanamente, reprimir a las clases populares cuando estas han querido participar de forma directa en la toma de decisiones o, simplemente cuando sus costumbres y modo de vida contravenían las leyes terrenales o divinas. Luego en el relato de la historia habrán utilizado eufemismos para esconder la realidad.

Quedan muy lejos en el tiempo el proceso a los Comuneros de Castilla organizado por la Corona castellana o el proceso de Logroño organizado por la Inquisición contra las mujeres de Zugarramurdi. Como el Santo Oficio le debió coger cierto placer a quemar en la hoguera, lo siguió realizando a lo largo de varios siglos. En el caso de los comuneros, lo que había que atajar es cualquier protesta que cuestionara el régimen y el poder existente y en los procesos de la Inquisición había que aniquilar todo pensamiento que se saliese de la ortodoxia católica. Pero para no extenderme en exceso, mucho más cercanos son los innumerables procesos que se han dado a lo largo del siglo XX. Cualquier protesta de cierto relieve traía consigo el correspondiente consejo de guerra. La Semana Trágica de Barcelona fue un botón de muestra. Después de los sucesos acaecidos, con la falsa acusación de instigador de las protestas, el régimen organizó un consejo de guerra a Francisco Ferrer Guardia para posteriormente ejecutarlo. Luego vino la huelga de 1917, con sus juicios respectivos. En la Revolución de octubre de 1934, además de la salvaje represión del Ejército, tampoco pudieron faltar los consejos de guerra para reprimir a la clase trabajadora.

Con el golpe de Estado de julio de 1936 y la victoria después de tres años de guerra, los procesos sumarísimos de corte militar fueron una constante durante los primeros años del franquismo. Durante la dictadura siguió habiendo consejos de guerra, aunque a lo largo de los años fue bajando en número, pero en la década de los años 60 del siglo XX, el fortalecimiento de la oposición al régimen franquista trajo consigo un nuevo incremento de esta práctica. Hubo varios consejos de guerra conocidos, como el que se celebró contra le militante del PCE Julián Grimau, que fue condenado a muerte y fusilado, y algunos consejos de guerra a militantes de ETA. Pero sin duda alguna, el consejo de guerra que más repercusión tuvo a nivel internacional y sobre el que más se ha escrito fue el que se celebró en diciembre de 1970 contra dieciséis militantes de ETA en Burgos, en el que se pedían seis penas de muerte y cientos de años de prisión, y del que el pasado mes de diciembre se ha cumplido el quincuagésimo aniversario.

Los ecos del Proceso de Burgos

El aniversario de este proceso no ha pasado desapercibido para la prensa. Otra cosa bien distinta ha sido el tratamiento que cada medio le ha dado. La profesión periodística no deja de tener un gran componente ideológico y político, y en estos tiempos que corren, en los que las portadas y titulares de la prensa destilan de todo menos información, no podían dejar pasar este acontecimiento para dar su particular versión de lo que supuso todo lo vivido dentro y fuera del juicio, porque el Proceso de Burgos no se puede entender si uno se circunscribe única y exclusivamente a las sesiones en las que duró el juicio. Si en algo pueden coincidir las diferentes visiones a la hora de analizar este acontecimiento histórico es que este Proceso ha de analizarse de forma global. Pero si realizásemos una comparación entre los materiales publicados en fechas recientes, uno se quedaría sorprendido por el tono de las diferentes versiones que se puede encontrar.

Sobre un hecho de esta trascendencia se han publicado algunos libros. Sin desmerecer a alguno que otro, yo me he decantado por la lectura de uno que se publicó pocos meses después de haberse celebrado este juicio y que ha sido reeditado recientemente.

El Proceso de Euskadi en Burgos

Con el título “El Proceso de Euskadi en Burgos” los abogados Miguel Castells y Francisco Letamendia, Ortzi, que ejercieron la defensa de dos de los procesados escribieron este libro pocos meses después de haberse celebrado el consejo de guerra. Su publicación se realizó en París por el desaparecido Editorial Ruedo Ibérico. Fue uno de las decenas de libros que este editorial publicó en Francia durante el franquismo. La reciente reedición de esta obra ha corrido a cargo del Editorial Txalaparta.

El hecho que los autores del libro tuvieran un papel importante en todo el proceso es un factor importante a la hora de estudiar lo que supuso el Proceso de Burgos. Nadie mejor que ellos para relatar lo que supuso ese juicio. Ellos tuvieron una participación activa en todo el proceso judicial y, sobre todo en las sesiones de la vista. Pero, a su vez , ellos tuvieron contacto directo con los procesados y paralelamente vivieron de primera mano todos los acontecimientos de ese mes de diciembre de 1970.

El título ya nos ayuda a hacernos una composición de lugar de lo que sucedió en el juicio. El intento fracasado de juzgar a todo un pueblo a través de los procesados. Estos no dejaban de ser los chivos expiatorios dentro de la estrategia represora del régimen.

Esta nueva edición, que consta de algo más de 500 páginas, viene acompañada de un prólogo realizado por uno de los autores, Miguel Castells, en el que realiza una exposición que tiene como finalidad explicar el motivo de esta nueva reedición. Y siendo una voz autorizada para relatar los hechos que ocurrieron en aquel diciembre de 1970, en el prólogo a esta edición manifiesta que a lo largo del tiempo ha habido muchas versiones sobre este proceso, y no duda en afirmar que “muchas mienten: unas por lo que callan, otras porque contradicen directamente la verdad y otras porque en parte callan y en parte contradicen burdamente la verdad”.

Miguel Castells nos facilita algunos datos de interés que no figuran en la primera edición, no porque los autores no quisieran incluirlos, sino porque en ese momento no era conveniente que aparecieran. Aunque el libro fue editado fuera del Estado español, los autores y algunas personas relacionadas con dicha publicación vivían bajo el régimen franquista y eso podía suponer un riesgo para ellas.

En el prólogo de esta edición Miguel Castells relata a grandes rasgos como planificaron todo lo relativo a la defensa de los acusados. El papel que jugaron los procesados, marcando en todo momento la estrategia a seguir y la composición de los abogados defensores. Son datos que ayudan a poder entender el tipo de defensa que realizaron.

El prólogo de la primera edición reproduce documentos sustraídos de un sumarísimo militar de 1937 en el que fueron fusilados los seis concejales del Ayuntamiento de Busturia (Bizkaia), una vez que los sublevados fascistas ocuparon el pueblo. Su lectura es una muestra de lo que fueron los consejos de guerra desde el golpe de Estado de julio de 1936. Una farsa convertida en tragedia para quienes lo sufrieron.

Ideología política y legislación

El libro consta de dos partes bien diferenciadas. La primera de ellas, con el título “Decreto sobre rebelión militar. Bandidaje y terrorismo”, es un auténtico tratado sobre la legislación penal existente a lo largo del franquismo en lo relativo a los delitos de contenido político, porque todo lo que fuera luchar contra el régimen franquista entraba dentro del término Rebelión. Este análisis exhaustivo es realizado teniendo presente en todo momento el contexto político, porque, como bien se recoge en este trabajo las leyes son dictadas por “la clase en el poder”, pues “las leyes, incluso las más inocuas, están preñadas de ideología política”.

Esta parte del libro va más allá de lo que puede ser un análisis penalista de la legislación del franquismo. Es un estudio jurídico desde una óptica ideológica y política, pues pone sobre la mesa la función que tiene la legislación en el marco de la defensa del poder por parte de la clase dominante, para ello realiza una exposición acerca de la carga ideológica que tiene la legislación en cualquier lugar y ,sobre todo la legislación penal en la defensa del grupo que esté en el poder.

El análisis de la evolución de la legislación franquista en esta materia nos ayuda a percibir las necesidades que va teniendo el régimen a lo largo de los cuarenta años de dictadura para buscar los equilibrios internos y externos para perpetuarse en el poder y, a su vez, proyectar hacia el exterior una imagen más suave. Los autores explican perfectamente como desde el final de la guerra civil el régimen franquista va haciendo modificaciones legislativas, en algunos casos, técnicas, para armonizar la legislación en materia represiva, y en otros, que son los más importantes, para adecuarse a las necesidades políticas del momento. Es interesante conocer como a partir de la década de los años 60, el régimen franquista, sin abandonar su dureza a la hora de castigar todo tipo de protestas, va dando a la legislación penal un barniz que sirva para proyectar una imagen aperturista. Todo ello con la finalidad de salvaguardar cara a la Comunidad Internacional las políticas socioeconómicas que se estaban llevando a cabo por parte del régimen.

Es interesante la radiografía que hacen los autores de la estrategia que sigue el régimen a lo largo de los años de utilizar la jurisdicción militar para juzgar este tipo de delitos en función de sus necesidades y de la coyuntura del momento y la creación de una jurisdicción ad hoc, lo que fue el TOP (Tribunal de Orden Público), compuesto por miembros de la judicatura pero muy cualificados en lo que se refiere a la represión franquista, no teniendo nada que envidiar por su dureza represiva a la jurisdicción militar.

El régimen en el banquillo

La segunda parte se adentra en lo que fue el Proceso de Burgos, desde el momento que se produjeron las detenciones de los procesados hasta que se dictó la sentencia y el posterior indulto.

A lo largo de esta parte de la obra se va relatando los hechos de forma pormenorizada, incluso se recogen literalmente diligencias policiales, escritos de acusación, escritos de las defensas, todos ellos previos a la vista y transcriben las sesiones del consejo de guerra.

Todo ese relato va acompañado de las protestas que se vivían en Euskal Herria, en el Estado español y a lo largo de Europa Occidental. Para ello, completan el trabajo crónicas periodísticas de esas fechas, tanto de la prensa española, que en su totalidad era de ideología franquista, como con artículos de la prensa europea, lo que ayuda al lector a contrastar la información y, en el caso de la prensa española comprobar el grado de manipulación informativa que existía.

Los autores nos relatan que desde un primer momento los procesados tenían claro que quien les podía salvar de las durísimas penas que a las que iban a ser condenados era el pueblo con sus movilizaciones, por lo que su objetivo fue utilizar la vista oral como altavoz para las reivindicaciones y denunciar la represión franquista contra la clase obrera y el pueblo trabajador vasco. El objetivo era claro: sentar al régimen en el banquillo de los acusados.

Si en la primera parte del libro se hace una excelente radiografía del régimen franquista y de la maquinaria represiva en la que se apoyaba, esta segunda, a través de los hechos que relata, nos ofrece un análisis de las disputas internas que se vivían dentro del régimen entre las diferentes familias que lo conformaban.

Si hay algo en lo que coinciden todos los que han analizado el Proceso de Burgos es que el juicio tuvo un efecto boomerang contra el régimen. El franquismo, que pensaba que había “descabezado” a la organización armada ETA, se puso como objetivo anular cualquier tipo de oposición y, sobre todo destruir al movimiento abertzale y, por extensión, que el pueblo vasco asumiera la imposibilidad de vencer al franquismo. Pero en esta obra los autores van más allá, y relatan, aportando diversos artículos publicados en la prensa estatal e internacional, como este proceso tuvo unas consecuencias muy importantes dentro del propio régimen. Como consecuencia del juicio y lo que aconteció en las sesiones de la vista oral, afloraron las contracciones existentes dentro del régimen, siendo un paso más en la descomposición de éste. A lo largo de los 40 años de dictadura franquista, éste fue el momento político en el que los choques internos entre las diversas facciones franquistas fueron más despiadados, llegándose a dar ciertos movimientos conspirativos entre la oficialidad del Ejército.

Otra de las cuestiones que nos exponen a lo largo del libro, pero donde se desarrolla es en la segunda parte, es la posición que tuvieron que adoptar los gobiernos europeos ante el juicio. Gobiernos que en los años 60 ya habían normalizado las relaciones con la España franquista, gracias a los efectos de la Guerra Fría, se vieron presionadas por sus opiniones públicas, hasta el extremo que tuvieron que presionar al Estado español para no llevar a efecto la imposición de las penas capitales.

En el libro se recoge la auténtica batalla que llevaron los letrados, entre los que se encontraban los autores del libro, bajo las directrices de los procesados, contra los miembros del Consejo de Guerra. Las tensiones que se vivieron a lo largo de las sesiones de la vista oral para finalizar con la publicación de la sentencia en la que se imponían unas condenas superiores a la petición del fiscal militar. Todas estas circunstancias, tensiones internas y presiones internacionales, abocaron al régimen a la única salida que le quedaba, conmutar las nueve penas de muerte impuestas, e intentar vender el indulto como un acto de fortaleza del régimen, aunque la realidad fue bien distinta. Fue una derrota del régimen.

Una lección para el régimen

El Proceso de Burgos consiguió fortalecer todo lo que quería combatir. Su objetivo era descabezar a ETA y, por el contrario, lo que se da es un impulso a una organización que en aquel momento estaba sufriendo una crisis sin precedentes, estando no sólo debilitada, sino que había sufrido una ruptura interna.

Los autores en este libro sólo hacen mención a una acción que realiza una de las dos ramas en las que en ese momento se había partido ETA. El secuestro del cónsul honorario de Alemania en Donostia y su posterior liberación por parte de ETA V Asamblea. Fue la acción que más repercusión mediática tuvo. En el libro no se hace mención al intento que hizo la organización ETA VI Asamblea de liberar a los acusados en este proceso que se encontraban en la cárcel de Burgos. Realizaron un túnel desde el sistema de alcantarillado, pero al final se encontraron con un muro de hormigón que les fue imposible salvarlo.

A partir de este proceso judicial las cosas cambiaron sustancialmente. ETA creció de forma exponencial y el régimen franquista aprendió la lección y no quiso repetir la experiencia de organizar un macroproceso para evitar que fuera plataforma para las reivindicaciones de los encausados. Su apuesta fue la de liquidar físicamente a los militantes de ETA bien a través de acciones de los cuerpos policiales o recurriendo a grupos parapoliciales.

Inutilidad en la gestión de la nevada en tres actos

Tengo que reconocer que se me hace un tanto desagradable que muchas de las cosas que escribo en diferentes RRSS tenga como destino las personas que en la actualidad ostentan el poder en el Ayuntamiento y en la Comunidad de Madrid, pero es que van pidiendo a gritos ser el centro de atracción de todas las críticas. Entiendo que hay temas más importantes e interesantes para escribir, pero como decía Mafalda, como siempre lo urgente no deja tiempo para lo importante. De hecho, aunque la falta de tiempo me ha impedido publicar en mi blog en las últimas semanas, tenía en mente escribir sobre otros temas. Pero la realidad se ha impuesto y toca tratar la situación calamitosa que se está viviendo en Madrid.

Si la gestión de la pandemia en la Comunidad de Madrid está siendo un auténtico disparate y el proceso de vacunación es el retrato del funcionamiento de la derecha allí donde gobierna, ha tenido que ser una nevada la que haya dejado fuera de juego a la comunidad autónoma y al ayuntamiento que más recursos mueven en todo el Estado español.

Lo que se ha vivido desde el viernes, ocho de enero, en Madrid sólo es equiparable a un país tercermundista. El drama que se ha sufrido en Madrid consta de tres actos, pero a diferencia de las obras dramáticas que se ponen en escena, ésta no ha tenido ningún descanso, ha ido todo seguido, sin posibilidad de que la ciudadanía se recuperara.

El primer acto hay que situarlo en las horas previas al inicio de la nevada, cuando Martínez Almeida y Díaz Ayuso, alcalde de Madrid del PP y presidenta de la Comunidad, y en ambos casos por la gracia, no de Dios, sino de VOX, manifestaron en los medios de comunicación que la ciudadanía no se preocupase que tenían la situación controlada. Todas las previsiones coincidían que la dimensión de la tormenta iba a ser de una gran magnitud, pero los que dirigen los designios del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid estaban más que tranquilos. Ahora podríamos decir que iban de sobrados.

El segundo acto se inicia con la nevada del jueves. Fue el calentamiento de motores para lo que se avecinaba al día siguiente, porque todos los expertos en meteorología avisaban que lo fuerte vendría a partir del viernes. Y la verdad que no se equivocaron y la tormenta no defraudó. El viernes a media mañana empezó a nevar de forma ininterrumpida hasta el sábado por la noche. Más de veinticuatro horas de tormenta que ya el sábado a primera hora de la mañana en muchos lugares llegaba al medio metro de nieve.

Durante todo el tiempo que duró la nevada los que dirigen los designios de Madrid estaban perdidos, como pollos sin cabeza. Fueron incapaces de gestionar la situación que se vivía en las calles y las carreteras. Si previamente no hicieron nada para hacer ver a la ciudadanía que no usara el transporte privado, durante la nevada ya estaban desbordados, hasta el extremo de ser incapaces de suspender el servicio de autobuses hasta la noche del viernes. A las nueve de la noche, todavía había autobuses de la EMT en funcionamiento cuando la circulación por las calles de Madrid era muy peligrosa, y puedo decir esto porque lo viví en primera persona. A partir de las seis de la tarde circular por Madrid era más que peligroso, pues ya había vehículos que se estaban quedando bloqueados. Muchos conductores del servicio urbano de autobuses tuvieron que abandonar los vehículos y los que pudieron volvieron a sus domicilios por su cuenta, porque alguno se vio atrapado y no pudo salir del autobús, pero el delegado de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento no es que no dimita, es que saca pecho y el gerente de la EMT estará esperando a que llegue el día 30 para cobrar la nómina.

Durante las algo más de veinticuatro horas de nevada en Madrid reinó el desgobierno y la improvisación, y en algunos casos la táctica fue ponerse de perfil. Como si la nevada y sus consecuencias no fueran con ellos.

Y el colofón ha sido el tercer acto. Todo lo que se ha vivido a partir de que finalizo el temporal de nieve ha servido para superar, aún más si cabe, el cúmulo de torpezas cometidas en los dos primeros actos. El domingo por la mañana todo tenía un aire dantesco. Se vivía una situación de incomunicación total. Era imposible la circulación terrestre. Se veía algún quitanieves en las carreteras, como es el caso de la M-30, pero en la ciudad hasta bien entrada la tarde ni se les vio ni se les esperó y hay que decir que a día de hoy, pasados siete días, según los datos oficiales del Ayuntamiento de Madrid sólo han limpiado un tercio de las calles. En las primeras horas las declaraciones de los responsables políticos fueron que la gente colaborara en la limpieza de las calles. Era la imagen patética de unas autoridades totalmente desbordadas. Esto es lo que se llama buena gestión de la derecha.

De los efectos del temporal y de su gestión se puede hacer algunas reflexiones, para ver hasta que extremo la ciudadanía madrileña está a merced de una banda de descerebrados.

Lo primero que hay que destacar es que los servicios públicos están siendo castigados sin piedad por las políticas ultraliberales del Trifachito en el Ayuntamiento y Comunidad de Madrid. Hemos podido comprobar que para situaciones de este tipo la que se autoproclama como la comunidad más rica del Estado no tiene equipos ni personal suficiente para hacer frente a un temporal de nieve. Hay comunidades autónomas mucho más modestas que tienen varias nevadas durante el invierno y no proyectan la imagen de caos que ha dado la Comunidad de Madrid.

Desgraciadamente, y es una consecuencia que se repite de forma reiterada, quienes están sufriendo mucho más las consecuencias de todo este desbarajuste son los barrios y las zonas más humildes. La administración local se ha preocupado en atender las necesidades de los barrios más ricos y más visibles. Por el contrario, en los barrios más humildes y periféricos han sido sus gentes las que han salido con picos y palas a quitar la nieve y el hielo. En este fin de semana, después de una semana laborable muy complicada, la ciudadanía de todos estos barrios ha vuelto a tomar las riendas para poder adecentar las calles.

Lo mismo ha ocurrido con la enseñanza, mientras los colegios concertados han tenido un sinfín de recursos para poder retomar las clases, al igual que durante el confinamiento, mediante las herramientas tecnológicas, los colegios públicos han sufrido uno de los mayores abandonos que se pueden dar. Y esto se ha visto agravado a la hora de la limpieza y acondicionamiento de los centros educativos. Después de cinco días laborables, el viernes la mayor parte de la red pública de enseñanza estaba inoperativa y no estaba preparada para abrir la siguiente semana. Han tenido que ser los profesores y los padres de alumnos los que sustituyeran la acción de la administración autonómica para el acondicionamiento de los centros educativos. Esto no ha ocurrido con la enseñanza concertada que ha tenido más recursos para adecentar sus instalaciones y accesos. La comunidad más rica del Estado es la que peor maltrata a la enseñanza pública. Por lo que respecta a los campus universitarios, los accesos a la mayor parte de ellos son impresentables, lo que ha paralizado toda su actividad.

Esta nevada ha sido la puntilla para la masa arbórea de Madrid. Si era de todos conocido que más de un veinticinco por ciento de los árboles estaban enfermos, la nieve ha acabado por agravar el problema. Las calles están llenas de ramas y troncos de árboles, por lo que muchos no sobrevivirán. Todo esto es producto de mantenimiento deficiente por parte del ayuntamiento. Las podas se hacen tarde y mal. De hecho, este año muchos árboles no han sido podados y eso ha incrementado el desastre que ha generado la nevada. Este servicio es uno de tantos que su gestión está en manos de empresas privadas que están más pendientes de su rentabilidad que de ofrecer un servicio de calidad.

Aunque pueda parecer surrealista, a lo largo de esta semana ha habido desabastecimiento de muchos productos en los grandes supermercados y tiendas de alimentación y no ha sido porque haya habido una avalancha de personas comprando de forma compulsiva, es que las mercancías no han podido llegar a su destino. Ha sido producto de no haber puesto los medios necesarios para que las mercancías pudieran llegar a los centros de venta y para ello tenían que haber tenido acondicionados todo el trayecto que tienen que realizar los productos.

Pero en todo esto no le ha ido mal a todo el mundo. Esta situación ha sido muy beneficiosa para todas esas empresas que de la noche a la mañana se han visto agraciadas con adjudicaciones sin concurso de ningún tipo, es decir, a dedo, con la excusa de la urgencia. Lo que viene a corroborar que la administración no tiene medios suficientes para prestar los servicios necesarios a la población pero si para repartir cantidades astronómicas de dinero entre empresas de su entorno.

En situaciones de este tipo, la petición más socorrida de los gobiernos de derechas es que les envíen la UME. Esa unidad militar que creó Zapatero para actuar en catástrofes y que recibió todo tipo de críticas por parte de los que ahora están pidiendo su ayuda. Lo que demuestra todo esto es la necesidad urgente de que las instituciones creen una unidad civil para actuar en todo tipo de situaciones de emergencia. Hay que acabar con ese deseo de militarizar cualquier situación de emergencia.

Para finalizar, los responsables del Ayuntamiento han tenido la ocurrencia de pedir la declaración de zona catastrófica. Para quitar la nieve de las calles no están teniendo prisa, pero para elaborar un informe que con los datos que se han publicado se puede decir que es un informe bastante deficiente les ha faltado tiempo. Como perlas de ese informe el Ayuntamiento de Madrid reclama lo que dejó de ingresar por parquímetros y pistas de pádel, además una serie de partidas que no hay por donde cogerlas. Parece que nos quieren equiparar una nevada a un terremoto o a unas inundaciones.  Todo esto no deja de ser el enésimo intento de hacer oposición al Gobierno Central desde las instituciones donde el Trifachito gobierna.

Lo que no dice nada el Ayuntamiento que para 2021 ha bajado los impuestos directos, como es el caso del IBI y quienes más se han beneficiado son los inmuebles más grandes y que están ubicados en mejores zonas de la ciudad. Luego es normal que las cuentas no les cuadren.

“Nuestro pueblo despertará”. Biografía del político republicano navarro David Jaime Dean.

El libro sobre el que versa este comentario no es de reciente publicación, pues vio la luz en febrero de 2016 y se encontraba en la balda de mi librería en la que tengo por costumbre depositar los libros pendientes de leer y en este caso, como en otras ocasiones, me he demorado quizá demasiado a la hora de leerlo. Eso sí, una vez que uno inicia su lectura es imposible no terminarlo.

No siendo un libro de reciente aparición me ha parecido oportuno dedicarle esta reseña por el valor histórico que tiene la persona sobre la que gira este ensayo y para que no pase de puntillas lo que en él se recoge. Aunque sea de forma modesta, es imprescindible rescatar del olvido y que no pase de forma desapercibida lo que fue la II República en Navarra y lo que vino con posterioridad de la mano del golpe de Estado de julio de 1936. Siempre hay que tener presente que desde Navarra el general Mola planificó el golpe militar y la estrategia represiva que los golpistas pusieron en marcha contra la población que no profesaban su ideología[1].  

Bajo el título “Nuestro pueblo despertará. David Jaime y la República vasconavarra” (Editorial Txalaparta), el autor, Jose Mari Esparza Zabalegi hace un recorrido por la vida del político republicano navarro David Jaime Dean y los acontecimientos históricos que vivió, en muchos de los cuales el protagonista de este ensayo fue uno de los políticos navarros que más brillaron a lo largo de los años de la II República y posteriormente en el exilio. Quizá sea el representante más destacado del republicanismo navarro euskaldun de izquierdas. Su abnegado trabajo en favor de unos ideales que supusieran la transformación de la Navarra tradicional y clerical en una Navarra republicana, progresista y laica, le hizo estar en la primera línea de la política navarra a lo largo del periodo de la II República, llegando a formar parte de la Gestora de la Diputación de Navarra entre los años 1931-1933 y posteriormente sería miembro del Consejo de Navarra en el exilio, ejerciendo de facto la presidencia de este organismo, así como de su Comisión Permanente.

En estos momentos en los que estamos observando con preocupación las agresiones a la Memoria Histórica por parte de los que quieren silenciar todo lo que ocurrió tras el golpe de Estado de julio de 1936 y de los anhelos de algunos por volver a repetir un golpe de Estado de las mismas características, este libro es un recordatorio de lo que representaron una generación de políticos republicanos navarros que en palabras de Jose Mari Esparza lucharon por una “Navarra, laica, republicana, de izquierdas, euskaldun y unida, sin perder su autonomía, al resto de Euskal Herria”.

Tengo que decir que hasta la lectura de este libro desconocía quien fue el republicano David Jaime Dean. Fue uno de estos políticos que han sido pasto del olvido. Sobre él se depositó una ingente capa de polvo producto de los largos años de dictadura. Esa forma tan especial de dar cerrojazo a una parte de la historia: los años de la República, el golpe de Estado y la represión franquista.

La labor de escribir la biografía del político republicano tafallés, David Jaime Dean, ha corrido de la mano de otro tafallés, Jose Mari Esparza Zabalegi y publicado por el editorial Txalaparta, sito en Tafalla. En este caso parece que David Jaime si ha sido profeta en su tierra.

El libro que consta de algo más 300 páginas, alterna las vicisitudes de David Jaime con el relato de los acontecimientos históricos en los que el político navarro fue uno de los actores principales. Una de las características más destacables de esta obra es el trabajo de documentación que hay detrás de ella, algo que no es nuevo en el autor. Si por algo destacan cualquier obra que ha publicado Jose Mari Esparza, es por su meticulosidad a la hora de documentar lo recogido y este ensayo no ha sido una excepción.

A lo largo de la obra el autor nos va desgranando la historia del republicanismo en Navarra, desde sus inicios, en el periodo de la Primera República, la relación que tiene con las ideologías de la época, carlismo y nacionalismo vasco, y su posición en favor de la defensa de los fueros como herramienta para la defensa de las ideas federales.

El libro consta de seis partes y los anexos formados por documentos redactados por los partidos republicanos navarros de izquierda sobre la República y el Estatuto Vasco-Navarro.

El autor le dedica la mayor parte del libro al periodo correspondiente a la Segunda República y el posterior exilio, en la que David Jaime es un personaje que lo vive en primera persona y con un grado muy importante de protagonismo.

Al final de cada parte hay una cuidada colección de fotografías correspondiente a ese periodo de la vida del protagonista, excepto en la segunda y sexta.

Primera parte

El autor nos lleva por la vida y peripecias de David Jaime. Su infancia en Eugi y su juventud en Etxarri Aranatz, le permiten aprender la lengua de sus ancestros, la linguae navarrorum. El amor que le profesó se vio reflejado en la defensa que de ella hizo a lo largo de su trayectoria política. Luego vendría su estancia en Argentina, donde refuerza sus ideas liberales y republicanas. Los nuevos estados americanos, nacidos como consecuencia de la lucha por la libertad eran el lugar idóneo para consolidar su  ideología republicana  y progresista. Su retorno al viejo Reino, allá por 1917, le devolverá al país tradicional que dejó, donde “el robledal carlista” lo dominaba todo. En esas fechas se va vislumbrando la aparición de las ideas liberales y un incipiente movimiento obrero. Todo este proceso David Jaime lo vive sin tener todavía una participación directa en política pero con el paso del tiempo y su posterior asentamiento en Tafalla, la tierra de sus padres, le llevará a estar en la primera línea de la vida política de Tafalla y Navarra.

Segunda parte

Esta parte del libro es una exposición concisa de la evolución de las ideas ilustradas, librepensadoras y republicanas pensamiento en Euskal Herria en general y en Navarra en particular a lo largo de la historia.

Desde una óptica político-social nos hace una introducción desde el Renacimiento, pasando por la Ilustración para llegar al siglo XIX y a los conflictos que se vivieron a lo largo de ese siglo en Navarra.

En ese recorrido histórico el autor nos habla de la figura de Manuel Larramendi, que en el siglo XVIII defenderá el derecho a la existencia de una República formada por bascongados constituyendo una nación libre y unida. Antes de sumergirse en los avatares del siglo XIX hace un pequeño repaso de la guerra de Convención (La Francia nacida de la Revolución entra en guerra con la Monarquía española) para acabar centrándose en lo que representó el conflicto entre carlistas y liberales en los territorios vasconavarros. No es el primero ni será el último libro en el que se desmonte el concepto existente de lo que representaba cada bando (carlista y liberal) en liza y el por qué se produjo el levantamiento en las provincias vasconavarras.

Se detiene en el análisis de lo que fue la I República española, lo que supuso para el republicanismo liberal vasco y la existencia de un republicanismo liberal defensor de la restauración foral.

Tercera parte

Comprende el periodo del inicio de la II República hasta la llegada del bienio negro. El autor nos va relatando a través de las actividades del político tafallés las visicitudes que se vivieron en Navarra. El protagonista del libro tuvo una presencia notable en la política navarra. No sólo fue concejal en el Ayuntamiento de Tafalla, sino que fue miembro de la Gestora de la Diputación.

A lo largo de estos intensos años tiene especial importancia todo el proceso de discusión del Estatuto Vasco-Navarro. Los enredos de la derecha navarra para utilizar este debate con el objetivo de desgastar a la II República, el error del PNV en los primeros compases a la hora de buscar sus compañeros de camino, las dudas y prejuicios de algunos republicanos y socialistas, que no de todos, a la hora de posicionarse en favor de que Navarra aprobase el Estatuto y las irregularidades que se produjeron en la asamblea en la que se decidió que Navarra se quedase fuera del Estatuto.

El autor no deja pasar por alto la actitud que tuvo David Jaime ante los problemas sociales. Desde el Ayuntamiento trabajó en favor de la recuperación de comunales y corralizas, en todo tipo de obras públicas, infraestructuras públicas y  servicios públicos, construcción de casas baratas, etc., que ayudasen a mejorar la vida de sus vecinos y, en especial, de los más humildes y desfavorecidos. Y fue un avanzado a su tiempo, pues en 1932 planteó, sin éxito, la demolición de la plaza de toros “donde se dan espectáculos incultos, sin rentabilidad para el Ayuntamiento”.

Cuarta parte

Jose Mari Esparza nos relata la victoria del Frente Popular en todo el Estado y los preparativos del horror que se avecinaba y, con ello, el infierno que pasó David Jaime para poner a salvo su vida, pues desde el momento en que triunfó el golpe en Navarra su suerte estaba echada. Una fosa común o el exilio. Por fortuna, pero después una odisea dramática, nos cuenta cómo logró ponerse a salvo.

En esta parte del libro se hace eco del giro que dan las izquierdas en Navarra  respecto al Estatuto Vasco una vez que se produjo la victoria del Frente Popular. Empiezan a ser conscientes de la necesidad de buscar la unidad política con los otros tres territorios vascos, si quieren que la derecha reaccionaria deje de ser el eje sobre el que gire la política navarra. Los políticos socialistas y republicanos que en 1932 habían estado en contra deciden apoyar la entrada de Navarra en el Estatuto Vasco y para ello los partidos del Frente Popular firman un manifiesto muy clarificador que se puede leer en los anexos del libro.

Quinta parte

Es la parte más extensa de todas, en ella el autor recoge todo lo que fue su vida en su exilio en Iparralde hasta su fallecimiento. Sus penurias económicas, sus problemas de salud y su incansable actividad política para coordinar al exilio navarro dentro del Consejo de Navarra.

Relata de forma muy pormenorizada la labor que realizó el político tafallés, sus relaciones con otros compañeros del exilio y las tensiones que vivió en algunos momentos con miembros de otras fuerzas políticas, como es el caso del PNV.

Los políticos de la izquierda navarra se lamentaban del error que supuso que Navarra no haber entrado a formar parte de la autonomía vasca. Tenían el convencimiento que de esa forma el golpe de Estado nunca hubiera triunfado en el Viejo Reino.

Sexta parte

Con la desaparición de David Jaime y otros destacados políticos navarros que se encontraban en el exilio, se inicia una nueva etapa en la que el autor nos hace un repaso de cómo se fue recolocando el mapa político de Navarra hasta llegar a los años posteriores a la muerte de Franco. Partidos que durante la II República tuvieron un peso importante pasan a ser testimoniales, cubriendo su espacio otras fuerzas políticas que surgen con mucha fuerza.

El libro nos va adentrando en los movimientos políticos que se dieron después de la muerte de Franco, las primeras elecciones y la postura que adoptan los partidos ante el nuevo Estatuto Vasco. En este contexto dedica una parte a explicar de forma pormenorizada los movimientos que se dieron para obstaculizar cualquier entrada de Navarra en el Estatuto y el papel que jugó en todo ese proceso el PSOE, que dio un giro copernicano pasando de estar a favor de la entrada a oponerse de la forma más radical. Es de gran valor histórico la documentación que utiliza para poder sustentar este relato, pues su publicidad no es del agrado de algunos políticos que han ostentado importantes cuotas de poder en Navarra en los últimos cuarenta años.

Jose Mari Esparza no deja en el tintero a dos personas que fueron fundamentales en la vida del político tafallés. Su esposa y su sobrina, pues el matrimonio no tuvo descendencia. Ambas mujeres van acompañando al protagonista a lo largo del libro pues fueron participes y colaboradoras en sus actividades políticas.

Si la finalidad de Jose Mari Esparza con esta obra era reivindicar el legado político de esa generación de republicanos navarros que trabajaron denodadamente por una Navarra alejada de la noche oscura que ha sido el tradicionalismo más rancio a lo largo de los siglos XIX y XX, sin duda alguna la ha logrado.


[1] Extracto de la instrucción reservada nº 1, firmada por Emilio Mola en Madrid el 25 de mayo de 1936 que decía:

“Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego, serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al movimiento, aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas”.

Algunos males de la economía española

El desplome que está sufriendo la economía del Estado español a lo largo de este año debido a la pandemia que sacude a todo el planeta era algo esperable y ha vuelto a demostrar que las políticas económicas basadas en la especulación y en la destrucción del tejido productivo de calidad no son sólidas, traen una economía más frágil, mayor precariedad laboral, falta de formación y la consiguiente ruina, con el agravante que la sufren los sectores más vulnerables de la sociedad.

Los males de la economía española se vienen arrastrando desde hace décadas. Nunca se han tomado medidas para corregir el rumbo y lo más grave es que cuando se producen crisis económicas, se siguen echando las manos a la cabeza, realizándose la eterna pregunta: ¿Cómo nos pueden pasar estas cosas?

La economía estatal si por algo se ha caracterizado es por sustentarse en tres pilares que son la antítesis de lo que debe de ser una economía que quiere desarrollarse bajo unas bases sólidas, bajo un modelo sostenible y alejada de cualquier tipo de modelo especulativo. Esos tres pilares nefastos son las subvenciones al sector agrario (sector primario), la construcción (sector secundario) y el turismo (sector terciario). Siendo estos tres sectores los cimientos de la economía del Estado español, el tejido productivo cada vez es de peor calidad y más vulnerable.

Tenemos un sector primario que vive preferentemente de las ayudas que llegan de Europa, a través de la PAC. Ayudas que son una mina de oro para los grandes latifundistas, grandes explotaciones agropecuarias e industria agroalimentaria, pero que en el caso del pequeño agricultor y ganadero sólo sirven para seguir agonizando. Es preocupante que sea un sector que cada vez tiene menos peso específico. A ello hay que añadir dos agravantes. El primero es que al irse cerrando un gran número de pequeñas y medianas explotaciones agropecuarias, afecta de forma directa y negativa en el mantenimiento del medio rural y el segundo agravantes es que mucho del empleo que se genera en el entorno de la agricultura es pura economía sumergida. Es un sector que vive del dinero que llega de Bruselas, hasta que llegue un día en el que todo esto se acabe, como ocurrió con los Fondos de Cohesión de la UE.

Por lo que respecta al segundo pilar, la construcción, poco o nada habría que decir, al estar muy reciente, todo lo vivido las dos últimas décadas. La crisis de 2008 debía de haber servido para que no se volviera a caer en los mismos errores, pero el capitalismo es un sistema que tiene por norma la generación de beneficios en el menor plazo posible, con el menor coste para el inversor capitalista. Esto lleva a que el sector del ladrillo vuelve por sus fueros, con la aquiescencia de las administraciones públicas y en muchos casos con su apoyo directo. Las instituciones anteponen las grandes operaciones inmobiliarias especulativas a las necesidades de la sociedad, sin reparar los daños urbanísticos y medioambientales. Hemos visto como han promovido proyectos faraónicos que carecían de toda lógica y su hipotética rentabilidad nunca ha revertido al conjunto de la sociedad, con el agravante que si en un futuro esos megaproyectos de iniciativa privada no son rentables, suele llegar el Estado para rescatar a los grandes especuladores que los han llevado a cabo.

El tercer pilar, que es sobre que el que me quiero centrar, es el sector del turismo, dentro del marco amplio del sector servicios en el que se engloba. Para ello, es imprescindible retroceder en el tiempo a junio de 1985, momento en el que el Estado español firma la carta de adhesión a la CEE. El relato oficial es un cuento de hadas en el que se resalta el logro de entrar a formar parte de ese club de la Europa próspera y moderna, después de muchos años de intentos frustrados, pero para estar en ese club tan selecto hubo que pagar un peaje que se tradujo en un ajuste en todos los sectores productivos: agricultura, ganadería, pesca, siderometalúrgica, industria naval, etc. Se terminaba más rápido preguntándose qué sector se había salvado del tijeretazo. Y efectivamente, hubo uno que salió indemne: el turismo y todo los relacionado con los servicios, porque los que mandaban en la CEE decidieron que el Estado español tenía que cumplir el roll de ser la playa de Europa. El lugar donde los habitantes de los países ricos del continente pudieran disfrutar de sus vacaciones a unos precios muy baratos sin tener que realizar grandes desplazamientos.

En la década de los ochenta el Estado español inició varios procesos mal llamados de reconversión industrial en los sectores más estratégicos. Destrucción de la industria minera, naval, siderometalúrgica, casi desaparición de la mayor flota pesquera de todo Europa, etc…, para pasar a convertirse en un país de servicios, porque la palabra reconversión fue un puro eufemismo. Sencillamente fueron procesos de destrucción de tejido productivo sin ninguna alternativa a cambio. Esos procesos de desmontaje del tejido industrial han continuado en el tiempo, agravados por el proceso de globalización de la economía y de deslocalización de muchas empresas.

Todo este proceso de transformación que se ha realizado en varias décadas ha traído un monocultivo del turismo, convirtiéndolo en la mayor fuente de ingresos procedente del extranjero o, dicho de otro modo, la mayor parte de las divisas que entran en el Estado español son gracias al turismo extranjero.

La industria del turismo ha tenido unos efectos perniciosos para la población en general, independientemente que esta actividad se haya dado en zonas de litoral como en ciudades del interior. El turismo se ha abastecido de un empleo de baja calidad y gran temporalidad. La cualificación de los trabajadores del sector servicios y del turismo en particular es mucho más baja que cualquier trabajador del sector industrial, pues los costes de esa formación son menores en los trabajadores de la industria del turismo. La filosofía del capitalismo especulador es sencilla, es más barato formar a un camarero que formar a un tornero o a un fresador, entre otras cosas porque al primero no se le forma, lo ponen detrás de una barra y le dicen que empiece a poner cañas que la formación la irá cogiendo sobre la marcha. Todo ello unido a la temporalidad hace que el sector servicios en general y el turismo en particular sea una industria de mala calidad para una economía, que genera muy poco valor añadido, pero de mayor facilidad para el enriquecimiento de las grandes empresas del sector. El Estado español prefirió sacrificar a sectores estratégicos de su tejido productivo, para vivir del turismo y en situaciones como las actuales estamos viviendo cuáles son las consecuencias.

En muchas partes del Estado, pero sobre todo en las zonas de litoral, han proliferado una cantidad ingente de hormigón para dar cabida a todo el aluvión de turistas que venían buscando sol y playa. Para ayudar a todo esto el sector especulador por antonomasia, la construcción, siempre ha sido el aliado perfecto. La actividad turística ha servido para retroalimentar a los reyes de la especulación del ladrillo.

El boom del turismo en las últimas décadas generó la proliferación de complejos turísticos que en muchos casos no respetaban la legislación urbanística ni la Ley de Costas, pero había barra libre y con la excusa de que el turismo era la gallina de los huevos de oro se miraba para otro lado. La proliferación de megaproyectos, como Marina d´Ors, el Algarrobico, son un botón de muestra de las barbaridades que se han realizado a lo largo del litoral. Pero en las zonas del interior también se han dado procesos similares. La proliferación de hoteles, lugares de ocio y negocios hosteleros ha sido una constante. Sólo hay que ver la transformación que han tenido todas las ciudades del Estado español, en las que el incremento de este tipo de negocio ha sido de forma exponencial. Por suerte, algunos se quedaron en meros proyectos megalómanos que sirvieron para llenar titulares de prensa, como el intento de instalar un Eurovegas en la Comunidad de Madrid con el apoyo entusiasta de Esperanza Aguirre.

Esta locura de desarrollo de la industria turística, unida a grandes operaciones inmobiliarias, demuestra que en ningún momento ha existido una planificación en la que se apostase por un turismo sostenible y de calidad. El crecimiento desbocado ha contribuido a incrementar una serie de problemas estructurales ya existentes y esta dinámica de fomentarlo a lo largo del tiempo ha traído consigo un incremento en los precios que ha repercutido de forma negativa en el ciudadano de a pie, al haber generado en muchos momentos una inflación en todas las zonas donde ha habido una avalancha de turismo.

No escapa a nadie la proliferación de negocios de hostelería que ha habido en muchas ciudades y pueblos. La gran mayoría de los locales que albergaban negocios tradicionales y que echaban el cierre, casi automáticamente pasaban a convertirse en algún negocio relacionado con la hostelería. La lectura que se podía hacer es que era la alternativa recurrente y fácil. Las cadenas de restauración se extendieron como una mancha de aceite, al igual que las de comida rápida y muchas personas que no tenían otra salida laboral optaron por crear algún negocio relacionado con la hosteleria.

Pues bien, con la llegada de esta pandemia todo este castillo de naipes que es la economía española se ha venido de forma brusca al suelo y ha traído consigo una caída de la economía sin precedentes.

En la primera ola de la pandemia y confinamiento que se vivió en todos los países europeos quedó en evidencia que en Europa cada vez se produce menos, y en el Estado español poco o nada. Existe una dependencia total y absoluta de países situados a muchos kilómetros de distancia para el suministro de todo tipo de productos, sobre todo manufacturados. La pandemia nos ha mostrado que el déficit productivo existente es uno de los mayores peligros. La deslocalización que han llevado a cabo muchas empresas con el objetivo de abaratar los costes y engordar aún más la cuenta de resultados de sus empresas con el beneplácito de los gobiernos de turno nos han abocado a esta situación. Hemos visto como para comprar mascarillas, respiradores u otros productos sanitarios las diferentes administraciones se han tenido que lanzar al mercado internacional y no precisamente al mercado europeo. Se han tenido que ir, nada más ni nada menos, que a otros continentes con los sobrecostes añadidos que han generado.

Ahora nos encontramos en la segunda oleada de la pandemia y casi todos los países de Europa están adoptando medidas mucho más drásticas que en el Estado español. Por donde han empezado ha sido por el cierre de la hostelería. No han dudado a la hora tomar una decisión de este calibre. Los gobiernos europeos están mirando por la salud de sus ciudadanos y estados, como Francia, que reciben un gran número de visitantes extranjeros, no han dudado en sacrificar la hostelería, un sector más proclive a la expansión del virus. En cambio, en el Estado español con muchos más contagios que en el resto de Europa las medidas restrictivas en este sector son mucho más pequeñas. La explicación es sencilla. Hay auténtico pavor a que el sector servicios caiga definitivamente, sin olvidar que durante esta segunda ola la actividad de este sector se está sosteniendo gracias al consumo interno, porque a día de hoy, si exceptuamos Canarias, el turismo extranjero en el Estado español ha desaparecido casi en su totalidad.

Esta visión tan diferente entre las medidas adoptadas por la mayor parte de los estados europeos y el Estado español se debe a que en los países de Europa la dependencia que tienen sus economías del turismo es mucho menor que la que se da en el Estado español y para esos países el coste que les puede suponer la ayuda a la hostelería es sensiblemente menor que lo que le supondría al Estado español. Eso les permite poder adoptar medidas de este calibre, porque ni sus tejidos industriales ni sus economías se paralizan. Tienen músculo para seguir generando riqueza.

En la situación actual, con la desaparición total del turismo extranjero y, por tanto, del ingreso de las divisas que generaban, la hostelería que permanece abierta está viviendo del consumo interno, que no es desdeñable, pero no puede suplir al gasto que realiza el turismo extranjero y el dinero que ingresan no deja de ser producto del consumo interno. Dinero que cambia de manos entre personas del mismo Estado que no sirve para incrementar la riqueza de un país.

Ahora bien, el Estado que ha rescatado bancos, líneas aéreas y grandes empresas del sector privado tiene la obligación de ayudar a los pequeños negocios de hostelería que se ven abocados a la ruina, porque es lo único que tienen. En algunas CCAA se está viviendo un segundo confinamiento con el cierre de todos los negocios pequeños y necesitan una respuesta urgente.

Revertir este modelo económico es imposible que se pueda hacer de la noche a la mañana porque ello conlleva un trabajo de años, pero no se puede esperar más para poner los mimbres necesarios para cambiar el modelo productivo y cada día que pasa es una oportunidad perdida. Este reto debería de ir de la mano de políticas medioambientales, fundamentales para crear industrias que no dañen el planeta y con políticas que sirvan para revertir el desequilibrio existente entre las grandes ciudades y el mundo rural. Esta crisis sanitaria nos ha enseñado que la forma de vida de las grandes ciudades no ayuda en absoluto en situaciones como las que estamos viviendo. Y todo esto pasa por entender la economía de forma absolutamente diferente a como se ha hecho hasta ahora. Pasa por cambiar el modelo productivo y para ello el Estado tiene que liderar las iniciativas necesarias para impulsar esta transformación. No puede depender de la iniciativa privada, que tiene su mira puesta en la rentabilidad a corto plazo.

Es el Estado el que tiene que poner las bases para cambiar el concepto de la economía actual y formar desde abajo a las nuevas generaciones en profesiones de calidad que reporten tanto al trabajador como al conjunto de la sociedad para enterrar lo existente. Cualquier demora en adoptar medidas de calado para transformar la situación contribuirá al hundimiento de la economía española y a acrecentar todo tipo de desigualdades socioeconómicas.

Biden gana, Abascal pierde

El candidato demócrata, Joe Biden se ha alzado con la victoria, después de una larga carrera electoral, y de un recuento de votos extenuante. Ahora sólo nos falta por ver cuál va a ser el espectáculo que Donal Trump nos tiene preparados para su fin de mandato, porque ya ha empezado a dar los primeros pasos para la batalla legal que va a desplegar para deslegitimar la victoria del candidato demócrata. No es que quiera emular al general Custer y morir con las botas puestas. Es lo mucho que se juega el trumpismo en estas elecciones.

Los cuatro años de mandato de Donal Trump nos han deparado situaciones de lo más surrealistas,  pero lo vivido durante la campaña electoral y el recuento nos está dejando muchas señales y muchas pistas para que la sociedad mundial valore el peligro del populismo de extrema derecha, porque Donal Trump y el trumpismo no deja de ser el espejo en el que se mira la extrema derecha de todo el mundo y la española no es una excepción. Hay que intentar discernir entre el personaje estrambótico que es Trump y que sólo por su modo de actuar debería de generar rechazo a cualquiera que esté en su sano juicio, sin perjuicio de la ideología que uno profese, y lo que representa el trumpismo. Esto último es lo que debemos tener presente a la hora de analizar esta ideología.

No se puede caer en el error de pensar que Trump es un iluminado y lo que él representa es un delirio. No, el trumpismo es pura ideología populista de extrema derecha, apoyándose en la xenofobia y en el supremacismo blanco. Detrás está el ultraliberalismo económico y la negación de derechos fundamentales y civiles (el antiliberalismo político). Por ello, todas las decisiones que se han adoptado en su mandato han tenido un objetivo muy nítido: legislar en favor de los intereses de las grandes élites de los EEUU y para atraer el voto de las capas más populares de la población tiraba de manual: culpaba a la inmigración que venía a quitar el trabajo y lo que tienen a los de casa y que el resto de políticos son todos iguales, buscando en todo momento el enfrentamiento entre comunidades y creación de enemigos sobre los que proyectar todos los peligros y odios. Para el éxito de su discurso era necesario tener una maquinaria de propaganda que allanara el camino, utilizando los métodos que está utilizando la extrema derecha en todo el planeta: llenar las redes sociales y los medios de comunicación de bulos y noticias falsas. La diferencia entre Goebbels y Donald Trump es que el primero no tuvo acceso a las nuevas tecnologías y el segundo está sumergido en todas ellas.

El espectáculo que ha dado el Partido Republicano, su líder, Donald Trump y su legión de seguidores está sacada del manual que lleva tiempo usando la derecha más reaccionaria y la extrema derecha mundial, pero con el agravante que todo eso se ha estado dando en lo que hasta la fecha es la mayor potencia occidental. En la actualidad el Partido Republicano es Trump, nadie va a cuestionar su discurso porque es el partido de Ronald Reagan y Bush padre e hijo. Un partido que siempre ha estado en la línea que separa la derecha extrema de la extrema derecha.   

Lo vivido desde el cierre de los colegios electorales en EEUU, las continuas acusaciones de fraude electoral hasta la situación esquizofrénica de un presidente que cuestiona el sistema electoral del país que ha gobernado durante los últimos cuatro años son el concepto que el trumpismo tiene de la democracia y la legalidad americana. Hemos visto a un presidente de los EEUU acusar de fraude electoral a sus rivales, ha presionado a los jueces para paralizar el recuento electoral cuando todavía los votos escrutados le daban la victoria parcial y ha llamado a sus seguidores a salir a la calle para defender su reelección. Las imágenes que nos han mostrado los medios de comunicación han sido muy elocuentes. No ha faltado de nada, hasta darse el caso que algunos de sus incondicionales han salido armados a la calle. Y si esto no fuera suficiente, lo grave es que su mensaje cala con mucha facilidad en muchas capas de la población de ese país. Escuchar a sus seguidores que están convencidos que ha habido un fraude electoral en favor de Biden es una muestra hasta qué punto las noticias falsas, los bulos y la manipulación han calado en gran parte de la sociedad americana .

La derrota de Donald Trump no significa que haya desaparecido el trumpismo en los EEUU. Tiene muchos adeptos en la sociedad americana y pueden generar la crispación suficiente como para que el mandato de Joe Biden no sea un camino de rosas. En estos momentos la duda que asalta es hasta dónde puede llegar la fractura que se da la sociedad americana, porque políticamente el país está partido en dos.

No hay que dejar pasar por alto el gran apoyo que ha tenido Trump de ciudadanos de un extracto social bajo y de origen inmigrante, en concreto de la comunidad hispana. Personas que salen de noche de su domicilio para ir a trabajar y que llegan a casa después una larga jornada laboral y que su mayor preocupación es conservar lo poco que tienen. Para ellos el discurso que le vende el populismo de extrema derecha les seduce. Escuchan las frases que quieren oír.

El candidato demócrata sin levantar grandes pasiones ha sido el candidato más votado en la historia de las elecciones presidenciales de los EEUU, gracias a las fobias que generaba Trump. Una de las conclusiones es que más que votar a Biden votaban contra Trump, que ha sacado un resultado espectacular. En otro momento con el número de votos recibidos hubiera ganado las elecciones. Esto es una muestra del interés que han suscitado estas elecciones americanas.

Del mandato de Joe Biden tampoco se pueden esperar grandes milagros. La política norteamericana no tiene un gran parecido a la europea. No se puede esperar que durante su mandato se produzcan unos cambios radicales. Ni es Bernie Sanders, ni dentro del Partido Demócrata es precisamente del ala más izquierdista. Fue vicepresidente durante los dos mandatos que estuvo Obama por lo que se le puede atribuir una responsabilidad importante en la frustración que generaron las políticas de Obama en las clases más bajas de los EEUU, de lo que supo aprovecharse Trump.

La  primera consecuencia de la derrota de Trump es que los movimientos de extrema derecha populistas han perdido un referente en el poder y un altavoz de sus políticas, entre los que se encuentra la derecha española en general y VOX en particular. Si por algo destaca la derecha española es por llevar años utilizando algunas de las formas de hacer política de los republicanos y del trumpismo. Quien no recuerda la bronca política que montó la derecha española de la mano de la Brunete mediática cuando Zapatero ganó las elecciones de 2004 o la que organizó después del éxito de la moción de censura de Pedro Sánchez. Todo vale a la hora de atacar al adversario. Pero sin duda alguna, la formación política española que más empatía tiene con Trump y sus políticas es VOX. Sus mensajes vienen perfectamente elaborados de la factoría trumpista. La forma de hacer política de VOX, la estrategia de la crispación, su relación con los medios de comunicación, ese discurso subliminal de incitación a la violencia, el uso de las redes sociales para hacer circular bulos y noticias falsas es un calco de lo que lleva haciendo Trump y un sector muy importante del Partido Republicano desde hace muchos años.

El tiempo nos dirá lo que puede repercutir en VOX la derrota de Trump en las elecciones presidenciales norteamericanas, pero a día de hoy no puede pasar inadvertidas las imagenes que hemos visto en casi todos los medios de comunicación. La imagen de un presidente haciendo el mayor de los ridículos cada vez que hacía una declaración o escribía un tuit, negándose a reconocer los resultados electorales y ver a sus partidarios llegando a utilizar la violencia pueden gustar a un número importante de votantes de VOX, todos aquellos reaccionarios y nostálgicos del franquismo, que no son pocos, pero, por el contrario, pueden generar un rechazo en mucho despistado que ha votado a VOX, pensando que son el partido que lucha contra las élites de la política. A partir de ahora VOX no va a poder tener de referencia al primo americano de Zumosol.

El término derrota aplicado a VOX no lo debemos de entender desde el punto de vista que tenga una bajada en las próximas citas electorales. No sería de extrañar que VOX tenga un recorrido al alza gracias a un electorado proveniente de los otros dos partidos de la derecha extrema española (PP y Cs). Dentro del corral que comparten esos tres partidos la moción de censura ha dado alas a VOX. Por ello, donde hay que poner la mirada no es en cómo se reparten estos tres partidos su electorado fiel sino en la capacidad que pueda tener VOX en captar votos de sectores de la población que nunca han votado a la derecha o que sencillamente nunca han votado. Y el resultado de las elecciones estadounidenses y todo lo que hemos visto en los medios de comunicación en teoría no es un mensaje que beneficie a VOX o del que pueda casar un rédito electoral.

El deseo de VOX de que el Estado español se aleje de Europa y su deseo de acercarse a los países latinoamericanos, a través de ese término que utilizó Abascal en la moción de censura, la Iberosfera, ha encontrado un obstáculo con la derrota de Trump. A ello hay que añadir que muchos de los gobiernos que hay en Latinoamérica no tienen una sintonía con la ultraderecha española y para mayor de sus desgracias, la victoria del MAS de Evo Morales en Bolivia es otra piedra más en ese camino de VOX a emular las políticas franquistas tendentes al acercamiento al otro continente pero siempre con un tono de cierto tutelaje, como si todavía fueran provincias de ultramar.

El hecho que la inmensa mayoría de los líderes europeos hayan reconocido al Biden no deja de ser expresión del alivio que sienten. Es dar portazo a los últimos cuatro años de la política estadounidense y ello representa y una mala noticia para VOX, que hasta el momento no se han prodigado en ningún tipo de declaración. Quizá todavía no se atrevan a dar el pésame a Trump por la derrota electoral.