La sombra de Franco más allá de la Transición

“La sombra de Franco en la Transición” (El Garaje Ediciones), ayuda a entender no sólo lo que fue la mal llamada Transición, sino a comprender situaciones como las que estamos viviendo en la actualidad: esos golpes de Estado blandos, a los que nos tienen acostumbrados los poderes y aparatos de un Estado heredero del régimen franquista. La primera edición de este libro vio la luz en 2004, siendo el grupo Anaya quien los publicó. Han tenido que pasar veinte años, para que en 2024 El Garaje Ediciones volviese a publicarlo, ofreciendo una edición revisada y ampliada hasta el 31 de diciembre de 1983, más que nada porque en aquellos años los cuerpos parapoliciales seguían desatados bajo las siglas del GAL.

Los nostálgicos del régimen franquista no han tenido mejor forma de celebrar el 50 aniversario de la muerte del dictador que viendo al Tribunal Supremo condenar a una persona sin tan siquiera haber redactado la sentencia. Y han tenido que pasar diecinueve días para que se hayan dignado a darla a conocer. Es decir, primero deciden condenar y luego se ponen manos a la obra para intentar dar una apariencia jurídica a una resolución tomada de antemano, al viejo estilo del Tribunal de Orden Público o de los consejos de guerra de la dictadura franquista. Eso sí, como en los tribunales anteriormente mencionados, las pruebas ni las ha habido, ni falta que les hacía. Salvando las distancias, puesto que ahora no se condena a pena de muerte, poco o nada se diferencia del modus operandi de dictar sentencias durante la dictadura. El atado y bien atacado, bien engrasado y funcionando a la perfección.

No era mi intención empezar este artículo con este comentario, pero bien es verdad que viene que ni pintado en este 50 aniversario del fallecimiento del Dictador, para desempolvar aquella época, que una vez más, nos están intentando meter con calzador. Me estoy refiriendo a las bondades de todo el proceso que se dio después de su muerte e inmediata reinstauración de la monarquía, para llegar a la situación en la que hoy nos encontramos y que llamarón Transición. Y así  vemos que en la actualidad se sigue primero condenando y cuando los jueces estiman oportuno redactan la sentencia y nos la dan a conocer. En el caso del Fiscal General del Estado la condena la dictan el 20 de noviembre, lo cual no deja de ser un guiño a lo que fue el franquismo; pero no podemos olvidar que llevan actuando de forma similar en multitud de ocasiones. Sentencias como las seis de la Suiza, los seis de Zaragoza, los chavales de Altsasu o la del procés, y podría seguir alargándome, son ejemplos palmarios de vulneración de derechos civiles, políticos y sindicales por parte de una judicatura que poco se diferencia de la surgida bajo espíritu del 18 de julio de 1936. Resumiendo: la sombra de Franco es tan alargada, que no se queda en la Transición, sino que llega a nuestros días.

En mi artículo anterior decía que este año se cumple el 50 aniversario de tres acontecimientos claves para poder entender lo que fue ese periodo en que se dieron los pasos para realizar una serie de reformas políticas al régimen franquista. El primero se produjo el 27 de septiembre de 1975, con los últimos fusilamientos de la dictadura franquista, el segundo fue la muerte del dictador en la cama y el tercero no es otro que la reinstauración de la monarquía, en aplicación de la Ley de Sucesión aprobada durante la dictadura. En dicho artículo hablé del primero (los fusilamientos de septiembre de 1975), y en el de hoy es mi intención hablar de los otros, es decir, de ese periodo bastante siniestro que se inicia en ese otoño de 1975 y que uno no sabe bien cuando finaliza, porque ni los historiadores se ponen de acuerdo. Me estoy refiriendo a lo que llaman Transición.

Tengo que decir que para desempolvar ese periodo no me ha sido difícil buscar algún trabajo que recogiera de forma muy descriptiva lo que fueron aquellos años, de hecho, cuando lo he leído, ha sido como un examen a mi memoria, sirviendo para rememorar hechos que en muchos casos conocía, con el añadido que al estar muy bien documentado, ha apuntalado todos mis recuerdos de aquella época. Me estoy refiriendo al libro que escribieron los periodistas Alfredo Grimaldos y Andreu García Ribera, que bajo el título “la sombra de Franco en la Transición” (El Garaje Ediciones), ayuda a entender no sólo lo que fue la mal llamada Transición, sino a comprender situaciones como las que estamos viviendo en la actualidad: esos golpes de Estado blandos, a los que nos tienen acostumbrados los poderes y aparatos de un Estado heredero del régimen franquista. La primera edición de este libro vio la luz en 2004, siendo el grupo Anaya quien los publicó. Han tenido que pasar veinte años, para que en 2024 El Garaje Ediciones volviese a publicarlo, ofreciendo una edición revisada y ampliada hasta el 31 de diciembre de 1983, más que nada porque en aquellos años los cuerpos parapoliciales seguían desatados bajo las siglas del GAL.

José Luis Morales, en el prólogo que ha escrito para esta edición, manifiesta que hay libros que no caducan. En mi caso, iría más allá, y me atrevería a decir que es un texto de obligada lectura si se quiere conocer la realidad de lo que fue la Transición, excepcional para que sea leído por todas aquellas personas que no conocieron aquel periodo, pero también para las que lo vivieron, pero que se vieron privadas de tener acceso a la realidad de la calle, porque la información oficial, controlada por el Poder lo copaba todo, que para eso uno de los que fue timonel de todo ese proceso, Adolfo Suarez, tenía gran experiencia, al haber sido director de RTVE, y una de sus manos derechas, Rodolfo Martín Villa, conocido como la porra de la Transición, fue un maestro en manipular la información desde el Ministerio de la Gobernación y posteriormente del Interior. Es imprescindible este trabajo, pues en palabras de Andreu García Ribera, coautor del libro, es “un necesario documento para desmitificar un proceso que no fue ni modélico ni pacífico”.

La sombra de Franco más allá de la Transición
Adolfo Suarez y Rodolfo Martín Villa en un acto del Movimiento

Para que este engendro, llamado Transición, saliera airoso, fueron necesarios varios factores: la utilización a gran escala de la represión contra las organizaciones que apostaban por la ruptura con el régimen franquista, lo que era conocido como la ruptura democrática, en segundo lugar, la implicación de todos los poderes heredados de la dictadura, que pasaron de la noche a la mañana a ser instituciones a los servicios de la recién reinstaurada monarquía que acaba de jurar fidelidad a las Principios del Movimiento Nacional y las Leyes Fundamentales de la dictadura. Jugaron un papel fundamental en la estrategia diseñada por los mismos que unos días antes levantaban el brazo y no precisamente para parar un taxi, que no era otra que “maquillar 40 años de fascismo desde la propia institucionalización de la dictadura”. O dicho en palabras de los autores de este ensayo: “Los mandos del Ejército que ejercieron de oficiales con Franco incorporaron nuevas estrellas a sus bocamangas al amparo de la Monarquía, los implacables jueces del Tribunal de Orden Público prosiguieron su ascenso en los nuevos tribunales de excepción que surgen, y los torturadores de la antigua Brigada Político-Social mantuvieron sus siniestras trincheras en los sótanos de la Dirección General de Seguridad. El habitual “aprobado por aclamación” de las Cortes franquistas fue sustituido por el sacrosanto “consenso” y el silencio oficial continuó apoderándose de muchos asuntos esenciales de la vida política”. Pero todo ello necesitó de otro factor fundamental para lavar la cara al régimen, y no fue otro que “la impagable complicidad de una izquierda histórica que vendió la legitimidad que atesoraba a cambio de la legalidad que le ofrecía la estrecha taquilla de los falangistas remozados”. Para que nos entendamos, Grimaldos y García Ribera ponen el foco en la colaboración necesaria, y me atrevería a decir que imprescindible, de dos partidos políticos que entraron en ese juego en el que los poderes del Estado seguirían en las mismas manos y ellos, recibiendo una parte muy pequeña del pastel, se convertirían en actores secundarios, pero que con su actitud ayudaron a legitimar el proceso que se estaba viviendo. Esos dos partidos son de sobra conocidos: el PSOE y el PCE. En el caso del PSOE, con el agravante que disfrutó de unas mayorías más que absolutas durante casi 14 años, sin que hiciese nada para democratizar todos los aparatos del Estado.

Para poder poner negro sobre blanco lo que se vivió durante aquellos años, en este ensayo encontramos varias formas de analizarlo. Por un lado ofrece un estudio muy detallado de algunas acciones de los aparatos del Estado, en los que el lector encontrará datos e información muy importante para poder comprender que seguían utilizando los mismos métodos que durante el franquismo, pues aunque habían cambiado su denominación, quienes los dirigían eran los mismos.

Los autores arrancan con los últimos fusilados por Franco, para en diferentes capítulos profundizar en algunos hechos en los que el Estado, en coordinación con organizaciones de la ultraderecha española e internacional, estuvo implicado. Uno de estos fue lo acontecido en Montejurra, operación organizada por las más altas instancias del Estado, que de la mano de conocidísimos sicarios de la ultraderecha europea y latinoamericana, tuvo como objetivo “asestar un golpe definitivo al carlismo democrático y, con él, a cualquier línea dinástica que pudiera hacer sombra a Juan Carlos de Borbón, el rey designado por Franco”, y que desde el propio aparato del Estado fue denominada como “La operación reconquista”. Ya el nombre se las traía.

Con el título los últimos crímenes del Sindicato Vertical, este libro dedica un capítulo a los asesinatos de los abogados de Atocha, otro caso donde vuelve a aparecer la participación del Estado y del todavía aparato sindical de la dictadura, junto con conocidísimos ultraderechistas. Los autores no se limitan únicamente a exponer lo que fue el atentado, sino que relatan los antecedentes, las luchas obreras en el sector del transporte, los intentos del Sindicato Vertical de acabar con cualquier forma de organización de los trabajadores y cuál era el objetivo que buscaban con dicha matanza.

La sombra de Franco más allá de la Transición
José Luis Marín García-Verde, junto a él, con porra, el ultra valenciano Carlos Ferrando Sales (jurramendimontejurra.wordpress.com)

Si por algo destaca este ensayo es por el gran trabajo de investigación periodístico que realizan sus autores; es una constante en todo el libro, y especialmente a la hora de realizar el capítulo del atentado contra los abogados de Atocha. En sus páginas se pueden encontrar, entre otros datos, el origen de las armas que se utilizaron para cometerlo, las personas implicadas que aparecen, la desidia  en la investigación por parte de la judicatura, hasta el extremo que uno de los procesados se fugó gracias a un permiso que le concedió el juez instructor Rafael Gómez Chaparro, un personaje clave en el mundo de las togas. Por el juzgado de este juez y de otros conocidos magistrados de la época pasaron numerosos procedimientos abiertos por crímenes cometidos por ultraderechistas y miembros de las fuerzas del orden público durante la Transición, los cuales sufrían una flagrante obstrucción, para que en la inmensa mayoría de los casos finalizasen archivados o con leves condenas y nunca daban un paso más allá de los autores materiales de los hechos; no había un interés por investigar de donde procedían las órdenes, por lo que los autores intelectuales gozaban de la más absoluta impunidad.

La “Operación Mallorca” o dicho de otra forma, el atentado en Argel contra Antonio Cubillo, el líder del MPAIAC, para complacer a los operadores turísticos alemanes que estaban muy nerviosos por los atentados que realizaba esta organización a intereses turísticos de ese país en el Archipiélago canario, es otra de las perlas que nos ofrecen Grimaldos y García Ribera, gracias a la labor de investigación que hay detrás de este libro.

La sombra de Franco más allá de la Transición
Franco junto a Juan Carlos de Borbón en la Plaza de Oriente

A lo anteriormente expuesto, los autores van intercalando varios capítulos que son dedicados a quienes pilotaron la Transición. Son unas biografías en las que el lector puede conocer de cada uno de ellos, el origen, entorno familiar, sus trayectorias desde su mocedad, sus años más desconocidos dentro de la política, para llegar a sus andanzas durante los últimos de vida del Dictador y la Transición. Como no podía ser de otra forma, el primer personaje al que le dedican un capítulo es a la persona que designó Franco para sustituirle en la jefatura del Estado, y que a día de hoy no soporta que se critique al Dictador en su presencia. A partir del Borbón, van desfilando destacados políticos franquistas, aquellos que “diseñan el cambio y se reparten los papeles en la obra que ellos mismos dirigen”; personajes como Martín Villa, Suarez, Juan José Rosón o Fraga, son los escogidos, pues representan lo que fue la Transición. Sus biografías no dejan lugar a dudas. Políticos que en ese proceso supieron desempeñar ese papel, sabedores que para perpetuarse en el poder “saben que, por necesidad histórica, tienen que cambiar algunos elementos de la estructura del Régimen, pero sólo están dispuestos a hacerlo después de haber desactivado previamente al enemigo”.

Al tratar de los camaleones políticos que se hacen con el poder, cambiando la camisa azul por trajes y corbatas más acordes con los nuevos tiempos, este ensayo muestra cómo se preocuparon para que existiese una “extrema derecha violenta y golpista”, que iba a servir de tonto útil, sobre la que recayese todo lo que sucedió durante la Transición, para que la nueva clase política proveniente del franquismo pudiera salir inmaculada y cara a la opinión pública quedase como la artífice de haber traído la democracia. Pero con el pequeño detalle que a ese grupo de ultras violentos que se podían encontrar en los entornos de los cuerpos policiales, nunca fueron dejados tirados, siempre tuvieron el cariño de magistrados y policías que fueron piezas claves para poderlos ayudar a eludir sus responsabilidades penales. Es ahí donde Grimaldos y García Ribera aportan una cantidad ingente de datos y pruebas para demostrar la connivencia que el Poder tenía con estos grupos.

Este ensayo hará un repaso a esos cuerpos represivos que nunca se disolvieron, que siguieron utilizando los mismos métodos que durante la dictadura, y cómo esta edición llega a diciembre de 1983, el lector podrá ver que nada cambió con la llegada del PSOE al gobierno en octubre de 1982. Los torturadores siguieron siendo condecorados con medallas pensionadas y disfrutaron de una jubilación placentera. Roberto Conesa, Juan Antonio González Pacheco (Billy el Niño) o Manuel Sánchez Sandoval son algunas caras conocidas, pero no las únicas que desfilan por las páginas de este libro.

Han pasado 50 años de la muerte de Franco y lo que ha pasado a la historia con el nombre de Transición sigue siendo motivo de discusión, porque no deja de ser un trágala que ha sido introducido a base de un bombardeo mediático. Aquello no fue más que un proceso de reforma política en el que las instituciones franquistas fueron objeto de un lavado de cara para seguir perviviendo a lo largo del tiempo. No hay más que ver en la actualidad la forma de actuar de las actuales instituciones y aparatos del Estado. Aquellos polvos, trajeron estos lodos.

La sombra de Franco más allá de la Transición
La sombra de Franco en la Transición. El Garaje Ediciones

Palestina: la existencia negada

Palestina: la existencia negada

A día de hoy se han acabado todos los adjetivos para describir lo que está sufriendo el pueblo palestino en la Franja de Gaza y Cisjordania. No es que este genocidio tenga su origen hace algo menos de dos años, pues ambos enclaves palestinos llevan décadas siendo objeto de las políticas de exterminio del Estado de Israel, pero lo que está sucediendo desde hace en estos últimos tiempos, podríamos decir que es una de las situaciones más graves, sino la que más, que se ha vivido en el planeta desde el final de la II Guerra Mundial.

Palestina y, en concreto Gaza, se ha convertido en un gran genocidio en el que el brazo ejecutor es Israel, con la cobertura militar, político y financiera de los EEUU y la UE. Algo que no es nuevo, y que nos está mostrando quién o quiénes son los que realmente mandan en este mundo, pues el hecho de que un Estado tan pequeño como Israel, con una capacidad económica limitada para poder mantener el poderío militar que lleva demostrando a lo largo de muchas décadas, actuando con total impunidad, al margen de las resoluciones de la ONU, y con la capacidad para imponer a las grandes potencias sus políticas genocidas contra el pueblo palestino, sin que nadie le rechiste, solo puede darse gracias al respaldo de esos poderes políticos y económicos que están en la sombra, por encima de los gobiernos, y que son los que mueven los hilos ocultos de la economía y la geopolítica del planeta, donde, no olvidemos, el sionismo tiene una fuerza abrumadora.

Todo esto no es nuevo, otra cosa es que no haya más ciego que el que no quiere ver, y que desgraciadamente sea ignorado por muchos ciudadanos europeos y del resto del mundo, porque de los gobiernos occidentales ya nada se puede esperar. Lo que está sucediendo en la actualidad en Palestina, y que es extensible a todo Oriente Próximo, es de una gravedad sin precedentes, porque Israel es el elemento desestabilizador de toda la región; no hay conflicto en la zona en el que, ya sea a la vista de la Comunidad Internacional o de forma un tanto oculta, no esté la mano negra del sionismo.

Todo conflicto tiene sus antecedentes y causas, pero en el caso del pueblo palestino están aún más acentuadas. El pueblo palestino ha vivido pacíficamente a lo largo de los siglos en una tierra que tiene nombre, Palestina, y que está ubicada entre el Mediterráneo y el Jordán, entre las montañas al norte de Galilea y el desierto de Neguev al sur. Algo sencillo, pero necesario remarcar porque en la actualidad se está construyendo un relato en el que se intenta borrar de un plumazo más de 2.000 años de historia del pueblo palestino y de la tierra que habitaba.

Pues bien, para desmontar todo ese discurso construido para ocultar la realidad, hoy traigo a este blog un libro de la periodista Teresa Aranguren, que con el título “Palestina: la existencia negada” (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), publicado en abril de 2025, realiza un repaso a la historia de Palestina y a todos los acontecimientos que han ido marcando el devenir de este pueblo para desmontar ese discurso del sionismo que niega su existencia y, por tanto, la de un pueblo milenario, el palestino. Y después de su lectura no hay lugar a dudas que el objetivo de la autora ha sido logrado con creces.

Palestina La existencia negada
Teresa Aranguren

Es un texto sencillo y muy didáctico para acercar al público la cuestión palestina, pero que, a su vez, aporta una serie de datos de gran importancia para desmontar mitos y propaganda sionista y poder entender la historia del pueblo palestino, y el conflicto existente que se remonta a la década de los 80 del siglo XIX, con el nacimiento del movimiento sionista.

Al hablar de la historia, Teresa Aranguren se expresa en los siguientes términos: “Una de las condiciones del tiempo pasado es que ya está cumplido y no puede eliminarse. Se puede falsear, silenciar, ocultar, pero no borrar su rastro de los libros de historia, viajes, documentos, restos arqueológicos y, sobre todo, de la memoria, que si bien es perecedera como los seres humanos, también es transmisible de padres a hijos y a los hijos de los hijos”, y este ensayo nos muestra que hay un lugar en el mapamundi que a lo largo de los siglos ha sido conocido con el nombre de Palestina habitado por los originarios de dicho territorio.

Uno de esos bulos sobre los que se asentaba el movimiento sionista a finales del siglo XIX no era otro que el eslogan que lanzó el judío británico Israel Zangwill “Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, frase que se convierte “en una carta de presentación del movimiento” sionista, pero que Teresa Aranguren lo denomina como “una gran mentira”, siendo las páginas de este ensayo la mejor herramienta para tirar por tierra ese discurso negacionista.

Uno de los logros de este trabajo es que desmonta de forma sencilla “los dos grandes mitos inaugurales del sionismo, la tierra vaciada, y el desierto hecho florecer”, pero, como bien dice la autora, “han sido muy eficaces a la hora de borrar la existencia del pueblo de Palestina”. Para desarticular estos mitos, en este libro podemos encontrar testimonios escritos de escritores y viajeros que a finales del siglo XIX viajaron por Palestina y que la describieron como una tierra que en modo alguno era un desierto, donde sus habitantes cultivaban una gran diversidad de productos, hablando en todo momento de una tierra fértil.

Para entender “The Palestian Question” (término utilizado por los ingleses a la hora de tratar el proyecto sionista), Teresa Aranguren pone el acento en las políticas coloniales que llevaron a cabo las potencias europeas a principios del siglo XX y que fueron uno de los motivos que desencadenaron la Primera Guerra Mundial, siendo Gran Bretaña la potencia que fue allanando el camino a las aspiraciones sionistas, pues como se expone en este ensayo, la Administración británica va poniendo las bases para la creación de un Hogar Nacional Judío en Palestina, expresándose el ministro de exteriores de Gran Bretaña, Lord Balfour, en los siguientes términos: “En Palestina ni siquiera nos proponemos pasar por la formalidad de consultar los deseos de los habitantes del país. Las cuatro grandes potencias están comprometidas con el sionismo, correcto o incorrecto, bueno o malo, está anclado en antiquísimas tradiciones, en necesidades actuales y en esperanzas futuras de mucha mayor importancia que las aspiraciones de los 700.000 árabes que habitan esta tierra antigua”. Ya se empezaba a entrever el futuro que tenían reservado para el pueblo palestino.

Palestina fue un territorio por donde a lo largo de los siglos pasaron diferentes civilizaciones y ejércitos que la dominaron, pero los habitantes de esa tierra en ningún momento fueron expulsados, pues convivieron con diferentes culturas y religiones. Asirios, babilonios, árabes musulmanes, cruzados, mongoles, mamelucos de Egipto y otomanos fueron pueblos que dominaron Palestina, sin olvidar a inmigrantes cristianos que iban a Tierra Santa. Como se resalta en este libro, a diferencia de todos esos pueblos, “el objetivo final de la colonización sionista de Palestina no era el sometimiento y el control político y económico de la población autóctona sino su sustitución por otra”, y es lo que estamos viendo en los últimos cien años, pues como bien se recoge en este ensayo, en 1922 tan solo el 10% de la población era judía frente 76,9% musulmana o el 11,6% cristiana, y en lo que respecta a la propiedad de la tierra, “solo el 2,4% de la superficie total del país estaba en manos del movimiento sionista”. Esto era un dato que no pasaba desapercibido para el sionismo, y así lo describe Teresa Aranguren, cuando recoge en su trabajo la manifestación que realiza en 1940 Yosef Weitz, director del Fondo Nacional Judío, que se expresa en estos términos: “La empresa sionista ha hecho un buen trabajo con la adquisición de tierras. Peo así nunca conseguiremos contar con un Estado. El Estado se nos tiene que dar de una sola vez como la salvación (¿no es ese el secreto de la idea mesiánica?). No existe otra forma que desplazar a los árabes, a todos los árabes. Quizá con la excepción de Belén, Nazaret y la ciudad vieja de Jerusalén, no debemos dejar ni un solo poblado, ni una sola tribu. Todos deben poner rumbo a Siria y a Irak, incluso a Transjordania”.

Palestina La existencia negada
Refugiados palestinos en la carretera tras haber huido o haber sido expulsados de sus hogares en la Galilea (noviembre de 1948). (lqsomos)

No cabe duda que en discursos como este se inspiró el sionismo para, entre 1947 y 1948, realizar las operaciones militares para expulsar de su territorio a la población árabe, lo que se conoce como Nakba, y que en este ensayo se relata y documenta cómo fue ejecutada por grupos armados del movimiento sionista, una auténtica limpieza étnica con el beneplácito del ejército británico que estaba desplegado en Palestina y de la Comunidad Internacional; recoge testimonios y datos de todas las poblaciones palestinas que sufrieron los ataques, desmontando esa “idea, muy extendida en la opinión pública occidental, de que la huida en masa de la población palestina de sus hogares y sus tierras fue consecuencia del caos generado por la primera guerra árabe-israelí, no se corresponde con los datos y los hechos ocurridos mucho antes de que ningún ejército árabe hubiera entrado en Palestina”. Entre esos testimonios que recoge este ensayo, es escalofriante leer el que aporta el historiador israelí Benny Morris, acerca de la actuación de los grupos armados israelís, con el agravante que justifica la actuación “como un mal necesario para la consecución del Estado judío”.

En este libro podemos encontrar como Menahen Beguin y Yitzal Shamir, en aquellos momentos miembros del grupo terrorista Irgun, y que con posterioridad llegaron a ser primeros ministros de Israel, fueron algunos de los responsables de las matanzas de la Nakba. Y en el marco de esa impunidad, es donde hay que situar el atentado que realizó el grupo terrorista anteriormente citado contra el enviado especial de la Naciones Unidas para investigar los hechos producidos durante la Nakba. Por ello Teresa Aranguren tira por tierra la versión existente de cómo se nació el Estado de Israel, al decir que “la versión idílica de cómo se creó el Estado de Israel se asentó sobre la negación y el silenciamiento de lo ocurrido con la población palestina. El término “limpieza étnica” quedó proscrito de la versión oficial y épica de la creación del Estado”.

Para el sionismo la resolución de la ONU, que planteaba la partición de Palestina en dos estados, uno árabe y otro judío, fue un triunfo del sionismo, pero en palabras de Teresa Aranguren “los dirigentes sionistas eran muy conscientes que sin la mayoría demográfica y sin la propiedad de la tierra, dicho Estado no sería posible. La resolución de partición de Palestina llevaba el germen de la limpieza étnica que vino después”.  Esta es la piedra donde se asienta el proyecto sionista para echar a los palestinos de sus tierras y que hoy día lo sigue aplicando a rajatabla.

Cuando se habla de terrorismo en este conflicto, únicamente se menciona el terrorismo de los grupos palestinos, pero es curioso que se pase por alto el terrorismo sionista en la consecución de la creación del Estado de Israel, y no me estoy refiriendo a lo que se conoce como Nakba, sino a los atentados que grupos terroristas sionistas perpetraron contra la Administración británica, y que generaron muchos muertos.

Palestina La existencia negada
Desplazados forzosos durante la guerra de Gaza (Wikimedia Commons)

Este trabajo nos muestra como una vez creado el Estado de Israel y de haber realizado la primera Nakba, la hoja de ruta del sionismo no se ha desviado un ápice. La estrategia ha sido muy clara, ir a la confrontación armada contra los países árabes de su alrededor, con el respaldo de EEUU y la inmensa mayoría de los países occidentales para ir arrebatando territorio al pueblo palestino y a los estados vecinos, y cada negociación ha sido una maniobra para continuar con sus políticas de expulsar a los palestinos de sus tierras. Si por algo ha destacado la política sionista de Israel es por no cumplir ningún tipo de resolución de la ONU, y haciendo saltar por los aires los acuerdos suscritos en Oslo con la OLP y cualquier posibilidad de resolución del conflicto.

Para entender lo que está sucediendo en la actualidad, en lo que se puede calificar como la nueva Nakba, Teresa Aranguren no duda al manifestar que “la clave de la fuerza de Israel no está solo en el poderío de la maquinaria militar sino en la garantía de su impunidad”.

En este ensayo hay un lugar para denunciar la manipulación informativa, en concreto a la hora de informar de los ataques que realiza el ejército israelí, “sembrando dudas”. Una herramienta eficaz para “posponer su impacto ante la opinión pública”,

Palestina La existencia negada
Periodistas asesinados por Israel-Agosto 2025 (lqsomos)

En estos momentos a todos aquellos que rechazamos la situación del pueblo palestino, no nos queda otra opción que seguir denunciando el genocidio que está sufriendo por parte del Estado de Israel, con protestas multitudinarias y masivas, compartiendo la información que nos hacen llegar periodistas que se están jugando el tipo; a día de hoy van 244 periodistas que han sido asesinados por el ejército israelí en Gaza; su presencia es fundamental porque son testigos de lo que está sucediendo, y sin su testimonio el mundo no estaría informado de este genocidio, por eso son un objetivo del gobierno israelí. Pero otra forma de apoyar al pueblo palestino es, sin duda alguna, la publicación de libros como éste de Teresa Aranguren, que ayudan a dar a conocer las raíces de un conflicto que no ha comenzado el 7 de octubre de 2023, con el ataque de Hamas y otros grupos palestinos, como quiere hacer ver el gobierno israelí, sino que es necesario echar la mirada atrás en el tiempo para poder comprender y empatizar con la lucha del pueblo palestino.

Palestina La existencia negada
Palestina La existencia negada. Ediciones del Oriente y del Mediterráneo

José Mujica. Un humilde sembrador de ideas

Hace poco más de dos meses que Pepe Mujica se nos fue en silencio y con una mochila llena de luchas y experiencias, una persona que peleó en innumerables batallas, perteneciente a una nación pequeña en extensión, pero grande en las luchas que ha mantenido a lo largo de su corta historia.

Se ha hablado mucho de este viejo militante, guerrillero del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, preso político entre los años 1972 a 1985, fue tomado como rehén por parte de la dictadura cívico-militar para ejecutarlo si los tupamaros retomaban la lucha armada, posteriormente militó en el Movimiento de Participación Popular, organización que forma parte del Frente Amplio, y de la que fue líder, llegando a ser presidente de la República Oriental del Uruguay. Me atrevería a decir que es admirado por una inmensa mayoría de la izquierda mundial, aunque uno siempre encuentra excepciones, y algunos pongan el énfasis en el abandono de la lucha armada por parte de Pepe Mujica. Pero lo que no se puede obviar, es que ha sido un ejemplo para la izquierda de todo el planeta por su humildad, honradez y ética.

Para hablar del pensamiento de Pepe Mujica y de su dilatada trayectoria política, he recurrido a un libro que vio la luz en Uruguay en noviembre de 2022, siendo publicado por la editorial independiente Ediciones del Berretín y que posteriormente ha sido editado en el Estado español por la editorial Baigorri Argitaletxe. Este libro es producto de una serie de charlas que Mario Mazzo y Carlos Martell mantuvieron con Pepe Mujica cuando éste ya estaba en su chacra, retirado de la actividad política.

No sé si se puede asegurar que en este libro se encuentra sintetizado el pensamiento político de Pepe Mujica, pero si me atrevería a decir que no deja ningún tema en el tintero, y en palabras de sus autores “este libro nace de la idea de lanzar semillas al viento, pensando en la necesidad de que nuevos militantes echen raíces en la tierra fértil de las luchas sociales y políticas de este continente tan injusto, tan desigual, que sigue pariendo espíritus rebeldes”.

De lo que no cabe ninguna duda es que todas las reflexiones que aporta el líder uruguayo van dirigidas a obtener el logro de la felicidad por parte del ser humano, pero de todos los del planeta, no sólo de los que viven en los países ricos. Y para ello hace una enmienda a la totalidad al capitalismo, sistema que se sustenta en un consumo depredador que se está llevando por delante al planeta, porque es imposible la sostenibilidad con este ritmo desaforado, que lleva a la destrucción del medio ambiente, y lo expresa en estos términos: “El planeta no se salva si seguimos aferrados a esta civilización. El capitalismo funciona sobre la base de una gran mentira, nos promete la felicidad del consumo sabiendo que no será para todos”, porque son más los que no tienen la posibilidad de acceder a los parabienes que ofrece el capitalismo. Nos trasmite una gran preocupación porque en materia de medio ambiente, los políticos desoyen los consejos de los científicos.

Cuando habla del capitalismo, pone el acento en algo que, siendo obvio, la izquierda a día de hoy no ha encontrado la forma de combatirlo, que no es otra cosa que la asimilación de la cultura capitalista por parte de todas las clases sociales. Y es ahí donde Mujica puede levantar más de una ampolla, pues no duda al decir que en los países donde se ha construido el socialismo “subyace la cultura capitalista”, que no es otra cosa que la falta de formación cultural de clase. Y lo sentencia cuando dice que “no se puede construir un edificio socialista con albañiles capitalistas”, porque no es suficiente con cambiar las relaciones de producción, para cambiar la mentalidad de las personas, pues “el socialismo no es sólo números, son personas”. Lo que nos está queriendo decir es que la gran batalla consiste en combatir al capitalismo en el terreno de la guerra cultural. De hecho, no duda en afirmar que “es más fácil un cambio material que un cambio cultural”, pues para Pepe Mujica “una verdadera revolución es la que logra un cambio cultural” pues si no se quiebra la cultura dominante el cambio no existe. Ese fue el triunfo del capitalismo cuando derrotó culturalmente al feudalismo, cosa que hasta ahora el socialismo no ha logrado al haber fracasado en sus intentos de derribar culturalmente al capitalismo. Este proceso para lograr un cambio cultural no tiene nada que ver con una revolución cultural.

Al hilo de una cultura y una moral distinta, afirma que ser de izquierdas es tener una empatía y manera distinta de ver las cosas, de ver a los demás. Para ello, Pepe Mujica no duda en afirmar que hay que compartir con los de abajo, para que estos tengan fe en los dirigentes de la izquierda.

José Mujica. Un humilde sembrador de ideas
Parte del cortejo de Pepe Mujica (Wikimedia Commons)

La humildad de Pepe Mujica se ve reflejada cuando al hablar de esta cuestión responde “Yo te planteo el problema, no la solución porque no la tengo”. Desde los años 80, con el triunfo de las políticas neoliberales de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, y la caída de los países que se denominaban socialistas, la izquierda ha sido incapaz de forjar un discurso cultural que contrarrestara la ola neoliberal, pero quizá lo más grave es que tampoco ha sido consciente de ello, y es ahí donde el político uruguayo realiza una autocrítica sencilla y seria desde la humildad del que reconoce que no tiene soluciones, aunque si se atreve a plantear que para superar esta batalla cultural, pasa por la educación, que es “la puerta a la libertad”.

 En estos términos expone por qué resiste el capitalismo, porque el capitalismo y sus técnicas de marketing avanzan mucho más que cualquier ciencia, lo que le lleva a sentenciar que “el capitalismo no es solamente un sistema de producción y manejo de riqueza, es también la formación de una cultura subliminal, que es lo más fuerte… Nos ha transformado en adictos consumidores. Confundimos ser con tener, vivimos para comprar cosas nuevas, y estamos siempre “ensartados”, trabajando y pagando”. Una exposición tan sencilla, pero que a día de hoy la izquierda no ha encontrado la solución para deshacer este nudo.

Al hablar del neoliberalismo lo hace exponiendo sus contradicciones. Los gurús neoliberales hablan de libertad en el campo económico, siendo la única que realmente les preocupa, siendo esta más importante que las libertades fundamentales de la ciudadanía. Para Mujica, la propiedad y la acumulación es la piedra angular de este pensamiento, la cual “está basada en el principio de la explotación directa o indirecta de otro”, “la libertad con la que se les llena la boca a los neoliberales es la libertad de apropiarse en gran escala del trabajo de los demás”, lo que no deja de ser una forma de egoísmo de las clases dominantes. En este caso tampoco deja pasar la ocasión para lanzar alguna andanada al espectro de la izquierda cuando afirma que los gobernantes tienen que vivir como vive la mayoría del pueblo, y se dirige a sus dirigentes, que, en muchos casos, cuando esta gobierna suele comportarse como la derecha.

Al hablarnos del Estado no duda un momento al sentenciar la necesidad de la existencia del Estado, con todas las críticas que se le puedan hacer desde los neoliberales, porque a la más mínima crisis, recurren a él en busca de ayuda y protección. Para Mujica el problema radica en las personas, que con sus conductas arrastran al Estado al burocratismo. Y es aquí donde su discurso puede generar malestar, al ser crítico con determinadas conductas que se dan dentro de la izquierda, pues al no preocuparse de corregir sus defectos, facilita el discurso anti estatista de aquellos que quieren reducir el Estado a la mínima expresión. Ataca no sólo a todas esas conductas extendidas en las diferentes administraciones que generan una desafección por parte del ciudadano hacia el Estado en su conjunto, sino que también a las posturas inmovilistas existentes dentro. Y para ello expone su experiencia en la etapa de ministro y de presidente de la República.

El camino que Pepe Mujica nos muestra, al menos para mitigar las desigualdades, pasa por cuestiones que son un denominador común en todos los países capitalistas, sean ricos o pobres, pues todos ellos sufren la ola neoliberal, y para ello, comentará temas tan importantes como fiscalidad progresiva, empresas trasnacionales, capitalismo rentista o reforma agraria.

Dentro de este análisis que va acompañado con grandes dosis de autocrítica, a la hora de entrar a hablar dentro del campo de las ideas, su reflexión despeja todo tipo de dudas que pudieran haber surgido, cuando dice que “no hay una alternativa global a la explicación social del marxismo” porque en la actualidad nadie ha planteado una teoría para salir de esta situación, el marxismo no da respuestas a muchas de las situaciones actuales, pero “tampoco tenemos otra herramienta” porque lo que hay enfrente no sirve. Mujica nos habla de un posmarxismo con la dificultad que no ha surgido un ideólogo que esté a la altura de Marx para darnos una explicación global del mundo actual.

José Mujica. Un humilde sembrador de ideas
Pepe Mujica en el encuentro de la Confederación de Sindicatos de Trabajadores de Amércia (Wikimedia Commons)

La visión ideológica y política de Pepe Mujica hay que entenderla teniendo siempre presente los movimientos políticos que han surgido en Latinoamérica, con sus peculiaridades, que muchas veces no son comprendidas desde la vieja Europa. Conceptos como patria, liberación nacional, banderas que levanta la izquierda en esos países, en contraposición al imperialismo y a las políticas que van de su mano, tienen un significado muy arraigado en ese continente, y muy alejado del concepto que tenemos por estas latitudes. 

José Mujica. Un humilde sembrador de ideas
Pepe Mujica en un acto de UNASUR en apoyo a Evo Morales

Mujica hace un repaso histórico a la política uruguaya y nos ofrece algunas pinceladas sobre los países latinoamericanos. Los momentos convulsos vividos a lo largo del siglo XX en su país, los golpes de Estado de todo tipo, las diferentes sensibilidades dentro de la izquierda, la forma de hacer política, que para los lectores que no vivimos de cerca la política de esas latitudes no deja de ser interesante. Y dentro de todo ello el frentismo, esa convicción de toda la izquierda uruguaya, que, para ganar electoralmente a la derecha, pasa por su unidad independientemente de sus sensibilidades. Una lección para aplicar en estas latitudes que se pone más el foco en las diferencias, como así lo recoge Arnaldo Otegi en el prólogo a esta edición, porque “si no sumas no ganas” y para ello hay que deshacerse del sectarismo dogmático.

Al escucharle hablar de la vida y de darle algún sentido, nos encontramos a una persona que ha sido coherente con su forma de vivir, con esa humildad y austeridad de la que ha hecho gala a lo largo de los años, y alejada de la pompa que tanto les gusta a muchos dirigentes de la izquierda.

Pepe Mujica, fiel a sus principios, nos anima a seguir luchando, diciendo que “el capitalismo no es el fin de la historia, que ninguna derrota es definitiva y que los únicos derrotados son los que bajan los brazos”, porque esta vida no es más que luchar desde que nacemos hasta el último suspiro.

Y su forma de ver la vida se podría resumir en su última frase: “La esperanza es caminar, y el guerrillero que no camina está frito. Me duelen los huesos, pero todavía voy andando”. A lo que solo se puede añadir, Pepe, que la tierra te sea leve.

José Mujica. Un humilde sembrador de ideas
Semillas al viento. José Mujica. Baigorri Argitaletxe

En la estela de la guerra de Ucrania. Una colisión entre imperios

Después de tres años de guerra, da la impresión que el conflicto entre la OTAN y Rusia en suelo ucraniano ha entrado en su fase final, estando próximo el desenlace de todo este sinsentido que supone una guerra en pleno siglo XXI, con la consiguiente carrera armamentística, que para lo único que sirve es para engordar las cuentas de resultados de las empresas del sector de armas, aunque probablemente el final de todo esto no traiga la resolución de las causas que lo originaron, más que nada porque los actores principales (OTAN, EEUU y Rusia) tengan puestas sus miradas en cuestiones que al común de los mortales se nos escapan.

Llegados a este punto entiendo que es necesario echar la vista atrás, volver a poner encima de la mesa todo lo relacionado con este conflicto y hacer un repaso de lo que ha sucedido hasta ahora. Para ello me ha parecido interesante recuperar un libro escrito en 2022 que aportaba muchos datos que ayudaban a entender todo lo que estaba pasando, y ahora es interesante rescatarlo con la intención de comprobar si los análisis que realizaba el autor en los primeros meses de la guerra siguen estando vigentes o, por el contrario, existen datos que lo han dejado obsoleto, sobre todo, teniendo en cuenta el giro dado por EEUU en este conflicto desde la llegada de Trump que, a simple vista, pudiera parecer que ha puesto todo patas arriba.

En la estela de la guerra de Ucrania. Una colisión entre imperios
Carlos Taibo

En su momento, a la hora de elegir una lectura sobre el conflicto, me incliné por el ensayo de un experto en el espacio postsoviético y en todo lo que han sido los países que lo componían, entre otras cosas, porque no era el primer trabajo que realizaba sobre Ucrania. Me estoy refiriendo al politólogo Carlos Taibo, que en agosto de 2022 publicó un ensayo titulado “En la estela de la guerra de Ucrania. Una glosa impertinente” (Editorial Los libros de la Catarata).

El hecho cierto es que a lo largo de estos tres años el conflicto ha trascurrido de una forma un tanto lineal en lo que al posicionamiento de los actores se refiere, hasta que la nueva administración norteamericana ha hecho saltar por los aires la estrategia que EEUU seguía hasta el momento, lo que ha abierto una grieta sin precedentes con el resto de sus aliados de la OTAN, que siempre han hecho seguidismo de las políticas norteamericanas. Quizá todos estos últimos acontecimientos han podido hacer olvidar a muchas personas los antecedentes de la guerra, todo el escenario prebélico y los factores que lo rodearon que, vistos con la perspectiva actual, no me cabe duda de que es un ejercicio necesario para no perderse. Por ello, no me cabe duda que el libro que hoy traigo es una herramienta de gran utilidad.

En primer lugar, si hay algo que me parece importarte remarcar de este ensayo, es que, en muchas ocasiones, su autor plantea más interrogantes que certezas, lo cual puede llamar la atención, acostumbrados a escuchar discursos que se arrogan estar en posesión de la verdad absoluta. Además de los datos contrastados que aporta y que son de gran utilidad para el lector, desarrolla diferentes teorías, para que tengamos más elementos para extraer conclusiones propias.

Si tengo que definir este trabajo, es que es un manual que desmonta una serie de discursos que han estado flotando en el ambiente y ha refutado muchos de los argumentos y disertaciones que utilizaban unos y otros. Da voz a todos esos argumentos que han tapado los medios de comunicación occidentales en su afán por aplicar su particular doble vara de medir.

Este ensayo si de algo huye es de posicionarse con alguno de los actores del conflicto, ejercicio complicado en los tiempos que corren. Creo que por parte del autor no es tanto una cuestión de equidistancia, sino más bien producto de un análisis profundo de los últimos 30 años de la política internacional en todo lo concerniente a los países que formaban el espacio postsoviético y la actitud que ha tenido EEUU y los países que forman la OTAN ante esa región europea. En Occidente el ser muy crítico con EEUU y la OTAN supone que te encasillen como defensor de Putin. O es blanco o es negro, no hay más colores; por el contrario, este ensayo desmonta ese discurso, viniendo a demostrar que el abanico de colores es muchísimo más amplio.

Carlos Taibo no duda en acotar este conflicto dentro de los parámetros de la geopolítica, en concreto, “su origen está en una sórdida confrontación entre imperios tradicionalísimos”; destierra esa concepción que basa esta guerra en una “confrontación ideológica entre dos modelos ideológicos, políticos y económicos”. Esto no quiere decir que obvie cuestiones ideológicas y políticas que han acompañado a algunos de los protagonistas de este conflicto ni los marcos políticos e ideológicos relacionados con los países enfrentados en esta guerra.

Este ensayo es un buen punto de partida para conocer un país como Ucrania, producto de la desintegración de la URSS, en el que el autor aporta datos acerca de la geografía, historia, lengua y la construcción de Ucrania como Estado-nación. Es en este ámbito donde Carlos Taibo no duda a la hora de describir la evolución de este país como “un activo proceso de invención de una tradición en el seno del nacionalismo ucraniano…, la recuperación y reivindicación de movimientos de corte fascista como los que operaron en el país durante la Segunda Guerra Mundial”. La ilegalización primero del Partido Comunista de Ucrania, posteriormente la de varios partidos políticos de izquierdas, la crisis que se desató en 2013 y que desencadenó el Maidán, así como como la guerra sangrienta en la zona del Donbás, donde hubo alrededor de 14.000 muertes de población civil local, en su mayoría provocados por el ejército ucraniano, son algunos de los datos sobre los que profundiza para que el lector tenga todo los ingredientes necesarios para poder entender los antecedes de este conflicto. Con toda esta cascada de datos, el autor no duda en afirmar que Zelensky tiene tics autoritarios y grupos de la extrema derecha controlan algunos estamentos de poder en Ucrania .

Con el mismo rigor, podemos encontrar unos datos imprescindibles para poder evaluar la situación actual de Rusia, y la persona que preside el país: Putin. En este caso, el autor realiza un ejercicio de discernimiento entre Putin y Rusia, porque en palabras de Taibo, “identificar a Rusia con Putin es un error que está llamado a tener consecuencias mayúsculas”. Al tratar su figura, no deja pasar por alto la admiración que suscita entre la ultraderecha mundial y los estrechos lazos que mantienen, y para no dejar lugar a dudas, al hablar de la Rusia de Putin se expresa en los siguientes términos: “en la Rusia putiniana se ha asentado un sistema que bebe de una pulsión imperial-militar, que abraza lo que menudo es un nacionalismo de base étnica y que no duda en defender los valores tradicionales, la familia y la Iglesia ortodoxa”. En resumen, el autor no duda en manifestar que la Rusia de Putin no es el estandarte de un proyecto antifascista.

Realiza una radiografía del régimen de Putin desde la llegada de este al poder, y de forma muy sintetizada expone lo que fue la política del Kremlin hacia EEUU y la OTAN a lo largo de esos años, “una búsqueda de una relación muy cordial, que llegado el momento ha podido ser lamentablemente sumisa, con ese mundo”. Y es que los datos que aporta el autor ahí están y sobre los que poco o nada se puede objetar.

Al hablar de Putin no quiero pasar por alto algunas cuestiones que se recoge en este ensayo: la primera es que recuerda que Putin ya apuntaba sus tintes autoritarios durante la segunda guerra de Chechenia, a partir de 1999, siendo necesario recordar que Occidente se puso de perfil. La segunda es que la Rusia de Putin “se atribuye el derecho de injerencia e intervención en aquellos espacios geográficos que considera propios”, cuando Moscú entiende que “sus intereses en materia de seguridad están en peligro”. Nada que no hayan hecho otras potencias, sobre todo la CIA a lo largo de su historia, pero que es importante tenerlo en cuenta. Y la tercera y última, es la percepción que Putin mantiene sobre la Unión Soviética de antaño y la opinión que le merecen líderes históricos de la Revolución bolchevique, como Lenin y Stalin, y, por supuesto, “no siente ninguna simpatía por el sistema económico y social de la Unión Soviética”. Cuestión que ayuda a entender mejor al personaje.

Carlos Taibo dedica un capítulo a la OTAN, porque este conflicto no se puede entender sin tener presente la responsabilidad que ha tenido esta organización a través de la estrategia desplegada en los países del Este desde la disolución del Pacto de Varsovia. Este capítulo es fundamental, no sólo para entender la guerra en Ucrania, sino para poder tener una visión global de lo que está pasando en otras regiones del planeta.

Al inicio de este artículo me he expresado en los siguientes términos: “el conflicto entre la OTAN y Rusia en suelo ucraniano”, en vez de decir una guerra entre Rusia y Ucrania. Si alguien quiere disipar esta duda, los datos que aporta este ensayo son clarificadores Por un lado, ver el papel que la OTAN ha desempeñado en los últimos 30 años en la región y en su afán de cercar a Rusia y, por otro, lo que la actualidad nos está mostrando todos los días, EEUU ha cogido las riendas del conflicto, ha decidido finiquitar la guerra, y para ello ha abierto un proceso negociador con Rusia, al margen de sus aliados en la OTAN, pero, sobre todo, ninguneando a las autoridades ucranianas. Lo que viene a demostrar que los actores principales de la guerra son EEUU y Rusia, y Ucrania se ha limitado a poner el campo de batalla y los muertos. Cuestiones que este ensayo desarrolla de forma muy didáctica.

El autor deja para el final algunos temas que pueden servir para entender lo que está pasando en la actualidad. El papel de la UE, a rebufo de EEUU, siendo incapaz de evaluar las consecuencias económicas negativas que le está suponiendo este conflicto, todo lo contrario de lo que le está sucediendo a EEUU, que ha encontrado un filón económico al incrementar las exportaciones a sus socios de armas y productos energéticos. La realidad es que el bloqueo a Rusia ha sido perjudicial para la UE y beneficioso para EEUU.

El autor se pregunta si esta guerra se hubiera llegado a producir estando Trump en la Casa Blanca, cuestión interesante porque este ha vuelto a ponerse al mando de los EEUU. Es de resaltar que ya al inicio de la guerra Carlos Taibo no tenía dudas de que con Trump hubiera habido menos probabilidades de haber llegado a esta situación, no tanto porque Trump sea el exponente del pacifismo, como lo estamos viendo en el caso de Gaza y Oriente Medio, sino porque las prioridades en política internacional que tenía Joe Biden eran sustancialmente diferentes.

Para finalizar, desarrolla algunas de sus interesantes teorías sobre a donde nos están llevando todos estos conflictos, las tensiones entre diferentes potencias (EEUU, Rusia, China), la cercanía de una guerra a escala global, abocándonos a lo que define como el colapso general y la zozobra que le genera la evolución de los acontecimientos. Y todo ello, expuesto desde una óptica de clase y libertaria, pues como bien dice, no es necesario que “explique a qué clase pertenecen, y qué intereses defienden Biden, Macrón o la señora Merkel. Pero sería saludable que se percatasen de que esa clase es la misma que está detrás de Putin o Xi Jinpin”, y ante ello su máxima es “no a la guerra entre los pueblos, no a la paz entre clases”.

Después de tres años de guerra, da la impresión que el conflicto entre la OTAN y Rusia en suelo ucraniano ha entrado en su fase final, estando próximo el desenlace de todo este sinsentido que supone una guerra en pleno siglo XXI, con la consiguiente carrera armamentística, que para lo único que sirve es para engordar las cuentas de resultados de las empresas del sector de armas, aunque probablemente el final de todo esto no traiga la resolución de las causas que lo originaron, más que nada porque los actores principales (OTAN, EEUU y Rusia) tengan puestas sus miradas en cuestiones que al común de los mortales se nos escapan.

Llegados a este punto entiendo que es necesario echar la vista atrás, volver a poner encima de la mesa todo lo relacionado con este conflicto y hacer un repaso de lo que ha sucedido hasta ahora. Para ello me ha parecido interesante recuperar un libro escrito en 2022 que aportaba muchos datos que ayudaban a entender todo lo que estaba pasando, y ahora es interesante rescatarlo con la intención de comprobar si los análisis que realizaba el autor en los primeros meses de la guerra siguen estando vigentes o, por el contrario, existen datos que lo han dejado obsoleto, sobre todo, teniendo en cuenta el giro dado por EEUU en este conflicto desde la llegada de Trump que, a simple vista, pudiera parecer que ha puesto todo patas arriba.

En su momento, a la hora de elegir una lectura sobre el conflicto, me incliné por el ensayo de un experto en el espacio postsoviético y en todo lo que han sido los países que lo componían, entre otras cosas, porque no era el primer trabajo que realizaba sobre Ucrania. Me estoy refiriendo al politólogo Carlos Taibo, que en agosto de 2022 publicó un ensayo titulado “En la estela de la guerra de Ucrania. Una glosa impertinente” (Editorial Los libros de la Catarata).

El hecho cierto es que a lo largo de estos tres años el conflicto ha trascurrido de una forma un tanto lineal en lo que al posicionamiento de los actores se refiere, hasta que la nueva administración norteamericana ha hecho saltar por los aires la estrategia que EEUU seguía hasta el momento, lo que ha abierto una grieta sin precedentes con el resto de sus aliados de la OTAN, que siempre han hecho seguidismo de las políticas norteamericanas. Quizá todos estos últimos acontecimientos han podido hacer olvidar a muchas personas los antecedentes de la guerra, todo el escenario prebélico y los factores que lo rodearon que, vistos con la perspectiva actual, no me cabe duda de que es un ejercicio necesario para no perderse. Por ello, no me cabe duda que el libro que hoy traigo es una herramienta de gran utilidad.

En primer lugar, si hay algo que me parece importarte remarcar de este ensayo, es que, en muchas ocasiones, su autor plantea más interrogantes que certezas, lo cual puede llamar la atención, acostumbrados a escuchar discursos que se arrogan estar en posesión de la verdad absoluta. Además de los datos contrastados que aporta y que son de gran utilidad para el lector, desarrolla diferentes teorías, para que tengamos más elementos para extraer conclusiones propias.

Si tengo que definir este trabajo, es que es un manual que desmonta una serie de discursos que han estado flotando en el ambiente y ha refutado muchos de los argumentos y disertaciones que utilizaban unos y otros. Da voz a todos esos argumentos que han tapado los medios de comunicación occidentales en su afán por aplicar su particular doble vara de medir.

Este ensayo si de algo huye es de posicionarse con alguno de los actores del conflicto, ejercicio complicado en los tiempos que corren. Creo que por parte del autor no es tanto una cuestión de equidistancia, sino más bien producto de un análisis profundo de los últimos 30 años de la política internacional en todo lo concerniente a los países que formaban el espacio postsoviético y la actitud que ha tenido EEUU y los países que forman la OTAN ante esa región europea. En Occidente el ser muy crítico con EEUU y la OTAN supone que te encasillen como defensor de Putin. O es blanco o es negro, no hay más colores; por el contrario, este ensayo desmonta ese discurso, viniendo a demostrar que el abanico de colores es muchísimo más amplio.

Carlos Taibo no duda en acotar este conflicto dentro de los parámetros de la geopolítica, en concreto, “su origen está en una sórdida confrontación entre imperios tradicionalísimos”; destierra esa concepción que basa esta guerra en una “confrontación ideológica entre dos modelos ideológicos, políticos y económicos”. Esto no quiere decir que obvie cuestiones ideológicas y políticas que han acompañado a algunos de los protagonistas de este conflicto ni los marcos políticos e ideológicos relacionados con los países enfrentados en esta guerra.

Este ensayo es un buen punto de partida para conocer un país como Ucrania, producto de la desintegración de la URSS, en el que el autor aporta datos acerca de la geografía, historia, lengua y la construcción de Ucrania como Estado-nación. Es en este ámbito donde Carlos Taibo no duda a la hora de describir la evolución de este país como “un activo proceso de invención de una tradición en el seno del nacionalismo ucraniano…, la recuperación y reivindicación de movimientos de corte fascista como los que operaron en el país durante la Segunda Guerra Mundial”. La ilegalización primero del Partido Comunista de Ucrania, posteriormente la de varios partidos políticos de izquierdas, la crisis que se desató en 2013 y que desencadenó el Maidán, así como como la guerra sangrienta en la zona del Donbás, donde hubo alrededor de 14.000 muertes de población civil local, en su mayoría provocados por el ejército ucraniano, son algunos de los datos sobre los que profundiza para que el lector tenga todo los ingredientes necesarios para poder entender los antecedes de este conflicto. Con toda esta cascada de datos, el autor no duda en afirmar que Zelensky tiene tics autoritarios y grupos de la extrema derecha controlan algunos estamentos de poder en Ucrania .

Con el mismo rigor, podemos encontrar unos datos imprescindibles para poder evaluar la situación actual de Rusia, y la persona que preside el país: Putin. En este caso, el autor realiza un ejercicio de discernimiento entre Putin y Rusia, porque en palabras de Taibo, “identificar a Rusia con Putin es un error que está llamado a tener consecuencias mayúsculas”. Al tratar su figura, no deja pasar por alto la admiración que suscita entre la ultraderecha mundial y los estrechos lazos que mantienen, y para no dejar lugar a dudas, al hablar de la Rusia de Putin se expresa en los siguientes términos: “en la Rusia putiniana se ha asentado un sistema que bebe de una pulsión imperial-militar, que abraza lo que menudo es un nacionalismo de base étnica y que no duda en defender los valores tradicionales, la familia y la Iglesia ortodoxa”. En resumen, el autor no duda en manifestar que la Rusia de Putin no es el estandarte de un proyecto antifascista.

Realiza una radiografía del régimen de Putin desde la llegada de este al poder, y de forma muy sintetizada expone lo que fue la política del Kremlin hacia EEUU y la OTAN a lo largo de esos años, “una búsqueda de una relación muy cordial, que llegado el momento ha podido ser lamentablemente sumisa, con ese mundo”. Y es que los datos que aporta el autor ahí están y sobre los que poco o nada se puede objetar.

Al hablar de Putin no quiero pasar por alto algunas cuestiones que se recoge en este ensayo: la primera es que recuerda que Putin ya apuntaba sus tintes autoritarios durante la segunda guerra de Chechenia, a partir de 1999, siendo necesario recordar que Occidente se puso de perfil. La segunda es que la Rusia de Putin “se atribuye el derecho de injerencia e intervención en aquellos espacios geográficos que considera propios”, cuando Moscú entiende que “sus intereses en materia de seguridad están en peligro”. Nada que no hayan hecho otras potencias, sobre todo la CIA a lo largo de su historia, pero que es importante tenerlo en cuenta. Y la tercera y última, es la percepción que Putin mantiene sobre la Unión Soviética de antaño y la opinión que le merecen líderes históricos de la Revolución bolchevique, como Lenin y Stalin, y, por supuesto, “no siente ninguna simpatía por el sistema económico y social de la Unión Soviética”. Cuestión que ayuda a entender mejor al personaje.

Carlos Taibo dedica un capítulo a la OTAN, porque este conflicto no se puede entender sin tener presente la responsabilidad que ha tenido esta organización a través de la estrategia desplegada en los países del Este desde la disolución del Pacto de Varsovia. Este capítulo es fundamental, no sólo para entender la guerra en Ucrania, sino para poder tener una visión global de lo que está pasando en otras regiones del planeta.

Al inicio de este artículo me he expresado en los siguientes términos: “el conflicto entre la OTAN y Rusia en suelo ucraniano”, en vez de decir una guerra entre Rusia y Ucrania. Si alguien quiere disipar esta duda, los datos que aporta este ensayo son clarificadores Por un lado, ver el papel que la OTAN ha desempeñado en los últimos 30 años en la región y en su afán de cercar a Rusia y, por otro, lo que la actualidad nos está mostrando todos los días, EEUU ha cogido las riendas del conflicto, ha decidido finiquitar la guerra, y para ello ha abierto un proceso negociador con Rusia, al margen de sus aliados en la OTAN, pero, sobre todo, ninguneando a las autoridades ucranianas. Lo que viene a demostrar que los actores principales de la guerra son EEUU y Rusia, y Ucrania se ha limitado a poner el campo de batalla y los muertos. Cuestiones que este ensayo desarrolla de forma muy didáctica.

El autor deja para el final algunos temas que pueden servir para entender lo que está pasando en la actualidad. El papel de la UE, a rebufo de EEUU, siendo incapaz de evaluar las consecuencias económicas negativas que le está suponiendo este conflicto, todo lo contrario de lo que le está sucediendo a EEUU, que ha encontrado un filón económico al incrementar las exportaciones a sus socios de armas y productos energéticos. La realidad es que el bloqueo a Rusia ha sido perjudicial para la UE y beneficioso para EEUU.

El autor se pregunta si esta guerra se hubiera llegado a producir estando Trump en la Casa Blanca, cuestión interesante porque este ha vuelto a ponerse al mando de los EEUU. Es de resaltar que ya al inicio de la guerra Carlos Taibo no tenía dudas de que con Trump hubiera habido menos probabilidades de haber llegado a esta situación, no tanto porque Trump sea el exponente del pacifismo, como lo estamos viendo en el caso de Gaza y Oriente Medio, sino porque las prioridades en política internacional que tenía Joe Biden eran sustancialmente diferentes.

Para finalizar, desarrolla algunas de sus interesantes teorías sobre a donde nos están llevando todos estos conflictos, las tensiones entre diferentes potencias (EEUU, Rusia, China), la cercanía de una guerra a escala global, abocándonos a lo que define como el colapso general y la zozobra que le genera la evolución de los acontecimientos. Y todo ello, expuesto desde una óptica de clase y libertaria, pues como bien dice, no es necesario que “explique a qué clase pertenecen, y qué intereses defienden Biden, Macrón o la señora Merkel. Pero sería saludable que se percatasen de que esa clase es la misma que está detrás de Putin o Xi Jinpin”, y ante ello su máxima es “no a la guerra entre los pueblos, no a la paz entre clases”.

En la estela de la guerra de Ucrania. Una colisión entre imperios
En la estela de la guerra de Ucrania. Editorial Catarata

La teoría del Estado en el pensamiento de Lenin

Introducción

Este año se ha cumplido el centenario del fallecimiento de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin. Entorno a este pensador, filósofo y político voy a adentrarme en una de las cuestiones que mayores debates y discusiones han surgido entre los pensadores marxistas. Me refiero a la teoría del  Estado. A lo largo de la historia en el ámbito ideológico del marxismo se ha dado un debate, no exento de confrontación, a la hora de qué hacer con el Estado y lo que éste representa.

Su estudio ha concitado controversias a la hora de interpretar el pensamiento de Marx y Engels, lo que lleva a diferentes interpretaciones que realizan algunos de los pensadores de la órbita del socialismo.

La teoría del Estado en el pensamiento de Lenin
Karl Marx (1818-1883) (Wikimedia Commons)

Marx y Engels tratan la cuestión del Estado en varias de sus obras: Crítica a la filosofía del Estado de Hegel (K. Marx), El Manifiesto Comunista (K. Marx), El 18 Brumario de Luis Bonaparte (K. Marx), La Guerra Civil en Francia (K. Marx), Crítica al Programa de Gotha (K. Marx), El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (F. Engels) y Anti-Düing (F. Engels), son algunas de ellas.

Sobre los presupuestos ideológicos de estos dos pensadores, es Lenin el que realiza un estudio más profundo en un momento histórico único, como fue el período vivido en Rusia con la caída del Régimen Zarista, la Revolución democrático-burguesa de febrero y la posterior Revolución Socialista de octubre de 1917.

Para estudiar el pensamiento de Lenin sobre la Teoría del Estado hay que profundizar en dos obras que fueron escritas a lo largo de 1917. La primera de ellas, y la más importante, es “El Estado y la Revolución”. Consta de varios ensayos que Lenin escribió a lo largo de 1917. La primera edición se publicó en el mes de agosto, bajo el Gobierno Provisional, en plena fase de la revolución democrática-burguesa. La segunda edición fue publicada en diciembre de 1918, es decir, un año después de que en octubre de 1917 triunfara la Revolución bolchevique. Es una obra fundamental en el pensamiento de Lenin, de las que más polémica ha generado en el ámbito del marxismo y me atrevería a decir que es una de las más olvidadas.

La teoría del Estado en el pensamiento de Lenin
Vladimir Ilich Lenin 1918 (Wikimedia Commons)

La segunda obra es “Las tesis de abril”. Fue escrita a su vuelta del exilio, una vez que había triunfado la revolución de democrático-burguesa de febrero de 1917, y en ella realiza un ataque a las posturas reformistas que en esos momentos estaban llevando lo socialistas-revolucionarios y los mencheviques, así como la posición dubitativa del partido bolchevique.

Contexto histórico

La Gran Guerra estaba acelerando la descomposición del régimen zarista y la mayor parte de la burguesía era consciente del peligro que corría este. Es por ello que la única opción que barajaba la burguesía para acabar con el régimen autárquico, burócrata que se sostenía gracias al Estado policiaco en el que se había convertido, era la sustitución del zar y la utilización de instrumentos demócrata-parlamentarios. Sin embargo, esta operación no prosperó.

En enero de 1917 la situación del régimen zarista era insostenible. En febrero la huelga de Petrogrado se acabará convirtiendo en huelga general política, dando el salto a una huelga revolucionaria. El surgimiento de dos poderes: El Gobierno Provisional, producto de un acuerdo entre los liberales burgueses, los mencheviques y los socialistas-revolucionarios con el propósito de neutralizar al segundo poder que había surgido con la insurrección de febrero: los Soviets de obreros y soldados.  

Cuando Lenin llega a finales de marzo a Rusia, la consigna es clara: dar los pasos necesarios para derrocar al Gobierno Provisional. La fase democrático-burguesa no deja de ser un paso previo para lograr la revolución socialista. Los bolcheviques no debían caer en el error de que el régimen democrático-burgués se consolidara.

Este planteamiento le llevó a un enfrentamiento no sólo con los mencheviques y socialistas-revolucionarios, si no con una parte muy importante de los bolcheviques, en concreto con los dirigentes del interior, como Stalin y Kamenev.

Los hechos son de sobra conocidos: las tesis de Lenin se impusieron, y el lema de “todo el poder a Soviets” fue fundamental para que en octubre se diera el paso definitivo para la caída del Gobierno Provisional, produciéndose el triunfo de los bolcheviques y su llegada al Poder.

El Estado y la revolución

Como he manifestado anteriormente, en el ámbito de la teoría del Estado, la obra referente que escribió Lenin fue “El Estado y la Revolución”[1]. En ella realiza un estudio pormenorizado de las teorías de Marx y Engels acerca de esta cuestión. La obra está plagada de citas, algunas ciertamente extensas, con la finalidad de encuadrar su pensamiento en el marco de las teorías de los fundadores del marxismo y de reforzar su tesis como producto de la correcta interpretación del pensamiento político de Marx y Engels.

Esta obra es una enmienda a la totalidad a la doctrina nacida en el seno de la II Internacional y a los planteamientos mecanicistas que tenían algunos dirigentes bolcheviques, como Stalin. En ese contexto, Lenin realiza una crítica muy severa a algunos conocidos miembros de la II Internacional, entre los que destaca C. Kautsky, el teórico más importante de dicha organización, por entender que su praxis se salía de la doctrina marxista.

Algunos autores han definido esta obra como desviación anarquista. Otros pensadores, como Wayne Price, la han definido como “su trabajo más libertario”. Sin olvidar que Lenin realiza una lectura de lo escrito por los padres del marxismo, vamos a analizar si es realmente un texto que se pueda definir como libertario.

Lenin escribió “El Estado y la Revolución” en ese periodo de efervescencia de los Soviets, entre las revoluciones de febrero y octubre, es por ello, que dedica un espacio a analizar la experiencia de la Comunidad de París, al ser la experiencia histórica en la que por primera vez el pueblo consigue poner en marcha la “destrucción de la máquina del Estado”.

El Estado como herramienta de dominio de la sociedad

A la hora de hacer una definición del Estado, Lenin se apoya en lo teorizado por Marx y Engel. Si para Marx, el Estado es un órgano de dominación de clases, Lenin lo define como “producto y manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase”. El Estado es la herramienta de la clase económicamente dominante para la represión y explotación de la clase oprimida. Y trae a colación a Engels y su obra “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, cuando este manifiesta que “con la desaparición de las clases desaparecerá inevitablemente el Estado”.

Una de las conclusiones de las definiciones anteriores, es que la cuestión del Estado va íntimamente ligada a la confrontación entre clases, el antagonismo existente entre la clase dominante (burguesía) y la clase oprimida (proletariado). O dicho de otro modo, para estos pensadores, la lucha de clases tiene mucho que ver con la maquinaria que sustenta al Estado burgués.

Para Lenin el aparato del Poder Estatal es el que está por encima de la sociedad en la que se dan las contradicciones de clase, al haber sido creado por la clase dominante, para poder tener sometida a la clase oprimidas, y una de las características del aparato estatal es que para ejercer esa función de dominación se apoya en el “ejército permanente y la policía”, elementos imprescindibles para poder realizar esa acción coercitiva contra la clase oprimida.

Ante este análisis, la pregunta que Lenin se plantea es

¿Qué hacer con el Estado?

Sin duda aquí radica una de las cuestiones fundamental de su ensayo. ¿Extinguirlo, destruirlo, abolirlo? Lenin no duda en exponerlo de forma radical, al plantear la destrucción del Estado burgués, lo que denominará la maquinaría estatal burguesa, como paso para la toma del Poder por parte del proletariado mediante un proceso revolucionario. Lo que se extinguirá posteriormente es el Estado surgido de esa revolución. Para ello, una vez más recurre a los trabajos de Marx y Engels.

Lenin cita a Engels, al manifestar que el pensador alemán plantea la destrucción del Estado de la burguesía por la revolución proletaria para que posteriormente se vaya extinguiendo el “Estado o semi-Estado” proletario surgido de dicha revolución. Y para poder llevar a efecto la destrucción de todo ello, es necesario pasar por la fase de la dictadura del proletariado, o lo que en otros autores, como Rosa de Luxemburgo, denominan democracia proletaria, que no es otra cosa que la represión de la burguesía por parte del proletariado, que en el plano socioeconómico se traduciría en la “toma de posesión de los medios de producción por el Estado en toda la sociedad”. A esto, denominan la destrucción del Estado burgués, que Lenin llega a denominar “la democracia más completa”. En este momento se iniciaría el proceso para la extinción del Estado, momento en el que desaparecería la democracia proletaria, porque para el político ruso, la democracia no deja de ser un Estado.

Al tratar esta cuestión, Lenin desarrolla una batería de críticas hacia los teóricos de la II Internacional, y en concreto a la socialdemocracia alemana, representada por C. Kautsky, al recordarles que si bien es “la república democrática, como la mejor forma de Estado para el proletariado bajo el capitalismo”, no hay que olvidar que “todo Estado es una fuerza especial para la represión de la clase oprimida”, lo que lo convierte en un obstáculo para llegar al socialismo, y para lograrlo, pasa por la destrucción del Estado capitalista y la instauración de la dictadura del proletariado. En este punto, Lenin no hace más que traer a colación lo expuesto por Marx en Crítica al Programa de Gotha, donde desarrolla este tema. Y es que vuelve a traer a colación al pensador alemán cuando dice que “la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado”[2].

La teoría del Estado en el pensamiento de Lenin
Vladimir Lenin en un mitin en mayo de 1920 (Wikimedia Commons)

Hasta entonces, todas las revoluciones habían “perfeccionado la maquinaria del Estado, y lo que hace falta es romperla”[3]. Y para ello, Lenin llega a la conclusión que “el proletariado no puede derrocar a la burguesía si no empieza por conquistar el Poder político, si no logra la dominación política, si no transforma el Estado en el proletariado organizado como clase dominante. El Estado proletario empieza a extinguirse inmediatamente después de su triunfo, pues en una sociedad sin contradicciones de clase es innecesario e imposible”.

En la cuestión al método de lucha para lograr lo expuesto hasta ahora, el líder bolchevique no duda en exponer que será mediante un proceso revolucionario de carácter violento, y para ello, recoge una cita de la obra Anti-Düring de F. Engels, cuando manifiesta que “… De que la violencia desempeña en la historia otro papel (además del de agente del mal), un papel revolucionario; de que, según expresión de Marx, es la partera de toda vieja sociedad que lleva en sus entrañas otra nueva; de que la violencia es el instrumento con la cual el movimiento social se abre camino…”.[4]

En este debate acerca de qué hacer con el Estado, Lenin también realiza una crítica al anarquismo de la mano de lo escrito por Marx y Engels. A diferencia de los anarquistas que plantean la supresión del Estado “de la noche a la mañana”, el revolucionario ruso defiende la necesidad de la vigencia temporal del Estado, como “forma revolucionaria y transitoria” del estado que el proletariado necesita, etapa necesaria para utilizar los resortes del Estado contra los explotadores, para lo que es necesario el empleo sistemático de las armas. “El Estado no puede abolido antes de haber sido destruidas las relaciones sociales que lo hicieron nacer”[5].

En este contexto, la Comuna de París de 1871 viene a ser uno de los referentes que tiene presente a la hora de teorizar sobre la organización de la clase trabajadora para derrocar el Estado burgués, porque esta experiencia demostró que no bastaba con que la clase obrera se apodere de la máquina estatal, por el contrario, era necesaria su destrucción, y con ello la máquina burocrático-militar.

El proceso de extinción del Estado (el periodo de transición)

Sin duda este es el punto que más disputa dialéctica se puede encontrar, porque en él es donde el líder ruso analiza el proceso de transición del capitalismo al comunismo, que constaría de varias fases, hasta llegar a la fase superior de la sociedad comunista, momento en el que se extinguirá el Estado.

Este proceso daría inicio con la transición del capitalismo al comunismo, que se realizaría únicamente a través de la dictadura del proletariado, que se extenderá en el tiempo hasta la desaparición de las clases, momento en el que “desaparecerá el Estado y podrá hablarse de libertad”. Y para ello, recurre a Engels cuando dice “mientras el proletariado necesite todavía el Estado, no lo necesitará en interés de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejará de existir”[6]. El Estado desaparecerá cuando no hayan desaparecido los capitalistas y no haya clases. Es a lo que Lenin llama libertad.

Todo ello es un proceso gradual en el que Estado reprimirá a la minoría de explotadores, hasta llegar a la primera fase de la sociedad comunista: una fase intermedia que desembocará en la fase superior de la sociedad comunista, momento en el que se extinguiría el Estado.

Si bien Lenin afirma que el Estado iniciará su proceso de disolución de forma inmediata, en ningún momento pone plazos a ese proceso, manifestando en algunos pasajes de su obra el desconocimiento ante la velocidad de ese proceso y “subrayando el carácter prolongado de este proceso”. Ello lleva a plantear que al no llegar a concretar la duración de ese proceso, hace pensar que todo dependería de la evolución del periodo de transición y de las posteriores fases de la instauración de la comunista. Teniendo presente lo expuesto, cabe poner en duda que en este trabajo haya una cierta tendencia libertaria y mucho menos, una desviación anarquista. En esta cuestión, Humberto Da Cruz entiende que “la progresiva extinción del Estado a lo largo del período socialista” se movió en el campo de la teorización, pues no dejaba de tener un gran componente de abstracción, lo que le hizo caer en un optimismo, al exponer que desde el momento en el que se produjera la toma del poder, y la destrucción del Poder burgués, daría inmediatamente comienzo a la extinción del Estado[7].

Hay que tener en cuenta que debido al atentado que sufrió, sus facultades quedaron muy mermadas, falleciendo en 1924, por lo que desconocemos como hubiera interpretado el proceso que se vivió en los posteriores años en la URSS.

Teniendo presente lo escrito por el líder ruso, la conclusión es que a lo largo de la historia, ninguna de las experiencias socialistas ha llegado a la fase final para llevar a cabo la extinción total del Estado. Ello se puede deber a múltiples factores, y el más importante podría ser la actitud hostil de los países capitalistas a lo largo de la historia para con los países socialistas, lo que les ha llevado a fortalecer el Estado socialista. Quizá en ese contexto, se podría tener presente la teoría surgida del XXII Congreso del PCUS (1961), en el que plantean la desaparición del Estado “cuando se haya edificado la sociedad comunista y la victoria del socialismo se consolide en todo el mundo”[8].

Tampoco habría que dejar a un lado que en la praxis seguida en las diferentes experiencias en la transformación del capitalismo al socialismo, podemos observar el arrinconamiento de algunas de las ideas que Lenin planteó en 1917, entre las que se encontraba que todo el poder residiera en los Soviets, para ir siendo sustituido por el control del poder a cargo de una élite de dirigentes que dominaban tanto los aparatos del partido y del Estado, llegando identificarse el uno con el otro y alejándose de las masas obreras.


[1] Para escribir este artículo he utilizado dos ediciones del libro de Lenin El Estado y la Revolución: Editorial Miguel Castellote, 1976 y Editorial Progreso de Moscú, 1976.

[2] Recogido en una carta que Marx escribe a Weydemeyer, fechada el 5 de marzo de 1852.

[3] Cita recogida por Lenin del libro de Marx, El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte.

[4] Cita de la obra de F. Engels, Anti-Dühring.

[5] Cita de Engels que Lenin recoge en El Estado y la Revolución, extraida de unos artículos que Marx y Engels escribieron para un almanaque italiano y que en 1913 fueron publicados en alemán en la revista Neue Zeit.

[6] Lenin trae una cita de Engels obtenida de una carta que envió a Bebel.

[7] Prólogo al “Estado y la Revolución” de Lenin escrito por Humberto Da Cruz, Editorial Miguel Castellote, 1976.

[8] Pablo Lucas Verdú: Curso de derecho político, volumen I, 1980, pag. 199.

La democracia de propietarios: dictadura de la vivienda

Julio de 2024, desahucian en Barcelona a una mujer de 65 años, enferma de cáncer de colon; julio de 2024, desahucian en Lavapiés a una mujer de 94 años, por no poder pagar un alquiler 200 euros más alto que su pensión; julio de 2024, desahucian a una mujer de 59 años y a su hijo de ocho en el barrio de Lavapiés; junio de 2024, un juez decide desahuciar a una familia vulnerable con un hijo menor de edad a pesar que el casero tiene 27 viviendas; octubre de 2024, el Ayuntamiento de Zaragoza pretende el desalojo de una familia vulnerable de las viviendas municipales del Actur; noviembre de 2024, desahucian a una mujer de 70 años en Bizkaia tras ser víctima de un préstamo con cláusulas abusivas; enero de 2023, desahucio exprés de una mujer con sus dos hijos en Ortuella (Bizkaia).

Noticias como las que acabo de recoger son una constante, uno puede mirar para otra parte, pero ahí están, son como un martillo pilón que deberían de servir para abrir una profunda reflexión sobre un derecho que está recogido en la Constitución y en el ordenamiento internacional como la Declaración Universal de los DDHH, pero que se ha convertido en un brindis al sol, pues existe un problema de vivienda en el Estado español y la realidad es que no hay voluntad política para afrontarlo.

La crisis de 2008 tuvo su epicentro en ese triángulo formado por la construcción, el sector inmobiliario y financiero, este último debido a su exposición en el mercado hipotecario, lo que trajo una ola de desahucios por impago de los préstamos hipotecarios. Pero superada esa crisis, los desahucios no han remitido, siendo ahora motivados por el impago de los alquileres.

Para estudiar todo lo relativo al problema de la vivienda en el ciclo comprendido entre 2013 y 2022, nada mejor que recurrir a un ensayo que disecciona todo ese periodo, analizando de forma pormenorizada todos los movimientos que se han dado alrededor de la vivienda. Con el título “La democracia de propietarios. Fondos de inversión, rentismo popular y lucha por la vivienda” (Editorial Traficantes de Sueños), y que salió a la calle en octubre de 2022, Pablo Carmona Pascual, autor de este libro, ha realizado un trabajo que es imprescindible para poder entender todo lo que está pasando a día de hoy en todo este campo de minas que es la vivienda.

La democracia de propietarios
Pablo Carmona

El propósito del autor no es otro que “ofrecer una visión de conjunto del periodo que va desde 2012 hasta 2022. A través de esta panorámica, se propone hacer un somero mapa de la propiedad inmobiliaria, especialmente en lo que respecta al sector residencial y, más concretamente, al alquiler”.

Para llegar al ciclo actual, el autor nos hace un breve repaso de lo que han sido las políticas en materia inmobiliaria. Desde esa idea del franquismo en la que se forja la expresión “sociedad de propietarios”, pasando por las políticas del PSOE en los años 80, donde se promocionó la adquisición de vivienda como principal método de ahorro e inversión, para llegar al posterior ciclo expansivo desde 1995 hasta 2008. Y entre cada uno de esos ciclos expansivos, su correspondiente crisis, porque capitalismo y crisis siempre van de la mano.

Quisiera destacar que este libro rompe con algunos clichés acerca de la situación que se está viviendo en la actualidad en el sector de la vivienda y, en concreto, en el mercado del alquiler y que comentaré con posterioridad.

Si este ensayo destaca por algo, es por la gran cantidad de datos y estadísticas que aporta, obtenidos de diferentes organismos públicos y de estudios realizados por las empresas del sector de la construcción e inmobiliario; información que es una herramienta fundamental a la hora de elaborar este trabajo y realizar un análisis certero.

De una forma muy didáctica, a la hora de analizar todo lo que supuso la crisis inmobiliaria que se produjo en 2008, y el escenario que se generó, el autor expone el proceso de digestión de los activos inmobiliarios que estaban en manos de las entidades financieras  y que fueron a parar a la SAREB, lo que comúnmente se ha conocido como el banco malo. Con los datos que aporta Pablo Carmona, la conclusión de todo ello es muy clara: el Estado asumió el coste de la fiesta en la que las entidades financieras fueron las grandes responsables, aunque no las únicas,  de haber creado la burbuja inmobiliaria. Con el dinero del contribuyente se sanearon los balances de los bancos, inmobiliarias y constructoras, y se llegó a legislar en beneficio de los responsables de todos los desmanes que se dieron. Y los diferentes gobiernos pusieron en bandeja a fondos de inversión y diferentes inversores todos los activos con los que tuvo que cargar la SAREB. Por el contrario, a las Administraciones Públicas en ningún momento se le pasó por la cabeza crear un parque de vivienda estatal para gestionarlo desde un prisma diferente al puramente especulativo.

Es aquí donde el autor nos expondrá las líneas maestras de todos los movimientos que se dieron para cambiar radicalmente el mercado inmobiliario en el Estado español. Datos como que el mercado deja de girar en torno a los bancos y las cajas de ahorro, que reducen su exposición en el sector inmobiliario, cortando de forma radical la concesión de préstamos hipotecarios, lo que les ha llevado a perder protagonismo en favor de los fondos de inversión, y el crecimiento del sector residencial en alquiler. Todos los movimientos de los diferentes actores son señales muy nítidas para ver como “los grupos con menor renta habían sido empujados a engrosar la nueva caja social de los inquilinos precarios”. Y en todo momento las grandes corporaciones gozando de una legislación realizada su medida. La imposibilidad de poder acceder a la financiación para la adquisición de una vivienda por un sector muy importante de la sociedad, la ha abocado a recurrir al alquiler, lo que ha contribuido, entre otras circunstancias, al incremento desorbitado de los precios.

Lo expuesto hasta ahora podría hacernos pensar que en este periodo los grandes grupos de inversión a través de los fondos de inversiones y otras figuras mercantiles, como las SOCIMI, se han hecho con la mayor parte del mercado de alquiler. En concreto, el hecho que se hayan quedado con gran parte del parque de viviendas que poseían algunas administraciones nos puede llevar a esa conclusión, y nada más lejos de la realidad. Anteriormente decía que este ensayo rompe con algunos clichés, y sin lugar a dudas, el más importante es este, porque los datos que aporta, todos ellos obtenidos de las diferentes administraciones y estudios realizados por empresas del sector, no dejan lugar a dudas: el 95% de las viviendas en alquiler en el Estado español son propiedad de particulares. Esta información es la que nos va a ayudar a entender, no solo la situación que se está viviendo, sino algo más importante, el porqué de las políticas en materia de vivienda, qué finalidad tienen y la ideología que encontramos detrás de ellas. Es a la hora de tratar todo esto, cuando uno entiende las conclusiones de este trabajo.

Salvando las distancias, los antecedentes al dato anteriormente expuesto los encontramos en las políticas llevadas en el reino Unido a lo largo de la década de los 80 del siglo pasado. La democracia de propietarios, concepto que da nombre a este ensayo, y que tiene su origen en las políticas neoliberales que Margaret Thatcher aplicó en el Reino Unido, y que fueron fundamentales para lograr el éxito electoral. Este ensayo es muy elocuente a la hora de explicarlo: “Su lógica era clara. El alto porcentaje de propietarios en el Reino Unido garantizaba el éxito electoral de las fuerzas que pusieran la defensa de la propiedad privada en el centro del programa”, y para ello convirtió cinco millones de viviendas públicas en alquiler de viviendas en propiedad, mediante políticas de privatización. Pero todo ello ¿con qué finalidad? “se buscaba crear un cuerpo político y electoral temeroso de cualquier cambio que afectase a los valores y la seguridad jurídica de sus bienes”. El nuevo liberalismo prueba nuevas ideas, y así lo expresa Pablo Carmona: “Para la nueva política neoliberal, el verdadero eje de articulación de las clases medias  no era tanto el libre mercado como la defensa de sistemas legales y sociales que protegiesen la propiedad privada y el status social que le acompañaba”.

La pregunta que se hace este ensayo es lógica: cómo se ha articulado estas políticas en el Estado español. Es aquí donde vamos a encontrar como se va creando la figura del rentista, como familias de clase media y alta se hacen con una grandísima parte del stock inmobiliario, gracias al “hundimiento de los precios” producido por la crisis. En este caso, sin producir el ruido mediático que podían generar las grandes operaciones inmobiliarias de las SOCIMI o fondos de inversión, se realizaban operaciones inmobiliarias con un afán especulador, para destinarlas al mercado del alquiler y del uso turístico. Pero esta especulación, como bien dice Pablo Carmona, “era vista con simpatía en grandes capas de la sociedad”.

El porcentaje de propietarios que se dedican al alquiler es de tal magnitud, que “se da una transversalidad social que ha adquirido la defensa de la propiedad inmobiliaria”. Algo difícil de combatir.

En todo este proceso en el que no han existido políticas públicas de alquiler, poniendo todo el negocio del alquiler en manos privadas, este ensayo no deja pasar por alto un dato que no deja de ser la guinda a todo este pastel: los grandes beneficios fiscales de los que disfrutan tanto las grandes corporaciones cuya actividad es el alquiler de viviendas, como los privilegios fiscales de que gozan los particulares que tienen pisos arrendados.

La lectura de este libro no deja indiferente, y es inevitable el que al lector le surjan preguntas. En mi caso, únicamente voy a dejar las siguientes: ¿qué podemos esperar de los partidos políticos a la hora de resolver el problema de la vivienda? ¿Cuál es la salida a esta situación en la que se encuentran un sector importante de la población? Para salir de la situación actual, Pablo Carmona no duda en afirmar que “el objetivo debería ser controlar y abaratar radicalmente el mercado del alquiler o crear un parque público de viviendas en alquiler asequible o a coste cero sobre la base de esas viviendas ya existentes”, pero como muy bien dice, el gran problema es que con la “colaboración público-privada” que se da en el Estado español, “es imposible distinguir donde acaban las políticas públicas y donde empiezan los grandes planes de las grandes empresas”.

A modo de conclusión. Ante esta deriva que ha llevado al surgimiento de una nueva modalidad de capitalismo, el que denominan “capitalismo rentista”, las peguntas que se hace el autor, y que nos podemos hacer todos, es ¿Cómo construir un movimiento político y social que se nutra del conjunto de la conflictividad existente en este campo? ¿Cómo abigarrar y organizar mejor los movimientos de lucha por el derecho a la vivienda?

La democracia de propietarios
La democracia de propietarios. Editorial Traficantes de Sueños

Terrorismo de Estado y ultraderecha: dos caras de una misma moneda

Cherid. Un sicario en las cloacas del Estado

Hablar de las cloacas del Estado es entrar en un mundo en el que nos encontramos la verdadera cara de lo que son los aparatos que lo sustentan. Es ahí donde realmente se debe poner un dispositivo para medir las ratios que tienen los Estados en materia de democracia, derechos y libertades fundamentales. Si ese imaginario medidor se pusiese en funcionamiento, en muchísimos países de nuestro entorno la aguja no lograría ni alzarse levemente. Nos encontramos con estados que bajo la fachada de democracias consolidadas que se supone que cumplen los estándares democráticos, se esconden movimientos ocultos que sin duda alguna se pueden calificar de siniestros y es ahí donde se prueba la calidad democrática.

En este contexto, el libro al que hoy voy a dedicar este espacio es producto de una labor audaz y exhaustiva de investigación que, siguiendo la estela de un sicario, ha buceado en las cañerías del Estado español y sus diversas ramificaciones en el entorno de lo que denominan democracias occidentales, aunque quizá fuese mejor suprimir la palabra democracias y dejarlo únicamente en occidentales. Su autora, Ana María Pascual, periodista de investigación con una dilatada trayectoria en diferentes medios de comunicación, publicó hace un lustro el libro “Cherid. Un sicario en las cloacas del Estado” (El Garaje Ediciones). No dudo que se dé la circunstancia que más de una persona haya tenido la oportunidad de poder leerlo, pues en un espacio corto de tiempo la editorial tuvo que realizar una segunda edición, pero como me temo que habrá muchísimas más personas que no tengan conocimiento de este libro y/o de lo que en él se recoge, es por lo que me ha parecido interesante y necesario rescatarlo.

En mi caso, he tenido la ocasión de leerlo en fechas recientes, y lo que me ha llevado a dedicarle estas líneas es la deuda que tenemos para con todas aquellas personas que, durante la dictadura y los años posteriores, sufrieron la violencia y la represión tanto de los aparatos del Estado como de las organizaciones de ultraderecha. Y en ese contexto, este libro, entre otras cosas, sirve para acabar de despejar la duda sobre el nexo de unión entre el Estado y las organizaciones terroristas de ultraderecha. En la inmensa mayoría de los casos no existió una línea divisoria entre el Estado y esos grupos terroristas que en los primeros años de la monarquía eran denominados con el eufemismo de “grupos incontrolados”, más bien se podría decir que formaban una nebulosa donde diferenciar lo uno de lo otro era prácticamente imposible. Estos grupos mal llamados incontrolados podían asesinar a Arturo Ruiz en una manifestación en Madrid, entrar a tiros en un despacho de abogados laboralistas o generar el terror en el Triángulo de la Muerte (formado por las localidades de Urnieta, Hernani y Andoain), gozando de total impunidad en las instancias policías y judiciales, y sobre ellos planeaba en muchos de los casos la sombra de miembros de la Internacional Negra[1].

Anteriormente he dicho que la autora del libro es la periodista Ana María Pascual, pero este libro se sustenta sobre otro pilar fundamental, que no es otro que Teresa Rilo, la que fuera viuda del mercenario francés Jean Pierre Cherid.

Terrorismo de Estado y ultraderecha: dos caras de una misma moneda
Jean Pierre Cherid en Montejurra 76 (lqsomos)

Como cuestión previa, antes de continuar, quizá sea necesario responder a la pregunta que alguno se estará haciendo, y que no es otra que quién fue Jean Pierre Cherid. La respuesta es sencilla, un ciudadano francés nacido en Argelia, hijo de colonos que se enroló como paracaidista en el ejército francés para luchar contra el movimiento independentista argelino. Posteriormente formó parte de la organización terrorista OAS, estuvo en prisión en el Estado francés por haber asesinado a un gendarme, de donde huyó a España, donde empezó una carrera como mercenario; pasó por Biafra, Martinica y trabajó para los aparatos policiales y servicios secretos españoles, siendo una pieza clave en el terrorismo de Estado bajo el paraguas de diferentes siglas (Batallón Vasco Español, Antiterrorismo ETA, Triple A, Guerrilleros de Cristo Rey y finalmente GAL). Falleció en marzo de 1984 en la localidad de Biarritz debido a la explosión de un vehículo que había preparado para atentar contra refugiados vascos. Su muerte se produjo en extrañas circunstancias que nunca se llegaron a esclarecer y por los datos que este libro aporta, las autoridades españolas pusieron todos los medios a su alcance para enterrar todo lo que pudiera ayudar a esclarecer la muerte del sicario francés.

Este libro está escrito a dos voces en el que el lector encontrará por un lado la investigación realizada por la periodista Ana María Pascual enfocada en dar a conocer de forma pormenorizada todas las actividades que realizó a lo largo de su vida el mercenario Jean Pierre Cherid, y por otro lado el relato en boca de su viuda, donde encontrará lo que fue la vida de este sicario, descrita por la persona más cercana a él, su mujer, donde revelará muchas de sus actividades, intimidades, personas de diferentes ámbitos con las que se relacionaba, entre los que se encontraban terroristas de la ultraderecha española, italiana, francesa, argentina y personajes relevantes de los aparatos policiales y servicios secretos del Estado español, todo ello de forma muy detallada.

Ana María Pascual en su trabajo de investigación irá tirando del hilo de una madeja que servirá para mostrarnos una infinidad de datos necesarios para entender lo que se ha cocido en las cloacas de la Europa Occidental durante la segunda mitad del siglo XX.  Como la dictadura franquista propició que el Estado español se convirtiera en un santuario del terrorismo de ultraderecha europeo. Ejemplo de todo esto es la OAS, grupo terrorista francés, que no sólo se fundó en un hotel de Madrid, sino que gozaba de campos de entrenamiento para realizar todo tipo de acciones terroristas en territorio francés, y también el cobijo y apoyo dado por el régimen al terrorismo fascista italiano que en la década de los 60 y 70 realizó auténticas masacres en ese país.

Desde los años sesenta el terrorismo de extrema derecha azotaba Europa Occidental con la connivencia de algunos Estados, entre ellos el francés, donde en ningún momento había un interés por acabar con él. Cherid es muy elocuente: “todas las células fascistas del planeta están conectadas y nos ayudamos entre nosotros”, no era un sicario sin más, detrás de su forma de proceder había una ideología muy concreta. La connivencia era de tal envergadura que un personaje como este, que se supone que debía de estar en búsqueda y captura en el Estado francés por haber asesinado a un gendarme, pues no olvidemos que tuvo que fugarse y huir al Estado español, con el tiempo pasa a colaborar con el Estado francés en la Guerra de Biafra, en calidad de mercenario, o desplazándose a Martinica, colonia francesa, a “poner orden”, es decir, a hacer el trabajo sucio que las autoridades francesas no podían realizar contra el movimiento independentista existente en la isla caribeña. Otro caso llamativo es del terrorista italiano Stefano Delle Chiae[2], líder y fundador de la organización A Vanguardia Nazionale que colaboró en el intento de golpe de Estado que en 1970 organizado por Junio Valerio Borghese, y al fracasar, huyó a España con la ayuda de los servicios secretos italianos. Los aparatos del Estado italiano ayudando a huir a unos terroristas que había organizado un golpe de Estado fallido en ese país.  

De ahí que una de las conclusiones que se obtienen después de leer este libro es que es imposible la existencia de la Internacional Negra sin la cooperación necesaria de diferentes gobiernos europeos, pero, sobre todo, de sus aparatos policiales, pero si todavía quedase algún atisbo de duda, lo acabarían despejando en los años ochenta los jueces italianos cuando descubren la existencia de la Red Gladio, organizada por la CIA y la OTAN “que trato de impedir, desde los años cincuenta, la expansión del comunismo mediante la financiación de atentados de extrema derecha” y para el logro de esos fines esas organizaciones fueron mimadas por los aparatos de los Estados occidentales.

Este libro tiene un valor fundamental, pues pone negro sobre blanco lo que para muchos no había dudas al respecto, pero era necesario aportar todos los datos y documentación necesaria para que quedase totalmente sustentado, que no es otra cosa que los diferentes estamentos del Estado español, desde los diferentes gobiernos hasta los aparatos policiales y la ultraderecha eran dos caras de la misma moneda. Algo que también puede ser extrapolable a otros países de nuestro entorno.

Como he comentado anteriormente, uno de los pilares que sostiene este libro es el testimonio de Teresa Rilo, viuda de Cherid, que falleció en 2020. La información que esta mujer atesoraba era fundamental para poder colocar muchas de las piezas de este complicado puzle que es desenmarañar todo lo relativo al terrorismo de Estado y sus conexiones con grupos de ideología ultraderechista. Quizá sea un tanto complicado valorar el papel que desempeñó Teresa Rilo durante el tiempo que vivió con el mercenario francés. En mi caso la reflexión la resumiría en que pasó de ser pareja a una víctima más de Cherid.

La lectura de este libro nos deja una enseñanza que no debemos olvidar: la democracia liberal cuando ve en peligro su hegemonía es capaz de traicionar sus propias reglas y vulnerar todo tipo de libertades. Ahora sólo queda en las manos de la ciudadanía denunciar todas esas situaciones y que nunca caigan en el olvido y que no vuelvan a suceder.


[1] Internacional Negra era la estructura internacional a nivel europeo que tenían las organizaciones fascistas en los años 60 y 70 del siglo XX, cuyo líder era el italiano Stefano Delle Chiae.

[2] Ana María Pascual dedica un capítulo del libro a “los amigos italianos “de Jean Pierre Cherid en Madrid y Teresa Rilo se prodiga en el libro en ofrecer datos de las andanzas de los Stefano Delle Chiae y el resto de los ultras italianos que protegía en Madrid. 

Terrorismo de Estado y ultraderecha: dos caras de una misma moneda
Cherid. Un sicario en las cloacas del Estado. El Garaje Ediciones.

Calla y olvida. La escucha vulnerable: una propuesta feminista para la resolución de conflictos

“Debatir y analizar las causas de las violencias desde la propuesta de la escucha vulnerable no implica ni la justificación ni la negación del dolor sufrido, sino la toma de conciencia sobre los factores que las originan, las conexiones con causas históricas y estructurales y con otras violencias que, al silenciarse, se perpetúan”

                Andrea García González

Hay lecturas que te exigen coger aire para poder realizar una profunda reflexión, otras me suelen generar un cierto vértigo, pues me cuesta superar el miedo a escribir sobre ellas porque pienso que no voy a ser capaz de plasmar lo que la autora buscaba transmitir. También hay libros que no son fáciles de comentar en muchos espacios, porque son valientes, se alejan de los prejuicios y en el caso que ahora me ocupa, porque rompe con los parámetros que se han utilizado a la hora de abordar esta temática.

Pues bien, todo lo anteriormente expuesto es lo que he experimentado con la lectura de un libro que en cuanto vi el título, no me dejó indiferente, mi primera sensación fue de curiosidad por ver qué podía aportar la autora en este tema. Su título es de los que no pasa desapercibido, “CALLA Y OLVIDA. Violencias, conflicto vasco y la escucha vulnerable como propuesta feminista” (Katakrak Liburuak) de la periodista y antropóloga Andrea García González, que fue publicado en noviembre de 2023 y en febrero de este año ya iba por la segunda edición.

Este ensayo es de esos en los que uno encuentra un cierto aluvión de ideas que obligan en algunos momentos a hacer un receso para reflexionar y pararse a pensar sobre ellas. En mi caso, a lo largo de la lectura de este libro he echado la mirada atrás, en un ejercicio de revivir diferentes etapas del conflicto armado que se vivió en Euskal Herria, esa mirada retrospectiva que ayuda a ver las cosas con un tono diferente, el color seguramente  es el mismo, pero surgen innumerables matices.

Calla y olvida. La escucha vulnerable: una propuesta feminista para la resolución de conflictos
Andrea García González

Calla y Olvida es un trabajo en el que la autora recoge vivencias de mujeres en el marco del conflicto vasco. Es una aportación dentro de la batalla del relato que nos ayuda a “identificar las violencias para poder desplazarlas”, un libro valiente que pone patas arriba la narrativa oficial, pues afronta la cuestión de la violencia desde parámetros nada convencionales, totalmente diferentes a los que estamos acostumbrados a ver en los canales de comunicación, por lo que su lectura es incómoda para quienes se mueven únicamente entre el negro o blanco, el conmigo o contra mí. Y siguiendo esa línea, quisiera resaltar el lenguaje y terminología que utiliza la autora a lo largo de este ensayo. Siendo consciente y conocedora de la importancia de ello, aborda términos como conflicto armado, violencia, terrorismo, o conflicto a secas, desde una óptica muy diferente a la nos llega a través de los medios de comunicación afines al sistema, y ello es así porque no duda en plantear que hay términos que pueden tener connotaciones más negativas, en función de a qué los asociemos, y todo ello lo realiza de forma muy didáctica.

Este ensayo tiene su origen en la tesis doctoral que la autora de este ensayo, Andrea García González, presentó en la Universidad de Brighton después de una labor de investigación realizada en Euskal Herria en la que se reunió y entrevistó con víctimas de ETA, de la violencia ejercida por el Estado a través del GAL y/o de sus aparatos policiales, personas torturadas, etc. y que ahora lo podemos encontrar en un libro que no supera las 190 páginas.

La autora, además de plasmar en este trabajo esa violencia extrema, también nos trae esas violencias cotidianas, que pasan desapercibidas porque no son “parte de las narrativas públicas y publicables”, esas que Jonathan Martínez, en su libro “La historia Oficial” denomina pequeñas historias en la que los protagonistas somos nosotros y que no forman parte de la historia oficial que recogen los libros.

Para adentrarnos en el objeto de este libro, el estudio de las múltiples violencias que se han dado en las últimas décadas en Euskal Herria y exponer su propuesta de “escucha vulnerable como propuesta feminista”, la autora, a través de los tres bloques en los que consta su ensayo, nos llevará por diversos lugares, situaciones y experiencias que servirán al lector para dar a conocer la cara de un conflicto que se ha desarrollado en un “territorio pequeño, con un fuerte arraigo”.

Este ensayo se ha realizado desde las perspectivas antropológica y feminista. En palabras de la autora “es feminista como apuesta política de transformación social” y “es antropológica por la perspectiva adoptada, por la aproximación crítica al estudio de las culturas, un estudio de las sociedades que desplaza y desestabiliza concepciones propias arraigadas y naturalizadas”. El hecho de que todas las entrevistadas fueran mujeres hay que enmarcarlo en la “decisión metodológica” que hace la autora fundamentada “en la falta de visibilidad que aún tienen las mujeres en situaciones de violencia armada y en procesos paz”. Lo que viene a ser una apuesta política que realiza la autora con el deseo de dar voz a quienes no tienen el protagonismo que les corresponde en la historia.

En el primer bloque del libro, destacaría el resumen histórico que nos encontramos, un repaso desde el momento que surge el conflicto armado, sin olvidar los antecedentes, su contextualización, y las diferentes formas de lucha que se han llevado a cabo, la diversidad de movimientos sociales que se han dado y la continuidad que tienen en la actualidad dentro de la vida político-social de Euskal Herria, y realizado todo ello con una gran capacidad de síntesis.

El segundo bloque del libro recoge el trabajo de campo realizado por Andrea García González, donde encontramos los testimonios de las personas que han sufrido las diferentes violencias que se han dado en este conflicto, independientemente de su procedencia. Violencias extremas, pero también “violencias difusas”, cotidianas, esas que “afectan al día a día”, esas violencias “que no se ven”, porque no son visibilizadas, pero que ahí están. La violencia generada por la lucha armada esconde otras violencias que se dan en nuestra sociedad, y es ahí donde también pone el acento, porque “hay que identificar las violencias para poder desplazarlas” y este ensayo pone el foco sobre todas ellas, pues visto desde una óptica feminista todas esas violencias están conectadas en sí.  

En este bloque encontramos el origen del título de este ensayo, que son no otras que las palabras que le dijo la madre de Axun Lasa, hermana de Joxean Lasa, después que haber sido torturada durante el tiempo que permaneció detenida, allá por 1982: “calla y olvida”, palabras que tenían como finalidad proteger a su hija, para desterrar esa experiencia y esconderla en algún cuarto oscuro de la memoria, pero que con frecuencia suele salir a pasear por la mente, como si fuese un fantasma y recordárselo como si hubiera sucedido ayer.

Entre los testimonios que recoge este ensayo, los hay de personas que han sufrido la violencia extrema de ETA, el Estado, grupos parapoliciales y que con posterioridad han participado en encuentros en los que cada una ha relatado su experiencia, su dolor, pero a su vez, han escuchado el dolor de las otras personas, una forma de romper ese muro de reconocer el dolor de otros, la escucha vulnerable, “que permite entender las violencias y genera una apertura que habita la incomodidad y genera movimiento… esa escucha en la que la silla se tambalea, las certezas se desestabilizan , las dicotomías jerarquizantes se desafían… la escucha vulnerable atiende a lo cotidiano donde aprendemos de experiencias de violencia que nos hacen cuestionar sus bases y entender como los detalles nos dan grandes claves para poner freno a esas violencias normalizadas en nuestras vidas”.

Todo este trabajo de campo servirá a la autora para desarrollar su propuesta a la hora de abordar conflictos violentos y para ello parte de un punto de partida: que la violencia deje de ser pensable, que esta no sea un recurso para resolver conflictos. En este tercer bloque, Andrea García González profundiza en ello, porque los conflictos forman parte de las relaciones humanas, pues a priori no deben de entenderse como algo negativo, el problema surge cuando “el conflicto es abordado con violencia”.  Al desarrollar esta cuestión, es en el contexto donde realiza la propuesta de “la escucha vulnerable”, que en palabras de la autora, tiene como pilares el feminismo y antimilitarismo.

El análisis que ha realizado sobre el conflicto vasco  le ayuda a la autora a construir un discurso que no sólo sirve para analizar y/o aplicar a otros conflictos, sino que va más lejos, es una herramienta para trabajar en la sociedad actual, en todos aquellos ámbitos donde se dan las relaciones humanas. Una de las aportaciones que ofrece este libro es que partiendo del análisis y estudio de las características del conflicto armado vivido en Euskal Herria, pone las bases para realizar una reflexión que se puede utilizar para analizar otros conflictos y aplicarlo en la sociedad actual.

La autora al hablarnos acerca de la escucha vulnerable nos va guiando por diversas características que conlleva este proceso: la incomodidad, el tambaleo, apertura, responsabilidad, nos/otras, desplazamientos, conexión, etc…, es algo que va más allá de la palabra. Para Andrea García González, “la escucha vulnerable que provoca tambaleo, que es incómoda y que genera movimiento, es parte de la generación de conocimiento y de la contribución política al cambio social”.

Para finalizar, únicamente añadir que este ensayo tiene como objetivo ayudarnos a ampliar la mirada para que podamos reconocer las diferentes violencias, sin olvidar de que nos podemos encontrar con contextos en los que vamos a poder realizar este proceso de escucha, pero en otros en los que no se va a poder llevar a cabo. Pero dicho esto, no me cabe duda que el trabajo de Andrea García González es un muy buen punto de partida para abordar el tema de violencia.

Calla y olvida. La escucha vulnerable: una propuesta feminista para la resolución de conflictos
Calla y olvida. Editorial Katakrak

Malvinas: La otra guerra

Una de las características de las dictaduras fascistas, si quieren perdurar en el tiempo, es la necesidad de crear enemigos para intentar cohesionar a la masa, algo fundamental para generar un estado de opinión que logre desviar la atención de la situación real que se vive bajo un régimen dictatorial; tienen que gobernar contra alguien y para ello hay que cerrar filas. Esto ha sido algo recurrente a lo largo de la historia y en la actualidad se puede percibir de forma nítida en los países donde la ultraderecha ha gobernado o está gobernando.

En este contexto, la dictadura militar argentina no fue una excepción y cuando la presión de la calle, con protestas multitudinarias, puso en peligro la continuidad del régimen, qué mejor salida que la de envolverse en la bandera blanquiceleste, para embarcarse en una guerra contra el Reino Unido por la disputa del archipiélago de las Islas Malvinas, una estrategia suicida que sólo sirvió para incrementar el dolor de un pueblo, que si no había tenido suficiente con haber sufrido el asesinato y desaparición de alrededor de 30.000 ciudadanos, en el mes de abril de 1982 se iba a enfrentar a un conflicto bélico con una potencia militar muy superior al ejército argentino, que sólo le acarrearía una tragedia mayor, porque la inmensa mayoría de  los que pierden la vida en los campos de batalla suelen ser jóvenes de extracción humilde obligados a realizar el servicio militar y este conflicto no iba a ser una excepción. Esta breve guerra de setenta y cuatro días “quedó en la memoria como el intento agónico del régimen militar por unir al pueblo en torno a una causa épica”, pero fue el detonante de la caída de la Junta Militar.

Esta guerra dejó un reguero de cadáveres de soldados argentinos en las Islas Malvinas, que una vez que volvieron a estar bajo jurisdicción británica, las autoridades del Reino Unido iniciaron un proceso de identificación e inhumación de los cuerpos para lo que crearon un espacio en Darwin (Archipiélago de las Islas Malvinas). Por el contrario, la actitud de “las autoridades argentinas que, salvo excepciones, no notificó oficialmente la muerte de quienes no volvieron”, decidió guardar en un cajón el informe que recibió del Gobierno británico en el que se recogían todos los datos relativos a los soldados enterrados en Malvinas. Tuvieron que pasar veintiséis años para que el informe que elaboró el oficial británico Geoffrey Cardozo, cayese en manos de un excombatiente argentino, Julio Aro, que con diecinueve años fue enviado a la guerra. A partir de entonces empezó un arduo trabajo para poder lograr que las familias pudieran conocer el paradero de los familiares que murieron en esta guerra.

La otra guerra
Leila Guerriero (Wikimedia Commons)

Esta compleja labor es el argumento de un pequeño libro en tamaño, pero grande en su contenido, que con el título “La otra guerra”, publicado por la Editorial Anagrama en 2021, la periodista Leila Guerriero nos narra pequeñas historias de personas que se dejaron la vida en esa guerra, y lo hace a través del testimonio de familiares y amigos.

Leila Guerriero nos ofrece un relato que se vertebra en todo el trabajo que realizaron Julio Aro, y la periodista Gabriela Cociffi, que cubrió la guerra a los veintitrés años, movidos por ese informe británico que la Junta Militar argentina ya se preocupó que durmiera el sueño de los justos, y que por azar llegó a las manos de Julio Aro. Todo ello fue una labor oscura y ardua para localizar a familiares, en la que se encontraron muchas dificultades y situaciones complicadas teniendo en cuenta que ese ejército que luchó en Malvinas había ejercido una de las represiones más sanguinarias del siglo XX. Porque si entre los muertos había soldados que estaban realizando el servicio militar obligatorio, también había militares de carrera, muchos de los cuales practicaron la represión al pueblo argentino y, en vez de hacer una división entre héroes forzados y militares represores de la dictadura, todos ellos se encontraban en el mismo saco, siendo considerados héroes de la misma patria.

El libro nos muestra el papel obstruccionista que jugaron algunos militares argentinos que estuvieron involucrados en la represión ante el deseo de querer buscar y poder ver donde se encontraban enterrados los soldados argentinos.

Una de las situaciones que se dio en todo ese proceso y que es recogido en este libro, es la semántica a la hora de utilizar algunos términos. El primero de ellos es si a los soldados caídos en Malvinas se les debía de aplicar el término “desaparecido”, algo de todo punto inapropiado, pues era equipararlos con los desaparecidos por la represión del régimen militar, y los soldados muertos tampoco estaban desaparecidos, se sabía dónde se podía encontrar la inmensa mayoría de los que fallecieron en Malvinas.

El otro término era el de “repatriación”, que fue uno de los motivos por el que la Junta Militar obvió el informe que las autoridades británicas les hicieron llegar. En dicho documento aludían a facilitar la repatriación de los cadáveres a Argentina, cuestión que tocaba la sensibilidad en la población argentina, pues eso hubiera sido reconocer la soberanía británica sobre las Islas Malvinas, por lo que no admitían dicho término.

La autora nos dará a conocer lo que supuso para el pueblo argentino la derrota y posterior actitud a la hora de afrontar la situación que suponía el hecho que algunos compatriotas suyos estuvieran enterrados en un territorio sobre el que pesa la reivindicación histórica para que forme parte del Estado argentino, pero eso se mezclaba con el deseo de algunos de conocer donde se encontraban enterrados sus seres queridos y la posibilidad, con las nuevas tecnologías, de poder identificar a todos aquellos cadáveres que se encontraban sin identificar. En todo ello el pensamiento nacionalista argentino siempre ha estado presente entre las familias de los que murieron en la guerra.

Este libro ayuda, sino a cerrar una herida si a remover conciencias, ante uno de los hechos más negros en la historia argentina: la vergüenza de una guerra organizada por la dictadura militar.

La otra guerra
La otra guerra. Editorial Anagrama

Las tesis de abril. Un manual para la toma del Poder

Las primeras semanas de 1917 supusieron el inicio de un proceso en Rusia que desembocó en la Revolución de Febrero. Después de más de dos años de guerra, el régimen zarista hacía aguas y la Gran Guerra no era otra cosa que una sangría organizada por las burguesías de los países participantes en dicho conflicto para defender sus intereses económicos y donde los muertos los ponían la clase trabajadora de esos países, y todo ello con la aquiescencia de la socialdemocracia europea, pues en cada país tuvo un papel de seguidismo de los intereses imperialistas de sus respectivas burguesías.

En Rusia toda esta situación derivó en una serie de luchas obreras y populares que pusieron contra las cuerdas al Estado burocrático-policiaco zarista y de paso los intereses de la oligarquía rusa. La huelga general de Petrogrado a partir del 18 de febrero, en la que obreros y soldados fueron de la mano, adquirió un carácter insurreccional que  desembocó en la caída del régimen zarista, y la salida que encontró la burguesía fue llegar a un acuerdo con las fuerzas reformistas (mencheviques y socialistas-revolucionarios) para la formación de un Gobierno Provisional y así sustituir al gobierno zarista con la promesa de convocar una Asamblea Constituyente que le permitiese proyectar la imagen de un régimen parlamentario.

De esta revolución surgieron dos poderes antagónicos entre sí. Si producto del acuerdo entre los liberales burgueses, mencheviques y socialistas-revolucionarios se crea un Gobierno Provisional, con la finalidad de garantizar el orden capitalista, este tendría en frente un nuevo poder, los Soviets de obreros y soldados, nacidos durante las huelgas del mes de febrero con el objetivo de la defensa de los intereses populares y de instaurar un poder revolucionario que nacionalizase los medios de producción.

Los bolcheviques, que eran minoría en los Soviets que se habían constituido, se encontraban sobrepasados por la situación del momento y tanto el ala reformista del POSDR (Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia), como algunos líderes bolcheviques del interior, entendían que en Rusia todavía no se daban las condiciones materiales para aplicar el socialismo, por lo que defendían un Estado democrático-burgués como paso para realizar la revolución socialista. Entre esos líderes se encontraban Kamenev y Stalin, que en ningún momento planteaban en este momento la destrucción del Estado burgués.

La llegada de Lenin a Petrogrado en los primeros días de abril de 1917 fue un punto de inflexión en el posicionamiento del sector bolchevique del POSDR. Nada más llegar de su exilio en Zurich, redacta su programa, que será conocido como “Las tesis de abril”[1]. Este documento, junto a “Estado y la Revolución”, serán fundamentales en el devenir del proceso revolucionario que se vivió en los siguientes meses, con el triunfo de la Revolución de Octubre.

Antes de la llegada de Lenin a Petrogrado, este había redactado varias cartas en las que exponía algunas de las ideas que posteriormente recogería en “Las tesis de abril”. En dichos escritos ya avanzaba la necesidad de dar pasos concluyentes hacia la revolución socialista, y para ello entendía que era esencial profundizar en la organización de los soviets y la creación de un partido que fuese capaz de liderar estas tareas. En ese periodo en el que Lenin redactó los documentos anteriormente mencionados, va a ir marcando la línea política que deberían seguir los bolcheviques.

Las tesis de abril. Un manual para la toma del Poder
La tesis de abril. Editorial Akal

Lenin al presentar Las tesis de abril tuvo que enfrentarse no sólo a mencheviques y social-revolucionarios, sino a gran parte de los viejos bolcheviques que seguían anclados en la interpretación mecanicista-evolucionista que del marxismo realizaba la II Internacional, por la que era necesaria una etapa democrático-burguesa larga en el tiempo liderada por la burguesía pero sin saber muy bien en qué momento llevar a cabo la revolución socialista.

La redacción de “Las tesis de abril” y de los documentos en los que desarrolla sus diez puntos, servirán a Lenin para teorizar acerca de la toma del Poder político por parte del proletariado ruso. El conjunto de documentos donde desarrolla sus tesis son un auténtico manual de táctica revolucionaria, donde viene a poner en práctica su conocida frase recogida en el documento “¿Qué hacer?” cuando dice que “sin teoría revolucionaria tampoco puede haber movimiento revolucionario”.

En Las tesis de abril Lenin no teoriza acerca de cómo realizar la revolución socialista, sino en los pasos que el proletariado y el campesinado tienen que dar para que el Poder pase a los soviets y las tareas inmediatas que deben de realizar estos; se podría describir como un manual para derrocar al régimen democrático-burgués e ir dando los pasos para avanzar hacia la revolución socialista.

El análisis que realiza de la situación es fundamental para entender la estrategia que a su juicio debían de seguir los bolcheviques. Habiendo pasado el Poder de manos de “la nobleza feudal terrateniente”, sostén del régimen zarista, a la burguesía, Lenin da por concluida la primera etapa revolucionaria. Pero a diferencia de otros dirigentes políticos de su entorno, entiende que en Rusia se ha dado una situación nueva; la existencia de los soviets de obreros y soldados es la expresión de haber llegado al periodo de la dictadura democrático-revolucionaria del proletariado y el campesinado.

Para Lenin el proceso que se había dado en Rusia era un tanto peculiar, se daba una dualidad de poderes que se veía reflejada en la existencia de un gobierno de la burguesía, el Gobierno Provisional, que controlaba todos los órganos de Poder y un gobierno paralelo, que ejercía en cierta manera de contrapoder popular dirigido por obreros y soldados a través de los soviets que se habían constituido, siendo el de Petrogrado el más importante. Esta singularidad llega al extremo que el gobierno surgido de la revolución democrático-burguesa ostentaba el Poder porque, en palabras de Lenin, los soviets “le han entregado el Poder del Estado a la burguesía y a su gobierno provisional”, con el agravante que el gobierno surgido en febrero de 1917, controlado en su mayor parte por miembros del antiguo régimen, era un obstáculo a la hora de avanzar hacia el control de los medios de producción por parte de los soviets de diputados obreros.

En este escenario, que hasta ese momento no se había dado en ningún proceso revolucionario, le lleva al líder ruso a no tener dudas que este “entrelazamiento” no podía durar mucho tiempo; la coexistencia de dos poderes dentro de un Estado, estaba abocado a que uno acabase con el otro, definiendo el momento en los siguiente términos: “La dualidad de poderes no expresa más que un momento transitorio en el curso de la revolución, en el momento en el que ésta ha rebasado ya los cauces de la revolución democrático-burguesa corriente, pero no ha llegado al tipo “puro” de dictadura del proletariado y de los campesinos”.

En ese momento crucial en que los dos poderes se disputan el triunfo, Lenin alerta del peligro existente en la Rusia del momento, por el despertar de la pequeña burguesía, que no sólo tenía importancia numérica, pues estaba formada por pequeños propietarios, un sector de la población ubicada entre los capitalistas y los obreros asalariados, sino porque había logrado influir ideológicamente en grandes capas de la clase obrera; en todo momento era consciente de los problemas que padecía el proletariado ruso, que no eran otros que su debilidad numérica, su deficiente conciencia de clases y organización. De ahí que plantease una labor de crítica de las políticas que realizaban los partidos pequeñoburgueses, para que no se repitiera en Rusia el triunfo que cosecharon las burguesías inglesa y francesa con anterioridad, después de haber vivido diferentes procesos revolucionarios.

No plantea transformar todo este proceso en una revolución socialista, sino en que el Poder pase a los soviets y para ello caiga el gobierno democrático-burgués, y los soviets lideren la creación de un nuevo Estado inspirado en la experiencia de la Comuna de París. Y aunque Lenin, en los documentos que forman las tesis de abril no profundice a la hora de tratar la cuestión del Estado[2], pondrá algunas de las bases y expondrá los pasos que debe de seguir el proletariado para lograr su extinción. Pone el énfasis en el tipo de Estado que tiene que haber durante el periodo revolucionario, que en nada se tiene que parecer a la república democrática parlamentaria.

Equipara los soviets con la experiencia de la Comuna de París, un tipo superior de Estado democrático, en el que se destruye la máquina represiva (ejército y policía) del Estado democrático burgués. Lenin buscaba acabar con la república parlamentaria burguesa porque corría el riesgo de que sufriera una involución al seguir intactas las estructuras represivas del régimen zarista (policía, ejército y burocracia), motivo por el cual realiza una crítica a los líderes socialdemócratas rusos, Kautsky y Plejánov, alineados con la II Internacional. Para ello plantea la creación de una policía popular para poder defender los soviets y las conquistas logradas. Y en todo ese proceso, reserva un papel protagonista a la mujer, en igualdad con el hombre.

Lenin, a la hora de abordar la cuestión nacional, no duda en defender la plena libertad de todas la naciones y nacionalidades oprimidas por el zarismo para separarse de Rusia, y así lo expresa en Las tesis de abril. La creación de un Estado proletario lo más grande posible pasa por la unión voluntaria de las masas trabajadoras de esos estados.

Aboga por la creación de soviets de campesinos para poder desarrollar una política que tiene como pilares la nacionalización de todas las tierras, a través de la confiscación de las tierras a los terratenientes.

Las tesis de abril. Un manual para la toma del Poder
Intervención de Lenin (Wikimedia Commons)

El posicionamiento contrario a la guerra y a la participación del nuevo gobierno surgido de la insurrección de febrero era claro. Era una guerra imperialista en la que Rusia iba de la mano de Inglaterra y Francia en la defensa de los intereses capitalistas, y en ningún momento defendían los intereses de los trabajadores, es por ello que arremetió contra el “defensismo revolucionario”. Para Lenin el carácter político-social de la guerra se determina por la situación de la clase que hace la guerra, y en este caso los intereses en litigio eran los del capital y su carácter imperialista, y Rusia se había puesto al servicio de Francia e Inglaterra. No duda en atacar al régimen zarista ante su política de someter a otros pueblos y dominarlos dentro del Imperio ruso, cuestión que va íntimamente relacionada con lo expuesto sobre la cuestión nacional y el derecho de los pueblos y naciones a ejercer libremente la autodeterminación.

Al ser una guerra cuyo origen hay que encontrarlo en el desarrollo que había tenido el capital mundial a lo largo de los años, Lenin concluye que al final de la guerra no se podía llegar por un acuerdo entre los socialistas de los países inmersos en el conflicto, pues no dejaba de ser buenos deseos, puesto que la raíz del problema se encontraba en la existencia del capital. Ante esta situación, la única forma de salir de una guerra imperialista pasaba por derribar al Gobierno, para que el Poder pase a manos del proletariado, cosa que sucedió cuando en octubre los bolcheviques acceden al Poder y deciden finalizar con la participación de Rusia en la guerra.

La posición crítica de Lenin con la socialdemocracia rusa y sus líderes, es extensible al conjunto de la socialdemocracia europea, alineada en la II Internacional. En este contexto Lenin denuncia la posición de muchos de sus dirigentes, que ante la guerra han adoptado en algunos casos una posición socialchovinista, caracterizada por apoyar a las burguesías de sus respectivos estados en el conflicto bélico, o que tienen una postura ambigua, porque para el líder ruso, la estrategia pasaba porque cada partido luchase contra las burguesías de sus estados, puesto que el enemigo de clase está en propio país. En todo el discurso del líder ruso subyace su crítica a la interpretación que realizan muchos líderes de la II Internacional de la doctrina marxista.

Lenin que describiría a la II Internacional como una organización en situación de bancarrota, abogaba como cuestión prioritaria por la creación de una III Internacional que aglutinase a todos los socialistas europeos críticos con la organización existente. Todo esto era la constatación del cisma total en el que se vivía en el socialismo a nivel mundial, y que traería el nacimiento de nuevas organizaciones que mirarían a la Revolución rusa como el paso a seguir en la lucha por la construcción del socialismo.

Las tesis de abril. Un manual para la toma del Poder
Después de la captura del Palacio de Invierno (Wikimedia Commons)

En las Tesis de abril, Lenin, manifiesta la necesidad de clarificar algunas cuestiones relativas al partido, a través de un congreso, en el que se tratasen algunas de las cuestiones que ha recogido en este documento. El objetivo no era otro que abrir un debate para la recuperación de la teoría marxista que se encontraba relegada en las organizaciones obreras de la época. En concreto en tres cuestiones: una es la recuperación de la teoría marxista del Estado, que en palabras de Lenin “ha sido desnaturalizada por la II Internacional”, la segunda es que la defensa de la patria en las guerras imperialistas va en contra del socialismo, pues los obreros no tienen patria y la tercera es sobre el nombre que tiene que tener el partido, pues siguiendo la doctrina de Marx y Engels, no deberían de utilizar el término socialdemocracia, por ser científicamente inexacto, por lo que el partido no debería de llamarse socialdemócrata sino comunista.

A la hora de realizar este análisis, el líder ruso tuvo presente algunos de los textos que  Marx escribió a lo largo de su vida, no sólo el Manifiesto Comunista, escritos como Crítica al Programa de Gotha o La Guerra Civil en Francia fueron utilizados a la hora de dar respuestas a los momentos en los que se vivían no sólo en Rusia, sino en toda Europa.

Las tesis de abril y algunos de los documentos donde Lenin las desarrolla fueron fundamentales para abrir un debate dentro de los bolcheviques y que se produjese un cambio de rumbo en su acción política. No cabe duda que la llegada de Lenin a Rusia en los primeros días de abril de 1917 y la interpretación que realizó del momento político, incluso antes de pisar suelo ruso, fue determinante para que el devenir en los meses siguientes hasta el triunfo de la Revolución de Octubre.


[1] Para la redacción de este artículo he utilizado dos ediciones diferentes de Las tesis de abril: la primera es una edición de la Editorial Akal publicada en 1976 y la segunda es la segunda edición de la Fundación Federico Engels publicada en 2004.

[2] En la obra donde Lenin desarrolla de forma más profusa la cuestión del Estado, es en su trabajo El Estado y la Revolución, que lo escribió a lo largo de 1917.

Las tesis de abril. Un manual para la toma del Poder
La tesis de abril. Fundación Federico Engels