La zorra al cuidado del gallinero

Baltasar Garzón tiene en su currículum actuaciones en las que los derechos y libertades simplemente han sido tirados por el retrete. Tiene el dudoso honor de haber sido el primer miembro de la magistratura española condenado por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, por no investigar denuncias de torturas que le realizaron los detenidos que pasaron por su juzgado, cuestión grave, si tenemos en cuenta que estamos hablando de delitos contra la integridad de las personas.

La zorra al cuidado del gallinero

La decisión de este gobierno de nombrar a Baltazar Garzón presidente de la comisión sobre violaciones de los derechos humanos durante la guerra del 36 y la dictadura franquista, lo que se conoce como “Comisión de la Verdad” es la última ocurrencia de un gobierno que se define como progresista. Mira que había personas que, sin poner el listón muy alto, hubieran podido desempeñar el cargo con cierto decoro.

Pero no, han entendido que la persona que reunía las características necesarias para el cargo no era nada más y nada menos que Baltasar Garzón. Sí, el mismo, el magistrado estrella que servía para ilegalizar a un partido político, cerrar un periódico, mirar para otro lado cuando los detenidos que pasaban por su despacho denunciaban torturas, o realizar una instrucción de lo más chapucera que llegaba a sonrojar a la misma Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, que con sus sentencias, no sólo tiraba por tierra algunos de los sumarios que instruía, sino que en más de una ocasión le tiraban de las orejas por su desastrosa labor, aunque para algunos no era tan desastre. O si no, que se lo pregunten a Mayor Oreja cuando en febrero de 2001 decía: “Quiero poner de manifiesto la labor extraordinaria que está realizando Baltasar Garzón en la Audiencia Nacional”. Esto lo decía un personaje que al hablar del atentado del 11-M, mantiene la teoría de la conspiración.

Baltasar Garzón tiene en su currículum actuaciones en las que los derechos y libertades simplemente han sido tirados por el retrete. Tiene el dudoso honor de haber sido el primer miembro de la magistratura española condenado por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, por no investigar denuncias de torturas que le realizaron los detenidos que pasaron por su juzgado, cuestión grave, si tenemos en cuenta que estamos hablando de delitos contra la integridad de las personas.

Pero como magistrado ha tenido otras actuaciones que son necesarias volver a rescatarlas, para evaluar su capacidad para poder desempeñar el cargo para el que ha sido nombrado. Una de ellas fue decretar el cierre del diario Egin y Egin Irratia el 15 de julio de 1998, decisión que más tarde el Tribunal Supremo estimó que no se ajustaba a derecho, pero el daño ya estaba hecho. Todas esas actuaciones tenían un único objetivo, silenciar a un medio de comunicación que tenía decenas de miles de lectores, un auténtico apagón informativo.

La zorra al cuidado del gallinero
Euskadi Información (fotografía obtenido del diario GARA)

Ese despropósito judicial, que fue corregido nueve años después, aunque ya era imposible revertir a la situación inicial, es necesario contextualizarlo con la frase del que en aquel momento era presidente del gobierno, Aznar, cuando dijo “¿Creían que no nos íbamos a atrever?” La expresión no deja lugar a dudas; alguien ordena y otros ejecutan, lo que viene a demostrar que la independencia de la judicatura española era y es una quimera, y el “lawfare o guerra judicial” no es algo nuevo, por el contrario, en Euskal Herria era una herramienta que con frecuencia utilizaba los poderes y aparatos del Estado. O, dicho de otra forma, los jueces no dejaban de ser los mamporreros de lo más tenebroso de los aparatos del Estado, y en eso, no cabe duda que Garzón brilló con creces.

Fue el creador de la teoría que “todo es ETA”. Es decir, pasaba a ser delito todo lo que oliese a independentismo y no fuera del agrado del gobierno español, y en esa orgía represiva llegó a dictar un auto en el que integraba a AEK en ETA. Sí, para el juez Garzón, la Coordinadora alfabetización y euskaldunización, cuya actividad es impartir clases de euskera formaba parte de ETA. Su teoría o, mejor dicho, su paranoia no prosperó judicialmente, pero disparaba a todo lo que sonara a euskaldun, euskera o abertzale, y eso le llevó a ocupar grandes titulares. Y por si esto fuera poco, conviene no olvidar las relaciones que ha cultivado con personajes de las cloacas del Estado, como el ex comisario Villarejo.

Que el Gobierno haya nombrado para un puesto de esta naturaleza a este personaje, en el mejor de los casos, genera perplejidad. Y la duda es clara, con ese bagaje ¿qué podemos esperar de él? ¿está capacitado para valorar violaciones de derechos humanos o será como la zorra cuando se le pone al cuidado del gallinero?


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